Bienvenidos nuevamente fieles lectores, tras un largo atraso, traemos un pequeño entremés en lo que continuamos trabajando la secuela de "El obsequio", espero les guste.
Paw Patrol es propiedad de Spin Master Entertainment, fanfic y adaptación, su servidor.
EL VIAJE (PAW Patrol fanfic)
La noche cubría la carretera interestatal 16, conocida por muchos viajeros como "Ruta Intercontinental", pues ésta atraviesa varios estados de país, haciéndola una importante vía de comunicación. Había luna llena, aunque su pálida luz no era suficiente para rasgar la pesada oscuridad que cubría con su manto el horizonte. Algunos vehículos contribuían a iluminar el camino con sus luces, similares a parpadeantes luciérnagas que luchaban por combatir esa negrura infinita. A lo lejos, se podía ver los faros de una moto muy peculiar, el cual devoraba el asfalto a toda velocidad, rebasando a los pocos conductores que encontraba en su camino, avanzando como un demonio imparable, presumiendo una destreza inaudita, o un inmenso desprecio a la vida. El conductor vestía chamarra, botas, pantalón, casco y guantes, todos de color negro, manejando su extraño vehículo a una velocidad muy alta, incluso para el límite permitido en esa área. Podía oírse el furioso rugido del motor trabajando al máximo, como si el misterioso conductor huyera de algo, sin importar a que costo, rebasando de forma temeraria e imprudente cuanto obstáculo encontraba a su paso, sin disminuir ni un poco la velocidad, sorteando la oscuridad del camino con sus potentes faros que cortaban la espesa negrura como afiladas espadas hiriendo a un oscuro demonio. Sin embargo, el sonido de una voz robotizada llamó la atención del conductor para mirar la pantalla de su vehículo. Un mensaje de alerta repetía una frase constantemente: "Nivel de combustible bajo, reemplazar celda de energía".
Visto este contratiempo y con notorio disgusto, el conductor decidió disminuir la velocidad. Miró hacia al horizonte y a lo lejos divisó el anuncio luminoso de una tienda de conveniencia, uno de los tantos negocios que están enclavados en medio de las carreteras como puntos de descanso temporal. Poco a poco fue bajando la velocidad hasta que llegó al local. Estacionó el vehículo a un lado, apagándolo para darle un breve respiro al castigado motor y entró al establecimiento. Era una pequeña tienda comercial, como muchas otras de las que se encuentran en las gasolineras, llenas de los habituales productos que hay en todo negocio de paso: productos de limpieza, bolsas con hielo, alimentos y bebidas, la mayoría consistente en golosinas, bocadillos y comidas preparadas para los usuales viajeros que requerían algún aperitivo para amenizar sus largos viajes. Sin decir nada, el sujeto se dirigió directamente hasta el área de refrigeradores donde tenían las bebidas refrigeradas. Buscó entre los fríos anaqueles hasta encontrar un paquete de seis latas de "Cold Beast", una popular aunque controvertida bebida energética, así como un paquete de donas azucaradas. Se acercó al mostrador, sin quitarse el casco, azotando las cosas que llevaba, algo que intimidó al dependiente, quien esperaba no convertirse en la siguiente víctima de algún asaltante o drogadicto que en ocasiones pasaban por el local.
