Disclaimer: Los personajes de «InuYasha» pertenecen exclusivamente a Rumiko Takahashi.
Aclaración: Esta viñeta participa en el Flufftober2021 de las páginas de facebook InuYasha Fanfic y Es de fanfics.
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Alma
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Sobre la rama de un árbol, se encontraban InuYasha y Kagome. Habían librado una batalla dentro del estómago de un demonio petrificado. Otra de las tantas trampas de Naraku los había arrastrado hacia ese asqueroso lugar y habría sido un final desastroso de no ser por el poder combinado de la pareja que ahora observa en silencio el panorama.
—¿No quieres hablar con los demás? —indagó curiosa la azabache. La propuesta de compartir un momento a solas con el semi-demonio le agradaba, aunque estaba preocupada, el rostro de este reflejaba culpa.
—Tus pies —mencionó él sin poder mirarla. Sentía una profunda decepción, al pensar que una vez más la había puesto en peligro—. Están heridos.
—InuYasha…
En un suave susurro, el nombre del ser que tanto amaba escapó de sus labios. Lo veía tan cabizbajo que su corazón dolía al imaginar lo mal que se estaba sintiendo.
—Maldita sea. —Todo lo que hacía era reprocharse. Sus ojos no la veían, no quería hacerlo, no podía hacerlo—. Aún tengo que aprender mucho, ¿no?
Se sentía muy mal. Le falló y también se falló a sí mismo. Muchas veces se juró protegerla, cuidarla, dar su vida si fuera necesario por la de ella. Pero en aquel instante el mal había invadido su cuerpo. Su condición de hanyō no le permitió controlar todo ese poder y la energía negativa de la perla de Shikon aceleró su transformación.
Si no hubiera sido por ella, la mujer que tenía en esos momentos sentada a su lado, a la que había prometido salvaguardar; hubieran muerto y quién sabe si por el ácido del estómago del yōkai o por el poder inmensurable que en ese instante salía de su cuerpo. Se había transformado en otras ocasiones y la pasó muy mal, sobre todo cuando masacró a casi toda una aldea. Los recuerdos hacían estragos en su mente y lo único que deseaba era poder disculparse.
—Realmente lo lamento. Hice que pasaras un mal rato —dijo logrando por un instante observarla de reojo. Se permitió por unos segundos contemplar su rostro para darse cuenta que ella no estaba molesta, por el contrario era bondad, comprensión y amor lo que sus hermosos ojos chocolate le expresaban.
—No en realidad —comentó la sacerdotisa, su voz sonaba tan tranquila—. Sin ti ninguno de nosotros estaría viviendo. Además…
Sus palabras eran sinceras, estaba segura que si él no hubiera utilizado el fragmento de la perla de Shikon habrían muerto y darle esa satisfacción al maldito de Naraku no estaba entre sus planes.
—En aquel momento...
Kagome revivía en su mente ese preciado instante en que lo abrazó. Quería que supiera lo que sintió, al darse cuenta cómo el poder maligno de la perla se apoderaba de su ser. Sintió temor, mucho temor, pero no de él, eso jamás, ella sintió miedo de no poder ayudarlo.
Sabía que no tenía tiempo, así que sin pensarlo corrió hacia él y lo abrazó, deseaba con todas sus fuerzas lograr controlarlo. Enterró su rostro contra su pecho y sintió como el corazón del hanyō latía con tanta fuerza que no dudó en aferrarse aún más a él, pudiendo sentir cómo su poder espiritual iba purificando a InuYasha; lo vio reaccionar, susurrar su nombre, notó cómo el rojo escarlata de sus ojos había desaparecido devolviéndole ese iris dorado que ella tanto amaba. Se sintió aliviada, tranquila, lo había ayudado. Pero él aún la necesitaba; no quería que ella se alejara.
«¿Podrías sujetarme solo un momento más…?»
Esa pregunta se había quedado grabada en su mente. Lo abrazó por la espalda y se aferró a él tan fuerte como le fue posible. Confiaba en InuYasha, ambos confiaban el uno en el otro. Sus corazones latían a un solo ritmo y, sus almas se conectaron perfectamente fundiéndose en una sola.
El poder del único ser que eran en ese instante emergió con tanta fuerza, que solo fue necesario un ataque de Tessaiga con lanzas de diamantes para destruir de una vez por todas al yōkai en el que estaban atrapados.
—De alguna manera eso me alegró —explicó la sacerdotisa.
Kagome conocía perfectamente a InuYasha, sabía que si quería que él estuviera tranquilo debía contarle todo lo que sentía y, para ella hacerlo era sencillo. Siempre le expresaba con palabras o con gestos sus sentimientos, el hanyō podía leerla a través de su alma, escucharla tan segura y tan sincera hacían que su abatido corazón estuviera en paz.
—Estar a tu lado me hace feliz —anunció. Pero era su corazón el que hablaba por ella.
Deseaban encontrarse a través de sus miradas. El brillo de sus ojos al observarse lo decía todo, no había necesidad de pronunciar una sola palabra. Aún así él murmuró.
—Kagome…
Una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro. Estaba feliz y agradecido. Ya nunca más estaría solo, ella se había convertido en su prioridad, era su razón para seguir viviendo.
Kagome recostó su cabeza sobre el hombro de InuYasha y él inmediatamente sintió su calor y esa esencia tan particular de ella que lo calmaba. Sin pensarlo se dejó llevar por lo que su cuerpo ordenó e hizo lo mismo con su cabeza recostándola levemente sobre la de ella. El silencio era reconfortante y así se quedaron observando el paisaje. Nadie más existía, parecían ser solo ellos dos compartiendo sus almas, aquellas que se reconocían como legítimas gemelas; compenetradas y conectadas. Y eso… sus corazones lo sabían.
InuYasha no pudo articular más palabras, pero en su mente la verdad se hacía evidente y resonaba con claridad:
«Lo mismo es contigo… me alegra tenerte a mi lado»
Hola, hermosos lectores.
¿Cómo han estado?
Decidí participar específicamente en esta fecha del reto porque la palabra Almas Gemelas les queda de maravilla a esta pareja. Además hoy es mi cumpleaños y quería darles un poco de amor.
Amo muchísimo a mi querido InuKag y este momento es tan hermoso que quise profundizar un poco más en el. Esta viñeta está situada en el capítulo 356 del manga o capítulo 167 del anime.
Espero puedan disfrutarlo mucho.
Con amor
GabyJA
