Escritoras: elosobimbo, lemonette, nomanisan
Una tarde soleada, el Austriaco se encontraba tocando canciones de su pianista favorito tranquilamente sin nadie que le molestara. Aquel momento era tan pacifico y perfecto. Creía que nada interrumpiría aquel momento; el que mas le gustaba de sus días. Claro, esto hasta que apareció un chico albino de ojos rojos abriendo la puerta principal de su hogar, haciendo bastante ruido.
Austria suspiró y dejo de tocar. Ya sabia que se avecinaba una verdadera molestia; así era el cuando entraba a su hogar en los momentos mas inoportunos. Se levantó del asiento y se dispuso a encontrarse con el chico antes de que tocara su piano de manera indebida. Mientras tanto, Gilbert ya estaba en la sala buscando al castaño. Justo después de dar un par de vueltas por la cocina, sala de estar, baños, y otras habitaciones fue que se encontró con el en el pasillo que conectaba con la sala de música.
-Entonces llegaste- murmuro el austriaco.
El prusiano al ver su figura formo una sonrisa gigante y entre gritos y exclamaciones de euforia, que sabia que irritaban al austriaco, corrió hacia él.
-SOYY YOOO, EL FANTASTICO, EL MAGNIFICO... -grito estirando su mano y buscando aplastar las teclas del piano con un sonido estridente.
Al menos ese era el plan, hasta que el austriaco protegió su preciado instrumento bajando la tapa. Las manos de Gilbert se golpearon con la madera del piano de cola..
-¡AHHHHHHHHHHHH!
Austria lo miro de soslayo y pensó que era el momento perfecto para llamar a Hungría, sin embargo, ella había salido a pasear con Chibitalia y SIR.
"Realmente lamentable" pensó.
-¡Esta bien! -aulló Prusia-. Estoy decidido a que yo, te voy a enseñar lo que aprendí de Fritz.- La pequeña ave amarilla coreo desde su espalda.
Austria frunció el ceño al mencionar al soberano del reino vecino. Ese hombre estratega que causaba muchos problemas a sus actuales reyes.
-Prefiero el Danubio, y si no te molestaría podrías retirarte. Es de muy mala educación entrar a un lugar al que no fuiste invitado - le regaño con lentitud.
Pero Gilbert hizo oídos sordos; aunque su mano estaba algo magullada, levanto la tapa del elegante y brillante piano de cola.
-¡Déjame iluminar tu arte con mi magnificencia! -grito y comenzó a tocar con brusquedad y rapidez las teclas del instrumento-. ¡Gott mit uns... !
Austria se encargo de la molestia. No le disgustaba, pero sabia que todas las bruscas melodías del prusiano eran canticos de guerra ruidosos y estridentes.
"Nada que ver con mis elegantes vals"
Gilbert se sacudió el polvo después de caer de jeta sobre el suelo. Después de que Roderich se interpusiera entre el piano y sus talentosas manos decidió que quedaban mejor sus manos encima del Austriaco. ¿Para que? Ah, si para bailar el vals.
Sorprendentemente, el austriaco habia aceptado.
Era una trampa.
Cada vuelta y giro y paso y pausa parecían diseñados para hacerlo tropezar, viendose como un completo tronco. La ultima voltereta fue la que lo dejó plantado en el suelo.
"Uff, tus bailes son peores que las luchas al desnudo de Francia." Gilbert dice, sobandose el chichón que aparecia en su cabeza.
Austria no dice nada. Lo mira por un segundo con los ojos apretados, extendiendo su mano para ayudarlo a levantarse.
"¿Ya te cansaste? ¿Derrotado por un vals?" Dice al final, con una sonrisita de suficiencia en la cara.
"¡¿Yo?!" Gilbert saca el pecho y repite con brio. "Yo, nunca."
Y acto seguido, toma al austriaco de las manos, dandole uno, dos, tres vueltas, hasta que el que termina en el suelo es él. Pero Gilbert se olvida de soltar sus manos cuando cae y la gravedad más el peso del otro hombre son demasiado para él. Ambos se desploman sobre el brillante suelo de madera.
"Kesesesese, ¿Que decia-uhmp"
Austria lo calla con sus labios en la boca, mientras Prusia se aferra a sus hombros, con una sorpresa que lo deja rígido. Gilbert apenas está empezando a reaccionar cuando el beso termina y revela el rostro de Roderich.
"Ah, uhm."
"Gilbert."
"El vals no es como lo recordaba."
"¡GILBERT!"
- FIN -
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