Disclaimer: "Guerras de la mente" es un fanfiction basado en la serie Magnum P.I. (2018), Magnum, Higgins y el resto de los personajes mencionados no me pertenecen, son propiedad de Peter M. Lenkov, Eric Guggenheim y la CBS. No intento violar las leyes del copyright ni obtengo ningún tipo de remuneración económica por escribir esto.
Nota de la autora: Tened en cuenta que no solo es el primer fic que escribo de esta serie, si no que es el primer fic que escribo desde el 2015 y que no me ha dado tiempo a marearlo y corregirlo tanto como suelo hacer en otras ocasiones, cosa que es posible que haga más adelante.
A ver si me acuerdo de como se publicaba.
Acepto críticas constructivas y pido activamente comentarios bonitos.
Tipo: Miggy. WIP. Se desarrolla en la cuarta temporada, puede tener spoilers hasta del 4x04 Those We Leave Behind.
Este primer capítulo es POV Higgins, no tengo muy claro si está recomendado para todos los públicos o para mayores de 13 (se me da fatal esto de medir para que edad se recomiendan las cosas) y bastante angustioso.
Resumen: Tras una situación especialmente estresante y peligrosa Higgins tiene que enfrentarse a sus verdaderos sentimientos por Magnum y a su propia estabilidad emocional.
Lo comencé a escribir en noviembre de 2021.
Dedicado a Tania que me animo a ver la serie y con la que comparto todo mi amor por la serie y sobre todo por el Miggy.
Guerras de la mente
No podía respirar, algo le oprimía el pecho, pocas veces había sentido ese nivel de pánico. Juliet sabía que aceptar el trato abusivo y nada claro del MI6 era mala idea, aun así, no es que lo hubiera aceptado de buena gana, más bien es que no tuvo otro remedio.
No tuvo otro remedio.
No tuvo elección.
Tenía que pagar por sus buenas obras y determinación por querer que unos inocentes niños en Kenia fueran vacunados. Todo muy normal. Muy de un mundo justo y equitativo después de todo. Aunque no es algo que la sorprendiera mucho tras todo lo que había visto en los 35 años de vida que ya había consumido.
Sabía que algo malo acabaría pasando, pero siempre espero que ese algo malo le ocurriera solo a ella, no a nadie a quien quisiera y desde luego no a Thomas, Thomas no estaba dentro de la ecuación. Thomas estaba feliz con Lía y eso la alegraba, tenía la extraña y completamente irreal sensación de que esa relación les mantendría a salvo a los dos, separados pero juntos, separados pero a salvo, pero ¿a quién quería engañar? Kumu no hacía más que tirar pullitas desde que leyó el último libro de Robin y la Dr. Ogawa había tardado como diez segundos en darse cuenta, apenas unos segundos para saber lo que ella se negaba a aceptar con insistencia, que era Thomas, que por mucho que hubiera luchado contra ello era y siempre sería Thomas.
Que Ethan no era el adecuado y que se había ido buscando a Kenia lo que se negaba a encontrar en casa.
Por lo menos había dejado a Ethan, no quería engañar al hombre con promesas de un futuro que ni ella era capaz de visualizar.
Maldita fuera.
Cuando aquella mañana les habían secuestrado a los dos mientras mantenían una de sus conversaciones matutinas en la playa había mantenido la esperanza de que:
a) Ella no fuera la responsable.
b) Les mantuvieran juntos.
Pero claro está, que en ese momento la suerte no estuvo de su lado. Inmediatamente les habían separado e inmediatamente la hicieron partícipe de que era todo culpa suya. Había enfadado a más gente de la necesaria con sus misiones encubiertas para el MI6 y ver cómo estaban torturando a Thomas, a través de aquella pequeña pantalla, en algún punto no determinado y fuera de su campo de acción en aquel almacén, la estaba matando, casi literalmente.
Sabían que era fuerte, una superviviente, una guerrera, la habían investigado, los habían investigado muy bien a los dos, ella nunca se hubiera rendido ante la tortura, pero el plan, el plan no tenía fisuras. Ella podría hablar si otra persona estuviera en apuros, otra persona a la cual quisiera, y tenían razón, hubiera dicho lo que hubiera sido necesario, todo, lo que fuera, el problema es que no sabía nada, absolutamente nada, seguramente por eso no se lo habían dicho y además, Thomas le había ido dando indicaciones raras e inconexas que claramente solo ella podría entender a través de la cámara desde el primer momento, y eso la había dado fe y esperanza, si no, no se habría atrevido a hacer ningún movimiento que pudiera acabar con la vida de Thomas.
Acababa de soltarse y de neutralizar a tres hombres que la doblaban el peso, estaba dolorida y confusa, pero la adrenalina la mantenía activa y en lo más alto de su determinación, y tras llamar a Katsumoto, que la informó que ya iban de camino (Magnum se la había adelantado, cómo no) corría desesperada buscando a Thomas por el edificio, corriendo sin sentido y errática, apenas sin respiración, con las pulsaciones a mil.
Parecía que siempre se salían con la suya, que por mínimas que fueran las posibilidades, siempre lo conseguían, pero realmente en cualquier momento se les podía acabar la suerte, y ese momento había estado demasiado cerca en aquella ocasión para su gusto.
