ESPERANZA
Capitulo 1 El origen
Ann Hope Bitter era dueña de una cabellera increíble, larga, lacia, sedosa, brillante castaña color de niña. Su flequillo enmarcaba y contrastaba con su pálida tez que parecía de cerámica china sin defecto alguno. Sus ojos marrones protegidos por largas y abundantes pestañas expresaban una seguridad falsa, quien la viera directamente a los ojos podía darse cuenta después de unos minutos que realmente era tímida, a pesar de su hálito de chica de élite con su figura erguida y delgada siendo su estrecha cintura el segundo foco de atención al voltear a verla.
Su brillo al entrar a cualquier restaurant o baile de la alta sociedad de Chicago no podía ser opacado por nadie. Su trabajo filantrópico en familia era admirado por todos, cualquiera hubiera podido opinar que si el futuro candidato a alcalde o incluso a gobernador la desposara seguro ganaría el puesto, ella no solo tenía la pinta de primera dama, sino que si sabía trabajar en beneficio de los más necesitados sin perder su personalidad elegante.
Así la recuerdo, sobre todo con su vestido naranja, un color que nadie pudiera imaginar llevarlo pero ella sí, cualquier cosa le quedaba bien, esa noche del estreno de la obra de teatro en al que Terry Grandchester volvió a los escenarios, fue ella quien le tendió la mano, cuando nadie le daba un céntimo de confianza. Le ayudó a compilar una compañía con actores novatos pero con talento para montar una obra y de lo recaudado sería la mitad para la Casa Hogar de donde un día salió. Fue una noche especial, muchas cosas pasaron, entre ellas que tomaron una decisión muy importante que le costaría casi la vida o tal vez más.
Unos golpes en la puerta me trajeron de mi letargo, me acomodé en mi silla y dije con algo de nerviosismo - Adelante. La imagen de la mujer que entró con pasos débiles y ayudada por una enfermera era un fantasma de aquella chica, su larga cabellera era muy larga trenzada para poder caminar, no por nada los periódicos la nombraron la Rapunzel de Chicago, no había querido que le cortaran nada hasta no ver el milagro que había pedido. Los ojos hundidos, con ojeras casi moradas, la piel que algún día fue tersa tenía un dejo de amarillo y se había avejentado. Su cuerpo era esquelético y lo que expresaba con sus movimientos era que había sido despojada de toda su dignidad humana. Se sentó frente a mí como una niña que llevan a la dirección de la madre superiora. No me reconoció porque no levantó su mirada marrón que aún tenía algo de brillo. Callada,
-Ann ¿Cómo estás? - pregunté con voz suave al acercarme un poco hacia ella, para darle confianza pero no tanto para no atemorizarla.
Ella subió su cara a mi nivel y me vio a los ojos, pude descifrar que me buscaba en su mente, le parecía conocido.- Bien- dijo al fin sin encontrar respuesta en su memoria.
-¿Te tratan bien? ¿Estás cómoda en tu habitación?
-sí, pero no quiero estar encerrada, ¿lo entiende doctor? -dijo pausadamente.
-Claro, tendrás paseos por el jardín, pero serán algo cortos porque tu salud es lo primero recuerda que estamos en invierno y no queremos que adquieras una neumonía.
Nada puede ser peor de lo que me pasó, tal vez sería un alivio para mi alma
¿De verdad piensas así? ¿No quieres saber si hay noticias del Dr. Martin?
Por primera vez logré captar su atención, abrió los ojos como platos.
-Sí, sí, esa es mi única esperanza- la ternura llenó su mirada algo perdida y un hilo de sonrisa pudo dibujar en esa boca seca y enjuta- si perdón.
-Te voy a ser sincero Ann, mírame, ¿me reconoces? Soy David Rosenwald, fui tu compañero en el San Pablo.
- Si, tu tío es el dueño de las tiendas Sears… - cerró los ojos y frunció la boca. Asintió con la cabeza.
-Quiero que entiendas que estoy para ayudarte, estoy por entrevistarme con un doctor muy importante, pero necesito hacer tu expediente muy claro y que me digas todo, absolutamente todo de ti, ese expediente será usado en la corte. ¿Entiendes?
Respiró fuerte, meditó uno segundos.
-Qué más da.- dijo al subir los hombros resignada- Si salí en esos horribles periódicos de la manera más humillante, todo el país supo mi desgracia- dijo al soltar el llanto
- No será así, solo el juez y nosotros los médicos tenemos acceso a él. Nosotros te apoyaremos de manera positiva. ¿Quieres empezar?
-si.
-Señorita por favor tráiganle un té a Miss Bitter.
-Mrs Cronwall-dijo Annie casi en voz nula
-Si doctor- contestó la enfermera- en un segundo.
-Bien Annie, empecemos. ¿Cómo fue tu niñez? ¿Gustas recostarte?
-No así estoy bien, lo menos que pueda estar acostada, gracias.
-OK.
-El té - doctor Rosenwald-dijo la chica de apenas 20 años
- Gracias Señorita, puede tomar asiento en la sala y le hablo cuando la necesitemos.
La joven enfermera salió con toda discreción.
