Un ambiente festivo estaba presente dentro de una de las mansiones pertenecientes al clan Uchiha, no era para menos precisamente esa noche se celebraba el cumpleaños número 17 de los dos herederos de esta familia Yakuza, los gemelos: Charasuke y Sasuke, Omega y Alfa respectivamente, un milagro de la vida que ambos hermanos nacieran con géneros distintos. Aún hoy los médicos seguían sin explicarse esto.
En el gran salón, lugar donde se llevaba a cabo la fiesta, se ubicaba una gran mesa rústica de roble, de cual los invitados podían proceder a servirse sus alimentos. El buffet escogido para la ocasión incluía variados platillos suculentos, postres deliciosos, bebidas a reventar, tanto embriagantes como sin alcohol, además de estremeces finos como caviar o cubos de langosta.
El bullicio reinaba dentro del extenso salón de fiesta, donde fácilmente se podían contabilizaron más de 50 personas, ya que el clan Uchiha siempre había sido un linaje copioso. De hecho por ese motivo, Izuna Uchiha, el segundo al mando dentro de la organización criminal, eligió la propiedad más lujosa, ya que desde su punto de vista sus nietos—sobrinos se merecían lo mejor.
Sin embargo por más que Sasuke se negó a que esta reunión, en honor a su nacimiento, se llevará a cabo, su opinión fue simplemente ignorada. En cambio la que si fue tomada en cuenta fue la de Chara, a él hasta le preguntaron que platillos anhelaba tener presentes en la mesa, los postres que debían estar en la barra, hasta la decoración que debía tener el lugar.
La razón por la cual Sasuke mostraba cierto rechazo a este tipo de festines, se resumía a las molestias que representaba lidiar con juergas que se descontrolaban hasta alcanzar niveles dantescos, en donde el sexo desenfrenado y los embarazos estaban asegurados. Los Uchiha se volvieron profusos, y debido a una regla no escrita que dictaba que sus festines terminaran en resultados sexuales. No era extraño que los Omega borrachos se volvieran descarados y provocaran a los Alfa, quienes gustosos los acompañaban a habitaciones cercanas. De ahí que también se seleccionará la mansión con más habitaciones.
Afortunadamente, la razón todavía estaba presente dentro de esa estancia en la figura de Sasuke Uchiha, vestido elegantemente para la ocasión con un pantalón azul marino, chaqueta negra y una camisa blanca a botones, aunque llevara puesto un look informal no se veía mal. Inesperadamente se levantó de su asiento, desde el cual se había dedicado a sólo comer moderadamente y beber con la velocidad de un caracol. Necesitaba su discernimiento completamente despierto, se impuso la misión de no quitarle la vista de encima a Charasuke, quien no dejaba de echar cháchara con los leales a la mafia.
Todavía no lograba entender porque los dioses permitieron que ese Omega "incubo parlanchín" naciera primero por apenas dos minutos, fue el tiempo suficiente para que se creyera con la autoridad de un hermano mayor, pese a pertenecer a un género inferior. Ahora no solo tenía que soportar los sermones y condescendencia de Itachi, su carnal Alfa que le ganaba con cinco años, sino también los discursos de un Omega empoderado con su misma apariencia, pero con sonrisa idiota y aires de grandeza por haber sido el primero del útero de Mikoto Uchiha.
De pronto, dos siluetas invadieron el campo de visión del gemelo Alfa, se trataban de sus tíos Betas maternos: Uruchi y Teyaki Uchiha, que llegaron justo a tiempo a la celebración, ellos ya no eran miembros activos en los Yakuza, habían entregado su juventud a los negocios familiares, y ahora gozaban de una vida normal atendiendo una pequeña panadería en las inmediaciones al distrito Uchiha.
Sasuke no pudo evitar ser cordial con ellos, amaba a sus tíos maternos, eran ese tipo de familia que sin su presencia hubiera sido un desastre su crianza. Cuando Mikoto perdió a Fugaku, su Alfa, entró en una profunda depresión. Madara intervino cómo padre y líder Alfa, e Izuna, como tío y Omega, la acogieron como si fuera su propia cría, dandole estabilidad emocional en base a cariño, comprensión, afecto y la contratación de ayuda profesional.
Entretanto Itachi y los gemelos fueron de forma temporal a vivir con sus tíos, quienes les proporcionaron un refugio seguro lleno de amor. Después de dos años, Mikoto se recuperó exitosamente y decidió regresar a buscarlos, llevándolos de nuevo en vivir con ella en la casa principal, aunque siguieron siendo visitados por sus parientes de vez en cuando.
Uruchi y Teyaki le desearon bendiciones por otro año más de vida, Sasuke sonrió contento, fue en ese preciso instante que dejó de vigilar a su gemelo, que este último aprovechó para escabullirse entre la multitud. Chara agradeció que sus tíos sin querer le dieron la pauta para salir del radar de su enfadoso hermano menor Alfa.
