Universo: Canon, época vikinga, antes de HTTYD 3.

Rating: K+

Genero: Aventura/un poco, casi nada de romance.

Resumen: Astrid es la general de Berk, y aunque en Berk es respetada tal y como se merece, fuera de este la gente solo la ve como la prometida de Hiccup Haddock.

Pero ya no más. No está vez. Iba a recuperar a su flota y el mapa, sin ayuda de su novio y su furia nocturna.

Alguien pidió algo así en Tumblr. Bueno, persona anglosajona que no conozco, aquí está xd

Tercera parte de la serie "Dragones: Jinetes de Rescate."


Astrid no pudo ocultar su disgusto, ni siquiera colocándose la careta. Estaba demasiado molesta, muy molesta, molesta de verdad.

Era la tercera vez que pasaba, ¡La tercera vez! ¡Por tercera vez! ¡Es que no podía ser tanta coincidencia! Era una burla, parecía que todos se reían de ella... ¡Agh!

Los jinetes guardaban silencio, a su lado, junto con los dragones. Los gemelos no sabían exactamente como romper el hielo, Snotlout trataba de no hacer movimientos bruscos (no quería morir tan joven y en medio del mar) y Fishlegs solo pensaba en los dragones que hacían salvado, unos diez dragones en perfecto estado, volando siguiendo al alfa. No iban ni Eret ni Valka, ambos se habían quedado en la aldea.

Hiccup, por su parte, estaba incómodo. Toothless de encontraba en una posición similar, sentía demasiado tenso el ambiente aunque la misión fue completamente exitosa; sentía los dedos de su amigo sobre la silla, dando golpecitos, ansioso, tratando de huir del sentimiento de culpa que lo carcomía por dentro. Si tan solo hubiese sido más rápido, quizá no estaría en tan bochornosa situación, Toothless se sentía igual, odiaba hacer enojar a Astrid.

Abrió la boca para decir algo, pero, ¿Qué podría decir? ¿"Lamento que haya pasado de nuevo"? Bueno, sí, podría decirlo, era mejor que: "lamento que otra vez te hayan derribado por mi culpa", sí...

—Eh...— balbuceó, todos se volvieron a Hiccup. Snotlout no se movió, todavía estaba en peligro, sería el segundo en morir, después de Hiccup, claro. Astrid fue la única que no se volvió, seguía cruzada de brazos, apretando los puños con furia.— Yo... Eh...— la garganta se le secó, oh no, ¿Y si disculparse empeoraba las cosas? A veces pasaba, en especial cuando ella estaba molesta con él. Pero ya había hablado, seguramente ella estaba esperando a que él dijera algo...— Bueno... ¿Cómo...?— se frenó, ¿En serio estaba a punto de preguntarle cómo se sentía? ¡Obviamente estaba molesta! ¡Rayos, Hiccup! ¡Piensa en otra cosa.— Quiero decir...

—Hiccup, cállate.— lo cortó la rubia, con un tono tan frío que el mismo Salvajibestia estaría celoso. Hiccup sintió que su corazón se encogía, ouch, Toothless sintió pena por su jinete, a veces Astrid podía ser muy... Complicada.

Nunca había estado enamorado, pero por lo que había observado, estar con alguien conllevaba momentos tan incómodos como este. Toothless intentó levantarle el ánimo, balanceándose de un lado a otro, Hiccup sonrió triste.

—Esta bien, amigo.— le susurró, palmeando la cabeza del dragón. Suspiró audiblemente, tratando de pensar en un plan, Astrid por su parte, chasqueó la lengua. Se sintió aliviado de ver Berk emerger frente a ellos.— Oh, llegamos.— anunció, tratando de dar su mejor sonrisa para los recién llegados (a Hiccup le encantaba hacer eso cada que traía dragones nuevos, hacer ese recorrido turístico y todo), se giró a los dragones y habló de forma animada.— ¡Esto es Berk!— anunció, pero no sonó tan bien como esperaba. Es decir, quería que sonara igual de jovial y emocionado que siempre, justo ahora sonaba un poco más apagado. — El secreto mejor guardado de... Cualquier parte, siéntanse cómodos de...

Stormfly se separó del grupo en ese momento, yendo a otro lado de la isla. Nadie dijo nada, Hiccup de repente ya no sabía que más decir, oh, eso la había afectado demasiado...

Pero no podía dejar a los dragones ahí. Suspiró de nuevo, cerró los ojos, tomándose un minuto para tranquilizarse, una vez estuvo seguro que no sonaría herido, volvió a hablar.

—Ah, sí, Berk. Eh, este... Es el mejor lugar para... Ya saben, tomarse unas vacaciones o vivir aquí para siempre, nosotros...

Continuó con el discurso de siempre, tratando de no desviarse mucho de lo que estaba diciendo. Fishlegs le ayudó, por su puesto, los gemelos hicieron lo que pudieron, intentando animarlo con chistes de su pierna (Eh, no, no fueron de mucha ayuda), hasta que llegaron al poste giratorio para aterrizar. Toothless aterrizó con gracia en el primer poste, esperando (Esta vez) bajar suavemente hasta el suelo, Hiccup lo había construido para que los dragones bajaran de forma ordenada, sin causar alboroto o dañar a algo o a alguien.

Pero le hacían falta unos ajustes, Toothless se fue bruces contra el suelo y Hiccup salió volando en dirección a un bebedero. Todos en la aldea miraron a los recién llegados, impasibles, Gobber suspirando y negando con la cabeza. Bueno, por lo menos esta vez eran pocos.

— Jefe, el poste de aterrizaje se daño.— murmuró un aldeano a Hiccup, quien salía mojado del bebedero. Con una ácida mirada, le respondió de forma sarcástica.

— Oh, no lo había notado.— se sacudió, genial, estaba mojado y Astrid estaba molesta, muy molesta. El día no podía ponerse peor... o sí, porque ahí venían Spitelout y Eret, seguramente con nuevas noticias sobre cosas que debía reparar, o con las cuales lidiar, por tercera vez en escena, Hiccup suspiró.— ¿Qué sucede?

El tono de su voz no era agradable como siempre, Eret titubeó, Spitelout, tan impasible como siempre, no.

— Hay problemas con todos los postes de aterrizaje, se han estado desarmando, y alguien está robando nuestras reservas de jamón.

Hiccup frunció el ceño.— ¿Están robándose el jamón?— preguntó, con cierto desagrado. — ¿Por qué?

— Ojala pudiera saberlo.— respondió el padre de Snotlout. Hiccup se sacudió el cabello, en un intento de secarlo. Por lo menos no había caído en el comedero, si no, olería a pescado todo el día.— Oh, y Bucket quiere que...

— No, ya le dije que he buscado a su oveja por toda la isla.— le interrumpió, agh, su armadura se sentía pesada por el agua. Recordó que él y Toothless habían peinado toda la isla, buscando a Espumita, la oveja de Bucket.— Dile que busque de nuevo en su corral, ahí debe de estar...

— No es la oveja.— negó Spitelout, Hiccup se volvió, hastiado.— Bueno, sí, pero no se perdió. Bucket quiere que le hagas un nuevo disfraz de dragón, dice que quiere que Espumita parezca un Gronckle.

— ¡Pero si acabo de hacerle uno de...! Bah, no importa, dile a Gobber que empiece a hacerle uno.— Hiccup esta vez se dirigió hacia Eret.— ¿Y tú? ¿Qué es?

— Eh, ¿qué es qué?— preguntó Eret, algo confundido, se distrajo al darse cuenta de que Astrid no estaba ahí. Luego lo recordó.— Ah, sí, cazadores cerca de Berk.

— ¿Qué tanto?

— Al norte, quizá a como a quince minutos en dragón. Son exploradores, no deben ser mas de dos barcos. — le informó, Hiccup miraba el poste, quizá funcionaría mejor con maderos un poco mas gruesos. Volvió su atención a Eret.— Iba a decirle a Astrid, pero, eh...

Valka y Gobber se acercaron, intrigados por la falta de la rubia.

— Sí, bueno, es complicado.— contestó Hiccup con una mueca, preocupando un poco a los recién llegados y a Eret.— Ella está bien, solo que...

— Pelearon.— adivinó Valka, Hiccup no quiso asentir. En realidad no, ellos no habían peleado.

— No, es mas algo que... le molestó.— pasó una mano detrás de su nuca, meneó la cabeza a ambos lados, estaba tenso.— Iré con ella cuando...

— ¿Está tan molesta que no quiso bajar con ustedes?— preguntó Gobber, alzando las cejas, muy a su pesar, Hiccup asintió.— ¡Aye! ¿Pues qué le molestó?— Gobber con solo ver el rostro de Hiccup lo supo.— Uh, ¿fue la pregunta de nuevo, verdad?

Hiccup asintió con pesadez, cerrando los ojos. Escuchó un estruendo, sin ver, le gritó a Toothless que por favor, controlara a los dragones para que no destruyeran la aldea.

— ¿Pregunta?— cuestionó Valka, sin entender a lo que Gobber se refería.— ¿Qué pregunta? ¿Es sobre casarse?

— ¡No diga la palabra prohibida!— llegó Tuffnut, corriendo junto a su gemela.— Está prohibida, Hiccup dijo que quien la pronunciara se ganaría un castigo.

— Yo no...— Hiccup se frenó, oh, es verdad.— Ah, sí, mamá, las palabras "boda", "casarse", y sus derivados están prohibidas.— le dijo a su madre. Valka frunció el ceño.

— ¿Por qué?

— Astrid y yo estamos algo fastidiados por ese tema, hay algunas personas...— miró a Gobber fijamente, este se encogió.— Que no paran de presionar sobre ese tema.

— ¡Solo es una sugerencia...!

— Es muy incómodo.

— Bueno, para empezar no debiste hacerle esa broma...

— ¡Ya pasaron meses de eso!

— Eh, no quiero interrumpir con esto.— interrumpió Eret, colocándose frente a Hiccup.— Pero son dos barcos, ¿vamos a por ellos o...?

— Envía al escuadrón A, ellos se encargarán mientras yo hablo con ella.— aseguró Hiccup, primero, debía quitarse la armadura. Después él y Toothless buscarían a Astrid.

— Sí, yo no lo haría.— habló Gobber, llamando la atención de Hiccup. —A veces con la chica Hofferson no es buena idea hablar en el momento, hay que dejar que se relaje un poco.

Hiccup hizo una mueca, Gobber tenía razón. Además, él también necesitaba relajarse un poco o por lo menos, enfriar un poco su cabeza también, distraerse con algo. Asintió, caminando en dirección a su casa, dispuesto a cambiarse.

—¡Jefe! ¡Que bueno que está aquí! ¡Mi terrible terror está...!

Bueno, se cambiaría después de bajar ese terrible terror de un pino.


Dos horas después, Hiccup resolvió que debía buscar a Astrid. Y llevarle algo de comer, seguro estaba hambrienta.

