Capitulo I El inicio.
La gente al oír la palabra gitano, se le viene a la mente la palabra, alboroto, brujería, juegos de azar rateros y un montón de malos calificativos. Que por ahora prefiero no mencionar.
Mi nombre es Usagi tengo quince años y soy gitana, vivo con mis padres, en una aldea gitana a las afueras de la ciudad de Aldremir capital de la nación de Alkarya. Hoy será mi noche mis padres me han dejado bajar con mi tio y el resto de los gitanos, al festival de la luna de plata. Me ha costado convencerles de tal decisión Shingo que es como mi hermano en vez de mi tío me ha ayudado un "poquito". Bueno en realidad si no es por mi hermano yo no habría podido ir con mi él al festival.
—Muy bien Usagi hoy es tu día— soltando mi cabello, color rosa cayendo mis caireles en cascada hasta un poco más abajo de mis caderas, me miró al espejo y coloco colorete a mis labios estoy perfecta. Tomo mi ocarina y me dispongo a salir antes que mis padres cambien de parecer.
—¿A donde vas pequeña pilla? Almenos despídete de tus padres debidamente, dejamos darte la bendición Usagi.
—Madre claro que me despediría de ustedes, denme su bendición, si solo llevo algo de prisa solo quería ver a Kousagi antes de irme recuerden es por ella que hago todo esto.
Kousagi es mi hermana menor, oh bueno menor por dos minutos ella es mi gemela, pero hace tres años ha enfermado y ni levantar de su cama puede; yo no puedo verla sin sentir rabia, impotencia y una inmensa tristeza al ver sus celestes ojos esperanzadores y chispeantes de alegría, ahora opacos y sin luz, ni brillo y me aterra de sobre manera que la vida de mi hermana, se apague.
Kousagi era la serenidad la calma y la dulzura andante, era un ángel danzando con sus hermosos listones de seda y un hermoso pajarillo al cantar, era una chica encantadora todo cambio desde que enfermó. Mis padres Mamoru y Usagi se habían vuelto tan serios y recelosos conmigo, desde que Kousagi enfermo.
Por esa razón no me dejaban bajar a la ciudad, pero toda la carga caía en mi pequeño hermano Shingo quien era un año mayor que mi hermana Kousagi y yo.
Mis padres tenían un pequeño taller de orfebrería, pero no bastaba para mantener nuestro hogar, los tiempos estaban difíciles y con un familiar enfermo todo era más cuesta arriba; mi padre evitaba a toda costa que yo saliera pero yo no podía dejar todo el peso en los hombros de Shingo y mis padres. Tenía dos metas al ir a la ciudad, uno llevar plata a mi casa y dos buscar un médico para Kousagi y si seguía en casa, nada de eso pasaría.
Mis padres y Shingo eran gitanos muy cerrados ellos no aceptan que un médico civil es decir NO gitano viera a nuestra Kousagi, pero entre nuestra comunidad no había tal cosa los gitanos no teníamos esa preparación. Solo había curanderos y ancianos con conocimientos en la herbolaria pero un médico como tal no teníamos y yo haría lo que fuera por mi hermana y juro por los Dioses que haría cualquier cosa por mi hermana.
—Shingo madre padre ya debemos irnos, mi hermana estará bien la protegeré de todo y de todos.
—¡Oye tampoco soy una chiquilla Shingo deja de tratarme como si fuera una niña¡ Además recuerda me se cuidar eola— dije esto inflando mis mejillas sin poder evitar un sonrojo, de frustración.
—¡Bueno bueno hijos dejen el jaleo ya se les hará tarde que los Dioses les protejan, cuidense mutuamente recuerden solo tienen tres días. Lo que dura el festival ni un día más oyeron! Exclamó nuestro padre en tono serio.
Sin más Shingo y yo tomamos nuestras cosas y nos dispusimos a ir a las carretas, con el resto de los gitanos que también irían a ganarse el pan en la ciudad de Aldremir. Muchos gitanos eran solicitados en la ciudad por entretenimiento y mi gente destacaba en esa área, iban irónicamente para los aldreminos, nos trataban como escoria, pero para su diversión nos llamaban hasta con antelación.
