Escribí esto estando aburrido. Quería hacer algo diferente y pues... aquí está. Esta cosa es sugerente y, ninguno de los personajes me pertenecen, son propiedad de SNK.


Una joven francesa, de largos cabellos pelirrojos, sueltos, con prendas que tienen la dicha de tocar su cuerpo escultural y, cuya transparencia no deja mucho a la imaginación, mira la ventana de un hotel.

Sus pechos desnudos, grandes y redondos melones con una corona rosada se ven a través del cristal, reposan sobre sus brazos, pues ella los tiene cruzados.

Mira el cielo nocturno, pintado por la noche estrellada y, el mar, el agua tan fina que refleja un brillo singular son el centro de atención.

Suspira.

Shermie se recarga sobre una de las paredes y piensa en el futuro.

Atrás de ella, en aquella habitación hay distintas cosas: Un cuadro tirado en el suelo, prendas esparcidas por la cama y sobre los muebles, además de haber un gran bulto sobre una cama destendida, cuyas cobijas se encuentran sobre el suelo y otras apenas cubren al susodicho con el que acababa de acostarse.

Ya van dos cigarrillos que fuma, el ambiente huele a tabaco y sexo, no necesitaban de alcohol para incrementar el libido, pues el deseo carnal ya era algo latente en ellos desde un comienzo.

Las memorias brotan... el cómo llegaron a la cama, de lo lento que se quitaron la ropa, no tenían prisa por hacerlo. Él comenzó por desabrochar aquél chaleco apretado rosado y, ella no tuvo problema en bajarle el cierre del pantalón con los dientes, siempre manteniendo el contacto visual.

Shermie recuerda el calor de Yashiro sobre ella, calor que la hacía sudar en cada rincón de su cuerpo empapado. No puede evitar sonreír al recordar las caricias de Yashiro, de sus manos descendiendo lentamente hasta su falda mientras él la besaba en el cuello.

La joven señorita se sentía en el cielo cuando pudo jurar que Nanakase le hizo tantas cosas con tal sutileza, desde acariciar su botón de la felicidad con sus dedos grandes y fuertes hasta descender a sus pies y acariciarlos.

De sólo pensarlo sintió un cosquilleo entre sus piernas que trató de apaciguar al entrecruzarlas.

El cigarrillo dejó de existir, quedando sólo rastros de ceniza y un humo que era tragado por las ventilas.

Pronto se le unió su amado japonés. Él estaba desnudo, y tampoco le importaba que lo vieran tal cual vino al mundo, si era su musa todo lo valía.

Se colocó detrás de ella, la rodeó con sus brazos y los besos cariñosos sobre el cuello de la dama comenzaron.

—¿Chris está dormido en la otra habitación? —Preguntó ella intranquila.

—Tiene el sueño pesado. Aún con todo el ruido que hicimos, no pudo escuchar, lo comprobé en la mañana, las paredes tienen algo que impide que el sonido avance de una habitación a otra.

—Me siento como una ramera cada vez que me hipnotizas.

—¿De qué hablas?

—Cómo me seduces, Yashiro Nanakase. Yo, tu estúpida, siempre caigo ante tus encantos y como el macho que eres, te descargas.

Lucía descontenta.

—Me aseguré de que te gustara. ¿Lo hice mal?

—No es eso... —Desanimada se acostó en la cama, cubriendo su cuerpo con las sábanas manchadas. —Te dormiste.

—¡Oh!

El joven de cabello blanco y musculatura prominente sonrió. Trataba de buscar su refugio en ella, cual cachorro en búsqueda de su madre. Se metió en las cobijas y apareció, sobre ella.

—Me cansé mucho. Si quieres podemos platicar. Quiero escucharte, dime.

Esa maldita mirada hacía que para Shermie fuera imposible... enfadarse.

—Sé que tenemos que hacer un sacrificio por nuestro dios... y quizás en la próxima vida no recordemos ésto...

—Es nuestro deber, Shermie. Te prometo algo. —Nanakase reposó sobre el estómago de su adorada amante y cerró sus ojos, para comenzar a dialogar. —En la otra vida, voy a recordar éste momento y todos los que hemos tenido. Te seguiré por siempre, siempre, siempre.

—¿Algún día sólo seremos tú y yo? Sin tener que preocuparnos por el estúpido sacrificio... estoy harta de morir tantas veces en vano.

—Vamos, mujer... encontraremos la forma de afrontar ésto. Descuida... yo te protegeré, te amaré y respetaré.

—¿Lo prometes?

Yashiro no respondió, sin embargo descendió y escondió su cuerpo entre las cobijas. Las piernas de Shermie estaban lo suficientemente separadas y, era claro qué hacía Yashiro, el por qué provocaba tantas sonrisas en Shermie y el por qué la respiración de la chica se agitó.