Disclaimer: Todo es de Rumiko Takahashi.
Vale la pena
—Viñeta—
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El viento golpeó contra las hojas de los árboles y con su ráfaga, removió hasta el último ser con vida alrededor.
¿Realmente vale la pena? Después de todo, irse hace parte de la vida.
—Casi puedo verlo, InuYasha —la escuchó decir con su preciosísima voz avejentada. Porque era así: todo en Kagome era precioso. Años a su lado se lo habían demostrado con creces.
Las creces de amar a quien el destino te pone en frente.
—¿Qué es lo que puedes ver? —Le respondió después de un rato, con el corazón encogido como un puño. Estaba tratando de no temblar.
Ella sonrió, como normalmente lo hacía cuando se trataba de hablar de ambos, de sus sentimientos. Después de tanto camino juntos, había aprendido a conocerla de manera casi inhumana. Alguna vez pudo oír sus latidos cuando compartían el cuerpo, la vida… sus corazones estaban latiendo al mismo compás. Era increíble el grado de sincronización que tenían. Kagome era todo lo que él había merecido en la vida y más. Y le había dejado más de lo que cualquier ser podría pedir en la tierra: un amor incondicional que llevaba tatuado en el alma y una pequeña extensión de ambos llamada Moroha. Un doble filo, la combinación perfecta de los dos. Su pequeña. Estaría yendo todavía por alguna sacerdotisa que fuera capaz de salvar a su madre. Eso le dolió. InuYasha no despegó su ya madura mirada de su mujer. No podía perderse ni siquiera un pestañeo. La estrechó con más fuerza.
—Nuestro hilo rojo… —tosió apenas. La paz que estaba sintiendo en ese momento no podía compararse a ninguna. Los brazos de su amado la estrechaban con amor, con cobijo. Había sido realmente feliz— atado a nuestros dedos meñiques.
InuYasha dejó caer la primera lágrima en silencio. El viento de la noche de luna nueva a su alrededor movía los cabellos negros de él y los platinados de ella, casi como una burla irónica del destino, recostados en la pared del pozo devorador de huesos. Se negaba a dejarla ir todavía… aún no, solo habían compartido setenta años de su vida juntos, era cuestión de abrir y cerrar los ojos… ¡Todavía no había tenido suficiente de ella! Le apretó la mano libre, tan delicada que le costó pensar que no le haría daño.
Seguía siendo tan hermosa… sus ojos avellana repletos de lo único que le había dado desde el primer día en el que se habían conocido: amor. Un amor que quema y que ciega; que acaba con tus esquemas, que se queda marcado por dentro y por fuera; un amor que brinda un hogar. Kagome siempre había sido así.
Había sido todo para él.
—Nacimos destinados, Kagome —le confesó directamente, sin sonrojos, sin penas, sin ataduras. La escuchó sollozar bajito y volver a sonreír, con aquellas finísimas lágrimas brotando, haciendo un viaje inestable por las arrugas de su rostro— y siempre va a ser así.
—Entonces hay esperanzas —sabía que la hora había llegado, que tenía que despedirse—, de volvernos a encontrar —apretó con todas sus fuerzas las manos de su compañero y las lágrimas de este le mojaron la muñeca— los tres.
InuYasha negó apenas, cayendo en la realidad que su quietud le había impedido vivir segundos atrás.
—Todavía no es hora… —apretó los dientes, abrazándola y permitiendo que se encaje junto a su cuello—. Kagome… —los recuerdos de cada momento a su lado lo golpearon como balas. Todo a su alrededor se volvía borroso. La vida se le estaba yendo de las manos y él no podía hacer nada.
—Te amo, InuYasha —logró articular la anciana mujer, sintiendo que el corazón le avisaba ya los últimos latidos— y a mi pequeña Moroha.
—Kagome…
Después de todo, valía la pena morir si lo último que veías era la mirada cargada de afecto de la persona a quien has amado toda una vida.
Una cegadora luz los rodeó a ambos ante la cristalizada vista de la shihanyō, que observó la despedida inevitable de sus padres. Después de eso, el cuerpo rejuvenecido de su madre descansó pacífico entre los brazos de InuYasha, como si el tiempo no hubiera pasado. Como si todo se hubiera detenido, como si los años no se les hubieran escapado entre los dedos.
Vale la pena también cuando tienes la convicción de que volverás a encontrarte con quienes dejas en este mundo, con la promesa de que no has dicho adiós sino hasta luego.
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Tres de los fics que han influenciado esto:
All Hell Breaks Loose de I'm Iseul.
A ti, hace quinientos años de Lis-Sama
ASHITA NE NAREBA de MimichanMC.
Sobre el fic del fandom que me inspiró a escribir esto:
Todo está bien : ) de uwuxide [fic para el fandom de MLB].
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TaishaSelene ha llorado mucho con esto. Yo estaba muy triste mientras lo escribía, pero intenté transmitir paz. Tengo un problema con la muerte natural de Kagome, Sango y Miroku que tengo que superar.
Gracias por pasarse a leer.