Mi hermano y yo subimos a una de las carretas acto seguido está comenzó a moverse, iba distraída mirando el paisaje cuando mi Shingo rompió el silencio.
—Chibiusa necesito explicarte cómo debes actuar cuando lleguemos a Aldremir, allí hay todo tipo de personas y no quiero que tú inocencia y falta de malicia te perjudique.
—A ver señor sabelotodo
iluminame— le dije chasqueando la lengua para picarlo.
—¡Chibiusa es enserio allí hay de todo y si no espabilas, puedes ser o violada o vendida como esclava y llevada a quien sabe dónde, ya es suficiente ver a Kousagi en esa cama, para que a ti también te ocurra algo no me lo perdonaría y nuestros padres tampoco y Kousagi menos!
Hasta ahora sabía que Shingo, ya no era el mismo chico de antes está situación le había hecho madurar pero no sabía a qué punto aún le seguia viendo cómo mi hermanito.
—Vale Shingo no te enojes hermanito, lo siento si solo era una broma— le dije sintiéndome algo tonta y apenada con él, —lo siento hermano dime lo que querías decirme no te volveré a interrumpir
Note que Shingo tomó una gran bocanada de aire y me miró con una expresión sería. —Muy bien Chibiusa así está mejor, verás la ciudad al caer la noche suele ser algo peligrosa, más que todo para las mujeres y aún más para las gitanas; pues Alkarya no escapa de los cazadores de esclavos eso ahora es negocio, cada vez que los gitanos bajamos a Aldremir esos malditos están atentos a nuestras mujeres, las venden a otras naciones para trabajos domésticos y en el peor de los casos. Las venden a prostíbulos, quiero que seas muy astuta hermana, lista que tengas malicia y corras si ves algo sospechoso y siempre quédate cerca de nosotros, o en lugares concurridos allí no correrás peligro.
—Vale Shingo haré mella en todos tus consejos y muchas gracias por preocuparte, todo estará bien hermano ya verás que si— Me quedé dormida un ratito, al despertar, nuestra aldea había quedado muy atrás dejando ahora un hermoso prado lleno de verdor inmenso como el mar y la lejanía ese verdor fue sustituido por un amarillo fulgurante, era un campo de girasoles hermoso fue la palabra que vino a mi mente, pues los girasoles eran por mucho mis flores favoritas. Más allá de ese campo de girasoles brillantes con la luz del sol, se imponían las murallas de Aldremir capital de la nación de Alkarya. Eran enormes en tonos grises, adornado por algunos zorros en relieve, en Alkarya tenían fascinación por ese animal se le consideraba el animal guía de aquella nación.
—Lindo campo de girasoles verdad pequeña— aquella voz me saco de mis pensamientos y voltee a responder a dicha persona, —¿Eres a la que en la aldea llaman Neherenia verdad?—
—Si niña en efecto esa soy yo y ¿tu eres la chiquilla de los orfebres verdad?— La mire y le hice un gesto afirmativo,
—¿Quieres un vistazo a tu futuro niña antes de llegar a la ciudad?—
Iba a decirle que no tengo dinero y mucho menos interés, pero aquella mujer actuó más rápido y tapo mis labios con un dedo. —Tranquila niña eres de las mías no voy a cobrarte, es solo para pasar el rato, dame tu mano.
Entre incredulidad y desconfianza obedecí a aquella mujer, esto me parecía absurdo pero era gratis y yo tenía algo de curiosidad por lo que la tal Neherenia me diría. Dicho esto aquella mujer tomó mi mano y comenzó a delinear cada línea de mi mano, con cara pensativa y de vez en cuando de sorprendida, Neherenia comenzó a darme los resultados de su "lectura hacía mi futuro".