—Yo podría hablar con ella.— Sugirió Valka, con una sonrisa de esperanza en sus labios. A Hiccup le parecían tiernos todos los intentos que hacía su madre para caerle bien a Astrid (le recordaba un poco a él mismo tratando de hablarle a Astrid antes de Toothless, solo que está Astrid es mucho más amable), pero hasta él sabía que no era una buena idea. La rubia podía llegar a ser muy hiriente y si no estabas acostumbrado...

— Sí... Tal vez no sea una buena idea.— vaciló, viendo cómo esa tierna sonrisa caía. Después de esto, Hiccup hablaría con Astrid sobre su madre, le preguntaría de una vez por todas que es lo que le molestaba de ella.— Tranquila, hablaré con ella, no puede ser tan malo.— sonrió Hiccup, y antes de que llegara otra persona a pedirle algo con respecto a la aldea, se montó sobre Toothless.

No tardarón mucho en encontrarla, aunque Stormfly le avisó al alfa que bajarán con cuidado, que sean cautelosos. Hiccup recibió el mensaje aunque no hablaba dragonés, peor aún, cuando escuchó el sonido de la madera rompiéndose y gritos furiosos; se acercó al lugar de origen, repitiendo lo que le diría para no olvidarlo.

La vio ahí, en medio del claro, lanzando su hacha a las dianas ya casi deshechas en los árboles. Hizo una mueca, las marcas se veían profundas, ella en serio estaba molesta; se acercó, con cautela, tratando de no morir asesinado por ella.

—Ah, ¿Astrid?— preguntó con suavidad, tanteando el terreno. Creyó por un momento que no lo había oído, y cuando se dispuso a repetirlo, un hacha voló directamente a su cabeza.

Casi en acto de reflejo (uno entrenado por años) bajó la cabeza, el filo le pasó rozando, pero no cortó su cabello, seguramente Astrid había lanzado el hacha tantas veces que ahora, el arma ya no tenía nada de filo. Está se clavó de forma profunda en el árbol detrás de él, oh, ella era tan fuerte, Hiccup consideraba eso una de las cosas que más lo atraían de ella, solamente Astrid Hofferson podía lanzar un hacha sin filo, dar en en blanco, y lograr que se quedará profundamente clavada en un árbol.

Ella lo miraba con enojo, todavía presente, sus ojos estaban algo rojos también, pero (ya no) había presencia de lagrimas. Para reconfortarla un poco, Hiccup sonrió todavía cauteloso.

—¿Qué haces aquí?— preguntó ella, ¿Cómo se le ocurría venir? Casi lo mataba, por los dioses.

— Vine a ver cómo estabas..— Hiccup trataba de usar un tono tranquilo, incluso algo grave. Recordó la cesta que llevaba en la mano y añadió.—. Y también traje algo de comer, fue un largo camino y...

—¿Cómo te parece que me siento, Hiccup?— le interrumpió, acercándose a él a paso rápido, el aludido no se movió, tampoco titubeó.— ¿Te parece que estoy de ánimo para comer algo?

No.

— También estaba algo preocupado.— admitió Hiccup, Astrid flaqueó un poco, pero fue casi imperceptible. A veces lo odiaba, era como si siempre supiera que decir para hacer que el enojo se esfumara.— Lo que pasó allá, fue mi culpa. Lo siento.— se disculpó, haciendo sus típicos ademanes con las manos, adornando (sin querer) sus palabras.

— ¡Es que ni siquiera es tu culpa, Hiccup!— exclamó ella, dándole una patada al suelo, Hiccup se encogió, ah, que bueno que el hacha estaba clavada en un árbol.— ¡Así que no quiero que vuelvas a disculparte por esto!

— Bueno, es que...

—¡Es que nada!— bramó, llena de coraje.— ¡Estoy harta de esto! ¡¿Me entiendes?! ¡Harta!

Hiccup frunció los labios antes de responder.

— No es el fin del mundo, Astrid, podemos intentar otra táctica, cambiar de lugar, quizá deberías estar detrás de...

—¡¿Ah, si?! ¡¿Y ahora dónde vas a ocultarme, eh?!— preguntó sentía que estaba sacando veneno de su boca.— ¿¡Detrás de Fishlegs!?

— Sabes que no es que quiera ocultarte, esto me molesta tanto como a ti.— la consoló, buscando acercarse a ella, mínimo para darle un abrazo o obligarla a mirarlo.— Es solo que me preocupo por ti, si te pasará algo yo nunca podría perdonármelo.

Eso la relajó un poco más, ay, Hiccup. Siempre tan dulce.

— Ya lo sé.— suspiró ella, evitando su mirada.— Pero ese es mi trabajo. Yo soy la que debe asegurarse de que estés bien, soy tu General, yo te cuido siempre. — se señaló a si misma. La trenza que siempre llevaba reposaba algo suelta en su hombro, producto del esfuerzo den lanzamiento de hacha.— No puedes seguir cuidándome, es como si yo fuera una nueva especie de dragón y tú fueras, no sé, Fishlegs.— soltó, colocando sus manos en jarras, negando con la cabeza y aún sin querer mirarlo, Hiccup casi suelta una carcajada, en cambio, solo sonrió.

— Esa es una buena comparación.— apuntó Hiccup, en un intento de hacerla sonreír. Funcionó brevemente, logró que esbozara una pequeña sonrisa.

— Es en serio.— repuso ella, Hiccup asintió.— Entiendo que quieras cuidarme, pero...— suspiró, ¿cómo decirlo sin hacerlo sentir mal? Claro que le gustaba que Hiccup la cuidara de vez en cuando, le encantaba luchar junto a él. Pero detestaba cuando él tenia que salvarla.— No lo sé... Siempre sucede lo mismo, llegamos a este lugar, con los barcos, vemos a los dragones, los liberamos y en algún punto llega este cazador y "me captura", ¡solo a mí! ¡Hoy Ruffnut estaba a lado mio y a ella la dejaron huir!— relató, volviendo a su estado de furia, a diferencia de Hiccup, ella no hacía tantos movimientos con las manos cuando hablaba, mucho menos cuando estaba enojada; el único vicio que tenía era el caminar de un lado a otro, con pisadas pesadas. Hiccup la miraba atentamente, dejándola desahogarse.— ¡¿Y sabes por qué la dejaron huir?!— le preguntó de forma retorica, Hiccup se encogió de hombros.— Para que te avisara que me capturaron, saben que estamos juntos y se aprovechan de eso, ¡lo saben!

No había sido su mejor idea besarse en medio del campo de batalla esa vez que fueron al este. Pero, bueno, lo hecho hecho esta, ahora debían afrontar lo que conllevaba eso. Y entre las consecuencias, estaba que a Astrid la iban a capturar mas veces.

— Y eso no es lo peor, lo peor es esa maldita pregunta...— dijo entre dientes, le dio otra patada al suelo, estaba roja de coraje.— ¡Es tan cliché! ¡Y tan molesta! ¡Esta este sujeto, me pone su hacha en el cuello y cuando te ve dice: "Oh, Hiccup Haddock, ¿que eliges? ¿a tu linda novia o a tu dragón?"— imitó la voz babosa de un hombre, Hiccup hizo una mueca, la verdad es que nunca había contestado esa pregunta, usualmente llegaba algo antes de contestar. Se preguntó por un momento si a Astrid le molestaba también el no saber la respuesta.— Y no es que me importe la respuesta ni nada, pero, ¿acaso has visto como me miran? ¿tienes idea de cuantas veces me subestiman? Creen que por ser tu novia soy frágil y delicada... Y nunca me toman en serio... — Hiccup estuvo a punto de replicar, pero Astrid se le adelantó.— No, solo lo hacen después de que les pateo el trasero, y aún así...— inhaló profundo, la garganta empezaba a dolerle, no quería llorar por eso (no otra vez), pero le podía tanto...— Sé lo que dicen de mí, sé que ellos creen que tengo mi puesto solo porque estoy contigo, y es tan... humillante.— la voz se le quebró al decir lo ultimo, cubrió su rostro con ambas manos. detrás de ellos, Toothless y Stormfly le miraban, ambos con pena, sin saber que hacer.

Hiccup se acercó con cautela, antes de rodearla con sus brazos. Era raro ver a Astrid llorar, pero cuando pasaba se le rompía el corazón, ella se dejó hacer, recargando su cabeza en su pecho.

— Me he esforzado demasiado por este puesto.— dijo entre sollozos, Hiccup asintió.— Entrené toda mi vida, esto era lo que quería hacer...— levantó la cabeza, sentía que su cara estaba hecha un lío, con el cabello despeinado, el rostro enrojecido, y con surcos de lagrimas. Odiaba verse así, tan débil.— ¿Tú... no lo hiciste, verdad?— inquirió, Hiccup la miró con confusión.— Elegirme como general, solo porque estamos juntos.

— ¡Claro que no!— respondió al instante.— Eres la persona mas fuerte que conozco, Astrid, incluso si nunca hubiésemos hablado mas de dos veces, o aún si nunca me hubieras gustado, te hubiera nombrado a ti. Sé perfectamente de lo que eres capaz, nadie lidera al equipo mejor que tú, eres Astrid Hofferson, todo Berk preferiría que tu fueras el jefe, créeme.— aseguró, levantándole un poco el animo. Aunque, sí, muchos esperaban su boda por eso mismo, entre ellos Gobber, Hiccup no entendía exactamente como eso cambiaría las cosas, pero, bueno...— Si ellos no pueden ver todo eso, entonces son unos cabezas de carnero. Y si hay algo en lo que pueda ayudar, lo haré.

Astrid negó con la cabeza.— No lo sé, dudo mucho que puedas hacer algo.— ella negó con la cabeza, para luego separarse. Suspiró, al tiempo en que llegaba su dragón a consolarle, Astrid acaricio el hocico del Nadder con mimo, Toothless también se acercó a ella, dispuesto a mostrarle su apoyo.— Gracias, chicos.— susurró. Reparó en la cesta de comida y sonrió.— ¿Qué trajiste para mi?

— Creo que es pollo...— respondió Hiccup, colocando su mano en la barbilla. Astrid soltó una carcajada.


Ya era el atardecer cuando volvieron. Astrid notó que la aldea los miraba con ternura y algo de impaciencia. No, no iba a haber una boda este año... y estaba segura que próximo tampoco; pero también noto algo mas... algo andaba mal. Hiccup y Toothless lo notaron también.

— ¡Astrid!— la llamó Eret, esta dio un sobresalto. Oh no, usualmente Eret siempre llamaba a Hiccup primero y luego a ella.— ¡Finalmente...!— corrió hasta ellos, Astrid frunció el ceño.— ¡Es la tropa de Gustav!— ni bien dijo eso, Astrid abrió los ojos con preocupación.— Los atrapó ese barco, el que dije que eran exploradores, ¿recuerdas?— le dijo a Hiccup, este asintió, mientras le decía a alguien que le trajeran su armadura.— Bueno, se les unieron mas barcos a la fiesta, y...— Eret hizo una mueca, apenado, preocupando todavía mas a Astrid.— Los tienen.

