"¿Es premio o castigo?"
Lime. Canonverse de la primera temporada, episodio 19.
El sonido de los grillos cantando y ramas golpeando las ventanas, era lo único que se escuchaba dentro del castillo.
Los rayos luminosos de la Luna se colaban por los grandes ventanales, al igual que la brisa nocturna colándose por las rejillas. Incluso llegando a las ventanas pequeñas de los calabozos.
El fuego flameante de las antorchas iluminaba y calentaba aquel castillo. Restándole lugubridad.
—Hasta que vi que estaban preparados para matarme… no lo sabía… —decía el castaño, con cierta tristeza, sentado en un escalón—. No sabía que desconfiaban tanto en mí.
El capitán escuchaba, con el ceño fruncido y mirando al frente. Se posicionaba recargándose en la pared de brazos cruzados.
Estaba a solas con Eren para hablar sobre lo antes sucedido. Eren se transformó en titán sin permiso y su escuadrón por poco lo mata.
Sin embargo, Eren se desenvolvía bien con él, a pesar de lo del juicio y demás.
Eren a este punto tiene cierta confianza para desahogarse con Levi. Y este lo escucha sin prejuicios, porque a pesar de que veneno saliera de su boca la mayoría de veces, una de sus funciones como líder era guiar a sus subordinados.
Y vaya que quería comprender a un chico tan impulsivo como Eren.
—Por supuesto. Y es por eso que los elegí —respondió el azabache.
El castaño dio un respingo, girando sus orbes a su capitán, dándole toda su atención. Esperaba algún sabio consejo o alguna experiencia de su parte. Cosas que no se merecía, después de lo ocurrido, no se sentía digno.
Merecía una reprimenda, un castigo.
Sentir dolor, sí…
O eso pensaba.
—Dicen que te conviertes en un verdadero miembro de La Legión de Reconocimiento, después de volver con vida de una misión —el azabache pausa brevemente, eligiendo las palabras correctas y el castaño lo mira expectante —. Pero cuando luchas contra los titanes, nunca tienes suficiente información. Hay muchas situaciones que no puedes anticipar.
Eren tenía el ceño ligeramente fruncido, los labios sellados y su corazón comenzó a latir frenéticamente.
—Tenemos que desarrollar la habilidad de tomar acciones rápidas —continuó Levi—, y tomar decisiones despiadadas asumiendo el peor de los casos…
«Es un punto válido», razonó Eren.
—Pero eso no significa que seamos personas insensibles —aseguró su capitán, se podía notar la convicción y seguridad en cada palabra —. Debiste haber sentido algo cuando las armas apuntaban hacía ti.
Eren lo sabía desde antes, pero en ese momento estaba seguro que el escuadrón de Levi era excepcional. Sintió una calidez reconfortante el saber que Levi también se ponía en su lugar.
Le dio a entender que lo consideraba un humano y no un monstruo sin empatía.
Empero, seguía sintiéndose mal consigo mismo; el ser un titán y no saber cómo controlar ese poder. Ser parte del escuadrón del más fuerte de la humanidad y el constante temor de no poder llegar a cumplir con sus expectativas.
De no poder estar a la misma sintonía que sus camaradas.
Se sentía insuficiente, porque parte de la humanidad le estaba brindando apoyo y él no sabía cómo hacer ese poder totalmente suyo para salvarla
Eren se percató de la gran culpa que llevaba consigo. Y a pesar de todo, Levi lo protegió y excusó su descuido.
«Es como si confiara en mí…»
Ciertamente en la naturaleza del ojiverde no estaba el rendirse, no era una opción a este punto de su vida. Por lo que se propuso eliminar los pensamientos negativos y concentrarse en su capacitación.
«Entonces no tengo razón para fallar otra vez».
Eren estaba absorto en sus pensamientos; meditando sobre su capitán, casi ni reparando que el mismo estaba a su lado.
A solas y en silencio con su capitán, en el vano del calabozo...
Había un ambiente vigorizante para ambos. Una calidez reparadora que no sabía que necesitaba el más joven.
Era ameno, placentero. Eren dormía ahí todas las noches y deseaba poder sentirse así de cómodo.
El capitán de ojos fríos e inexpresivos ahora observaba al castaño; el silencio no era desagradable, pero se preguntaba porqué el mocoso revoltoso estaba tan callado.
