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Matrimonio arreglado
Universo Alterno (Donceles)
Draco es menor que Harry (solo por un par de años)
Inglaterra principios del siglo XIX
Cuando la madre de Harry falleció, el pequeño solo contaba con cinco años de edad y a pesar de sus escasos años de vida, comprendió muy bien lo que significaba la muerte de su madre, por lo que estuvo de acuerdo con su padre cuando este le informó que se mudarían a Londres. Vivir en la mansión de los Potter, en Escocia, no era algo que deseara para sus próximos años de vida, el solo pensar en el recuerdo de Lily significaba una gran tristeza para ambos hombres.
Cuando Harry cumplió los veinte años, James decidió que era momento de volver a Escocia, dejando a su hijo la encomienda de iniciar sus propios negocios y así comenzar a formar su patrimonio, pues en poco tiempo tendría que elegir una mujer o doncel con quien formaría su familia.
Harry estuvo de acuerdo. Quedarse a cargo de los negocios representaba una gran responsabilidad y que su padre confiara tanto en él le provocaba muchísimo orgullo y satisfacción consigo mismo. Así, su padre se retiró y buscó el descanso que después de tantos años necesitaba. Y Harry comenzó a abrirse puertas entre la gente influyente de la capital.
James Potter por su parte, retomaba viejas amistades que creyó alguna vez haber dejado en el pasado.
Peter Pettigrew era una de esas tantas.
Después de muchos años de no verse, Peter comenzó a frecuentar demasiado a James. Casi se podría decir que pasaban todos los días juntos. Recordando el pasado o en ocasiones actualizándose sobre los acontecimientos más relevantes del país y Europa.
Así pasaron dos apresurados años. En los que no se había necesitado romper la rutina, sin embargo, todo cambió cuando Peter hizo una pregunta a James.
— ¿Por qué no te volviste a casar?
James dejó de beber su whisky e hizo a un lado el vaso medio vacío. Se irguió en su asiento y se mantuvo en silencio por mucho tiempo. Peter incluso creyó ofenderle con su comentario. Hasta que el pelinegro respondió:
— Lily siempre será la mujer de mi vida y es la madre de Harry. Para mí es difícil concebir la idea de pasar mi tiempo con alguien que no sea ella.
— Pero... —pareció dudar por un momento— Si te soy sincero, pensé que por el bien de Harry volverías a casarte, ya que un niño siempre necesitará de la imagen femenina en casa.
— Supe sobrevivir a Harry sin el apoyo de una pareja —intervino James con una sonrisa.
— ¿Y tus necesidades físicas? —se atrevió a cuestionar el castaño.
Nuevamente James permaneció en silencio por lo que parecieron largos minutos.
— No sé, no lo había pensado así. Durante estos años, siempre iba a algún lugar, me desahogaba y eso era todo. Como dije anteriormente y vuelvo a reiterar, jamás necesité una pareja para sobrevivir —se echó a reír.
Peter lo miró arqueando una ceja.
— Verás —dijo de pronto—, yo quiero hablarte de algo y necesito que me escuches hasta el final.
James asintió esperando a que su amigo continuara.
— En Wiltshire hay una familia, imagino que has oído de ellos —miró fijamente al hombre y continuó—. Hablo de los Lestrange —James esta vez asintió, claro que los conocía, todos los ingleses de renombre alguna vez en su vida habían oído hablar de ellos—. Bueno, el caso es que los Lestrange están buscando una pareja adecuada para su sobrino, él es un doncel —agregó por si no lo había comprendido—, un doncel bastante hermoso debo agregar. A lo que voy es que ellos necesitan asegurar la estabilidad del jovencito y yo pensé en ti, es decir, tu economía es muy estable, no eres muy viejo, tampoco demasiado joven y tu familia no tiene ninguna mancha vergonzosa, agregando que el joven siendo tu conyugue obtendría el título de duque.
James meditaba las palabras de Peter.
— Además considero que necesitas a alguien James. Piénsalo bien, pues Harry prácticamente ha volado del nido y pronto necesitarás alguien a tu lado no solo porque ya no podrás salir por allí y buscar mujeres, sino porque a nuestra edad necesitamos encontrar la estabilidad.
― ¿Qué hay de sus padres? ―de cierta manera eso le intrigaba.
― Ambos padres murieron, dejando a cargo a los tíos. La señora Lestrange es la hermana de la madre.
James hizo una mueca que Peter no supo interpretar.
Luego asintió y dijo: — Lo pensaré.
