Los personajes no me pertenecen exclusivamente a sus creadores Nagita e Igarashi. Contenido adulto queda advertido.Relato para la dinámica dos semanas hot...Habitación 22

Candice White, iba en el interior de un auto, dispuesta a salir de su zona de destrucción. Se sentía con una gran maraña de sentimientos encontrados. Pasaba de la vergüenza, miedo, inseguridad... Pero, al mismo tiempo sentía una gran emoción, sentía su corazón salir. Podía escuchar sus palpitaciones y sentía que le faltaba el aire.

Además, su cuerpo se sentía deseoso y excitado. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que se sentía...¿Viva? Sí, esa era la palabra correcta. Se sentía viva... Su cuerpo, había sufrido una descarga eléctrica. Que le había sacado de su letargo.

Nunca imaginó sentirse así, sobrepasada por estás miles de emociones. Candy, cerraba sus ojos, tratando de sacar de su mente, esa sensación de no estar haciendo lo correcto. Pero, se preguntaba: ¿Qué era hacer lo correcto en realidad?.

Candy, había sido una buena esposa, devota, fiel y siempre preocupada por su familia y su hogar. Siempre pendiente de los demás y dejando de lado sus sueños y sus deseos. Siempre conformándose con ver bien a los suyos. Pero, ¿De qué le sirvió ser, una mujer entregada? siempre cumpliendo con lo que se espera de una "buena esposa". Si al final del día, el que fuese su gran amor de su vida la había abandonado, sin dar explicaciones. Un buen día solo tomó sus cosas y se marchó sin mirar atrás. Sin mirar como le destruía el corazón y el alma. Cómo rogó y suplicó para que no le dejará, incluso se humilló implorando que volviera a ella... Que estaba dispuesta a perdonarle todo... Siempre que él, volviera a ella. Pero, de nada sirvió llorar y arrastrarse a un hombre que sin el menor remordimiento tiró a piso 22 años de "feliz matrimonio".

Al pasar de los días, semanas y llegado un mes, se miró en el espejo y miró a una mujer vieja y acabada. Sus ojos inchados y ojerosos de tanto llorar y pasar la noche en vela analizando ¿Qué había hecho mal? Sus bellos hijos ya adolecentes. De vez en vez, abrían la puerta de su habitación y le miraban con dolor. Pero, callaban su sentir al ver a su madre perdida en una terrible depresión.

Una noche al levantarse a beber agua porque su cuerpo lo reclamaba. Les escuchó hablar tristes y del como les dolía verla así. Eso le dolió en el alma y todo su ser. Y le vino un atisbo de cordura... Ahora mismo, se observaba y veía a una mujer demacrada y destruída en todo sentido. Pero, dispuesta a salir de esto, a como diera lugar. Tenía, que sacar la casta por ellos y por ella. Tenía que guardarse su dolor en lo más profundo e intentar, empezar de nuevo...

Candy, se bañó a conciencia puesto que había pasado varios días sin que tuviera ánimos para hacerlo. Después se arregló y maquillo, tratando de ocultar los estragos de sus noches de desvelo y por la falta de alimento. Y se le alojó en su mente que debía empezar de nuevo.

Y debía empezar desde cero, porque el que fuera su marido no solo la había abandonado a ella, si no que también a sus hijos y ya no contaba con el apoyo económico de su parte. En un mes se acumularon las cuentas y se agotaron los suministros. Ese fue otro golpe más, pero decidió no llorar más sobre el agua derramada y a partir de ese día no iba a permitir que sus hijos vieran a una madre inútil y destruída.

Se armó de valor y comenzó a buscar empleo, dejaba solicitudes y currículums por vía internet. Pero, que difícil es lograr encontrar un empleo cuando solo se tiene la experiencia de ser ama de casa y no contar con experiencia laboral.

Además de que la edad cuenta como un factor muy importante. Y a sus más de cuarenta años, se complicaba más. En las entrevistas a las que acudía nada más saber su edad... Le despedían con un... Después le hablamos. Es una manera cruel de decir que no servía ya para el puesto. Aún así no tiró la toalla y tuvo que bajar sus estándares y dejó solicitudes en empleos más sacrificados pero, era eso o continúar hundiéndose. Y así sin pensarlo más logró emplearse en dos lugares y con dos sueldos decentes que le permitió continuar con su vida y solventar todos los gastos y por fin vino el respiro. Y vió la luz al final del túnel.

Candy, cambió en todo sentido, vio la vida de manera distinta y puso todo en perspectiva. Adelgazó y recuperó ese aire jovial. Saber que sí podía salir adelante sin el respaldo de un hombre. Le hizo recuperar el poder de mujer que había perdido tiempo atrás. Veía la vida diferente y se sintió avergonzada por todos esos años que fue una mantenida y sin sueños...