¿Había sido demasiado duro con sus palabras?, ¿había empeorado el asunto?
El jóven sintió esa fría mirada sobre su ser y se tensó al momento.
Confrontó a su capitán, notó su característica frigidez al chocar con sus ojos. Sin embargo, percibió un flamante brillo en los orbes oliva.
«Debe ser por las antorcha», imaginó.
Eren evitó mostrarse nervioso o temeroso ante la amedrentadora mirada del mayor.
¿Era una guerra de miradas o…?
"Qué mirada tan aterradora, pero…" impidió el contacto directo bajando la mirada a los labios del pelinegro.
Eren sintió el calor escalando por sus mejillas.
Se sonrojo. Pero, ¿por qué?, ¿la vergüenza acaso?
El mayor por su parte admiraba los orbes ajenos: unos llamativos ojos esmeralda, que sin saberlo, eran algo que le atraía a simple vista del adolescente.
«Seamos honestos, ¿a quién no? El color es peculiar».
Su mirada inconscientemente se dirigió —también— hacia sus labios carnosos, era la parte del ojiverde que más le atraía.
Aunque nunca lo admitiría en voz alta.
El azabache se acercó al joven por inercia o instinto, no lo sabía, pero quería tenerlo cerca. Eren, por supuesto, se dio cuenta y se alarmó, pues imaginó que su superior lo castigaría al final de cuentas.
«¿Me va a patear?» El simple recuerdo del juicio le erizaba la piel.
Aunque las acciones de Levi en ese momento no le indicaban signos de violencia alguna. Después del juicio, no se había presentado como un superior abusivo, que lo golpearía al mínimo error. Recibió una disculpa y una comprometedora bienvenida al equipo.
Y a pesar de las condiciones, realmente su estancia y entrenamiento han sido diferentes de lo que pensaba; sus compañeros, sus superiores, la Legión de Reconocimiento y...
Levi Ackerman.
Eren quedó pasmado, sentado en el escalón, sin saber cómo reaccionar. Levi se había arrodillado frente a él y...
Algo en su estómago se estaba revolviendo, algo causaba que su corazón le hiciera latir rápida y frenéticamente que sentía que el órgano en cuestión se saldría de su pecho.
No sabía si era miedo o el pecado de tener a su capitán tan… cerca.
Levi acarició la ruborizada mejilla del menor, recibiendo en respuesta una mirada estupefacta.
La sensación de la mano acariciando su rostro; una textura callosa y áspera, pero que al mismo tiempo trata de ser gentil.
Sí, lo había tomado por sorpresa.
Definitivamente no esperaba un contacto así de parte del mismísimo capitán Levi.
«... ¿¡Tendré algo en la cara!?», pensó tontamente. «Tal vez su obsesión por la limpieza podía llegar a este punto...»
Levi siguió su recorrido por la mejilla de Eren, casi ignorando el hecho de que el moreno estaba a nada de desfallecer en la palma de su mano.
Pasó el pulgar por su labio inferior, podía sentir el aliento cálido chocando contra su dedo, después lo introdujo dentro de su boca, Eren jadeó por la intromisión, evitando morderlo por error.
A este punto cualquier acción que fuera a hacer el pelinegro, Eren no lo podía predecir. No se atrevía a protestar siquiera debido al desconcierto.
Levi llegó al mentón, donde de un leve jalón, lo acercó a su rostro.
Dominante, incluso cuando trata de ser afable.
De un momento a otro, el muchacho no sabía en qué momento había quedado tan cerca de su capitán. Peligrosamente cerca que sus neuronas no conectaban para evitar aquella cercanía.
Tragó saliva.
El aliento de ambos chocaba ahora contra sus labios, haciendo que la atmósfera de la habitación se sumergiera en un calor infernal. Del bochorno y algo más...
Capitán y soldado… tan cerca de esta manera.
El azabache no dudó más y finalmente acortó esa breve e infernal distancia con un beso. Internamente todo lo que había llegado a dudar sobre sus sentimientos hacía Eren, se había aclarado.
A buen entendedor, pocas palabras. Fue todo lo que pudo concluir Eren antes de decidir si devolver el beso. Sus sentidos no maquinaban correctamente después de tal acción precipitada.
De todo lo que el soldado podía esperar de su capitán para con él, un beso era lo inimaginable.
