Durante mucho tiempo Tony Stark se negó a lo imposible: estar enamorado del puro y casto Capitán América.
No, él no lo llamaría "estar enamorado", si acaso un pequeño crush y ya. Eso tenía que ser o su grandioso ego del tamaño de Saturno podría colapsar.
—Podríamos centrarnos en esta área, hacer una inspección aérea antes de actuar por completo —Steve dio algunas indicaciones con aquella mirada y temperamento dignos de un líder. Jesús, Tony quería quitarle esa expresión a golpes. O a besos. Lo que ocurriera primero.
—Podemos mandar a Legolas para hacerlo más rápido —señaló Tony sin dar su brazo a torcer, porque él era quien ponía los fondos y él quería tener algo de méritos en este plan también. Sí, Steve era el Capitán, pero Tony era el co-capitán, les gustara o no.
—Eso suena a una buena idea —le dieron la razón y Tony sonrió engreído, para disgusto de sus compañeros.
Loki, sí, el mismo Loki al que Hulk pateó como si fuera una muñeca de trapo, ese Loki estaba ahí con ellos compartiendo una sonrisa socarrona y una mirada analítica a la situación. Estaba este dispositivo que Tony le había puesto personalmente mientras estaba inconsciente para así poderlo controlar si empezaba con sus jugarretas, de esa forma podrían aprovechar su mente maquiavélica en pro de ellos, en lugar de contra. Fue de esa manera que Loki terminó estando con ellos en la torre de los Vengadores, dando ideas y aportando opiniones, pero más que nada, observando la interacción entre todos los presentes y riendo dentro de sí por lo imbéciles que eran, ¿Acaso nadie más sentía esa estúpida tensión sexual entre el bobo capitán y el presumido Stark? ¿Nadie?
El olfato de Loki era de envidiar, y mientras la mayoría en la sala eran betas, podía sentir con más fuerza el olor del otro omega ahí. Tony pedía a gritos ser marcado por Steve, pero tantos años en el hielo, químicos en su cuerpo y su incapacidad para leer el ambiente habían convertido a Steve en un alfa atrofiado, incapaz de detectar el celo de un omega y mucho menos oler el aroma de uno.
Eso fue hasta que Loki se dio cuenta de que Steve si que notaba el olor de Tony. Lo vio inhalando un encapsulador de olores cuando los celos de Tony estaban a la orden del día, y solo así actuar tan tranquilo como siempre. Bueno, los celos eran llamativos, extravagantes y diseñados para ser detectados sin una nariz muy potenciada, hasta un beta con buen olfato podría detectar uno. La cosa seguía siendo con el olor de Tony.
—El dúo perfecto —sonrió Loki al decir eso, ya que había propuesto que Tony y Steve fueran juntos a investigar el nuevo terreno y estaba disfrutando las muecas de odio que el Capitán le dirigía, algo no muy digno de Steve.
Loki pensó para sí mismo que, si sus cálculos no fallaban, el celo de Tony estaría cayendo en esos días y probablemente, si el Cap tenía suerte, tendría la dicha de verlo.
I
—Entonces el celo se acaba antes si las necesidades del omega son cubiertas por un alfa. Comprendo.
Tony le estaba dando una explicación detallada y explícita a un nervioso Peter Parker sobre los celos. El joven siempre usaba supresores por lo que no tenía idea de qué se sentía, pero le comentaron que si los usaba siempre terminaría por atrofiar su sistema, y no solo en cuanto a reproducción, si no a enfermedades degenerativas y dolorosas potencialmente mortales.
—Y mierda que duele un cu-
—Lenguaje —dijo Steve severamente lanzándole una mirada de advertencia a Stark.
Loki no sabía si agradecer o maldecir ser el único, junto a Parker, de poder oler la liberación de feromonas de dominación entre esos dos, ¿Es que de verdad no había pasado nada entre ellos aún? ¿Se lo pueden jurar?
Tony rodó los ojos.
—Claro, no podemos decir malas palabras frente a nuestros ancestros.
—Solo es cuestión de principios y moral.
—Solo son palabras, Capi, relájate o comenzarás a arrugarte enserio.
