LAS CRONICAS DEL GRAN VALLE: EL LEGADO.

LA BUSQUEDA LEGENDARIA.

0- Prologo.

En la inmensidad del espacio se ve cada vez más y más cerca la órbita de un planeta familiar con vida: la Tierra, pero en uno de los tiempos prehistóricos de este (Era Mesozoica). Enormes y amplios paisajes primitivos cubrían todos los alrededores, llenos de abundante vida vegetal y animal ancestrales.

Narrador (Aang; adulto): Hubo una vez, en esta misma tierra, bajo este mismo sol, y bajo esta misma luna. Pero muy anterior a todo nuestro mundo y todo lo que conocíamos de este. Y mucho antes de que aparecieran tanto los humanos como los espíritus. No cientos, ni miles, sino hace millones de años atrás, nuestro mundo era diferente al que conocemos ahora. Ocurrieron muchos cambios; la vegetación, el clima…hasta la misma superficie de la tierra había cambiado, incluyendo cadenas montañosas provocadas por el choque de los continentes. Todo esto y más en un periodo de la Tierra desconocido para nosotros, pero no para el planeta. Era un mundo muy distinto: nuestras cordilleras y montañas todavía eran inexistentes, y nuestro océano tenía una forma diferente, y eran múltiples océanos. Todo el mapa mundial era irreconocible. No había nadie ni nada que se ocupara del orden del mundo. Solo la propia naturaleza era la que mantenía su equilibrio. Este era el mundo gobernado y dominado por los dinosaurios, la época más espectacular de la Tierra.

En estos esplendidos parajes prehistóricos, múltiples especies de dinosaurios vagan libremente por una llanura cercana a una selva y un gran lago.

Narrador (Aang; adulto): Estos poderosos y magníficos animales y parecidos dominaron este mundo durante millones de años. Los había de todas clases: grandes, pequeños, herbívoros, carnívoros u omnívoros, feroces, amigables…El mundo entero era su reinado; las tierras, los cielos y los mares. Sí, era un lugar único y maravilloso.

Muchos dinosaurios de variados tamaños y clases se acercan al lago para beber. Pero entonces unos grandes rugidos y otros dinosaurios que parecían estar huyendo de algo captaron su atención. ¿El motivo? Cerca de allí, 2 grandes dinosaurios carnívoros (Tyrannosaurus Rex y Spinosaurus) estaban enzarzados en una pelea. Después de rugirse de nuevo el uno al otro, el Rex carga contra su oponente, pero el Spino espera a que se acerque bastante y lo golpea con uno de sus brazos con garras, derribándolo.

Narrador (Aang; adulto): Pero también estaba lleno de peligros. No solo por los depredadores, conocidos como Dentiagudos, sino también por las adversidades causadas por las fuerzas de la naturaleza. El día a día de los dinosaurios era una lucha por la supervivencia, aunque los animales estaban bien preparados para ello. Pero para los que querían una vida más sencilla, segura y pacifica tenían su esperanza puesta en un lugar especial: el Gran Valle.

Después, en una pradera de hierbas altas, 2 individuos chocan mutuamente por accidente: un pequeño dinosaurio Cuellilargo, Piecito, y un niño humano, Aang. Tras recuperarse del golpe, los 2 se miran mutuamente a la vez confusos y curiosos, se acercan, sonríen y se saludan estrechándose la mano y la pata: El mismo momento de su primer encuentro.

Narrador (Aang; adulto): Así fue como Piecito y yo nos conocimos. Tras llegar a su mundo por primera vez, él y yo, junto con nuestros amigos, emprendimos un viaje para encontrar esa tierra maravillosa: su hogar. Y eso no fue más que el principio de nuestras grandes aventuras allí, junto con nuestros amigos.

Piecito y Aang luego salen de un túnel y paran en el extremo de una colina, con sus amigos siguiéndoles: Cera, Patito, Petrie, Púas, Katara, Toph, Zuko, Suki y Sokka. El momento en el que encontraron el Gran Valle por primera vez. El grupo lo contempla un buen rato antes de correr juntos y contentos hacia su destino.

Narrador (Aang; adulto): Sin embargo, mientras pasábamos el tiempo allí, dejábamos de lado sin querer nuestra otra vida en nuestro mundo, la que tanto nos costó conseguir tras la guerra, y aún quedaban cosas que solucionar. Y al final, el destino nos forzó a mantenernos en nuestro hogar solamente, para continuar con nuestras propias vidas, sin la menor elección posible. Pero la vida también está llena de cosas buenas y especiales, y nos trae grandes sorpresas cuando menos lo esperamos. Y todas aquellas aventuras y sus recuerdos es algo que, a pesar de los años, siempre estaría en nuestros corazones.

Muchos años después del final de la Guerra de los 100 Años.

Ha pasado mucho tiempo desde que Ciudad Republica fue fundada oficialmente por el Avatar Aang y el Señor del Fuego Zuko. Tras eso, cada uno de nuestros héroes del Equipo Avatar siguió su propio camino, sin dejar de reencontrarse y quedar juntos de vez en cuando. La ciudad capital de la quinta y nueva nación: la Republica Unida de Naciones, sin duda había crecido bastante desde que fue levantada, pero un lugar que no había cambiado en absoluto era una singular isla situada cerca de la Bahía Yue: el Templo del Aire de la Isla. Bajo un brillante atardecer, en aquella isla, había bastante actividad en el patio del lugar donde estaba el templo. Una joven muchacha vestida con atuendos de la Tribu del Agua del Sur estaba entrenando con el control del agua junto con su maestra, quien también era su madre. La cual no era nadie más que la maestra Katara, ya una adulta hecha y derecha. Las 2 usaban distintos y variados movimientos del agua en defensa y ataque, tratando de encontrar el momento idóneo para derribarse la una a la otra a la vez bloqueaban los ataques de su oponente. Después de un buen rato en ese estado, ambas adversarias prepararon un buen montón de agua y lo lanzaron rápidamente contra su rival, lo que provocó una gran explosión del elemento, aunque ambas contendientes salieron sin quedar mojadas en un empate. Acto seguido, Katara simplemente sonrió.

"Enhorabuena Kya, ya dominas mucho mejor el control del agua." Respondió finalmente Katara, felicitando a su hija.

"Eso es porque tengo una gran maestra. La mejor del mundo." Confeso Kya contenta. "Y no tengo que oír a nadie decirlo para saberlo."

Katara se quedó conmovida y feliz de oír esa confesión.

"Gracias, Sifu Katara. Mama." Dijo Kya saludando honorablemente a su maestra, la cual le devolvió la reverencia.

De repente, se oyeron aplausos, así que alguien más estaba allí y había contemplado toda la escena del entrenamiento. Era un muchacho un poco más mayor que Kya, sentado en uno de los árboles del patio. Se bajó del árbol y camino hacia ellas.

"Ha sido realmente impresionante. Yo también lo habría hecho igual de bien, o tal vez mejor." El chico alardeo.

"Lo dudo mucho, Bumi. Se necesita mucha concentración y paciencia para dominar el control del agua, además de tener la habilidad, por supuesto. Y esas cosas las careces o no las das mucha importancia." Kya rectifico.

"¡Hey! Que no pueda usar alguno de los elementos no significa que no tenga cualidades especiales. Y eso no te da derecho a creerte superior a mí." Bumi protesto, enojado y ofendido por lo que había dicho su hermana.

"Eso tampoco te da a ti más derechos que a mí." Kya protesto en defensa.

"Ya basta niños, calmaos. Sois hermanos, y no está bien que os comparéis los 2 así." Dijo su madre, tratando de calmar la situación y evitar una posible pelea. "Y ya sabéis que este tipo de conversación no lleva a ninguna parte."

"Sí mama." Respondieron Bumi y Kya a la vez, avergonzados.

"Va en serio, niños. Esto es exactamente lo que significa esta ciudad: un lugar donde los maestros y los no-maestros de todas partes del mundo viven en paz y armonía unos con otros. Un ejemplo para el mundo entero." Les recordó Katara señalándoles Ciudad Republica que se veía a lo lejos. "Eso es algo que jamás debéis olvidar."

Ambos hermanos estaban ahora arrepentidos por su disputa.

"Lo siento Kya, no era mi intención." Empezó Bumi.

"Sí, yo también lo siento mucho, Bumi." Respondió Kya.

"¿Lo veis? Así está mejor." Felicito Katara a sus hijos, contenta al ver que se disculparon mutuamente. "Venga, vamos a preparar las cosas para la cena. Vuestro padre y Tenzin estarán al caer."

"Eh, creo que se han adelantado esta vez." Aviso Bumi, señalando hacia el cielo.

A lo lejos se podía ver al Avatar Aang junto con su hijo pequeño Tenzin montados sobre Appa y seguidos de cerca por Momo.

