_ Hermione… hemos hablado esto muchas veces. Sé a ciencia cierta que eres la alumna más inteligente del curso. Estos comportamientos que estás teniendo no tienen sentido. ¿Qué te ocurre? ¿Acaso tienes problemas en casa?
La muchacha ya había tenido conversaciones como aquella muchas veces a lo largo de su vida. En sus diecisiete años, había tenido muchos profesores que habían querido "salvarla". Y se había cansado de mentir. Así que emitió un largo suspiro y dijo la verdad.
_ Me aburro en clase, profesora. _ Lo dijo directamente. _ Y si va a darme la charla sobre mi futuro, puede ahorrársela, ya la he escuchado. Tengo una media de ocho, debería bastarle.
_ Hermione… ¿Me estás diciendo que no hay nada que te despierte pasión? ¿Ni las ciencias, ni las letras ni las artes?
_ No, nada despierta mi interés, lo siento. _ Se encogió de hombros. _ ¿Puedo marcharme?
_ Supongo que sí, Hermione. _ Suspiró la profesora. _ Es sólo que… es una lástima. Puede que seas la alumna más capaz que he tenido… y me duele que no encuentres nada que te inspire.
_ Sí, lo entiendo. _ Dijo, de mala gana. _ Si me disculpa…
Hermione cargó su mochila en el hombro, y abandonó el instituto con cara de pocos amigos. Haber tenido que quedarse después de clase para tener aquella conversación la molestaba enormemente. Hermione era una muchacha descarriada, sin grandes objetivos. Y eso los profesores no lo soportaban. Se dirigió hacia el parking y se subió a su moto. Estaba arrancando cuando le pareció ver a alguien observándola.
Pestañeó repetidas veces. Juraría que había visto a un señor mayor, con una larga barba blanca y unas gafas de media luna mirando en su dirección. Pero cuando pestañeó, lo perdió de vista y dio por hecho que se lo había imaginado. Se puso el casco y se dirigió a su casa. Aparcó junto a la entrada, al lado del hueco del coche de sus padres, que debían estar fuera, y se dirigió a la entrada.
Se encogió, asustada, cuando escuchó un ulular de uno de los árboles del jardín. No entendía qué hacía una lechuza vagando en pleno día. Pasaban esas cosas extrañas desde hacía unas semanas.
Se tumbó en la cama y tomó uno de los múltiples libros que había en su estantería. Lo cierto es que Hermione había mentido, sí que había algo que la apasionaba, las novelas de fantasía. Fantaseaba en convertirse en escritora.
Desde pequeña siempre había soñado con formar parte de mundos como los del señor de los anillos o las crónicas de la DragonLance. Sus sueños habían perecido cuando había llegado el peso de la realidad, pero no su ilusión para con la magia.
Estaba perdida en sus libros, cuando escuchó un estruendo que la hizo botar sobre la cama y soltar el libro que estaba leyendo. Miró por la ventana y vio que el camión de la mudanza estaba parado en la casa de al lado. La vecina de al lado había llegado hacía unas semanas, pero el llevaba todo ese tiempo volviendo. ¿Cuántas cosas tenían? Que ella supiera eran sólo dos personas.
Al parecer, el estruendo se produjo porque se había caído una encimera y habían rodado muchas cosas por el suelo. Hermione juraría que había visto una lechuza enjaulada. Descartó esa idea y se quedó en su dormitorio.
Hermione no lo sabía, pero sí, lo que se había caído del camión era una lechuza enjaulada, que fue rápidamente recogida por su dueña. La muchacha, poco mayor que Hermione, la escondió rápidamente antes de meterla en la casa. Había pesadumbre en sus ojos.
Se dirigió a su habitación y dejó la lechuza en el escritorio. Detestaba haberse mudado y especialmente a un barrio como aquel. Era cierto que tenía jardín… pero iba a tener que vivir en una casa llena de secretos.
Hermione estaba en su cama, tumbada, escuchando algo de música, cuando llamaron a su puerta. Se quitó los cascos y emitió un suspiro de hastío.
_ Adelante.
La madre de Hermione siempre tenía mucha paciencia con ella. Siempre se sentaba y le explicaba las cosas con calma. Cuando se sentó a su lado, Hermione ya sabía que iba a pedirle algo. Se conocían bien después de tantos años.
_ ¿De qué se trata, mamá? _ Le preguntó directamente, con una sonrisa cómplice. _ ¿Qué quieres?
_ Verás, yo lo he dicho a tu padre que… no querrías porque ya eres una chica mayor, y estás ocupada. _ Comenzó. _ El caso es que ha hecho una tarta e insiste en que se la lleves a la nueva vecina para que saludes a su hija.
_ Bueno, supongo que podría hacer el salto. _ Dijo, poniendo los ojos en blanco.
_ En serio, no tienes que ir si no quieres.
_ Mamá, que ya te he dicho que sí, no intentes usar psicología inversa.
_ Como quieras, hija. _ Sonrió. _ Intenta no usar demasiado de ese encanto tuyo.
Hermione se encontraba bastante más tarde con la tarta en las manos, sintiéndose algo tonta mientras se aproximaba a la casa de al lado y tocaba en el timbre. La recibió una mujer mayor, con aspecto cansado.
