¡Hola!

Día 6 de la semana ShisuIta.

Espero que les guste, éste en lo personal me agradó bastante~


[ DÍA 6]

~ Protección / Lenguaje del amor / Mafia AU ~


Shapes of love

Can I sing this to you?

Got a thing about you

And it won´t go away, no

It won´t go away

[ Nothing but thieves, Real Love Song ]


Verte

La primera vez que te vi fue el momento más incómodo de mi vida. ¿Ubicas la sensación de estar parado frente a un grupo de personas que espera una respuesta tuya, una reacción, un monosílabo o lo que sea? Pues sí. Puedo afirmar (supongo) que así fue.

Estabas frente a mí. Llegaste sin que me diera cuenta, te filtraste por la barrera de mis sentidos restantes y bajaste el libro que yo estaba leyendo.

En aquel instante, solo funcionó mi vista. Tu impronta se grabó como fuego en mi cabeza; el resto de mi cuerpo estaba petrificado.

Tus ojos eran dos círculos luminosos, coronados por cejas gruesas y rizos de cabello negro, desordenado. Piel blanca, besada por la luz del sol. Un pequeño granito rojo cerca del lagrimal (quizá por la época de mosquitos) y hoyuelos que se contraían y expandían mientras hablabas.

Parecía que te disculpabas por distraerme, pero movías tan rápido tus labios que yo apenas era capaz de seguir la secuencia.

De todas formas, ¿lo intenté? Yo había dejado de funcionar para entonces.

Lo único que me confirmaba que seguía vivo eran las gotas de agua que aterrizaban en mi nuca, cortesía de la fuente que había detrás.

Cuando memoricé tu cara y mis nervios me permitieron ver el panorama, noté que jalabas una correa con fuerza, impidiendo así que los seis perros bajo tu mando te arrastraran por diferentes direcciones.

Luego, regresé la mirada a ti. Me observabas expectante, labios quietos y ojos grandes. Mi corazón galopaba con fuerza; yo me preguntaba si eras capaz de escucharlo.

(¡Seguro que sí!)

Tragué saliva. Mi voz estaba oxidada. Fuera de mi círculo familiar, la usaba cada vez menos.

—Disculpa—pausé, levantando las manos para hacer las señas correspondientes—. No puedo escucharte. Soy sordo.

También recuerdo la expresión que pusiste después. Cada centímetro de tu nariz, tus cachetes y pómulos lo conozco a la perfección, Shisui. Me miraste como si hubieses quedado completamente desarmado.

Nunca agradecí tanto que mis ojos (aunque con su grado de miopía y astigmatismo) estuvieran intactos.

¿Sabes lo que te decía mi mirada? Que eras la persona más inesperada y brillante que pude haberme encontrado.

Tocarte

Días después volviste a aparecer en el parque. Esta vez te vi antes de que llegaras ante mí. Estabas hablando con otro chico, Obito, quien era ahora el que llevaba la correa con los perros. Se notaba muy expresivo. Y cuando de pronto me señaló, yo sentí un tirón en estómago.

Clavé la mirada en mi libro. Conté cada latido de mi corazón hasta que te tuve enfrente.

Con suma torpeza, levantaste tus manos y me dijiste hola, usando el lenguaje de señas.

—Hola—te saludé.

Hubo un lapso en el que ninguno de nosotros supimos qué hacer. Entonces, sacaste de tu bolsillo una pluma y una pequeña libreta. Me escribiste un mensaje.

«Mi nombre es Shisui»

«¿Podrías enseñarme el lenguaje a señas?»

Nuestros encuentros comenzaron desde entonces.

Ya no solo eran los fines de semana, sino cada tarde. Yo procuraba terminar pronto mis deberes con mis tutores privados y le pedía al chofer que me llevara al parque; mientras tú insistías en encontrar espacios entre tu trabajo de medio tiempo y la universidad.

Sentados junto a la fuente, bajo las copas de los árboles o en el pasto, solo nos bastaba un libro básico para enseñarte el lenguaje a señas.

Durante todas esas ocasiones, hablabas más de lo que yo alcanzaba a captar de tus labios, pero no tenías mucha destreza con las manos.

—Así no se hace—solía decirte—. Espera, préstame tus manos.

Agradezco no solo la primera, sino todas las veces que tuve y tendré la posibilidad de tocarte, de entrelazar mis dedos con los tuyos. La sensación de los callos provocados por la correa de los cachorros y las venas que elevan tu piel en forma de curvas.