"Adelantaos vosotros con los preparativos." Instruyo Katara a Kya y Bumi mientras ella iba a recibir a su esposo y su hijo más pequeño.

Los 2 se fueron corriendo adentro de la casa, haciendo una carrera.

"¿Qué tal ha ido todo?"

"Muy bien, Querida. Tenzin es todo un campeón. Cada día mejora más." Dijo Aang bajando de Appa junto con Tenzin aupado a sus hombros.

"¿En serio? Eso es estupendo Tenzin."

"Así es, mama. ¡Mira lo que ya sé hacer!" Declaro Tenzin contentísimo y con ganas de enseñarle algo interesante.

Tenzin creo una patineta de aire en la que se subió y dio varias vueltas alrededor de sus padres.

"¡Hahahahaha, ya sé hacer y usar la patineta de aire! ¡Es muy divertido!" Exclamo Tenzin super entusiasmado.

"Hehehe. ¡Ten cuidado, al principio es un poco difícil de…!" Dijo Aang tratando de avisar a su hijo, aunque esté finalmente choco contra uno de los árboles. "…Controlar."

"¡Estoy bien!" Declaro Tenzin, aun pegado al árbol.

Katara encontró esto gracioso y bastante familiar. "La verdad; esto sí que me recuerda mucho a ti cuando nos conocimos la primera vez."

"Hehehe, querrás decir cuando tú me salvaste de aquel iceberg." Confeso Aang sinceramente, lo que hizo a su esposa girar la cabeza un poco colorada.

Los 2 juntaron sus frentes en tono romántico y se disponían a dar un beso. Pero para sus hijos, esto no era de ningún agrado suyo, sino de asco.

"¡Oh no! ¡Qué horror!" Empezó Bumi asqueado y con tono exagerado.

"¡Parad, por favor!" Siguió Kya.

"¡Que alguien nos entierre bajo tierra!" Se unió Tenzin.

Sus padres, sin embargo, encontraron esto muy gracioso.

"Muy graciosos, chicos." Dijo Aang.

"Venga, fuera de aquí. Preparaos para la cena." Les ordeno Katara.

"¡Bien! ¡Otra carrera!" Dijo Bumi preparado para otra oportunidad.

"Pero esta vez yo voy a ganar." Declaro Kya confiada.

"¡No si yo voy primero!" Proclamo Tenzin yendo en otra patineta de aire.

"¡Eh, no vale Tenzin!" Protesto Kya corriendo tras su hermano pequeño.

"¡No vale usar los elementos, ¿cuántas veces tengo que decirlo?!" Protesto Bumi corriendo también tras ellos.

"Sin duda Tenzin ha avanzado bastante con su control del aire." Confeso Aang mientras iba junto con Katara cogidos de la mano.

"Si sigue así acabará siendo un maestro antes de lo esperado."

"¿Quién sabe? Aunque normalmente eso lleva su tiempo. Aún le queda mucho por aprender."

"Bueno, tú lo lograste siendo muy joven. ¿Recuerdas?"

"Hahaha, sí. Desde luego."

La pareja fueron los últimos en entrar en la casa. Más tarde, por la noche, todos habían terminado de cenar, de limpiar la mesa y recogerlo todo. Y algunos ya trataban de dar ideas sobre qué hacer a continuación.

"Mama, Papa. ¿Nos contáis alguna de vuestras aventuras de cuando ayudasteis a terminar la Guerra de los 100 Años?" Kya propuso.

"Sí. Quiero escuchar la del asedio a la Tribu del Agua del Norte. O la de la invasión en el Día del Sol Negro. ¡No, mejor! La batalla final en el Día del Cometa de Sozin." Bumi apoyo entusiasmado.

A su madre eso le pareció muy gracioso. "Chicos, ya las habéis oído como unas cien veces."

"Déjalo Querida, no me importa repetirlos." Tranquilizo Aang.

"Yo estoy con Mama. Las he oído tantas veces que ya no me resultan tan asombrosas como antes." Expreso Tenzin sinceramente su opinión.

"¡¿Qué?! No lo dirás en serio, hermanito." Protesto Bumi.

"¿Entonces que asombrosa historia propones tú que escuchemos que no hallamos oído antes?" Pregunto Kya a su hermano pequeño.

Al momento, Katara y Aang se miraron mutuamente y sonrieron, ya que tuvieron la misma idea.

"Oye Cielo, ¿Y si contamos esa "otra historia"?" Propuso Katara.

"¿Otra historia?" Preguntaron los 3 niños a la vez.

"Sí. Es también una historia muy especial. Una que ocurrió hace mucho tiempo. Incluso mucho antes de nuestro propio mundo." Dijo Aang.

"Y que no muchos conocen. Trata sobre un mundo perdido." Continuo Katara.

Con todo eso ya habían captado el interés de los pequeños.

"Eso suena estupendo." Declaro Bumi.

"Sí. Yo quiero oírla." Siguió Kya.

"Contádnoslo, Mama, Papa. Por favor." Suplico Tenzin.

Todos se pusieron cómodos en el cuarto de dormir de los niños para escuchar el relato.

"Hubo una vez, en esta misma tierra, y bajo estos mismos Sol y Luna." Empezó Aang a relatar y poniendo ambiente mientras usaba el control de la tierra para crear figuras de piedra de ciertas singulares criaturas y Katara hacia otras con el control del agua, manejándolas como si tuvieran vida propia. "Mucho antes que nosotros los humanos y los espíritus, y antes que las cuatro naciones y el Avatar, antes que los animales y criaturas que conocemos, antes que los maestros de los elementos. El mundo era un lugar muy diferente habitado por otra clase de criaturas únicas y maravillosas, en la era de los dinosaurios."

"¿Dinosaurios?" Preguntaron los 3 pequeños con curiosidad.

"Sí. Había 3 clases de dinosaurios: unos tenían los dientes planos y comían las hojas y las plantas, otros tenían los dientes variados para comer de todo o no tenían dientes, y otros tenían los dientes puntiagudos para comer carne y devoraban a los que se alimentaban de hojas y plantas. Estos animales eran los señores de aquel mundo prehistórico."

"¿Qué significa prehistórico?" Pregunto Tenzin.

"Significa que es algo muy muy antiguo. Más que cualquier cosa de nuestra historia." Explico Aang.

"Y algo que solo el propio mundo ha visto ir y venir. Entonces sucedió que las plantas comenzaron a morir. Su reinado estaba en constante cambio." Continúo relatando Katara.

"Los poderosos animales que aparentemente dominaban la Tierra estaban de hecho dominados por las plantas, pues eran necesarias para su sustento y la base de esa gran cadena alimentaria. Desesperados por la falta de alimento, unas cuantas manadas se pusieron en marcha hacia el Gran Valle; una tierra todavía verde y frondosa."

"Aquel fue un viaje hacia la vida."

Los niños escucharon con mucha atención e interés cada parte del relato, hasta el final.

"Y todos crecieron juntos en el Gran Valle." Narraba Katara, acercándose al final del cuento.

"Y así, generación tras generación, transmitiéndose de una a otra la historia de cómo sus antepasados habían llegado al valle, mucho tiempo atrás." Dijo Aang, terminando la historia.

Los niños solamente suspiraron de asombro.

"Ha sido asombrosa." Confeso Tenzin.

"Sí, tanto como vuestras aventuras de cuando salvasteis el mundo." Admitió Bumi.

"Ha sido preciosa." Dijo Kya encantada.

"Hahahahaha. Nos alegramos de que os haya gustado. Y ahora a dormir." Ordeno Katara.

Por supuesto a los 3 no les gusto que ya se acabara lo bueno por como suspiraron.

"¿No podemos escuchar otra, porfi?" Suplico Kya.

"No señorita. Solo una por noche." Insistió Katara.

"Ya conocéis la regla." Apoyo Aang a su esposa.

"No es justo. El Tío Sokka nos dejaría escuchar 3. 2 como mínimo." Bumi protesto con los brazos cruzados.

"Ya, pero vuestro tío es también un poco fanfarrón. Venga, a la cama." Continúo insistiendo su madre.

"Está bien." Dijo Bumi aceptando la derrota.

"Buenas noches, Mama. Buenas noches, Papa." Dijo Kya mientras se acostaba.

"Buenas noches chicos." Dijo Aang.

"¿Papa?" Llamo Tenzin.

"¿Sí hijo?"

"Me ha encantado esa historia. ¿Nos la volveréis a contar mañana tú y Mama?"

Ante esto, Aang simplemente le sonrió. "Todas las veces que queráis."

Después los padres se fueron de la habitación sin hacer el menor ruido. Tiempo después, la pareja estaba sentada románticamente en uno de los balcones del patio mirando el cielo estrellado.

"Es muy bonito, ¿verdad?" Dijo Katara.

"Desde luego. Algunas cosas no cambian sin importar el paso del tiempo." Respondió Aang.

