Dulce Infusión
El sonido de la puerta indicaba que el último integrante había llegado, se notaba algo cansado, estirando sus brazos mientras caminaba con parsimonia hacia nosotras.
El sol comenzaba a asomarse y yo alistaba unos últimos detalles.
—¿Te quedaste dormido otra vez? ¡Eres un vago! – recriminó la azabache, el chico se quitó sus lentes para limpiar los cristales mientras se dirigía hacia mi.
Tomó el delantal que colgaba mientras hacía oídos sordos a los comentarios.
—Tu eres muy amagada Eimi —habló en medio de un largo bostezo, yo sonreí, dándole la razón en el fondo —,pasar todo el día limpiando no es fácil —Se quejó mientras hacía unos últimos estiramientos
Yo seguía acomodando mi cabello, ignorando el vaso que le había lanzado a mi compañero, limpié algunas mesas y recibí los encargos diarios en medio de los gruñido de los otros dos.
Sin decir nada Satoru se dirigió a la máquina, le hizo la revisión correspondiente para asegurarse que el expresso de hoy no fuese un desastre que llevara a la cafetería a la bancarrota
Eimi preparaba la caja mientras yo tomaba las bolsas de café en grano para acomodarlas.
Llevaba años trabajando allí, me causaba gracia recordar cuando decía que solo estaría allí por un máximo de medio año para obtener experiencia; habían pasado tres años sin darme cuenta.
Pero en medio de mis pensamientos llegó el primer cliente, mi cuerpo se movió solo; presa del hábito, llevé el café molido al filtro y luego a la máquina.
El olor inundó el lugar, era agradable; un beneficio de ese trabajo y tal vez, una de las razones por la que me había quedado allí tanto tiempo
Eimi recibía el pago mientras yo servía el oscuro líquido en el vaso, el hombre se despidió amablemente y se retiró; el primer cliente del día se había ido.
Sin notarlo, las horas pasaron y los clientes fueron llegando, hasta la mitad de la tarde donde comenzaba la conversación de todos los días.
—¿Crees que vengan hoy? —preguntó el único chico que trabajaba con nosotras, moviendo los granos de café para simular los nervios que sentía.
—Tienen la costumbre de venir todo los días, dudo que hoy sea la excepción —dije sin pensar, al percatarme los miré, estaban asustados, pero yo consideraba que era un temor sin fundamentos.
¿Contexto?
La cafetería quedaba cerca de diferentes oficinas y otros locales; además de la prestigiosa escuela que le hacía competencia a la UA, la academia Shiketsu.
Todas las tardes, un grupo de alumnos venían a tomar una bebida y charlar un rato, no sabía sus nombres; no me interesaba la verdad.
Pero su apariencia no pasaba desapercibida y no me refiero únicamente a su uniforme; una chica linda, un malhumorado de cabello morado, el tío pelo y un gorila.
En especial, ese gorila de actitud apasionada rozando con la agresividad, por alguna razón mis compañeros se volvían un manojo de nervios cuando estaba cerca y lo peor de todo…
El era el que siempre se acercaba para hacer el pedido.
Claro que al principio me causaba gracia lo torpe que se volvían cuando ese grandulón les hablaba, pero hasta que Eimi dejo caer mi taza favorita en medio de un ataque de alteración ya no me causaba risa.
—Ay no… —susurró, yo observé la puerta y vi al hombre de pelo abrir la puerta.
—Cualquier cosa estaré metido en el saco del café —argumentó él, pero Eimi lo jaló del cuello de la camisa para evitar el escape.
Las fuertes pisadas comenzaron a acercarse, los otros se habían dirigido a una mesa, el chico mostraba su típica sonrisa, con un aura victoriosa como si hubiese salvado al mundo.
Me dirigí a caja para darle un descanso a la azabache que me miró aliviada y se quedó junto a la máquina (con su otra mano asfixiaba a mi compañero con su camisa, pero ese es otro tema) pude notar que esta vez la sonrisa del joven flaqueó por un segundo, muy raro de él.
—Buenas tardes, ¿lo mismo de siempre? —Le dije, lo observaba expectante mientras este colocaba sus manos sobre la mesa.
—S-sí —Me pasó la tarjeta e hice lo de siempre, escuchaba el sonido del expreso y el de las tazas, nuevamente, el aroma a café se esparció por el sitio, eso siempre me relajaba, como si me llevara a otro mundo donde no existían las responsabilidades…
—Oye…
—¿Sí?
