Tarde, pero aquí va mi aporte para el #díariko Senhaku de junio! con el tema "Canon". Espero que lo disfruten... tenía preparado uno antes pero el manga avanzó más rápido de lo que esperaba u.u

-reddpapaver97


Kohaku no recordaba lo liberador que se sentía bailar.

Hacía mucho tiempo que no lo hacía. En la aldea, cada año, todos sus miembros debían bailar durante la fiesta de primera para agradecer por la abundancia que les daba la tierra cada año, a riesgo de que al siguiente pudiesen pasar hambre. A Kohaku siempre le había gustado ese evento, ya que se sentía como si fuese un día muy distinto en donde se sentía mucho más conectada con el mundo que en uno común y corriente.

Si bien Senkuu no había borrado esas tradiciones, el Reino de la Ciencia llevaba tanto tiempo viajando, peleando, escapando y creando cosas, que ya no había tiempo para celebrarlas en su tierra natal, o si quiera recordarlas y hacer algo al respecto.

Ni siquiera Kohaku habría recordado la fiesta de primavera si no fuese porque se tomó el tiempo de aprender a bailar esa extraña pero preciosa danza llamada Flamenco.

Según Laura, la mujer española que solía ser bailarina profesional en el pasado y que le había enseñado a Kohaku su arte, la joven aldeana era una bailarina nata; tan así que se sorprendió con la rapidez con la que estaba aprendiendo, en comparación con Chelsea. Y si bien solo podía comunicarse con ella a través de Francois, Kohaku aprendió de Laura que el Flamenco se trataba de un género musical español proveniente de Andalucía, y que llegó a ser muy popular en el mundo, y en especial en Japón.

Muy pronto, la rubia se vio a sí misma imbuida de la música y el baile, prefiriendo en ocasiones comenzar a practicar los pasos que le habían enseñado el primer día, luego de largas horas de trabajo: aunque sus pies estuviesen cansados, su espalda adolorida y sus manos agrietadas al final del día, Kohaku se sentía especial al moverse, recordando así su origen, y a su madre y Ruri bailando para la fiesta de primavera, cubiertas de flores de todos los colores.

Era algo místico, y lo mejor era que aún les quedaba mucho tiempo hasta lograr recolectar toda la fluorita que necesitaran, por lo que Kohaku podría seguir practicando en soledad por mucho tiempo más.

-¿De dónde sacas las energías, leona?

Kohaku se quedó quieta abruptamente en su lugar, sorprendida de que Senkuu la encontrase en medio de la noche, bailando frente al mar como si estuviese realmente perdida.

-¡No soy una leona! -exclamó la joven, poniéndose derecha y enfrentando la mirada del científico. -¿Qué haces aquí?

-No puedo dormir. -el peliverde se encogió de hombros, y miró hacia el mar, que se escuchaba realmente potente. -Lindo baile. -sonrió levemente, sin despegar la vista del horizonte.

Kohaku solo lo miró con curiosidad. Ahora que lo recordaba, Senkuu jamás la había visto hacer algo así, y aunque pareciera ridículo, la joven se sintió algo expuesta.

¿Qué pensaría él de ella? No tenía realmente nada que contestarle, y tampoco entendía por qué sentía que necesitaba excusarse.

¿Por qué estaba allí, de todos modos? ¿Necesitaba algo?

-Um. Gracias.

-A mí papá siempre le gustó el Flamenco. Se quedaba horas viendo competencias de baile en su celular.

-¿Cómo? ¿de su celular? ¿cómo se puede ver desde un celular?

-Bueno, técnicamente era un smartphone. Funciona como un computador.

-¡Ja! ¡Esa palabra si la he escuchado! Aunque aún no distingo mucho un computador de una televisión.

-Sería más fácil mostrártelo, aunque queda mucho para eso.

-Está bien. No entiendo mucho la ciencia aún, pero me encanta seguir aprendiendo cosas nuevas.

-¡Diez billones de puntos para ti, leona!