Días más tarde, Peter llegaba a la gran mansión de los Malfoy en Wiltshire.
Llevaba entre las manos una carta sellada con el emblema de los Potter el cual fue entregado a Rabastan Lestrange.
El señor Lestrange sonrió e hizo que Peter lo acompañara a su despacho, lugar donde respondería inmediatamente la misiva.
Harry había salido a dar una vuelta con sus amigos y ahora volvía a casa satisfecho por la diversión de la noche y lo bien que le estaba yendo en los negocios. De hecho, esa salida tuvo el fin de celebrar, según la opinión de sus amigos.
— ¿Hay correo? —preguntó al mayordomo, quien le tendió un paquete de sobres.
— De socios y una carta de su padre, la cual llegó esta mañana.
Harry hizo una mueca, su padre recién la semana pasada había enviado noticias, era muy pronto para recibir otra carta.
— Gracias, ya puedes retirarte a tus habitaciones.
El hombre dio una ligera inclinación y se retiró.
Mientras tanto, Harry caminó directamente al despacho para leer con calma la misiva.
Conforme iba avanzando en las palabras de su padre se fue sorprendiendo más y más ante lo que decía.
— ¡Oh, por Dios! —exclamó al terminar.
— Así que James Potter se nos casa —decía su amigo Ron, sentado frente a él y disfrutando de una buena copa de coñac.
Harry resopló.
— Estoy intentando sentirme bien por él, pero por alguna razón no puedo.
Ron soltó una carcajada.
— ¿Y cuándo es la boda?
— En la carta dice que, en dos meses, pero quiere que esté allí lo más pronto posible, para acondicionar todo y para conocer al prometido, quien llegará a Escocia dentro de un mes.
— Entonces... que te vaya muy bien amigo, espero tu futura madrastra sea de tu agrado —dijo en tono burlón. Harry solo le gruñó, pero al final también sonrió.
— Están sacando la casa por la ventana —afirmó Harry bajando del carruaje.
Echó una mirada a su alrededor, inspeccionando todos los muebles viejos que habían sido abandonados afuera de la casa.
— Joven Harry, nos alegra verlo -saludó el señor Creevey, mayordomo principal de la mansión.
— Y a mí también me alegra verlos. ¿Cómo ha estado la familia?
— Bastante bien joven Harry, gracias por preguntar.
Mientras la conversación se llevaba a cabo, unos sirvientes se ocupaban de llevar su equipaje al interior.
Harry por su parte se dispuso a inspeccionar el resto de la casa y de paso buscar a su padre para saludarlo.
— Pero, ¿qué es lo que hacen? —cuestionó cuando vio que los vestidos de su madre eran arrojados fuera de los baúles donde habían permanecido guardados los últimos diecisiete años.
— Nos ordenaron que sacáramos todo lo que ya no se usa en la casa, incluidos estos viejos vestidos —respondió una jovencita, quien le miró temerosa.
— ¿Mi padre ha ordenado tal atrocidad? —volvió a preguntar, pero esta vez con un tono severo.
— Fue el señor Pettigrew.
— ¿Y quién es ese mequetrefe?
— Es el señor que se está encargando de todo...
— Está bien, tranquila —se reprendió a sí mismo internamente por espantar a las chiquillas—. Dejen eso como estaba y llévenlo a mi habitación. Joyas, fotografías y demás que encuentren lo dejan allí. ¿Saben dónde se encuentra mi padre?
— En los jardines —se apresuró a responder otra de las jóvenes.
Harry asintió y se dirigió directamente a la parte trasera de la mansión.
— ¡ORDENÓ QUE TIRARAN LAS COSAS DE MAMÁ! —vociferó muy enfadado.
Hace unos cuantos minutos se habían reencontrado, se saludaron, se medio abrazaron y después Harry preguntó por los cambios que se estaban llevando a cabo. James tuvo que decirle que Peter Pettigrew estaba a cargo de la remodelación, ya que él no tenía el valor de cambiar nada de esa casa, por lo que Peter amablemente se ofreció a ayudarlo.
Luego comenzó la discusión. Ya que Harry no estaba de acuerdo en permitir que ese hombre decidiera en algo que correspondía totalmente a la familia.
— Tranquilízate. Si tanto quieres encargarte de la remodelación, entonces te encomiendo el trabajo. Le diré a mi amigo que desde hoy tú estarás a cargo.
Harry resopló, más luego agradeció a su padre por el gesto.