Y después de ese altercado cada uno tomaba un rumbo diferente. Al principio era gracioso pensar que después de eso tenían alguna sesión de sexo salvaje para liberar toda esa tensión entre ellos, pero no, solo iban y se encerraban en sus respectivas habitaciones a hacer quien sabe qué.
—Eso fue muy incómodo —declaró Peter tallando su nariz, tal vez con la esperanza de sacar ese olor tan...tan poco agradable.
Loki le dio la razón internamente, y quizá el resto del equipo también, si bien no podían oler las feromonas si que podían ver y sentir toda la tensión en sus palabras, y tener que ver algo así a diario estaba siendo muy frustrante.
—Lo que sea que estés pensando, detente —no se dio cuenta de que estaba sonriendo abiertamente hasta que Thor le paró los pensamientos.
—¿Qué tal que estaba pensando en la paz mundial?
II
El tamaño del ego de Tony se vio reflejado en el vehículo que usarían para ir a la locación del búnker que planeaban construir. A Steve casi le da un tic en el ojo.
—¿Listo Capipaleta? —Tony traía puestos unos lentes de sol y un traje de diseñador, ¡Iban a bajar tres metros bajo tierra, no a una sesión de fotos!
Y, sin embargo, al momento de verlo Steve sintió sus mejillas tibias pues Tony lucía condenadamente atractivo vestido así, en cambio él lucía como un abuelo a su lado, sin clase, sin estilo, sin atractivo.
Eran dos sujetos totalmente opuestos, cuya única unión era el bienestar general del planeta.
Mantenía en mente que Tony, pese a todo el ego y superficialidad que se cargaba era bastante amable y gentil con el resto de las personas, pues ponía su dinero, ingenio y seguridad para proteger a los demás. Si bien inició haciendo todo eso solo por adoración y fama, terminó haciéndolo por voluntad y de corazón, recibiera o no algo a cambio.
Esa transición de ideales y motivaciones había cautivado a Steve, quién pasó de aborrecerlo a admirarlo, y de admirarlo a estar estúpidamente enamorado de él. Claro que eso jamás se lo diría, no podía, ni en mil años. Tony estaba en otra liga y él no tenía oportunidad. Definitivamente no.
—¡Cap! —Tony chasqueó sus dedos frente a él casi irritado—. Llegamos, deja de ver el parabrisas como si te hubieran dicho que morirás mañana.
Tony bajó del auto y Steve le siguió. Siempre haría eso, seguirlo, se dio cuenta de lo irremediable de su situación cuando se vio incapaz de negar las peticiones de Tony.
—Maldición —murmuró Tony buscando en los bolsillos de su chaqueta—. ¡Ese maldito hijo de-!
—¡Lenguaje! —y es que Steve no callaba a Tony cada que decía alguna grosería porque de verdad pensara que era incorrecto, bueno si, pero también era que le resultaba muy sugestivo escucharlo maldecir de la nada, y definitivamente no quería tentaciones tan cerca.
Stark volvió al auto buscando desesperado en la guantera, bajo el asiento, en el tablero, incluso en la cajuela sin éxito alguno.
—¿Qué ocurre? —preguntó Steve preocupado. Vio gradualmente la forma en que Tony se empezaba a ver mal, y supuso que se sentía peor. Su respiración se hizo agitada y difícil, desabrochó un poco su camisa y comenzó a abanicarse con la mano mientras seguía buscando—. ¿Qué es lo que buscas? Puedo ayudarte. Siéntate si estás mal, yo lo busco —ofreció mirando que Tony se veía cada vez más indispuesto.
—...Por eso nos eligió a nosotros. Estúpido cuernitos —murmuró arrastrando las palabras. Se sentó adentro del auto y se preparó mentalmente para lo que venía.
Mentira, jamás estaría preparado mentalmente para eso, no al menos con Steve tan cerca y con aquella cara severa y preocupada que tanto le gusta.
"Haré una estupidez" se dijo mentalmente cuando el olor de Steve lo golpeó con fuerza, haciendo que sus extremidades se sintieran como fideos. Si así era con solo sentir su aroma no quería imaginar qué tan mal se pondría si lo tenía más cerca.
—No te acerques —pidió amortiguando las palabras con su mano en la boca.
