Fic

Rebozo de Seda

Por Mayra Exitosa

Viajar a México es llevar un pedacito de la tierra, de su cultura de su sabor, es muchas cosas que alguien que vino de vacaciones no pudo creer que visitar a su primo regio Archie, quien tenía un negocio muy importante en el norte de México estuviera elevando su fortuna trabajando la fundición de metales que daba una oportunidad de enaltecer el buen nombre de la familia, así es que comienza esta pequeña historia, donde Albert viajando de Chicago, llega en el aeropuerto internacional de Nuevo León, a la ciudad de Monterrey, conociendo ahí a la otra parte de la familia que vino a probar fortuna en unas inversiones y se quedó con su gente, con su cultura y todo cuanto había en ella. William Albert no creía posible encontrar a alguien para él en el norte de México, por lo que solo vendría a ayudar a su primo por unas semanas antes de regresar a su natal Chicago e informar sobre los avances de la nueva cortadora que se había adquirid para los metales en grandes rollos de acero, la cual por la demanda sería de encontrar otras nuevas posibilidades de incrementar en capital para su distribución de estos rollos en el área automotriz que actualmente era el cliente de mayor adquisición.

- ¿Cómo estas William? Este con una sonrisa y notando su buen español quiso jugar una broma imitando a los del norte de México y su típica frase. - ¿Cómo estás pelao? A lo que Archivald se reía por el tono americano de su acento y a no practicar tanto su español. El viaje del aeropuerto a la ciudad fue por autopista y llegaron con un tour que su primo le daba por algunos lugares famosos por su arte, sus paisajes y sobre todo la novedad, llegando así a un restaurant de cabrito donde ya lo esperaba su esposa y sus hijos - Mira Ana, aquí esta mi primo Albert, de quien tanto te he hablado. - Un pacer conocerlo al fin, esta es Erika y el es Arthur, tus sobrinos regios. - Que gusto conocerlos. Los pequeños le hablaron en un fluido ingles y el le encantó que ambos a su corta edad ya manejaran perfectamente el idioma, a lo que agregaba, - Debe ir a Chicago, la familia estará muy feliz de verlos, y sobre todo a este par, tu hermano no deja de hablar de ellos. - Si, Paty y Alistar siempre se comunican por videollamada y hablan mucho sus hijos Stear y Patrick con los míos, juegan por x-box y se la pasan en comunicación constante, tenemos planes de ir para diciembre y pasar allá la temporada navideña. - Que bien, cuenta con mis regalos para todos, así que los esperaremos allá y nos devuelven la visita. Ana le contaba del mes patrio y de las actividades que había en la región, por lo que esa noche lo llevarían a una exhibición de bailes folclóricos regionales y cenarían en un restaurant con algunos amigos.

Las entrevistas de negocios y los materiales, así como los resultados de la comprar de una cortadora que también fungía como dobladora y hacia actividades robóticas, fue increíble y ayudo mucho en ganancias a la inversión efectuada pro él, por lo que estaba muy contento de tener rendimientos tan buenos en tan poco tiempo. La cena estaba prevista, por lo que salir a la exhibición de baile fue algo inesperado para William Albert quien disfruto no solo de los bailes norteños, sino del baile de una rubia de ojos de papel volando que lo dejó encantado.

Con un vestido azul y olanes bailaba con un joven de traje de mariachi, a lo que él al verla fijamente no pudo más que imaginarse bailando con ella, en el zapateado que llevaba, la joven giraba sus vestidos y coqueteaba con una sonrisa que él sintió dirigida a él, el baile del son de la negra la joven lo bailaba con pasos muy constantes y lo tenía hipnotizado, eso no pasaba desapercibido para la pareja que estaba sonriendo por ver a la bailarina con tal fijación, Ana le guiñaba un ojo a Archie a lo que el asentía, y el baile sonaba con un rebozo de seda que ella al finalizar levantaba sus faldones y escondía el rostro junto al del bailarín como si se dieran un beso.

La cena llegaba, William esperaba a que volviera Ana, la esposa de su primo, cuando llegaba con la joven bailarina ahora vestida de traje casual en falta corta y blusa blanca, se veía como una princesa, su maquillaje ya no era tan acentuado, ahora lo portaba más discreto, su cabello ya no traía la rosa roja, ahora lucía más elegante y definitivamente muy hermosa, ella hablaba perfectamente inglés y el español, originaria de Apodaca Nuevo León, al joven Candy Elizabeth, quien era amiga de Ana y quien ahora presentaba a la joven rubia con el primo de su esposo.

La cena estaba ya tomada para que ella los acompañara, por lo que la carne asada y los antojitos mexicanos no pudieron faltar a la cita. - Bailó usted fantástico. - Puedes tutearme, Candy solamente. - Es muy bello tu nombre, veo que hablan muy bien el idioma, - sí, acá en el norte es básico ya hablar el inglés para cualquier trabajo, al igual que otros se especializan en el que más les agrada. Candy y Albert conversaron por horas, después de la cena, los paseos por el Boulevard y algunos por la conocida macro plaza fueron partes que ella describía con alguna razón historia o de vida común en pasajes de haber estado ahí.

Candy comentaba que iría con su familia a Cincinnati por lo que había una posibilidad de irse a radicar allá, eso a Albert le fascinaba, la joven era administradora y su familia tenía un negocio asociado con unos tíos. Ella no podía creer que el rubio primo de Archibald fuera tan atractivo, mucho menos que se agradaran a primera vista. Pasados los días, la comunicación continuaba a través de teléfono por mensajes y hasta por Twitter, Instagram y Facebook a lo que en ocasiones Albert ya era muy tarde y no deseaba cortar las llamadas, más tenía que hacerlo, pronto llegaría el invierno y ella viajara en primavera, pero mientras tanto, algunas noches ya la soñaba y bailaba el jarabe tapatío del son de la negra con ella, vestido de charro, siempre terminando donde ella escondía con sus faldas el rostro de ambos en un beso.