Kohaku bufó, cansada de protestar contra el apodo que le había puesto Senkuu el primer día en que la conoció, y que con el tiempo había comenzado a gustarle.

¿O era porque se lo decía Senkuu? La joven realmente no lo sabía.

-¿Qué te atormenta, Senkuu? -Kohaku cambió abruptamente el tema de conversación, y se sintió algo culpable cuando el científico se exaltó, y la miró con sorpresa por unos segundos antes de respirar hondo y sentarse en la arena.

-Hoy sería el cumpleaños de mi viejo. -el peliverde le contó, con una extraña sonrisa en su rostro, nuevamente mirando hacia el mar frente a ellos.

No había mucho más que decir al respecto. Kohaku sabía que era un tema complejo para Senkuu, tanto que siempre se había negado a admitir que quería a su padre, limitándose a reírse de él y sus locas ideas para guiar a su hijo a la restauración de la humanidad.

La rubia se sentó junto a él y estiró sus piernas, intentando aliviar un poco el dolor de sus extremidades.

-Yo también pienso en gentes del pasado. Pero a veces hago cosas que de casualidad me traen recuerdos de ellas, y no me siento sola. Tú tienes la ciencia para eso. Todos los días harías feliz a Byakuya, si él estuviera aquí.

A Kohaku se le escapó una pequeña lágrima de tan solo pensar en el pasado y lo que podría estar sufriendo Senkuu en ese mismo momento.

¿Por qué le contaba algo así ahora? ¿Por qué Kohaku sentía que podía ser vulnerable con él, aun conociendo lo insensible que podía ser?

No. No lo era en realidad. Solo era una fachada. Si Senkuu no actuara siempre como un líder carismático y seguro de sí mismo, probablemente el mundo se le vendría encima.

Era el hombre más fuerte que Kohaku jamás había conocido.

-¿Es bailar una de esas cosas? -Senkuu preguntó, luego de un largo silencio.

-Sí. Me recuerda a mi madre, y a mi familia y a mi tierra. -la joven intentó buscar la constelación que el mismo científico le había enseñado por el nombre de "La osa mayor", pensando que, aunque una gran distancia la separaba de su hogar, seguía compartiendo el mismo cielo con este.

Ojalá Ruri nunca llegase a perder la esperanza de que irían a buscarlos y despetrificarlos algún día.

-¿Qué estarías haciendo ahora si no me hubiese despetrificado?

-¿Mmm? Por supuesto que estaría durmiendo como si mi vida dependiera de ello.

Ambos rieron alegremente, a pesar de lo amargo que se había tornado el momento.

-¿Qué estarías haciendo si no te hubiesen petrificado, y todos los años en que lo estuviste no hubiesen pasado?

-Estaría levantándome para avanzar en mis experimentos antes de ir a la escuela. -Senkuu se encogió de hombros.

-Ya veo. Eres un hombre de principios. -Kohaku lo complementó.

-Ajá. Mis únicos amigos eran Taiju y Yuzuriha. -el científico agregó. -¿Desearías que tu vida fuese como antes?

-No, al diez billones por ciento. -la rubia imitó su típica frase, provocando que Senkuu riera gravemente. -¿Y tú?

-Definitivamente no. Y me siento culpable de solo pensarlo. Si nada de esto hubiera sucedido, habría pasado más tiempo con Byakuya.

-Entiendo. A veces me siento culpable de no estar con Ruri todo el tiempo, pero no podemos dejar de hacer lo que queremos por los demás.

Senkuu asintió, pensativo.

-En fin. Ese baile te queda muy bien. Y confirma mi teoría de que eres una leona al diez billones por ciento. -rio.

Esta vez, Kohaku lo empujó ligeramente, pero aún así casi lo mandó al suelo.

-¿Por qué dices eso? -la rubia preguntó finalmente.

Realmente no entendía a qué se refería Senkuu cuando la llamaba "leona".

-¿Mm? El Flamenco es un baile que requiere mucha fuerza y dedicación, o eso es lo que siempre decía Byakuya… y una leona es fuerte y apasionada. Como tú.