Tan pronto como Sasuke cayó en la cuenta que su hermano se mayor se dio a la fuga, examinó con un rápido vistazo al sitio. Encontrando sus ojos negros como la de noche con los de Madara. El hombre maduro de unos 60 años, detectó desde su posición el repentino cambio en el comportamiento vigilante de su nieto Alfa, en cuanto Uruchi y Teyaki se retiraron a buscar un bocadillo en el buffet.
En palabras de Madara, el actual líder de la yakuza, abuelo materno de los festejados, ya estaban en "la edad de merecer" así que no le pareció extraña la ausencia de uno de los gemelos. Aunque bueno su juicio estaba nublado, ya que estaba lo suficientemente ebrio como para cometer dicho descuido, sin ponerse a pensar lo peligroso que resultaba dejar sin supervisión a su nieto Omega más temerario, el cual ya había causado muchos problemas para la familia en el pasado.
El azabache comenzó a buscar por las múltiples habitaciones a su estúpido y hablador hermano gemelo, maldiciendo que hubieran escogido una casa tan espaciosa como sede para organizar este agasajo, por ese detalle tendría que peinar más terrero. Con su acostumbrado tono serio e irrespetuoso, azotó cada puerta corrediza con el fin de rastrear a su objetivo.
Fue en uno de esos cuartos que una ráfaga de feromonas descontroladas lo azotó, obligándolo a taparse levemente la nariz con una mano, y es que el olor a lujuria era demasiado potente. Al unísono que su nariz intentaba mitigar el estrago debido al aroma, sus ojos se topaban con una escena que nunca espero ver en su vida, ni mucho menos imaginar que el protagonista sería nada más ni nada menos que su hermano mayor, hijo modelo y primogénito de Uchiha Mikoto, el incorruptible Itachi Uchiha.
El Uchiha menor, se quedó atónito desde el marco de la puerta corrediza, contemplando aquel escenario dantesco. Ahí dentro estaba una joven de cabellos castaños revueltos y despeinados, Izumi Uchiha.
La mujer aparentaba unos 20 años, reflejando juventud y belleza en sus brillantes características físicas. No era para menos ya que Izumi formaba parte de la casta Alfa.
La fémina se hallaba sentada sobre un futón con las mantas desarregladas, era fácil deducir que ahí la flama de la pasión se consumió, ya qué la Alfa únicamente vestía un haori azul marino descuidadamente. La prenda se le deslizaba por el área de los hombros y no estaba cerrada correctamente pues los senos apenas se mantenían cubiertos por la tela.
Pero lo más inverosímil no eran las fachas de Izumi, ni que una Alfa se había apareado con otro de su mismo género, ya que era común que estos individuos lo hicieran por simple diversión o para medir fuerzas y dominio, además los riesgos de embarazo eran mínimos.
Más bien lo más sobresaliente a resaltar era el comportamiento de la Uchiha, reía con fuerza y aplaudía como una niña pequeña que le emociona que su perrito hiciera trucos básicos, sólo que en este caso no existía ningún can tierno y gracioso sino algo mucho peor.
El Uchiha menor sabía que jamás podría quitar de su mente aquella escabrosa escena, aunque tuviera años de terapia con un psicólogo. Y es que a unos cuantos centímetros del futón, en el firme tatami se encontraba Itachi completamente desnudo enfrascado en un vaivén delicioso con su primo Alfa, Shisui Uchiha.
Ambos Alfa estaban copulando en la posición del misionero, ahogados en un frenesí de feromonas, sonidos lascivos de sus cuerpos uniéndose y los gemidos apasionados que se liberaban de sus bocas; las manos inquietas que trataban de explorar la mayor cantidad de piel suave y tersa. Sin duda un espectáculo digno de una película pornográfica.
Y ahí estaba Izumi, emocionada como una colegiala en concierto de su idol favorito, disfrutando en primera fila y contemplar tan sensual show le despertaba algo que Sasuke solo catalogó como gusto surrealista y raro, producto de una noche de copas.
—¡Itachi—Kun te amo!—vitoreó entusiasmada con una voz femenina con rastros de ebriedad, lanzando puñetazos al cielo como dando ánimos a su atleta favorito—¡Vamos Shisui—san, tú puedes, ya sabes que también te amo!—exclamó juntando sus manos a modo de megáfono.
Los ojos color obsidiana de Sasuke se abrieron a más no poder, esto era demasiado para su frágil psiquis, si deseaba salvar los restos de su salud mental, mejor salir huyendo. Cerró la puerta corrediza de manera suave, apagando ese show obsceno.