"Sabía que les iba a encantar el cuento."

Sin embargo, Aang no pudo evitar sentir de repente una gran sensación de tristeza, algo que no quedo inadvertido por Katara.

"¿Estas bien, Aang? ¿Qué te ocurre?" Le pregunto ella preocupada.

"Es que…es solo que…solo es…" Aang trataba de explicarse, pero le era muy difícil de revelarle, o más bien, recordarle el motivo. Solo dejo escapar un suspiro. "Han pasado tantos años…desde la última vez. Tanto tiempo…desde aquel fatídico día. Tantos recuerdos especiales…de aquel lugar único…que solo el no poder evitar recordarlos…es a la vez reconfortante…y luego triste. Pero sobre todo se vuelve triste y nada más."

Katara se dio cuenta de lo que se refería su marido, y a ella también le vino aquel sentimiento de tristeza. Un sentimiento de, aunque estaban en casa, no podía evitar sentir que les seguía faltando algo. Algo que perdieron hace muchos años, antes de hacerse mayores.

"Sí. Yo también lo siento. Los echo mucho de menos. Lo he hecho durante muchos días, durante todos estos años."

"Debí ser más rápido. Debí asegurarme de que no nos hubiera seguido nadie. ¡Debí coger la piedra primero en vez de ir a por esos miserables ladrones!" Aang declaro como si se estuviera culpando a si mismo de algo, algún tipo de tragedia.

"Aang. ¡Aang! Escúchame. No fue culpa tuya. No pudimos evitarlo. Hicimos todo lo que pudimos." Dijo Katara tratando de calmarle, sosteniendo su rostro con sus manos mientras le miraba a los ojos.

Aang no pudo evitar soltar lágrimas. Katara intento confortarlo más en un cálido abrazo. Aang se sintió algo mejor y le devolvió el abrazo a su mujer. Era algo que ella siempre había hecho desde que se conocieron y se le daba bien: estar a su lado en sus momentos más duros y confortarlo. Aunque ella tampoco pudo evitar dejar escapar lágrimas.

"Sé que ellos nunca nos olvidarían. Sé que…los niños…jamás nos olvidaran. Siempre nos recordaran. Siempre." Dijo Katara, pero también le costaba hablar.

"Lo sé. Igual que nosotros. Siempre los recordaremos." Aang expreso, desahogándose.

Tras calmarse, rompieron el abrazo y se secaron las lágrimas con el control del agua.

"Es que…antes eran tanto los recuerdos y los momentos juntos. Y ahora…tener solo los recuerdos es…muy duro, y frustrante. Demasiado."

"También lo es para ellos. El dolor es la prueba: la prueba de que son parte de nuestra familia, siempre lo han sido."

"Sí. Y eso nunca cambiara."

Entonces, de la nada, una melodía les salió del corazón.

Aang:

Al recordar, al recordar, algo extraño te hará pensar.

Katara:

En otros tiempos mágicos, un hola alegre, un triste adiós.

Aang:

Vuelven a aparecer, preciosas cosas del ayer.

Katara:

Momentos que vimos pasar, retornaran al recordar.

Juntos:

Siempre al recordar.

Los 2 se quedaron mirando las estrellas, pensando en cierto lugar, cuyo recuerdo guardaban muy cuidadoso y delicadamente en el corazón: su otro hogar. Un valle singular…al que ningún otro lugar de su mundo se le podía comparar.

Varios años después.

Los años siguieron pasando, y con ellos Aang y sus amigos continuaron haciendo de Ciudad Republica y el resto del mundo un lugar mejor, logrando más hazañas y sobre todo trayendo y protegiendo esa paz y orden. Por desgracia, al gran Avatar Aang le empezó a ocurrir algo inesperado y preocupante: a pesar de seguir siendo aun un adulto, llego un momento en el cual empezó a sentirse débil y enfermo, como si fuera un anciano. Y a medida que pasaban los días ese efecto aumentaba poco a poco. De modo que un cierto día Katara llamo a sus hijos ya muy crecidos, hechos jóvenes adultos, para reunirse en su hogar de la isla para contarles lo que estaba pasando, y lo que podría suponer después. Bumi, Kya y Tenzin (ahora con sus marcas de maestro del aire) se reunieron en la habitación de sus padres donde estaba su madre, con pinta de estar muy preocupada y triste, sentada sobre la cama junto con Aang acostado sobre esta. Y no tenía buen aspecto.

"Aquí estamos, Mama. Hemos venido en cuanto hemos podido." Dijo Bumi disculpándose por la tardanza.

"¿A qué viene esto, Mama? ¿Qué le pasa a Papa?" Pregunto Kya confundida y algo preocupada al ver a sus padres.

"Vuestro padre está muy enfermo." Dijo Katara tristemente.

"¿Enfermo? Pero se va a poner bien, ¿verdad?" Pregunto Tenzin tratando de ser optimista.

"No lo sé, Tenzin. Los 100 años que vuestro padre paso en aquel iceberg…están empezando a hacer mella en él."

"Bueno, a lo mejor hay una manera de hacerle mejorar. Digo yo que…algo se podrá hacer al respecto." Exclamo Bumi intentado dar una idea.

"¡Eso es! Podemos usar el agua sanadora, y así Papa se sentirá mejor y se recuperará." Propuso Kya. "Yo te ayudare."

"¡Sí! Tú se lo has hecho un montón de vez, Mama. Y seguro que lo hará de nuevo." Apoyo Tenzin esperanzado.

"No." Respondió Aang en un tono débil. "No funciona."

"Vuestro padre tiene razón, este caso no es como lo otro." Revelo Katara apenada. "Ya lo he intentado. Lo he intentado muchas veces…y no ha funcionado. Esto es algo que escapa a mis capacidades."

"Papa, ¿por qué crees que se trata de eso? De los años que pasaste en aquel iceberg." Pregunto Tenzin.

"Porque lo siento. De alguna forma…sé que es por eso." Contesto Aang.

"Pero tú eres el Avatar." Dijo Bumi. "Quiero decir que, en fin, no es la primera vez que ocurre algo como esto. ¿Verdad que sí?"

"Es cierto. Sabemos que la Avatar Kyoshi también llego a adulta, y vivió un montón de años desde entonces. Los años que pasaste en el iceberg no son nada comparado con la cantidad de años que duro su vida." Apoyo Kya.

"Sí, es literalmente el Avatar más longevo del que sabemos. Esto no es nada comparado con lo de ella." Animo Tenzin.

"Ojalá fuera…como lo decís todos vosotros. Sin embargo, me temo que no es así." Dijo Aang siendo sincero. Él no quería asustar a sus hijos, pero tampoco quería mentirles para que luego se llevaran una terrible sorpresa. Tanto él como Katara querían prepararlos para lo peor, aunque supieran que les iba a doler mucho. "Solo con mirarme…podéis ver la verdad. Sí, así es."

Aang trato de incorporarse de forma recta, pero lo costaba, hasta que le ayudaron Katara y Tenzin.

"Estoy débil…y enfermo. Y cada día que pasa…va a peor."

A los 3 hijos se les encogía el corazón de tristeza al ver a su padre en ese estado. Incluso si algunos de ellos no eran muy unidos a él, el sentimiento era de los 3.

"Supongo…que Roku casi nunca se sintió así a pesar de que él sí llego a viejo."

Esto hizo reír un poco a todos los presentes a pesar de la situación. Tal vez Aang no era para algún que otro el padre idóneo, pero algo que él destacaba era que siempre podía hacer reír a sus seres queridos incluso en situaciones como esa. Y eso les gustaba a sus hijos, y lo valoraban mucho.

"En fin. Tarde o temprano…podré descansar."

Al oír aquello, Bumi, Kya y Tenzin empezaron a temer lo peor.

"¿Quieres decir que…?" Pregunto Tenzin algo asustado de cuál podría ser la respuesta más probable.

"Así es. Creo que mi tiempo…está llegando a su fin. Siento que se acerca…el final de mi viaje."

Los 3 hijos suspiraron impactados a lo que se refería su padre.

"Pero Papa...tu…tú no puedes morir. Aun no. Eres el Avatar." Protesto Tenzin.

"Sí. Soy fuerte por quien soy…y por lo que soy. Pero no tanto como…como muchos creen. Y no soy invencible. Nada lo es. Y vosotros lo sabéis también." Aang les recordó. "Todo tiene un principio…y un final. A todos nos llega…el momento…de nuestra hora, para que así otros…puedan tener su espacio…y su lugar en la vida. Es parte de la naturaleza. Como el Sol viene y va: cuando el día se va, la noche debe caer con su manto y la Luna, y luego vuelta a empezar. Así es el orden de las cosas, y en la vida."

"Pero Papa, necesito tu ayuda. Necesito aun de tu guía y tu sabiduría para asegurar y salvaguardar el legado de los Nómadas del Aire. De tu pueblo, nuestro pueblo."