Kohaku miró a Senkuu con sorpresa, y probablemente él lo notó también, porque volteó a mirarla a los ojos por primera vez durante su conversación.

¿Era eso algo malo o bueno? ¿O solo era un hecho? De todas formas, Senkuu lo hizo sonar de una manera tan… íntima… que a Kohaku le costó trabajo procesar del todo sus palabras.

Cuando se dio cuenta de que el peliverde observaba sus labios descaradamente, la rubia solo atinó a voltearse rápidamente.

-Creo que iré a dormir ahora. -dijo ella antes de ponerse de pie y caminar, sin mirar atrás, hacia la pequeña tienda donde dormía con Suika, en el campamento.


Diez días después de que llegaron a Barcelona, entre el Reino de la Ciencia y los españoles revividos lograron construir el primer asentamiento europeo de la "Nueva Era", como le llamaban los locales.

En general, todos se veían más que felices con lo que estaban viviendo. Los jóvenes -junto con Kaseki- eran bien valorados por los españoles, tanto por la abundante comida que les entregaban, así como por lo pacífico que había sido todo el proceso desde su llegada. Dentro de ellos había también muchos expertos en distintas cosas: como científicos, artesanos, artistas, arquitectos, ingenieros, entre otros, que colaboraron activamente para construir la ciudad y buscar fluorita, y se les hizo más simple en tanto compartían el mismo idioma.

Todo eso contribuyó a que, llegado el décimo día, decidieran celebrar en conjunto, a la vez que se entregaban distintos regalos de todo tipo. Kohaku, en particular, recibió un precioso y largo vestido rojo con unos lindos vuelos que partían desde sus caderas, junto con un prendedor que combinaba con este.

-Es un vestido tradicional. Para la mejor bailarina del Reino Científico. -Francois le tradujo las palabras de Laura, quien había sido la de la idea. -Dice que lo siente si preferías algún arma.

-¡Ja! Ya tengo bastantes. -Kohaku sonrió ampliamente.

Jamás había sido una chica que se preocupara por cómo estaba vestida, a no ser que tuviese calor o frío, pero la prenda era tan preciosa y distinta a las que Yuzuriha le había hecho, que Kohaku no pudo evitar emocionarse, y lanzarse a abrazar a su nueva amiga como muestra de su agradecimiento.

-Kohaku. Laura quiere que bailes con ella en un rato. Van a tener música y cosas para beber.

La joven apretó el vestido contra su cuerpo. Jamás había tenido problema con mostrarse en público, o algo por el estilo, pero el hecho de saber que Senkuu la vería bailar nuevamente le causaba inexplicables sensaciones en todo el cuerpo, recordando cómo en un momento pensó que la besaría, y en lugar de sentirse consternada, había estado peligrosamente dispuesta a acortar la distancia entre ambos.

Senkuu siempre había sido la debilidad de Kohaku. Siempre lo había admirado, a pesar de su desagradable personalidad y nulo interés en cosas que no fuesen la ciencia. Sin embargo, había perdido toda esperanza desde que la rechazó abiertamente el día en que se conocieron.

Aunque, sinceramente, ¿quién confesaba su amor así como así? No era extraño que Senkuu estuviese profundamente aterrado. Y aunque con el tiempo ese momento fue quedando atrás, Kohaku aún recordaba claramente su mirada de asco, tan contrastante con la manera en que tendía a mirarla en la actualidad, y en específico la manera en que la miró aquella noche en que la vio bailar.

¿Cómo podría interpretar lo que pasaba por la cabeza del científico? ¿Cómo enfrentar el hecho de que quizás, finalmente, se había fijado en ella de la manera que Kohaku había anhelado por tanto tiempo? ¿Qué haría si finalmente no era nada de eso?

Y, volviendo al presente, ¿podría bailar bien teniendo en mente todo esto?

-Kohaku-chan. Ese es un maravilloso vestido. -Asagiri Gen se incluyó a la conversación, mirando entre las tres mujeres con una amplia sonrisa. -Sería una pena que no bailaras hoy para nosotros.