_ Disculpe, soy la nueva vecina. Venía a traerle esto y…
_ ¿Y a pasar un rato con mi sobrina? _ Sonrió. _ Sí, tu padre me lo comentó, Hermione, ¿Verdad?
_ Correcto. _ Sonrió un poco.
_ Verás… Pansy no es demasiado sociable. Es… bastante retraída. No le gusta demasiado la gente.
_ Vaya… que alentador. _ Ironizó Hermione, dejando la tarta sobre una mesilla.
_ Sólo te lo advierto… para que tengas algo de paciencia con ella. _ Dijo, bajando la mirada. _ Me gustaría mucho que consiguiera retener una buena amistad.
_ Bueno, haré un esfuerzo, pero le advierto que yo tampoco soy demasiado sociable. _ Suspiró Hermione.
Estaba empezando a pensar que estaba perdiendo el tiempo a medida que subía escaleras.
_ Estoy ocupada, Casiopea. _ Respondió una voz desde dentro.
_ No soy tu tía. ¿Sueles llamarla por su nombre? Wow… Casiopea… vaya nombrecito. _ Comentó en voz alta.
_ ¿Quién eres tú? _ La chica sonaba visiblemente alterada.
_Soy Hermione, la nueva vecina. Te he traído tarta… ¿Puedo pasar?
_ Espera un momento, no estoy presentable.
Hermione tuvo la sensación, por el ruido que se producía en la habitación, de que estaba poniéndola patas arriba. No le sorprendería que estuviera todo desordenado a causa de la mudanza. Pero sí Pansy parecía muy alterada cuando la dejó pasar a pesar de que no parecía desordenada.
Hermione se quedó un rato observando la habitación. Había muchos libros y adornos que a Hermione no le resultaban para nada familiares. Pero sin duda, lo que captó su atención fue… la lechuza. Había una lechuza de color blanco encerrada en una jaula, sobre el escritorio.
_ Espera… ¿Tienes una lechuza como mascota? _ Preguntó Hermione, mirando a los ojos cerrados del ave.
_ Sí… ¿Por qué? _ Preguntó Pansy, sin darle importancia.
_ Es que… nunca había visto que nadie tuviera una… es más… nunca había visto una tan de cerca. _ Susurró, colocándose más cerca de la jaula, pero no tanto como para despertarla.
_ Bueno, me hace compañía. Fue un regalo de mi madre. _ Pansy parecía molesta.
_ ¿Tu madre está…?
_ ¿Muerta? ¡No! _ Dijo Pansy, con tono dramático. _ Claro que no…
_ Entonces… ¿Por qué estás con tu tía? _ Preguntó.
_ Mis padres trabajan lejos… no pueden tenerme con ellos. _ A Pansy se le ensombreció el rostro.
Hermione se dio cuenta de que había tocado una fibra sensible, así que decidió pasarla por alto, cambiar de tema.
_ Bueno… te he traído la fantástica tarta de manzana de mi madre. _ Hermione sonrió. _ Es mágica.
_ ¿Mágica? _ Pansy puso los ojos en blanco. _ ¿Cómo que es mágica?
_ Siempre pone a la gente de buen humor. _ Dijo, muy segura. _ Podemos tomar un poco en el salón, o subirla aquí, si lo prefieres.
_ Mejor en el salón. _ Dijo Pansy.
Hermione sintió que la estaban expulsando de la habitación y no tuvo del todo claro por qué Pansy tenía tanto interés en que saliera. ¿Qué estaría escondiendo? Dejó de darle vueltas cuando la llevó al salón y encendieron la televisión. Era una gran televisión, más grande que la suya, para más señas.
Sin embargo, ninguna de las dos parecía estarle prestando demasiada atención a la pantalla mientras se comían la tarta. Era una sensación muy incómoda, porque ninguna de las sabía exactamente qué decir.
_ Pues… está muy rica… pero yo no la calificaría como "mágica". _ Se atrevió a decir Pansy.
_ Me ofendes… _ Dijo Hermione, alzando una ceja. _ Dale tiempo, nunca falla.
_ Es sólo que… es extraño que hayas venido a verme, Hermione, no te esperaba.
_ Yo tampoco esperaba venir… ni esperaba… quedarme tanto rato.
_ ¿Y por qué te has quedado?
_ Porque eres un misterio, Pansy Parkinson… sé que me ocultas algo, y voy a descubrir el qué. _ Hermione sonrió involuntariamente.
Las luces de la habitación parpadearon por un instante. Pansy se alteró sobremanera, como si hubiera visto un fantasma.
_ Vaya… la instalación de estas casas viejas… a veces hace cosas raras. _ Dijo Hermione. _ No le des importancia.
_ No… supongo que no. _ Pansy sonaba de todo menos despreocupada. _ Escucha… Yo no oculto ningún secreto oscuro.
_ Ya lo sé, sólo bromeaba. _ Dijo Hermione. _ Pero… no lo sé… hay algo en ti… ¿Sabes cuando conoces a alguien y tienes la sensación de que os llevaréis bien?