— Enviaré las cosas de mamá a la casa de adquirí en Bedford —mencionó durante la cena, percibiendo el leve malestar demostrado en la cara de Pettigrew.
— No tienes por qué hacerlo, pueden quedarse aquí. Asignaremos una habitación para que se disponga completamente a las cosas de Lily —se apresuró a responder James.
— No es necesario. La habitación de mamá ya ha sido desalojada, considero que es mejor así. Además, no creo que tu prometido esté de acuerdo en que mantengas las cosas de tu antigua mujer en el mismo lugar donde él vivirá.
James solo asintió.
— Por cierto. Invité a Neville y a Ron a pasar unos días aquí. Espero no te moleste.
— No me molesta, es solo que con tanto trabajo...
— De hecho, van a ayudarme.
— Entonces está bien, no hay ningún problema —James sonrió hacia las dos personas que permanecían en la mesa.
Luego continuaron la cena sin cruzar muchas palabras hasta que comenzaron a servirles el postre.
— ¿Y cómo es? —hizo la pregunta que tenía en mente prácticamente desde que recibió la carta en Londres.
James pareció no comprender a qué se refería su hijo por largo tiempo hasta que al fin cayó en cuenta. Le estaba preguntando por el hijo de los Malfoy.
— Es... joven —se limitó a responder.
En realidad, no tenía mucho conocimiento sobre su prometido. Solo sabía que era joven, apenas una flor en primavera y que era un doncel muy bonito.
Harry arqueó una ceja, incrédulo.
— ¿Al menos parece amable?
— Es un doncel hermoso y bien educado —intervino Peter, si eso es lo que le preocupa joven Potter.
El aludido lo miró con cierto desdén.
— ¿Sirius está invitado? A la boda, quiero decir.
— Si, me parece que llegará una semana antes de que se celebre.
Al menos no todo iba tan mal, si Sirius y Remus aparecían por allí no se sentiría tan fuera de lugar como lo hacía sentir este hombre, Pettigrew.
Harry permanecía recostado en su gran cama de dosel, mirando al techo y pensando.
— Hermoso y bien educado —susurró a la nada—. Eso no me responde nada. Al menos sé que es joven, tendrá unos veinticinco o veintisiete, para ser prometido a papá me imagino que ya debe ser un doncel viejo, alguien con quien nadie ha querido contraer matrimonio.
De verdad quería alegrarse por su padre, pero algo dentro de él le decía que no debía hacerlo.
Tal vez solo necesitaba conocer al famoso doncel para menguar esas dudas y reconocer que su padre sería muy feliz rehaciendo su vida.
Sonrió ante el hecho. Mañana llegaría el heredero de los Malfoy y entonces todas esas dudas y temores se irían con el viento.
La mañana fue lluviosa, por lo que el viaje del doncel se retrasó hasta la tarde.
Casi comenzaba a anochecer cuando los fuertes pasos de los caballos y el sonido de las ruedas de los carruajes resonaron a lo lejos.
Inmediatamente los sirvientes de la mansión se movilizaron para darle la bienvenida a la familia Lestrange.
Harry se desperezó y se vistió adecuadamente cuando fue informado.
Salió hasta el gran jardín frontal y aguardó allí junto a su padre y la servidumbre. Mas a lo lejos se encontraban sus amigos, Ron y Neville, mirando todo con suma curiosidad, pues también tenían muchas ganas de conocer al futuro señor Potter.
Pronto, los carruajes estuvieron frente a la casa y mientras se ocupaban de bajar las maletas. James y Harry caminaron hasta el carruaje principal, lugar de donde salió un hombre pelinegro quien les dirigió una mirada desdeñosa.
— Buenas noches, señor Lestrange —saludó James con una ligera sonrisa, Harry solo se limitó a observar.
— Buenas noches —respondió el rubio. En seguida ofreció una mano al interior de la cabina la cual fue tomada por una mano enguantada.
A continuación, una bella pelinegra emergió del interior y tal como el hombre, su mirada y semblante eran de una persona arrogante y distinguida.
A Harry le latía apresuradamente el corazón ante la expectativa de quien sería su futura madrastra.
Y por poco no pudo contener el jadeo que quiso emitir cuando un jovencito de enormes ojos grises y largo cabello rubio emergió del carruaje, plantándose exactamente frente a él.
"¡Oh, mi Dios!", pensó sintiendo su respiración y todo a su alrededor detenerse, "¿Ese hermoso ser es el Doncel?".
Anteriormente, Harry había conocido muchos donceles, pero ninguno se comparaba con el que tenía en ese momento frente a sus ojos.
