Corría el mes de octubre de 2004, y el otoño en Sacramento era muy agradable, lo suficiente como para no congelarse, pero también como para no sufrir el calor abundante de todo el año. Siendo la primera en llegar a la oficina, el agente Lisbon notó que su consultor estaba dormido en el sofá que él acomodó durante sus primeros días.

Era la primera vez que veía a su compañero tan temprano en el CBI durante estas tres semanas de conocerlo; y pasaron dos teorías por su cabeza: o llegó demasiado temprano y aprovechó para tomar una siesta, o pasó la noche en el sofá.

La decide dejar sus cosas en su oficina, se acerca a Jane y toca suavemente su hombro para despertarlo y preguntarle qué hace tan temprano aquí.

L: Señor Jane, señor Jane… Susurra la agente.

J: Buenos… días… agente Lisbon Contesta el consultor adormilado.

L: ¿Qué hace aquí tan temprano? No me diga que se quedó dormido toda la noche en el sofá.

J: Bueno… la verdad es que es muy cómodo dormir aquí.

L: No creo que más que una cama. Sonríe. Venga, vamos por el café que dejé en mi escritorio, lo despertará.

J: Se lo agradezco mucho, pero creo que mejor me prepararé un té en la cocina.

L: Pero no hay para hacer té. Frunce el ceño la agente.

J: Compré para hacer, lo dejé en los cajones. Le sonríe un poco a la agente tras terminar ese comentario.

Seguido de esa conversación, Jane se levanta para enjuagarse la cara y prepararse su té mientras Lisbon va a su escritorio por el café para acompañar al consulto en la cocina.

L: Entonces… ¿no le gusta el café?

J: No… me gusta más el té, es más benéfico.

L: Pues… mientras me mantengo despierta, siempre voy a preferir el café por las mañanas. Le sonríe el agente al consultor y éste le devuelve la sonrisa.

El consultor después de sonreírle entrecierra un poco los ojos y la analiza ¿Algo no la deja dormir bien? Pregunta y nota que esa interrogante pone incómoda a Lisbon.

L: No se lo tome a mal señor Jane, pero no me gusta hablar de mi vida personal, lo separo del trabajo.

J: Entiendo, no era mi intención arruinar la conversación.

L: Entiendo… oiga, y… ¿por qué decidió dormir en el sofá?

J: Es muy cómodo, la verdad hacía tiempo que no dormía tan bien.

L: Podría probar con cambiar el colchón. Ambos sonríen hasta que Jane pone una expresión pensativa.

J: No es lugar el problema.

L: Entiendo… sabe, si en algún momento quiere hablar de cómo se siente, puede contarme, ¿está bien?

J: Es algo tramposo que yo no pueda saber de su vida personal, pero usted sí de la mía, ¿sabe? Sonríe un poco Jane.

L: Está bien… ¿qué quiere saber? Se sonrojó un poco con ese comentario y terminó por voltear los ojos y devolverle la sonrisa.

J: No ahora, no quiero que se sienta obligada, pero la verdad es la única persona con la que hablo aquí y me gustaría conocer a mi colega.

L: No suelo discutir asuntos personales en mi unidad, no creo que sea práctico, pero haré una excepción con usted, ¿le parece?

J: Encantado.

Comienza a llegar más gente al CBI y con ello un nuevo caso en el que la unidad tiene que trabajar. Habrán más conversaciones de este tipo entre Jane y Lisbon que los conocerse más.