Capítulo 1: El espíritu.
La risa de la joven princesa se podía oír por todos los rincones del palacio. Era habitual que por la tarde sus guardianas se reunieran con ella en el jardín, donde por unas horas se olvidaban de sus responsabilidades, ya sea charlando sobre los más diversos temas o realizando alguna actividad del agrado de Serenity, como lo son confeccionar coronas de flores o buscar figuras en las nubes.
- ¿Alguien más se enteró sobre lo que ocurrió en el manantial que está al norte del palacio? – Venus, líder del grupo de guardianas, fue la que hizo esta pregunta. Sus ojos danzaron entre las presentes, atenta a sus reacciones o a lo que pudieran acotar.
Mars arqueó una de sus cejas.
- ¿Te refieres al Manantial de Febe? –
- ¡Ese mismo! – La venusina agradeció a la marciana por recordar el nombre del lugar. Tantos nombres de mares, valles, cráteres y manantiales a veces enredaban a la rubia. – Resulta que el otro día un par de guardias me informó sobre una situación anómala que ocurrió en ese sitio. –
- ¿Anómala? – Repitió Jupiter, sintiendo gran curiosidad por lo que los soldados pudieran haber visto.
Serenity, quien se hallaba junto a la joviana, se apegó lo más que pudo al costado de la castaña, presintiendo que el tema a discutir no sería muy de su agrado. Mercury, por su parte, de vez en cuando levantaba la vista del libro que leía y prestaba atención a la conversación, para luego volver inmediatamente a su lectura.
- Estos dos guardias me comentaron en su reporte verbal que en su patrullaje a la zona norte del palacio, fuera de los límites de éste, se encontraban cerca del Manantial de Febe cuando vieron algo que los aterró. Era muy tarde ya, estaban a punto de volver al palacio, cuando de pronto uno reporta haber visto una luz intensa filtrarse por entre el follaje que rodea este manantial. – La venusina no escatimaba en detalles a la hora de contar el relato de los soldados. Con gestos de manos y cambios de tonalidad en su voz, Venus atrapó al grupo; con excepción de Mercury, en su narración. – El otro soldado también advirtió la existencia de este fulgor que provenía desde el área del manantial. Ambos describieron este resplandor como cautivante. Se sintieron atraídos a acercarse a ver de qué se trataba. –
Serenity, totalmente aterrada, pronto se encontró aferrada de uno de los brazos de Jupiter. Y, sin embargo, continuaba allí poniendo atención al relato de Venus.
- Pero ambos coincidieron en que el terror fue superior a la curiosidad, pues cuando se encontraban cerca, comenzaron a oír un canto en una lengua que desconocían, acompañado del sonido de… -
La carcajada de Mars rompió con el ambiente de suspenso que Venus había construido hasta el momento.
- ¿Me estás diciendo que estos dos soldados escaparon asustados todo por unas simples luces misteriosas y un desconocido cantando? – Es que la azabache no se lo podía creer. Era simplemente ridículo. – No estás entrenando muy bien a esos soldados, Jupes. –
La joviana bufó molesta, pero evitó responder al comentario de su camarada.
- Para ellos fue una experiencia terrorífica, Mars. No estabas allí para saber cómo fue todo. – Defendió Venus a los anónimos soldados. – Ellos están convencidos de que se trató de una aparición. Ya sabes, un espíritu… -
El chillido de Serenity interrumpió esta vez a la líder de las guardianas.
La princesa ahora se hallaba colgada del cuello de Jupiter, balbuceando cosas como "¿Por qué siempre cuentan historias de terror?" o "¡No me gustan los espíritus!".
