Contenido: Yaoi, drabble, romance, humor, fluff, etc. Parte de la serie #Flufftober2021 propuesto por la página "Es de fanfics".

Pareja: GiyuuSane (Tomioka Giyuu x Shinazugawa Sanemi)

Disclaimer:

Hikari: Otra vez regresando al headcannon que Sanemi tiene gran apego (o hasta fetiche) por el cabello largo de Tomioka. En fin, ya saben que ni Kimetsu no yaiba ni sus personajes me pertenecen, la obra original es de Koyoharu Gotoge, por lo que este fic fue escrito únicamente por ocio y sin fines de lucro.

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#Flufftober2021, 14 – Comb the hair (peinar el cabello)

Sanemi comenzó a arrugar al entrecejo, saliendo del mundo de los sueños debido a la luz que lograba filtrarse de entre las cortinas aquella mañana.

Apenas estuviese despierto, se percató del peso extra sobre su cuerpo, un brazo que lo rodeaba con fuerza era el culpable de no haber podido cambiar de posición durante la noche, por lo que sentía cierto entumecimiento en algunas de sus extremidades. Algo abochornado, finalmente se incorporó sobre el futón, soltando un último bostezo, sus bruscos movimientos, por supuesto, resultaron en quejidos y en el despertar de con quien compartía aquel estrecho espacio.

-¿Sanemi?- preguntó con la voz aun entrecortada, tapando con su brazo interno sus ojos que aun luchaban por mantenerse cerrados.

-Levante, idiota. Se nos hará tarde para ir al trabajo.- sin mostrarse avergonzado de su propia desnudez, aunque internamente si lo estaba, decidió al fin ponerse de pie. Dispuesto a empezar a listarse, sintió un leve tic sobre su ceja, molesto porque el otro solo se había limitado a darse la vuelta, dispuesto a volver a dormir. Su espalda descubierta relucía por su piel pálida con la luz del sol matutino, el edredón solo lo cubría de la cintura para abajo, dejándolo ver perfectamente cómo su cabello largo se esparcía revuelto hacia el lado contrario.- Tomioka, me iré sin ti y ni creas que me tomaré la molestia de regresar. Recuerda que tu maldito automóvil sigue con el mecánico.

Comenzó a vestirse con prisa mientras Giyuu se sentaba lentamente, soltando aun varios bostezos y limpiando con sus manos sus ojos aun cerrados. Sanemi tuvo el pensamiento de compararlo con un niño que no desea levantarse, pero por supuesto no se lo mencionó.

Lanzándole su típica ropa deportiva con la que siempre asistía al trabajo, el albino al fin salió de la habitación para dirigirse esta vez a la cocina, preparando rápidamente algún rápido desayuno. Miraba constantemente el reloj que colgaba en una de las paredes, afortunadamente ambos aun llevaban buen tiempo así que dudaba que llegarían tarde. Tranquilo por la situación, se dio el lujo de aumentar algunos aditamentos más antes de comenzar a dejar los pequeños platos sobre la mesa bajita que estaba al centro del modesto departamento.

Justo en ese momento, Tomioka salía aun dando otro bostezo más, ya completamente cambiado y con una espada de madera en su mano derecha.

-Gracias por la comida.- murmuró, aun arrastrando las palabras, juntando ambas manos antes de, al fin, parpadear con cansancio y comenzar a degustar sus alimentos. Sin embargo, Shinazugawa perdió de inmediato el apetito al ver el deplorable estado de Tomioka.

Dejando nuevamente los palillos fuertemente contra la mesa, se levantó y se dirigió nuevamente a la habitación, Tomioka lo vio con duda pero no soltó comentario alguno. Con bocado aun en la boca, no supo qué decir al ver cómo el albino se arrodillaba a sus espaldas, mientras sostenía un peine y comenzaba a pasar sus dedos entre sus hebras de cabello.

-Joder, al menos deberías preocuparte un poco por tu maldita imagen. Somos profesores, no podemos asistir al trabajo de esta manera.- Tomioka sentía cómo los fuertes dedos de Shinazugawa pasaban delicadamente entre su cabello, teniendo cuidado de jamás jalar más de lo necesario, mientras trataba de deshacer los nudos rebeldes a lo largo.

Sonrió levemente antes de volver a meter otro bocado de arroz a su boca, tratando de no moverse para no convertirse en alguna molestia.

Una vez terminado, Sanemi ató el cabello en una coleta, un poco más alta de lo que acostumbraba traerlo Giyuu, pero éste no hizo ningún ademán para tratar de arreglarlo.

Suspirando y satisfecho de su propio trabajo, Sanemi se levantó para regresar las cosas a su lugar y, al fin, tomar nuevamente su lugar en el tatami al lado de la mesa. A pesar de que fingía estar concentrado en sus diversos platos, cada vez que tenía la oportunidad, le daba miradas fortuitas a Giyuu, quien comenzaba a recoger sus platos ya vacíos.