Por fortuna, los protagonistas de aquella orgia Alfa ni siquiera repararon en su presencia, estaban tan concentrados en su burbuja de locura que bien pudo ir el mismísimo Madara e igual lo hubieran ignorado.
El menor de los gemelos, cerró los ojos, soltando un profundo suspiro, concentrando todas sus fuerzas para sepultar dicha experiencia catastrófica en lo más profundo de su cabeza, en aquella zona donde se guardaban bajo siete llaves los recuerdos más traumáticos.
A continuación, aplicó las enseñanzas milenarias de la respiración profunda. Inhaló con pausa, con el fin de serenar su mente y retomar su sensatez, pues tenía una misión en la cual enfocarse.
—Sasuke, ¿Qué estas haciendo aquí?—preguntó una voz grave.
El susodicho dio un pequeño brinquito por el susto, apenas había bajado la guardia unos momentos y ya lo habían descubierto. Sin embargo, su corazón abandonó su estado de alerta al percatarse que era ese Beta, Kakashi Hatake, personal de confianza de los Uchiha, quien lo había tomado por sorpresa. Menos mal que los dioses no permitieron que fuera Itachi quien lo pillara.
—Lo siento, te he asustado—se disculpó el subordinado enmascarado, pues su rostro siempre iba cubierto por un cubre bocas, comenzando a sobarse la nuca algo avergonzado.
El Uchiha se acomodó el traje qué formal qué vestía, sacudiendo con su mano una basura invisible haciéndose el desentendido, recuperando completamente su compostura digna de un frío mafioso. Para luego centrar sus orbes oscuros en el Hatake, quien reflejaba en sus ojos su buen humor, pues pese a que traía cubre bocas, era palpable su sonrisa estuviera resguardada.
Sasuke frunció el ceño sumamente molesto, estaba al corriente que la disculpa de su subalterno era a medias, pues seguramente había gozado presenciar esa expresión facial llena de terror al pensarse descubierto, reacción impropia de un Alfa.
—Hey, ¿has visto a Chara?—preguntó ignorando el intento de perdón del peliplata, recobrando su misión original.
—La última vez que vi a la "luna cegadora" estaba acompañado de Suigetsu y Juugo, luego vi como los tres caminaron con rumbo a la cochera, de eso hace poco—informó con esa actitud taciturna, mencionando el apodo en clave del gemelo mayor dentro del Yakuza.
Madara tenía por tradición colocarle alias a todos los integrantes directos de la familia, de hecho el mote de Sasuke era "Luna rancia".
Kakashi le siguió el paso al notar la urgencia en el joven heredero, le parecía sospechoso su rechazo por algo tan trivial como buscar algo de diversión nocturna. Debía existir un motivo oculto que justificaba dicha actitud y prontitud.
—Sasuke, ¿Qué sucede?—preguntó Hatake, al alcanzar por fin al susodicho, manteniendo su ritmo al correr por el pasillo principal de la mansión.
Sin detenerse a mediar palabra alguna, el Uchiha miró sobre su hombro meditando que le resultaba conveniente involucrar al peliplata en su odisea. Kakashi no sólo era un pistolero experimentado dentro del clan Uchiha, sino también su condición de Beta lo hacía mucho más eficiente al no estar subyugado a las feromonas.
—Sígueme—instó Sasuke suavemente pero con una actitud de autoridad,
Esa simple frase, hizo eco en los oídos de Kakashi, estaba acostumbrado al código Yakuza, cuando un joven amo hablaba con ese típico tono es que era hora de confiar en su jefe y estar a disposición de sus órdenes.
—Estoy listo, ¿a qué nos enfrentamos?—reformulando su pregunta anterior.
Al notar el cambio en el lenguaje corporal de su subalterno, se le veía muy más determinado e interesado en indagar más, su aura indiferencia y sarcástica se habían esfumado. Sasuke supo con certeza que era el momento de escupir información de vital importancia a su colaborador.
—Charasuke una vez le comentó a Suigetsu que estaba esperando sus "dulces dieciséis" para tomarse su chocomilk e ir a buscar al gangstar yanqui de los Uzumaki, para que éste fuera su regalo de cumpleaños—reveló con una respiración agitada, debido a que le costaba algo de trabajo correr y dar explicaciones al mismo tiempo.
—¿Gangstar?—repitió el peliplata ese mote a modo de pregunta retórica.
—Habló de Menma Uzumaki—esclareció la confusión respecto a la identidad del individuo detrás de ese apelativo—Estoy seguro que el año pasado no se escapó porque Madara invitó a Indra Otsutsuki, y como su equipo de seguridad de élite rodeó todo el perímetro exterior y cada rincón de la casa, era imposible realizar tan proeza. Pero hoy fue esa anhelada oportunidad que esperaba tener, lo conozco a la perfección.