- Princesa, tranquila, me está ahogando. – Se quejó la pobre joviana, sintiendo que le faltaba el aire. – Seguramente nada de lo que contaron es cierto. Estos hombres siempre gozan creando historias de terror para aterrar a los soldados más jóvenes que deben realizar patrullajes o guardias nocturnas. –
- ¿Hablas en serio, Jupiter? – Serenity aflojó en algo su agarre y se le quedó viendo a la guardiana con ojos humedecidos por lágrimas que atentaban con caer en cualquier momento. - No hay tal cosa como un espíritu en el manantial, ¿verdad? –
- No lo sé, princesa. – Mars fue la que tomó la palabra, captando la atención de la rubia. – Como te he enseñado, muchas culturas de nuestro sistema solar, incluida la mía, comparten la creencia de que todo lo que existe en este cosmos posee una esencia en su interior. Desde las estrellas, pasando por las rocas, las plantas, hasta el agua. Dicha esencia puede manifestarse, materializarse, tomando las más curiosas formas que te puedas imaginar, Serenity. –
La princesa contuvo la respiración, expectante a lo siguiente que Mars le diría.
- Así que no sería descabellado creer que en el Manantial de Febe se haya manifestado un espíritu, por así decirlo. – Continuó la azabache. – ¿Y quién sabe? Quizás el espíritu esté en busca de la dulce energía de una joven princesa… -
- Mars, creo que ya fue suficiente. – Por primera vez, después de varios minutos de mantenerse al margen de la conversación, se escuchó hablar a Mercury.
De reojo, Mars advirtió que la peliazul cerró su libro y se acercó hasta el lado de Serenity.
- Tales cosas como espíritus, manifestaciones o espectros que roban energías; no existen aquí en el Reino de la Luna. – Explicó con calma a la princesa. Claramente su intervención fue en post de tranquilizar a la joven y, de paso, asegurarse del bienestar de Jupiter, quien estaba siendo estrangulada por Serenity. – ¿Sabes tú que este satélite es constantemente purificado por el poder del Cristal de Plata? Dichas existencias no pueden subsistir en este terreno. Son desterrados o de plano destruidos. –
Jupiter asentía a las palabras de Mercury con la esperanza de que la princesa la soltara lo más pronto posible.
- Así que no debes preocuparte, Serenity. Estás a salvo. – Concluyó la peliazul.
Fue así como la joven terminó por liberar a su guardiana, disculpándose con la castaña al instante.
Era vergonzoso admitir que a veces el temor la superaba, obligándola a buscar refugio y contención en sus guardianas. Que las historias de terror la aterraban tanto que se ponía a lloriquear. Y así, Serenity podía enumerar un sinfín de situaciones en las cuales ella, pese a que ha sido enseñada a dominar sus emociones, termina muerta de miedo.
- No, princesa, no debe pedir disculpas. – Mars se sintió obligada a hablar luego de notar las intimidantes miradas que Venus le estaba lanzando desde su puesto. – No debí haber aprovechado la situación para asustarla. Fue mi error, lo lamento. –
La joven princesa aceptó la disculpa de la azabache, y luego se lanzó a abrazar a Mars como castigo, pues recordó lo mucho que la gruñona marciana asegura odiar los abrazos.
El resto del grupo no podía más que reír al ver la divertida escena, pues por más desagrado que Mars intentase plasmar en su rostro, sabían que en el fondo ella adoraba a la princesa y sus abrazos.
- ¡Princesa Serenity! – Se escuchó llamar a una sirvienta desde las inmediaciones del palacio. - ¡Princesa, ya es hora de cenar! ¡No haga esperar a la reina! –
Y el momento del día favorito de la rubia había llegado finalmente.
- ¡Voy de inmediato! – Respondió Serenity, levantándose del césped y sacudiendo luego su blanco vestido.
Lo siguiente que hizo la princesa fue voltear a ver a sus guardianas, a quienes sonrió dulcemente, su mirada reflejando el sincero afecto que siente por cada una de ellas.
- Me divertí muchísimo hoy. – Dijo, incluso soltando una tierna risita. – Muchas gracias por acompañarme. ¡Nos vemos después! –
Se despidieron todas de ella, viéndola alejarse y acompañar a la servidumbre al comedor donde la reina seguramente aguarda por Serenity para cenar.
