Resumen: Ino observó a aquel muchacho posar desnudo para ella, preguntándose si sería capaz de dotar de vida al frío mármol para transformarlo en blanda carne y rígida musculatura. ItaIno.

Nota de la autora: ¡Hola de nuevo! Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. Está terminantemente prohibido cualquier intento de plagio de esta historia o de cualquiera de las que están bajo mi autoría. La imagen de la portada no me pertenece, reconozco los créditos al autor/a de la foto que es Lily Art. Os recuerdo la historia que también está publicada en Fanfiction/Wattpad, podéis buscarme con el mismo nombre LadyVonC, y espero que os guste tanto como a mí la idea de este pequeño fanfic.

Obra de arte.


Ino observaba indecisa el gran bloque de mármol que tenía ante sus ojos, con un cincel en su mano derecha y un martillo en la otra, dio un par de sonoros golpes con notable nerviosismo para empezar a desbastar la piedra. Debía realizar una escultura como trabajo final que dejara asombrados a sus maestros y compañeros de la facultad de bellas artes y de entre los muchos candidatos solo un joven desconocido había accedido a ser su modelo. Lo había visto en varias ocasiones, era meditabundo y solitario, apenas había intercambiado un par de palabras con él y se vio sorprendida cuando este había confirmado su proposición. Observó a aquel muchacho de pálida piel y afiladas facciones desprenderse lentamente de la fina tela que cubría su cuerpo, cayendo hacia el suelo y las mejillas de Ino se incendiaron cuando lo vio posar para ella desnudo sin ningún tipo de pudor, cual atleta o púgil romano. Era alto y esbelto, bastante atractivo y desprendía un masculino aroma que entraba por las fosas nasales de la muchacha.

Era verdaderamente bello, su larga melena caía desordenadamente por sus hombros y robusto torso, parecía sedosa al tacto e Ino deseó extender su mano para comprobarlo pero se permaneció en el sitio delante del marmóreo bloque. Sus oscuros ojos parecían perdidos en el infinito pero conservaba un brillo de viveza impregnados en una grandiosa terribilidad, y su mandíbula terminaba en el musculoso cuello que estaba ligeramente inclinado hacia un lado. Ino sintió ganas de acariciar sus fornidos hombros y deslizar los dedos por sus definidos músculos y torso pero rápidamente se deshizo de aquellos pensamientos para concentrarse en su obra. El muchacho permanecía erguido e inmóvil con la mirada al frente cual estatua viviente pero conteniendo el cuerpo sin mover un solo músculo, a excepción del pecho que se movía con un ligero vaivén por la respiración. La visión era verdaderamente hermosa y casi erótica, pero crear una obra de arte no se trataba únicamente de aquello, era consciente del esfuerzo que iba a hacer al permanecer en la misma posición durante tantas horas solo para que ella trabajase.

Golpeó cuidadosamente el blanco mármol, pensando bien en cómo extraer la escultura del bloque, siendo consciente que la técnica del tallado directo que estaba trabajando no permitía ni un solo error milimétrico y un solo golpe mal dado luego no podría ser corregido con posterioridad. Aquel hombre posaba con absoluta serenidad, sin incomodarse ante la mirada de la joven artista, que le hacía pensar a Ino que el muchacho ya había hecho aquello antes. Sus proporciones eran apolíneas, como si hubiera sido creado por una divinidad para servir de inspiración a la creación artística más sublime. Como si aquel muchacho fuese la criatura más perfecta que sus ojos jamás habían contemplado, era arte hecho por Dios y ella debía inmortalizarlo como tal a pesar de su condición humana. Era ella la responsable de glorificarlo, de elevarlo a una categoría suprema como se hacía con los poetas, héroes y emperadores desde la Antigüedad, todos aquellos grandes nombres que pasaban a la historia y eran ensalzados con odas durante siglos.

Volvió a escudriñar su miguelangelesca anatomía, su brazo derecho estaba extendido sujetando con firmeza una copa de vino como el dios Dionisos, marcándose las venas de su antebrazo por el esfuerzo de la tensión, mientras que la otra mano reposaba tranquila por encima de sus rodillas. Ino no podía dejar de observarlo, estaba completamente embelesada con la dureza de sus músculos y el estoicismo que transmitía en su sereno semblante. La dureza del mármol le devolvió a la realidad. Notó como las manos empezaban a temblar ansiosas y como un fino sudor recorría su frente. El grado de concentración y virtuosismo debían ser las máximas, las requeridas para realizar un difícil cometido como aquel.

Inevitablemente no pudo evitar estremecerse al observar su más sensible anatomía masculina, su enhiesto falo apuntaba hacia lo vertical, sin embargo el muchacho no se sentía incómodo y permanecía inexpresivo ante la mirada de la artista. No era la primera vez que veía un hombre desnudo pero aquella imagen era de un grado de tal belleza que extasiaba sus sentidos y cada poro de su piel. Los ojos azulados descendieron hacia sus piernas, que se ceñían a la tensión que se acumulaba en sus músculos, terminando en un duro empeine. Los contundentes tobillos estaban apoyados con suavidad sobre el suelo y su pierna izquierda estaba más adelantada que la derecha, resultando en una armoniosa composición quiástica al modo griego.

Aún obnubilada por su perfección física, volvió a rebuscar entre sus facciones aquella mirada tan resplandeciente y penetrante, confrontándose con la suya directamente pero no de manera violenta. Ino pensó que era tal la belleza y virilidad que emanaba su cuerpo que podría compararse con el propio Adán o el hermoso Apolo. Frunció los labios, agarró el cincel con determinación dispuesta a plasmar el alma del muchacho en la marmórea piedra, dispuesta a inmortalizar su cuerpo para convertirlo en una obra de arte que perdurase para la eternidad. Preguntándose si sería capaz de dotar de vida al frío mármol para transformarlo en blanda carne, rígida musculatura, si sería capaz de infundir brío en las pupilas y plasmar su soberbia belleza para convertirlo en una obra maestra. Atemorizada a la par que arrebatada por aquella titánica empresa empezó a trabajar, era natural que los mortales se sintieran abrumados ante lo divino.

Fin.


Nota de la autora: Muchas gracias por leer. Me apetecía crear algo original, relacionado con el arte y que mejor forma que Itachi siendo el modelo de Ino. ¿Qué os ha parecido? Contádmelo en comentarios y tú también podrás disfrutar de la magnífica visión de Itachi. Si te ha gustado regálame un corazón/estrella o añádelo a tus lecturas favoritas, eso ayudaría mucho a difundir mi trabajo. Un abrazo enorme a todos.