«La ciencia humana consiste más en destruir errores que en descubrir verdades»
SÓCRATES
«El que no cree en la magia nunca la encontrará»
ROALD DAHL
«Allá donde no llega la ciencia, empieza la magia»
THOR HEYERDAHL
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AMANEZCO HOY,
POR LA FUERZA DEL CIELO,
LA LUZ DEL FUEGO,
EL RESPLANDOR DE LAS LLAMAS,
LA VELOCIDAD DEL VIENTO,
LA RAPIDEZ DEL RAYO,
LA FIRMEZA DE LA ROCA,
LA ESTABILIDAD DE LA TIERRA,
LA PROFUNDIDAD DEL MAR,
AMANEZCO HOY,
POR LA FUERZA SECRETA Y DIVINA QUE,
ME GUÍA,
Oración Celta
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PRÓLOGO
Dice la profecía de la vidente:
‹‹Habrá una batalla final entre las fuerzas celestes y las del Inframundo. Será una lucha encarnizada que dará origen y final a los tiempos conocidos. Ésta será la última guerra en la que los dioses llegarán a su ocaso y donde demonios y humanos perecerán en el día llamado "El final de los tiempos", el Ragnarök››.
En la visión de la völva, Odín, conocido como ‹‹el Padre de todos››, moría a manos del lobo Fenrir, liderado por Loki. Se desataba el caos y la humanidad desaparecía. De los dioses escandinavos, sólo Njörd regresaba a Vanenheim de nuevo. El resto moría en la guerra contra las fuerzas del Mal.
Después de tan oscuro presagio, la völva hablaba del resurgir de un nuevo amanecer. Un futuro más brillante en un nuevo mundo.
El Ragnarök se origina cuando Loki, hijo de los gigantes Farbauti y Laufey, que una vez había sido proclamado hermano de sangre por Odín, más tarde declarado enemigo acérrimo del mismo y nombrado ‹‹El Traidor›› por todos los dioses, se niega a arrodillarse ante la raza inferior humana. Odín quiere que los humanos evolucionen y lleguen a convertirse en maestros de sus propios maestros, pero Loki se niega a dar una oportunidad a la humanidad, pues, según él, no merecen tal misericordia.
Cuando el dios Aesir escuchó de boca de la vidente el poema profético sobre su destino, decidió tomar cartas en el asunto para que aquello no sucediera. No podía permitir que la profecía se cumpliera, él no podía desaparecer, la humanidad no podía ser aniquilada, así que secuestró a Loki, ‹‹el Origen de todo mal››, del Jotunheim, y lo encarceló en el Asgard en una cárcel invisible de rocas de cristal. Odín ya sabía que nadie podía fiarse de Loki pues era un timador, un dios transformista que adoptaba mil caras distintas cuando mejor le convenía. Él mismo había sufrido de la peor manera las artimañas de tamaño engañador y su querido hijo Balder había perdido la vida debido a sus maquinaciones.
Sin embargo, Loki, a través de uno de sus famosos engaños, se escapó de la cárcel y descendió al Midgard, la Tierra, para reírse de la humanidad y truncar el proyecto de Odín.
Fue entonces cuando las dos familias del panteón escandinavo que habían vivido enemistados en otros tiempos, los Aesir, liderados por Odín, y los Vanir, liderados por Freyja, unieron sus fuerzas de nuevo y crearon a los berserkers y a los vanirios para proteger a la humanidad de las fechorías de Loki, el hijo de los Jotuns.
Odín fue el primero que escogió a sus guerreros einherjars, vikingos inmortales, y los tocó con su lanza otorgándoles el Od, la furia animal, convirtiéndolos así en guerreros berserkers con semejanzas genéticas e instintivas a la de los lobos, su animal favorito. Los hizo descender a la Tierra con el objetivo de mantener a Loki a raya, y durante un tiempo fue posible; pero las mujeres humanas eran muy atrayentes para ellos, así que mantuvieron relaciones sexuales e hibridaron la raza pura berserker.