No quería gritar su nombre, no fuera a ser que hubiera más hombres armados en los alrededores, así que solo corría, corría intentando orientarse, sabiendo que Thomas estaba haciendo lo mismo. Estaba a punto de un ataque de pánico, lo sabía porque no era el primero que sufriría. No podía volver a ser esa persona, esa persona que apenas podía cuidar de sí misma, por eso había ido a ver a la doctora, conocía los síntomas, no quiso ser tan idiota como la primera vez. Pero todo aquello, todo aquello era demasiado para poder gestionarlo adecuadamente, aquello se había ido de madre a unos niveles incontrolables hacía apenas unas horas.
De repente le vio, ahí estaba, vivo, vivo pero ensangrentado, ensangrentado y mojado, y cojeaba un poco de la pierna izquierda, pero vivo, vivo y con su sonrisa incombustible y su brillante mirada, como si nada pudiera doblegar su voluntad. Algo la seguía oprimiendo el pecho y no la dejaba respirar con normalidad, pero una bocanada de oxígeno inundó sus pulmones al verlo. Corrió hacia él, con la misma rapidez que él corrió hacia ella y le agarró con fuerza, no quería soltarlo, no quería soltarlo nunca, ¿y si lo hubiera perdido? ¿Y si lo hubiera perdido por culpa suya? Las lágrimas querían salir de sus ojos, pero ella las retenía con fuerza, como le retenía a él pegado a su cuerpo, amarrado con fuerza hasta que un pequeño quejido salió de sus labios.
Ella se separó ipso facto con cara de preocupación mientras le tocaba en busca de alguna herida más profunda de lo que pudiera parecer a simple vista.
— ¿Estás bien? Lo siento mucho Thomas, en serio, lo siento mucho — apenas susurraba intentando mantener la compostura—. Tenemos que ir al médico inmediatamente — apenas se atrevía ni a mirarle, le tocaba un poco errática mientras intentaba mantener su tono estoico —. Lo siento mucho.
— No es culpa tuya — el hombre la sonreía mientras intentaba conectar con su mirada, era fácil para ella darse cuenta, él no entendía qué había pasado, no entendía nada. Todo era culpa suya.
— Sí que lo es — las lágrimas al final empezaron a caer por sus mejillas —, casi te matan por mi culpa. Lo siento, lo siento tanto… — Juliet se dejó caer contra él volviendo a abrazarlo con fuerza, escondiendo su cara en su cuello, se sentía tan avergonzada por todo.
— No voy a presumir de saber toda la historia, porque no la sé, pero seguro que no ha sido culpa tuya — dijo con un tono dulce, pero claramente confuso, mientras le devolvía el abrazo.
— Te podían haber matado, podías haber muerto.
Thomas se desenredo del abrazo con una delicadeza infinita e intentó obligar a la mujer a mirarle. Le sujetó la cara con cuidado, pero ella no levantaba la vista.
— Y a ti, Higgy. Te podían haber matado a ti también — estaba tan preocupado, ella podía ver lo preocupado que estaba—. ¿Qué te pasa? ¿Qué te está pasando? ¡Mírame! — dijo el hombre levantando un poco su tono de voz, con un tono firme que pocas veces le había escuchado.
Juliet no pudo por menos que levantar la cabeza, quería decir algo pero no le salían las palabras, su mirada se enganchó a la de él, aquella situación era hipnótica, como si un lazo invisible les hubiera conectado. Dejó de escucharle y de repente todo empezó a suceder a cámara lenta, era como si se viera desde fuera, como si toda aquella horrible situación fuera parte de una maldita comedia romántica de las que tanto le gustaban y de las que tanto había renegado.
Magnum la observaba con una mirada que no era capaz de desentrañar, pero parecía amor, en serio que parecía amor, y muchísima preocupación. Él casi muere por su culpa y como recompensa estaba completamente preocupado por ella, tan típico del Caballero blanco, siempre preocupado por los demás.
Le quería tanto, era tan absurdo todo lo que le quería y el tiempo que se lo había estado negando, vio como su boca se acercaba a la suya lentamente, como él tenía unas claras intenciones de besarla y la verdad, no se le ocurrió en ese momento que aquello pudiera ser una mala idea, aunque algo le decía que era una mala idea, una pésima idea, pero ese pensamiento negativo estaba muy lejos de ella, en otro plano de esa realidad.
Deseaba tanto besarlo, tanto y se lo había negado durante tanto tiempo, cerró los ojos y disfruto del suave contacto de sus bocas, de la inmensa alegría y excitación que aquel beso le producía, era como beber almíbar de su boca, lo había deseado tanto y era tan perfecto que no dudo en participar con entusiasmo, se acercó más a él y acarició su pelo con sus manos mientras profundiza el beso. Thomas la abrazaba con desesperación mientras parecía querer devorar su boca y era maravilloso, era una sensación de plenitud total, como si hubieran llegado al final de la película y de repente fuera a aparecer el rótulo de "felices para siempre". Sin embargo, fue el ruido insistente de las sirenas de los coches de policía lo que la despertó de su sueño, de lo que hizo que ambos tuvieran que separarse y enfrentarse a la realidad, de lo que le llevó al final de ese acto y a la horrible realidad que seguía siendo la misma, estaban dentro de esa pesadilla donde Thomas había sido torturado por su culpa, donde ella apenas era capaz de respirar con normalidad y donde la ansiedad se estaba adueñando de todo su cuerpo y gran parte de su alma.
