Raki seguía siendo humano y ese era un hecho que no cambiaría. Por eso, que cayera enfermo no era algo imposible. Comenzó con un dolor de garganta y luego la fiebre. Pero por el lado bueno, estaban cerca de una granja que también funcionaba como posada. Era establecimiento amplio, con una cocina-comedor de forma rectangular conectada a un corredor que llevaba a muchas habitaciones. La dueña era una joven llamada Melissa, había heredado el lugar de sus padres y todavía se estaba acostumbrando.
Además de Clare y Raki solo había dos parejas mayores. La antigua número cuarenta y siete había pedido un cuarto alejado de ambas. Llevaba un vestido similar al que Teresa le había regalado cuando era niña, pero un poco más largo y de un marrón rojizo. Gracias a las píldoras supresoras mantenía oculta su verdadera naturaleza, aunque eso también la forzaba a quedar desprotegida.
En esos momentos Raki descansaba en la cama, con la frazada a cuadros hasta el cuello y una toalla húmeda sobre la frente. Clare observaba a los pies de la cama y de brazos cruzados, sumida en sus pensamientos.
"Esto no me gusta. Cuando estuve enferma él cuidó de mí, pero yo no sé cómo cuidar a un humano".
No podía usar su experiencia previa como guía para cuidar a Raki pues él era humano. Se dio unos golpecitos en la cabeza con un dedo tratando de hacer surgir sus recuerdos de la niñez.
"Ya le di la medicina. Tomó agua. Debería comer algo cuando despierte, pero esa chica dijo que no podría preparar la cena hasta la noche."
Raki emitió un gemido mientras se revolvía en la cama. Pese a lo mucho que había crecido, en esos momentos se veía tan indefenso. Clare sonrió y apretó un puño decidida mientras que un brillo de determinación ardía en sus ojos.
—Tranquilo, Raki. Me encargare de ti.
De repente un grito llegó desde el exterior. Clare no lo dudó y se lanzó a investigar. A través del corredor y llegó a la cocina-comedor. Melissa se hallaba en el suelo junto a la puerta y contemplaba con horror algo en el porche. La guerrera corrió a su lado, maldiciendo por dentro ante la falta de su espada que había dejado oculta en el cuarto.
—¡¿Qué pasa?!
—Es que…
El cacareo de un gallo resonó en los oídos de Clare y al mirar al exterior se encontró con dicho animal posado en la barandilla del porche. Se erguía desafiante, con el pecho hinchado y lanzando la cabeza hacia atrás y hacia adelante.
—¿Un gallo?
Melissa se sonrojó.
—Bueno, es que ese gallo es muy agresivo.
Clare solo arqueó una ceja.
La muchacha bajo la mirada y empezó a jugar nerviosa con dedos.
—Siempre ataca a las personas y bueno… Quiero venderlo en el mercado, pero primero tendría que atraparlo.
—Ya veo.
Sin decir más, Clare avanzó por el crujiente porche en dirección al gallo. Al verla el animal empezó a mover sus alas de manera desafiante a la vez que daba un cacareo poco amistoso. Melissa iba a gritarle algo a Clare, pero fue demasiado tarde. El gallo se lanzó sobre ella.
Ante la atónita mirada de la joven granjera, Clare atrapó al animal por el cuello con un rápido movimiento de su mano. Esta vez sonó un cacareo menos brioso, pero que fue ahogado de inmediato. La cabeza del gallo cayó al suelo con un golpe seco.
Clare volteó con un rostro indiferente, sujetando al animal por el sanguinolento cuello con una mano y un cuchillo en la otra. ¿En qué momento lo había tomado? La granjera no tenía idea y apenas podía pensar en eso. El gallo, o mejor dicho su cuerpo, todavía daba algunas patadas contra el estómago de su asesina. Melissa no sabía que decir.
—¿Puedo usar la cocina? —Clare sonaba tranquila.
—Cla... Claro.
—Gracias —dijo con una sonrisa—. Y no te preocupes, pagare por el gallo.
Raki se despertó cuando el atardecer se colaba por la ventana de la habitación. Buscó a Clare con la mirada y al ver que no se encontraba allí se incorporó a medias. La toalla húmeda cayó en su regazo y la recogió para limpiarse el sudor del rostro. Su fiebre había bajado pero todavía se sentía cansado. Tendría que acostumbrarse a que sus cuerpos fueran tan diferentes. Iba a salir de la cama cuando la puerta se abrió y la guerrera entró trayendo una bandeja.
—¡Raki! Estás despierto.
—Clare, que…
—Justo a tiempo. La cena está lista.
Con mucho cuidado la muchacha se sentó en una silla junto a la cama y colocó la bandeja sobre el regazo de Raki. Había en ella varios platos con cubiertas de metal. Clare destapó uno revelando una sopa espesa. Una larga pata de gallo estaba reclinada en el borde del plato. Todavía tenía los dedos y las garras.
—Clare ¿Qué es esto?
—Sopa de gallo —dijo sonriendo.
Antes de que pudiera preguntar algo más, Clare cargó la cuchara y la hizo desaparecer entre los labios de Raki. Él abrió los ojos con fuerza sintiendo una cosa espesa y pegajosa en su lengua. El gusto le revolvió el estómago y a medida que el líquido pasaba por su garganta la sensación se volvía peor.
—Esto está…
—Yo misma la hice.
—Delicioso.
—¿En serio? Me alegra —Clare bajó la vista y miró la sopa con una sonrisa—. Es la primera vez que cocinó algo así. Pero recuerdo que mi madre la preparaba cuando yo o mi hermano estábamos enfermos.
—¿Segura que no era sopa de pollo?
—¿Cómo?
—No, nada.
—Bueno, como te decía, tú me cuidaste la última vez. Quería devolverte el favor.
Cargó una segunda cuchara con sopa.
—Después de todo, eso es lo que hacemos.
—Sí —respondió Raki esforzándose en sonreír mientras tragaba la segunda cucharada.
Durante los siguientes veinte minutos esa escena se repitió hasta que el plato quedó vacío. Raki le agradeció por la cena e intentó recostarse de nuevo, pero la expresión de Clare lo detuvo.
—Eso fue solo la entrada. Tienes que comer bien para recuperarte.
Dicho eso destapó otro plato revelando una tarta mediana de color amarillenta. Clare sonreía de nuevo con la inocencia de una niña.
—No te preocupes, use todas las partes del gallo para asegurarme de que tuvieras suficiente.
Con un gesto de la mano abarcó todos los platos de la bandeja.
—Muchas gracias —dijo Raki sintiendo que su estómago empezaba a protestar—. Pero no creo que deba comer tanto.
—Cierto, pero apenas comiste un plato de sopa. Eso es muy poco.
—No, yo…
Pero Clare ya estaba haciendo tintinear los cubiertos al cortar la tarta.
—No estaba segura de la receta, pero hacerlo fue… Interesante. No había estado en una cocina en mucho tiempo y me trajo recuerdos.
—¿En serio? ¿Quieres contarme?
Clare dudó unos segundos y luego asintió.
Una hora después Raki respiraba con pesadez sobre la cama. Estaba sudando más que antes mientras Clare se retiraba con la bandeja vacía.
—Comió más de lo que esperaba —poder decir eso la hizo sonreír—. Debe estar recuperándose.