El dios gigante Loki consiguió llevar a su terreno a algunos de los híbridos, ya que al ser de naturaleza semihumana eran mucho más débiles y susceptibles a las promesas y a los deseos que él les ofrecía a cambio de unirse a sus filas. Transformó a todos los que se fueron con él en lobeznos, seres abominables y sedientos de sangre que podían parecer humanos, pero que, al mutar, se convertían en auténticos monstruos asesinos, los llamados hombres lobo. Loki conseguía de esa manera mofarse de Odín y de su creación.
El Midgard entonces se descontroló. Cada vez eran menos los berserkers hibridados capaces de ignorar y negar a Loki. La Tierra entraba en una época convulsa de oscuridad y guerra donde no había cabida para la luz ni la esperanza.
Fue en aquel momento cuando los Vanir, al ver el escaso éxito que había tenido Odín para mantener a Loki a raya, apoyaron al dios Aesir y crearon una raza propia de guerreros que además les pudiera representar en la Tierra. Sin embargo, los Vanir no tenían conocimiento sobre manipulación de armas ni tampoco sobre guerra. Ellos eran los dioses de la belleza, el amor, el arte, la fecundidad, la sensualidad y la magia: no sabían nada de destrucción. Así que hicieron una criba con los guerreros humanos más poderosos de la tierra y los mutaron, otorgándoles dones sobrenaturales.
Los dioses Vanir Njörd, Frey y Freyja escogieron a miembros de algunos clanes humanos que entonces poblaban la tierra, y a cada uno les otorgó dones fascinantes. Pero también, temerosos de que alguna vez pudieran sobrepasarles en poderes, les dieron alguna que otra debilidad.
Así nacieron los vanirios, seres que una vez fueron humanos y a quienes los dioses añadieron una fuerza sobrenatural convirtiéndolos en hombres y mujeres inmortales. Eran telépatas, telequinésicos, podían hablar con los animales, podían volar y tenían colmillos como sus creadores Vanir; pero no podían caminar bajo el sol y además soportarían el tormento de la cruz del hambre eterna hasta que encontraran a sus parejas de vida, hombres y mujeres especiales capaces de entregarles todo aquello que sus corazones anhelaran. Pero Loki, conocedor de la insaciable sed vaniria, también les tentó ofreciéndoles una vida en la que el hambre podría solventarse sin remordimientos de conciencia. A cambio, ellos sólo tendrían que entregarle su alma y unirse a su ejército de jotuns. Los más débiles, aquellos que se plegaron a su oferta, aceptaron el trato y se convirtieron en vampiros, seres egoístas que absorben la vida y la sangre humana. Asesinos.
Ahora, ante el refuerzo y la ofensiva de Loki y su séquito, los vanirios y los berserkers que no se han vendido a él se verán obligados a aparcar todas sus diferencias y a permanecer unidos para luchar contra todos aquellos que se han confabulado para conseguir que el Ragnarök llegue a la Tierra y se pueda destruir así a la humanidad.
No obstante, en la lucha encarnizada contra el Mal, ni siquiera la ayuda de estas dos razas de seres inmortales es suficiente para la causa. Los vanirios y los berserkers son fuertes, pero necesitan aliados ahora que se acerca el ocaso de la Tierra.
Muchos humanos de almas oscuras que están a la orden de Loki han unido sus fuerzas, sabedores de que el Ragnarök se aproxima; según ellos, la Tierra se rige por ciclos, y el ciclo final debe llegar cuanto antes para que su dios, Loki, haga llegar un nuevo día. Durante siglos, han creado sectas y organizaciones que estudian, secuestran y maltratan a seres como los vanirios y los berserkers, y no conformes con eso, intentan provocar esa apertura dimensional, esa puerta a través de la cual Loki podría entrar a nuestro mundo y sumirlo para siempre en la oscuridad. Organizaciones como Newscientists, la Secta Lokasenna, brujos y hechiceros, lobeznos, vampiros y escoria humana han decidido provocar ese parto planetario antes de tiempo a través de la manipulación de mentes privilegiadas de geólogos y físicos cuánticos. Y es algo que Odín y Freyja han decidido evitar a toda costa.
