Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada... y uno extra que no tiene mucha relación.


Pasajeros del vuelo 216 proveniente de Manchester desembarcan en…

Aioria y Milo siguieron las instrucciones y se dirigieron al área por donde suponían aparecería su amigo. Shaka no cumplió sus palabras, no regresó el domingo en la noche, ni al día siguiente o siguiente; pasaron nueve días hasta que el rubio finalmente dijo que regresaría. El dúo, como no podía ser más obvio, fue el elegido para ir al aeropuerto a recogerlo. Mentirían si no dijeran que no estaban emocionados, sin Shaka siendo el mediador en sus pleitos, los griegos no habían tenido más opción que crear una larga lista de todas las razones por las que pelearon, a la espera de que a su regreso su amigo decidiera quien de los dos había sido más idiota que el otro.

Poco a poco la zona comenzó a llenarse de gente, todos con maletas, reencontrándose con sus seres queridos o visitando el histórico país por primera vez. Pasaba gente diferente, hombres y mujeres, peliazules, pelinegros, castaños, altos y bajos, delgados y robustos, pero nadie con las características de sus amigos.

Esperaron por diez minutos, después de pasar varios más buscando a Shaka; sólo se encontraron con personas y más personas caminando por la terminal, algunos ignorándolos, otros más volteando a verlos, incluyendo a chicas que sonreían con coqueteo, lo que Milo agradecía con una gran sonrisa.

— Eres un idiota — señaló Aioria al ver a la séptima chica caminar entre risas frente a ellos.

— ¿Estás celoso? Sólo estoy siendo amable.

— Estás siendo un idiota, si pasaras mas tiempo buscando y menos sonriendo ya habríamos encontrado a Shaka.

— ¿Por qué no simplemente admites que estás celoso de que tenga más pegue que tú?

— Sólo lo tienes porque no me estoy esforzando, no hay muchas chicas lindas por aquí.

— Excusas y más excusas.

— ¡Tú estás perdiendo el tiempo!

— ¡Estoy pasando el tiempo! ¡Me aburro!

— Pues no te aburras! ¡Desaburrete!

— ¡Eso ni siquiera existe!

— Sólo desaparecí una semana y ustedes ya están a punto de matarse.

Los griegos miraron hacia el frente, notando la presencia de tres personas que estaban frente a ellos, lo que los obligó a sentarse derechos en la banca y tratar de mostrarse como personas civilizadas.

— ¿Se te perdió algo? — cuestionó Milo.

— Nunca lo he visto en mi vida caballero — aseguró Aioria.

— ¡Ves! ¡Te dije! Hemos perdido nuestra identidad, lo que nos hace nosotros, ya no sé quién soy. Estoy en blanco, como una hoja de papel, todo lo que era o hacía se ha borrado…

— Shijima, estás exagerando de nuevo — murmuró la joven rubia del trío.

— ¡Shijima! — gritaron Aioria y Milo, levantándose para poder ver mejor a los dos recién llegados.

Siendo más observadores, iniciaron con el que había hablado en segundo lugar, alto, cabello oscuro, corto de la parte de atrás, pero largo al frente, hasta la barbilla, era Shijima, sin duda, tenía escrito en toda la cara que en cualquier momento comenzaría a hablar sobre cualquier cosa que se le cruzara por la mente. Eso sólo significaba que el otro hombre era Shaka, el de cabello de color cobrizo que aún conservaba algunos mechones rubios, su cabello también estaba corto, apenas por arriba de los hombros.

— ¡¿Pero qué les sucedió?! — gritó Aioria, escandalizado.

— ¡Tu cabello! — le señaló Milo a su ex-rubio amigo.

— Es una historia un tanto larga — trató de explicar Shaka — y supongo que lo mejor será esperar hasta que lleguemos a casa para que no tenga que decirlo dos veces.

— Porque escuchar la historia y contarla los pone de mal humor — añadió June detrás de los recién llegados.

— Por cierto, no la conocen formalmente, ella es mi tía June.

Con las debidas presentaciones el grupo salió del aeropuerto; antes de partir Shijima decidió irse por su parte, con sus amigos, pero dejó su maleta con ellos y se despidió de June, a la que ya esperaban para llevarla a su hotel.