"No Tenzin. Ya no hay nada…más que yo pueda enseñarte. Te he enseñado…todo cuanto yo conozco. Tu ya eres un maestro del aire totalmente formado, y estas listo…para continuar…por tu cuenta. Todos lo estáis."

"Pero Papa, es que…no… ¡no es justo!" Protesto Kya tratando de contener sus lágrimas lo mejor que podía. "¡No puedes morir aun, tan pronto! Hay tantas cosas que…que…que te quedan por ver, por vivir. Y por sanar."

"Tiene razón Papa, no es así como yo pensaba que ocurriría esto, cuando fueras a irte." Apoyo Bumi. "No tenía que ser así."

"Ya lo sé, pero…parece que ya…no hay vuelta atrás." Admitió Aang. "Tal vez…esta sea la forma…de pagar por el daño causado por mi ausencia…durante los 100 que estuve desaparecido del mundo."

"No Papa, no digas eso." Animó Tenzin.

"La vida…a veces…no es siempre justa con nosotros. Vuestra madre y yo lo sabemos…por experiencia, más que nadie." Continuo Aang a pesar de que le seguía costando hablar. "Pero también…nos otorga grandes regalos…de los que vale la pena cuidar y querer…y por dar gracias. Mis amigos, mi familia…son los más valiosos de ellos…para mí. Vosotros…vosotros sois…mi mayor logro."

Katara y sus hijos quedaron muy conmovidos por aquellas palabras sinceras.

"Bumi, Kya. Quiero que sepáis que…siento mucho no haber sido…el mejor padre para vosotros. Que no haya pasado…tantos momentos especiales juntos. Me centré tanto en asegurar…la supervivencia…del legado de mi gente, en el entrenamiento y preparación de Tenzin y en mi deber…como Avatar…que no me di cuenta del error que estaba haciendo. No sabía…que parecía estar prefiriendo a uno de vosotros 3…que no vi…como me alejaba de vosotros 2. No he sido…el padre que necesitabais y queríais. Pero, aunque…os haya fallado como tal…sabed que…siempre os he querido…más que a nada en el mundo. Perdonadme."

Kya y Bumi sentían una mezcla de tristeza y alegría. Oír esas palabras de su padre les daba como un confort necesitado de hace años. Pero también les daba cierto peso de culpabilidad mutua. E intentaban contener las lágrimas, pero estas les podían.

"Bumi, no tengo palabras para decirte…lo orgulloso que estoy…de lo lejos que has llegado. Estoy muy seguro…de que las fuerzas…de Republica Unida…estarán en buenas manos…contigo. Y Kya, eres la viva imagen…de tu madre. Te has convertido en una…prodigiosa maestra del agua…que ha estado siguiendo sus pasos…con gran admiración y honor. Y por ello…estoy muy orgulloso de ti, hija mía. Sé que…ayudaras a mucha gente…cuando te necesiten."

"No Papa, tú no tienes culpa de nada." Exclamo Kya llorando. "Tenía que entender que tratabas de hacer lo mejor para todos, aunque no fuera perfecto. Que eres…una buena persona, a pesar de todo lo que llegue a pensar se ti."

"No queríamos que pensaras que te teníamos rencor por preferir a Tenzin, o que pensaras que ya no te queríamos." Expreso Bumi también dolorido.

"No te odiamos, Papa. Te queremos, mucho. Lo siento mucho, por no haberlo dicho hasta ahora."

Los 2 fueron a abrazar a su padre en lágrimas, el cual los recibió con los brazos abiertos. Después de terminar el abrazo, se acercó Tenzin.

"Tenzin. Te he tenido bajo mi tutela…durante tantos años, y he visto como…poco a poco…te has ido convirtiendo en el hombre que eres ahora. Eres un gran maestro del aire…y sé que también llegaras a ser un buen líder. Sé que…la carga que te dejo sobre tus hombros…es muy grande. Pero sé que…el legado de los Nómadas del Aire y su cultura…estarán a salvo contigo." Dijo Aang a su hijo más joven.

Tenzin empezaba también a soltar lágrimas. "¿Entonces es cierto lo que estás diciendo? ¿De verdad vas a irte?"

"Sí, eso me temo. Al igual que el ciclo de las estaciones…termina y vuelve a comenzar…una y otra vez…también lo hará el ciclo del Avatar."

"Sí, lo sé."

"Tenzin, escucha con atención. Cuando yo me haya ido, tú serás…el ultimo maestro del aire. Tenzin, el control del aire…estará siempre ligado a ti y tu descendencia. Transmíteles…todo lo que has aprendido. Enséñales…a proteger, valorar y preservar…el legado de su pueblo, de sus orígenes."

"Puedes contar con ello."

"Y no solo eso. También…será tu deber…enseñar el control del aire…al siguiente Avatar. El Avatar…que será mi reencarnación, y…mi sucesor. Es muy…importante que lo hagas. Ten paciencia con él…o ella, como yo lo fui contigo, y veras como lo lograra."

Tenzin empezó a entenderlo todo: su padre le estaba dando instrucciones para cuando él tuviera que entrenar al próximo Avatar que viniera, el cual sería el sucesor o sucesora de Aang, en el arte del control del aire.

"Pero sobre todo…cuidaos, hijos míos, los 3. Cuidaos unos a otros, entre vosotros. Pues no olvidéis…que sois hermanos, y eso es algo…muy valioso…y afortunado. Que sois familia…y juntos sois fuertes y tenaces, y siempre…podréis contar con vosotros…para ayudaros los unos a los otros…cuando más lo necesitéis. Prometédmelo, hijos. Prometedme…que os cuidareis y protegeréis entre vosotros…siempre. Porque…tarde o temprano…llegara mi hora…y a partir de entonces…deberéis proseguir vuestro viaje…sin mí. Me enorgullece mucho…haber sido vuestro padre…y el haberos tenido."

"Pero Papa, ya verás cómo al final no pasara nada. Te pondrás bien, ya lo veras." Tenzin dijo convencido de no dejar la esperanza.

"Prometédmelo." Insistió Aang.

"Te lo prometo." Dijo Tenzin.

"Yo también lo prometo." Siguió Bumi.

"Sí. Te lo prometemos, Papa." Dijo Kya también.

Los 3 hijos sentían como si se les rompiera el corazón. Las palabras de su padre fueron más que suficientes para que entendieran de que para su padre, tarde o temprano, llegaría su hora. Y no había nada que pudieran hacer para cambiarlo, pues, al fin y al cabo, era una parte natural de la vida.

"Vamos hijos, ya es hora de que vuestro padre duerma un poco." Dijo Katara a sus hijos.

"Por favor, déjame que te ayude con Papa." Expreso Kya ofreciéndose a ayudar a su madre.

"El mejor modo de ayudarlo a él y a mi es que le dejéis descansar."

"Pero tiene que haber algo que podamos hacer al respecto." Insistió también Bumi.

"Bumi, Kya, Tenzin, todos tenemos que aceptar lo que nos depara el gran círculo de la vida."

"¡No!" Protesto Kya entristecida.

"Tenéis que procurar comprenderlo, hijos míos, no podemos hacer nada. Pero no os preocupéis. El gran círculo de la vida también nos trae muchas cosas buenas. Y a veces cuando menos las esperamos."

Katara acompaño a sus hijos hasta la salida antes de volver adentro con su esposo. Un día después, la pareja recibió otra visita. Esta vez del resto de su familia: los demás miembros del Equipo Avatar.

"Estamos aquí, hermana." Dijo su hermano Sokka.

"Vinimos tan rápido como pudimos en cuando recibimos tu carta." Añadió Suki.

"Gracias. Gracias a todos por venir." Agradeció Katara.

"¿Cómo se encuentra Aang?" Pregunto Toph.

Katara suspiro en señal de tristeza. "No muy bien, y no mejora. Cada día que pasa se encuentra algo peor, poco a poco."

"¿Has podido hacer algo para mejorar o aliviar su condición?" Pregunto Zuko.

"He hecho todo lo que he podido, pero nada ha funcionado. Y yo…yo ya no sé qué hacer."

"No seas así contigo misma, Querida." Dijo Aang cogiéndola de la mano. "Tu mera compañía…me ha ayudado…más de lo que crees. Como siempre has hecho."

Esa confesión puso de nuevo una sonrisa en el rostro de Katara.

"Si es cierto lo que nos dijisteis en la carta y no se puede hacer nada, ¿por qué queríais que nos reuniéramos, Katara?" Preguntó Sokka algo confundido.

"Sí. ¿Por qué razón estamos aquí?" Añadió Toph.

"No soy yo quien os ha llamado. Aang era el que quería que vinierais aquí. Yo solo escribí la carta según su deseo." Confeso Katara.