Hasta ahora, los dioses no podían interceder directamente en el plan evolutivo de la humanidad y esperaban una señal, un acontecimiento, la llegada de un nuevo guerrero que desencadenara la jugada maestra y empezara a mover las fichas.
Ese momento ha llegado.
La diosa Vanir y el dios Aesir enviarán a la Tierra a todos los ejércitos del Asgard y del Vanenheïm, en un intento desesperado de igualar las fuerzas y echar una mano a vanirios y berserkers.
Freyja dará carta blanca a sus valkyrias para que por fin desciendan a la Tierra e implanten su ley. Estas mujeres guerreras son despiadadas, caprichosas y letales, y han permanecido en el Víngolf junto a Freyja desde el momento en que fueron concebidas y dotadas de sus dones. La diosa les va a dar la oportunidad de liberar su frustración y abrazar de una vez por todas su ansiada libertad, aunque para ello tengan que arriesgarse y dejar atrás la protección que los muros del Valhall les había dado.
Odín, a su vez, enviará a sus einherjars, aquellos guerreros inmortales que no ha transformado en berserkers. Estos guerreros habían sido una vez humanos, y entregaron su vida honorablemente en defensa de los suyos y de los dioses. Ahora son hombres poderosos, con grandes dones, y están dispuestos a todo con tal de luchar en nombre de Odín.
El destino de la humanidad está en manos de estos seres, y ni siquiera el tapiz de las nornas en el que se lee el destino es claro en cuanto al final que de la raza humana se refiere. No obstante, los dioses saben que si el ser humano pierde esta batalla desaparecerán con ellos, y eso no lo van a permitir. Hay demasiado en juego.
Pero ni siquiera estos guerreros que van a luchar por la humanidad están a salvo de la energía de la Tierra. Una energía que se mueve a través del amor, el odio, la rabia, la compasión y el sexo. El ser humano es visceral, igual que la realidad en la que vive. Valkyrias y einherjars bajarán de los cielos para defendernos, pero ¿cómo se defenderán ellos de un planeta tan cargado de emociones? ¿Protegerán sus corazones?
El tapiz del destino no está acabado, y cada movimiento que se haga en la Tierra lo transforma y leda nuevos colores y nuevas formas. Cada acción tendrá una reacción. No hay mayores estrategas que los dioses, pero incluso ellos no están seguros de ganar la partida contra Loki porque: ¿Qué importan los planes cuando estás en una realidad tan imprevisible y voluble como la nuestra?
Unos nos defienden, los otros nos atacan.
Unos esperan nuestra aniquilación, y los otros se sienten obligados a defendernos y luchan por nuestra salvación, sin ser conscientes de que mientras nos salvan, alguno de nosotros también puede salvarlos a ellos.
Los humanos somos la raza débil, estamos justo en medio, viviendo nuestras propias vidas, ignorantes de aquello que nos rodea. Pero incluso la raza menor puede dar lecciones a las razas superiores, como porejemplo que en la guerra y en la venganza el más débil es siempre el más feroz.
La batalla final entre el Bien y el Mal lleva labrándose desde hace tiempo, pero esta vez, las pasiones, los anhelos, la amistad, el corazón, el amor y la valentía, serán factores decisivos en su desenlace.
El Ragnarök se acerca.
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Noche de Imbolc
Año 60 a.C. Al norte del río Támesis
El plenilunio alumbraba el rostro aniñado de un joven celta llamado Shisui.
Sus padres habían vaticinado con éxito el nacimiento de una estrella entre los humanos. Se trataba de Konan, la hermana de Deidara Kamiruzu.
Itachi, su hermano pequeño, se había quedado prendado de ella nada más verla y a Shisui le había parecido muy divertido ver a su pacífico hermano tan entusiasmado con un bebé que no pesaba más de tres kilos y era solo ojazos castaños. Su hermano Itachi estaba obsesionado con las hadas y las diosas.