– Preciosa...– ¿Entramos ahí? ¿Te parece? – una dulce y sexy voz la sacó de sus recuerdos tristes. Candy, recordó que no venía sola, a su lado estaba el hombre más guapo y maravilloso. Tenía una cita. Nunca imaginó que el reencuentro con sus excompañeros de la universidad, le iba a traer a su vida un atisbo de felicidad.

– Albert, cariño... No, ahí no. Mejor ahí... Quiero entrar a ese motel...– contestó Candy, señalando un motel de paso que le traía amargos recuerdos.

– Donde órdenes y mandes hermosa...– respondió este bello hombre mientras le tomaba su mano y se la llevaba a sus labios y depositaba un cálido beso. Que hizo que su cuerpo se derritiera. Mientras lograban el acceso. Candy, no pudo evitar que se le vinieran a su mente como flashes unos tristes y amargos recuerdos. Un par de años atrás en ese mismo motel, el hombre que amaba le había roto el corazón.

Restrospectiva

Candy, de un tiempo había sentido frío y ausente a su marido. Tenía tiempo sin tener intimidad. No la buscaba como antes y eso le preocupó demasiado. Cuando ella intentaba un acercamiento él le rechazaba alegando cansancio. Candy, lo entendía puesto que el trabajo de su marido era demandante y de todo el día. Pero, había decidido inyectar un poco de aventura a su relación y se acercaba su cumpleaños y su aniversario de bodas. Así que Candy, había planeado una noche libertina con su esposo. Su plan era salir a tomar unas copas, bailar un rato y después parar en algún motel de paso y amarse como en el pasado, como cuando eran jóvenes y lo único que les importaba era el sexo sin restricciones. Candy, quería sacarlo de su rutina que lo absorbía demasíado. Y lo tenía estresado y preocupado.

Cuando Candy, le planteo su ideas de festejar., desde ahí comenzó su calvario. Aunque su esposo no se negó, no le vio animado éste simplemente asintió. Su actitud le desprendía un cachito de su corazón. Aún así no dió marcha atrás. Y continuó con lo planeado.

Candy le había citado en un bar. Quería jugar con la idea de un encuentro casual que terminaba en noche de pasión. Quizá era un juego estúpido pero, quería darle sabor a su relación, que se veía debajo del fango.

Candy llegó al lugar, se sentía tonta y pasada de moda. Todo era diferente ahora. Tenía años sin pisar un lugar así. Pero, se armó de valor y caminó hacia la barra de bebidas y pidió un cóctel margarita. De inmediato fue atendida. Candy, pensaba que quizá su esposo se encontraba ya en el lugar y pronto se acercaría a ella. Pasaron los minutos hasta que completaron una hora. Y no aparecía su marido. Candy, le buscaba con la mirada y nada, no le veía por ningún lado. En eso sintió sonar su teléfono y entraba un mensaje de él... Candy, leyó aprisa.

"Candy... Estoy afuera, no encuentro estacionamiento. Además no estoy de humor de entrar... Vamos a otro lugar. Ven rápido estoy estacionado en la entrada"

Candy, leyó aprisa y sus lágrimas a punto de salirse. Pero, no las dejó salir y de inmediato pagó su bebida y salió del lugar. En efecto le vio parado frente a la salida mientras le veía discutir con el valet parking, porque no podía estar ahí. Candy, corrió y se subió de inmediato y se disculpó con el pobre hombre que solo hacía su trabajo. Al entrar al auto su marido se veía molesto y serio. Otro golpe más y otro cachito desprendido. Aún así no se acobardo y continuó con el plan.


Su marido no emitía palabra alguna, no se tomó la molestia en mirarla. No se dió cuenta como iba vestida y el cumplido nunca llegó. Candy, se sentía desfallecer. Se había esmerado en su arreglo.

Portaba un vestido verde botella corto estraples. Y unas botas altas. Siempre le había gustado hacer ejercicio y cuidarse así que no se veía nada mal y lo había comprobado al estar en el bar sola. Cuando más de alguno se acercó a invitarle una copa. Así que se sabía atractiva. Pero, no para él... Todo el camino su marido no paraba de hablar y decir lo pesado que había sido su día. Candy, comenzaba a frustrarse nada le estaba saliendo de acuerdo al plan y eso la ponía triste. Pero, aún así continuó e iría hasta el final.