Astrid parpadeó un par de veces, miró al suelo, tratando de pensar en qué hacer, mientras Hiccup reunía al resto de los jinetes. Asintió y le agradeció a Eret, antes de unirsele a Hiccup.

— ¿Hace cuanto fue eso?

— No lo sé, como media hora.— respondió Eret. Hiccup estaba colocándose la armadura de nuevo, a la par que observaba de posibles bases de cazadores, se le ocurrían por lo menos unas cinco bases cercanas, Astrid fue mas allá.

— ¿Había algún símbolo? ¿Mandaron algún mensaje?— preguntó, también observando el mapa.

— Solo un símbolo en una de las velas.

Eret dibujó el símbolo nuevo, para después mostrárselo a la general y al jefe. Ambos lo vieron con detenimiento por unos segundos y luego volvieron al mapa.

— Es de Griselda.— descifró Hiccup, era una cazadora de dragones todavía algo pequeña, pero fuerte después de todo. Le habían robado algunos dragones en esas semanas, y ella también había hecho la dichosa pregunta.

— ¿Griselda The Grevious?— preguntó Eret, la conocía muy poco en realidad. Solo sabía que no era muy agradable y que siempre estaba de mal humor.

— Bueno, no esta lejos, andando.— cortó Astrid, para después guardar el mapa en su armadura, Hiccup por su parte, montó a Toothless.

— ¿Otra misión? ¿Tan pronto?— preguntó Ruffnut con un mohín. Caminó con pesadez hacía su dragón.— Ay, es muy repentino...

No tardaron demasiado en llegar, localizaron la flota rápidamente, eran unos cinco barcos, todos con catapultas y flechas. Aguardaron a una buena distancia, refugiándose entre las nubes, era momento de pensar en un plan, esta vez iban Eret, Valka y Gobber.

— Muy bien, Astrid y yo iremos al frente, los gemelos a los lados, Tuff, Ruff, necesito que hagan todo el alboroto que puedan.— empezó Hiccup, sabía que podía repetirse lo mismo que había pasado esa tarde, pero no podía ceder, Astrid tenía razón, ese era su lugar y no iba a sacrificar eso.

— ¡Entendido!— respondieron los dos gemelos al mismo tiempo.

— Mamá, tú cubrirás a Fishlegs, Snotlout, enciende a Hookfang y asustalos un poco, busca en los barcos a la tropa de Gustav.

— Meh, soy bueno asustando.

— Y Eret...— reparó en Eret, se rascó la cabeza, lo que iba a decir no le iba a gustar mucho a Astrid.— Cubre a...— sacudió la cabeza, no, no.— Cubrenos.— se corrigió, Eret asintió un poco confuso por la orden.— Fishlegs, asegurate que todos los dragones del escuadrón estén bien.

— Claro.— Fishlegs elevó sus pulgares afirmativamente.

— Bien, ¿Listos?

— ¡Listos!

Todos bajaron en dirección a la flota de Griselda, Toothless tratando de localizar a los dragones de Berk, Stormfly olfateando el olor de Gustav, Astrid alargaba el cuello, tratando de localizar a su tropa, pero solo veía a cazadores preparándose para derribarlos, gritando "Furia nocturna".

— ¡No vamos a encontrarlos desde aquí arriba!— avisó Astrid, una vez le dio la vuelta a toda la flota, abajo, los cazadores ya empezaban a tratar de decidir en qué sería mas fácil, dispararle al furia nocturna o a ella.— ¡Deben tenerlos en las bodegas del barco!

Hiccup se mordió la parte interior de su mejilla.

— Bueno, entonces creo que tenemos que bajar.— Hiccup miró abajo, las catapultas estaban listas. Ugh.

Astrid negó con la cabeza, miraba en otra dirección. Hiccup alzó la cabeza, curioso, ella señaló algo en el horizonte, al verlo, el jinete abrió los ojos tanto, que parecía que se le iban a salir de las órbitas.

Barcos, cada vez eran más, quizá toda la flota de Griselda (o quien sabe, tal vez ella había pedido apoyo a otros cazadores), todos preparados y listos para atacar. Tragó saliva, dándose cuenta de la verdad: Era una trampa, los habían atraído hasta allí para atraparlos.

Mientras Hiccup trataba de procesarlo, Astrid se movió, llamó a los otros jinetes con un silbido, pero solo sirvió para alertar a Eret y a Snotlout. Ambos se dieron cuenta del engaño y corrieron a advertir a los otros, Toothless, por su parte, le ordenó a todos los dragones de los jinetes subir, subir lo mas alto, sin cuestionar. Los gemelos, tuvieron que sostenerse de donde fuese, ya que Barf y Belch casi los hacen caer al vacío, Hiccup volvió de su sorpresa, lo más prudente era irse y pensar en un mejor plan, uno que no involucrara disfraces (o bueno, quien sabe...), rescatar a la tropa de Gustav era importante, pero si se quedaban, los atraparían a todos.

— Debemos irnos.— resolvió Hiccup, Astrid le regresó la mirada, desconcertada, luego regresó la mirada al barco de abajo.— Astrid...

— Debo ir por ellos.— murmuró Astrid, luego le regresó la mirada, estaba preocupada. Los demás se les unieron, Tuffnut colgando de Belch, apenas y pudo sostenerse de él.— Hiccup, debo ir por mi tropa ellos...

— Iremos por ellos más tarde, primero necesitamos un plan, no podemos...— empezó, antes de darse cuenta que no importaba lo que dijera, no iba a poder convencer a Astrid. Ella nunca dejaba a nadie atrás, en especial a alguien de su escuadrón.— Astrid, no...

— Tú ve con los demás de regreso a Berk, protejan la aldea, yo iré por ellos.— dijo, muy decidida, Hiccup tragó saliva, volviendo la vista a los barcos, que lanzaban rocas en llamas, pero estas apenas y les rozaban, estaban demasiado arriba. Debían tomar una decisión o se les haría cada vez mas difícil respirar a tal altura.— Los seguiré hasta, no sé, el muelle o hasta donde deban llegar. Una vez ahí, los liberaré y traeré a los dragones que ella tenga...

— Es peligroso.— contradijo Hiccup, negando con la cabeza. Si bien, estaba acostumbrado a la poca cantidad de oxigeno que había a grandes alturas, los demás tal vez no tanto, Eret empezaba a ponerse un poco pálido.— Hay que regresar y...

— Es mi escuadrón, son mis hombres.— reprochó Astrid, terca como siempre. Hiccup frunció el ceño.— Tengo que ir por ellos...

— No quiero que te capturen.— susurró Hiccup, sonando tan vulnerable que Astrid casi cambia de opinión, realmente estaba preocupado. Había una razón por la que no quería que ninguno de los jinetes fuera solo a misiones, y ese era su miedo de perder a alguien mas.

— No lo harán.— le consoló, esta vez usando una voz mucho mas suave. Le regaló una sonrisa de consuelo.— Nadie puede capturarme, recuerda lo que dijiste.— usó algo de soberbia en su voz, para tratar de animarlo, Hiccup suspiró. Los demás se miraban entre sí, sin saber exactamente que hacer; los primeros jinetes sabían que no era buena idea meterse en la conversación, Valka estuvo a punto de interferir, se iba a ofrecer a acompañar a Astrid, hasta que ella volvió a hablar.— Escucha, si no vuelvo mañana al amanecer, entonces puedes ir y rescatarme.

Hiccup sonrió, medio convencido.

— No tardes demasiado.— le dijo, antes de volverse a los jinetes.— Vámonos antes de que Eret se desmaye, muchachos.— ordenó, los demás asintieron, no muy convencidos, Valka titubeo un poco, aun sin saber que hacer, parecía que iba a decir algo, pero terminó arrepintiéndose y acompañando a los demás.— Solo hasta el amanecer.— condicionó el jinete, Astrid asintió solemne.— Yo... cuídate mucho.— le pidió, Toothless voló hacia Stormfly, también deseando lo mismo.

— Sabes que lo haré.— repuso ella, extendió la mano para tomar la del castaño, podía sentir su tacto a través de los guantes de cuero, esta calidez se le extendió por todo el cuerpo, anulando el frio a su alrededor.— Traeré a mis hombres y a todos los dragones que tenga Griselda, todo antes del amanecer... Oh, y tu mapa.— le sonrió, orgullosa, señalando su pecho, donde llevaba el mapa. Hiccup asintió, sonriendo también.— Te lo prometo... Debo irme antes de que...

— Lo sé.— la interrumpió, abajo, los barcos empezaban a avanzar de nuevo, en vista de la retirada de los jinetes, unos cuantos barcos trataban de seguirlos a toda velocidad, dispuestos a descubrir donde estaba Berk. Hiccup no se los permitiría, por su puesto.— Te... te amo.

Astrid se sonrojó. Últimamente, a Hiccup le encantaba decirlo y a ella escucharlo.

— Y yo a ti.— respondió antes de seguir a los barcos, soltando su mano.

Hiccup no dejó de verla hasta que escuchó a los gemelos explotando uno de los barcos.


No era tan fácil pasar desapercibida entre las nubes, a los que mejor les salía ese truco era a Hiccup y a Toothless, de todas formas, funcionaba bastante bien en ella y Stormfly, ya que no les habían visto todavía. Llevaban tiempo volando, Astrid trataba de recordar en que parte del mapa estaban, probablemente más al norte, un poco al este; ambas bajaban de vez en cuando, para que Astrid pudiera respirar aire un poco mas cálido.

Los barcos tomaban diferentes rutas, Astrid se preguntó porqué, podría ser una buena táctica para despistar, pero, ¿a quién buscaban despistar? A ella no, era imposible que la vieran... cuando solo quedó el barco principal, Astrid vio su oportunidad.

— Muy bien, nena, es hora de traer a mis muchachos a casa.— le susurró a su dragón, Stormfly bajó lentamente, Astrid entrecerró los ojos, estaba casi segura que estaban ahí, ¿dónde más si no? Tembló con la diferencia de temperatura. Bien, el plan era el siguiente: solo era un barco, por lo que ella podía aterrizar en el barco, llevaba su hacha, noquearía a unos cuantos y luego...

¡Proyectil!

— ¡Arriba, Stormfly!— gritó en un susurro. Nuevo plan: aterrizar sin Stormfly en la cubierta, luego noquear gente. Se giró, estaba sola, ningún barco a la vista.— ¡Vamos, vamos!

Jadeó, encogiéndose entre las salientes de la Nadder. Sin despegar la vista del barco, bajando poco a poco, los proyectiles emitían demasiada luz, trataba de que eso no la pusiera nerviosa, (no te vas a quedar ciega, no te vas a quedar ciega, no te...), respiró hondo. Stormfly aumentó la velocidad, Astrid se irguió, lista para saltar a la cubierta, con el hacha en su mano...