A Shisui, en cambio, le hablaban las estrellas. Todo el universo hablaba con él; la naturaleza se comunicaba en su propio idioma y le sobrecogía su claridad y la poca maldad que había en ello. El cielo era único y no juzgaba a nadie.
Eran los humanos los que destrozaban la tierra y peleaban. La Madre Tierra solo estaba ahí de cuna incondicional, esperando a que la respetaran, pero no estaba nada orgullosa de que sus hijos batallaran de ese modo tan fiero. Sus hijos le hacían daño, pero, ¿a qué madre no le dolían sus hijos?
El niño pelinegro alzó sus ojos oscuros hacia el techo estelar. La cúpula le dejaba sin respiración. Las estrellas titilaban, advirtiéndole que le estaban observando. Leía mensajes en todo, por eso sus padres le decían que sería un excelente druida cuando por fin tomara la decisión de serlo. Solo él decidiría si ese don, ese instinto mágico, estaba en su alma. Todos daban por hecho que sí, pero él era muy respetuoso con esa decisión y esperaba el momento adecuado para tomar el relevo de su padre.
El druidh era el hombre más respetado del clan y él se ganaría ese respeto.
A lo mejor un día, cuando fuera mayor, podría encontrar a una dryade (druidesa), y juntos podrían obrar magia buena y llena de luz para todos. Como esas leyendas faes que tanto le gustaban a su hermano pequeño.
Sonrió pensando que Itachi era muy tonto. Pero, en el fondo de su corazón, Shisui también quería creer. Su padre le había explicado que las estrellas cumplían deseos si se pedían con honestidad y no hacían daño a nadie.
El pequeño se levantó, alzó el brazo y señaló con el dedo índice una de ellas. Estaba en una parte del cielo que su padre llamaba la Osa Grande. Movió el dedo como si la pudiera tocar y sonrió.
—Cuando sea mayor, yo también quiero un hada como mi hermano.
Su padre le explicó que había una leyenda en dos de esas estrellas. Eran de las más brillantes de la Osa Grande. Él decía que eran una pareja de enamorados. Que vivían siempre el uno al lado del otro. Eran poderosos, por eso brillaban tanto.
Shisui sonrió, cerró los ojos y dijo:
—Yo también tendré a una estrella a mi lado. Mo ronnag (mi estrella).
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Londres
Año 1990
La pequeña Sabaku sonreía a su padre, Rasa Sabaku, un reconocido astrofísico inglés, cuyas pasiones eran su ciencia y su familia, en especial aquella pequeña y diminuta superdotada a la que le estaba contando un cuento antes de irse a dormir. Solo tenía cinco años, pero era tan despierta e inteligente que le asombraba su capacidad para entender todo aquello que la rodeaba.
—Cuéntamelo otra vez, papi —le pedía la cría abrazando su conejito de peluche, con un botón azul por ojo—. ¿Por qué me llamo así?
Su padre sonrió y le dio un golpecito en la nariz.
—Porque me recuerdas a Temari, la estrella más brillante del carro de las estrellas, que está en...
—La Osa Mayor.
—¡Eso es! —La animó su padre.
La niña rubia y con el pelo despeinado sonrió con los ojos iluminados, como si fuera la primera vez que le contestaba a aquel juego que cada noche padre e hija repetían.
—¿Quién cuida de Temari? —preguntó su padre poniéndola a prueba.
—Su estrella gemela, Alcor. Es un poco más pequeña, pero se quieren mucho y bailan juntos cada noche. Ella y Alcor están enamorados —contestó dando un bostezo.
—Sí, se quieren mucho. Como yo te quiero a ti, pequeña Tema.
La pequeña abrazó a su conejo y empezó a cerrar los ojos.
—Papi, yo también te quiero mucho.
—¿Cuánto?
—De aquí a la luna, papi. Y a mamá y a Hannah.
—¿Les has dado las buenas noches y se lo has dicho?
—Claro, papi. Cada noche. Os quiero a los tres.