—Mira niña me has dejado sorprendida, veo cosas grandes cosas en ti muchachita veo un hombre, esté hombre será muy importante en tu vida pequeña, también veo tus manos atadas pero aunque estén atadas veo poder en tu mirar, te veo como a una soberana, veo que un familiar sufre pero tranquila pequeña la santa muerte aún le dará tiempo a esa persona de continuar en este plano, pero el dolor de tu reflejo será inevitable pero compensado. Pero me asombre bastante ¡niña nunca había visto tanto poder en ninguna lectura!— exclamaba la cmujer alegre.
Yo algo sorprendida por los disparates dichos por la tal Neherenia no sabía si reír, o decirle charlatana; pues a pesar de ser gitana yo creía más en lógica y era algo incredula. Yo una soberana oh por las diosas para ser soberano de algún lugar se debía nacer con corona y cetro, yo con nada de eso nací en fin le agradecí aquella mujer y comencé a zarandear a mi Shingo para decirle que vaya alistándose que estábamos ya frente a las murallas de Aldremir. Cuando nos acercamos a las enormes puertas pude ver, como los soldados enfundados en trajes azules marinos, inspeccionan las tres carretas de nuestra aldea.
Al asegurarse que todo estaba bien nos dieron paso, pero no sin antes expresarse mal de nuestra gente y soltar alguno que otro insulto, -malditos cerdos se creen mucho por usar un uniforme-, note como mi hermano Shingo tomaba mi hombro y me decía que los que les iba a decir se quedará en mi Mante rayos me conoce muy pero que muy bien. Luego de unos minutos pude apreciar mejor la ciudad de Aldremir, sus calles empedradas, sus casas pintorescas y puestos de vendedores en todas partes. Los niños jugaban y las elegantes mujeres iban y venían charlando y yendo de puesto en puestos, todo y todos eran tan diferentes a como eran las cosas en mi pequeña aldea escondida en el bosque nunca había venido a la ciudad y francamente lo que veía me emocionaba y los olores que delicia ese olor a pan fresco era una delicia.
Habían ya detenido el paso las carretas; asumi que llegamos a nuestro destino porque al bajarme de las otras dos carretas se estaba bajando los baúles, que contenían las indumentarias de trabajo de mi gente me dispuse a tomar mi violín y mi pequeña ocarina y ayudar a los demás junto a Shingo. Al terminar nos dispusimos ir a unas bodegas detrás de la taberna dónde nos detuvimos allí fue donde el tabernero nos dijo que podíamos usar el lugar a modo de camerino.
Yo dispuesta arreglarme y comenzar a vaciar bolsillos no tarde mucho en arreglarme delinee mis ojos, y di color a mis labios nada más ate un listón a mi cabello de seda blanca, me puse un top blanco con una falda rosa abierta a media pierna, me calce unas sandalias sin tacón atadas a mis tobillos tome mi violín y fui por mi hermano, lo encontré afuera afinando su violín, sentado en la parte trasera de una de las carretas.
—Vaya Chibiusa estás lista toma es el medallón de Kousagi, ella me pidió que te lo diera ojo que es prestado, que se lo cuides mucho vamos a la plaza no quiero estés en la taberna allí hay mucho borracho mano suelta prefiero estés en la plaza del centro de la ciudad más tarde te guste o no te iré a buscar no quiero estés sola.
—Shingo que no soy una niña ya deja de tratarme así hermano. —Chibiusa tu no eres una niña pero eres mujer, ya por ese lado estás en peligro en este festival hay mucho borracho calenturiento y aprovechado y eres mi hermana, mi sobrina es imposible no preocuparme por ti o por Kousagi. Quedó claro.
—Si shingo.
—No te escuché repitelo.
—Si hermano ¡¡¡YAAA TE ENTIENDO!!!
—Buena chica jajajaja ahora ven sígueme
-—No soy tu cahorrita tarado. —Ya pues no te enojes, además a ti también te gusta picarme no te hagas la inocente.