Es una costumbre que el grupo cene en una habitación diferente, cediendo cierta privacidad e intimidad a la reina y su hija. Pues comprenden que luego de una larga jornada cumpliendo innumerables responsabilidades, asistiendo a importantes actividades y gobernando el que se puede considerar como el más próspero e influyente de los reinos del sistema solar; es normal que la Reina Serenity desee tener un tiempo a solas con la princesa.
Además, resulta más cómodo discutir sobre temas de vigilancia y seguridad, el avance en el aprendizaje de Serenity, reuniones o visitas a otros reinos; cuando se trata solo de ellas cuatro en una habitación.
- ¿Está todo bien, Jupiter? No has probado bocado alguno. – Mercury advirtió este detalle hace un rato, pero recién en ese momento se animó a mencionarlo. Digamos que ver a la castaña jugar con su comida, meneando lo que había en su plato de un lado a otro con la cuchara, no era algo a lo que estaba ella acostumbrada. - ¿Hay algo que te está molestando? –
Jupiter suspiró, y en parte se sintió maravillada, pues una vez más Mercury le demostraba lo buena que era percibiendo sus cambios de humor.
- ¡Son esos soldados! – Habló finalmente la joviana, luego de beber un largo sorbo de vino de su vaso. – Aún no puedo creer que no hayan tenido las agallas suficientes para investigar de qué se trataba esa luz en el Manantial de Febe. – Jupiter sonaba entre indignada y avergonzada. Era una mezcla de emociones complicada de digerir. Estos son soldados que ella misma a entrenado en los últimos años. – ¿Acaso les pido algo imposible? Solo quiero que se comporten como reales soldados. -
Frente a Jupiter, al otro lado de la mesa redonda donde habitualmente cenan las guardianas, Venus apartó su plato de comida por un momento y decidió unirse a la conversación.
- Jupiter, te repetiré lo mismo que le dije a Mars: Tú no estabas con esos soldados al momento en que ocurrió todo esto. – Señaló la rubia a su camarada. – Entiendo que te moleste el desempeño de los soldados, pero yo personalmente creo que fue una reacción normal. –
- ¿Es normal asustarse por unas lucecitas? –
- Mars, por favor, no sigas. – Venus alzó la mano y miró de reojo a la azabache. – Estamos hablando de selenitas, un ejército que se formó hace menos de cinco años, que Jupiter tuvo que entrenar desde cero. –
Muchos de los soldados selenitas nunca han luchado en una guerra. Al tratarse de un satélite tradicionalmente pacifista, Jupiter prontamente se topó en el camino con serias dificultades para erigir un batallón de guerreros dignos que cumplieran con sus expectativas.
La experiencia de la joviana le decía que estos hombres no estaban hechos para luchar, pero era su tarea y misión convertir a los selenitas en increíbles soldados.
Gracias al apoyo de las otras guardianas, quienes compartieron sus conocimientos respecto al tema, Jupiter logró su cometido luego de crear un programa de entrenamiento que se amoldó a la realidad de los selenitas.
Le tomó tres años obtener buenos resultados, siendo esa la fecha cuando se graduaron los primeros soldados.
- Sin embargo, no puedo creer que sean unos miedosos. – De solo recordar el relato de Venus, Jupiter sentía una decepción enorme.
¿Tan mal maestra había sido? ¿Acaso sus hombres no aprendieron nada en esos tres años de arduo entrenamiento?
- Insisto, quizás lo que vieron fue realmente espantoso. – La líder del grupo no se cansaba de repetir aquello. – ¿Quién sabe? Si hubieras estado allí, quizás hasta tú te habrías asustado, Jupiter. –
Mars casi escupe el vino que estaba bebiendo.
- ¿De verdad dijo eso? – La marciana, incrédula, pensó que había escuchado mal. Pero cuando posó sus ojos en Jupiter y vio el cambio brusco en su semblante, supo que en realidad había oído bien. – Desataste la tormenta, Venus. –
La tranquila cena había llegado a su fin.