—No me devolviste la tarjeta
—¡Ah! Disculpe —Me había sumergido tanto en mi propio mundo que me había olvidado de la realidad, le pasé la tarjeta tratando de camuflar mis nervios, una rápida mirada asesina a mis compañeros que no aguantaban la risa mientras daban los últimos toques al café.
—No te preocupes —Volteé hacia él, ahora que lo veía bien su estatura lo hacía ver tan imponente, me sorprendí lo gigante que se veía desde el puesto de caja; ahora entiendo mejor a Eimi. —¿Ahora vas a ser la cajera?
—¿Eh? —Me sonrojé, de seguro había sacado un tema porque me quedé embobada viéndolo —,es solo por hoy, a veces hacemos turnos entre nosotros —Le expliqué
—Veo que te gusta el lugar, eso es bueno —abordó, a este punto no sabía que responder así le dirigí una sonrisa de cortesía, él llevo una mano a su nuca y esquivó mi mirada.
—Quiero preguntarte algo —Me susurró.
—¿Necesita algo más?
—Tú nombre —respondió, yo quedé petrificada de la sorpresa —¿M-mi nombre? —Me señalé a mi misma de forma automática ¿De qué le serviría mi nombre?
—¡Lamento la demora, aquí tiene su pedido! —Las manos temblorosas de Eimi se llevaron mi atención, el "gorila" le agradeció y observé como se retiraba, extrañamente, lo veía un poco desanimado.
—Tienes nervios de acero —Me dijo, yo le resté importancia mientras le daba espacio para que volviera a su puesto de caja
—Aunque hoy pude notar algo —habló Satoru detrás de nosotras —,nunca lo había escuchado tartamudear.
—Ah… —Ahora que lo pensaba, no me dio tiempo de responderle, lo vi a lo lejos, hablando con sus amigos como siempre, preferí no molestarlo, pero la curiosidad no se despegaba de mi mente.
El techo de mi habitación era deprimente.
—Necesito hacer una remodelación —Me dije mientras me levantaba de la cama, no me había percatado del enorme descuido,no solo de mi casa, sino de mí misma desde que comencé a trabajar.
Sin dudarlo me dí una buena ducha y lavé mi cabello, un buen baño siempre me levantaba los ánimos.
Habían pasado semanas desde mi conversación con el grandote de Shiketsu, de no ser porque me enfermé y ahora estaba de reposo no estaría recordando aquello.
Se sentía raro estar todo el día en la casa, me sentía fuera de lugar, me había habituado en extremo a mi trabajo.
El caminó allí se sentía liviano, y todos gracias a los días de descanso, apenas sonó la puerta mis dos compañeros no dudaron en hacer su interrogatorio, odiaba eso.
Les respondía mientras me colocaba el delantal, quería comenzar rápido para que olvidaran el tema y dejaran de preguntar por mi resfriado como si fuese cosa de otro mundo.
Pero algo no encajaba, no podía quitar de mi mente la terrible sensación de que algo se me olvidaba, pero por más que hiciera cabeza no daba con ello.
—Voy a necesitar que me ayudes con unas cosas —me dijo él, yo lo interrogué con la mirada.
—Hay que acomodar unas cosas en el área de descanso
—Pero si acabo de llegar, no tengo nada que ver con ese desastre —repliqué cruzándome de brazos, no quería que mi primera noche se fuera limpiando algo que no hice
—Eimi te pasó la amargura —se puso detrás de mí y me empujó hasta la puerta —,no va a ser mucho tiempo, ayúdanos.
Suspiré mientras tomaba el picaporte —Está bien, solo porque no tengo nada que hacer en mi casa —abrí la puerta y me sorprendió lo oscuro que estaba la habitación.
A todas estas...¿Dónde estaba Eimi?
—Qué-
—¡Feliz Cumpleaños!
Las luces se prendieron y el confetti volaba por todos lados, no podía asimilar la sorpresa
—G-gracias chicos, fue un bonito detalle
—Te hace falta relajarte —dijo él mientras llevaba una mano hacia mi hombro —,es raro que a alguien se le olvide su cumpleaños —se burló, yo le seguí el juego.
—Debemos acomodar esto, ya hace horas que cerramos —tomé la escoba pero Eimi me lo arrebató de las manos —¡Ey!
—Todavía falta algo —me dijo, viendo hacia la puerta de atrás.
Satoru se acercaba a mí con una enorme caja de regalo, era alarmante, no solo el tamaño, sino el peso, necesité ayuda de Eimi para ponerlo sobre la mesa.
