Nunca creí que al hacer lo que hice, el dispararle al canciller, me convertiría en una figura a seguir. Mi cabeza siempre pensaba en Octavia, mi hermana, pero en el momento que los cien—ciento uno conmigo- terminamos en el suelo, tome el papel de liderazgo.
A mi ego le dolió compartir la situación con Clarke al principio pero ¿Qué podía hacer? Al parecer la princesita le gustaba jugar a dos pintas.
No resulto tan malo el proceso y el problema era solamente uno; la distracción que tenía.
Al principio comenzamos a ser co-lideres. Cuando me di cuenta, ya estábamos compartiendo más de una cosa; la cabaña, la cama, el puesto y- Bueno, ya lo sabrán supongo.
Pesar de todo, nunca vi a Clarke como la mujer con quién iba a terminar relacionado el resto de mi vida pero si había algo que en parte le debía y le iba a agradecer: darlos un poco más de libertad.
Y cuando lo noté, ella había comenzado a verse distinta ante mis ojos, y Octavia no fue solamente mi única responsabilidad.