"Así es." Admitió Aang. "Chicos, el motivo por el que quería…que nos volviéramos a reunir todos, quizá…por última vez, no es por algo…relacionado con nuestro mundo, sino…con nuestro otro hogar. Sabéis a que me refiero."

De inmediato, todos supieron a lo que Aang se refería con lo del "otro hogar", pues sus caras se pusieron todavía más tristes.

"Te refieres…al Gran Valle, ¿verdad?" Intuyo Zuko.

"Sí. Son ya…tantos los años que han pasado…desde la última vez que regresamos. Ha pasado mucho tiempo…desde que perdimos…el medio para viajar allí. Pero…tal vez…ellos sí puedan."

Todos quedaron confusos al oír esto último.

"¿Cómo? ¿De que estas hablando, Pies Inquietos?" Le pregunto Toph.

"La piedra…que usábamos para viajar al valle…no se ha perdido para siempre. Es muy posible…que una equivalente suya…este oculta…en el otro lado. Solo es…cuestión de tiempo…que Piecito y los demás…acaben encontrándola…y descubran su poder. Me ha llevado…demasiado tiempo…el darme cuenta de ello."

"Aang, ¿estás diciendo que…?" Dijo Katara, teniendo una idea de lo quería decir Aang.

"Desde luego. Aunque el tiempo…transcurre entre los 2 mundos…de forma muy distinta e irregular, tarde o temprano…se darán cuenta de nuestra larga ausencia. Y conociendo a Piecito…cuando se propone hacer algo…jamás se rinde…hasta lograrlo."

"Para Aang, alto. ¿No estarás insinuando que…Piecito y sus amigos…?" Pregunto Sokka, sabiendo ya lo que estaba diciendo su amigo.

"Sí. Si los niños…encuentran esa piedra…y descubren su naturaleza, no dudaran en venir…a nuestro mundo…para buscarnos. Ese es el problema."

"¿Por qué? Eso es bueno. Si por alguna casualidad ocurre eso, ellos…" Expreso Suki antes de parar de repente, dándose cuenta de lo que significa eso. "Oh, claro."

"Es más que eso. Hace unos días…cuando este estado mío comenzó…tuve una visión. Se avecina…una era de crisis, conflictos y peligros, en el futuro. En el tiempo de mi sucesora."

"Oh, y tienes miedo de que los niños aparezcan en nuestro mundo cuando eso suceda, ¿No?" Supuso Katara.

"Eso es…exactamente lo que preocupa."

"Aang, yo no creo que eso vaya a ocurrir en los próximos años. Eso es poco probable que suceda." Expreso Sokka.

"Pero no significa que no sea imposible." Admitió Zuko.

"Sí. Tenemos mucha experiencia en ese tipo de cosas." Apoyo Toph.

"Amigos, quiero que me prometáis…ahora mismo, que en el caso de que eso llegue a pasar…" Empezó Aang.

"Tranquilo Aang. No temas nada. Sabes que jamás dejaríamos que nada malo les ocurriera. Siempre hemos cuidado de ellos y les protegimos de todo peligro," Afirmo Katara.

"A eso me refiero. Nosotros…somos los únicos…de nuestro mundo…que sabemos de ellos y su hogar, la verdad. Yo me estoy muriendo…y vosotros os haréis menos fuertes…a medida que pasen los años. Nuestro mundo ha cambiado mucho…y lo hará todavía más…en los próximos años. Es un lugar…muy peligroso para ellos. Si nuestros amigos llegan a nuestro mundo algún día… nosotros no estaremos aquí para protegerlos. Pero nuestras familias son fuertes…igual que lo será la nueva Avatar."

"Bueno, depende de cómo salga." Confeso Toph.

"Pero Aang. Para nuestros hijos, esas historias solo son cuentos que les contábamos cuando eran pequeños." Le recordó Katara.

"En ese caso, deberéis contarles la verdad…cuando llegue el momento." Contesto Aang.

"¿Cuál?" Pregunto Suki.

"Creedme. Cuando llegue…lo sabréis."

"Pues no estoy yo muy seguro respecto a eso." Expreso Sokka inseguro.

"Amigos, prométeme que estaréis atentos…a cualquier cosa extraña. Cualquier cosa…que revele que lo han conseguido…el llegar aquí…en nuestra busca. Sin importar…lo que vaya a ocurrir…a partir de entonces."

"Pero Aang. Yo…nosotros…" Dijo Katara, tratando de decir algo, pero no sabía que.

"Por favor, prometédmelo."

"Tranquilo amigo. Lo prometemos." Dijo Zuko, hablando por todos.

"Gracias."

Katara y el resto no estaban convencidos de que tal cosa fuera a pasar en el futuro, pero en lo que respecta a Piecito y sus amigos, Aang no se había equivocado nunca o casi nunca, de modo que…también eligieron creer en esas palabras.

"Aang, ¿de verdad…crees que pasara?" Pregunto Toph.

"Sí Toph. Estoy seguro de ello. Sé que…hallaran la forma…de llegar aquí. Y vendrán…por nosotros, porque…somos…familia. Su familia. Sé que…lo harán. Sé…que…lo harán."

Aang se sentía cada vez más débil, y sus amigos también lo veían. Y se ponían tristes sabiendo que no podían hacer nada para ayudar a su amigo, solo ver que estaba empeorando, mientras su esposa Katara lo abrazaba.

Varias semanas después.

Tras varios días de gran y delicada vigilancia y cuidado, llego el fatídico día. Unos días más tarde, tuvo lugar el funeral y entierro de Aang. Era un día nublado de nubes grises en la isla, y para algunos aquello simbolizaba o significaba que algo trágico había ocurrido, mientras que para otros solo era cosa del clima. Fueron muchos los que acudieron a darle sus últimos respetos al héroe que termino la Guerra de los 100 Años, entre los cuales estaban su esposa, sus hijos y sus amigos, toda su familia. Durante el evento, Katara le entrego a Tenzin el planeador de su padre para que lo cuidara y usara bien. Por supuesto, él lo acepto. Minutos después, mientras estaban todos sentados, un miembro de la Orden del Loto Blanco pronuncio unas palabras en frente de todos.

"El Avatar Aang, el héroe que puso fin a la Guerra de los 100 Años hace ya mucho tiempo, y quien trajo de nuevo el equilibrio al mundo…nos ha dejado. Ha llegado al final de su viaje. Durante su vida llevo a cabo muchas hazañas, y grandes logros. Restauro la paz, la armonía y el orden a lo largo y ancho del mundo, sanando lugares marcados por la tragedia e incontables vidas, junto con toda la gente que le siguió y permaneció a su lado, incluso con el paso de los años. Junto con el Señor del Fuego Zuko, convirtió las colonias de la Nación del Fuego en la hermosa y prospera tierra pacifica que ahora pisamos. Se que…parece muy triste que en el día de hoy…su tiempo en este mundo haya terminado. Pero no debemos hundirnos en la tristeza y el dolor de esta perdida, pues él no lo habría querido. Pues en el fondo, nadie se va del todo, como él dijo en varias ocasiones. Aang no querría que lamentáramos su ausencia, pues cuando algo llega a su fin, a su vez supone el principio de otro: Un nuevo comienzo. Así pues, y como todos lo sabemos e intuimos, el ciclo del Avatar vuelve a empezar, de igual forma que el ciclo de las estaciones. Como ha estado pasando, desde hace miles y miles de años. Reencarnándose de nuevo, una y otra vez, en su misión y deber de asegurar la protección y el proseguir de este mundo que nos pertenece a todos. Y seguirá siendo así; ocurriendo una y otra vez, por siempre. Y nosotros…debemos hacer igual: seguir su ejemplo y el de su gente, y hacer el mayor honor a su memoria."

Tiempo después de que finalizara el funeral, había alguien en la Isla Memorial de Aang, observando la estatua con gran pesar. Cierto maestro del aire…que sentía…como si tuviera ahora un gran peso sobre sus hombros.

"¡Tenzin! ¡Estas aquí!" Dijo una voz familiar por detrás suya.

Eran Sokka y Suki, quienes también acababan de llegar a la pequeña isla.

"Oh, hola Tío Sokka. Tía Suki." Saludo Tenzin, tratando de mantenerse formal, mientras los recibía con un abrazo.

"Te hemos estado buscando. Creíamos que te podría haber pasado algo."

"¿Estas bien, Tenzin?" Pregunto Suki preocupada.

Tenzin solo suspiró. Desde luego no estaba lo que se dice bien.

"Nada bien. No esperaba ver este día. Al menos, no tan pronto. Solo…hasta que fuera mucho más mayor." Dijo Tenzin cabizbajo.

"Sí, lo sabemos." Dijo Sokka poniendo una mano en el hombro de su sobrino, mostrándole su apoyo. "Tu padre…era mi mejor amigo. Era uno de los mejores maestros de los que he conocido."

