Sasha, desde que se había afiliado a Athos, recuerda haber estado en varias partes del mundo al ser enviado a misiones junto a su María (en ese entonces, Mutsumi). Y reconoce que, nunca había permanecido por más tiempo del necesario en los lugares en los que era enviado.
Pues solamente se concentraba en terminar el trabajo, y listo. Él no estaba para hacer turismo ni nada, y eso a veces molestaba a Mutsumi en el pasado.
Pero ahora, las cosas eran distintas.
Venir a Japón, había cambiado bastantes cosas. Más porque en su camino se cruzó con Mafuyu y Tomo, quienes le recibieron en su morada; bueno, más Tomo que Mafuyu en ese entonces. Y debe reconocer que si no se hubiese topado con ellas, probablemente siguiese siendo el mismo niño que tercamente decidía quedarse estancado en las tragedias de un invierno.
Y tras los acontecimientos con el Qwaser de Oro, fue por decisión propia que quiso quedarse en Japón con su nueva familia y con los amigos que había hecho en el camino. Era la oportunidad que antiguamente se hubiera negado a aceptar, pero que ahora, agradecía infinitamente.
Y es ahora que, habiéndose establecido en Japón con ellas, se da el tiempo de conocer más sobre la cultura japonesa. Sorprendiéndose por las cosas que tiene por ofrecer; como sus platillos, los lugares turísticos y sus paisajes.
Que aunque no son Siberia, Rusia, su tierra natal. Le terminan fascinando.
- Hey Mafuyu, ¿Podemos ir allá? – preguntó, señalando un puesto de Ramen, como si de un niño se tratasen. Aunque, bueno, él tenía 16 años en ese momento.
Y Mafuyu, sonriendo mientras piensa en lo tierno que Alexander se ve, accede.
- Creí que únicamente comías Borsch.
- Quería probar algo distinto – responde un poco cohibido, desviando la mirada, pese a que Mafuyu se dio cuenta del pequeño rubor que hay en sus mejillas.
Pero finge entonces no haberlo notado, y sin soltar su mano, con un pequeño jalón le incita a seguirla.
- En ese caso, entonces vamos a probarlo.