—Es suficiente. Nos vamos, estás indispuesto —esas palabras sentenciaron su condena. Apenas terminó de hablar Steve lo tomó del brazo para meterlo por completo al auto.
Tony tenía razón, con el simple toque de Steve enloqueció. Su piel se estremeció y necesitó más contacto, demandó más de ello y apresó a Steve en sus brazos.
—Te dije...que no te acercaras —dijo con voz ronca Tony suspirando en el oído de Steve.
¡Cielos! Ese acto tan simple y tan desvergonzado logró hacer reaccionar el cuerpo de Steve, reacciones que él mismo reprimía tan candidamente que, ahora que tenía al dueño de sus sentimientos, le era imposible seguir reprimiendo.
Pero tenía que hacerlo.
—No. Tony, no. No estás consciente, esto-
Tony no lo dejó terminar hablar, la voz tan preocupada y alerta de Steve se vio callada por los labios de Stark. Torpemente Steve trató de separarse, y al serle imposible quiso devolver el beso. Se sintió estúpido puesto que no sabía cómo hacerlo correctamente.
Para su desconcierto Tony, en medio de su desesperación, tomó el control del beso y fue guiándolo en ello, aunque quería comerle la boca a Steve prefirió enseñarle cómo era un beso antes de hacerle algo más indecente.
Eran movimientos suaves que paulatinamente se convirtieron en actos más húmedos y lascivos, Tony bajó al cuello de Steve para mostrarle más. Besó su cuello y, para demostrar su paso por ahí, dejó una que otra marca que hacían a Steve suspirar por más.
Después vino la mejor parte, donde Tony puso sus manos en su cadera y le permitió tocar cuánto quisiera.
—Quitame la ropa —demandó Tony, porque incluso en una situación así era él quien quería llevar el control de las cosas.
Steve aún dudaba, pero Tony le instaba a hacerlo cada vez con más desesperación. Y como quitar botón por botón era un delirio terminó por arracancarlos todos de un tirón. Esa había sido una de sus fantasías en sueños, poder quitarle esa ropa cara y llamativa a Tony en algún momento, y tenerlo a su merced.
Con dedos temblorosos pasó sus manos por el pecho de Tony, ahí donde estaba aquel brillante arco reactor, por sus abdominales bien formados, sus brazos, su vientre…
—Tú también —Tony era bastante fuerte, estúpido aquel que pensara que era delicado y frágil. De un tirón también le arrancó la camisa. Lástima, Steve siempre andaba corto de dinero y conseguir camisas era un lujo.
Tony lo jaló hacía el sintiendo la necesidad de tocar su piel, de tenerlo tan cerca como fuera posible y lo abrazó por el cuello mientras le daba otro beso. Las manos de Steve se pasearon por su cadera, bajaron a su trasero tomando un glúteo en cada mano dándole apretones suaves, midiendo su fuerza. Sentir la piel de Tony hacer fricción con la suya era demasiado y no sabía si podría detenerse, y quería detenerse, quería que Tony lo empujara y lo detuviera, pero lejos de eso lo empujaba más y más al borde del delirio tocandolo en lugares que nadie jamás había tocado.
Y de pronto, aquello que había estado atrofiado y dormido por años, que pensó que había muerto o desaparecido, despertó. Su alfa. Steve incluso se olvidaba que era un alfa, se olvidaba de eso tan importante porque, de nuevo, estaba atrofiado.
Su alfa reclamó a Tony e instaba a Steve a tomarlo. Una ola de olores golpeó su nariz cuando esto pasó. Olores dulces, olores sugerentes, olores penetrantes. Olores que antes no habían estado ahí tan fuerte como en este momento.
—Pídeme que me detenga —suplicó. Jamás se perdonaría haber hecho algo con Tony de lo que después Stark se arrepintiera.
—No te detengas —murmuró Tony en respuesta desabrochando el cinturón de sus pantalones.
La mezcla de olores tan atrayentes de Tony se mezclaron con los de él de una forma que le impedía separarse de su compañero. Su mente le repetía una y otra vez que la reacción de Tony era debido a su celo, pero su propio celo había sido encendido también y se negaba a obedecer a su mente.