La reacción del Hatake fue de genuino desconcierto. No era ningún secreto que al gemelo mayor le gustaban las mujeres Beta y Omega, a las que denominaba cariñosamente como sus Koneko. Es más, muchos daban por hecho que Madara e Izuna, los líderes, le permitían a su nieto este proceder libertino únicamente para mantenerlo entretenido, ya que un Omega nunca llegaría a embarazar a una fémina.
Los ojos negros de Kakashi se llenaron de seriedad, este tema no podría tratarse a la ligera, para brindar un mejor rendimiento a esta travesía a la que se unió al lado de su joven maestro Alfa, necesitaba confirmar la vaga información con la que contaba sobre el blanco de Charasuke. Así que preguntó lo siguiente:
—Sasuke, ese chico que mencionas es el nieto de Hashirama Senju y el primogénito de Kushina Uzumaki ¿verdad?
—Así es
—Mierda, he oído hablar de esa mujer de rojos cabellos, en el bajo mundo la llaman "El Habanero sangriento" es demasiada peligrosa.
—A prisa entonces.
Mientras tanto al otro lado de la ciudad, Charasuke y sus aliados se habían estacionado frente a un famoso vivero, donde vendían toda clase de plantas, desde tradicionales, pasando por la medicinales, hasta la exóticas.
Dicho establecimiento comercial no lo seleccionaron al azar ni por corazonadas, desde que se embaucaron a esta odisea, Suigetsu consultó a un informante de confianza, con el propósito de que les transmitiera la ubicación exacta del retoño principal de Hashirama Senju.
Este sujeto, cuya identidad era referida en el bajo mundo como:"Zetsu", no era cualquier persona y en menos de media hora obtuvo la información de interés que solicitaban sus clientes, después de todo su especialidad era vigilar los movimientos de las mafias rivales de los Uchiha. No por nada Madara había firmado una alianza con clan al que pertenecía "Zetsu", los Otsutsuki.
Con paciencia, el Uchiha y sus colaboradores permanecieron en sus puestos de vigilancia dentro del auto. Observando minuciosamente el rostro de cada uno de los clientes que emergían del interior del negocio, por si su blanco se hacía presente no perderle la pista por ningún motivo.
—Estaremos un largo rato sin hacer nada—se quejó Suigetsu Hozuki, un Beta de cabello blanco, dientes sobresalientes semejantes a los de un tiburón, y ojos violeta oscuro. Se removió ansioso en el asiento de atrás, quitándose la corbata como gesto de distracción. El requisito de que la servidumbre que se portara un traje oscuro y formal fue una de las reglas que siempre le desagrado, odia luchar con ese tipo de vestimenta. Pero ni hablar era un simple lacayo dentro del clan Uchiha.
Y hablando de formalidades aburridas, ahora estaba atrapado en una, en la cual debía aguantar una demora incierta. Él era un hombre de acción, pese a que tenía la misma edad que lo gemelos, se inclinaba a la adrenalina de un buen tiroteo en un ajuste de cuentas, que los encargos de espionaje.
Incluso Suigetsu tuvo que despedirse de la poca pizca de emoción que le hubiera generado el que rastrearan el auto empleado por esta odisea, ya que el Uchiha le ordenó apagar el sistema de GPS en cuanto abordaron el vehículo. Dicho aditamento de seguridad se ubicaba en el tablero, estaba al alcance de un clic, era tan fácil deshacerse de él como maniobrar los botones de la radio.
Por todo lo anterior la posibilidad de persecución, actividad a la cual estaba acostumbrado y le gustaba, por parte de algún miembro del clan Uchiha era prácticamente nula.
—Todo lo bueno se hace esperar—comentó Juugo Kaguya con calma, un Beta corpulento con una mata de pelo naranja y ojos cafés, al mismo tiempo que leía con placidez "La milla verde", un best seller escrito por Stephen King. Sentado con elegancia y clase en el asiento delantero, vistiendo el mismo uniforme de los lacayos Uchiha, le daba ese aire a mayordomo incluso de guardaespaldas.
—Tú siempre tan sereno—recriminó Hozuki, lanzándole una mirada de desaprobación, más que un matón al servicio de la mafia Kaguya parecía un bibliotecario distinguido con todo y las gafas de lectura.
—Tranquilo, Suigetsu—calmó Charasuke, sin dirigirle la mirada a sus dos empleados, ya que estaba entretenido haciendo uso de su consola de videojuegos portátil. Él a diferencia de los otros dos, llevaba puesto un atuendo juvenil una camiseta sin mangas negra, con una camisa abierta morada encima combinados con unos pantalones de color verde oscuro.
—Vaya que nos sorprendiste al invitarnos a buscar tu peculiar regalo de cumpleaños—habló Suigetsu sonriendo de oreja a oreja, los encargos con Chara de líder siempre contaban con diversión asegurada.