Rasa sonrió; no había una persona más cariñosa y dulce y a quien le gustara más decir «te quieros» que a su hija menor. Besó en la frente a su niña, que iba a ser una de las mujeres más inteligentes de Inglaterra. Pero la chiquilla no solo era lista, era un caramelo. Tan tierno y tan dispuesto a dar amor que la gente se enamoraba de ella en cuanto la conocían.
Rasa la protegería siempre que pudiera. Porque las mentes como las de su adorada hija, sin maldad y sin inquina, cuando eran tan inteligentes, eran siempre codiciadas por los demás. Él se encargaría de llevarla siempre por el buen camino.
Rasa salió de la habitación, apagó la luz y murmuró:
—No cambies nunca, corazón.
Esa misma noche, unos gritos que venían de la habitación de su madre la despertaron. La pequeña agarró a su conejo y, todavía adormecida, vestida con su camisón rosa, salió de la habitación para ver qué pasaba. Su madre corrió hacia ella, con Hannah agarrada de la mano, y la tomó en brazos. Estaba llorando y tenía sangre en el camisón. Su madre tenía sangre en el camisón...
—¡Ven, mi niña! —le gritó mientras las guiaba a ella y a Hannah al estudio superior.
—¿Qué pasa? —preguntó Tema llorando y abrazando a su conejo con fuerza.
Hannah hundía el rostro en el estómago de su madre. No podía parar de llorar. Era rubia como ella y tenía solo trece años.
—Niñas, escondeos ahí —les señaló la parte baja de la cama—. ¡Ahora! Alguien estaba aporreando la puerta que su madre luchaba por mantener cerrada.
—Cariñooooo —decía una voz fría y sin vida detrás de la puerta—. No te escondas... —canturreó provocando las risas de otros hombres que lo acompañaban.
—Tema, corazón, ve debajo de la cama —suplicó su madre rota y en un mar de lágrimas—. Tú también, Hannah.
—¡No! —gemía Hannah.
—Por favor, Hannah... Por favor —suplicaba su madre mirando a su hija mayor—. Cuida de tu hermana, ¿sí? Escondeos debajo de la cama. Tema, haz lo que te digo. Escóndete.
La cría corrió con Hannah de la mano, pero la puerta se abrió de golpe e hizo que su madre cayera al suelo. Tema se escondió y hundió la carita en la barriga del conejo; estaba en shock.
Pero a Hannah no le dio tiempo de esconderse con ella y la arrastraron por los pies hacia afuera. La librería se cayó cuando el menudo cuerpo de su hermana impactó contra ella. La lámpara se rompió. Los libros salieron volando.
Y luego solo hubo gritos.
Gritos de dolor, de agonía, de desesperación...
Y ella estaba tan asustada... Los números la protegerían.
—Tres punto uno, cuatro, uno, cinco, nueve... —susurraba con las pupilas dilatadas y el cuerpo envuelto en sudor.
Tema temblaba, no podía cerrar los ojos. Vio todo lo que le hicieron esos hombres con colmillos a su hermana y a su madre. ¿Y su padre? ¿A él también le habrían hecho lo mismo? Él ya no estaba.
Los hombres con colmillos sanguinolentos se agacharon para mirar a la pequeña superviviente, y le sonrieron maliciosamente.
—Te toca a ti —dijo uno de ellos con ojos inyectados en sangre.
Y justo cuando creía que iban a hacer lo mismo con ella, un príncipe moreno, vestido de negro, y de pelo liso y largo la defendió y ahuyentó a los hombres con colmillos. Los mismos que habían asesinado a su familia.
El príncipe le ofreció la mano y la sacó de ahí, de ese infierno.
—Yo te protegeré, pequeña.
Ella se encomendó a él y aceptó su mano fría.
No sabía si ese hombre la protegería o no, pero entendió de una manera cruel que querer mucho a las personas hacía que estas desaparecieran.
Nunca más volvería a querer.
Y jamás dejaría que un hombre la tocara.
Esta historia es de Lena Valentina. Los personajes utilizados en la misma pertenecen a M. Kishimoto.