Candy, vio como se detenían en un motel de paso y se entusiasmo de momento. Quizá no todo estaba perdido quiso créer. Se adentraron al lugar y el portero les indicó el número de habitación. Era la número 22. Jamás olvidó ese número. Se adentraron y pudo observar la decoración y pulcritud. Eso le animó no se veía corriente y antigienica. Había una gran cama unos pequeños silloncillos y una mesita en medio de estos. Un gran espejo que reflejaba la enorme cama. Candy, se visualizo en varias poses y así recuperar a su marido que lo extrañaba horrores en la intimidad.

Candy, le vio marcar el teléfono y éste ordenó unas bebidas y comida. Ambos morían de hambre. Candy, se sintió animada e intentó relajarse. Ambos se sentaron y se alojó un gran silencio entre ellos... No sabían que decir. No tenían tema de conversación. Desde...– ¿Cuándo había sucedido esto?– Candy, se preguntaba. En casa los temas eran de su día a día y sus hijos... Pero, ¿Ahora? No salían las palabras.

Tocaron a la habitación los del roomservice. Y dejaron las bebidas y unas sincronizadas con queso y jamón. El buffet era sencillo pero, ambos bebieron sus cervezas y comieron sus alimentos. Y el silencio continuaba. Candy, se animó por fin a romper el hielo. Y le expresó lo feliz que se sentía estar con él a solas. Tenían tiempo sin salir a ningún lado solos. Y su marido solo asintió y dejo ver una mueca por sonrisa. Candy, se sentía dolida y triste pero, se armó de valor y tomó la iniciativa y se acercó a él y comenzó a dar masaje en sus hombros para liberar un poco la tensión y así lograr el acercamiento.

Candy, sintió rechazo y sintió que moriría de dolor. Su esposo se levantó y fue a prender el televisor. Candy le miraba cambiar de canal en canal hasta que apareció una movie erótica y su esposo mostró interés en la "trama".

Y en efecto su marido le hizo el sexo, calentándose con la película erótica y con tres cervezas encima. Solo así logro calentarse y cumplírle. Candy, todo el tiempo que duró el va y ven. Supo que el gran amor de su vida pensaba en otra mientras la hacía suya.

Final de Restrospectiva.

– Candy, hermosa... – si no estás segura de esto, puedo esperar...– Albert, sacándola de sus recuerdos.

– No, somos ya adultos y quiero hacerlo contigo...– ¿Qué número de habitación te dieron? – preguntó Candy, alejando sus malas vivencias.

– Nos, dieron la número 22...– contestó aprisa este bello hombre seductor. Que desde que la besó por primera vez la tenía mojada y chorreante. Solo con un beso... Candy, recordó cuando este bello hombre le pidió tres minutos de besos. Y desde ese día todo fue mejor.

Parecía una revancha del destino o coincidencia. Pero, estaba por suplir los malos recuerdos vividos en el pasado, por nuevos en este presente... Dos épocas diferentes con dos hombres diferentes... Pero, su yo rebelde quería tener sexo en esa habitación que un día vieron sus lágrimas. Deseaba con todas sus fuerzas que en esta ocasión fuera mejor... Fuera inolvidable...

A la mañana siguiente Candy llegaba a su segundo trabajo, demasiado cansada desvelada pero con muy buen humor... Llegaba con su bebida favorita un té de arándanos sin azúcar, con un termo humeante. Tenía que digitar un código para que la puerta del local se abriera... Pero, su intensa noche le pasaba factura. Más de 6 horas amándose sin descanso. Su mente solo estaba ocupada por esas imágenes sensuales de dos cuerpos adorandose sin inhibiciones.

En ese momento llegaba Martin su jefe y gerente del lugar y solo le movía la cabeza en negación al darse cuenta que su empleada "modelo" ya había olvidado la clave de acceso. Candy, se dió por vencida y esperó a que Martin bajara de la camioneta y fuera él quien abriera la puerta.

– Que cara traes... – ¿Andas cruda? – preguntó divertido Martin, mientras digitaba la clave y le ocultaba para que Candy no la viera.

– Que malo eres jefe, hasta no me dejas ver la clave para que ponga a funcionar mi cerebro...– rieron divertidos ambos mientras se adentraban al lugar.

– Candy, debes agilizar ese cerebro, has abierto muchas veces y no es posible que olvides la clave así de rápido... Acaso, ¿tienes perdida de memoria de corto plazo?– Martin, se la estaba pasando bomba al hacerle bulling a Candy.

– Igual tengo principios de Alzheimer ¿No?– Candy dijo bromeando. Martin movió nuevamente la cabeza negando ambos iniciaron labores. Pero, Candy se encontraba en la luna... Al recordar cómo ese guapo hombre le había hecho el amor. No solo era caballeroso era apasionado y definitivamente sabía satisfacer a una mujer. No solo era el acto en sí, a este hombre le fascinaban los previos y se tomaba su tiempo para prepararla.