Te enseñé a decir tu nombre.

Te enseñé a presentarte.

Te enseñé a formar oraciones y párrafos.

Una pequeña historia.

Y luego, un día, pronunciaste algo que obviamente no pude escuchar.

«¿Adivinas lo que dije con la boca, Itachi?»

Negué con la cabeza.

«¿Te gustaría salir conmigo?» Me preguntaste, coordinando perfectamente tus manos con tus palabras.

Estabas nervioso, pero vamos. ¿Mi respuesta no te parecía obvia?

Olerte

La gente siempre dice que cuando uno pierde un sentido, los demás se agudizan. Y es verdad, pero siempre es más fácil con ciertas cosas.

Yo, por ejemplo, soy susceptible al aroma de los dangos y a tu olor.

Aquella noche supe que habías entrado no porque encendiste las luces, ni por la forma en la que el colchón se hundió cuando te recostaste a mi lado. Fue por tu olor, que llegó a mí en el momento en que abriste la puerta.

«Lo siento, comadreja. ¿Te desperté?»

Negué con la cabeza, aunque obviamente era mentira.

—¿Cómo te fue con tu madre? —añadí mi voz a las señas.

El tono ensombrecido en tu mirada activó mis nervios.

«No quiere venir» dices, frunces el ceño y te cubres la cara con ambas manos. Te acomodas para empezar a explicarme las cosas. «¿Puedes creer que no quiera venir al cumpleaños de su propio hijo? ¿Hasta cuándo seguirá portándose tan inmadura? ¡Carajo! ¿No se la pasaba presumiendo con sus amigas que era una excelente madre?»

Bajé la mirada.

«Es por mi culpa, ¿verdad?» Pregunté.

Aunque lo negaras repetidas veces, yo sabía que era verdad. Como todas las madres, ella solo quiere lo mejor para ti. Y un chico, varón, sordo, no entra en su categoría por más influyente que sea su familia, ¿verdad?

Cuando nos mudamos juntos, te dejó de hablar por meses.

A veces me pongo a pensar en cuántas oportunidades te he arrebatado, Shisui.

De pronto, me acunaste el rostro y me obligaste a mirarte. Tus ojos estaban rojos por las lágrimas que no alcanzaron a salir, pero eran brillantes.

«No» Leí en tus labios. Luego me soltaste para usar las manos. «Sé lo que estás pensando y no, Itachi. Me has dado todo, eres más de lo que pude imaginar, ¿entiendes? Tu amor, tu compañía, el cariño de tus padres y de tu hermanito. No voy a renunciar a eso solo porque a mi madre le cuesta trabajo aceptar que no encontré el tipo de persona que ella esperaba.»

Sentí como si me hubieran echado un balde de pintura roja en la cara.

—Pero no me gusta que estés triste por mi culpa…—murmuré.

Tú bufaste.

«¿Sabes qué puedes hacer para remediar mi tristeza?»

—¿Qué?

«Permíteme despertar a tu lado todos los días de mi vida. Permíteme acostumbrarme tanto a tu olor que de pronto se me haga lo más natural. Itachi Uchiha, por favor cásate conmigo. Eso es lo único que puedes hacer por mí.»

Mi respuesta se adivinaba fácilmente, ¿verdad? Dios, cuánto deseé regresar a cuando tenía doce años para poder escuchar tu voz. Pero si puedo acceder a todo lo demás de ti, ¿entonces por qué contenerme? Te abracé con fuerza, me hundí en tu aroma y no me separé de ti hasta que nos quedamos dormidos.

Tu olor, tu aliento. Preferiría esto a una dotación infinita de dangos.

Besarte

A veces generalizan el gusto como si en él cupieran todos los otros sentidos: ¿Qué películas te gustan? ¿Cuáles son tus gustos musicales? ¿Qué perfume te gusta? ¿En qué parte del cuerpo te gusta que te besen?

Es curioso. Estaba pensando al tomar el té que me trajeron mientras esperaba a que llegara la hora. Tú entraste, capté tu olor al instante, me giraste y juntaste tus labios con los míos.

«Este es el primer beso del día. Casi tan importante como el beso del mediodía y no menos importante que el de buenas noches.»

—¿Y no es de mala suerte que nos veamos antes de la ceremonia? —te pregunté, con voz y señas.

Tú reíste.

«Eso solo sucede en bodas católicas, ¿no? ¡Además! No tiene ningún sentido que verte a ti me cause mala suerte, Ita.»