Steve buscó a tientas hasta dejar completamente desnudo a Tony, repitiendo la misma acción de desprender bruscamente la ropa pero tratando con sumo cuidado a su compañero. La humedad en el cuerpo de Stark era visible y la podía sentir entre sus dedos, aquella viscosidad indicando que, desde hace minutos, Tony estaba listo para el siguiente paso.
Era demasiado incómodo hacerlo en un auto siendo ambos algo corpulentos, pero no imposible.
Estaba buscando la manera de acomodarse para no sentirse incómodo cuando la mano caliente de Tony tomó su miembro. Solo dios sabe cuánto soportó Steve el contacto para no venirse en ese momento.
Sabía que Tony no era un inexperto, lo cual estaba bien porque él si lo era, y si podía enseñarle mucho mejor, no quería lastimarlo ni mucho menos defraudarlo.
Por instinto sabía lo que tenía qué hacer pero no el previo a eso. Bajó al pecho de Tony y tomó sus manos arriba de su cabeza, haciendo que lo soltara en el proceso. Llevó su boca a uno de sus pezones y los estimuló pasando la lengua por cada uno, dejando que la voz ronca de Tony inundara el auto con sus jadeos excitados. Bajó un poco más dejando besos y un rastro de saliva por sus caderas, y cada vez que tocaba un nuevo lugar Tony arqueaba la espalda y fruncía los dedos de los pies.
Bajó una de sus manos a su entrada, primero la delineó con un dedo antes de meterlo.
—¡Joder!
Eso solo hacía que Steve quisiera escuchar más y más exclamaciones de parte de Tony, por lo que metió otro dedo para seguirlas provocando.
—¡Mierda, Steve, solo mételo!
Steve soltó las manos de Tony, lo tomó de la cintura dejándolo en el aire justo sobre sus propias caderas. De un solo movimiento lo unió a él, entrando tan profundo como le fue posible. El auto estaba lleno de todos los gemidos de ambos, y del sonido húmedo y lascivo que hacían sus cuerpos al entrar y salir.
Tenerlo de frente le permitió besar su cuello, su clavícula y su pecho haciendo lo mismo que le hizo a él, dejándole pequeñas marcas que más tarde serían muy visibles. Rodeó con sus brazos las caderas ajenas y así poder entrar más adentro de su cuerpo, haciendo más rápidos sus movimientos.
Se detuvo un momento y le dio la vuelta a Tony. Para este punto Steve estaba en el éxtasis, y Tony también.
—¡Más, más! No te detengas —pidió Tony al momento que las manos de Steve fueron a su miembro para estimularlo también.
Una mano lo abandonó y fue a su boca, dejando los dedos dentro siendo lamidos con ímpetu. Tony puso sus manos en la ventana del auto para sostenerse y así darle más ventaja a Steve para ir cada vez más dentro de él. Abrió más sus piernas y se pegó más a su amante.
Era una imagen de los más descarada, desvergonzada e impúdica la que daban, y eso solo lo excitaba más pues la imagen del Capitán América era todo lo contrario. Estar corrompiendo al ídolo de la nación era un gusto que no podía perderse.
—¡Ahí! ¡Más! —cuando sintió que Steve estaba tocando un punto muy sensible dentro de él quiso seguir sintiendolo. Era doloroso porque la forma en que Steve sostenía su pene le impedía venirse, pero al mismo tiempo excitante porque podía sentir y ver cómo él pene de Steve sobresalía de su vientre a cada estocada que daba.
Jadeó un poco más alto con los dedos de Steve metidos en su boca, lamiendo como si la vida se le fuera ello mientras subía y bajaba cada vez que era penetrado profundamente.
—...Hazlo adentro.
La respiración caliente y eufórica de Steve golpeó su nuca, en medio del éxtasis ninguno de los dos pensó bien lo que estaba pasando en ese punto, no fue si no hasta que Steve mordió su cuello que los dos sintieron el culmine de todo. El dolor en su cuello fue placentero dentro de poco, y sentir a Steve ir cada vez más rápido y más rudo llenando su interior de dos maneras lo hizo llegar a él también.