— Nos presentamos formalmente —se escuchó la voz del señor Lestrange—. Mi nombre es Rabastan Lestrange, ella es mi esposa Bellatrix y mi sobrino Draco.
— Draco —saboreó el nombre en un leve susurro.
De pronto, sus ojos se encontraron con los del doncel, quien se sonrojó y desvió la mirada inmediatamente.
— Yo soy James Potter y este es mi hijo Harry.
Pasadas las presentaciones todos pasaron directamente al salón donde continuaron la charla.
— Es muy bonito —susurró su amigo Ron a su oído, Harry hizo un asentimiento y fingió desinterés, aunque en el fondo se moría por decirle que sí, que era el doncel más bello que había visto en su vida-. Tu padre es un suertudo -he allí la razón por la que no podía expresar su opinión abiertamente.
Poco después Neville también se unió a la charla.
— ¿En serio es el prometido de tu padre? —cuestionó manteniendo la voz baja para que solo ellos tres pudiera escuchar, Harry asintió—. ¿Seguro no lo está reservando para ti?
Harry lo miró incrédulo, intentando adivinar a qué se refería.
— Es que, es muy joven para tu padre. Cuántos años tendrá, ¿Quince?
— Diecisiete —corrigió el pelinegro.
Neville le lanzó una mirada significativa, para hacerle saber que aun así seguía siendo joven.
— ¿Y tu padre cuántos...? —Ron no terminó la pregunta.
— Cuarenta —prácticamente jadeó la respuesta.
— Son muchos años —mencionó Ron.
— Veintitrés —dijo Neville.
Harry desvió su mirada al pequeño doncel quien permanecía neutral ante todo el desbarajuste que allí se llevaba a cabo.
Mantenía ambas manos descansando en su regazo y las miraba como si fueran lo único interesante del mundo.
Por su parte, James y Rabastan mantenían una conversación profunda mientras Bellatrix permanecía impasible con su mirada altiva y desafiante.
Por las próximas cuatro semanas los Lestrange permanecerían hospedados en la mansión Potter. Harry como buen anfitrión les dio espacio, tanto a la familia como a su padre, ya que era necesario que los prometidos se conocieran.
— Parece que no estás feliz por tu padre —dijo Neville mientras paseaban a caballo por los alrededores.
Ron no había querido acompañarlos, pues se sentía algo indispuesto.
— Pensé que lo estaría después de conocer al prometido, pero simplemente no puedo —confesó sin poder evitarlo.
— He visto como lo miras —Harry jadeó y miró aterrado a su amigo—. ¿Por qué me miras así? Yo no soy quien ha de juzgarte, además... ¿qué de malo tiene que te sientas atraído por el futuro consorte de tu padre?
— Escuchas lo que dices. ¡Él es mi padre, no tengo derecho a hacerle esto!
— Pero si no estás haciendo nada malo —justificó—, mirar con deseo a tu futura madrastra no tiene nada de malo.
Harry negó con la cabeza desaprobando las palabras de su amigo, aunque muy en el fondo se dijo: "Si, ¿qué tiene de malo?, ni que fueras a quitarle al novio".
— ¿Por qué...? —dijo en un tenue susurro mientras pasaba el cepillo una y otra vez por su largo y suave cabello.
— ¿Qué cosa, señorito Draco? —cuestionó Hermione, su dama de compañía.
— Nada, cosas mías —la chica asintió y continuó su lectura.
Draco se reprendió a sí mismo por hablar en voz alta, pues estuvo a punto de ser descubierto. Mas después de un rato de meditación pronunció:
— Hermione, ¿qué piensas de mi futuro marido? ―Ella lo miró expectante por algunos segundos, apartó el libro y sonrió.
— Parece una buena persona, alguien que se desvivirá por atenciones hacia usted, alguien que procurará su bienestar.
— Pero en apariencia —ella asintió.
— Es algo atractivo, a pesar de los años, sin embargo... —soltó una risita tonta, Draco dejó de cepillarse en cabello y se acercó a ella para susurrar sus palabras.
— ¿Sin embargo...? —motivó a la chica a continuar.
— Es una tontería, señorito Draco.
— Dilo, te lo suplico —pidió.
Ella pareció dudar unos segundos, pero luego asintió y sonrió.
— Su hijo, él sí que es un hombre atractivo. Sus ojos verdes brillan como dos gemas preciosas y su sonrisa es encantadora, además su rostro, así como su porte es tan varonil...