Este último comentario provocó que el Omega despegara su vista de las hazañas de Mario y Luigi.
—Necesitaba la ayuda de personal capacitado y claro que este familiarizado con mis movidas—explicó levantando su dedo índice, como si estuviera a punto de explayar el importante proceso de selección al que esos dos fueron sometidos—Y...¿Quién mejor que mis amigos?—presumió orgulloso, para luego guiñarles un ojo, y romper a reír, ya que ni el mismo se creía el papel de reclutador.
Juugo y Suigetsu eran más que allegados fieles y custodios en la Yakuza, los consideraba sus únicos amigos, debido a que al no proceder de una familia tradicional era imposible trabar un vínculo amistoso como una persona normal lo haría. Los tres habían vivido un sin fin de aventuras en sus cortas vidas, pero cada una había válido la pena.
Los dos compinches le revolvieron el cabello al Omega, prácticamente se habían criado juntos, ya que los progenitores del Hozuki y Kaguya habían vivido y muerto dentro del clan Uchiha, recibiendo sus retoños una merecida recompensa por parte de Madara. El líder tomaba la responsabilidad y tutela de los hijos huérfanos de sus subordinados muertos, dándoles la oportunidad de abandonar esta peligrosa vida, si así lo deseaban, recibiendo un pago mensual de por vida.
En el caso de Suigetsu y Juugo ambos eligieron caminar por el sendero que su padres tomaron en su juventud, además no conocían otro modo de vivir. Madara, Izuna y los demás Uchihas puros eran criminales indudablemente, robaban, extorsionaban a los poderosos, lavaban dinero, contrabandeaban armas y drogas etc, pero eran cálidos y amables con sus allegados.
—Oigan se está tardando ese Kitsune Senju ¿no creen?—valoró Hozuki rompiendo la atmósfera afable, reanudando su labor de vigía.
—Kitsune...es un buen nombre clave para Menma Uzumaki—juzgó Chara soltando una risotada. Le resultaba tierno llamarlo así.
Paralelamente en la mansión Uchiha, Sasuke y Kakashi se habían topado con Obito Uchiha, el primogénito de Madara, el cual se encontraba reunido con su novia Beta, Rin Nohara, una mujer guapa de cabello castaño oscuro, y ojos marrones. Ambos habían decidido salir de la bulliciosa fiesta para tener una velada más tranquila a las afueras de la mansión.
En cuanto el joven Alfa y su criado Beta le explicaron a Obito que estaban buscando a Chara, éste le reveló que se había cruzado con el escurridizo Omega y sus joviales compinches.
—¡Eres el sucesor directo de Madara y ¿no pudiste detener a un crío como Charasuke?!—reclamó Sasuke frustrado y furioso, sujetando con fuerza la solapa del abrigo que portaba su primo.
Veía absurdo que Obito, quien estaba al tanto del problema conducta acerca del gemelo mayor, no moviera ni un dedo y simplemente le permitió irse en paz.
—Oye baja tu tono, no soy niñera de ninguno de ustedes—replicó agarrándole las muñecas del azabache, dándole un pequeño empujón para quitárselo de encima—Madara ya los declaró como "adultos funcionales" desde que ambos salieron a su primer trabajo de contrabando. Así que lo que hagan con sus pellejos es cosa suya.
Luego de soltar esa declaración, que seguro le refresco la memoria a su histérico primo, se arregló el maltratado vestuario al alisar con su mano unas cuantas arrugas que nacieron por el arranque del chaval frente suyo.
—Obito, no nos conviene que Kushina Uzumaki se enfurezca cuando sepa que su pequeño fue secuestrado por un Uchiha—puntualizó con sobriedad, si este incidente se concretaba, no sólo tendrían a Hashirama Senju detrás suyo, sino a un enemigo mucho más poderoso, Kushina, una madre Omega furiosa era tan peligrosa como una osa o leona.
—Estúpido Chara—masculló el heredero irritado ante la inminente bola de nieve que podría formarse.
—¿Sabes qué vehículo usaron para irse?—indagó Kakashi con su típica parsimonia, él a contrario de Sasuke prefería guardar la calma, pues de nada servía frustrarse.
—El favorito de Izuna, el Toyota Supra rojo—contestó contagiado por la quietud de su ex compañero de equipo.
Kakashi y él habían sido una dupla dinámica cuando fueron unos mocosos, inseparables e indestructibles. De hecho su reputación como la combinación perfecta de "Amo" y "Sirviente" fue casi una leyenda. Y es que Obito siempre consideró al Hatake como su mano derecha, depositando hasta su vida misma en algunos atracos violentos que se suscitaron años atrás. Por ello los unía un lazo invisible de respeto y camarería, a pesar de ya no ser tan cercanos en la adultez.