— Aún tenemos cosas sobre las que debemos de hablar — le dijo la rubia a su sobrino, al abrazarlo, para que sólo él escuchara — y espero que Shijima venga contigo, ahora debemos de ver qué sucederá con nuestra situación familiar.

El viaje en auto fue ameno, Aioria y Milo le entregaron su lista a Shaka y este se encargó de repartir puntos, tratando de ser justo, además de escuchar las historias que venían con los puntos de la lista.

— No puedo creer que los arrestaran… ¡y a Mū! Esa es una gran sorpresa.

Mientras ellos llegaban Shijima ya estaba tocando el timbre del hogar de Dohko, quien le abrió usando un delantal amarillo que tenía la leyenda "La mejor abuela del mundo!".

— No compro biblias — dijo el chino antes de volver a cerrar la puerta.

— ¡No Dohko! ¡Soy yo! — aseguró su amigo, moviéndose para evitar que la puerta se cerrara.

Dohko abrió la puerta de nuevo y miró al pelinegro fijamente hasta que poco a poco sus ojos se fueron abriendo, en señal de reconocimiento.

— ¡¿Shijima?!

— Hola.

— ¿Pero qué te pasó?... te ves…

— Como una versión decolorada de tu primo.

— ¿Ya te arrepentiste de tu tono clásico rubio "natural"?

Como lo había pensado, apenas había puesto un pie en su hogar los comentarios sobre su apariencia se habían disparado una vez pasada la sorpresa. Shaka aceptó su castigo y se sentó a escuchar todas las burlas que hacían sobre su apariencia, resignado.

— Olvidemos la mala elección de tinte — intervino Afrodita cuando las burlas se hicieron muy largas, se acercó a su amigo y sostuvo uno de los cortos mechones entre dos dedos — ¿qué le ocurrió a tu cabello? Era la envidia de cualquiera y ahora no es ni la mitad de lo que solía ser.

— Es una larga historia.

Shijima suspiró ruidosamente y le dio un sorbo a la botella de cerveza que le había dado Dohko. Después de una llamada de emergencia todos los amigos se habían reunido para escuchar las aventuras del pelirrojo en Inglaterra, incluso Shunrei estaba ahí, además de que querían ver la nueva apariencia de su amigo.

— No importa, soy todo oídos, cuenta incluso los detalles más escabrosos — le dijo Death Toll, impaciente por saber qué había sucedido.

Llegaron a Inglaterra horas antes de la boda, que sería en la mañana del día siguiente. Apenas Shijima se bajó del avión privado se apresuró a agarrar su maleta y buscar el lugar dónde vendían los boletos para huir lejos, a otro país, el primer avión que estuviera por salir estaba bien; Shaka logró detenerlo por veinte minutos más, hasta que llegó Asmita y él calmó a su joven sobrino.

Con todos en el aeropuerto, June los guio hacia la salida de la que después se enteraron era su propia terminal. Shiva y Agora estaban ahí, junto con cuatro personas más que cargaron su escaso equipaje y los rodearon para protegerlos como si fueran muy, muy importantes.

Esa sólo fue la primera muestra de opulencia; las siguientes fueron descubrir que no viajarían en auto, sino en helicóptero, o dos para que todos pudieran viajar a gusto, además de la enorme casona a la que se dirigieron. El lugar dónde sería la boda era una casa de campo, estilo victoriano, más de treinta habitaciones para los invitados principales, un lago artificial, campo de golf, piscina interior, tres comedores, pinturas del Renacimiento, esculturas en todos lados, fuentes… y un gran etcétera.

Fuera de lo que Asmita pensó, su padre, Joseph, lo recibió con lo que sonó a gran alegría; lo abrazó y por supuesto hizo lo mismo con Shaka, a quien recibió con el mismo júbilo. El problema estuvo con Shijima, quien se mostró renuente incluso a mirar a su abuelo.

— Te ves bien Jonathan — le había dicho cuando se encontraron.

— Y ese fue el inicio del fin.

— ¿Sólo porque tu abuelo te dijo que te veías bien te cortaste y pintaste el cabello? — preguntó Cardinale confundido.