El fuego del proyectil le pasó volando por encima de la cabeza, la hizo trastabillar un poco, volvió a sus propio pie, hasta que una flecha le dio en la pierna. Ugh. Resbaló y cayó al vacío, gritando el nombre de su dragón, cerró los ojos antes de entrar al agua, la espuma rodeándola, haciéndole cosquillas, el casco flotó lejos de su cabeza. Trató de nadar a la superficie, un dolor en la pierna frenó un poco la intensidad de sus patadas.

No era grave, por lo menos no sentía la flecha clavada, eso era buena señal. Recordó a Stormfly, por lo que redobló los esfuerzos por salir a la superficie, estaba a punto de romper la quietud de la superficie del agua cuando un par de garras la tomó por los hombros, sacándola del agua. Astrid tomó una bocanada de aire, apartándose el cabello de la cara, parpadeó, tratando de mirar a su salvadora. Stormfly gorjeó, Astrid sintió alivio instantáneo.

— ¡Stormfly...!— jadeó, todavía estaban en el agua. El barco se alejaba a toda velocidad, probablemente festejando que la habían derribado, apretó los dientes.— No podemos volar, definitivamente no.— habló consigo misma, para volver con su dragón. Había algo mal, no estaba bien, ¿por qué no derribaron a Stormfly también? ¿Por qué no volver por ella?

Mínimo capturarla para hacer ese teatro de "¿que prefieres Hiccup Haddock...?", pero no, el barco se alejaba lentamente. Una vez estuvo a una distancia razonable, Astrid cambio de plan: bien, el plan de la ofensiva definitivamente no funcionaria. Si lo que querían era que los siguiera, ella lo haría.

— Vamos, nena.— le susurró a su dragón nadando en su dirección, con algo de trabajo se subió en su lomo, la armadura de escamas era pesada cuando estaba mojada. Dejarla en altamar no era una opción, de pura suerte encontró su casco flotando por ahí, lo tomó entre sus manos y le pidió a la Nadder volar bajo, hacer eso las salvaría de las catapultas, pero no de las flechas.

Astrid trataba de localizar el lugar, no se parecía a ningún sitio en donde ella o Hiccup hubiesen estado antes. Era una isla, con una montaña repleta de arboles, el muelle estaba repleto de cazadores (por lo poco que podía ver, tenía los ojos llenos de sal y algo irritados), por lo que decidió elevarse para buscar una playa un poco mas solitaria. Le dolía la pierna, además, parar un momento le permitiría crear un nuevo plan y observar el mapa de Hiccup (que esperaba, no estuviese hecho una sopa). Encontraron una, Astrid empuñó de nuevo su hacha, lista para atacar en caso de una emboscada, Stormfly también se puso en posición de pelea, lista para defender a su jinete.

Aterrizó con gracia, como siempre. La arena era gruesa, casi parecían rocas pequeñas en vez de la suave arena a la que estaba acostumbrada, crujía demasiado bajo sus pies; esperó...

Uno...

Nada, todo seguía tranquilo. Avanzó otro paso.

Dos...

Camino con lentitud, escudriñando con la mirada el entorno. El viento movía las hojas, pero nada más.

Tres...

Estaba a la mitad de la playa, su Nadder estuvo a punto de seguirla, pero Astrid la freno con un gesto de su mano. No, no, la necesitaba ahí...

Cuatro. Cinco. Seis. Siete...

Estaba desierta, ya habían esperado demasiado tiempo, le permitió a su dragón acercarse, ella tampoco sentía nada fuera de lo común. Astrid se relajó un poco (¡solo un poco!), antes de reparar nuevamente en el dolor de su pierna y en la pesadez de la armadura, gimió por lo bajo antes de empezar a retirarse el peto, revelando el mapa (húmedo, y en mejor estado del que esperaba), y su túnica azul. Los pantalones fueron después, el ardor la hizo sisear: era la pierna izquierda, un corte no profundo pero ardía por toda la cantidad de sal. Podía arreglar eso.

— Si Hiccup viera esto se infartaría.— le comentó a su dragón con algo de sorna. Reparó en que estaba muy expuesta y decidió caminar para adentrarse al bosque, las mallas estaban soportables, pero debía quitárselas un momento para atender a su muslo herido. En su silla de montar tenía un bolso, no muy grande, pero sí lo suficiente como para empacar una cantimplora, una falda y vendas; tomó la cantimplora y le dio un trago primero antes de limpiar la herida. Doloroso, pero soportable.

Una vez con menos ardor, cubrió la herida con una venda y subió de nuevo sus medias rotas. Sacó la falda y la desdobló, ah, mejor luchar con ella que sin ella.

— Suerte que tengo esto.— mustió Astrid a su dragón, Stormfly estaba recostada en el suelo, mas tranquila.— Bien, veamos donde estamos.— dijo extendiendo el mapa sobre el suelo, con uno de sus dedos, localizó Berk, buscó indicios que delataran en que isla estaban, siguió el curso que tomaron cuando salieron de Berk, después se detuvo en el lugar donde encontraron los barcos. De ahí, fue un poco más fácil, Stormfly había volado unos cuantos kilómetros al norte, tal vez giró un poco a la izquierda...

Quizá el lugar en donde estaba se salía de los limites del mapa. Astrid decidió añadir la isla con un trozo de carbón, la exploraría para buscar algo que la representara; suspiró antes de volver a ponerse de pie, decidida a encontrar el campamento. Recordó de pronto que no habían vuelto por ella, por lo que debían estarla buscando, dentro de poco, vendrían cazadores, miró su armadura mojada, entrecerrando los ojos, hacer una fogata para secarla no era una opción.

Y no podía dejarla ahí.

La colgó de la rama de un árbol, Stormfly miró a su jinete, tratando de adivinar lo que tramaba, una vez ella terminó, se acercó a su dragón y le pidió dispararle a la armadura. Stormfly no dudó en hacerlo, aunque eso significara arruinar una perfecta armadura de sus propias escamas; el disparo chocó contra la armadura y de esta salió vapor, una vez la densa nube se disipó Astrid cruzó los brazos con triunfo.

— Parece que sí son cien por ciento a prueba de fuego.— comentó Astrid en voz baja. Stormfly disparó de nuevo, esta vez a la parte de abajo. Perfecto.— Gracias, nena.— le agradeció cariñosamente a su dragón, se acercó, la armadura ahora estaba demasiado caliente para ser usada, pero por lo menos era mas fácil transportarla así. Con cuidado, la colocó en el lomo de Stormfly, la aseguró para después decir.— En marcha, su campamento no debe estar muy lejos.

Caminaron, volar en ese momento no era buena idea, ademas, Astrid quería seguir con el plan de sigilo. Se preguntó si estarían buscándola en la isla (que era lo mas lógico) o si Griselda había mandado algún barco para asegurarse que seguía en el mar. No importaba realmente, lo único que importaba era encontrar a sus hombres, estaba segura que Gustav lo tenía todo bajo control...

Había madurado bastante estos años, era un buen soldado, todavía un poco irritante, pero, bueno, uno no le puede pedir demasiado a Gustav. Caminó por unos minutos, buscando indicios de un campamento, esperando no perderse o caminar en círculos, encontró restos de fogatas, las cuales llevaban días sin ser encendidas, lo tomó como una buena señal.

Cuidó mas del sonido de sus pisadas, escuchando atentamente. Algo bueno de haber estado todo un día ciega, por lo menos, había sido el interés de entrenar sus otros sentidos, en especial el del oído, estaba convencida incluso que ella podía escuchar mejor si cerraba sus ojos. Su dragón la seguía de cerca, en guardia, olisqueando el ambiente, buscando algo distinto al olor de Astrid; todo estaba en orden. La vikinga se encontró con un acantilado, no muy profundo, que le daba una vista buena del campamento, aunque no como ella hubiese querido: apenas y podía distinguir entre las cabezas de tantos cazadores, no solo eso, el campamento era extenso, los dragones estaban en su propio espacio, las jaulas apiladas entre sí, muy cerca unas con otras, con los dragones encadenados, después estaban algunas carpas, mesas y fogatas. Nadie parecía estar preocupado por algo en realidad, los cazadores cenaban tranquilamente,algunos otros, se burlaban de los dragones, arrojándoles comida o piedras. A la rubia le hirvió la sangre.

Más allá, cerca de las faldas de la montaña, estaba la cueva. Los cazadores sacaban cosas de ahí, y llevaban a dos personas sujetas en cadenas, Astrid los reconoció como dos de los suyos. Dió un salto cuando los vio entrar con ellos dentro de la cueva, bingo.

— Ya los ví.— murmuró, pero aún faltaba lo mas importante: la carpa de Griselda, ¿dónde estaba? Buscó la carpa mas grande, pero no podía estirar mas su cuello, de hacerlo, su cabeza sobresaldría de los helechos. Suspiró, podía atacarlos ahora, que estaban cenando, entrar a la cueva podría ser un poco difícil, no sabía si había mas guardias dentro, probablemente estaban armados... necesitaba una distracción.

En cambio, los dragones que estaban en las jaulas... no estaban recibiendo demasiada atención.

— Creo que ya sé lo que haremos.— le susurró a su dragón, quien la cubría desde atrás.— ¿Que dices, lista para patearle el trasero a unos cuantos cazadores de dragones?— le sonrió a su dragón, Stormfly gorjeó afirmativamente.

Sigilosamente, volvieron al bosque, buscando una manera de rodear el campamento sin ser vistas. Empuñó su hacha, lista para noquear a quien pudiese dar su ubicación, mientras más se acercaba, escuchaba con mas claridad la voz de los cazadores: estaban decepcionados por que la emboscada de hoy no había funcionado a la perfección, pero por lo menos tenían a algunos de sus soldados...

— ... ¿Creen que esos sujetos nos den la ubicación de Berk?— preguntó uno de ellos, Astrid paró en seco, oh, eso era importante.

— Bah, tal vez. Ese extraño veneno que trajo ese sujeto... ¿cómo se llamaba?

— ¿El raro con peinado en punta?

— Ajá, sí, él. Bueno, la jefa dice que es un veneno poderoso, hace que las personas hagan lo que quieras. A ella le costó trabajo que él se lo diera, es muy celoso con, ya sabes, sus creaciones...

— Aunque ya sabes lo que dijo Griselda, si no funciona, pues siempre está la tortura, ¿no?— dijo antes de echarse a reír.

Astrid sintió que el estomago se le bajaba a los pies, eso sonaba como algo peligroso, si lo que decían era verdad, entonces la flota de Gustav corría un grave peligro. No solo serían drogados hasta confesar, sino que...

Debía darse prisa. Apretó el paso, buscando las jaulas, pensó en que tipo de dragón armaría escándalo y buscaría defenderse... era arriesgado, alguno de todos ellos podría salir herido. Por un momento, dudó en hacerlo, ¿y si les hacían daño? Ella no podía simplemente dejar a los dragones a su suerte...

En una de las jaulas, se encontraba Fanghook, el dragón de Gustav. Eso le dió confianza.