—Vale te sigo hermano— aunque Shingo fuese un año mayor me asombraba, su nivel de madurez, su buena disposición siempre conmigo y mis padres, cargar con esa carga familiar había hecho de mi hermano ya un hombre, eso me hacía sentir orgullo y a la vez algo cohibida me sentía tonta a comparación de Shingo. Pero está situación acabaría le mostraría a mis padres; que al igual que él yo también podría llevar para el pan a casa.
Sin darme cuenta había llegado a una plaza algo rudimentaria pero no por eso menos hermosa en medio de ese lugar había una preciosa fuente de los deseos, o bueno es lo que relataba mi hermano mientras me daba instrucciones de que hacer y como debía actuar; frente a la gente que se acerque.
—Muy bien Usagi has esas cuerdas vibrar y que tú violín hablé por ti, has que los sentimientos de los Aldremirios, afloren y vengan por más nena confío en tu talento.
—Shingo y que pasa con mi ocarina, sabes que la música que emito con ella, es hermosa relajante y a cualquiera enveleza hermano.
—Chibiusagi trajiste esa cosa si nuestros padres, se enteran nos castigarán y no podremos volver, hermana estás loca fue una de las condiciones que puso nuestro padre.
—¡Ash Shingo como das lata no lo notarán además me has alejado de nuestro grupo, acá nadie me verá tocarla ya deja tu histeria! Hermano, además te juro juradito; que solo tocaré una canción con la ocarina— le dije a mi hermano mientras rodaba los ojos.
—Está bien liebrecilla confío en ti vendré, al caer la noche y por todos los dioses no te muevas de este lugar; eres demasiado, terca y curiosa y francamente hermana acá no nos podemos meter en problemas.
—Claro hermano tu tranquilo yo nerviosa, nos irá bien le hecho una ofrenda a la diosa Astra, para nuestra buena senda en este viaje, ahora lárgate y déjame trabajar en paz mi violín y yo necesitamos brillar— al irse mi hermano saque mi violín de su bolsa de cuero y me dispuse a tocar algunas notas, en lo que decidía que tonada tocar; ya había escogido con que deleitar a mi público, para que arrojaran una tras otra, sus monedas en la bolsa de cuero dónde descansa mi violín.
Habia comenzado con unas notas delicadas y algo melancólicas, pero románticas de a poco hacía vibrar más mi violín, cada nota cargada de distintos matices, de a Paco se fueron acercando algunas personas a escuchar mi música, sus expresiones me alegraban el alma, pues disfrutaban mi música y vi como tres personas, echaban algunas monedas a la bolsa, no había notado a la pequeña espectadora que arrojo unas monedas, me asombre al notar que tiro varias monedas y no solo una como el resto de quienes estaban allí al terminar mi canción la pequeña seguía mirándome con carita de ensoñación, o más bien miraba a mi violín.
—Hola pequeña ¿Te gusta la música?
—Si me gusta la música, tu tocas muy bonito el violín y eres una chica muy bonita, además me gusta tu ropa es más cómoda que este vestido que yo cargo.
Entre risas la pequeña aún seguía con su mirada curiosa. —Me has hecho reír hermosa tu vestido te hace ver muy mona yo pues me habría gustado vestir alguna vez como tú guapa, mirate pareces una muñeca o una princesa.
—Gracias eres muy amable y de personalidad alegre ¿Como te llamas?
—Mi nombre es Usagi niña preciosa, pero tú me puedes llamar Chibiusa así me llaman los amigos y mis padres y tú ¿Cómo te llamas niña?
—Mi nombre es Diana un gusto Chibiusa gracias, por considerarme tu amiga yo no tengo amigas la verdad—
dijo la pequeña haciendo una reverencia delicada y muy elegante, se veía tierna a mi parecer.
—Oh nunca nadie a hecho una reverencia para mí, sabes pequeña no debiste arrojar tantas monedas a la bolsa, puedes tener problemas con tus padres y no quiero que eso pase.
—-Pero me gustó tu canción y mucha gente escucho sin pagarte, puedes estar tranquila eso para mis padres, es como quitarle una gota al mar Chibiusa, no debes preocuparte.
—¡Lo dices en serio pequeña Díana...!?