—Sasuke, lo más oportuno es preparar un vehículo para perseguirlos y llevar consigo el rastreador de GPS del automóvil que se abordó Chara—aconsejó Hatake, no era momento de reproches contra parientes, pues minutos valiosos se iban a gastar en vano.
—Trae el Ford Fiesta negro, no queremos llamar mucho la atención—ordenó el Alfa más joven al Beta para que fuera por el encargo y largarse lo más pronto posible.
En cuanto Obito vio a Kakashi apresurarse en dirección a la cochera comunitaria, que se hallaba al costado de la inmensa vivienda, enunció lo que siguiente:
—Conseguiré el rastreador de GPS del Toyota con tío Izuna—Ofreció su ayuda, estaba apuntó de avanzar a realizar su tarea cuando las palabras de su sobrino lo detuvieron.
—En este momento estará tan borracho que te dará le control remoto pensando que es el rastreador—evaluó Sasuke, cruzándose de brazos, Izuna podría ser genio experto en combate cuerpo a cuerpo, pero su talón de Aquiles siempre fue el alcohol.
—Tienes razón, mejor voy directamente con Anko—admitió Obito retomando su paso veloz hacía el interior de la mansión, dejando a su novia en compañía de su pequeño primo.
Anko Mitarashi era la responsable de los sectores encargados de la inteligencia y seguridad del clan Uchiha, donde se almacenaban los aparatos de rastreo satelital por ejemplo. Se catalogaban como un territorio reservado para personal autorizado, por lo tanto pocos subalternos estaban autorizados a ingresar. Se requería que algún integrante consanguíneo directo acudiera personalmente a solicitar el permiso oficial para que algún articulo saliera del inventario, pues no eran juguetes los que iban a retirar.
Mientras tanto, a miles de kilómetros de ahí, la ronda de observación que se cernía sobre el primogénito Uzumaki se prolongó hasta una hora y media. Suigetsu se dedicaba a revisar su celular, a la para Juugo permaneció sumergido en la lectura en un libro de su autor favorito, por su parte Charasuke dio una ojeada rápida a la entrada del vívero, apartándose de las aventuras de Mario y Luigi por unos segundos, pues tenía la esperanza de que en breve el Alfa de sus ojos podría manifestarse.
Y entonces en un santiamén, el individuo más deseado hizo acto de presencia. Chara en un tris reconoció al apuesto Alfa de sus sueños: Menma Uzumaki, en cuanto éste entró a su campo de visión, el azabache se lamió el labio superior, deleitándose con su buena complexión ataviada con un traje semi informal. El primogénito de los Senju era cinco años mayor que él, todo un semental de 21 años de edad, a pesar de que su melena dorada la había teñido con un color negro luminoso recientemente, era extremadamente atractivo que sus ojos azules resplandecían ahora más con ese cambio de look.
Desgraciadamente la burbuja de deseo del Uchiha se rompió en cuanto se dio cuenta que su "Kitsune furia nocturna" tenía compañía. Al primero que identificaron fue a Naruto Uzumaki, hermano menor de Menma, un joven Omega rubio de quince años de edad, quien usaba ropa casual: pantalones de mezclilla y una playera roja. Junto a los dos jóvenes apareció
un tipo con traje formal negro, daba aires de un mayordomo, aunque bien podria ser un guardaespaldas cuyo género desconocían. Traía peinado su cabello castaño en una coleta alta, mientras en su rostro se reconocía a simple vista una cicatriz en medio de la nariz.
—Déjame al de nariz de delfín—pidió Suigetsu, mostrando todos los dientes, estaba confiado en que podría dejar al guardaespaldas fuera de combate, no parecía alguien que estaba al tanto nivel de Kakashi, como especialista táctico, o Gai, especialista en lucha cuerpo a cuerpo.
—Bien, Juugo encárgate de Menma, soy demasiado bajo y mi fuerza física no se equipara con la de él—instruyó el nieto de Madara después de un análisis meticuloso, podría ser considerado como alguien descuidado y hasta despreocupado en algunos aspectos de su vida pero no era un pelele en cuanto estrategias era tan competente y táctico como la "luna rancia".
Con el plan ya establecido, sólo le restaba al equipo prepararse mentalmente antes del gran golpe, y aguardar dentro del vehículo hasta que llegara le momentos idóneo para atacar a sus víctimas con la guardia baja.
Obito y Rin fueron testigos de la partida en auto de Sasuke y sus hombres, saliendo como alma que se lleva el diablo del distrito Uchiha, ubicado a las afueras de al ciudad. Su misión era clara detener el atentado que daría Charasuke y compañía contra el heredero de sus rivales, los Senju.