Analizó el perímetro, nadie le prestaba atención al pesadilla monstruosa, era ahora o nunca. Abrió la jaula con sigilo, alertando al enorme dragón, Astrid colocó un dedo sobre su boca, en una seña para hacerlo callar.

— Te voy a sacar de aquí, Fanghook.— le susurró, el dragón se tranquilizó al escuchar su voz.— Voy a liberar a tu jinete.— se deslizó en la jaula, abriéndola solo un poco, no quería que esta rechinara, Stormfly vigilaba, encogida entre el follaje. Astrid le liberó de sus cadenas con un pequeño alambre, Hiccup le había dado a todos uno para que fuera mas fácil destrabar las cerraduras de las cadenas o de las jaulas. Una vez libre, el pesadilla monstruosa se estiró, pero no hizo nada más.— En el momento en el que yo salga, tu te enciendes y quemas todo lo que puedas, ¿de acuerdo, Fanghook?— le dijo al dragón, esperando que le entendiera, este parpadeo lentamente.— Bien, bien... es hora.

Salió y corrió rápidamente por el campamento, con Fanghook encendido, alertando a todos los que se encontraban ahí, Stormfly acompañó, elevándola por los aires para que no la atraparan tan fácil.

— ¡Rápido, rápido!— ordenaba, ansiosa por llegar a la cueva... hasta que lo vio.

Un destello, Rápido como un rayo. Inmediatamente la hizo cerrar los ojos y cubrirse con los brazos instintivamente, no, no otra vez. Sintió un tirón, luego la sensación de caer en el aire por unos dos segundos y después el suelo, Stormfly se volvió a su jinete, quien trataba de levantarse, todavía con los ojos cerrados, algo temerosa de abrirlos y encontrarse con la temida oscuridad. Una red le cayó encima, atrapándola antes de poder llegar a ella.

¡Carajo!

Astrid abrió los ojos, aliviada de ver. Alguien la obligó a ponerse de rodillas, sosteniendo sus brazos con fuerza, se retorció, buscando liberarse, observó con horror como le acercaban la punta de una lanza a el cuello de su Nadder.

— ¡Stormfly!— gritó Astrid, forcejando, su voz se escuchaba algo ahogada.— ¡No la toquen! ¡Si ustedes la lastiman yo...!

— No terminaría esa oración si fuera tú.— detrás de Stormfly, emergió una mujer, alta, usaba un vestido de cota de malla, pantalones y un casco, el cual cubría la mayor parte de su cabeza, este protegía sus orejas, mejillas y parte del cuello. En sus manos, llevaba algo parecido a una bandeja, pero de un metal tan bien pulido que parecía brillar, Astrid apretó los dientes.— Hemos notado cosas sobre ti, Rubia, lo creas o no. Soy la única que se ha tomado la molestia.— movió la bandeja, de arriba a abajo, jugando con los destellos que el metal producía, Astrid trató de apartar la mirada, su pulso se aceleró.— Una de las mas importantes es en definitiva la fobia que le tienes a los objetos brillantes.— se acercó todavía más, Astrid buscaba no cerrar los ojos, luchar contra el sentimiento tan primal del miedo que le generaba esa luz.— Aunque, bueno, no es tan difícil de adivinar, se nota cuando ves los proyectiles tan cerca. Los hombres son tan idiotas que nunca notarían algo tan obvio ni aunque lo tuvieran frente a sus narices.— con brusquedad, la tomó de la barbilla, obligándola a mirarla, Astrid le escupió, la saliva termino en el cuello de la mujer, eugh, Griselda le soltó, temblando de ira.— Ese no es el comportamiento que uno esperaría de la abnegada prometida del jinete de dragones mas buscado.— contraatacó, las mejillas de la rubia se tiñeron de rojo, estaba molesta.

— ¡No me llames así!— ladró Astrid, Griselda sonrió, de entre sus ropas sacó un pañuelo para limpiarse, esto solo hizo que Astrid se enfadara más.

— Creí que eso es lo que eras.— respondió Griselda divertida, Astrid intentó levantarse, pero alguien mas la sostuvo de las piernas, obligándolas a estar en el suelo.— Hiccup Haddock no es el hombre mas brillante del mundo, mira que comprometerse con la segunda al mando...— se rió, los otros cazadores a su alrededor sonrieron también.— Seguramente arruinó tu vida, ¿no?

Astrid jadeó, tratando de idear una forma de salir de esta. Sentía el amargo pesar de todo esto, Hiccup se lo había advertido, rayos...

No, no quería que él viniera por ella.

— ¡Tú...!— Astrid intentó decirle algo, pero Griselda se le adelantó.

— Ser la primera en ser capturada, la damisela en peligro, uff, debe ser tan frustrante.— comentó la mujer, girando la bandeja, provocando que Astrid apartara la mirada.— Debes sentirte denigrada, tan... inútil. Tu trabajo debería ser igual que el de los demás, pero... — se encogió de hombros, girando la bandeja mas Rápido. Astrid gruñó con impotencia.— Estás tan harta de eso que viniste sola. Que mala decisión.

— ¡Deja de hacer eso!— exclamó la rubia, refiriéndose a el movimiento de la bandeja, Griselda la ignoró.

— Pero creo que de verdad no es tu culpa.— Griselda giró la bandeja mas Rápido, acercándola a la cabeza de Astrid. Esta vez su gruñido fue mas audible.— Es de tu prometido, porque, Hiccup te escogió, ¿no? Entre todas esas chicas, escogió obviamente a la más linda y luego le dio un puesto para tenerla cerca. Es lo que los hombres como él siempre quieren, tenerte cerca para mantenerte vigilada. Hiccup no es la excepción.

— Hiccup no es...

— "...cómo los otros."— terminó Griselda, imitando un tono de voz infantil.— Sí, claro, todas dicen lo mismo. La verdad es que los hombres siempre buscan arruinar nuestras vidas.— se señaló, con el rostro solemne, Astrid entornó los ojos.— Diciéndonos que hacer, que decir, incluso como debemos llevar nuestro cabello, por todos se alteran cuando ven a una mujer en este negocio, créeme, te entiendo.

— Tu no entiendes nada de mí.— espetó Astrid.

— ¿Ah, no?— preguntó Griselda.— ¿Crees que a mi no me han subestimado? ¿Crees que entrar en la caza de dragones fue fácil? Oh, Rubia, te envidio, por lo menos tú tienes un puesto porque tu lindo y gallardo novio te lo dió.

Esta vez, la ira se concentró nuevamente en su garganta, haciéndola temblar. Hiccup no la había escogido, ella había escogido a Hiccup, Astrid fue la que quiso estar con él, ella no estaba atada a él. Y Hiccup no la controlaba, ni una vez él había...

— Tu no nos conoces.— espetó Astrid, cerrando los ojos, los destellos se colaban en sus parpados, pero de una forma mucho mas débil. No iba a dejar que las palabras de Griselda se le metieran en la cabeza, Hiccup vigilandola ¡ja!

— Puede que no, ni siquiera sé tu nombre.— se mofó la cazadora, Astrid estuvo a punto de abrir los ojos.— ¿No te da rabia eso? Todo el mundo sabe el nombre de tu prometido, pero nadie tiene idea de como te llamas.— se inclinó frente a ella. Astrid se permitió mirarla entre sus pestañas.— Solo te conocen por la hermosa chica que se va a casar con él. Nada más. Quizá algunos recuerden que llevas un hacha, otros que das dos o tres golpes bien, pero, ¿qué más?— le sonrió de una forma torcida, sus ojos ámbar se reían de ella, Astrid podía sentirlo, pero también sentía la intención de las palabras, ¿era en serio que así la veían los demás?— Las mujeres como tú me dan algo de tristeza, a decir verdad.— admitió, dejando de sonreír, Astrid frunció aún más el ceño.— Su única ambición es casarse con ese vikingo modelo, el hombre fuerte y guapo que las protegerá y procurará el resto de su vida, a cambio de claro, la vida misma, de hijos y preparar comida. Apuesto que Hiccup te permite montar en ese dragón porque no quiere que te sientas tan inútil, ¿o tú le pediste permiso?

Astrid trató de ignorar eso, si lo que buscaba era quebrarla, no lo iba a conseguir. No iba a quebrarse por lo menos, frente a ella. Tuviera esa bandeja o no.

— Yo no le pido permiso a nadie sobre lo que quiero o no hacer.— masculló Astrid, esta vez mas desafiante, abriendo los ojos en su totalidad, la ira le corría por las venas, animándola a luchar. Griselda sonrió de lado.

— ¿Estás segura de eso?— preguntó, Astrid no apartó la mirada, es más, levantó la barbilla.— ¿Hiccup fue el que te designó a venir aquí, o tu le rogaste que te dejara venir?— aunque la pregunta la tomó por sorpresa, Astrid no apartó la mirada.— ¿Sabes que sería gracioso? Que te diera un horario para aparecer, peor aún, que tu le prometieras volver a una hora, ¿no ves como lo hacen?— Astrid apretó los labios, desvió la mirada a Stormfly, los cazadores se la llevaban a una jaula, de una forma brusca, la rubia se sintió peor, ¿en qué estaba pensando al decir que iría sola?— Crees tener el control por un momento, él finge que está preocupado y después... estás más preocupada tú por si llegarás a preparar la cena.— le aseguró Griselda, para después levantarse.— Rubia, todavía no lo ves, eres a quién primero apuntan, porque saben que Hiccup debe rescatarte, eres el gancho... Ni siquiera necesitan saber quien eres para atraparte. Solo el cómo luces. Eres el premio después del furia nocturna, quizá el segundo objeto que Hiccup más teme perder, después de no sé, su espada, y vaya que es triste. Es una pena que vas a seguir ese camino, pero es entendible, para algunas es mejor quedarse del lado del hombre que enfrentarlo.— comentó para luego girarse a sus cazadores.— Llévenla con los demás. Y estén listos, Hiccup Haddock seguro que vendrá por ella.

Sintió que alguien le colocaba grilletes en sus tobillos y en sus muñecas, después de eso, la obligaron a ponerse de pie. La llevaron arrastrando dentro de la cueva, cuando quiso resistirse, uno de los guardias tomó su cabello en un puño.

— Camina, muñeca.— le ordenó, para acto seguido, lanzarla a uno de los calabozos. Astrid cayó sobre su herida en el muslo, ahogó un gemido, no quiso girarse porque estaba sintiendo picazón en los ojos; no otra vez, no aquí...

Había sido una tonta. No solía ser tan impulsiva, pero después de lo que había pasado hoy... ¡Ugh! ¿Cómo pudo creer que lo lograría? ¡Tenían a Stormfly por su culpa! ¡Suya y de su impulsividad! Hiccup se lo había advertido, él lo sabía. Astrid se lo imaginó en Berk, creando un plan para ir por ella, suspirando harto, harto de siempre rescatarla, preguntándose, probablemente, el porqué le había dado el puesto de general. Si Astrid fuese un hombre esto no...