- ¡Yo no soy una cobarde! – Alzó la voz la guerrera joviana. - ¡Nunca en mi vida he sentido miedo! –
- No, Jupes, yo no me refería a eso. -
- Me he enfrentado a bestias temibles desde que era una niña, siempre saliendo victoriosa. Todas las veces que me he encontrado en una situación adversa, yo he logrado salir adelante. – Los intentos de Venus por calmar a su camarada eran en vano. Esta vez Jupiter se sintió gravemente insultada. No pensaba callarse hasta que su líder entendiera que ella no era una miedosa. - ¿Sabes cuántas veces he estado al borde de la muerte y no me he doblegado? Pues han sido innumerables veces… -
La joviana de un golpe a la mesa derramó por accidente un vaso.
Se trataba del vaso de Mercury.
- ¡No, mierda, perdón! – Antes de que Jupiter pudiera reaccionar y alcanzar unas servilletas, la mayoría del líquido fluyó por la superficie de la mesa y cayó sobre el vestido de la peliazul, ensuciándola. – ¡Maldición! -
Una que otra grosería en joviano se escuchó a continuación. Solo Mercury las pudo entender. Digamos que es la única políglota del grupo que conoce dicho idioma a la perfección.
La cena acabó abruptamente aquella noche, más que nada por la prematura partida de Mercury a sus aposentos y la incomodidad que sintió Jupiter de quedarse en el lugar luego de su vergonzoso comportamiento.
Se sentía terrible, pues por su culpa el bonito vestido de la peliazul se había estropeado.
- Adelante. – Replicó Mercury desde su cama tras oír el llamado a su puerta.
Entonces un par de ojos verdes se asomaron tímidamente por el filo de la madera, inseguros sobre si aceptar o no la invitación de la dueña de esta habitación.
La peliazul ladeó su cabeza, sonriéndole a la otra persona.
- No estoy molesta, ¿sabes? – Comunicó a su visitante nocturna. – Puedes pasar, Jupiter. –
La castaña hizo caso e ingresó al cuarto de Mercury, dirigiéndose directamente hasta los pies de la cama, sitio donde tomó asiento; dándole la espalda a la otra mujer.
- Lo lamento. –
- No es necesario que te disculpes nuevamente. – Dijo la peliazul.
- Me comprometo a comprarte un vestido nuevo. –
Mercury sostuvo su mentón con una mano, considerando la oferta.
- Será complicado complacerme, tengo gustos refinados cuando se trata de vestidos. – Mencionó de la nada la mercuriana.
- ¡No importa el precio, yo te lo compraré! – Insistió Jupiter, esta vez volteando a ver a su camarada. - ¡Tú puedes elegir el que quieras! –
Mercury se vio obligada a alzar las manos, pidiendo calma a la castaña, pues ese comentario sobre sus gustos en vestidos se trataba solo de una broma. No lo debía tomar en serio.
- ¿De qué hablas? El vestido es lo de menos. – Lo material no tenía mucha importancia para ella. – Lo que me preocupa fue tu reacción de hoy. –
Jupiter personalmente prefería continuar hablando de prendas, pero era obvio que la peliazul desearía abordar este tema aprovechando que se encontraban a solas.
- Sé que mi reacción fue exagerada. – Si bien, el resto de las guardianas conoce el carácter fuerte que posee la joviana y están acostumbradas a él, existen algunas veces en las que Jupiter simplemente pierde los estribos. Se vuelve una persona agresiva y escandalosa, alguien que difícilmente analiza lo que sale por su boca cuando está enfurecida. O lo que hace cuando está en dicho estado. – Estoy arrepentida de cómo me comporté hoy en la cena. –
Mercury se limitó a asentir mientras oía a la otra guardiana desahogarse.
- Me frustró tanto enterarme de que quizás no entrené bien a los selenitas. Se supone que yo era la mejor opción para formar un ejército, pero todo parece apuntar a que fallé mi misión. –
Mercury notó cómo Jupiter empuñó sus manos sobre las sábanas de su cama, recogiendo y arrugando la tela de paso.
- Pero lo más inquietante es que no sepamos con certeza qué es lo que vieron esos dos guardias. –
Entonces la joviana sintió una mano posarse sobre su espalda. No supo en qué momento la otra guardiana dejó su cómodo lugar en la cama y decidió acercase, tomando asiento junto a ella.