—Obito ¿no deberías ir con ellos?—preguntó Rin algo preocupada, había permanecido callada durante los eventos ya que todavía era ajena al clan Uchiha, y deseaba no importunar a nadie dando una opinión que nadie le pidió. Creía firmemente que su recato al tema era clave desde que estaba de novia con un mafioso.
Sin embargo, ahora que se quedaba a solas con su novio, al que sí le tenía confianza, por fin dio su opinión respecto a la situación crítica que estaba pasando la organización. No era tonta, un secuestro perpetrado contra una figura de semejante importancia, se trataba de un suceso delicado, se asemejaba al hecho de que un Senju planeara secuestrar a Obito, por su condición de sucesor directo al ser elegido único hijo de Madara.
—Con Kakashi y Gai son más que suficientes—respondió con quietud, por el camino habían reclutado a Maito Gai, un tipo excepcional en el combate cuerpo a cuerpo, era mucho más habilidoso en esa área que Hatake, conjuntamente formaban un equipo equilibrado al contra con dos expertos en armas y un matón que daba palizas nivel campeón.
—Pero...
—Confío en ellos, Rin, tener a Gai es como contar con la fuerza y energía de 8 luchadores de judo de tu lado; en cuanto a Kakashi es como tener 2 pistoleros en uno, es ambidiestro el muy cabrón.
—De Kakashi no lo dudo pero ¿De verdad es tan fuerte el cejotas?
—Si, lo es, además si me involucró puede surgir como mal entendido que el golpe yo lo planee. Digo es lo más lógico, señalar al hijo de Madara. ¡Imagina el escándalo! Estaré en la boca de todos con el titular primogénito Uchiha rapta al retoño mayor de los Senju—Uzumaki.
—Tienes razón, no había tomado en cuenta eso. Todos creerían que es una declaración de guerra entre Alfas. Se complicarían más esta situación, de por sí ya es grave.
—Les sirvo más quedándome, ya que alguien debe cubrirles el trasero mientras regresan con Chara y esos dos vagos buenos para nada. Cuando a mi padre se le pase la borrachera, desatará su furia si llega a enterarse del caos que su "nieto favorito" ocasionó.
Entretanto, el momento tan esperado para que Charasuke, Suigetsu y Juugo salieran a la carga, estaba a punto de cumplirse, ansiosos se dedicaron a observar con sumo escrutinio a sus presas, tal como lo haría una manada de leonas.
Los atacantes revisaron la vialidad en busca de que no estuviera algún agente de la ley en los alrededores, sería problemático si la policía metía sus narices en el conflicto. El éxito de la operación radicaba en el escaso número de guardaespaldas, y que se podría neutralizar a un crío como Naruto fácilmente, podría ser un Omega que contaba con entrenamiento en defensa personal, pero en apariencia su musculatura era promedio a su edad.
Los hermanos Uzumaki se movieron un poco por la acera, su guardián iba detrás de ellos, cuidándole las espaldas como dictaba el protocolo de seguridad. Bajo el escrutinio de tres pares de ojos que los vigilaban detenidamente, aguardando el momento ideal para ejecutar su plan.
Apenas los tres objetivos atravesaron la línea imaginaria, la cual estaba determinada entre una tienda de comestibles y una lavandería, fue la señal. Sin más preámbulo, Chara y sus acompañantes bajaron del automóvil con tranquilidad, caminando naturalmente como lo haría cualquier chaval de su edad, y en un segundo corrieron agrediendo por la espalda a los otros tres.
Suigetsu tomó velocidad en una pequeña carrera qué hizo, a continuación se impulsó con sus piernas contra su blanco. El impacto fue tan certero qué no le dio tiempo a su víctima de reaccionar, Hozuki se aferró a la espalda de Iruka con brazos y piernas, como una boa constructora. Debido a la energía cinética de todo el ataque en conjunto, el guardaespaldas fue derribado en el proceso enviándole a besar el suelo, su cabeza chocó contra el pavimento con tal fuerza que perdió la conciencia instantáneamente.
Mientras todo esto acontecía, Menma y Naruto se dieron la vuelta, contemplando como Umino caía, el atentado lo percibían como en cámara lenta, era ese tipo de atmósfera qué las víctimas de un delito vivían a diario en las calles. Con sus rostros perplejos, ambos hermanos solamente dieron capaces de ver como los demás atacantes arremetieron ipso facto con el fin de no permitirles alguna oportunidad de defenderse
Juugo se abalanzó contra Menma haciéndole una llave en el cuello, gracias a que poseía la misma altura con el pelinegro, en consecuencia no fue tan fácil que se sacudiera a su agresor. Aunque el alfa de pelo oscuro desplegó sus feromonas como método de intimidación, se desconcertó cuando su victimario no retrocedió. Eso sólo le confirmó que se estaba enfrentándose a un Beta.