"Y también…era una buena persona. Nunca cambio desde que éramos jóvenes. Y no he conocido a muchas personas que hayan hecho eso también." Añadió Suki.

"Puede que no nos creas. Pero…quizá seamos las únicas personas en el mundo que entienden por lo que estas pasando. Nosotros, tu madre y nuestros amigos."

"Más de lo que te imaginas."

"Sí, lo sé." Dijo Tenzin, dirigiendo al fin su mirada a sus tíos. "Gracias, por venir. Y por intentar animarme."

Los 3 se dispusieron a regresar al Templo del Aire de la Isla. Una vez allí, casi todo el mundo se había ido, mientras en la lejanía se empezaba a oír truenos.

"Es curioso. Es como si el mundo supiera que el Avatar ha fallecido. Por la pinta que tiene el cielo, este ambiente…no puede ser coincidencia." Expreso Tenzin, como si sintiera algo raro.

"Créeme, el planeta lo sabe. No es la primera vez que veo esto." Confeso Sokka, recordando una situación parecida, y de hace ya muchos años.

"¿Y cómo esta tu madre?" Pregunto Suki.

Tenzin se sentó en uno de los bancos del patio. "Destrozada. Creía…que estaba más preparada para esto, dado que estuvo con Papa durante todo el tiempo, pero…"

"Esta hundida. Sí, lo suponía."

"Para mi hermana Aang era el amor de su vida. No la había visto así desde hace mucho. Ha debido ser un duro golpe para ella. Para todos nosotros, pero sobre todo ella."

La pareja se quedó cabizbaja y en silencio durante unos instantes. Mientras Tenzin tenía la mirada fijada en el planeador de su padre.

"Y ahora… ¿Qué vais a hacer tú, Bumi y Kya?" Pregunto Sokka a Tenzin, sacándolo del trance. "¿Que va a ser de vosotros?"

"¿Nosotros? Bueno…" Empezó Tenzin. "Kya se ira con Mama al Polo Sur, a su antiguo hogar de la Tribu del Agua del Sur. Va a cuidar de ella. Y Bumi volverá con sus fuerzas en el ejército de Republica Unida. Ya lo han decidido, así de simple."

"¿Cómo?" Dijo Sokka algo incrédulo.

"¿Y qué vas a hacer tu?" Pregunto Suki.

"Me quedare aquí. En mi hogar, donde debo estar. Sé lo que tengo que hacer." Contesto Tenzin con determinación.

"No Tenzin, espera. Eh…esto no es lo que Aang quería. Dijo que debíais permanecer juntos." Dijo Sokka, recordándole lo que él y sus hermanos prometieron.

"Si lo hacéis, estaréis incumpliendo la promesa que le hicisteis a vuestro padre." Continuo Suki.

"¡Decídselo a mis supuestos hermano y hermana! He…he tratado de decírselo, de hacérselo ver, pero…" Protesto Tenzin algo enojado, pero de inmediato se calmó. Aunque seguía con una cara seria. "Bah, ¿qué más da? Cada uno va a su aire, hacen lo que quieren. Y no es nada nuevo, siempre ha sido así. Puede que así sea mejor."

"No puedes estar hablando en serio, Tenzin." Dijo Suki sorprendida. "Tu madre no querría esto tampoco."

"Lo sé. Pero por desgracia, tendrá que ser de esta forma. Por lo que parece, soy el único aquí coherente sobre la situación." Expreso Tenzin con suma sinceridad. "Esta isla es mi hogar: el hogar de mi familia. Pero Bumi y Kya ya han tomado ambos su decisión, por lo que…parece que todo depende de mí ahora. Ahora yo debo proteger esta isla y su sagrado significado, igual que Ciudad Republica. Puede que parezca que este solo aquí, pero eso cambiara. Y tengo a mi lado todo lo que queda de mi pueblo; los Nómadas del Aire originales, y su supervivencia es ahora responsabilidad mía, y la cumpliré sin vacilar ni dudar. Pues yo soy el legado de mi padre: el Avatar Aang. Y no le voy a fallar."

En aquel momento, Tenzin se sintió con la autoestima y la moral altas, y una gran confianza en sí mismo. Parecía tener claro cuál iba a ser su camino.

"Yo continuare lo que empezó. No dejare que sus esfuerzos hayan sido en vano. Seguiré por la senda que mi padre me ha enseñado hasta el final. Y algún día…conseguiré que su mayor sueño se haga realidad. No sé cómo ni cuándo, pero lo hare. Soy Tenzin, ultimo maestro del aire, y esta es mi promesa." Proclamo Tenzin.

Sokka y Suki quedaron atónitos ante lo que habían visto.

"Informare al consejo de Ciudad Republica sobre la situación actual. Vosotros ocupaos de encontrar al nuevo Avatar junto con el Loto Blanco. No os preocupéis, nosotros cuidaremos de la ciudad y su nación."

Dicho esto, Tenzin abrió el planeador y se preparó para volar. Sokka iba a decirle algo, pero él ya alzo el vuelo en un abrir y cerrar de ojos y se dirigió hacia la ciudad. Sokka solo puso dejar escapar un suspiro nada aliviador.

"Esto no me gusta. Esto no tenía que haber acabado así." Exclamo Sokka.

"Lo sé, Sokka. Pero ahora mismo no podemos hacer nada al respecto. Sea lo que sea lo que quería decir Tenzin, eso es algo que deben solucionar entre ellos." Concluyo Suki.

La pareja se marchó del patio y los terrenos del templo, hacia una de las zonas de los límites de la isla, donde estaban Toph y Zuko, observando cómo se acercaba cada vez más la tormenta.

"No puedo creer que se haya ido." Expreso Toph tristemente.

"Yo tampoco." Siguió Zuko. "Pero nosotros sabemos que eso está lejos de ser cierto. Aang estará siempre con nosotros. De una forma u otra, jamás se ira."

"Sí, lo sé. Pero, aun así, no puedes evitar tener la sensación de…como si el mundo se derrumbara por semejante perdida."

"Y ahora todo parece mucho más gris que nunca." Admitió Suki.

Los 4 se quedaron callados y en silencio. En el fondo ellos sabían cómo se sentían en realidad: doloridos por una perdida personal e irremplazable. Ante esto, a Sokka se le ocurrió algo para intentar animar sus espíritus.

"Eh Toph, ¿Te acuerdas cuando tú y Aang capturasteis a Yakone hace años? Menuda hazaña, ¿verdad?"

Toph dejo escapar algunas risas por eso. "Sí, aunque las cosas se volvieron más peliagudas de lo que esperábamos. Ojalá pudiera olvidar la horrible sensación del control de la sangre sobre mí."

"Yo también. Pero al final Aang le dejo bien clara las cosas a ese villano. De una forma que sí que no podría olvidar jamás."

"Una lástima que yo no estuviera allí. Podría haber ayudado a solucionar aquel incidente más deprisa." Expreso Suki.

"Hahaha, seguro que sí. Aunque…me alegro que al final no fuera así. Yo…no habría soportado verte en ese estado." Confeso Sokka mientras tocaba la mejilla de Suki gentilmente y con cariño.

El grupo se quedó mirando la Isla Memorial de Aang durante un buen rato, sin decir alguna palabra.

"Bueno, supongo que ahora…tendremos que volver cada uno por nuestros respectivos senderos de nuevo." Dijo Zuko.

"Sí, supongo que sí." Afirmo Toph. "En fin. Debo volver a la ciudad de inmediato. Ha sido bueno volver a veros, aunque hubiera preferido que fuera en circunstancias mejores que estas."

"Nosotros también. Y Toph." Empezó Zuko, haciendo que Toph se detuviera. "Siento mucho lo de tus hijas."

"Sí, ya nos hemos enterado." Apoyo Sokka.

"Ha debido ser muy duro." Continuo Suki.

"Para unos más que otros." Confeso Toph. "Está bien. Sé que Suyin está en buenas manos. Confió en que eso la guie por el buen camino. Y para Lin las cosas se han calmado, por ahora. Ha heredado bastante de mí."

"Es como si vieras a tu futura sucesora en el puesto, ¿no?" Pregunto Zuko interesado.

Toph simplemente sonrió. "Tal vez." Luego dirigió una última mirada a sus amigos. "Cuidaos todos. Va en serio."

Mientras se dirigía al puerto de la isla, Toph se detuvo por un instante y parecía como si mirara a la estatua de Aang, sin poder evitar derramar una lagrima.

"Descansa en paz, Pies Inquietos. Mi gran alumno." Declaro Toph haciendo una última reverencia en señal de respeto.

Y así sin más, se marchó. Ya solo quedaban 3 allí.

"Bueno, yo también debo irme. Esto me ha recordado algo igual de importante." Expreso Zuko. "Tengo que seguir enseñándole a Izumi las labores reales. Como futura Señora del Fuego debe estar preparada para sucederme en el trono, para cuando mi tiempo acabe."