Por alguna razón, Jupiter sintió la tensión y preocupación esfumarse cuando se perdió por segundos en la profundidad del azul que encierran los ojos de Mercury.
- Creo que más de alguna vez te he aburrido con mis charlas sobre fenómenos físicos de luz. Muchos de estos sucesos cuentan con explicaciones lógicas sobre por qué ocurren. – A menudo Mercury recibía a Jupiter en la biblioteca, cuando ésta deseaba que la mercuriana tradujera algún texto para ella o buscaba respuestas sobre una duda que poseía. Solían quedarse charlando por horas en el lugar. La castaña siempre la escuchaba atenta mientras ella hablaba. Su atención la hacía sentir especial. – Estoy segura de que el incidente en el Manantial de Febe se trató de un fenómeno de esta clase. –
Si Mercury lo decía, seguramente era cierto.
Si existe alguien en el sistema solar con una respuesta para todo, esa debe ser entonces Mercury.
- Entonces no ves necesario que yo me aventure al lugar, ¿verdad? Como para corroborar de que no se trate de espíritu realmente. – A la joviana se le había instalado en la cabeza la idea de realizar una excursión a solas a la zona del manantial. – Yo no tengo problema con ir hasta el Manantial de Febe para ver qué está ocurriendo allí. -
- No, no creo que sea necesario. – Desestimó la idea la peliazul. – Si llegamos a recibir un segundo reporte sobre luces en el Manantial de Febe, creo que allí sería factible enviar una expedición a investigar. –
Y ni siquiera estaba sugiriendo enviar a una Senshi al sitio, sino más bien a un grupo de soldados veteranos.
La peliazul tenía la certeza de que al final este incidente pasaría como una simple anécdota y en un mes más nadie recordaría ningún detalle sobre lo ocurrido.
- Conversar contigo siempre es una buena idea, Cury. – Notablemente más relajada, Jupiter se levantó de la cama y estiró los brazos por sobre su cabeza. – Siempre me pone de buen humor pasar algo de tiempo junto a ti. –
Mercury evitó que la otra guardiana viera el tenue sonrojo en sus mejillas volteando su rostro en la dirección contraria.
- ¡Bien, será mejor que me retire! Ya se está haciendo tarde. – Mañana la castaña debía levantarse temprano para cumplir con sus deberes. Además, planeaba disculparse con Venus y Mars por todo lo ocurrido a la hora de la cena. Es lo mínimo que podía hacer. – Te dejo para que descanses, Cury. –
- Que pases buena noche, Jupiter. –
La joviana abandonó la habitación, muy para el alivio de la peliazul, que se recostó sobre su espalda en la cama y clavó su mirada en el gigantesco mosaico que adorna el techo. Después dejó escapar un largo suspiro y entrecerró sus ojos.
¿Cómo es posible que nunca pueda tener un momento a solas con Jupiter en su cuarto sin que ciertos fastidiosos pensamientos comiencen a surgir en su mente?
- No puedes pensar así de tu camarada. – Se castigó mentalmente Mercury.
En el pasillo, la silueta andante de la castaña se mimetiza entre las sombras. No es hasta que llega a un corredor formado por una serie de enormes arcos de piedra que la luz le alcanza y su rostro nuevamente es visible.
Pensativa, Jupiter alza su mirada al cielo estrellado.
- Debe ser de esta manera. – Aquella frase la repite día a día, constantemente, hasta el cansancio.
Convencida de que esto es lo correcto, la guardiana reanuda su marcha y parte en dirección a su habitación.
Una larga y solitaria noche le espera.
¿Qué puedo decir? Comencé un one-shot y la historia se convirtió en una cosa monstruosa de muchas palabras. Me vi obligada a dividir esto en capítulos.
Dato: En esta historia Serenity tiene apenas 15 años, mientras que sus guardianas tienen entre 23 o 24 años.
Gracias por leer. ¡Suerte!