— Claro que no, pero lo provocó.

Durante la mañana siguiente y la ceremonia, el trío pudo pasar desapercibido. June no tardó en abandonarlos, no porque quisiera sino porque fue absorbida por su media hermana, cuñadas y sobrinas para poder sentarse con ellas y charlar. Los hombres prefirieron las sombras, hasta que llegaron a la fiesta y Shiva los guio hasta una mesa no tan apartada de los familiares y se sentó con ellos para poder responder sus preguntas, llamando la atención de algunas personas en el lugar.

El primero en acercarse a ellos fue un rubio con el cabello hasta los hombros, usaba un abrigo negro y camisa blanca, como la mayoría de los invitados tenía los ojos azules y una sonrisa relajada que les indicó a los primos que él no era hostil.

— Es uno de los nietos, su primo — dijo Shiva — Pendragon.

El rubio nuevo traía una botella cerrada de vino que no dudó en compartir con todos los presentes en la mesa, se sentó al lado de Shijima y comenzó a hablar cómo si los conociera de toda la vida. La acción los sorprendió, pero no tardaron en integrarlo al grupo.

— Conociste a un primo tuyo, eso era lo que iba a pasar, ¿no? — Aioros miró a su amigo esperando llegar al punto máximo de la historia.

— Sí, ¿y eso que tiene que ver con tu corte de cabello? — cuestionó Kanon, ansioso por saber qué había pasado.

— Sólo quería decir que él fue la persona más agradable de toda la semana, después de June, aunque ella estaba lejos.

La fiesta fue tranquila, los invitados bebieron champaña y demás bebidas caras, se cortó un pastel de cinco pisos y una cantante del momento se presentó, a pedido de la novia, a pesar de que ninguno de los hombres de su mesa supo quien era.

— ¿En qué año viven? — preguntó el primo nuevo.

— 1950 — dijo Shijima señalando a Asmita — del setenta y cinco al noventa y tres — ahora señaló a Shaka — y probablemente desde el cincuenta a finales de los noventa, musicalmente hablando por supuesto, aunque también escuchamos a los grandes clásicos.

— Pero que... desactualizados.

— Ahora que tocas el tema, nunca dijiste cuál era la edad de la novia — interrumpió Ox, sintiendo curiosidad sobre el tema.

— ¡Yo lo sé! — Death Toll alzó la mano — lo leí en una revista, es joven, treinta años redonditos.

— La madre de June tiene treinta y cinco — Shijima se llevó las manos a la cabeza — ¡ambas podrían ser mis hermanas!

— Ambas podrían ser las hermanas de cualquiera de nosotros — Caín negó antes de darle un sorbo a su cerveza — continúa con tu historia.

Los recién casados pasaron mesa por mesa a asegurarse de que todos los invitados estuvieran divirtiéndose; cuando llegaron a su mesa, Shijima se mostró un poco más cooperativo y sorprendió a todos al pedirle una audiencia privada a su abuelo, en ese momento, dejando a Shaka y Asmita solos con todas las miras sobre ellos, ya que la nueva abuela también se quedó en su mesa, mirando el espectáculo sobre el escenario.

— Sólo ignoren a los otros, son un montón de entrometidos — mencionó el nuevo primo antes de continuar comiendo su pastel.

— Y… ¿qué es lo que ustedes hacen en sus tiempos libres? — preguntó Shaka tratando de que la mesa no se quedara en silencio.

— Muchas cosas, nada en particular — le contestó su primo.

— ¿Y usted…? ¿Madame? ¿Señora? ¿Lady?

— Soy Maggie, en realidad mis padres me llamaron Margaret, pero todos me dicen Maggie, así que tal vez ese sea mi verdadero nombre.

— Genial, pero lo que mi rubio primo quiere decir es, ¿cómo debemos de llamarla?

— Pueden decirme Maggie, o como ustedes gusten, Joseph me dice Margaret.

— Espera, espera, espera— Mū miró a Shaka, sabía que su amigo no exageraba sus historias — tu nueva… abuela… ella suena como…

— Torpe, creo que así es tu abuela, ¿o me equivoco?