Candy por su parte, se iba ganando el corazón del rubio a lo que Ana la invitaba a pasar las navidades con ellos, en Chicago, junto a la familia de su cuñado y ella aceptaba sin saber si podría ver allá al joven rubio. La época decembrina llegaba con su colorido y sus compras. Candy emocionada por saber que llevar, compraba algunos detalles del norte de México para regalar a la familia que la acogería en esas hermosas fechas.

La llegada fue algo inesperado, para su sorpresa él fue hasta el aeropuerto de Chicago, el rubio con su radiante sonrisa le dio la bienvenida a su ciudad, que congelada por la nieve y el frío daba una nostálgica ambientación de todos los lugares a los que fueron para mostrarle un poco de todo lo que había y deseaba que ella conociera.

Ana y Archibald los dejaron y se separaron para llevar a sus hijos junto a sus familiares, mientras que Candy feliz fue llevada por Albert a varios lugares logrando que se llegara la noche para volver al hogar donde se hospedaría, la mansión Andrew en Chicago, misma que pertenecía a Albert, era donde todos se habían dado cita. - Que descanses. - Gracias por la bienvenida, todo el pase y la cena fue muy bella. - No tanto como lo eres tú. El se acercaba y besaba cercano a la comisura de su boca y ella ruborizada cerraba los ojos, a lo que el rubio pudo notar que no le desagradaba, dándole así un beso cálido que ambos estaban deseando.

La mañana les daba la calidez del desayuno y la familia, los juegos de los niños y el niño grande con un control ayudando a Arthur a vencer a sus primos Stear y Patrick. Mientras Candy jugaba con la pequeña hija de su amiga Ana, quien le ayudaba a envolver regalos en la mesa del gran salón. La ayuda de el padre de los chicos llegaba a tiempo, a lo que Archie intervenía al ver que Albert iba perdiendo, por lo que dejaba a padres e hijos frente ala pantalla, par ir a ver a la preciosa rubia de ojos de papel volando que lo traía inquieto desde la noche anterior que se habían besado.

Ana se iba con su hijita Erika para hacer galletas en la cocina junto a Paty, su cuñada. A lo que el rubio aprovechaba para llevarse a su preciosa bailarina a caminar por la mansión y perderse un rato, mientras llegaba la hora de la comida. - Candy, desde el día en que te conocí, me quedé prendado de ti. Tu mirada y ese baile de la noche en que te conocía ha pasado en ocasiones por mi mente dándome vueltas y en mis sueños juro que soy yo quien baila contigo ese jarabe tapatío que me dejo agradablemente hipnotizado. - Me alegro de que te haya gustado, ¿y que fue lo que más te agrado? - definitivamente tú, al finalizar alzabas el vuelo de tus faldones y cubrías a tu pareja, con un leve movimiento de cabeza. Candy al describirlo, le hizo el movimiento sin traer los faldones acomodándose frente a él en la posición que le decía y sin dejar escapara la oportunidad, el tomaba su boca ávidamente dejando a la rubia con la mente en blanco y el ajustándola para no soltarla hasta caer rendido en ese sueño que siempre había deseado cumplir, probar sus labios por largo tiempo, dejar su corazón expuesto al finalizar a regañadientes el beso, ella no dejaba de verlo parpadeante y sorprendida ante lo que ambos se habían dejado levar.

- Me gustaría mucho que, en vez de ir a trabajar con tus tíos a Cincinnati, te quedaras con nosotros en Chicago. - ¿Con ustedes? - Conmigo, como mi novia. - ¡Albert! - ¿Te gustaría? – me encantaría. El le atrajo de su cintura y tomaba de nuevo su boca probando que su interior le daba un sabor dulce y anhelante que no deseaba perder. La sensación de un comienzo fue mas clara en la noche de navidad, entre los regalos un hermoso rebozo de seda verde esmeralda en una caja aterciopelada era ella quien lo recibía, y en su oído el le decía que del baile eso escuchaba, que se le daba un reboso de seda a la mujer que amaba, para que ella supiera que solo con ella deseaba estar. - Es hermoso, me gustó mucho y es muy bonito.

La llegada de la primavera anunciaba su arribo, su vuelta definitiva a Chicago, donde él la esperaba, trabajaría en su negocio, si ella lo deseaba, más su relación iba viento en popa, ya no soñaba con sus besos ahora soñaba en otras cosas y la pareja vivía en la misma mansión, a lo que con menos de algunos meses, esta se consolidaba, casándose antes del otoño , con su preciosa regia de ojitos de papel volando que ahora era su esposa y no deseaba volver a soltar ni dejar escapar de nuevo. Tiempo después en una exhibición llegaban la familia de Alistar Cornwell a visitar a su hermano, la sorpresa fue ver a Candy y Albert bailando aquella pieza musical en un septiembre patrio, en la exhibición de aquel lugar donde ellos hacia dos años se habían conocido y desde entonces no pasaba un día que él no la amara con tal devoción que aprendió a bailar ese baile del son de la negra, para besar a su mujer escondido entre sus faldas y demostrarle como le soñaba de vez en cuando.

Ella lucía ahora su rebozo de seda, con el que le demostraba que siempre lo portaba y lo tenía con estima, por el significado que ambos le dieron para ellos fue solo el inicio de su relación, un baile de exhibición.

FIN


Gracias por leer y comentar sobre los retos nuevos recibidos inspirado en la imagen de Alexanegin,

Candy y Albert Charros bailando un jarabe tapatío

Un Abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa