Sinopsis: Durante el día las personas llegan a la iglesia y confiesan sus pecados, todos y cada uno de ellos, después vienen a mí para que le dé su penitencia y entonces vuelven al exterior, salen de este templo y actúan como lo han hecho toda su vida, cometen pecados y regresan a este lugar para ser absueltos. Mientras tanto, yo observo, como un espectador, sus vidas pasar. Uno a uno, vuelven a sus hogares por las noches y disfrutan de su vida, mientras yo me quedo en la soledad de estas paredes, esperando a que el sol alumbre de nuevo y así mi vida tenga algún sentido.
Este OS fue escrito para el cumpleaños de Draco Malfoy 2021. ¡Felices 41, Draco!
Antes de comenzar agrego algunas advertencias:
Universo Alterno.
Histórico (tal vez finales del siglo XIX).
Bottom! Draco Malfoy
Top! Harry Potter
Draco es un sacerdote, así que si eres sensible ante temas religiosos mejor no leas.
Cualquier comentario ofensivo será eliminado.
Ahora sí, disfruten...
PARTE I
«Ojos color esmeralda, cuerpo seductor, una sonrisa hermosa y en la mano derecha lleva una pulsera de acero, que lo ata al mundo mortal para poder seguir apoderándose de más víctimas».
Draco escuchó con atención la confesión de Lady Parkinson, quien se veía claramente desde el ángulo de su visión sosteniendo un rosario, sus pequeños y delgados dedos se aferraban con fuerza al crucifijo.
─ ¿Estás segura, hija mía? ─cuestionó, no era apropiado dudar de los fieles, pero lo que ella le estaba revelando sonaba tan absurdo. Lord Potter, uno de los hombres más adinerados y distinguidos de la sociedad británica no podía ser un demonio.
─ Si, Padre ─susurró ella─, era él, yo lo vi.
─ ¿Y después qué pasó? ─preguntó curioso.
Lady Parkinson exhaló, cerró los ojos y se tomó su tiempo para continuar con la historia.
─ Estaba allí, frente a mi cama, las puertas del balcón abiertas de par en par, yo quise preguntarle qué estaba haciendo en mi habitación, quería exigirle que saliera inmediatamente, pero no podía hablar, era como si hubiera perdido la capacidad de hacerlo, todo lo que quería decir se quedó atorado en mi garganta. Después intenté salir de la cama, pero mi cuerpo estaba congelado, no podía mover ninguna parte de mi cuerpo, ni siquiera podía sentirlo.
─ ¿Y después?
─ Él se acercó a mí, dando suaves y lentos pasos, rodeó la cama y continuó caminando hasta que… llegó junto a mí, se inclinó hasta que su rostro casi tocó el mío, su aliento era frío, como si una ráfaga del frio invierno golpeara mi rostro.
«Padre, yo… lo siento.
Draco frunció el ceño y observó cuidadosamente a la mujer; ella tenía las mejillas sonrojadas, sus largas pestañas negras rozaban la piel bajo sus ojos con delicadeza. Extrañamente ahora sonreía, parecía extasiada. El sacerdote encontró la expresión bastante inusual.
─ ¿Por qué lo sientes, hija mía? ─cuestionó para animarla a continuar.
─ No me pida que le diga exactamente lo que pasó, no me haga enfrentarme a mis pecados, soy débil de corazón y de espíritu, por eso he venido a solicitar su ayuda ─Draco le pidió que revelara solo lo que ella considerara prudente─. Padre, perdóneme, pero todo lo que ocurrió después fue divino, jamás me había sentido así al estar con un hombre.
─ ¿Cree que él entró por el balcón? ─realmente no tenía relevancia, pero quería saber, ¿cómo haría un hombre para infiltrarse por la noche a una propiedad tan segura como la de los Nott y después escalaría hasta la habitación de la condesa?
─ Él… no lo sé. No me di cuenta en qué momento se abrieron las puertas del balcón y no me di cuenta cuando volví a quedarme dormida. Al despertar, las puertas estaban cerradas, aseguradas como me gusta que lo haga la servidumbre.
Lo que imaginaba, Draco concluyó que no había sido más que un sueño, igual que el sueño de Lady Greengrass. Quien había llegado con una historia parecida un par de días atrás.
─ Padre, he pecado, he traicionado a mi esposo y me siento terrible.
─ Calma, hija mía, reza tres padres nuestros y pídele a Dios que te ayude a ser fuerte.
─ ¿Eso es todo, Padre? ─cuestionó sorprendida.
─ Si, eso es todo. Y ahora vete, y no vuelvas a pecar.
La mujer asintió, se persignó y salió del confesionario.
Una vez quedó libre, Draco dejó escapar un profundo resoplido. La gente del pueblo de Salisbury era verdaderamente extraña. Todavía creían en los demonios y otro tipo de seres paranormales.
Draco Malfoy era el hijo de un conde muy importante de Inglaterra, desde muy joven su inminente atracción por los hombres, hombres guapos y varoniles, se hizo presente. Sin embargo, al cabo de un tiempo descubrió que estaba cometiendo un terrible pecado, era malo y estaba poseído por el diablo, así que decidió que se convertiría se sacerdote, para erradicar la maldad de su cuerpo. Su padre se mostró bastante sorprendido por su decisión, y lo cuestionó sobre las razones por las que decidiría ser un sacerdote en lugar de dedicarse a la administración de sus propiedades, Draco no flaqueó, solo reveló que esa era su vocación, es lo que más deseaba en el mundo y el conde terminó por apoyarlo.
Ahora, cinco años después de su decisión, había finalizado sus estudios y de inmediato fue enviado a ocupar el lugar de un viejo sacerdote que se encargaba de la iglesia de Salisbury.
Al estudiar teología, aprendió mucho sobre la historia de las religiones. Sabía entonces que los demonios, tal como las mujeres del poblado lo describían era una completa farsa, porque la perfidia yace en los corazones de las personas, el diablo se aloja en nuestra alma y es la única manifestación de maldad existente en la tierra. Pero el humano es débil de corazón y alma, tal como lo había dicho Lady Parkinson, no son fuertes para asumir que la maldad está alojada en sí mismos así que buscan maneras de canalizar su culpa inventando figuras como demonios y otros seres oscuros. Lady Greengrass y Lady Parkinson solo habían tenido sueños inapropiados con el Vizconde Potter. Draco apenas llevaba un par de meses en el poblado, realmente no había conocido a todos los habitantes, había interactuado un poco en las misas dominicales, así que solo se podía basar en lo que había escuchado hablar del vizconde Potter. Se decía que era un hombre agradable, siempre sonriente y amable. Era viudo, había perdido a su esposa y su hijo no nato la misma noche, un evento realmente desafortunado, pero a pesar de eso, parecía que el hombre lo había superado. Después, no se volvió a casar. Y físicamente… Draco lo encontraba atractivo.
Recordaba el primer domingo que dio misa en la iglesia, era una costumbre que, al finalizar la ceremonia, todos se formaran para despedirse del padre; besaban su mano y le brindaban algunas palabras.
Draco fue recibiendo la bienvenida de las personas más influyentes del pueblo, con cargos importantes en el gobierno o simplemente buenos negocios en la nación. Las mujeres y hombres por igual le besaban el dorso de la mano y le decían que lo apoyarían en cualquier cosa que necesitara. Draco agradecía y les daba una bendición, hasta que llegó él.
Recordaba sus brillantes ojos color esmeralda centrados en él. Y esa sonrisa torcida. El corazón de Draco flaqueó, pero rápidamente se recuperó y aceptó la bienvenida y lanzó la bendición al hombre como si se tratara de uno más del montón. Por eso, comprendía que las mujeres sintieran atracción por el vizconde. No en todos los poblados existen hombres apuestos, adinerados, carismáticos y principalmente solteros.
Salió del confesionario y caminó en dirección a su habitación. Deseaba descansar y el horario de confesiones ya se había terminado. En el camino se encontró a Hermione Granger, una joven soltera con mirada inteligente y personalidad osada.
─ Lady Hermione ─saludó mientras pasaba a su lado, ella se puso de pie al instante y corrió tras él.
─ ¡Padre Draco! ¿Puedo hablar un momento con usted?
Refunfuñó internamente, en el exterior sonrió y asintió ligeramente.
─ Padre, necesito su consejo, mis padres me han dicho que ya es momento de que me case, de hecho, aseguran que ya he dejado pasar bastante tiempo. Padre Draco, ¿Usted qué opina? ¿Cree que debo casarme?
Draco gimió de frustración por dentro, esta no era la primera ocasión, desde que había llegado a Salisbury no había faltado alguna mujer joven y casadera llegara con el mismo "problema" y por supuesto, pedía su consejo, porque bueno, él era el sacerdote, él sabía que debía hacer una joven en esa posición, tal vez… él querría casarse con la joven en cuestión.
Era la tercera vez, primero fue Lavender Brown y después Susan Bones. Pedían consejo y cuando Draco le decía que hicieran lo que les dictara su corazón, lo tomaban como una aceptación. Entonces las jóvenes volvían, con alimentos y flores, una y otra vez hasta que terminaban por abalanzarse sobre él, pero esta vez no caería.
─ No hija mía, no creo que sea prudente que te cases ahora ─Hermione frunció el ceño─, eres joven e inteligente, tú como ninguna otra mujer puede hacer grandes cosas y no solo redimirse a la posición de esposa.
De pronto la chica sonrió, tomó la mano de Draco para besarla e hizo una reverencia.
─ Gracias, Padre, eso es lo que necesitaba escuchar ─expresó con una gran sonrisa y luego salió rápidamente de la iglesia.
Fue tan inesperado que Draco no pudo evitar mostrarse impactado.
─ Había escuchado que usted daba excelentes consejos, ahora confirmo que no solo es un rumor que esparcieron aquellas damas que se muestran interesadas en usted.
Draco dio un respingo al escuchar la voz profunda del vizconde Potter. No tenía idea de dónde había salido. Afortunadamente de inmediato recuperó su postura neutral. Miró al hombre fijamente, sus ojos verdes brillaban tan intensos como siempre y la barba oscura en su rostro le hacía ver más varonil y atractivo. No podía culpar a aquellas mujeres que lo soñaban, mucho menos podía negar que fácilmente se podría hacer pasar por un incubo.
─ ¿Considera que decirle a una mujer que tiene un mejor futuro que el matrimonio es un buen consejo?
─ Sin duda lo es cuando la mujer en cuestión es Hermione Granger.
─ ¿Qué necesita, Lord Potter?
El aludido sonrió de esa manera en que hacía que el corazón de Draco y su voluntad flaquearan.
─ Necesito confesarme, Padre Malfoy ─hasta ahora era el único que usaba el apellido en lugar de su nombre.
─ Lo lamente, pero el horario de confesiones se ha terminado por hoy.
─ Por favor, Padre. Le prometo que seré breve.
Draco dudó por unos segundos hasta que terminó por acceder con un firme asentimiento, se dio la vuelta dispuesto a volver al confesionario, pero Lord Potter lo detuvo.
─ No es necesario ir al confesionario, puedo hablar sin necesidad de ocultar mi rostro.
Convencido, Draco se sentó en una de las largas bancas y a continuación, Potter tomó asiento a su lado.
─ Hable, Lord Potter ─dijo.
─ Como ya le he advertido, seré breve ─permaneció en silencio por varios segundos antes de continuar─. Padre Draco, desde hace algún tiempo he sentido un deseo abrumador que no me deja tranquilo, un deseo carnal por una persona.
─ ¿Y qué tiene de malo eso? ─cuestionó curioso, según había escuchado decir, Lord Potter no tenía interés en ninguna persona del pueblo e incluso jamás se le había visto visitar el burdel─. Sentir deseo por otra persona es un sentimiento muy normal entre los humanos.
Lord Potter sonrió de lado. Draco frunció el ceño, pero antes de que pudiera decir algo al respecto la respuesta llegó.
─ Tiene razón, sin embargo, el deseo que yo siento es hacia un imposible.
─ ¿Acaso se trata de una mujer casada? ─cuestionó sorprendido.
Lord Potter comenzó a reír y negó con la cabeza.
─ Dígame una cosa, Padre Draco. Acaba de decir que es normal sentir deseo, que todas las personas lo sienten, eso quiere decir que usted también se ha sentido así.
El rubio se sonrojó sin poder evitarlo. ¿Qué estaba insinuando ese hombre?
─ Lord Potter, si me disculpa, tengo cosas qué hacer.
Se puso de pie dispuesto a irse directamente a su habitación, pero el hombre lo tomó de la muñeca y evitó que se fuera.
─ Por favor, Draco ─susurró.
Draco sintió que todo su cuerpo se estremeció en ese momento. Una furiosa calidez brotó de su vientre y subió hasta su pecho.
─ Por favor suélteme ─pidió, pero no fue escuchado.
Lord Potter se puso de pie. Ahora sus cuerpos quedaron muy cerca el uno del otro.
─ Desde la primera vez que lo vi no he dejado de pensar en usted, en su cabello, sus hermosos ojos, preguntarme como se sentirá su piel, si debajo de ese atuendo su cuerpo es tan excitante y perfecto como lo imagino.
Draco cerró los ojos y respiró profundamente, cuando volvió a abrirlos apartó al hombre con un empujón.
─ Le pido que olvide todo lo referente a ese deseo absurdo que cree que siente por mí. Tiene razón, está mal ─y caminó firmemente hasta desaparecer de la visión de Lord Potter.
Lo cierto es que su corazón no dejaba de palpitar como loco, por más que trató de controlarse respirando fuertes bocanadas de aire y dejando escapar todo el aire acumulado repetidas veces. Por más que trató de no pensar en el hombre y esas palabras susurradas tan íntimamente.
«Esto no está bien» se dijo repetidas veces intentando interiorizar esas palabras, pero la realidad era que Lord Potter había despertado en él aquel deseo que creyó haber sepultado durante sus años de estudio.
Al día siguiente, a la misma hora, Lord Potter estaba esperando. Draco pasó a su lado ignorándolo por completo, pero no logró su cometido, pues el hombre lo siguió hasta que se detuvo abruptamente para encararlo.
─ ¿Acaso no lo ha entendido? Ya le he dicho que está mal, no puede seguir insistiendo con esto.
─ Puedo y quiero hacerlo, no me importa nada más que poder estar con usted.
Draco abrió grande los ojos, si él mismo no supiera que los demonios no existían habría creído que Potter estaba poseído por uno.
─ Soy un hombre de Dios, Lord Potter. Mi vida está entregada al Señor.
De un movimiento Lord Potter lo atrajo a su cuerpo y con sus fuertes brazos envolvió su cintura.
Draco jadeó sin poder evitarlo, de inmediato su rostro se ruborizó.
─ Te he visto como me miras, así que no digas que eres un hombre de Dios. Tú sientes lo mismo que yo, ¿por qué no permites que te muestre las maravillas de la pasión?
─ La única pasión que puedo sentir es por la devoción que le debo al Señor ─trató de ser convincente.
─ Dime, Draco. ¿El Señor es capaz de sostenerte de esta manera? De acariciarte y besarte…
El rubio se removió cuando vio las intenciones claras de Lord Potter en sus ojos. Iba a besarlo e incluso si lo permitía llegaría a más y él no podía hacer eso.
─ No puedo, no puedo ─se removió hasta que lo soltó─. No puedo ─susurró una vez más antes de salir huyendo.
PARTE II
Lucius Malfoy asintió mientras echaba un último vistazo al interior de la iglesia. Su madre estaba preguntando si se alimentaba adecuadamente y si las personas de aquel pueblo lo trataban bien.
─ No es lo que esperaba para ti, pero estoy satisfecho. Haciendo un poco más de méritos seguramente te cambiarán a una ciudad.
─ Este lugar me agrada. Las personas son amables y en general siempre hay tranquilidad.
Lucius negó con la cabeza.
─ Siempre es importante aspirar a más hijo. Creí que lo sabías.
Draco no quiso discutir, así que le dio la razón.
─ Bueno, entonces nos vamos.
─ ¿No se quedarán aquí? ─cuestionó contrariado.
─ Oh, Draco ─habló su madre─, no queremos importunarte. Solo queríamos ver con nuestros propios ojos cómo te encuentras, asegurarnos que estás bien.
El rubio sonrió y se acercó a su madre para darle un abrazo.
Una vez sus padres se despidieron volvió al interior de la iglesia con la idea firme de organizar un poco de los documentos, pero Lord Potter hizo su aparición vespertina.
Desde que Draco le había rechazado no había dejado de visitarlo todos los días, supuestamente únicamente como una manera de hacerle compañía, pero en sus ojos se reflejaba el firme deseo que sentía por él, lo cual lo incomodaba y hacía que su cuerpo ardiera de una manera que nunca había experimentado, ni siquiera cuando se masturbaba a sí mismo con el fin de desahogar sus malos pensamientos.
─ ¿Esos eran tus padres, Draco? ─preguntó mientras lo seguía a la oficina.
Draco se había cansado de pedirle que no entrara a otras partes de la iglesia sin autorización ya hace varias semanas. Así que no le importó que caminara a su lado.
─ Si, lo eran.
─ Te pareces mucho a ellos ─dijo el hombre mientras entraban a la oficina─, posees la elegancia de tu padre además del mismo tono de cabello y ojos, pero tu madre de ha heredado su gracia y belleza natural.
Las palabras provocaron que Draco se sonrojara.
─ ¿Está vez qué lo trae aquí? ¿De nuevo pasar simplemente el rato?
Lord Potter asintió.
─ Es reconfortante pasar mis tardes contigo. Puedo hablar de varias cosas y aprovecho para admirarte.
Draco resopló.
─ ¿Por qué no simplemente actúa como un hombre normal y elige a una buena mujer para formar una hermosa familia con ella?
De pronto, esa expresión vivaz que tanto caracterizaba a Lord Potter se desvaneció, ahora su expresión se veía sombría.
─ Ya una vez me casé ─comenzó─, sé que lo sabes, la gente de este pueblo no para de hablar sobre eso.
─ Si, lo sé, pero… ¿No deseas volver a hacerlo? Puede parecer…
─ ¡No, no quiero! ─interrumpió, ahora se veía molesto─, no quiero ─volvió a repetir, está vez su tono fue más suave, claramente había buscado controlarse─. Lo siento ─y antes de que Draco pudiera decir algo el hombre salió de la oficina.
Al día siguiente Lord Potter no regresó. Draco no se preocupó, incluso quiso creer que era lo mejor. Teniendo la tentación lejos sería más fácil para él. Pero lo cierto es que días después, cuando no volvió comenzó a sentirse preocupado y triste. Extrañaba la presencia de ese hombre.
─ ¡Padre, Draco! ─Hermione Granger caminaba en su dirección con una sonrisa brillante en el rostro─. Solo vengo a informarle que me mudaré a Londres.
El rubio arqueó una ceja. Ella continuó.
─ Voy a ingresar a la universidad para señoritas de Londres. Su consejo me ayudó a tomar el valor para enfrentar a mis padres y decirles que quiero estudiar y que mi sueño no es casarme. Antes de irme quería agradecerle.
Draco estaba sorprendido, no esperaba tal cosa, ahora entendía la razón de que Lord Potter le asegurara que había dado un buen consejo. Aunque se sintió avergonzado por haber creído que la joven tenía otro tipo de intensión.
─ Me alegra que pueda seguir su sueño, Lady Granger.
Ella sonrió.
─ Sea feliz, Padre Draco.
Dijo antes de irse.
«Sea feliz» las palabras se implantaron con fuerza en su cabeza. ¿Qué es ser feliz? Se supone que alguien es feliz cuando está plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno. No obstante, Draco no había sentido nunca eso. Draco nunca se había sentido feliz, a excepción de su niñez, cuando cabalgaba por la pradera o su madre jugaba con él, pero después de eso, no podía recordar un momento en que fuera feliz, al menos no se sintió así hasta que… ¡no podía ser posible!
Se había acostumbrado tanto a la presencia de Lord Potter que no se había dado cuenta que el hombre le hacía sentir diferente, que cuando escuchaba sus anécdotas o simplemente sus coqueteos, esa dicha, esa satisfacción, estaban allí.
Salió apresurado rumbo a la casa de Lord Potter. Como ya era tarde no se encontró a tantas personas en el camino, así que llegó en poco tiempo.
Cuando se instaló frente a la puerta, su corazón martilleaba furiosamente, pero aun así llamó y en poco tiempo, un mayordomo de la casa, salió a atenderlo.
─ ¿Se encuentra Lord Potter? ─cuestionó al hombre, este asintió y le hizo pasar. Lo llevó hasta un saloncito y le pidió que esperara.
Nervioso y emocionado por igual esperó dando vueltas por el saloncito hasta que las puertas se abrieron y por ellas entró Lord Potter, tan apuesto e imponente como él solo podía ser. Esta vez, su cabello no estaba atado, por lo que pudo apreciar la rebeldía de este mucho más.
─ Draco, ¿pasó algo malo?
El aludido negó con la cabeza.
─ Sé qué es muy tarde, seguramente estoy incomodando.
─ No, por supuesto que no ─se apresuró a aclarar─. Tú jamás me incomodarías.
Draco suspiró.
─ Yo, necesito decir algo, tal vez suene estúpido y seguramente es demasiado tarde, pero tengo que decirlo, necesito hacerlo o de otra manera yo… no podré seguir adelante.
Lord Potter hizo que se sentara y luego le acompañó sentándose a su lado.
En ese momento, entró el mayordomo con un servicio de té. Potter lo despidió y él mismo sirvió una taza para Draco.
─ ¿Quieres que le ponga limón o leche?
Draco negó. Por lo que Lord Potter le acercó la taza, el rubio estuvo agradecido, definitivamente el té le ayudaría a relajarse.
─ Desde que era muy joven, siempre me preocupé por complacer las expectativas de los demás. Siempre hice lo que para el resto del mundo parecía correcto, pero jamás pensé en mi mismo. Si yo era feliz o si me complacía lo que hacía. Entré al sacerdocio porque tenía miedo de mí mismo quería ser igual que el resto de los hombres y reprimí mis deseos. Hoy me cuestioné si realmente soy feliz y me di cuenta que esa sensación de sentirse pleno y satisfecho no la he sentido en mucho tiempo. Al menos no lo hice hasta hace poco, cuando la soledad en la que habitaba permanentemente se esfumó gracias a usted. Gracias a que usted, Lord Potter, estaba allí mis días fueron más agradables.
─ Y sonreías de verdad ─completó Lord Potter.
Draco miró fijamente esos ojos verdes, estaba sorprendido, jamás creyó que alguien notaría que nunca sonreía de verdad, que todas sus sonrisas siempre eran fingidas.
─ Era verdad lo que dijo, me siento atraído hacia a usted y he intentado negármelo para no caer en la tentación, pero no puedo más, tenía que confesarme. Y sé que usted ha cambiado de opinión sobre mí, por eso no espero que me corresponda, solo quería decir eso ─se puso de pie con intención de irse de inmediato, pero Lord Potter lo detuvo.
─ No he cambiado de opinión, no podría hacerlo, conforme han pasado los días me di cuenta que me había enamorado de ti y un amor tan fuerte como el que siento no puede desaparecer de la noche a la mañana.
─ ¿Entonces por qué dejó de ir a la iglesia? ─no quiso que sonara como un reproche, pero no pudo evitarlo.
Lord Potter sonrió.
─ Pensé que en verdad no tenías ningún tipo de interés en mí y que yo había imaginado todo. Comenzaste a hablar de que buscara una esposa y formara una familia, algo que no deseo hacer. Ya una vez lo intenté, me casé y estuve a punto de tener un hijo, pero los perdí a ambos en el proceso. Fue mi castigo por forzar la realidad. Yo jamás he sentido atracción por las mujeres, desde muy joven me di cuenta que me interesaban los hombres. Pero aun así quise hacer cumplir con los estatutos que marca la sociedad y mira en qué terminó, perdí todo. Después de aquel episodio creí que era buena idea dejar de pensar en la posibilidad de buscar mi propia felicidad, hasta que llegaste a Salisbury y no podía dejar de pensar en ti y cuando menos me di cuenta ya te amaba.
Draco sintió que todo su cuerpo ardía, la confesión lo había tomado por sorpresa. Él creía que Lord Potter solo lo deseaba carnalmente, jamás imaginó que sentía algo más.
─ Yo también me he enamorado de usted, Lord Potter.
─ Harry ─corrigió mientras cerraba el espacio que había entre los dos.
─ ¿Qué? ─susurró nervioso al sentir la cercanía.
─ Llámame Harry.
─ Harry ─apenas exhaló el nombre, Lord Potter le besó.
Fue un beso suave y a la vez intenso. Draco jamás experimentó un beso, pero se dijo a sí mismo que, aunque lo hubiera hecho no se compararía con el de Harry, porque a él lo amaba y sus sentimientos eran correspondidos de igual manera.
Continuaron besándose, separándose por momentos para recuperar el aliento. Cuando Harry comenzó a acariciar su cuerpo sobre la sotana, Draco lo detuvo.
─ Espera ─pidió─. Alguien puede venir.
Harry negó.
─ Nadie vendrá, pero si te hace sentir mejor, vamos a mi alcoba.
Draco no pudo negarse.
En silencio, fue arrastrado a la parte superior de la casa y en cuanto entraron a la habitación Harry se abalanzó sobre él renovando el beso y las caricias.
Poco a poco las ropas fueron quedando a un lado y en su lugar solo existió el calor de sus pieles rozándose una con otra.
Harry cargó a Draco y lo depositó sobre la cama cuidadosamente antes de posicionarse sobre él. Nuevamente renovó los besos y caricias, pero esta vez su boca repasó cada parte de su cuerpo, Draco sentía placer al sentir la húmeda y caliente lengua probando su piel junto con el suave roce de la barba.
Cuando Harry llegó hasta su entrepierna y se llevó su miembro a la boca quiso protestar, pero era demasiado tarde, su excitación era demasiada como para pedirle al hombre que parara. Ahora sentía lo contrario, no quería que parara jamás.
Harry lamió y succionó con premura hasta que Draco dejó ir su orgasmo, derramó hasta la última gota de su corrida dentro de la boca del moreno quien se bebió todo.
Draco estaba jadeante y agotado, sentía que todo había acabado, pero no era así. Harry lo giró de un solo movimiento y antes de que pudiera preguntar qué pretendía el hombre abrió sus nalgas y sumergió la cara entre ellas comenzando a lamer alrededor de su entrada.
─ Ha-Harry… no… ─es lo único que pudo expresar, después volvió a entregarse por completo a las sensaciones recién experimentadas por su cuerpo y se sorprendió al notar que en tan poco tiempo su erección volvió a instaurarse. Mientras tanto, Harry lamió e introdujo su lengua en su fruncido orificio, moviendo la boca y succionando como si estuviera comiendo un delicioso caramelo.
Cuando el rubio sintió que no podía más y volvería a venirse, Harry se detuvo. Quería protestar, pero no tuvo tiempo, pues los dedos gruesos y largos del hombre comenzaron a jugar con su ano. No se había dado cuenta en qué momento Harry tomó un frasco de aceite de su buró y vació una gran cantidad entre sus dedos, solo fue consciente de ello cuando vio la botella descansando sobre las sábanas. Sumergiendo los dedos uno a uno, Lord Potter jugó con su interior hasta que tocaron su próstata. El rubio gritó de placer y aferró sus manos fuertemente a las sábanas mientras que sus ojos rodaron hacia atrás.
─ Eres tan perfecto, Draco ─escuchó a Harry decir mientras se removía. Volvió a girarlo igual de fácil que como lo hizo la primera vez.
Otra vez estaban uno frente al otro y el rubio no dudó en atraer a Harry para besarlo. Era extraño, Harry había lamido su ano y se había tragado su semen, pero no le pareció asqueroso, en realidad era excitante.
─ ¿Estás listo para recibirme? ─Draco asintió a pesar de sentirse nervioso, el pene de Harry era un poco más grueso que el suyo a pesar de que poseían el mismo largo. No estaba seguro de que cupiera dentro de él, pero confiaba en que sería placentero para ambos, así que tomó una gran bocanada de aire, intentó relajarse lo más que pudo y esperó.
Harry tomó nuevamente el frasco, vació una cantidad generosa en la palma de su mano y luego frotó su erección, la cual alineó en seguida con el ano del rubio y comenzó a empujar lenta y cuidadosamente.