— Para nada Izo, incluso hubo un momento dónde confundió al viejo con Asmita, es aterrador la manera en la que se parecen… y Shaka, son como tres versiones de una sola persona.

— Sí, tu abuela no parece inteligente, ¿ya llegarás a la parte de tu cabello?

— No comas ansias Death Mask, quiero saber que más pasó en la boda.

— Oh, sobre eso, bueno Shijima regresó, junto con Joseph, él regresó a su boda nosotros nos quedamos en la mesa, hubo bebidas, fue una reunión normal, la gente bailó….

— …como un montón de estirados, todos nos miraban como si fuéramos bichos raros, el pastel tenía mucho merengue…

— Todas las invitadas eran tus primas — dijo Écarlate con picardía, ganándose un pellizco de Shion.

— ¿Pero sí lo eran? — terminó preguntando el peliverde, tenía curiosidad.

— Es posible, para ser honesto ya no recuerdo mucho de eso, desperté tirado entre los arbustos.

— ¿Y tu cabello? — cuestionó Caín, cansado de las vueltas al tema.

— Joseph le pidió a Shijima que se quedara, y él no quería estar solo así que por eso no regresé el domingo pasado.

Shaka se interrumpió, no sabía lo que su primo había hablado con su abuelo, y por qué la resistencia a irse de inmediato se había evaporado como si nada, era como June le había dicho, algo estaba pasando.

Fueron presentados a la familia como el hombre que renunció a su herencia, su hijo y Jonathan. La simple pronunciación del nombre levantó varias cejas, preguntas y enojo; todos sabían quién era él y nadie los quería ahí, no lo dijeron frente al patriarca de la familia, pero se los hicieron saber con el paso de los días. Todos comenzaron a ponerles trabas en su vida diaria, a excepción de cuatro personas, Joseph como era natural, su esposa que vivía en su propio mundo de compras y de reformas en su nuevo hogar, June que aunque no pudo pasar tiempo con ellos siempre les advirtió cuando estaban por sufrir alguna catástrofe, o trataba de calmar las cosas cuando Shijima se mostraba a punto de entrar en una pelea, y el nuevo primo que había despedido a su hermana y familia al día siguiente de la boda y se quedó con ellos para ver las acciones de los demás.

— Todos aquí saben quien eres y lo que significas, pueden no hacerle mucho caso a Shaka, pero tú, querido Shijima, eres peligroso — les contó cuando hablaron sobre el tema, lejos de la casona, en un pequeño café de Canterbury.

— ¿Y tú no estás planeando algo en nuestra contra como todos o algo así? — preguntó directo Asmita, cansado de todas las veces que intentaron meterle el pie, aprovechándose de su discapacidad visual.

— Yo siempre he sabido cuál es mi lugar, no espero una parte de la herencia del abuelo, al menos no nada grande, él dijo que me daría el retrato que Joshua Reynolds le hizo a nuestro tatara, tarata, tatara… no sé cuanto son pero a uno de nuestros antepasados, se parece mucho a ti, ¿ya te lo dijeron? Debemos de ir a la casa principal para que lo veas.

— ¿Y qué tanto te pareces a tu tatara, tatara, etcetera, etcetra, abuelo? — preguntó Aldebaran, obteniendo por respuesta el teléfono de Shaka.

— Tu dime.

— Es demasiado, rayos, el parecido es extraordinario — dijo Shura, a un lado de Aldebaran, mirando la foto.

— Déjame ver si entiendo, ¿tu familia les hizo bullying? — Camus regresó al tema, al fin estaban todas las respuestas, no era que no disfrutara de la narración, pero necesitaba saber las razones, él, junto con Shura y Saga, habían acordado cuidar las espaldas del ex-rubio — ellos le hicieron eso a tu cabello, ¿cierto?

— Y a tus lentes — agregó Saga, con los brazos cruzados y molesto — no los tienes.

— Tengo de contacto — Shaka suspiró — los otros se rompieron, por accidente quiero pensar.

— Sí, como no — Mystoria negó — no puedo creer que rompieran los cuatro pares de lentes de tu primo, junto con el bastón de tu abuelo.