_ La verdad… nunca me ha pasado. _ Confesó Pansy, llevándose una mano a la nuca. _Pero puedo hacerme una idea.
_ Pues… tengo esa sensación contigo. _Reconoció Hermione. _ Vale, ahora que lo he dicho en voz alta, sueno como una psicópata.
Se escuchó un sonido de cristales. Hermione había dejado un vaso vacío sobre la mesilla, junto al plato vacío de tarta. El vaso acababa de explotar. Hermione lo miró con incredulidad.
_ Disculpa, ya lo recojo… los cambios de presión, ¿Verdad? _ Dijo Pansy, acercándose a por el recogedor.
La muchacha estaba sonriendo… Una sonrisa que sí que asustó un poco a Hermione.
_ Sabes, tenías razón… la tarta ha funcionado. Creo que estoy mucho más alegre.
_ Me alegro. _ Dijo Hermione. Elevó la vista hacia el reloj. _ Disculpa que no quede más tiempo, pero, ya es tarde. ¿Nos vemos mañana en clase?
_ Sí, claro, por supuesto. Me ha encantado conocerte, Hermione.
Antes de que Hermione abandonase la casa, Pansy clavó la mirada en el segundo vaso que aún estaba sobre la mesa… y este estalló igual que el primero. No parecía ser cosas de los cambios de presión.
Hermione tenía una extraña sensación mientras se encaminaba a casa. Sentía que conocía a Pansy de alguna manera, como un Déjà vu, aunque estaba convencida de que nunca antes la había visto. Al que sí había visto antes, o al menos estaba convencida, era al anciano de las gafas de media Luna.
Le pareció verlo una vez más, acompañado de un gato, pero fue de nuevo en el transcurso de un pestañeo. Hermione estaba empezando a pensar que estaba viendo visiones. Negó con la cabeza, obviándolas, y volvió a casa.
_ Te digo que he hecho magia. _ Insistía Pansy. _ Te lo juro.
_ Pansy… _ Casiopea se sentó en el sofá del salón. _ ¿Cuántas veces vamos a tener que pasar por esto?
_ Te prometo que…
_ Las otras veces también me prometiste que habías hecho magia, Pansy. _ Le dijo Casiopea, muy seria. _ Tienes que aceptar de una vez que eres una squib.
_ Y lo había hecho… Pero hace un rato… hice que las luces de la casa parpadearan. Y rompí dos vasos. _ Le temblaba la voz.
_ Está bien… te seguiré el juego, Pansy…
Casiopea se acercó al armario de la cocina, cogió un vaso y lo dejó sobre la mesa. Pansy tragó saliva.
_ Adelante… hazlo añicos. Hazlo añicos y mañana mismo te llevaré a Ollivanders como hizo tu madre cuando tenías once años. Hazlo añicos y demuestra a toda la comunidad mágica que estaba equivocada contigo. Demuéstrale al mundo que eres más lista que la pluma que inscribe a los alumnos en Hogwarts. ¡Adelante!
Pansy estaba furiosa. Y sabía que en parte lo que Casiopea quería era eso. Tenía que estar asustada o furiosa para que funcionara. Era ridículo, a su edad tendría que haber cumplido ya con sus estudios en Hogwarts y, sin embargo, estaba allí, extendiendo la mano para intentar romper un vaso acumulando toda su ira. Tan sólo tenía que concentrarse, como había hecho antes.
Pero el vaso no se rompió. Durante cinco largos minutos, Pansy se concentró en aquel vaso, con el brazo extendido, mirándolo fijamente hasta que se rindió y bajó la mano.
_ Eso me parecía. _ Susurró Casiopea. _ Pansy, sé que quieres volver con tu madre. Pero tienes que aceptar que no puede ser… tienes que aceptar que…
_ ¿Qué tengo que pasarme el resto de mi vida viviendo como una asquerosa muggle? ¡Sí, lo sé! ¡Claro que lo sé! ¡No os cansáis de repetírmelo!
Pansy salió corriendo escaleras arriba, entró en su habitación, cerrando la puerta de un portazo, y se sentó en la cama, abrazándose a sí misma, entre lágrimas.
Hermione estaba en su habitación, con los cascos puestos, ignorante de lo que sucedía a tan sólo unos metros, en la casa de al lado. Pero sí que estaba pensando en Pansy, en la lechuza… en los vasos rotos… Y en que tenía ganas de verla al día siguiente. También se preguntaba quién sería el hombre de las gafas de media luna que había visto ya dos veces.
Ese mismo hombre que la había estado viendo cuando entraba en casa, que en aquel instante se encontraba frente a la casa, acompañado de una mujer algo más joven que él, pero que evidentemente ya había entrado en el ocaso de su vida también.
_ Albus… hemos hablado de esto muchas veces. Tienes que dejar de visitarla. Es una muggle más…
_ Minerva. _ Respondió Albus. _ En los años que llevo trabajando en Hogwarts, nunca antes había encontrado nombres tachados en la lista de admisiones. Y hace dieciséis años… tuvimos dos. No sé quién es la señorita Granger… pero estoy convencido de que no es… una muggle más.