—No seas ridículo, Shisui. Puedes esperar. Dentro de unas horas estaremos varados el uno con el otro para siempre.

«¿Dentro de unas horas?» Inquiriste, rodeándome. «¿Y por qué no comenzar desde ahora?».

Y llegada la ocasión, ¿no fue algo graciosa? Me refiero a la forma en la que me dijiste tus votos en lenguaje a señas mientras, a la par, los decías con tu voz para que nuestros invitados se dieran cuenta de lo mucho que me amas.

Mis padres (papá entre dientes) me comentaron más tarde lo felices que estaban de recibirte dentro de la familia, y tu mamá… sé que le es difícil adaptarse a la idea, pero al menos estuvo ahí y al menos me dio la bendición.

Nunca me había sentido tan feliz.

Luego, tras decir mis votos y firmar el acta de matrimonio, finalmente te inclinaste ante mí y susurraste algo despacio, de forma en que yo pudiera leer en tus labios:

«Este es el segundo beso del día, comadreja mía.»

El sabor del contacto activó mi olfato y abrí los ojos, mirando por un instante tus parpados cerrados, tus pestañas acariciando mis pómulos, todas las sensaciones intentas que has provocado en mí desde que te conozco.

Dios, ¿es que solo somos nosotros dos aquí y ahora?

¿Puede haber más de tres besos el día de hoy, Shisui?

Escucharte

Yo nací y crecí escuchando la música, el sonido de la lluvia y las risas de mi hermanito.

Las cosas pueden cambiar en un abrir y cerrar de ojos; una nimiedad para el universo y un golpe drástico en la vida de uno.

Al principio, tú no lo entendías. ¿Cómo es que puedo hablar si no soy capaz de escuchar nada más que zumbidos o ecos borrosos? Perdí la audición cuando tenía doce años. Ocurre que visité el lugar de trabajo de mi tío (ingeniero en la industria manufacturera) y estuve en un lugar donde no debía, en el momento menos indicado.

Una de las máquinas falló, emitiendo un ruido agudo que rompió mi membrana timpánica y lesionó mi órgano de Corti. La empresa pagó los daños, por supuesto, pero no se pudo hacer mucho conmigo. Y desde entonces, me he tenido que adaptar.

Añoro la música, Shisui. Extraño la voz de mis amigos y de mi hermano, el oleaje del mar o el ruido del tránsito. Pero sobre todo eso, ¿cómo es que extraño tanto algo que nunca pude conocer?

Daría lo que fuera, mis ojos, o mi olfato, por escuchar tu voz solo una vez.

—Canta para mí, Shisui—te pido. Estamos acostados en nuestra cama, agotados y con las piernas entumidas por haber pasado las últimas horas bailando torpemente en una pista de hielo.

(Fue un excelente aniversario, ¿verdad que sí?).

Me observas con un espectro de duda. Yo, que estoy sobre ti, apoyo mi barbilla en tu pecho.

—Me gustaría… verte cantar.

Exhalas una sonrisa. Usas tus manos para formular una pregunta.

«¿Qué te gustaría que te cante, comadreja?»

—¿Se te olvida que no sé mucho de música?

Abres la boca. Entonces tomas mi mano y la presionas sobre tu garganta.

Esta es una canción de amor, ¿y qué? ¿Se deslizó en tu corazón? Yo creo que no— comienzas, y las vibraciones fluyen bajo tu piel. Tus ojos brillan, tus labios se mueven, sin desvanecer tu sonrisa—. Todavía quiero tanto tu amor. ¿Alguna vez has escuchado una canción mejor? Oh, espero que no.

¿Qué sucede contigo? ¿Cómo esperas que el tacto y la vista obren maravillas conmigo si me estás cantando en otro idioma?

Y, sin embargo, siento que mi corazón podría salir disparado a las estrellas.

¿Puedo cantarte esto? Siento algo por ti y no va a desaparecer, no. No va a desaparecer— mis dedos juegan con mi imaginación. Tu voz es grave, profunda, ronca cuando hacemos el amor y alegre cuando le hablas a los cachorros del padre de Obito—. Y solo he venido a decir que no desaparecerá. No va a desaparecer.

No, Shisui. No es necesario que intentes usar tus manos para explicarme el significado, así que bájalas. Está bien. Si puedo verte, tocarte, olerte, besarte y percibir las vibraciones, entonces estoy bien.

Me recuesto sobre tu pecho.

Esta es tu forma de decirme que me amas.


¡Muchas gracias por leer! :3