"Lo entendemos, Zuko. Cuídate." Dijo Suki.

"Sí, vosotros también." Siguió Zuko.

Zuko fue a donde estaba su dragón esperándole para marcharse. Él también dio una última mirada al monumento de Aang antes de dar la señal para alzar el vuelo.

"Adiós, viejo amigo."

Acto seguido, se marcharon volando, de vuelta a la Nación del Fuego. Ya solo quedaban Sokka y Suki.

"Entonces…todo vuelve a empezar." Comenzó Suki. "Es decir, el ciclo del Avatar."

"Sí. Hay buenas y malas noticias respecto a ello. Lo bueno es que sabemos que nacerá en alguna parte de la Tribu del Agua. Lo que no sabemos es en cuál de las 2: la del norte o la del sur. Esas son las malas noticias." Dijo Sokka.

"Míralo de esta manera. A lo mejor el universo nos echa una mano y acaba apareciendo en la tribu del sur, en tu hogar natal."

"Puede ser, pero no podemos fiarnos. Los miembros del Loto Blanco ya han empezado a buscar alguna pista sobre la identidad del nuevo Avatar. La única pista que tenemos gracias a Aang es que será una niña, su sucesora. Y por la advertencia que nos dio, por los tiempos futuros amenazantes que vendrán, es fundamental que la encontremos cuanto antes."

"¿Cuánto antes? Cielo, ¿no crees que exageras un poco?"

"Cuando es un bebe es cuando es mucho más vulnerable. Y cualquiera que sepa sobre el ciclo del Avatar y sepa lo que ha pasado aquí, podría intentar anticiparse. Y me sé de unos que sí querrían quitarse de en medio al próximo Avatar."

"Sí, esa supuesta Orden del Loto Rojo. O quizás Yakone, si intenta vengarse de alguna forma." Sospecho Suki. "Entiendo lo que quieres decir. Me pondré en contacto con Ty Lee y mis antiguas compañeras de las Guerreras Kyoshi, a ver si pueden echarnos una mano."

"Vale. Yo le informare a Zuko sobre esto para que la Loto Blanca este lo más alerta posible. Que lo comuniquen a todos los sabios del mundo para reducir las posibles áreas de búsqueda."

"Sokka, ¿crees que esto servirá de algo?"

"La era del nuevo Avatar aún está lejos de empezar. Y aunque Aang se haya ido, seguimos siendo su equipo. Y si es cierto de que se acerca una gran época de crisis, debemos asegurarnos de que la nueva Avatar este lo mejor preparada posible para plantarle cara. Aun todo depende de nosotros. Al menos…hasta que empiece su entrenamiento. A partir de ahí, ella se encargará."

"Entiendo. Confiemos en que cumplirá con su destino."

"Lo hará. Es su deber." Dijo Sokka con determinación, antes de darle un beso a su mujer. "Vámonos."

La pareja se dirigió hacia el puerto de la isla, siendo los últimos en marcharse. Aunque sabían…que aún quedaba mucho por hacer. Ahora su principal y única misión, junto con los miembros del Loto Blanco, era encontrar y proteger al nuevo Avatar: la sucesora de Aang. Aquella quien caminaría por la senda del guardián del equilibrio del mundo, y quien seguiría los pasos de Aang en el futuro.

Muchos años después.

Tras pasar alguna que otra década después de aquella última reunión en la isla, tanto la pista de Aang como la intuición de Sokka resultaron ser correctas. Tras encontrar y asegurar a la nueva Avatar; Korra, en la Tribu del Agua del Sur con solo 4 años de edad, la Orden del Loto Blanco se ocupó de su entrenamiento en el ciclo de los elementos desde entonces en su sede del polo sur. En el patio de dicha base, muy por la mañana, estaba una joven muchacha vestida con atuendos de la Tribu del Agua practicando movimientos propios del control del fuego. Llevaba el pelo largo y recogido en 2 trenzas por delante y una coleta por atrás; esa era Korra. La joven, hecha ya una adolescente, había conseguido enmaestrar el control del agua y de la tierra, y ahora estaba entrenando con el control del fuego. Sus ejercicios de la mañana no pasaban desapercibidos para cierta maestra del agua anciana, la cual la observaba sonriente en la distancia y por arriba.

"Tiene muy buena pinta. Lo está haciendo bien." Dijo Katara.

"Tal vez. Sin embargo, ese también es el problema. Sigue usando únicamente la parte física del control elemental e ignora la parte espiritual. El Avatar Aang no se especializó en un único lado, dominó los 2. Y eso es exactamente también lo que debe hacer Korra si quiere avanzar en su entrenamiento." Dijo llegando un miembro del Loto Blanco, uno de los que descubrieron a Korra como la nueva Avatar hace muchos años atrás.

"Eso es porque Aang tuvo que entrenarse con prisas necesarias, en tiempos más duros y desesperados. Este siempre ha sido el lapso de tiempo normal y corriente en el entrenamiento de los Avatares, y cada Avatar es diferente."

"Sí, aunque no podemos ignorar el hecho de que su esposo dominó las artes en tiempo récord debido a dichas circunstancias, y a muy joven edad. Además, ese no es el único problema respecto a Korra. Es cierto que ha avanzado mucho en su formación. Y sus habilidades la han vuelto un tanto…arrogante. Ha desarrollado un gran ego respecto a sí misma, demasiado. Un defecto que su predecesor carecía. Y es preocupante."

"¿Cómo es eso?"

"Preocupante en que la haga pensar que puede hacer frente a cualquier cosa. Y eso puede hacerle correr muchos riesgos y que se ponga en peligro a propósito con la simple intención de mostrar y alardear de su poder y titulo. Y hemos visto que en muchos ejercicios tiene ciertos problemas de autocontrol."

"Todos empezamos siendo jóvenes e inexpertos, y adquirimos sabiduría y lecciones a través de las experiencias, a veces incluso aprendiendo por las malas. Son de esos errores de los que aprendemos. Ella no será una excepción."

"Espero que tenga razón, maestra Katara. Le va a hacer mucha falta, y a nosotros paciencia." Dijo el hombre antes de marcharse.

"Tranquilo. Ya veréis como vale la pena." Aseguro Katara mientras veía a Korra jugando con su mascota perro-oso polar Naga en su hora del descanso, antes de marcharse también.

Tiempo después, ella estaba de vuelta en su casa en paz y tranquilidad, sin saber que iba a tener una visita de lo más inesperada y agradable.

"Disculpe señora, ¿sabe dónde podemos encontrar por aquí a una gran maestra del agua de hace ya décadas y retirada?" Pregunto una voz masculina.

"Sí, especialmente una que el mundo parece haber olvidado lo grande que era en realidad." Continuo otra voz, esta vez femenina.

Ambas voces que venían de detrás de Katara le eran muy familiares. Y cuando se dio la vuelta, su corazón se llenó de alegría al ver a sus viejos amigos Zuko y Toph, tan mayores como ella, enfrente suya.

"¡Chicos! ¡Que sorpresa más grande!" Exclamo Katara alegrada de tal sorpresa y recibiendo a los 2 con los brazos abiertos.

"¡HUY! ¡Cuidado con esa fuerza tuya, Princesita! ¡La espalda en estos días es un peligro!" Aviso Toph por la fuerza del abrazo conjunto.

Esto le hizo mucha gracias a Katara y Zuko.

"No te recordaba yo tan sensible, Toph. ¿Acaso has perdido tu fortaleza legendaria?" Provoco Katara.

"Hahaha, más quisieras tu."

"Oh, como os he echado de menos."

Tiempo después, al caer la tarde, los 3 estaban sentados cómodamente en el patio, junto a unas vistas increíbles de la ciudad de la Tribu del Agua del Sur a lo lejos. Por primera vez en mucho tiempo, los 3 juntos se sintieron como en los viejos tiempos. Y eso sin duda les hacía felices.

"¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos vimos?" Pregunto Katara.

"Bastantes años. Ya ha pasado más de una década." Contesto Zuko.

"Es una lástima que Sokka y Suki también nos dejaran hace años." Lamento Toph.

"Pero no hay que dejar que las cosas malas del pasado nos depriman, sino alegrarnos por las cosas buenas que nos llegan en la vida." Intento animarlas Zuko.

"Sí. Como Aang solía decir muy a menudo." Recordó Katara.

"Sí, y por lo que he oído, parece que ahora tu supervisas el entrenamiento de su sucesora junto a la Loto Blanca."

"Sí, eso parece."

"He oído ciertas cosas sobre Korra. Me han dicho que tiene mucho potencial, y ya ha conseguido dominar el agua y la tierra."

"Y ha avanzado bastante con el fuego."