Bien David, mi historia es la siguiente: Mi madre fue Clarise Hope Blanchet, ella fue la menor de tres hermanas, las mayores fueron gemelas, Agnés y Bernardette. Ellas crecieron en el Sur, su padre un francés con suerte se casó con Anne Mcleod, hija de un dueño de una gran plantación. A pesar de que ya no había esclavitud, ellos tenían muchos trabajadores que se quedaron ahí. Agnés fue la primera en casarse con el hijo del dueño de la plantación vecina, un viudo con un hijo, acostumbrados a lo suyo, en su ambiente y sus ideas.- dijo levantando las cejas y con un dejo de resentimiento- Bernardette, se casó con Robert Bitter, un profesor en la Universidad de Chicago y se mudaron aquí.
-No entiendo si tú eres Bitter ¿porque dices que eres hija de Clarise?
Clarise se quedó bajo la tutela de Agnés cuando los abuelos murieron, era joven y se enamoró de…
¿De quién?
Del hijo de un trabajador de la plantación, él había nacido ya libre, pero aún había muchos prejuicios, lo consideraban incluso contra Dios, aun y cuando Ishaia Smith, estudiaba para reverendo… Fue tanta la presión que tuvieron que huir. Antes de hacerlo, Clarise tomó dinero de su fideicomiso, cosa que le pareció un robo a Agnés y su marido. Así que lo reportaron así, como un robo, entonces no solo huyeron, sino lo hicieron como fugitivos de la ley, hacia el oeste donde esperaban que su vida fuera más tranquila.
Entonces tú eres Anne Smith ¿no?
Así debería de ser. Isaha y Clarise se casaron para poder ser dueños de una tierra en el oeste, pero antes de partir, busque a Bernadette y Robert porque a pesar de todo Clarise quería la bendición de una de sus hermanas y así fue, ellos trataron de ayudarlos pero se negaron a recibir ayuda, solo querían sentirse apoyados por alguien. Camino allá, mi madre dio a luz en un vagón de tren- sonrió, suspiró y volvió a hablar- Ella enfermó y murió, mi padre no supo que hacer, por dos meses trató de criarme pero era muy difícil, puedes imaginarte… ¡un hombre negro con una niña blanca! jamás le creerían que fuera su hija. Así que decidió dejarme en la Casa Hogar, por desgracia, parece ser que fue detenido y por mucho tiempo trató de contactar a los Bitter para decirles que me recogieran y me llevaran con ellos.
Me recargué en el respaldo y titubeé para hacer la siguiente pregunta… ¿Y tu vida en la Casa Hogar fue difícil?
Claro que no- fue el momento más feliz de mi vida.-dijo con melancolía, suspiró, pensó por un momento y siguió con el relato- La noche que fui encontrada, según me contó la hermana María, fue en medio de una tormenta de nieve, al mismo tiempo también encontró a un bebé, que no tenía nombre, así que al leer la carta de mi padre y saber que yo me llamaba Anne Hope, ella decidió ponerle a la otra niña Candice Charity. Crecimos como hermanas bajo la tutela de la hermana María y de la Srita Pony, dos mujeres que se unieron para crear esa Casa Hogar.
Ah Candy, claro que la recuerdo era esa chica rubia de cabello rizado que se fue con Grandchester ¿no?
No, si… si es ella pero no se fue con Terry, viajó sola todo el tiempo hasta llegar a América.
Perdón, no estoy aquí para juzgar nada, fue anti-ético de mi parte. Solo repetí lo que escuché. No quise incomodarte.
Es terrible como se puede dañar alguien solo con afirmar unas palabras y la gente se queda con la idea de lo que no fue, sin embargo te juzgan por eso toda tu vida… y peor aun cuando tienes que cuidarte de ello siempre, del que dirán , de que te juzguen, vivir con el miedo de hacer algo "equivocado" a la sociedad y ser juzgado y señalado toda tu vida… ¿Y sabes? Te lo enseñan desde pequeños… .perdón es que tuve tanto tiempo para pensar, para analizarme, para analizar a los demás, para poner en duda tantas cosas que me fueron enseñada como si fueran la biblia… ese horrible miedo de no encajar, de no ser aceptada… tuve tantos días y noches para arrepentirme y no ser como Candy, si yo hubiera sido aunque sea la décima parte de lo que ella es… jamás, jamás, me hubiera pasado esto… - fue subiendo el tono de su voz hasta que ya no pudo más.
La alarma sonó para interrumpir la tensión.
-Eso es todo por hoy Annie, ¿puedo decirte así?
- Así me decían en el colegio. ¿Puedo salir al jardín?
-Claro pero solo un momento, recuerda estamos en enero… señorita por favor- grité para que vinieran por ella. La enfermera abrió la puerta pero esta vez tría una silla de ruedas, sus piernas no estaban tan fuertes para realizar el trayecto por si sola. Se sentó y acomodó con manos temblorosas su larga trenza que se podía enredar en círculo como una serpiente en su regazo.
-Espera, ¿Cómo supiste toda esa historia de tus padres?
-¿Quién más me la iba a dar?… El mismo diablo personificado… Agnés Bitter.