-Son 25 dólares– dijo el empleado titubeante. El motociclista sacó tres de billetes de 10 dólares y los puso sobre el mostrador. Luego tomó las cosas y salió sin decir palabra alguna. Una vez afuera, se sentó al lado de su vehículo, puso las mercancías en el suelo y se quitó el casco, revelando su identidad. Era Ryder, el joven líder del desaparecido grupo de rescate canino conocido como PAW Patrol. Su rostro se veía demacrado, como si hubiera estado conduciendo por horas sin parar, sus ojos estaban enrojecidos, rematados por unas ojeras que lo hacían ver más cansado. El chico puso su casco sobre su todoterreno, luego tomó una de las latas, la abrió y bebió la mitad de su contenido de un solo sorbo. Miró hacia el firmamento, contemplando la luna, su única compañera de viaje en esa noche, como si buscara alguna solución a sus problemas en su pálido resplandor. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no se percató que la alarma seguía sonando. Una vez que notó eso, se levantó, terminando de beber lo que quedaba en la lata y lanzándola de mala gana al suelo. Abrió un compartimiento ubicado en la parte trasera del vehículo, jaló una palanca y un pequeño contenedor metálico fue liberado. Lo extrajo con cuidado, pues estaba muy caliente, e introdujo uno nuevo que sacó de otro compartimento. Cerró el compartimento y espero a que el todoterreno reconociera la batería, dándole oportunidad al motor para descansar un poco. Abrió el paquete de donas y devoró todo su contenido con desesperación, como si no hubiera comido nada en días. Tiró al suelo el empaque roto, abrió otra lata de "Cold Beast", y bebió apresuradamente su contenido. Una vez que vació la lata, la tiró también y abrió otra más, pero esta vez bebió su contenido con más calma mientras continuaba contemplando el cielo. No había notado lo silenciosa y tranquila que estaba la noche La vista del firmamento tapizado por las estrellas era majestuosa y por un breve instante sintió un poco de calma en su agitado corazón. Ese respiro lo calmó ligeramente, pues aún tenía en su mente las imágenes de aquel espantoso día, cuando su vida cambió para siempre: las miradas vidriosas de los cachorros, sus voces despidiéndose, el sonido de la pistola de pernos, y la escalofriante risa del misterioso sujeto que lo obligó a participar en ese enfermizo juego. Podía escucharla como si estuviera frente a su rostro, igual de clara y nítida como en esa ocasión, atormentándolo, acechándolo una y otra vez sin reposo. Cerró los ojos y tapó sus oídos para ignorar ese sonido, pero por más que luchaba, seguía oyéndola. Sin embargo, eso no era lo único que atormentaba su joven alma, también estaban las visiones de sus queridos cachorros quienes entregaron su vida para salvar a otras personas, vidas que fueron truncadas por su propia mano, un espantoso suceso que quedó grabado con hierro ardiente en su cabeza. Recordar la imagen de sus cuerpos inertes y sin vida era algo que no podía sacar de su mente, una imagen que lo atormentaba día y noche, una imagen que consumía su propia existencia y su sano juicio.
De pronto, una voz robotizada lo sacó del espantoso trance: "batería llena". Ryder bebió lo último que quedaba del líquido, arrojó la lata al suelo y guardó el resto para el camino. Respiró profundo para tranquilizarse, se puso nuevamente su casco, encendió su todoterreno y retomó su viaje, perdiéndose nuevamente en la oscuridad de la noche.
Durante varias horas, el chico siguió conduciendo de forma frenética como si fuera un zombie, solo movido por las bebidas energéticas, el exceso de azúcar y sus ansias por llegar a un lugar en particular. No le importaba la oscuridad de la noche, ni manejar a una velocidad imprudente. Nada de eso importaba, en su cabeza solo tenía una meta: llegar a su destino: el poblado de Obsidian Garden, ubicado en California, un viaje largo y cansado, tomando en cuenta que era muy alejado de Bahía Aventura. Desde el incidente del "Showman", su actitud era más temeraria y arrebatada, incluso más arriesgada, ya no era el Ryder calmado y analítico que todos conocían, ese Ryder murió el día que su equipo murió por sus propias manos. Ese día murió su inocencia.
Tras una noche de intenso viaje, el joven llego a su objetivo. Obsidian Garden era una pequeña ciudad donde muchos inventores, científicos y expertos en tecnología se asentaron con sus familias y fundaron sus propias industrias, algo similar a Silicon Valley. La luz del amanecer bañaba el vecindario cuando el chico llegó a una vivienda en particular: una enorme mansión, franqueada por una pared amurallada blanca y una reja negra. Oprimió un botón de su todo terreno y las rejas del frente se abrieron, permitiéndole el acceso. Una vez que llegó a la entrada de la mansión, bajó de su vehículo, se quitó el casco y volteó hacia un enorme jardín donde pudo distinguir a lo lejos dos casitas para perro, las que albergaron en su momento a Chase y Marshall, sus primeros cachorros. Un escalofrió recorrió su cuerpo al recordarlos y una sensación de tristeza volvió a abrumarlo. Arrojó el casco al césped y corrió a la puerta principal de la mansión. Tocó un timbre que estaba cerca y se escuchó a lo lejos una dulce melodía. Un par de minutos después, la puerta se abrió, apareciendo un adulto joven con barba y cabello castaño, vistiendo pantalones vaqueros, camisa blanca, zapatos deportivos y lentes, muy parecido al chico.