Se detuvo justo ahí, lagrimas a punto de rodar por sus mejillas, ¿cuantas veces había dicho eso? Recordaba que la primera vez que lo pensó fue cuando su madre le obligó a remendar una de sus túnicas y cuando Astrid le había preguntado el porqué tenía que aprender a remendar, su madre le contestó de una forma simple: para que cuando tuviese un esposo, le remendara sus prendas. Recordaba que en un principio no le había tomado importancia, hasta que se dio cuenta que su padre, en realidad no sabía hacer ninguna labor de la casa, solo luchar, algo de construcción (ya saben, dragones incendiando casas) y ya estaba. Fue ahí cuando se dio cuenta que para ser una mujer valiosa en Berk no solo era necesario saber luchar, sino saber ser una buena esposa.

Molesta entonces, lo pensó: si fuese un hombre, no tendría que aprender a hacer esas molestas tareas, es mas, si lo quisiese, no se casaría. Nadie lo vería raro, todos lo aceptarían. Todo el mundo adularía mas su habilidad con el hacha y no tanto la belleza de su rostro, no la admirarían por lo bonita que era, sino por su capacidad en combate. Snotlout no la molestaría siempre, ni haría esos comentarios incómodos o sus piropos estúpidos, la respetaría.

Por eso había querido ser la elegida para matar al dragón, ser la primer Hofferson en matar un dragón. La primer mujer en hacerlo, y sería la primera en ser parte de las defensas de Berk... Claro, las cosas no salieron como esperaba, pero al final de todo, logró ser parte de la armada. Logró ser general, aunque no nombrada por Stoick, sino por Hiccup.

¿Tenía Griselda razón? ¿Hiccup le había dado el puesto solo por ser su prometida? Él le había dicho que no, se lo había asegurado, pero, ¿qué tan cierto era eso? Spitelout pudo seguir siendo general, él tenía mas experiencia en el combate, y no es porque estuviera viejo...

Se puso de rodillas, agachando la cabeza, las manos en su espalda, frunciendo los labios, tratando por todos los medios, no llorar. ¿Era ella una buena general? Sabía que Griselda había dicho todas esas cosas solo para hacerla enfadar, pero, vaya, no pudo escoger un mejor día para decirle todo eso.

Lo más importante, ¿hasta cuándo sería la general? ¿Hasta que Hiccup se casara con ella? No, quizá no, pero, ¿y si quedaba embarazada? Parpadeó, repentinamente asustada, no solía pensar en esas cosas, y si lo hacia, siempre terminaba ignorando esos temas, porque, faltaba mucho para eso, ¿no? Gobber solo estaba molestando, ella todavía no estaba en edad casandera, ella no estaba en edad de tener hijos...

Pero, ¿Y si Hiccup sí? ¿Qué tal que él sí quería casarse? ¿Y si sí quería tener hijos? Supongamos que pasa, están casados y ella espera a su heredero, ¿Hiccup la dejaría ir con la pandilla a rescatar dragones? ¿Le daría permiso?

¡Oh, dioses! ¡¿Qué haría cuando el bebé naciera?! Ella no podría dejarlo solo, ni pensar en dejarlo al cuidado de Valka (esa mujer había dejado a su hijo siendo un bebé) y aunque podría dejarlo con su madre, ¿cuantas veces tendría que hacerlo? No podía llevarlo a las misiones, era demasiado peligroso, una cosa era que la atraparan a ella o que la hirieran, pero...

A veces creía que la vida de Hiccup era mucho mas fácil que la de ella. Él no tendría que decidir entre cuidar a un bebé o luchar contra cazadores.

Respiró hondo, derrotada. Elevó la cabeza al techo, las lagrimas que sí habían podido colarse de sus ojos rodaron suavemente por sus mejillas, la oscuridad le recordaba a la vez que se quedó ciega, cuando el crepitar del fuego y la respiración de Hiccup era lo único que la reconfortaba. Eso, y las palabras de aliento que Stoick le había dado cuando fue a verlos a la orilla con Gothi.

Ah, Stoick, ¿qué pensaría al verla así? De pronto recordó la ultima platica que había tenido con él.

... ¿Sabes? Serías una buena Jefa para Berk, Astrid. le dijo Stoick, tomándole por los hombros, inclinándose a su altura, Astrid rodó los ojos, negando con modestia.Tienes todas las cualidades de un líder, fuerza, honestidad, disciplina, paciencia...

Astrid se rió con eso ultimo.No estoy tan segura de la ultima.apuntó con una sonrisa.Ademas, soy mas una guerrera, no un líder.

Dicho esto, Stoick echó a reír a mandíbula suelta, la cargó para poder estrecharla en sus brazos. Astrid estaba algo acostumbrada a eso, a veces, Stoick podía ser muy efusivo.

Um, no estaba bromeando.murmuró Astrid.

Ya lo sé, lo sé...Stoick dejó de reírse para después confesarle algo.Es solo que, la madre de Hiccup, Valka, y yo siempre...suspiró nostálgico, antes de continuar.Siempre quisimos tener una hija.Astrid se sobresaltó un poco, impresionada por la confesión.Y ahora que la guerrera mas capaz y aguerrida vigila Berk y a nuestro hijo, bueno...le miró a los ojos, con orgullo.Finalmente tenemos una hija...*

Stoick jamás mentía. Y si decía las cosas, era por algo. Hiccup también, rara vez mentía, y si lo hacia, nunca era a ella... o era para bromear con ella. Lo supo también, Hiccup jamás la obligaría nada, ni a casarse ni nada, ¡ja! Quería ver que lo intentara.

Eso la hizo sentir un poco mejor.

— ¿Astrid? Es decir, general, ¿es usted?— escuchó la voz de Gustav por lo bajo, Astrid se sobresaltó. Se aclaró la garganta, para que su voz no sonara pastosa al contestar.

— ¿Gustav?— preguntó en el mismo tono, buscando el origen de la voz.— ¿Estás aquí? ¿en esta celda?

Oh, gracias a Thor su escuadrón estaba bien.

— No, creo que estamos en otra celda, oh, Astrid, ¡que bueno que estas aquí!— exclamó Gustav, demasiado emocionado para ser un guerrero. Astrid casi le reprende, pero no tenía fuerzas para ello.— ¿Cuál es tu plan?

Astrid frunció los labios.

— No tengo un plan, Gustav.— respondió ella en un susurro. Suspiró, ¿que le pasaba? Se estaba lamentando en vez de pensar en como salir de esta.

— Oh.— Gustav se escuchó un poco decepcionado.— Entonces, ¿Los demás vendrán por nosotros?

"Sé perfectamente de lo que eres capaz, nadie lidera al equipo mejor que tú, eres Astrid Hofferson..."

Respiró hondo.

— No.— negó, antes de echarle un vistazo a la celda en donde estaba, no había guardias fuera de esta o por lo menos a la vista. Trató de levantarse, cuidando no tropezarse con las cadenas de los grilletes.— Yo los sacaré de aquí.— aseguró.— ¿Quienes están contigo, Gustav?

Mientras los otros soldados se reportaban, Astrid caminaba hasta los barrotes, asomó su cabeza para ver mejor el pasillo de roca. Estaba poco iluminado, y había dos guardias vigilandolos de cada lado. Chasqueó la lengua, contó los nombres, con ella, eran apenas seis, se podía hacer una redada con seis personas, pero necesitaban un buen plan.

— ¡Oigan!— llamó la atención de los guardias, esta vez en un tono de voz mucho mas alto, ellos volvieron la vista a su celda. Gustav le preguntó que que estaba haciendo, pero Astrid no respondió.— ¡Oigan, vengan aquí!— les gritó a los cazadores, ambos se miraron entre sí, sin saber si hacerle caso. Astrid suspiró.— Necesito darle un mensaje a Hiccup, decirle que venga, le prometí volver al amanecer.— habló, rodando un poco los ojos, pero su voz sonó como el de una mujer preocupada. Cambió su semblante a uno de preocupación cuando escuchó pasos acercarse.

Uno de los cazadores la confrontó en las rejas.— ¿A que hora tenía planeado venir por ti?— preguntó, muy serio. Astrid actuó lo mejor que pudo para actuar asustada, por lo menos tenía una ventaja, todos ellos creían que era una chica bonita nada más.

— Oh, al amanecer.— dijo en un hilo de voz, vio las llaves en el cinturón del sujeto.— Si él no ve mi dragón al amanecer, vendrá por ustedes.— aseguró, el cazador la miró con suficiencia.— Vendrá con toda la armada de Berk, eso es seguro... pero primero debe saber que estoy bien.— agregó con un tono lastimero, podía sentir la confusión que sentía su flota.— Quiero enviarle un mensaje con un terrible terror...

— ¿Por qué dejaríamos que te comunicaras con él, muñeca?— se burló el cazador. Astrid se encogió de hombros.

— No lo sé, quizá...— pareció confundida, dándole tiempo para que uno de los dos los descubriera. Lo hizo el otro guardia, quien le dio un codazo al otro.

— Así estaremos listos cuando venga Hiccup Haddock aquí.— le espetó entre dientes, luego se aclaró la garganta y se dirigió a Astrid.— Y, em, ¿cuántos dragones crees que vengan, lindura?

Astrid arrugó la nariz, inventó un numero.— Pues... soy su prometida, Hiccup traería a toda la armada de Berk solo por mí.— usó un tono empalagoso, que hizo que los guardias se rieran.— Esperen como cincuenta dragones mínimo, todos de diferentes especies y clases, listos para quemar su campamento.— mintió, nah, lo mas seguro era que Hiccup viniera con los chicos, con Tuff y Ruff siendo la distracción, con seis dragones como mucho.

— Bueno, parece que Hiccup puede esperar un poco a verte.— dijo el cazador antes de irse de la cueva a avisarle a Griselda sobre lo que pasaba. Bien, bien... Astrid se volvió al cazador que quedaba.

— Oye.— le llamó, tratando de sonar dulce e indefensa. Era buena actuando, Gobber siempre se lo decía cuando buscaba actores para sus extrañas obras de teatro en el Gran Salón durante Snoggletog, ella solo aceptaba cuando la obra era dirigida a niños y donde los diálogos no diesen (demasiada) pena ajena.— ¿Pueden darme algo de agua? Caí al mar y la garganta me duele horrores.— no era del todo verdad, pero, por lo menos eso serviría para que el cazador se acercara.— Por favor.

No, Astrid nunca le pedía a los cazadores algo por favor, fue ahí que Gustav supo que era parte de su plan. El cazador alzó una ceja, pensando en qué era mejor, si ignorarla o complacerla, Astrid parpadeó varias veces, tratando de verse seductora, también se balanceo un poco apretando con sus brazos el pecho, tratando que fuera un poco mas notorio (funcionaba con Hiccup siempre, esperaba que funcionara con ese tipejo).