-¡Ja! ¡Claro que eso haré! -Kohaku exclamó, dejando que su sentido de competencia ganara en su debate interno.


Ishigami Senkuu llevaba un tiempo sintiéndose distinto, pero no podría determinar exactamente en qué punto de su vida comenzó a sentirse atraído hacia nadie menos que a Kohaku: su primera amiga del mundo de piedra y fiel aliada desde el día en que la conoció, y quien no parecía ni necesitaba saber sobre sus extraños, contradictorios y a veces tormentosos sentimientos.

Porque era evidente que le gustaba. Le gustaba mirarla, darle instrucciones para trabajar, conversar con ella, molestarla, y conocer los pequeños detalles de ella a los que no muchos podían acceder. Pero, a la vez, no quería estar con ella. Era algo que podía darle múltiples dolores de cabeza.

Sin embargo, en otras situaciones se sentía en completa sintonía con ella, y tenía esperanzas de que quizás las cosas no estuviesen tan mal. Eso fue lo que pensó cuando, luego de observarla bailar en silencio por unos minutos, se sentó a su lado y su conversación logró aliviarlo como nunca antes durante el cumpleaños de su difunto padre.

Senkuu había tenido unas terribles ganas de besarla, subirla encima de su cuerpo y tocarla completa como muestra de profundo agradecimiento, aunque fuese tremendamente exagerado.

¿Qué pensaría Kohaku de él si algún día sucumbía a sus más profundos e intensos deseos? Senkuu sentía que sus hormonas se daban una fiesta tremenda cada vez que la miraba sonreír, trabajar y, por su puesto, bailar.

Era algo tan inesperado verla moverse de esa manera, con los ojos cerrados y todo su cuerpo siguiendo expertamente el ritmo de una música que nunca antes había escuchado. Era tan magnífico, y Senkuu no pudo evitar sonreír de orgullo cuando todos la ovacionaron al finalizar la intensa danza que le daba el título de leona, en el décimo día de su llegada a Barcelona.

Kohaku se veía poderosa e inalcanzable. Se veía extasiada. Se veía como todo lo que Senkuu podría desear en una persona.

No fue extraño que, luego de ver su baile, Senkuu se dirigiese hacia ella para felicitarla. Pero como una acción que no había premeditado, el peliverde se vio falto de palabras cuando se acercó, finalmente, a ella.

-¡Kohaku! ¡Estuviste maravillosa! ¡Pereces una princesa! -Chelsea exclamó.

-Kohaku-chan acaba de ganarse los corazones de todos. -Gen canturreó al lado de Senkuu. -Bueno, aunque no es nada nuevo para nuestro querido líder.

El científico miró al mentalista con molestia. No entendía por qué tenía que meterse en asuntos ajenos.

-¡Jaja! ¡Cómo sea! ¡Kohaku, podemos hacer un dineral con tu talento! -Ryusui rio fuertemente tras chasquear sus dedos.

-¡Casi olvido que eres una gorila! -Chrome se unió a la conversación, y la abandonó de inmediato con un golpe de parte de la leona.

Mierda, ¿había perdido su oportunidad? Senkuu era el único que se encontraba allí sin decirle nada, y ya no estaba seguro de qué podría ser. Jamás le había pasado que sus sentimientos se interpusieran a su razonamiento lógico, y verse allí, a punto de confesar lo que lo había estado atormentando hacía tiempo, o bien arruinar todo, lo aterraba profundamente.

Senkuu tenía que hacer algo pronto, y lo más fácil era retirarse silenciosamente de allí, encerrarse en su incipiente laboratorio terrestre y comenzar a diseñar un traje espacial. Cosas así siempre le ayudaban a enfrentar situaciones difíciles, donde ya no tenía idea de qué hacer.

Y realmente, el asunto se le estaba yendo de las manos. ¿Podría algún día decidirse a contarle a Kohaku que la quería? ¿Podría dejar de hacerlo simplemente, en silencio, y acabar con el problema de raíz?