Draco sintió un calorcito llenando su vientre.
— Si, lo es.
— ¿Y ha visto como le mira, señorito Draco? Cada vez que le mira, parece que sus ojos sonríen por su mera presencia.
— ¡Hermione! —esta vez si la reprendió.
— Discúlpeme por el atrevimiento —dijo ella sumamente avergonzada y arrepentida.
— Está bien, solo te ordeno no vuelvas a mencionarlo. Pronto seré la pareja del padre de ese hombre, no puedes estar hablando así tan libremente, nos meteríamos en problemas.
Ella asintió y se limpió las pequeñas lagrimas que había derramado.
Harry caminaba por los jardines de la mansión disfrutando del aire fresco de la mañana cuando vislumbró a Draco, quien olía las rosas y sonreía cada vez que la dama de compañía hablaba.
Inconscientemente se escondió tras unos arbustos y lo observó a detalle, deleitándose con su belleza e inocencia.
"Si yo fuera tu prometido, ahora mismo te llevaría a un lugar apartado, nos ocultaríamos de la dama y luego te besaría tras los rosales", pensaba mientras observaba esos pequeños labios.
"Imagínate. Tú y yo, en una fiesta de gala, allí es donde nos conocimos. En el mismo instante en que te vi supe que eras el doncel de mi vida, todo mi mundo. Y entonces, caminaría a paso decidido hasta donde tú y tus padres se encuentran y diría: Señor Malfoy, vengo a pedirle permiso para que me conceda el primer baile de su hijo".
Sonrió.
"Tú te sonrojarías, pero mirarías a tu padre esperanzado. Lucius dudaría, pero al ver tu mirada terminaría asintiendo y yo te llevaría de la mano hasta el centro del salón".
— ¿Por qué sonríes como idiota? —la voz a su lado lo sobresaltó.
— ¡Ron, me has asustado! —reprendió.
El pelirrojo únicamente arqueó una ceja.
— Sonreía porque...
— Oh, mira nada más, eres un voyerista. Pero amigo, no está nada bien observar a tu padre mientras pasa tiempo con su prometido.
Harry volteó de inmediato. Sintiendo una opresión en el pecho cuando vio a Draco y a su padre conversando. El doncel sonreía y su padre hablaba de algo que no podía escuchar. Mientras tanto, la dama de compañía se paseaba a una distancia considerable, para darles su espacio.
— Solo quiero saber si mi padre está bien.
— Por supuesto —respondió en tono burlón.
— ¿Eso qué se supone que significa? —cuestionó comenzando a enfadarse.
— Neville me platicó una que otra cosa. No te vayas a enfadar con él.
— Vámonos de aquí —ordenó Harry, invitando a Ron a adelantarse. Antes de ponerse en marcha echó un último vistazo a la pareja y se reprendió por ser tan estúpido y haber permitido que su corazón se enamorara de Draco Malfoy.
Draco vio cuando Harry salió a los jardines.
— Hermione, acompáñame, quiero respirar un poco de aire fresco.
La chica castaña se apresuró a seguirlo hasta los jardines.
Caminaron pocos metros hasta que pudo ver a Harry paseando a lo lejos.
Acarició con sus largos dedos los pétalos de una rosa blanca y luego susurró:
— Dime Hermione, ¿qué está haciendo?
Hermione hizo como si inspeccionaba los narcisos y luego respondió:
— Le observa —Draco sonrió—, desde que apareció en su campo de visión no ha dejado de hacerlo.
Ante las palabras de su dama sintió que su pecho se calentaba y sus entrañas vibraban como si millones de mariposas se hubieran instalado en su estómago.
— Alguien se acerca —advirtió la castaña en un susurro.
James Potter hizo acto de presencia. Saludó a ambos jóvenes y luego dijo:
— He tenido una inquietud hace tiempo. ¿Se ha sentido cómodo en la mansión?
— Por supuesto que sí, no debe sentirse preocupado por eso. Los sirvientes nos han tratado muy bien, así como los otros invitados. Además, este lugar es muy tranquilo.
James pareció estar satisfecho con la respuesta.
— ¿Y Harry? ¿Le ha dado problemas?
Esta vez Draco sonrió. Ni por un momento se le pudo pasar por la cabeza tal cosa. Realmente lo que Harry le había dado no era más que un tipo de alegría a la que aún no le había encontrado nombre.
— No, por supuesto que no. Él ha mantenido su distancia en todo momento, es un hombre muy caballeroso.
James asintió orgulloso del buen comportamiento de su hijo.
