El Fin de los Tiempos.

Declaimer: Los personajes de Black Clover no me pertenecen, sino a su respectivo autor. Únicamente creo la historia con el fin de entretener a las personas lectoras.

.

.

.

En el ahora pacífico Reino del Trébol se respiraba calma, tranquilidad y esperanza tanto en la población central como en los caballeros. A tan solo 2 años después de vencer a los diablos, el reino se levantaba y reconstruía a paso lento, pero seguro.

En lo profundo del bosque, específicamente en su peculiar base, los Toros Negros se encontraban reunidos en lo que era quizá una de sus más importantes reuniones. El tema que se discutía era, a criterio del Capitán Yami Sukehiro, trascendental para que su unidad continuara manteniendo la seguridad del Reino.

-¡Escuchen!- gritó el Capitán mientras golpeaba fuertemente una de las paredes. Era el intento de controlar a sus salvajes subordinados que nuevamente hacían un escándalo y no le permitían captar la atención. Luego de formarse silencio continuó – El tema de hoy será: el destino vacacional de los Toros Negros. Como saben, gracias a la participación que tuvieron pateándole el trasero a esos diablos, no han otorgado un período de vacaciones de un mes. Denme ideas de a dónde ir.

-¡Empiezo yo! – levantó la mano el siempre eufórico Asta. – Podemos visitar mi pueblo. Ha crecido bastante.

-Descartado. Nadie quiere ir a una Iglesia de vacaciones. – negó el portador de la magia oscura.

-Visitemos a mi hermosa Marie. – sugirió el portador de la magia de espejos.

-Descartado…

Las diferentes proposiciones y sus negativas generaron como consecuencia inmediata que un escándalo reinara en la sala principal de la base. Nero se mantenía al margen de las peleas porque siendo sincera, a ella no le importaba para nada a qué lugar decidieran ir.

Antes de que las cosas se pusieran peor de fastidiosas, un golpe seco, seguido de la puerta principal cayendo sobre el Capitán, interrumpió la amena discusión. Los miembros de los Toros Negros se quedaron asombrados al notar a nada más que el Rey Mago, Julius, quien venía acompañado del resto de Capitanes de orden.

-Jaja…Mereoleona, creo que pudimos tocar la puerta. – indicó el rubio mirando con pena el golpe proporcionado a su fiel subordinado.

- Señor Julius, estos jóvenes siguen sin aprender. No iban a escuchar tocando la puerta gentilmente. – renegó la mayor de los Vermillion.

-Oi, qué no es muy temprano para andar visitando órdenes ajenas.- se quejó Yamil mientras se levantaba del suelo y se quitaba la puerta de encima.

-Yami, nuestras obligaciones como capitanes no tienen horarios. – afirmó Fuegoleon.

-Lo siento Yami, Toros Negros. Sin embargo, decidí reunir a todos aquí porque hay algo importante que quiero discutir con todos, especialmente con un miembro de los Toros Negros…Nero.

Al escuchar el nombre de la aludida, todos sin excepción voltearon a verla. Nero, aún sorprendida, se señaló así misma sin comprender.

-¿Qué sucede con ella? – preguntó Yami colocándose a su lado de forma protectora.

-No te preocupes, no es nada malo. O al menos eso espero. – comentó Julius causando aún más nerviosismo en los presentes.

-Señor, podría por favor explicarnos qué es eso tan importante de una vez por todas. – sugirió Nozel hastiado. La actitud seria del rey, sumado al hecho de señalar a la chiquilla esa – quien estuvo involucrada en el incidente de los elfos, dicho sea de paso – indicaban que el tema era grave; quizá de igual o mayor magnitud que los sucesos de hace 2 años.

-Claro jeje. – Julius carraspeó. – Como saben, en mis innumerables búsquedas en la biblioteca real, encontré este libro. – Nero abrió sus orbes rojizos identificando aquel objeto como el libro de descubrimientos del primer rey mago. – Mi antecesor llenó este libro con información vital. Sin embargo, hay algo que llamó poderosamente mi atención. En una de las páginas explica que, antes de entablar amistad con los elfos, conocieron a un "ángel". Los describe como seres increíblemente fuertes, con un poder mayor al que se pueda imaginar.

-¿Cree que sean más fuertes que los diablos?- preguntó el líder de las Águilas Plateadas con preocupación.

-Por la descripción que hizo de ellos, es probable que sí, o incluso más. – continuó el rubio con seriedad. – Según dice, tanto usted como el rey conocieron a uno, ¿cierto? – preguntó directamente a Nero.

La chica suspiró recordando de inmediato aquél terrible suceso ocurrido antes del ataque a los elfos.

-Sí. Su nombre era Serafina.

-¡Woa Nero! Has conocido a toda clase de gente poderosa. – exclamó con emoción Asta.

-Me temo que no es algo por lo que alegrarse. – comentó Julius con tristeza.