El trabajo lo distrajo por unas horas, pero cuando a mitad de la noche finalizó su diseño, las preguntas volvieron a surgir molestamente, y Senkuu se vio en la necesidad de salir a tomar aire.

La fiesta seguía afuera y el alcohol que habían repartido probablemente ya había llegado a la sangre de todos, pues a lo lejos podía ver a todos riendo, bailando o cantando alrededor de una fogata que cada vez se avivaba más. Senkuu rio al ver a lo lejos a Kaseki bailando descalzo y se dirigió silenciosamente a orillas del mar y junto al oscuro bosque de olivos.

Al científico le pareció irónico encontrarse con la leona, sentada con la cabeza apoyada en un tronco, con el largo vestido rojo arremangado hasta los muslos, tras avanzar unos cuantos metros. Lo estaba esperando alerta con dos cuchillas en mano.

-Ah, eres tú. -comentó ella, dejando sus armas a un lado y respirando hondo.

-Pensé que estarías en la fiesta. -Senkuu la miró extrañado. Recién notó que traía puestos tacones, que ahora tenía a un lado de ella, y sus pies se veían algo hinchados por su uso.

-Me aburrí. -Kohaku se encogió de hombros, y le hizo al científico un espacio en caso de que quisiera sentarse allí. -Todos están ebrios, y Suika ya se durmió.

-Bueno, aquí nadie tiene tanta resistencia al alcohol como tú.

-Lo sé, pero… -la leona se detuvo a sí misma, y miró hacia el mar. -¿Acaso tienes el mismo lugar y hora de descanso que yo?

Senkuu rio y se cruzó de brazos.

-En este caso, creo que es una coincidencia.

-Bueno, la cosa es que me aburrí.

El científico finalmente se sentó junto a ella.

-¿Ibas a decirme algo antes, Senkuu? -Kohaku no lo miró cuando hizo su pregunta, y el peliverde se sintió interpelado, pero aún así rio por lo bajo.

-Ese vestido se ve absurdamente pesado. -mintió. Aunque no era algo falso que su atuendo parecía pesar unos diez kilos.

-Sí que lo es. Pero no sé cómo quitármelo. La única que sabe es Laura, pero creo que también fue a dormir.

-Bien, yo lo haré. Date la vuelta.

-¿Qué? ¡Claro que no! ¡Estamos frente a una maldita playa!

-Vayamos a tu choza, entonces. -Senkuu propuso, algo exasperado por la situación y el hecho de que ella pensara que era un maldito pervertido.

Aunque contrariamente a lo que podría esperar, a la leona le pareció de lo más normal su propuesta, y sin decir mucho más se puso de pie y lo arrastró con ella hacia su pequeña casa-habitación.

No tenía ninguna decoración: solo un par de cuchillos, una lanza, y sus clásicos zapatos y vestido. La pequeña lámpara a gas solo iluminaba el fondo de su habitación, donde había una pequeña cama junto a una mesita de noche.

Lo único que no era simple allí era ella misma, que sujetaba su vestido para que no tocara el suelo, con ambos zapatos colgando de una mano y sus dos cuchillas favoritas amarradas a sus voluptuosos muslos.

-Maldito vestido, me está matando. -se quejó.

-¿Cuánto tiempo llevas así? -Senkuu preguntó con curiosidad.

-Um. Desde que me lo puse. -se encogió de hombros. -No me malinterpretes: creo que es precioso, y me encantó bailar. Pero no volvería a ponérmelo en un millón de años.

Kohaku dio la media vuelta, mostrándole a Senkuu su espalda, que el vestido dejaba ver casi completamente.

El científico se preguntó si se trataba de alguna especie de broma o si estaba alucinando, pero tan pronto como alcanzó el cierre del vestido, la leona tembló notoriamente, y toda su piel se irguió bajo su tacto.

-Tus manos están frías. -se excusó la leona, mirándolo de reojo.

-Lo siento. -Senkuu musitó, y bajó el cierre del vestido rápidamente, evitando prolongar el momento.

El vestido cayó con un sonido pesado al suelo, y Kohaku respiró aliviada.