Se golpeó mentalmente luego de sentir gran alivio por ver el resultado estético de su esfuerzo y peor aún, cuando se percató cómo un gusto culposo comenzaba a brotar dentro de él. Y es que, aunque prefería mantener en silencio su opinión acerca de todos los aspectos en los que Giyuu lo enamoraba prácticamente cada día, debía admitir para sí mismo al menos el gusto que tenía específicamente por la cabellera del azabache.

Cuando sus dedos pasaban por aquellas hebras recordaba inmediatamente la manera en que, durante varias noches, cuando ambos se recostaban en la cama y Giyuu lo miraba desde arriba, su cabello caía en forma de cascada hacia sus lados, era como quedar rodeado por completo de él y lo único que podía divisar era su esbelto rostro. Adoraba la sensación de su piel acariciándolo, perdiéndose entre los hilos de su cabello, cuando Giyuu ocultaba su rostro entre su cuello y su hombro.

Amaba el olor a su shampoo impregnado en él cada vez que amanecían abrazados, justo como aquella mañana, haciéndolo sentir aún más cercano al otro en un extraño sentimiento hogareño.

Y finalmente, sentía un éxtasis indescriptible cada vez que el joven profesor ataba su cabello en una coleta alta, ya fuese por el calor o por lo estorboso que resultaba traerlo más suelto, el modo en que aquella coleta dejaba casi al descubierto su casi desconocida nuca le daba un perfil que para Sanemi era casi imposible mantener el control para no besar esa piel pálida al instante.

Tuvo que tragar fuerte para evitar atragantarse con ese estúpido pensamiento.

-Tal vez debería cortarlo.- dijo sin más, luego de haber lavado y acomodado los trastes en su lugar respectivo.- Es incomodo tener que cuidarlo si es así de largo.- tomó la punta de su coleta y se le quedó viendo indeciso, por lo que no pudo ver con detalle el extraño gesto que hacia Sanemi, quien parecía estar muriendo por dentro.

"¿¡Que mierdas dijo?!" de haber sido posible, habría destruido con sus manos el par de palillos que aún sostenía.

¿¡Pero que podría decirle para evitarlo?! Seguramente si intentaba detenerlo, el estúpido chico le preguntaría alguna razón, que por cierto sí tenía, ¡pero todas y cada una de ellas eran demasiado patéticas y/o bochornosas para poder ponerlas en palabras! ¡No deseaba decírselas, pero tampoco que Tomioka se cortara el cabello!

¡Si se atrevía a cortárselo definitivamente lo mataría! ¡Por supuesto que lo haría!

-No lo hagas.- trató que su voz no sonara demasiado desesperada. Claro, Tomioka lo miró con una mirada interrogante, a la que huyó mientras él también llevaba sus cubiertos sucios a la pequeña cocina.- Solo… no lo hagas.

-¿Seguro?- ladeó su cabeza hacia un lado, haciéndolo ver como un pequeño niño.

-Solo no lo hagas maldita sea.- sin decir nada más, Sanemi se dirigió a la entrada, luego de tomar su maletín que contenía carpetas y demás materiales que necesitaba para impartir clases. Tomó un par de cascos de motocicleta antes de lanzar uno hacia Tomioka, quien ya lo estaba siguiendo a sus espaldas.- Cállate, es hora de irnos.

Tomioka hubiese seguido la conversación, curioso, queriendo tener alguna explicación por la cual Sanemi se había negado a un simple corte de cabello, pero decidió simplemente dejar hasta ahí la plática, al menos había logrado ver el rostro sonrojado de su novio antes de que se pusiera el casco.

-Deja de hacer esa estúpida expresión y vámonos de una buena vez.- le dijo, frunciendo el ceño. Tomioka solo asintió en silencio antes de seguirlo para salir juntos del departamento.

-Sanemi…- nombró con un tono inusualmente bajo, provocando un escalofrío recorrer por la espina dorsal del albino.-Tengo que decirte algo.- Al voltear vio el color azul profundo de los ojos de Tomioka. Incómodo por su seriedad, solo hizo un ademán con la garganta para indicarle que lo estaba escuchando.- No puedo ponerme el casco con la coleta de caballo.

No supo exactamente por qué, pero Sanemi sintió verdaderos deseos por noquearlo en ese preciso momento.

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Hikari: Les juro que yo no me canso de esta shipp, merece más y más amor uwu. En fin, esta vez sí que ya es el segundo drabble de ellos en esta serie, pero espero que les haya gustado aun así. ¡Nos leemos pronto! ¡Bye bye-perowna!