— No querrás que Hiccup te queme la cara por haber dejado sedienta a su prometida.— le convenció. El cazador, cautivado por sus encantos (ah, en eso tenía mas experiencia Ruffnut, bueno, aunque nunca funcionaba del todo), fue por un cuenco de agua, Astrid se acercó para que este le diera de beber en los labios. Bebió despacio, buscando bajar su guardia, mirándolo con inocencia y parpadeando mas de lo necesario, buscando que él solo mirara sus labios y no sus manos.

Una vez terminó, Astrid sonrió con agradecimiento y se giró, las llaves de su celda en sus dedos. también era buena robando cosas.

— Y...— habló el guardia con voz ronca, a la rubia se le revolvió el estomago, eugh.— ¿Ese tal Hiccup Haddock te atiende bien?

Ew, ew, ew, ew...

— Mejor de lo que crees.— dijo liberando sus manos, se mostró sonriente, el guardia inmediatamente cambio su estado a uno preocupado e incrédulo, volvió la vista a su cinturón, pero las llaves no estaban ahí.

— ¿¡Pero como...!?— antes de poder elevar la vista nuevamente, un puño se impacto limpiamente en su mandíbula, noqueándolo (y probablemente, rompiendo la corona de uno de sus dientes). Una vez que él estuvo en el suelo, Astrid liberó sus pies de los grilletes para después abrir con tranquilidad la celda, lo tomó de los pies para después lanzarlo a la celda y volverla a cerrar.

— ¡WOOOW! ¿¡Lo noqueaste!?— preguntó la voz de Gustav a su lado, Astrid se sobresaltó levemente al verlo ahí, entre los barrotes de la celda contigua. Sonreía de la misma forma en la que lo hacía siempre, como un joven profundamente enamorado de ella.

— Gustav, deja de gritar.— le reprendió esta vez, abrió la celda del muchacho. Vio al resto de la flota, también felices de verla. Sonrió.— Muy bien, ¿qué es lo que han visto del campamento?— preguntó, con las manos en sus caderas.

— ¡Uh! ¡Esta es su base temporal!— respondió Gustav, todavía usando su tono de voz animado. Astrid le dió una dura mirada.— Están buscando una nueva porque, bueno, ustedes incendiaron su base principal hace unas semanas.— agregó con un tono mas serio.

— Quieren que esa base sea en Berk.— informó Gerd, un guerrero rubio y fornido. Llevaba un casco con cuernos de yak. Astrid asintió.— Por eso estaban tanteando el terreno.

— Cada vez más están mas cerca de Berk.— ella era Helmi, una muchacha nueva en la armada. Tenía el cabello castaño y una complexión similar a la de ella y tenía el cabello plagado de trenzas.— Están planeando drogarnos para decirles donde está.

— Lo sé, lo escuché afuera.— respondió Astrid al instante.— Nuestro objetivo aquí es que ninguno ni siquiera piense en acercarse a Berk.— pensó en el mapa de Hiccup, el cual seguía en la silla de montar de Stormfly, gruñó por lo bajo, claro que estaba ahí.— Es por eso que vamos a quemar este campamento.— sentenció, los guerreros le miraron interesados.

— Nos superan en numero...— balbuceó otro guerrero por lo bajo, Astrid lo escuchó.

— Sí, pero nosotros tenemos una ventaja, el factor sorpresa.— animó Astrid. Con las llaves, hizo un pequeño croquis del campamento.— Bien, de este lado Están las jaulas, aquí está la cueva...


Hiccup Haddock vendría al amanecer, Griselda estaba complacida. después de todo, Astrid si tenía un horario de llegada, justo en su escritorio tenía el mapa hacia Berk; tenía que redactar una carta para los demás, finalmente podrían llegar a Berk y destruirlo de una vez por todas. Estaba impaciente por ello, no podía ser mas perfecto.

— Cuando derribemos al furia nocturna nos iremos a Berk.— planeó Griselda, sonriendo triunfal. — Ya no tienen ninguna forma de esconderse.

Estaban preparándose para el momento de la batalla, nadie había notado la ausencia del guardia de los prisioneros. Y es que todos estaban tan ocupados que no repararon en que las celdas estaban mas silenciosas de lo que deberían estar, tampoco se percataron que algunos guardias llegaban un poco mas tarde de lo usual. Los jinetes de dragones se encontraban ahí, tranquilos, listos para atacar, cumpliendo ordenes.

— Gustav y los demás irán afuera y me esperaran ahí.— había ordenado Astrid.— Los que se quedan conmigo, me seguirán en todo momento, ¿de acuerdo?

Así que ahora, uno de los guardias la llevaba en dirección a Griselda. Respiró hondo antes de entrar a la carpa a la fuerza.

— Oh, Axel, no recuerdo haberte pedido que trajeras a la chica rubia.— habló Griselda mientras copiaba a toda velocidad el mapa. Astrid abrió los labios al verlo, rayos.— No puede estar paseando por aquí todo el...

Astrid esta vez fue la que la interrumpió.— En realidad, he venido porque pensé mejor las cosas.— Griselda esta vez apartó la mirada del mapa, Astrid le miraba, seria y quizá algo apenada.— Tienes razón, en todo lo que dijiste.— admitió con la mirada gacha, Griselda entrecerró los ojos.— Hiccup me dio este puesto cuando nos comprometimos, fue porque yo quería, ya sabes, acompañarlo. Había veces en las que se iba por días y días...— hizo una mueca, el guardia alzó las cejas en dirección a su jefa.— La verdad es que no sé liderar, vaya, incluso él ha tenido que protegerme estas ultimas semanas porque siempre me capturan...— suspiró, para luego negar con la cabeza.— Hiccup no quiere que siga peleando. Cree que es peligroso, pero la verdad es porque creo que es porque soy mejor que él, solo que no quiere que los demás se den cuenta de eso.

Griselda alzó una ceja, colocó una mano sobre su barbilla. — ¿Y solo viniste a decirme eso?— preguntó. Astrid negó con la cabeza, levantó el mentón para verla a los ojos.

— Quiero ser cómo tú.— le dijo de forma solida.— Estoy harta de nunca ser reconocida, de siempre ser la segunda en todo. Quiero que la gente en cuanto me vea, sepa quien soy, no de quien estoy comprometida.— Griselda esta vez abrió los ojos con asombro. Era extraño que ella hubiese cambiado de opinión tan rápido.— No quiero casarme , quizá quiera mucho a Hiccup pero... creo que es hora de empezar a ver por mi.— se encogió de hombros.— Yo podría entrenar a los dragones, podría enseñarles a hacerlo y sería mucho mas fácil cazarlos. Ese mapa que tienes ahí, no es el completo.— señaló con la barbilla el mapa.— El real tiene muchas mas islas. Islas donde hay más dragones.— aseguró.

Griselda, aunque estaba creyéndole un poco, no paraba de dudar de ella.

— ¿Por qué llevas este, entonces?— preguntó.

— A Hiccup no le gusta que vaya muy lejos, dice que puedo perderme.— respondió. Griselda sonrió.

— Claro, es clásico, ellos creen que nosotras somos las tontas.— Griselda se levantó, dejando el mapa de lado, Astrid asintió, entendiéndola.— De acuerdo, rubia, tienes mi atención, ¿Cómo puedo confiar en tí?

Astrid asintió.— Hiccup vendrá al amanecer, traera a toda la caballería. Pero...— hizo una pausa dramática.— Yo podría tenderle una trampa, así tu podrías atraparlo y a su furia nocturna también. Los demás quedarán tan confundidos que no sabrán que más hacer, Hiccup es tan impulsivo que con tal de traerme de vuelta, va a dejar Berk desprevenida.

— Me agrada tu forma de pensar.— sonrió Griselda.— Liberala.— le ordenó al guardia, este titubeó un poco, pero al final lo hizo.

Astrid se levantó, ahora libre. Griselda dejó lo que estaba haciendo y se le acercó.

— Enséñame a domar uno de ellos.— casi le ordenó, Astrid asintió para después salir de la carpa. Axel salió de la carpa, a él se le unió otro guardia, ambos la siguieron de cerca.

Liberaron a Stormfly, Astrid sintió un vuelco en el corazón mientras le quitaban los grilletes. Sintió pena de verla con el enorme bozal y sumamente preocupada por ella, tragó saliva; se acercó a su dragón, buscando calmarla. Acarició el hocico de su dragón por encima del artefacto, respiró hondo antes de girarse para encarar a Griselda.

— ¿Qué esperas?

— No.— negó con firmeza. Griselda frunció el ceño.— No te enseñaré a hacer nada.— sentenció con orgullo, Griselda le hizo una seña al cazador que las había acompañado, pero este ya estaba noqueado en el suelo, el otro, el que venía con él, sostuvo a Griselda de los brazos, inmovilizándola.— Mi nombre es Astrid Hofferson, hija de Einar y Eyra Hofferson, vengo de una familia de guerreros que han dado su vida por proteger Berk.— se presentó con voz gallarda, orgullosa de su origen.— Desde niña nunca deje de entrenar para unirme a la armada, sé pelear con cualquier arma que se me ponga enfrente y podría enfrentarme a un hombre que me doble en peso y tamaño. He sido la mejor guerrera de Berk desde que tenía diez años y la primer mujer en todo el archipiélago en montar y entrenar a un dragón.— antes de continuar, le retiró el bozal a su dragón, Stormfly gruñó para después enseñarle los dientes a la cazadora.— Soy la general de Berk, y estas personas que secuestraste, son mis hombres.— señaló con la barbilla al cazador que sostenía a Griselda, revelando a Gerd.— Soy todo eso y además, la prometida de Hiccup Haddock.— se fue acercando con Stormfly, a paso lento, Griselda no entendía en donde estaban los demás cazadores.— Sí, puede que nos casemos algún día y lleguemos a tener una familia, pero eso será cuando yo lo decida.— se señaló a si misma.— Cuando ambos lo decidamos. Si decido vivir mi vida como una abnegada esposa eso a ti no te incumbe, a ti ni a nadie. créeme, no necesito tu lastima. Yo sé perfectamente quien soy y con eso es suficiente. — finalizó, cruzándose de brazos frente a ella, con esa cara de superioridad que la caracterizaba.— Te metiste con mi flota, conmigo, con mi relación y con los dragones. Es por eso que me los llevaré a todos...— acercó su cara a la de Griselda, mirándola fijamente.— Quemaré tu campamento, y cuando todo esto termine, sabrás entonces quién soy yo.

¡Era la señal!

Los dragones salieron de sus jaulas en ese momento, liderados por Fanghook, Gustav iba sobre él. Con un sonoro grito (¡A LA CARGA!), los dragones empezaron a soltar fuego en todas direcciones, destruyendo todo a su paso. Mientras sus hombres se encargaban de eso, Astrid se colocó su armadura; Gerd le colocó los grilletes a Griselda, los cazadores presentes empezaron a correr en todas direcciones, buscando huir del fuego. Antes de que la carpa de Griselda fuese quemada, la rubia recuperó el mapa de Hiccup, luego le ordenó a Stormfly quemarla hasta los cimientos. No, ningún cazador de dragones iba a llegar a Berk.

