Oigan perdon por el summary tan feo pero no se me ocurrió nada mejor.
¡Disfruten la lectura!
Disclaimer:
Nada pero absolutamente nada de esto me pertenece.
Desenvainó su espada y triunfal caminó hacia ella, dispuesto a terminar con esa farsa y reclamar lo que creía, ya era suyo. Lucía tan frágil, tan desvalida… tan sumisa y tan hermosa. Entonces una idea se le vino algo a la mente: si iba a gobernar sobre Arendelle, definitivamente iba a necesitar de una reina, una esposa que pusiera el toque femenino en el palacio, que le ayudara a simpatizar con las familias más conservadoras, una mujer que le ayudara no sólo a satisfacer sus necesidades en la cama sino que también pudiera darle el heredero que el reino, de un momento a otro, le exigiría.
Volvió a envainar su espada y con paso lento y cuidadoso se acercó a ella. Consciente de que sus siluetas podían ser apreciadas desde los terrenos del palacio, se inclinó a su lado y con sus brazos la rodeó por los hombros.
-Lo siento mucho, Elsa-le dijo, atrayéndola hacia él-sabes que si hay alguien que comparte tu dolor, soy yo.
Esperó algunos segundos que le parecieron eternos hasta que sintió las manos de ella aferrarse a su abrigo, hundiendo el rostro en su pecho y sollozando con fuerza.
Hans escondió su sonrisa entre las platinadas hebras del cabello de la reina de las nieves.
DIEZ AÑOS DESPUÉS
No era ni media mañana pero ya estaba bastante atrasado con sus deberes. Releyó por tercera vez el mismo párrafo del contrato con el que llevaba más de una hora trabajando y aún antes de terminarlo se dio por vencido; dejó el papel sobre el escritorio, se quitó los anteojos y frotó el puente de su nariz mientras lanzaba un suspiro. Echó otro vistazo al reloj, percatándose de que no habían pasado ni cinco minutos desde la última vez que lo había hecho y finalmente se echó hacia atrás en la silla, tratando de recuperar la calma.
Ya había pasado por eso otras cuatro veces, ¿por qué se seguía sintiendo como la primera vez? "Porque me importa. Porque la quiero" pensó, porque después de tanto tiempo juntos era de esperar que se sintiera atado a ella por algo más que la atracción física que le despertó cuando la conoció.
-Por favor-susurró cerrando los ojos y cubriéndose el rostro con las manos-por favor que todo salga bien.
Un par de golpes en la puerta llamaron su atención.
-Adelante-respondió mientras recuperaba la compostura.
-Majestad-dijo Kai desde el umbral-la reina está lista para recibirlo.
No pudo evitar esbozar una enorme sonrisa.
-Asumo entonces que todo salió bien, ¿verdad?-cuestionó comenzando a guardar lo que tenía sobre el escritorio.
-Así es, señor-respondió el hombre también sonriendo satisfecho.
-Excelente. Dile a Gerda que vaya preparando a los niños.
Apenas se quedó a solas, terminó por firmar un par de documentos, usar su sello para cerrar un sobre que debía enviarse a la brevedad y dejó a la mano un escrito con algunas correcciones que debían hacerse a un decreto próximo a emitirse. Cuando finalmente dejó la oficina tuvo que contenerse para no salir corriendo hasta la habitación, aunque no se contuvo al agradecer efusivamente las felicitaciones y muestras de cariño por parte de la gente del servicio que se encontraba en su camino.
-¡Papiiiii!-Escuchó cuando estuvo ya cerca de su lugar de destino.
-Hola princesa-la recibió agachándose frente a ella y estrechándola entre sus brazos para luego alzarla-chicos-agregó saludando a sus tres hijos de pie frente a la puerta.
Henriette, la pequeña rubia de tres años que se abrazó a su cuello preguntó con pesar.
-¿En dónde está mami?
-Mami está en cama-y dirigiéndose al resto de los niños agregó-y está muy bien, ¿quieren pasar a darle un beso y conocer al nuevo bebé?