"No sé yo. Puede que a Aang le costara lo suyo, pero consiguió dominar los elementos a una edad más temprana y con buenos resultados. Sin embargo, he oído que Korra es un tanto orgullosa de sí misma y que alardea de sus capacidades y su status de Avatar. Puede que Pies Inquietos no fuera perfecto, pero nunca se comportó de una forma tan arrogante." Expreso Toph, no muy convencida de la supuesta sucesora de su viejo amigo.

"Es curioso. Eso me recuerda a cierta maestra ciega que se solía proclamar la mejor maestra de la tierra del mundo." Le recordó Katara.

"No es lo mismo. Al menos yo conocía los límites, y sabía que había cosas que podía aprender que antes no comprendía gracias a vosotros. Creo que Korra necesitara una buena dosis de sabiduría." Defendió Toph.

"¿Y vas a ser tu quien se la dé?" Pregunto Zuko.

"Hum…tal vez. Podría enseñarle algo de humildad, tras unas cuantas derrotas por parte mía."

"Ya te gustaría a ti." Señalo Katara.

Los 3 se rieron de esto último.

"Ella aun es joven. Ya aprenderá con el tiempo y la experiencia." Dijo Zuko.

"Bueno, ¿y tú que nos cuentas? Tienes mucha mejor cara que la última vez que te vimos. ¿Algún revuelto con el resto de la familia?" Pregunto Toph a Katara.

"Bueno, nada fuera de lo normal. Kya ha estado cuidándome todos estos años, y ha dedicado toda su vida a mi bienestar. A veces no está claro quién es la madre y quien la hija."

"¿Cómo, la has tenido encima tuya tanto tiempo? Menuda barbaridad." Expreso Toph algo sorprendida. "No me interpretes mal. Entiendo que cuando Aang falleció te quedaste muy afectada y ella se preocupó mucho por ti. Pero que solo se haya propuesto eso…En fin, creía que a estas alturas ella ya habría encontrado marido y habría sentado la cabeza."

"Hehehe sí, yo también se lo he dicho un montón de veces, pero ella dice que no se arrepiente de nada. Sí, la muerte de Aang fue muy dura. Pero cuando conocí a Korra, sentí…como si a la vez Aang hubiera regresado."

"¿Y que ahí de Bumi y Tenzin? Lo último que supe es que regreso con sus fuerzas en el ejército de las Naciones Unidas, justo donde mi nieto también sirve como general." Destaco Zuko.

"Lo sorprendente es que de Bumi parece que no hay mucho rastro. Estará bastante ocupado. Y en lo que respecta a Tenzin, es uno de los representantes del consejo de Ciudad Republica. ¿Y de vosotros? Hace un montón que no sé de vuestras respectivas familias. ¿Cómo va todo por allí?"

"Bueno, no hay mucho que contar. Me jubile hace tiempo, como podéis ver. Ahora vivo una vida tranquila, sabiendo que mis 2 hijas han encontrado su lugar en el mundo." Admitió Toph, echándose a la bartola en el suelo.

"Sí. Por lo que oí, Lin ahora te ha sucedido en la jefatura de policía de Ciudad Republica." Dijo Zuko.

"Y Suyin se ha superado fundando Zaofu." Siguió Katara.

"Sí. Es todo tal y como lo habéis dicho." Confirmo Toph. "Aunque aún…no sé si ellas se han reconciliado…tras el incidente. Pero sin duda Su ha montado su vida en Zaofu de lo lindo. Por lo que sé, ya tengo bastantes nietos y una nieta. La última vez que la vi apenas me llegaba a la cintura."

"Es magnifico. Como dije antes, mi nieto Iroh segundo es uno de los más destacados generales del ejército de Republica Unida. Y Izumi es una ejemplar Señora del Fuego, sin parecerse en nada a ninguno de mis predecesores. Y dado que la Nación del Fuego está en buenas manos, ahora estoy ejerciendo el lugar que tuvo mi tío en la Orden del Loto Blanco."

"Eso sí que no me lo esperaba. ¿Tu, Zuko, miembro oficial de la Orden del Loto Blanco?"

"Hahaha, Embajador Zuko en realidad."

"Tu tío estaría muy orgulloso de ti." Apoyo Katara.

"Solo intento…estar a la altura."

"Pues…me ha contado un pajarito que al parecer Tenzin ya no es el único maestro del aire. Espero no haberme equivocado." Dijo Toph.

"En absoluto. Ya hace años que yo también soy abuela de 3 pequeños maestros del aire, cada uno con alguna de las facetas de su abuelo. Y dentro de poco serán 4." Revelo Katara.

"¿Otro más? He, pues entonces ya estamos igualadas como abuelas."

El trio de ancianos volvieron a reírse por esto.

"Todo esto me hace pensar en lo lejos que hemos llegado. Incluyendo también a Aang." Confeso Katara.

"Sí. Parece que fue hace ya mucho tiempo. Desde hace décadas." Dijo Zuko.

"Y exactamente así ha sido, desde los viejos tiempos." Añadió Toph. "Aunque…hay cosas que cambian y otras que nunca lo hacen."

Los 3 se quedaron con la mirada fijada en la ciudad, allá en la lejanía y después arriba, hacia el firmamento y su mar de estrellas. Sin que nadie se diese cuenta, la tarde había pasado volando y ya había caído la noche. Aquella atmosfera le hizo regresar a los 3 viejos amigos un antiguo, valioso y muy querido recuerdo, aunque a la vez era un poco triste.

"Decidme, ¿aun pensáis en ellos?" Pregunto Zuko, algo que las 2 entendieron al instante.

"¿Los niños? ¿Y el Gran Valle?" Dedujo Katara, por su tono triste. Ella asintió con la cabeza. "Muchísimas veces."

Toph dejo salir un suspiro de lamento. "No hay ni un solo día, de un solo año, que no haya pensado en ellos. Echo de menos sus rostros, sus voces, sus risas, y ese paraíso puro natural suyo al que siempre nos dejaban llamar…hogar." Toph no pudo evitar soltar lágrimas.

"Yo también. Somos los únicos que conocimos de verdad su mundo. Todo eso aquí…serán solo leyendas de un mundo perdido." Añadió Zuko.

"No me importa lo que aquí la gente vaya a creerse. Nada de aquí puede compararse con aquella tierra. Y tal vez sea mejor así." Admitió Katara.

"¿Lo dices por lo que ocurrió aquel día? Sí, supongo que sí." Dijo Toph. "Supongo que nadie jamás sabrá cual iguales son humanos y dinosaurios."

"Porque somos una familia."

"Pero…me habría gustado que nuestros hijos y nietos los hubieran conocido de verdad, como lo hicimos nosotros. Que fueran algo más que cuentos que les contábamos…cuando eran niños." Confeso Zuko.

"Me pregunto si habrán notado nuestra larga ausencia. No estoy segura, conociendo como fluye de irregular y aleatorio el tiempo entre las barreras de nuestras épocas y mundos." Se pregunto Toph a sí misma.

"Seguro que sí. Por lo menos Piecito." Recordó Katara.

"He estado atento todos estos años a cualquier indicio que pudiera significar que lograron llegar aquí en nuestra búsqueda, tal como dijo Aang. Sin embargo, no habido suerte. Ni una sola señal de ningún dinosaurio en ninguna parte del mundo cuyas características coincidieran con los niños." Informo Zuko. "Quizás no hayan encontrado el modo de llegar aquí…todavía."

"¿Y qué pasa con todos los descubrimientos que hicimos durante nuestras ya muy pasadas excavaciones conjuntas? ¿No vamos a compartirlos con el mundo? ¿Van a quedarse guardadas donde nosotros sabemos para siempre? Así nuestro mundo jamás sabrá sobre los dinosaurios." Recordó Toph.

"Recuerda lo que nos contó Aang sobre la visión lejana que tuvo: una época de sucesivas crisis empezaría cuando su sucesora estuviera casi lista para comenzar a seguir sus pasos. No sabemos cuándo acabara ese periodo, pero lo sabremos cuando haya llegado el momento." Menciono Katara. "Esa será la señal para compartir con el mundo nuestros conocimientos de los dinosaurios."

Toph dejo escapar otro suspiro, en plan de derrota. "Vale. Pues avisadme cuando ese momento haya llegado para sacar todos los fósiles de aquel polvoriento almacén secreto nuestro."

Con todo hablado, los 3 continuaron sentados y relajados bajo el mar estrellado. Tenían claro que, tarde o temprano, su mundo conocería todo lo que ellos sabían sobre los dinosaurios, incluido sus legados. Y que, por la misma regla de 3, algún día, ellos y sus amigos del Gran Valle volverían a reencontrarse de nuevo. Solo debían creerlo, desde el fondo de sus corazones.

Postdata: En la parte del funeral de Aang, como música de ambiente, esta Goodbye Old Friend, de Godzilla KOTM.