— Me alegro —respondió—. Regresaré a la casa. Lleguen a tiempo para el desayuno -sin más, volvió al interior. Draco buscó a Harry con la mirada, pero ya no se encontraba tras los arbustos, se sintió triste.
— Señorito Draco —balbuceó Hermione conociendo el dolor de su señorito.
— Hermione, me parece que he descubierto lo que es el amor.
La chica jadeó y no pudo hacer más que abrazarlo, tratando de consolar su triste corazón.
Faltaba solo una semana para la boda y el ambiente no podía estar más sofocante.
Draco, con ayuda de Hermione, repasaba una y otra vez la rutina que debería seguir para ese día. Estaba bien, no le pesaba, sin embargo, el movimiento afuera evitaba que pudiera ver a Harry.
"Harry", hermosos ojos verdes que desde el momento en que se conocieron no habían dejado de mirarle. Su rostro angulado y perfil perfecto, digno de admiración. Con razón todas las damas y donceles de la mansión suspiraban cada vez que lo veían pasar. Su cabello alborotado, Draco sabía que en realidad era muy suave, si tan solo pudiera tocarlo. Y esa sonrisa sincera que siempre ofrecía a las personas que estimaba, a él ya le había sonreído en una ocasión y no mentiría si revelara que sintió como su corazón se estremecía.
— ¿Por qué no puede ser con él? —cuestionó con pesar.
Hermione le había escuchado e hizo a un lado el libro que tenía entre las manos.
— Sabe que el señor James es el que lleva el título de duque, además posee la riqueza de la familia Potter. Por eso ha sido él.
— Yo no deseo un título y mucho menos riqueza. Lo único que deseo es estar con alguien que despierte en mí esta ferocidad que siento cada vez que él está cerca.
Por principios de seguridad, él y su dama habían pactado no mencionar su nombre, ni siquiera en la privacidad de sus habitaciones.
— Él también le desea, ese es un hecho —mencionó Hermione en modo pensativo.
Draco la miraba esperando que ella encontrara una solución a su martirio.
— Sin duda tiene dinero. Escuché que envió las cosas de la difunta Lily Potter a una casa que tiene en... no estoy segura ahora, pero eso averigüe. Además, se ha hecho de su propio patrimonio, escuché decir al señor Weasley que pronto elegirá una esposa, pues ya cuenta con las condiciones necesarias para formar una familia.
Draco jadeó asustado. Si eso que decía Hermione era verdad, Harry se casaría y se iría de Escocia. Tal vez se volverían a ver, pero ya ambos casados, formando sus propias familias y esto que estaba ocurriendo entre ellos quedaría como un simple recuerdo estúpido de jóvenes inexpertos.
— Trate de encontrar su felicidad —pidió la chica angustiada por el semblante que mostraba el señorito.
Draco asintió. Se limpió una pequeña lagrima que casi era imperceptible y se dispuso a arreglarse para bajar al comedor.
— Te imaginas, tus hijos con un tío de su edad —Seamus, un amigo que recientemente había llegado a Escocia se echó a reír, burlándose—. Sin duda tu padre sí que tiene suerte.
— Mucha —susurró Harry con melancolía.
— ¡QUIERES CERRAR LA BOCA, SEAMUS! —vociferó Neville muy enfadado.
— ¡Yo solo digo la verdad! Aunque no tiene nada de malo que parezca el hermano menor de Harry.
— En serio cállate —intervino Ron viendo como su amigo apretaba fuertemente los puños—. Lo mejor será que pasando la boda vuelvas a Londres.
Harry asintió.
— ¡Oh! —exhaló Seamus una vez se dio cuenta de lo que realmente estaba ocurriendo.
Harry decidió que no podía más con esa tortura. Por lo cual optó por evitar al doncel, esa era la principal razón por la que únicamente se encontraban durante los desayunos y cenas. Las comidas las evitaba totalmente con la ayuda de sus amigos.
Afortunadamente Sirius y Remus ya se encontraban en la mansión y eso le permitía escabullirse con mayor facilidad, ya que ambas perdonas distraían a su padre y a los Lestrange.
Solo una semana faltaba, podía resistirlo. Siete días más y la tortura habría terminado. Se iría, buscaría una hermosa joven o un dulce doncel y pediría su mano en matrimonio. Se volvería a enamorar y este episodio de su vida no sería más que un desafortunado recuerdo.
O eso es lo que quería creer, si no fuera porque el destino se empeñó en que ocurriera todo lo contrario.