La cantidad de abrigos que estaban dentro me dejó perpleja, lo miré con intenciones de darle un abrazo pero él levanto ambas manos a modo de protección.
—Ya quisiera tener el dinero para comprarte todo esto —Se burló, cruzando sus brazos —,aunque no lo creas...esto es de parte de un cliente….muy especial. —comunicó mientras me pasaba una tarjeta.
El mensaje era breve, nada especial, no obstante, me detuve en la firma, " Yoarachi Inasa" hice memoria todo lo que pude pero no recordaba a nadie con ese nombre….aunque tampoco es que fuese de muchos amigos.
—¿Quién es?
Eimi se puso a mi lado y me arrebató la carta para meterlo en uno de los bolsillos de los abrigos —No le des vueltas a eso, ya lo conocerás
—¿Eh?
Al día siguiente todo volvió a la normalidad, realizaba mis tareas como siempre, observando contenta el sol de la tarde; faltaba poco para cerrar.
Limpiaba la máquina de expresso hasta que sentí una mano sobre mi hombro, la azabache me miró con una sonrisa y me extendió el abrigo nuevo que había llevado ese día.
—¿Qué pasa?
—No preguntes nada y póntelo —habló sin más, yo la miré confundida
—¿Por? Todavía falta para cerrar
—Ya, ya, no seas terca y obedece
—Ni que fuera tu perro —Me quejé, pero opté por obedecerla antes de iniciar una discusión.
No era especialmente incómodo, mas bien podría acostumbrarme a eso, solo tuve que remangar las mangas para tener más libertad de movimiento.
—¡Te encargo la caja, debo buscar unas cosas! —Escuché a la distancia, pero al voltear ya había desaparecido, chasqueé mi lengua antes de dirigirme al sitio, no podía creer que me estaban dejando todo el trabajo.
—Bienvenido, ¿En qué puedo…? —Alcé mi cabeza más de lo debido ante el titán que tenía en frente.
¿Eran ideas mías o ese Gorilón estaba a punto de rozar el techo?
Él no me veía, apartó su mirada ocultándola con su gorra, yo balbuceé un rato antes de preguntarle.
—¿Lo mismo de siempre?
—H-hum —Dijo a duras penas, yo me quedé pensando un rato antes de dar media vuelta —Espera…
—¿Sí?
—Hoy...vine solo.
—Ah —observé las mesas, efectivamente, sus amigos no estaban, noté que estaba mirando uno de los marcadores que había al final de la mesa
—¿Quiere que escriba su nombre en el vaso? —Él asintió, yo tomé el recipiente y lo miré para que me dictara
—Yoarachi Inasa
El sonido del marcador impactando contra el suelo me devolvió a la realidad, me disculpé varias veces mientras me agachaba para recogerlo.
Era imposible. ¿Ese chico me había regalado esos abrigos?
Observé mi ropa y sentí el calor apoderarse de mis mejillas, tapé mi rostro con ambas manos sin saber qué hacer o decir.
Rendida, me levanté y lo miré de reojo, el también se veía algo nervioso, lo cual me tranquilizó al notar que la inquietud era mutua.
Escribí su nombre en silencio, no sabía a dónde se habían metido los otros, el ambiente se sentía asfixiante.
—Gracias —Le dije mientras le extendía el café —,p-por el regalo quiero decir.
—Ah, t-te queda bien —habló rascándose la mejilla.
—¿Cómo puedo pagártelo? —Espero que se niegue, porque si de verdad me tocaba pagarle todo eso iba a durar más de un año sin comer.
Permaneció en el sitio, yo comencé a jugar con mis manos mientras lo veía meditar, de seguro había metido la pata y ahora me iba a cobrar de verdad.
—Tu nombre.
—¿Disculpe?
—Dime tu nombre —repitió, tapando su rostro con la bufanda que cargaba puesta, pero fue en vano ya que estaba tan rojo como un tomate.
Incluso un gorila como él era incapaz de mantenerse firme ante sus sentimientos.
—Y-yoriko, Mishima Yoriko...
Un humilde intento de que el Gorilón (Uno de tantos) de BNHA tenga protagonismo :( siento que si se hubiera quedado en la UA la Liga de Villanos estuvieran volando por los aires como el equipo Roket jkaskajasdkjs ay.
Ya sé que el ambiente de la cafetería es muy cliché pero fue lo primero que se me ocurrió xD de verdad necesitaba salir de este One Shot porque no me daba cabeza para mis otras historias que debo actualizar D:
En fin, espero que haya sido de su agrado, nos vemos~