Mierda, ¿se había dado cuenta de que estaba en ropa interior? Senkuu la miró de pies a cabeza, como si tuviese la facultad de hacerlo, pero se detuvo a sí mismo abruptamente cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo.

Probablemente Kohaku estaba acostumbrada a andar así por la vida, y de hecho en repetidas ocasiones se había quitado la ropa sin más para pescar o sentirse cómoda. Sin embargo, ahora no llevaba puesto nada arriba, y la sola idea de que sus pechos estaban desnudos lo hizo sentir sediento.

¿Por qué había propuesto esto, en primer lugar?

-Gracias, Senkuu. -Kohaku le sonrió suavemente, antes de comenzar a desamarrar las cuerdas atadas a sus muslos donde sostenía sus armas, que habían quedado marcadas en su piel. -Ya puedes irte, si quieres.

¿Si quieres? Sinceramente ¿por qué querría irse? Senkuu volvió a mirarle la espalda, descaradamente, y a imaginar qué haría la leona si tan solo daba un paso adelante y daba rienda suelta a su imaginación.

El científico no esperaba que fuera Kohaku quien diera un paso atrás, saliendo de su vestido, y se pegara a él, agachándose luego para recoger la prenda del suelo y lanzarla a su cama, y sonriendo con burla cuando un grave gruñido escapó de la boca de Senkuu.

No engañaba a nadie ya. La leona sabía muy bien a esas alturas lo que él quería. Después de todo, era una de las personas que mejor lo conocía.


Kohaku jaló a Senkuu de la nuca para que sus labios quedasen pegados a su oreja, y se acomodó en contra de su cuerpo que, a diferencia de sus manos, estaba completamente caliente.

-Leona… -murmuró él, y la rubia gimió sonoramente de tan solo escucharlo. -Si pretendes que con esto me quede, estás en lo correcto.

Las manos de Senkuu se sentían perfectas en su cintura, apretándola y manteniéndola quieta, mientras lentamente comenzaba a besarle el cuello con los labios y alternar con su lengua. Kohaku se sentía en éxtasis, con el cuerpo ardiendo por completo y el corazón latiendo a mil, y volvió a gemir el nombre del científico una vez que llevó una mano hacia sus pechos desnudos, acariciándola cuidadosamente, en contraste con la mano que seguía aferrándose a su cintura.

Era increíble lo que un poco de vino podía hacerle a su cuerpo. Además de permitirle bailar anteriormente sin pensar demasiado en la intensa mirada de Ishigami Senkuu, provocó que tan pronto como lo viera, Kohaku sintiese unas ganas tremendas de lanzarse a él, besarlo y guiarlo con ella hacia su habitación para saltar encima de él toda la noche.

Y por suerte desapareció, o habría sido algo demasiado vergonzoso. Sin embargo, cuando se encontró nuevamente con el científico, las ganas reaparecieron repentinamente, pero su cabeza tenía un mejor juicio como para dejar que su cuerpo actuara por sí solo.

Probablemente, si Senkuu hubiese tenido la decencia de no ofrecerse a quitarle el vestido, y si no lo hubiese descubierto mirándola de la manera en que lo estaba haciendo, no estaría ahora pegada a su cuerpo, sintiendo al científico endurecerse completo junto a sus glúteos.

-Déjame besarte. -Senkuu pidió en contra de su oído, con la voz aterciopelada. -Mierda, hace mucho tiempo que quiero besarte.

Kohaku sintió que se atoraba, y se volteó inmediatamente para quedar frente a él.

-¿Qué? ¿Acaso no me crees? -el científico rio suavemente, antes de inclinarse hacia la rubia y besarla, tomándose el tiempo de saborear sus labios antes de interponer su lengua.

A Kohaku le gustó la manera en que la sostenía, pegada a él, como si no quisiera estar ni un milímetro lejos de ella, y gimió sobre su boca cuando sus pezones rozaron contra la tela de su ropa, a la vez que su lengua la invadía y la dominaba. Y, dejándose llevar por la situación, se colgó del cuello de Senkuu y lo guio hacia su cama, donde se sentó para comenzar a arrancarle la ropa de tirones, ante la mirada divertida del científico.