-Ryder…eres…..eres tu!?
-Si papá, aquí estoy -dijo el chico con voz apagada
-...hijo…..donde habías estado? Estaba muy preocupado, Katie me contó lo que pasó y me dijo que saliste de Bahía Aventura hace tres días, pero nadie ha sabido de ti, temía que…- el adulto ya no pudo seguir hablando cuando Ryder lo miró y pudo ver los ojos del chico. Estaban enrojecidos, evidencia de que estuvo llorando por mucho tiempo. Su mirada y su rostro reflejaban una tristeza que el hombre jamás había visto en su hijo, quien era la persona más alegre y optimista que hubiera conocido. Ryder no pudo soportarlo más y se lanzó a los brazos de su padre, llorando inconsolablemente, un llanto que estuvo conteniendo por mucho tiempo.
-Les fallé papá…..…es mi culpa….les falle a todos ellos…a todos….…
-Ryder, no le fallaste a nadie, de no ser por ti, esas personas no hubieran sobrevivido a…
-No a ellos….a mis cachorros!…les mentí papá!…..les dije que todo saldría bien…ahora ellos….están…están…...BUUUUUUUAAAAAAAAAAHHHH!
El llanto de Ryder era desgarrador, su padre nunca lo había oído llorar de esa forma. En ese momento ya no era el líder de los Paw Patrol, solo era un niño con su corazón destrozado. El adulto no supo que decir, solo se limitó a arropar a su hijo en sus brazos y abrazarlo con fuerza para consolarlo. Permanecieron así hasta que chico dejó de sollozar y lentamente se fue tranquilizando hasta caer dormido en el regazo de su padre, producto del cansancio y el dolor.
-Te llevare a tu cama, mereces un descanso -dijo el adulto. Cargó a su hijo y lo subió a su habitación, lugar que Ryder no visitaba desde hace tiempo. Con cuidado, el hombre depositó al chico en su cama, cerró las persianas que habían abierto y le dio un beso en la frente al niño.
-Duerme bien hijo -dijo el adulto, limpiando una insipiente lágrima de sus ojos. Cerró la puerta y dejó a Ryder durmiendo. El pequeño llegó al final de su viaje, al igual que los Paw Patrol, quienes ahora solo eran un recuerdo para el mundo entero. Al menos por ese día, el chico tuvo una leve tregua, pues las trágicas visiones que lo atormentaban no se presentaron, y en su lugar, pudo soñar como se reencontraba con sus amados cachorros, recordándolos como los vio por última vez: sus alegres rostros, sus risas optimistas, sus divertidas frases propias, todos contentos por reencontrarse con el chico que fue un padre para ellos, quien los quiso como una familia y compartieron bellos momentos. Era una visión tan hermosa para Ryder que aún dormido, derramó una lágrima de felicidad y esbozó una sonrisa. Ahora ellos vivirán en su corazón y en sus sueños, el único lugar donde nadie volvería a dañarlos, donde siempre estarán al lado de su amigo, siempre dándole ánimos, siempre dispuestos a darle una pata cuando más los necesite.
F I N
Esperando que les haya gustado este pequeño relato, ahora a trabajar la secuela, tardará un poco, pero tengan por seguro que tendremos respuestas a muchas interrogantes que han tenido.
Le doy nuevamente las gracias a todos por su paciencia y por dedicar una parte de su valioso tiempo para leer esta obra, sus comentarios serán más que bienvenidos.
Este tren llegó a su destino, pero otros estarán listos para partir.
Paw Patrol, propiedad de Spin Master Entertainment, fanfic y adaptación, su servidor.