—Claro no le diría mentiras a mi primera amiga, quería pedirte que vuelvas a tocar tu música para mí, te he pagado bien merezco almenos una canción más no crees— decía la pequeña entre risas.
—Y yo tocaré complacida para mí nueva y exigente amiguita.
Comencé de nuevo a tocar pero algo más alegre para la pequeña niña, que a los segundos daba brinquitos y comenzaba a bailar y a dar vueltas llenas de gracia y elegantes, para mí sorpresa de seguro, era una pequeña de buena familia, su vestimenta y porte la delataban lo más probable, es que estuviera escapada porque no creo que los padres de la pequeña le hayan permitido salir y con tantas monedas encima mi canción ya había acabado.
—Bueno Chibiusa ya debo irme a casa, si mi padre, nota que huí de casa, el castigo me durará hasta que sea mayor— decía la pequeña guiñ
ando un ojo y riendo.
—Vale pero sabes el camino, si quieres te puedo acompañar pequeña, no me gustaría que te perdieras.
—No tranquila ya me se el camino, mi hermano ya me lo ha mostrado y lo he memorizado espero los dioses me permitan volver a verte amiga.
—Adios pequeña.
al despedirme de la pequeña me dispuse a seguir tocando y más personas que de a poco comenzaban acercarse a escuchar mi música, y de a poco comenzaron a echar monedas a mi bolsa de cuero.
A la hora de seguir tocando me había dado algo de sed y después de unos segundos, me decidí ir por algo. De tomar y entre a una pequeña cantina, llena de hombres tomando y jugando cartas, me acerque a lo que supuse era el mesón dónde atendían a pedir algo de agua; una señora de baja estatura y ya mayor se ofreció, al ver que su hijo todo mal encarado se negó a darme agua, la amable anciana me pidió que esperará por el agua.
—Bah porque no mejor, tomas algo mejor como un ron o vino, o de plano una cerveza— No había notado al hombre que se hallaba a mi lado traía un olor, muy fuerte a alcohol desparramado en aquel mesón, que hacía de barra. Su piel era muy clara y dado su alto consumo de alcohol, lo poco que ví de su rostro estaba sonrojado, tenía su cabello algo largo y color plateado.
—Yo no tomo señor— fue lo único que atiné a decirle, antes de que se echara otro trago, de lo que fuera que estuviera bebiendo.
—Eres una mujer aburrida, pensé que las gitanas eran más alegres y complacientes con sus clientes.
¡Plafs¡ fue el golpe seco que se oyó proveniente, de mi mano contra, la mejilla de aquel hombre, tras la bofetada se puso más roja de lo que ya de por sí la tenía. Aquel hombre furioso y almenos dos, cabezas más alto que yo y por mero instinto di algunos pasos hacia atrás.
—¡¡¡Estás loca maldita chiquilla, que demonios te pasa gitanilla de los mil demonios!!! —¡A mí no me pasa nada, eres tú el que fuiste muy grosero conmigo!
—¿Que hice, eres gitana verdad...?
—-Si lo soy ¿Y que con eso...?
—Eres tonta o que chiquilla, esto es una cantina y tú estás, muy ligera de ropa, dime qué puedes estar haciendo aquí?
—¡Eres un cochino, pervertido yo solo vine por, agua estoy trabajando y el sol está fuerte y me dió sed vine acá y una señora amable se ofreció a darme agua, pero me pidió que la esperase aquí!
—Eres una mentirosa, pero aún así estoy dispuesto a pagarte bien, por un rato de placer.
Hervi en mi cólera, otra bofetada le solté a aquel pervertido, por querer humillarme.
—Estarás en mi cama hoy quieras o no fierecilla, estás bofetadas te saldrán caras maldita.
Me disponía a darle su tercer golpe, pero fue más rápido que yo tomo mi mano, con brusquedad y me tomo de la cintura, allí fue mi primer beso, pero fue Osco, violento y con sabor a licor, quería gritar de impotencia, aquel joven, se portó como el rey de los patanes y mi sangre hervía de la rabia aquel gañan se reía y saboreaba aquel beso, mientras, aquellos ojos dorados, algo desorbitados por el alcohol, me miraban fijamente.