-No te rías de mí, bastar… -el científico la interrumpió con un desesperado beso en los labios, que la distrajo mientras trepaba a la cama con ella y la encarcelaba bajo su cuerpo.

Y si bien Kohaku sabía bien que podía quitárselo de encima, su intensa mirada, que ya no denotaba nada de burla, la hizo desistir inmediatamente y temblar cuando sus ojos bajaron para observarla completa.

Senkuu volvió a atacar los labios de la joven guerrera con desbordante pasión, como si quisiera hacerle saber que no estaba jugando con ella. Su lengua se movió eróticamente dentro de la boca de Kohaku, y esta gimió suavemente cuando, para separarse de ella, le mordió los labios.

Pero no acabó allí: el científico comenzó a besar su cuello con la boca abierta, y cuando se cansó de eso se dirigió a sus pechos para esconder el rostro entre ellos antes de comenzar a besarla y recorrerla, en silencio y con suma devoción. El frío que dejaba con su saliva solo provocaban que Kohaku temblara aún más y su cuerpo se arqueara, entregándose a él.

La joven sintió su sexo contraerse de la pura expectación por sentir la boca de Senkuu provocándole placer directamente, y se quejó cuando el peliverde volvió a su altura para volver a sus labios, pero volvió a sentir lo mismo cuando, entre besos, le preguntó si podía tocarla.

-S-sí. -Kohaku articuló con dificultad, moviendo sus caderas insistentemente hasta que Senkuu finalmente bajó su mano hasta su sexo y la tocó por debajo de la ropa interior, recorriéndola experimentalmente.

La joven pegó un brinco cuando Senkuu hizo presión sobre un punto específico, y volvió a contraerse involuntariamente.

-¿Q-qué fue eso? -Kohaku balbuceó, mirando a Senkuu con curiosidad.

-Tu clítoris. Es el punto donde puedes llegar a sentir mayor placer. -el peliverde volvió a tocarla allí, haciendo que la guerrera soltara un suspiro, antes de un suave gemido.

-Se siente bien.

Senkuu continuó masajeando el mismo lugar, y Kohaku podía sentir cómo sus sábanas y su vestido comenzaban a mojarse con sus propios fluidos. Se sentía tan bien, y se preguntó cómo se sentiría tenerlo dentro de ella.

-Voy a meter mis dedos ahora. -advirtió Senkuu, mordiéndose los labios cuando introdujo dos dígitos dentro de ella, y la joven se contrajo involuntariamente alrededor de él con un agitado suspiro. -Mierda.

-Ah… ¿qué sucede? -Kohaku gimió cuando los dedos del científico se curvaron dentro de ella.

-Solo… me imagino dentro tuyo. Estás tan caliente y húmeda que podría correrme de inmediato.

-Hagámoslo entonces. -la joven se sentó rápidamente en la cama y, sin esperar a que le respondiera, se sentó en su regazo, con ambas piernas a cada lado de su cuerpo, y lo besó intensamente mientras terminaba de quitarle la ropa.

Kohaku realmente sentía que no podía esperar más. Estaba desbordando de emociones pasadas y nuevas, y solo quería seguir experimentándolas con Senkuu. Por eso mismo no dudó en recorrer su miembro con la mano y empaparse de él antes de guiarlo hacia el mismo lugar donde habían estado sus dedos y comenzar a bajar sus caderas lentamente.

Dolía. No iba a mentir. Pero los brazos de Senkuu alrededor de su cintura, y sus labios pegados a su oreja diciéndole que respirara hondo fueron todo lo que la rubia necesitó para aplacarlo, y hundirlo por completo dentro de ella.

-¿Estás bien, leona? -Senkuu murmuró su pregunta, mirándola a los ojos.

Kohaku asintió enérgicamente. La verdad era que estaba más que bien, y con solo subir y bajar alrededor de él tres veces más, llegó a su primer y vergonzoso orgasmo, contrayéndose fuertemente ante la mirada atónita del científico, quien gimió gravemente su nombre.