Entretanto Chara le retorcía el brazo a Naruto hasta pegarlo a su propia espalda, y le colocaba unas cuchillas al nivel del cuello. Aunque ambos eran Omegas, la ventaja estaba de parte del Uchiha simplemente porque se movió mucho más rápido que el otro, quien todavía se hallaba confundido por lo sucedido lo que lo volvió lento.
Suigetsu pronto sustituyó a Chara en la tarea de inmovilizar al segundo heredero de Hashirama, a la par que Juugo trataba de no hacerle mucho daño a su presa mayor, que no paraba de intentar de dañar alguna área delicada como la entrepierna o propinar un pisotón. Gracias a su corpulenta anatomía y su fuerza monstruosa, no le daba tregua a Menma, cada vez que este se resistía aumentaba la potencia de la sofocación.
—Hey, grandulón—llamó Chara al pelinaranja, una vez liberado de la labor de inmovilizar al pequeño rubio Uzumaki—No me maltrates tanto a mi Kitsune-chan —aviso palmeando el brazo poderoso de Juugo.
—Mejor los noquemos ¿no?—sugirió Suigetsu quien veía divertido a un enojado Naruto qué lo fulminaba con la mirada.
Charasuke dibujó una sonrisa de prepotencia en sus labios, tenia una mejor idea y menos violenta si se podría decir. De su bolsillo derecho sacó un pequeño pañuelo de tela, en seguida sustrajó de su otro bolsillo un pequeño frasco con un corcho de goma. Con la maestría propia de un chico criado dentro de la mafia, impregnando con un poco de la sustancia desconocida aquel paño, cuidando de aplicar la cantidad adecuada, ya que si se pasaba seria un problema.
Menma se alarmó aún más por las acciones que estaba presenciando, estaba al tanto de los métodos empleados por la mafia para realizar los raptos de personas de interés.
Adicionalmente ya había reconocido a ese azabache, era Charasuke Uchiha, uno de los nietos gemelos de Madara Uchiha, también el que había nacido bajo la casta Omega. Conocía al adolescente muy poco, su trato era nulo, de hecho su primer encuentro fue en una casa de apuestas cuando el joven azabache tenía 12 años y Menma 17 años.
La última vez que vio al Uchiha fue el año pasado, cuando el primogénito Senju junto con un pequeño grupo de hombres habían acudido a espiar furtivamente un desembarco de armas, adquiridas de contrabando por el clan Uchiha.
Podrían correr tiempos de paz entre el grupo Uchiha y la coalición Senju—Uzumaki pero el tema de adquisición de armas de uso exclusivo del ejército era siempre un tema que no se debía ignorar, más valía prevenir que lamentar.
Fue en esa ocasión que Menma vislumbró mediante sus binoculares, a los gemelos Uchiha, en aquel entonces de dieciséis años de edad haciendo aquella tarea. De hecho tenía dudas que aquellos chiquillos fueran los encargados de supervisar una operación tan delicada.
Para el Senju de ojos azules, fue precisamente en esa misión de espionaje que le llamó la atención el gemelo mayor, Charasuke, pues era bastante cauteloso pero muy expresivo, tratando como camaradas a cada empleado de su clan. Usualmente no se pactaba amistad con la "carne de cañón", además estos tipos le regresaban la estima con palmadas en la espalda, íntegramente lo respetaban pese a que no se apegaba a la actitud indiferente, fría y autoritaria de los gangster.
Por lo anterior, es que en este momento Menma no lograba creer que un Omega cálido y extrovertido como Charasuke, tan atractivo, transparente con pinta de ingenuo y bocazas fuera capaz de semejante hazaña sucia.
Sus ojos azules condenaron al Uchiha y se maldijo a sí mismo por haber sido ingenuo y subestimar al enemigo por su casta. Apretó los dientes por la impotencia, ahora tanto su hermano como menor como él estarían a merced de la intenciones macabras de estos tres.
El primero en ser noqueado por la potencia somnifera del cloroformo fue Naruto, quien no pudo oponer resistencia alguna, ya que estaba sometido de tal manera que aunque hubiese si quiera intentado alejar la cara lo hubiera logrado. Suigetsu sostuvo el cuerpo de inconsciente del pequeño rubio.
—Hey no vayas a maltratar el regalo de mi tonto hermano menor—mandó el chaval Uchiha haciendo un ademán—No te preocupes, no les haré daño—prometió sonriendo, al tiempo que acercaba aquella tela empapada a la nariz del Uzumaki mayor. En unos segundos aquella fuerte voluntad de Alfa que siempre lo caracterizó comenzó a menguar, la última imagen que vio fue la sonrisa cálida de Charasuke acompañada de un lamento de haber subestimado al enemigo, creyendo que podría ser inofensivo.