—Anthony —Steve gimió su nombre contra su oído, erizando cada vello de su piel. Sacó sus dedos de su boca, lo que aún no sacaba era su pene que aún estaba ocupando gran parte de su interior, y cuando lo hizo pudo sentir la viscosidad saliendo de él desvergonzadamente, goteando desde su entrada.
Tony estaba extasiado. Jamás había sentido el alfa de Steve tan posesivo, demandante y apasionado como esa vez, incluso había llegado a dudar de que fuera un alfa. Saber que era un alfa en función no cambiaba nada, ya lo amaba sabiendo que tenía un problema con eso, las cosas no serían diferentes ahora que ambos habían comprobado su existencia. Y qué forma de comprobarlo.
Con lo poco que les quedaba de ropa se cobijaron, Steve se sentó envolviendo a Tony en sus brazos y con su camisa rota, aún embelesado por lo que había ocurrido hace unos momentos.
III
Loki ya podía saborear su triunfo. Cuando ese par regresó lo hizo en un silencio sepulcral, con ropa nueva y diferente a la que usaron al irse y Tony llevaba en el cuello una gran bufanda.
El olor también era innegable. Esos dos olían a sexo, y del salvaje.
—Y solo les tomó un par de años —dijo para sí mismo, mirando con una sonrisa altiva como ambos ni siquiera se dirigían la mirada.
Pasados unos días y sin ver avances fue hasta la cocina donde Tony estaba sirviéndose medio plato de comida, recién salido de la ducha y con una sonrisa de oreja a oreja, incluso estaba tarareando. No que Tony no tarareara incluso sin una buena sesión de sexo.
—¿Tan bien estuvo? —preguntó Loki, porque el chisme corría por sus venas y quería enterarse de primera mano qué tan bien le había salido su plan.
—Apuesto a qué sabrás dónde están mis supresores.
—No tengo la más mínima idea —dijo cínicamente.
—Debería electrocutarte, cuernitos, pero no salió tan mal. Ahora solo me evita como a la peste.
—Es un mojigato, por supuesto que va a evitarte.
—¿No tendrás otro grandioso plan para hacer que se repita?
—¿Quién crees que soy? ¿Tú casamentera?
—Y yo que pensaba en quitarte ese artefacto. Lástima.
—No me lo quitarías aunque te diera la solución para el hambre mundial.
—Touché —Tony lo señaló imitando disparos y una sonrisa altiva.
—Tal vez Steve piensa que lo odias —intervino Natasha—. Piénsalo, tuvieron sexo cuando estabas en celo, él ha de pensar que se aprovechó de ti.
—Cuando en realidad tú te aprovechaste de él —se burló Loki recibiendo una mirada de advertencia de Tony.
—¡Pero él no se aprovechó de mí! —respingó—. Ni yo de él.
—Deberías hablar con él, entonces.
—Me ha estado evitando desde ese día, lo dudo mucho, es un mojigato.
—Hey, yo te di esa idea.
—Yo lo hago. Tú quédate aquí —Natasha casi rodó los ojos manteniendo un ojo sobre Tony. Tomó su comunicador y contactó directamente a Steve—. Algo ocurrió con Stark, no responde. Estamos en la cocina —dijo imitando una voz preocupada, para la maravillosa espía que era no le fue difícil hacerlo.
—Y ahora solo veamos la magia —Loki sonrió al decir eso, dejando la cocina igual que Natasha.
—¿Qué ocurrió? —Steve entró esperando encontrar a Natasha y a Tony inconsciente, pero solo se encontró con el último bastante lúcido al parecer.
—Hola, Cap —dijo Tony cerrando la puerta—. Tenemos que hablar. No me puedes seguir evitando así.
Steve bajó la mirada, evitando mirar a Tony.
—Lo siento. Debí decirlo antes, pero lo siento, cualquier acción legal que quieras tomar en mi contra la aceptaré.
—¿Ah? ¿Enserio? —canturreó Tony sirviéndose un vaso de jugo de manzana, porque ya no podía beber—. ¿Qué te parece la acción legal de un matrimonio? Porque déjame decirte, ese día, en el coche, yo sí quería acostarme contigo, el celo solo me dio una excusa para eso.
Steve se atrevió a mirarlo confundido. Quizá confundido era poco para la acción de Steve.