Candy nunca imaginó que le pudiera salir demasiada agua de su lugar secreto. Ya había olvidado lo que era mojarse al grado de la empapacion. Ni con el que fuera el gran amor de su vida lograba ese grado de excitación.

Restrospectiva

Ya en el interior de la habitación 22. Albert, admiraba ese hermoso cuerpo voluptuoso. Y quedaba sin aliento. Candy, era simplemente hermosa en toda la extensión de la palabra. Quedó encantado con esos glúteos tonificados y su estrecha cintura. Pero, lo que más lo descolocaba y lo ponía en sus límites, era verle esos hermosos ojos verdes que le miraban como si el fuese lo único, como si él fuese un super héroe. En efecto, Candy le miraba con adoración. Y se preguntaba: ¿Por qué en tampoco tiempo se sentía que le quería?. Cuando le vio en la reunión de sus excompañeros. Y se saludaron, hicieron clik de inmediato y recordaron viejos tiempos. En el pasado se habían gustado. Pero, por una u otra razón nunca habían salido y mucho menos fueron novios. Y ahora que se reencontraban la química fluyó, salieron un par de veces y de inmediato vino la conexión. Y ahora se entregan con gran deseo y pasión.

Albert se hundía en Candy, lento y certero. Mientras le besaba una y mil veces... Sus bocas no podían, no querían separarse.

– Oh, Candy...– estás tan mojada – expresaba sin aliento Albert, por el efecto del disfrute.

– Lo se, no puedo evitarlo... Me has tenido así de mojada desde la primera vez que me besaste...– Candy respondió con la voz entrecortada, por el placer sentido cada que este maravilloso hombre le clavaba su hombría firme y palpitante.

– Me encanta ponerte así corazón... También me has tenido firme y chorreante desde que te abrace ese día que nos reencontramos.

– Albert, desde cuándo nos queremos...

– Desde hace 26 años...

Candy, le miró con adoración y unieron sus bocas una vez más... Albert, sudaba dejando caer una ligera brisa en el rostro de Candy. Albert, deseaba hacerla llegar una, dos o más veces. Su concentración estaba en satisfacer a la mujer que le hacía feliz, a la mujer que deseaba y a la mujer que la había cambiado su vida...

Candy, le montó y lo cabalgó, lento y pausado... Deseaba disfrutar al máximo esta compenetración. Pero, su clímax desbordante no deseaba esperar y comenzó su va y ven... Albert, le seguía su ritmo, sus manos amasaban ese hermoso trasero, que le fascinaba y adoraba demasíado, le ayudaba a qué la penetración fuera más profunda. Albert, sentía que su bella dama, estaba apunto de sentirse y eso le complacía demasiado...

– Vente cariño, hazlo... Bañame con tu agua dulce... Hazlo hermosa dame todo de ti... No, te contengas... Así, princesa, muévete así, que rico te mueves...– Albert, le instaba a qué se liberará... Candy, sin aplazar más dejó salir todo de ella, se sintió segura y deseada como nunca imaginó y su excitación se intensificó de una manera suprema y vino la liberación... No solo era su clímax en sí, ella liberaba una gran carga, liberaba todos esos malos sentimientos que la habían tenido presa y daba la bienvenida a esta felicidad pasajera... sí, pasajera... Por qué este maravilloso hombre, no era libre... Disfrutaría de esto lo que el tiempo y el destino le permita.

Final de Restropectiva

– ¿Candy? ¿Por qué huele a humo?. – preguntó Martin entrando al local. Llegaba con las compras y nadamás entrar supo que Candy había quemado la producción...

– No, no te enojes jefe, ahora no se me quemó la producción... Quise calentar unos panes en la tostadora y... Me distraje un poco y se me quemaron...– explicó Candy roja de vergüenza. La verdad es que se le quemaron por estar pensando en un hermoso rubio, meneos cogelon. No podía sacarse de su mente los multiorgasmos que le sacó. Nunca imaginó que podía llegar a clímax más de dos veces... Siempre lograba solo uno, no más... Su bello rubio, sabía satisfacer a una mujer...

Candy y Albert, se dan cita todos los miércoles en la habitación 22... Ambos se olvidan de todo y todos. Solo existen ellos dos. Dos cuerpos que se necesitan y se dan placer y felicidad... Solo por algunas horas ambos tocan el cielo...


Fin
Chicas aquí les dejo este pequeño aporte como reto de Escritoras de las dos semanas HOT Albert y Candy.. espero que sea de su agrado... besos a todas... espero su apoyo