-Señor Julius, puede decirnos qué es eso tan grave. – sugirió Vangence.

-El Rey Mago mencionó, que tomaron la decisión de sellar al ángel, pero que el único fin era retardar la destrucción masiva que el ángel haría. ¿Tú fuiste quien la sello, no es así?

-Así es. Y el sello se romperá pronto. – comunicó Nero con simpleza. – Sin embargo, antes que nada quiero aclarar algo. Serafina no es un enemigo. Ella…

-Ella planea destruirlo todo. – Nozel finalizó la oración. Las anotaciones el primer rey mago eran suficiente para él, se trataba de un enemigo, nada más.

-Sí, pero no es por lo que creen. – refutó la chica de cabellos negros.

-Entonces, ¿cuál es la razón? – preguntó Yami soltando el humo de su cigarro.

-Ella nos explicó que cada ángel tiene una función. Siempre deben obedecerla sin importar las consecuencias. Serafina es el ángel protector de la humanidad, su trabajo es proteger a los débiles, combatir el mal. Cuando la sellé fue a su solicitud. Si para proteger a la humanidad debe destruirla, no tiene más remedio que hacerlo. ¡Ella no puede decidir!

La manera tan dolorosa con que la joven de cabellos negros explicó lo acontecido, preocupó aún más a los presentes.

-Aunque no tenga elección, me temo que su presencia es muy peligrosa, si cae en las manos equivocadas…

El Capitán de los Toros Negros, sintiendo algo de compasión por la chiquilla decidió intervenir.

-Señor Julius, entonces, ¿qué tal si vamos por ese ángel? Quizá si la contactamos primero logremos evitar que lo destruya todo.

-Es una potencial amenaza Yami, lo más recomendable es eliminarla antes de que despierte. – intervino Nozel con molestia. Él conocía perfectamente la debilidad que su compañero tenía hacia sus subordinados y, a pesar de estar agradecido por la ayuda brindada a Noelle, hablaban de una posible catástrofe que no podía pasarse por alto simplemente porque era amiga de la chiquilla. Es como si el incidente de los elfos no hubiera sido lección suficiente.

-¡No! Si trabajamos juntos, podemos hacer que se detenga. – intervino la chica. – Si le demostramos a Serafina que la humanidad es buena y ha cambiado ella podría detener la destrucción.

-Entiendo. ¿Es una posibilidad real? – preguntó el Rey.

Ante la afirmativa de Nero, en la base de los Toros Negros se acordó que, en una semana, todos los capitanes y la joven pájaro debían reunirse sin excepción en el castillo con el fin de viajar hasta donde el ángel se encontraba.

.

.

.

Una semana después.

En el castillo del Rey Mago, los ocho capitanes de orden se encontraban esperando la salida.

Nero se notaba visiblemente nerviosa. Se reprendió mentalmente el haber olvidado ese suceso tan importante, sin embargo, con todo lo que pasó no tuvo tiempo para pensar en la señorita Serafina.

Nozel observaba con interés las facciones de la chica pájaro. A pesar de la decisión tomada, él no estaba de acuerdo, por lo que se fijó tomar medidas extremas en caso de ser necesario.

Partieron en la ave creada mediante su magia y luego de dos días y medio de vuelo, llegaron a un profundo bosque ubicado en las colindancias entre el reino del Trébol y la Pica. Caminaron siguiendo a la pelinegra como guía. Entraron a lo profundo de unas ruinas inexploradas hasta que finalmente, Nero se detuvo frente a una estatua cubierta de vegetación.

Los capitanes y el rey detallaron con asombro la estatua de piedra. Parecía ser una mujer de largos cabellos y alas como las de las aves.

-Señorita Serafina. – murmuró Nero mientras se inclinaba con respeto.

-Es ella. Esperaremos aquí hasta que despierte. – ordenó Julius.

Se turnaron con el fin de estar atentos a cualquier movimiento del ángel. Mientras hacía su guardia, Nozel se encontraba de espaldas frente a la estatua. A escasos 3 metros de su posición, el grupo decidió armar el campamento. La finalidad de esto fue evitar levantar sospechas ya que al ser un grupo compuesto por capitanes y el propio Rey Mago, era más que obvio que se trataba de algo interesante.

De pronto, sintió pequeños sedimentos caer sobre su cabeza. Al voltearse, notó que la figura empezaba a resquebrajarse y pequeños rayos de luz se intensificaban a medida que las grietas crecían.

Cubrió sus orbes azules y una vez que la intensa luz cesó, quedó perplejo. Frente a él estaba una mujer con alas, de cabellos tan blancos que solo resaltaban bajo la luz de la luna. Su tez era tan blanca como la leche, sus ojos eran de un gris penetrante, tanto que no pudo quitar su mirada, sintió su alma ser absorbida por segundos. Se quedó embelesado ante la belleza de la mujer y solo reaccionó al notar que estaba completamente desnuda y que iba a desmayarse. La tomó en sus brazos evitando así el fuerte golpe. La notó visiblemente desorientada por lo que intuyó debía estar aturdida.