Eren no se quedaría atrás, a pesar de permanecer en blanco por unos segundos, trataría de seguirle el ritmo al mayor, con cierto ímpetu tentativa.
Fue un beso inexperto y torpe en un principio, claro estaba, ninguno de los dos contaba con experiencia de… nada de esto. Era un proceso de aprendizaje para ambos.
Sin embargo, también era un beso sucio y cargado de sentimientos y respuestas a preguntas nunca cuestionadas siquiera.
Fue un alivio porque ninguno de los dos era bueno con los sentimientos.
Eren degustó un sabor leve a té negro en la boca de Levi.
«Ah, con que a eso sabe el capitán».
Eren se levantó entre temblores e inseguridad en sus torpes acciones. Levi se aferró a su nuca para profundizar el beso y Eren lo sujetó por la cintura.
Le sorprendió que no le molestara tal descarada acción.
Después de todo, el capitán era más accesible de lo que pensaba.
Ambos peleaban en la boca del otro.
Era dulce, pícaro.
Se complacieron mutuamente en este nuevo, íntimo y más comprometedor sentimiento.
Debían aceptarlo, se sentían necesitados. Y lejos de descargar frustración, descargaban sentimientos reprimidos.
La atmósfera se percibía cada vez más sofocante, las prendas sobraban y sus cuerpos quemaban.
En pecado.
Levi saboreó con superioridad la boca del menor al notar cuán inexperto era para besar.
Incluso más inexperto que él.
Se notaban sus prioridades.
—Levi~ —gimió Eren entre besos.
Así es, había olvidado por completo que a quién besaba era a su capitán.
Su. Superior.
Levi gruñó y mordió su labio en respuesta.
«Maldita sea, qué bien se escucha mi nombre viniendo de sus labios».
Se sentía un beso eterno, un beso que querían hacer interminable… Pues les bastó unos minutos para volverse adictos a este contacto. Les bastó experimentar ciertos movimientos para acoplarse a la boca del otro.
Para degustarse mutuamente.
Hasta que el azabache rompió el beso gracias a la falta de aire, dejando en el camino un hilo de saliva que aún los unía.
En otro contexto Levi diría que era de lo más "asqueroso" y se limpiaría al instante. Pero tener ante él al rostro sonrojado de Eren; desesperado por recuperar oxígeno, adornado con unos labios hinchados y saliva escurriendo obscenamente sobre ellos… no era más que un pecaminoso espectáculo.
El sonido de un par de botas bajando al calabozo, fue lo que los sacó de la atmósfera, separándose al instante.
Levi volvió a su semblante autoritario, arreglando su cravat y chaqueta. Mientras que Eren se incorporaba cómo podía, tratando de esconder su enrojecido rostro y limpiar su boca con la manga.
Aún estaba en shock.
Trataba de asegurarse que nada de lo ocurrido fuera parte de su imaginación.
Para "disimular" la situación, Eren retomó su lugar en el escalón, así evitaba mostrar su rostro directamente.
No podría dar la cara después de lo ocurrido...
Ha sido su momento más caluroso.
Pero estaba profundamente mal, y eso lo estaba volviendo loco.
Sintió seguridad, amabilidad y de alguna manera, libertad.
Pero esos comportamientos son incorrectos, Levi y él podrían ser ejecutados en el peor de los casos.
Se supone que Levi lo mataría.
Pero aparentemente, le gustaba Eren.
El dueño de aquellos pasos hizo su total acto de presencia frente a ellos.
—Capitán Levi… la líder de escuadrón Hanji los espera —informó Moblit.
Levi buscaba en él algún signo de que los había visto o escuchado, pero nada, lo que fue un alivio.
—Vamos Eren, estamos haciendo esperar a la cuatro ojos —ordenó Levi, dedicándole una mirada cómplice al susodicho, mientras se encaminaba a la salida.
Eren asintió resoplando y se levantó ya más tranquilo, siguiendo detrás a su capitán. Tocó sus labios con las yemas, estaban hinchados y calientes aún, ¡y cómo no! si el capitán lo había dejado sin aliento.
«¿Eso fue un castigo o premio?»
Aquello ocurrido con su capitán en ese calabozo; que podía llegar a ser tan frío como ardiente, sería algo significativo para ambos en el futuro. La primera de muchas veces en las que perderán su sanidad.
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