—¿De verdad? —preguntó, sintiendo un poco menos de culpa por lo que hizo—. Espera ¿Por qué querrías casarte conmigo?
—¿Y por qué no? —Tony caminó hasta donde estaba Steve, manteniéndole la mirada—. Eres el grandioso Capitán América, el heroe que admiraba desde joven, confiable, apuesto y muy recto, ¿Ya te mencioné que me gustan mayores?
Steve quedó a cuadros, no estaba entendiendo si Tony se estaba burlando de él o hablando enserio.
—Vamos cap, no luzcas tan sorprendido, ¿De verdad no crees que quiera casarme contigo?
—Estás a una altura diferente a mí.
—Gracias por recordarme lo alto que eres.
—No me refiero a eso. Hablo de que estás en otro mundo, todo tú estás fuera de mi alcance, ¿Qué tan extraño se vería a alguien de tu clase con alguien como yo?
—¿Te parezco fuera de tu alcance ahora? —Tony se acercó repentinamente a Steve, dejando solo unos centímetros entre ellos—. Que tú quieras ver una brecha entre nosotros es tu problema, no el mío, no me importa cuánta clase tengas o no, o cuánto dinero poseas, si es a lo que te refieres. No soy tan superficial, Steve Rogers.
—Si estás hablando enserio, ¿Quiere decir que tú, el gran Tony Stark, me está pidiendo matrimonio?
—Claro que si —Tony se alejó lanzándole una cajita a Steve—. Además, si no nos casamos, ¿Cómo vamos a explicarle a nuestro bebé que sus papis se aman pero por idiotas no están juntos?
Claro, Steve no pudo argumentar nada en contra, estaba helado.
IV
Había sido un caos todo eso de la boda repentina, y sin duda para ambos el estar esperando un bebé había sido la excusa perfecta para apresurar la boda. Y es que Steve comprendió que lo que Tony le dijo era cierto, que sin importarle su estatus o su cuenta bancaria quería pasar su vida a su lado, y que quería eso casi desde que lo conoció.
—¿Amor? —preguntó. Tony estaba ahí comiendo vorazmente una caja de donas, llevaba una sudadera puesta y su pants nada más. Con aquella prominente barriga verlo comer más de la cuenta era normal, ya todos se habían acostumbrado.
Tony no le contestó por su boca llena, pero tener a su alfa tan cerca lo hacía sentirse relajado, así que dejó que Steve lo abrazara por atrás dejando un beso en su cabeza, poniendo sus manos sobre su barriga.
Era normal ver a ese par de tórtolos rondar los pasillos de la torre de los Vengadores, ahora que toda la tensión que tenían antes se había transformado en muestras de afecto las cosas se habían vuelto más tranquilas.
Steve era especialmente receloso con su marido, no podía perderlo de vista o lo buscaba justo como en ese momento, temía que algo pudiera pasarle a él o al bebé, ya bastantes desgracias habían sufrido para hacerlo creer que si no estaba cerca de Tony podría pasarle algo.
—¿Quieres? —Tony le ofreció de su dona y Steve comió obedientemente. Acurrucó a su marido cerca suyo cuidando de no lastimar su panza, dejando que el resto de la torre supiera quién era su alfa.
—Tony, sé que no es el mejor momento, pero necesito que revises el avance —Bruce estaba nervioso, no era novedad para nadie lo posesivo que Steve se había vuelto. Lo normal, un alfa cuidando de su familia solamente, pero como Bruce no era ni alfa ni omega no sabía en qué momento Steve liberaba sus feromonas de posesividad y marcaba su territorio, así que se andaba con cuidado.
—No puede, está descansando —puntualizó Steve. Dejaba a Tony trabajar todavía pero durante cortos periodos de tiempo, el embarazo ya estaba avanzado y se fatigaba más rápido, y mucho estrés no era bueno para el bebé, así que él, como el maduro y responsable que era, tenía que mantener un régimen saludable para el bebé y su esposo si quería que todo saliera bien.
La mirada suplicante de Bruce cayó en Tony, quien se alzó de hombros.
—Lo oíste hermano, no puedo —dijo y le dio otra mordida a su dona.