Escuchó los apresurados pasos de sus compañeros – probablemente ellos notaron la intensa luz – por lo que tomó su abrigo y cubrió rápidamente a la delicada joven que apenas se mantenía consiente.

-¡Señorita Serafina! – el grito de Nero avisó la llegada de los demás capitanes. La chica se acercó preocupada al cuerpo semi inerte.

-Nozel…- llamó Julius. El de cabellos plateados entendió a la perfección que aquello era una pregunta muda sobre lo sucedido.

-Se encuentra bien, solo está aturdida. Será mejor llevarla al campamento. – sugirió el mayor de los Silva. Con su magia creó una camilla para transportarla debido a que las enormes alas era un impedimento para sostenerla adecuadamente.

.

.

.

Minutos más tarde, todos se reunieron en torno a la mujer que dormitaba.

-Sí, efectivamente es una belleza. – mencionó el capitán de las mantis verdes.

El resto solo atinó a mirarlo con desaprobación.

En cuanto regresaron su mirada a la joven, notaron que esta estaba sentada, mirándolos tranquilamente. Serafina detalló un poco perdida en los humanos que la rodeaban, y en cuanto sus grises orbes identificaron a esa persona tan querida habló:

-S-Secre…- murmuró con una voz tan suave que parecía más una caricia.

-Señorita Serafina. – habló la joven preocupada.

-S-Secre…¿dónde estoy?

-Está en el lugar donde la sellé. Estas personas son amigos que vinieron a ayudarme.

-Señorita…- llamó la atención Julius mientras se acercaba. Ante de continuar, sintió la mano de la joven que se movió a una velocidad incluso mayor a la suya. Los demás solo se pusieron en guardia.

-Tú eres Julius Novachrono. Actual Rey Mago del Reino del Trébol y discípulo de…Lumiere – finalizó con una sonrisa cálida. – Ya veo, es una época distinta.

-Así es señorita Serafina. Todo ha cambiado mucho. – comentó Nero.

-La enana tiene razón. – intervino Yami soltando una bocanada de humo. – Solo miré a estas dos damas y la bestia que tenemos por aquí. Tienen el rango de capitán. – dijo refiriéndose a la Anegoleon.

-Oi, ¿a quién le dices bestia? Inútil. – renegó Mereoleona.

Charlotte se inclinó un poco al notar que el ángel estaba de pie frente a ella vistiendo el abrigo largo de Nozel.

-Señoritas…- habló con calma la joven. - ¿Han dejado las mujeres de ser esclavizadas? ¿Han dejado de verse como un objeto para la satisfacción de los hombres?

Ante la pregunta, Charlotte recordó que la subordinada de Yami fue enfática en que debían demostrar el cambio en el mundo para que el ángel no lo destruyera, es por eso que con firmeza respondió:

-Así es. Las mujeres nos hemos vuelto más fuertes incluso que nuestra contraparte masculina. Estamos acabando con las costumbres patriarcales y hemos obtenido un lugar codo a codo. – habló la Capitana de las Rosas Azules.

Yami sonrió por lo dicho.

-Incluso le pateamos el trasero a todos estos que ves aquí. – habló con orgullo Mereoleona ganándose miradas de reproche por el resto de Capitanes.

-Ya veo. – Acto seguido Serafina sacó una especie de ábaco y pasó una esfera al lado derecho.

-Señorita Serafina, venga con nosotros por favor. – sugirió Nero tomándola de la mano.

-Quiero invitarla a que venga al Reino del Trébol. Le ayudaremos con su meta, se lo aseguro. – sugirió Julius. Serafina miró a Nero con preocupación, pero ante la afirmativa de esta, optó por aceptar. – Ahora….debemos decidir con quien se quedará.

-¿Qué no es obvio? Debería quedarse con Nero. – comentó Dorothy señalando lo que su criterio era obvio.

-¿Nero? – preguntó Serafina confundida.

-A-Ah…es solo que en esta época me dieron ese nombre. Yo también me sellé tiempo después. Me convertí en ave y el chico que me encontró me dio ese nombre.

-Sería lo ideal, sin embargo, la base de los Toros Negros es la que está más lejos. Nozel, llévala a tu casa. – ordenó el Rey Mago causando impresión en todos los presentes.

-¿P-Perdón? -preguntó perplejo el Silva. Está bien, que el ángel lo haya embobado por unos segundos no significaba en lo absoluto que él dejara de verla como a un potencial enemigo.

.

.

.

Hola, hola…

Tenía planeado este fic desde hace bastante tiempo, pero hasta ahorita tuve tiempo de materializarlo. Espero que disfruten muchísimo ver al imperturbable Nozel -papasito sumirse en los caminos más pecaminosos XD

No olviden dejar sus reviews y darle mucho amor a la historia agregándola a sus favs.