-Lo siento, Senkuu. -Kohaku apoyó su cabeza en el hombro de Senkuu, sintiendo sus piernas mojarse cuando otra ola de deseo la invadió.

-Está bien, leona. No tienes que disculparte. Sobre todo porque no estuvo nada mal. -el científico acarició suavemente su espalda.

-¿Es extraño que quiera continuar?

-Para nada. Pero sinceramente, no sé si podré estar a tu ritmo ahora. -Senkuu rio.

-¡Ja! Ya casi no siento mis piernas. No será problema. -Kohaku exclamó, algo avergonzada por admitir que tenía dificultad para despegarse de él como estaba.

La guerrera recogió todas las fuerzas que le quedaban para volver a sentarse en la cama, y rio ante la mirada casi incrédula de Senkuu, quien demoró un poco en quedar sobre ella nuevamente, quitarle las bragas de un tirón y colocar una mano sobre la pierna izquierda de Kohaku, tras su rodilla, para penetrarla nuevamente, llegando más profundo.

-Sen… ¡ah! -Kohaku casi gritó cuando el científico se retiró de ella por completo para entrar nuevamente con mayor rapidez, y se aferró a lo que pudo para quedarse en su lugar mientras Senkuu se movía dentro de ella.

Tras minutos de constante movimiento y de Kohaku intentando contener el potente orgasmo que se estaba gestando en su vientre, las embestidas de Senkuu se volvieron erráticas, y su respiración se escuchó agitada y pesada, dándole la indicación a la joven de dejar que su cuerpo respondiera a todo el placer que le estaban dando y nuevamente su sexo comenzara a contraerse, esta vez acompañado del temblor de su cuerpo sudoroso y jadeante.

Fue un orgasmo tan potente que a Kohaku no pudo importarle menos que Senkuu eyaculase en su estómago. No cuando con sus dedos la ayudó a prolongar su placer hasta que su visión se nubló momentáneamente, se recostó luego junto a ella y le besó la cabeza con extrema suavidad antes de murmurarle que la quería.

Kohaku sonrió de oreja a oreja, aún incapaz de responder cualquier cosa, abatida por el sueño.


Senkuu se despertó cuando sintió una pierna femenina sobre la suya, aplastándolo ligeramente.

Luego de la acalorada sesión de la noche anterior, el científico se había encargado de limpiar y cubrir a una adormilada Kohaku, que cada vez que se movía, era para pegarlo más a ella.

No tenía de qué quejarse, en realidad. Pero eran ya las once de la mañana cuando vio su reloj, afuera se escuchaba ruido de construcción y la leona aún dormía como si no lo hubiese hecho en años.

-Senkuu… -la dulce voz de Kohaku, acompañada de su pierna subiendo sugestivamente hasta rozar su miembro, le indicaron al científico que definitivamente ya no estaba tan dormida.

-¿Mm? -su respuesta salió más como un gruñido que una pregunta.

No había sido suficiente con sentirla completa la noche anterior. El cuerpo de Senkuu, en contra de su juicio, necesitaba más de ella.

-¿Podemos hacerlo otra vez?

Ah, al diablo. Ya estaba absurdamente duro, nuevamente.

-Solo con una condición.

Había llegado a un punto en que era todo o nada. Senkuu ya le había dicho que la quería, y necesitaba escuchar algo de ella. Luego podría volver a plantear su futuro próximo.

-Te amo. -dijo la leona, simplemente, como si se tratara de un hecho más que de una confesión.

Senkuu rio para sus adentros. Kohaku era alguien realmente increíble.

-Bien. Con eso basta. -el científico la tomó por la cintura y la ayudó a sentarse sobre él, solo para enterarse de que ya estaba completamente húmeda. -Aunque después de esto tendremos que ponernos horarios para la próxima vez.

Kohaku hizo un triste puchero, que murió cuando el científico se hundió dentro de ella.

Bueno, quizás eso podría esperar. Después de todo, él era el jefe.