—Sabes dulce muñequita, darías peleas en la cama de seguro.
Me disponía a darle otro golpe pero aquella anciana, amable termino todo, rastro de discusión.
—¡Alto jovencita, esas no son maneras, niña te dije que te quedarás allí esperándome, ya te iba a traer tu agua y tú muchacho, cada que vienes a esta cantina es a hacer jaleo! Destrozar el lugar y te vas peor que soldado en guerra todo moreteado.
—Bah anciana ya vas otra vez con tu cháchara, todo esto es culpa de esa chiquilla gitana, que viene a buscar lo que no se le ha perdido, además siempre pago lo que rompo.
—No es cierto esta chica, solo vino por agua, no te creas que no te escuché tu andabas de zorro mañoso y la chica solo se defendió.
—Vieja mujer tenías qué ser, bruja como todas, nada más sirven para hacer jaleos. Me largo— Aquel chico tomó algunas monedas y las dejo de mala gana en el mesón y se marchó.
—Zorro problemático—, dijo aquella mujer mientas tomaba las monedas y las guardaba, en su desgastado delantal mientras murmuraba algunas maldiciones para con aquel jóven.
—En cuanto a ti pequeña evita estos sitios y más cuando uses esas vestimentas, no es por ofenderte pero es consejo para que te ahorres esos malos ratos.
—Vale señora tendré sus palabras en cuenta, perdóneme el mal rato y muchas gracias por el agua, lamento lo ocurrido déjeme retribuirle el mal rato.— Me disponía a sacar algunas monedas, para dárselas, a la amable señora pero está al ver, lo que me disponía hacer detuvo mi mano en el aire y negando con su cabeza me dijo que no era necesario.
—Y recuerda niña ten cuidado con los gañanes, como aquel zorro, el festival, también despierta las bajas pasiones y tu eres una chica muy bonita.
Al salir de aquella cantina, note que estaba, casi por oscurecer; por culpa de aquel tarado perdí media tarde, mi hermano me dijo que al oscurecer iría por mi ya mis ánimos estaban bajos, mi violín no bastaría para alegrarme, saque mi ocarina y me dispuse a tocar una dulce tonada, una que mi madre cantaba para mi y mis hermanos a la hora de dormir.
A lo lejos unas sombras, se dejaron escurrir, mientras se acercaban a un carruaje.
—Señor ya tenemos a la presa es la chica, que entró a la cantina, del ojo del cuervo, está vez el cliente estará felíz esa chica es toda una hembra valdrá su peso en oro; está en la fuente del sol tocando su violín alejada de su gente, los gitanos no notarán que una de su mujeres fue raptada— quizás los gitanos no notaran si raptan a aquella fierecilla, pero cierto chico de mirada dorada, cabello plateado y problemas con la bebida, si lo noté y haga lo posible para impedirlo, no es que aquella estúpida mereciera, su ayuda pero quería fastidiar los planes, del Duque de Azaír por estar, conspirando para, obtener, la corona y porque estaba casi seguro que fue aquel Duque el que le cambio su destino, con aquella maldición que cargaba desde que era niño, así que una cosa llevaría a la otra y aquellos cazadores de esclavos y esa chiquilla, sin querer lo haría; acercarse a la caída de aquel arribista que según nuestro príncipe, encubierto aquel hombre arribista se hizo con el ducado de Azaír y el resto de las desgracias, por las que estaba pasando Alkarya en ese tiempo, se avecinaba una guerra en la nación. Para hacerse con la corona Alkarya.
Notas
Hola soy escritora de closet y lectora fantasma, yo solo me quiero desenclosar jajaja y publicar mis novelas y ver si alguien más le gusta haré, publicaciones semanales y pues depende si veo que almenos tengo un lector seguiré publicando.
En Wattpad está la obra original, me consiguen como noelle_herrera0128 #DeGitanaAPrincesa