Los hombros de Bruce cayeron, también Tony se había vuelto demasiado complaciente con Steve, si no lo conociera diría que era sumiso, pero esa palabra no iba con Tony, ¿Oh si?
—Con que ahí está la enorme bola de demolición —Loki, como siempre, hizo su entrada triunfal con aquella frase que le costó una dura y severa mirada de Steve—. No puedes quejarte, gracias a mi divina intervención es que ustedes, par de ineptos, están juntos.
—Deja de molestar a la gente —lo regañó Thor entrando después que él—. Tú solo te ganas tus problemas.
Steve dedicó una última mirada a Loki, atrayendo más hacia él a Tony. No le gustaba cuando hacían comentarios sobre el cuerpo de su esposo, especialmente si eso incluía su prominente barriga. Tony en ocasiones se ponía muy hormonal y cualquier pequeño comentario lo afectaba demasiado, así que Steve buscaba la manera de mantenerlo alejado de esos comentarios. Claro, con Loki bastante lejos.
—Ni una palabras más, Loki. Te lo advierto —dijo Steve y Thor solo pudo sobarse la cien porque ya se veía venir eso.
—Lo que diga, Capitán —con una sonrisa socorrona Loki dejó el lugar, él sabía cuándo hacerse a un lado para atacar más tarde, y sacar de sus casillas a un alfa que protegía a su cachorro y a su omega era la peor idea si estaba atado de pies y manos.
—Wow, ¡Señor Stark! Ya mero llega el día —Peter llegó junto a Natasha, saludando a los demás y yendo directamente a tocar el vientre abultado de Tony, la gente embarazada siempre le llamaba la atención.
A cambio recibió un manotazo de Steve, dejando helado a Peter que no se esperaba esa respuesta, ¿No era el Capitán América siempre amable y respetuoso?
Bruce miró con nervios la escena, aunque Peter aún era un jovencito le daba pendiente que Steve fuera algo duro con él.
Por su parte Steve hizo como si nada había pasado, todos sus modales y buen temperamento se iban al caño cuando veía a Tony, especialmente ahora que esperaban un bebé. El resto de los Vengadores ya lo sabían, ahora lo comprendían por completo, y aún les gustaba hacerle tretas a Tony a costa de las amenazas de Steve, como era el caso de Loki o el despistado de Peter.
V
Por la noche se estaban preparando para dormir, a Tony le resultaba adorable la forma en que Steve se había vuelto tan dulce con él, se había convertido casi en su sombra para mantenerlo protegido y a su bebé también.
Steve entró al baño también mientras Tony lavaba sus dientes, lo abrazó por la espalda y recargó su barbilla contra su hombro. Era increíble como ese hombre tan recto y maduro se había vuelto prácticamente un chiquillo empalagoso con él, que le gustaba siempre estarlo abrazando o tener cualquier clase de contacto.
—Estaba por terminar —le dijo Tony con una sonrisa terminando de cepillarse los dientes.
—No importa, quería estar contigo.
—Siempre voy a estar contigo —sonrió de solo pensar que, de hecho, ese dulce hombre tan cariñoso y protector con su familia era su esposo, se sentía profundamente afortunado de eso.
Tony le regaló una brillante sonrisa de comercial y después le dio un beso corto, dejando que Steve lo guiara a la cama donde lo arropó y abrazó para poder dormir tan juntos como fuera posible.
—No puedo creer que me hayas pedido matrimonio —Steve suspiró en su oído, manteniendo suave su agarre en él para no dañar al bebé.
—No puedo creer que hayas aceptado mi propuesta de matrimonio —Tony sonrió contra el pecho de su esposo, sintiendo una patadita del bebé—. Aquí, pon tu mano, ¿Puedes sentirlo?
Steve sintió que podía llorar de la alegría en cualquier momento, bajo su mano había un pequeño movimiento que, en un futuro, sería uno lleno de vitalidad y energía.
—Puedo sentirlo, Tony —bajó su rostro y le dio un beso en la frente a su marido, depositando cada sentimiento en él—. Te amo, los amo.
—Yo también te amo, y también nos amo.
Steve sonrió, Tony nunca cambiaría, y amaba eso de él.