Por lo menos, no ahora.

Los demás soldados se subieron en sus dragones mientras peleaban con los cazadores. Todo era un caos de fuego y dragones, pero, al mismo tiempo, estaba bajo control gracias a la General Hofferson.

Una vez terminó y todo el lugar estaba en llamas, Astrid le regaló una ultima mirada a la cazadora de dragones, antes de sonreír con suficiencia.

— Vámonos, nena, nos esperan en Berk.— le dijo a Stormfly, esta se elevó y se le unió a los miembros de la armada, quienes buscaban guiar a los dragones liberados. Sería un inconveniente, pero nada que no se pueda resolver.

— ¡Lo hicimos! ¡Lo hicimos!— gritaba Gustav. Astrid decidió no reprenderlo, porque, bueno, al final sí lo habían logrado.


Hiccup suspiró, tenía los labios apretados y ya había dejado de intentar leer el libro que estaba frente a él. Estaba tan nervioso que sentía que iba a reventar, Toothless le miró con preocupación escuchando como su hermano suspiraba por décima vez en la noche. La verdad es que ninguno de los dos había dormido en toda la madrugada, la preocupación de su hermano y sus nervios no habían permitido que Toothless pudiera acurrucarse en el ahora vacío Gran Salón y dormir por lo menos diez minutos. Eso y el ruido que hacía su pierna contra la madera. Hiccup se revolvió el cabello, tratando de distraerse, pero no podía.

No faltaba mucho para el amanecer, si no es que ya había amanecido, ella nunca se demoraba tanto. No había nadie más puntual que Astrid... Oh, ¿y si le había pasado algo? ¿Y si la tenían capturada?

Movió ansiosamente su pierna. No, claro que no. Solo era un retraso, uno pequeño, ella debía estar por llegar, rascó su cabeza, sintiendo una espontanea picazón producto de la preocupación. No estaría así de no ser por el habito que tenían los cazadores últimamente por secuestrar a su prometida; en su cabeza simplemente se recriminaba por no haberla acompañado, pero al mismo tiempo sabía que ella necesitaba su espacio, era su escuadrón. Su equipo.

— ¿Todavía no sientes a Stormfly, amigo?— preguntó Hiccup a Toothless. también era eso, Hiccup siempre despertaba a Toothless para saber si Stormfly estaba cerca, el dragón no sabía como explicarle que no era tan fácil como creía, por lo que simplemente gruñía negativamente. En toda esa noche, Toothless se preguntó si así era estar enamorado, el preocuparse por alguien al grado de no dormir ni un poco, estar tanto tiempo esperando y esperando, incomodo por el estrés... ¡Pobre de Hiccup!— Bien, solo hay que esperar...— resopló, tomó su tarro de cerveza, pero estaba vacío. Lo dejó en la mesa de nuevo, no iba a servirse más, odiaba estar ebrio. Ademas, si Astrid no volvía no quería ir por ella estando en ese estado.— ... un poco más.

Toothless se acercó a la mesa donde estaba sentado su amigo, recargó la cabeza en su espalda, en modo de apoyo. El dragón sabía que la pareja de su hermano iba a estar bien, siempre estaba bien, e iba con Stormfly, la Nadder mas intrépida de todas; ambas eran chicas duras.

— Lamento no haberte dejado dormir, amigo.— susurró Hiccup, para Toothless no era gran problema, entendía la razón.— Es solo que... no podría soportar...— ... perder a alguien más. Su padre se había ido de un momento a otro, y tenia tanto, tanto miedo...— Ya sé que hablamos de Astrid, pero no puedo evitar...

— Así que aquí estas.— le interrumpió una voz, era Valka, quien, al ver que su hijo no estaba en su cama, decidió buscarlo por toda la aldea hasta llegar al Gran Salón.— No sabes el susto que me diste al ver que no estabas en casa.

Hiccup esbozó una débil sonrisa.— Lo siento, no podía dormir.— se excusó, su madre caminó hacia él, para luego sentarse a lado suyo.— Y la fragua es un sitio pequeño, yo no podría ver si ella...

— Regresa.— completó Valka, Hiccup asintió. Distraídamente, rascó el cuello de Toothless, quien ronroneó, ah, estaba tan cansado.— Te entiendo, algo similar me pasó con tu padre la primera vez que se fue de expedición.— Valka suspiró, nostálgica.— No dormí en toda la noche.

— Es que son cazadores, han estado con eso de, ya sabes, capturarla para luego hacer ese numero de "¿qué prefieres, a Toothless o a Astrid?"— les imitó. Valka asintió, conque esa era la pregunta incomoda.— Lo peor es que es mi culpa.— admitió Hiccup, algo herido.— Fue por esa vez que le di un beso, no debí...

— Esa es una regla básica.— le interrumpió Valka, algo divertida, Hiccup no parecía estar bromeando.

— Ya lo sé.— Hiccup negó con la cabeza. No pudo evitarlo, Astrid se había visto tan increíble al golpear a ese cazador, y el fuego detrás de ella, hizo que se viera uff...— Sé que ella puede cuidarse sola, siempre ha podido hacerlo, si toda la pandilla cayera en una isla desierta sin los dragones, ella sería la única en no perder la cabeza.— aseguró Hiccup, buscando desahogarse en alguien que no fuese Toothless, el pobre había escuchado sus problemas durante demasiado tiempo.— Si algo le sucede no podría perdonármelo, de verdad que no.

— Ella estará bien, aunque la conozco poco, sé que ella regresará sana y salva.— le consoló Valka. Hiccup volvió a suspirar.— ¿Te digo algo?— le preguntó, ladeando su cabeza en dirección a su hijo. Hiccup asintió, mirándola también.— Cuando naciste, bueno, no, unos días después de que lo hicieras.— se corrigió, tratando de recordarlo.— Stoick y yo vimos a una bonita familia aquí en el Gran Salón, era una pareja con dos niños.— ahora que lo recordaba, se parecían demasiado a lo Thorton, ambos eran bebés y, bueno, eran del mismo tamaño...— Y dijimos que sería bueno tener un segundo hijo, con el que pudieras jugar por ahí, pero, ya que te teníamos a ti, queríamos ahora a una niña.— confesó, Hiccup parpadeó, sorprendido.— Stoick estaba fascinado con la idea. Le gustaba la idea de una niña corriendo por ahí, contigo, ambos luchando con armas pequeñas, entrenando para enfrentarse a los dragones.— Valka rió, recordando el entusiasmo de su difunto esposo.

— Eso explica el porqué a papá le caía tan bien Astrid.— sonrió Hiccup, esta vez un poco mas tranquilo. Recordó todas las veces en las que pensó que su padre quería más a Astrid como hija que a él.— Yo creo que...

Las puertas del Gran Salón se abrieron, mostrando a Eret sonriente. Madre e hijo se sobresaltaron y Toothless gruñó molesto, apenas y había podido dormir como cinco minutos, fue cuando sintió nuevos dragones.

— ¡Dragones al frente!— anunció Eret feliz y algo aliviado, Hiccup cerró los ojos con alivio, antes de levantarse como si la silla lo hubiese expulsado hacía adelante para correr a las puertas del edificio. Sacó su catalejo y observó, sí, Astrid venía con ellos y el equipo de Gustav.

¡Gracias a los dioses!

Mientras se acercaban a Berk, Astrid se retiró el casco, buscando llamar la atención de los dragones nuevos. Estaba de tan buen humor que quería imitar la bienvenida de Hiccup a Berk.

— Muy bien, muchachos, ¡Esto es Berk!— señaló la isla frente a ellos, los dragones la miraban planeando en su dirección, buscando al alfa y curiosos por la cantidad de dragones.— La única aldea en la que volamos dragones y en la que nos dedicamos a... salvarlos.— continuó.— No soy buena dando recorridos, pero siéntanse libres de volar por toda la isla.

Al bajar vio a Toothless, concentrado en decirles a los dragones que hacer al aterrizar, probablemente dándoles la bienvenida en su idioma. Se alegró de saber que el poste de aterrizaje ya funcionaba (por lo menos no había azotado contra el suelo), una vez estuvo en tierra, sintió como dos personas pequeñas casi la taclean con un abrazo.

— ¡Hola!— les saludó, dos niños rubios le regresaron la mirada. El mayor, de ojos azules se aferraba a su cintura y el otro a su pierna derecha. Astrid cargó al mas pequeño, que no pasaba de los cuatro años de edad.— ¿Cómo se portaron, traviesos?— ni bien dijo eso cuando vio a sus padres, ensanchó aún mas su sonrisa.— ¡Hola, mamá, hola papá!— saludó, sus padres se acercaron a hacerle compañía a sus hermanos. — Lamento no avisar que llegaría tarde...

Hiccup la observaba a lo lejos, sonriendo junto a Toothless. Había algo en la forma en la que sonreía y en la manera en la que cargaba a su hermano menor, desde el fondo de su cabeza escuchó las palabras de Gobber, tratando de convencerlos de casarse, tener hijos...

Bueno, eso tendría que hablarlo con ella.

Una vez se desocupó con su familia, saludó al resto de la pandilla, incluso le regresó el saludo a Valka, hasta llegar a él. Su sonrisa era mucho mas brillante que la luz amarilla del amanecer, e hizo que su corazón fuera mas rápido, Astrid infló el pecho y habló:

— Como lo prometí, traje de vuelta a mis hombres.— ella trataba de sonar solemne, pero la sonrisa en sus labios hacia que ella sonara muy alegre, como música para sus oídos.— A los dragones y...— sacó el mapa del peto de su armadura.— Tu mapa, el cual nadie pudo copiar.— se lo pasó, antes de que Hiccup pudiese preguntar, ella habló de nuevo.— No preguntes.— se puso en posición de firmes, esperando una palabra de él. Hiccup apenas y vio el mapa, antes de lanzarlo al suelo. Astrid se encogió de hombros, tratando de descifrar lo que Hiccup pensaba en ese momento.— Lamento la tardanza, traer dragones sin el alfa es mucho mas complicado que... ¡Oh!

Hiccup la envolvió en un tierno abrazo, doblando un poco la espalda para posar su cabeza en el espacio entre el cuello y el hombro de su prometida. Astrid tardó un poco en devolver el abrazo, se permitió ponerse de puntitas para que él no se doblara tanto.

Tal vez no sería una esposa modelo, pero ¡vaya! Casarse con Hiccup cada día sonaba mejor...

¡Pero no tan bien! ¡Todavía no!


*Extracto del comic "Burning Midnight", que viene en el comic Dragonvine.


Ustedes no saben cuanto me demoré en este fic, me costó mucho trabajo sacarlo :C

Pero ha quedado bien, ¿No?

Yo espero que les haya gustado mucho este fic uwu, se viene uno menos serio (quizá no, pero se van a reir xd), y es que, ¿Que pasaría si la pandilla tuviera que enfretarse a un laberinto lleno de rocas?

¡Abrazos! ¡Cuidense mucho!