— Yo tampoco, estoy tan molesto por eso — Shijima entrecerró los ojos y golpeó su palma con su puño — sólo de recordarlo…

— ¡Espera un momento! Ya sabemos que se metieron contigo y con él, pero si tu te ves así… significa que el cabello de tu primo… — Cardinale no pudo terminar, todos los que tenían el cabello largo en la habitación guardaron silencio, no era un secreto que el cabello del primo de Shijima era extraordinario, la envida de hombres y mujeres.

Primero, como si estuvieran en una película cómica de los noventa, pusieron dos botes llenos de tintura para el cabello que dieron justo en el blanco, después vino un ataque con tijeras que no pretendía dañarlos, para nada, sólo lastimar lo que mantenían con tanto esmero, las personas con cabello largo lo sabrán, cuidarlo, peinarlo, comprar cremas para evitar puntas abiertas, friz y cientos de cosas más, eso era sólo un poco de lo que se necesitaba para un cabello perfecto.

Shijima no tardó en clamar venganza, poco importaba él, pero el daño al cabello de Shaka no se perdonaba, casi era un pecado pensar incluso en tocarlo sin permiso; el ex-rubio se concentró en calmar la inminente furia del nuevo pelinegro, no lo diría en voz alta, pero estaba destrozado, aún lo estaba, mantenía una sonrisa mientras contaba la historia, pero estaba dolido por dentro.

— Suena a una historia de terror — murmuró Milo con un hilo de voz, sosteniendo su propio cabello.

— Es una tragedia, una verdadera tragedia — Afrodita volvió a sostener otro mechón del cabello de su amigo entre los dedos — una tragedia, no tengo palabras para eso, excepto que lo mantuviste en ese horrible color, puedo volverlo rubio si quieres.

— No he tenido tiempo para arreglarlo, me preocupaba lo que hiciera Shijima.

— Oh sí, Shijima también se ve diferente, muy diferente, incluso tiene un aire mayor — intervino Aioria, por primera vez en la tarde, se había sentado en silencio a escuchar lo que tenía que decir su amigo, lo había extrañado — ¿y se vengó?

— Es sólo cabello Aioria, vuelve a crecer — dijo Shaka, tratando de aparentar que no tenia importancia.

— Significa que no lo hizo — Milo se levantó — ¿cómo alguien puede atentar contra el cabello de otro? Es inhumano, sólo un monstruo lo haría…

— Pero no te preocupes Shijima, te vengaremos, y a tu primo.

— ¿Y cómo lo harán si ellos están allá y ustedes aquí?

— No será la primera vez que vayas a Inglaterra, ¿o me equivoco? — Écarlate miró a sus amigos asentir, no lo sabían todo, pero estaban más enterados que la familia de Shijima sobre sus planes para el futuro.

— Lamentablemente no.

— ¡Entonces vengaremos tu rubio cabello mi ex-rubio amigo! — exclamó Milo, no podía creer que alguien fuera capaz de hacer algo tan terrible.

— ¡Estoy dentro! — como era natural, Aioria no tardó en unirse.

— ¡Sí! ¡Nadie se mete con el cabello de otro sin consecuencias! — Kanon también los apoyó, incluso a él le había dolido saber lo que había pasado.

— Cierto, es la regla número uno — completó Saga — ¿cuándo vas a regresar a allá?

— No depende de mí, pero no pronto.

— Bueno eso nos da tiempo, Afrodita tú eres el experto en venganzas — dijo Camus.

— Gracias por el reconocimiento Camus, lo tendré en cuenta, primero debo de pensar cómo arreglaré el cabello de Shaka.

— Bien, dinos cuando tengas algo bueno — apuntó Shura, más que puesto para vengar a su amigo — ¿y cómo se ve Shijima?

— Le tomé una foto a escondidas, pero no le digas — Milo sacó su celular y comenzó a buscar la fotografía, a pesar de que todos sabían que no serviría de mucho, con media pantalla rota sería difícil ver algo a la perfección — es un gran cambio, todo el mundo se infartará cuando lo vea, al igual que contigo Shaka.

El ex-rubio asintió, lo sabía, claro que lo sabía.