Draco sintió como se rompía poco a poco su interior. Pero sus ojos conectados con los de Harry y los besos que este le proporcionaba esporádicamente le ayudaron a relajarse. Cuando menos se dio cuenta el moreno había logrado introducir todo su miembro. Algunas lágrimas brotaron de sus ojos y Harry las lamió enseguida.
─ ¿Estás bien? ─cuestionó preocupado─. Relájate, yo esperaré. Si quieres que lo saque, lo haré.
─ No, no es necesario, solo… dame un minuto.
Cuando se sintió seguro de que podían continuar asintió, en seguida Harry movió las caderas hacia atrás logrando que la mitad de su pene saliera, luego volvió a empujar. Continuó con el mismo ritmo hasta que encontró la próstata del rubio provocando que este sintiera que veía estrellas, de inmediato le pidió que fuera más rápido, entonces no se contuvo más y dejó escapar su lado salvaje. No duraron mucho y casi llegaron al mismo tiempo.
Harry cayó laxo sobre Draco y este le abrazó débilmente.
─ Fue mucho mejor de lo que había imaginado ─susurró, al no recibir respuesta levantó la cabeza para ver al rubio, notó que se había quedado dormido, así que solo sonrió y se removió cuidadosamente para sacar su pene flácido del rubio. Lo acomodó con cuidado antes de salir de la cama para ir a buscar un trapo limpio. Lo limpió con cuidado y cuando estuvo limpio y lo cubrió con una sábana. También se limpió a sí mismo y volvió a la cama, se acomodó hasta que su cuerpo quedó abrazando al del rubio y cerró.
─ Gracias, mi bello ángel ─susurró y le dio un beso en la cien. Después cerró los ojos y pocos minutos después se quedó completamente dormido.
EPÍLOGO
─ Se lo he dicho, Padre Draco. Lord Potter estaba allí, en mi habitación.
Draco rodó los ojos porque sabía que Lady Clearwater no lo estaba viendo.
─ Lo sé, hija. Te creo. Ahora ve y reza, pídele a dios que te perdone y por favor, la próxima vez que Lord Potter visite tu alcoba solo reza en casa, no es necesario que vengas a mí para confesarte.
─ ¿Está seguro, Padre Draco? ─cuestionó la joven.
─ Por supuesto que lo estoy.
Ella agradeció y salió del confesionario enseguida.
Draco resopló.
Esperó unos minutos para relajarse, luego salió al exterior, Harry estaba allí, esperándolo con una gran sonrisa.
─ No me digas, otra vez soy un incubo que visita mujeres mientras están dormidas.
El rubio rodó los ojos y suspiró.
─ Si tan solo supieran que hay una sola habitación que me gusta visitar ─canturreó mientras iban al área privada de la iglesia.
─ Pero no pueden saberlo ─replicó.
Harry comenzó a reír y le proporcionó una fuerte nalgada.
─ ¡Oye, animal! ─exclamó.
─ No puedo evitarlo, me encanta tu trasero.
Draco se puso furiosamente rojo.
─ Esas mujeres tienen razón, eres un demonio.
─ Solo porque se trata de ti me convierto en un demonio ─el rubio negó con la cabeza─. Por cierto, ¿cuándo entregarás la renuncia?
Draco comenzó a desabrocharse la sotana.
─ En un par de días enviaré la carta.
─ Estoy muy feliz ─expresó el moreno, el brillo en sus ojos confirmaba su emoción─. Ya verás Godric's Hollow te encantará.
Tiempo después de haber comenzado su relación, Harry le había pedido que se mudara con él. Draco obviamente se había negado, pero después de meditarlo mejor, pensó que era buena idea, que deseaba estar con Harry todo el tiempo. Por eso le planteó la idea de renunciar y que el vizconde buscara una casa en otro poblado donde nadie los conociera. Por supuesto, el hombre accedió de inmediato y ahora solo estaban ajustando los últimos detalles del comienzo de su nueva vida.
─ Estoy seguro de que así será ─concordó con una sonrisa.
Harry se acercó a él y envolvió sus brazos alrededor del rubio, después de inclinó y lo besó suavemente.
─ Te amo ─susurró al separarse.
─ Y yo a ti ─respondió Draco.