Los tres chicos se miraron entre ellos, dudando respecto a lo que deberían de responder. Jacob, un pelirrojo de cinco años apretó sus puñitos y torció la boca, bajando la mirada al suelo y seguro hubiera empezado a despotricar de no ser porque Esben, el mayor de ocho años y que era casi la viva imagen de su padre, dio un paso para tomar la manija de la puerta y asintió con una tímida sonrisa.
-¿Es niño o niña?-preguntó Jorgen, de seis años.
Hans le acarició la cabecita rojiza y respondió:
-No los sé, supongo que lo averiguaremos juntos. ¿Nos haces el honor, Esben?
En cuanto entraron a la habitación, la paz y el silencio reinantes les resultaron desconcertantes. Se miraron los unos a los otros antes de dirigir la vista a la enorme cama al centro de la habitación en donde la reina, evidentemente cansada pero satisfecha por su trabajo, reposaba sentada en la cama con la espalda recargada en una pila de almohadones, contemplando embelesada al pequeñísimo bulto entre sus brazos.
Hans dio un par de pasos, dejando a los niños atrás, y con voz suave preguntó:
-¿Se puede?
Ella alzó la vista y su sonrisa se ensanchó al observar a su familia completa esperando por su señal. Ella asintió con la cabeza y dio un par de palmaditas en la orilla de la cama, a su lado, para complementar la invitación a acercarse.
-Pero hay que ser cuidadosos-dijo en voz baja cuando los tuvo cerca-ya comió y ahora duerme una siesta.
Delicadamente removió con un dedo la orilla de la manta que alcanzaba a cubrir la carita del bebé y expuso ante ellos un rubicundo rostro de mejillas y nariz enrojecidas y con unas diminutas pestañas rubias.
-Mira mi amor-le dijo al recién nacido con una voz dulcemente más aguda-tus hermanitos vinieron a visitarte.
-¿Qué es? Se apresuró a preguntar Jorgen, desesperado por encontrar una respuesta a la incógnita que durante tantos meses los había aquejado.
Elsa sonrió sin despegar los ojos de la bolita de carne rosada y respondió con orgullo:
-Es un niño-luego mirando a sus hijos agregó-tienen otro hermano, chicos.
Jorgen y Jacob saltaron de júbilo chocando las palmas entre ellos provocando las carcajadas de sus padres y su hermano mayor, pero la celebración se vio bruscamente interrumpida por los berridos de la pequeña en brazos del rey.
-¡Nooooo!-gritó llevándose una mano a los ojos-¡YO QUERÍA UNA HERMANAAAAA!
-Oh, ¡lo siento mucho mi amor!-respondió su madre estirando un brazo para acariciarle una manita.
-Descuida cariño-agregó su padre-prometo que la próxima vez mamá y yo haremos todo lo posible porque tengas una hermanita-miró de reojo a su esposa y le fue suficiente para percibir la furibunda expresión que la platinada le dirigió.
-Ven, ¿por qué no te acercas un poco para que lo veas mejor?
El bebé comenzaba a estirarse en los brazos de Elsa cuando Hans colocó a su única hija sobre la cama. También los otros dos menores se arrimaron, curiosos ante los ruiditos que su hermanito hacía, causando todo un alboroto alrededor de su madre que esta se vio en la necesidad de apaciguar cuando el nuevo miembro empezó a arrugar su carita, amenazando con estallar en llanto.
-¿Tú qué opinas?-preguntó Hans a su hijo mayor, un poco alejado del barullo pero observando la conmoción con una sonrisa.
El chico alzo el rostro, mirando a su padre con sus enormes orbes azules y encogiéndose de hombros respondió:
-Ahora tendremos un cumpleaños más que celebrar lo que significa un día extra al año para comer pastel y dulces.
-Esa es una buena forma de verlo.
-Aunque tampoco están obligados a tener hijos hasta llenar todos los días del calendario-agregó el muchacho, provocando el sonrojo de su padre. Sintiéndose satisfecho con esa reacción, volvió su atención al resto de la familia y concluyó-Pero espero de corazón que Henriette tenga una hermanita porque cada vez se pone más insistente en que probemos sus pasteles de lodo y su té de agua de charco.
¡Que tengan un excelente inicio de semana! :D
