Para Yayayin3. ¡Feliz cumpleaños! Ya que no puedo darte dinero ni nada material, al menos recibe un pequeño y absurdo escrito realizado con mucho cariño.
Sinosis: Draco Malfoy, joven heredero de la fortuna Malfoy, es un niño rico que siempre busca salirse con la suya, es honesto e imprudente, pero imposible de odiar. Siempre se ha sentido orgulloso de cumplir con todos los estándares que un alfa requiere, pero... ¿Qué pasará cuando se entere de que en realidad es un omega?
Advertencias:
Omegaverse
Omega! Draco
Alfa! Harry
Harry mayor
Draco menor
Mpreg
Lactancia masculina
Un poco de dinámica Daddy/Baby kink
Universo Alterno
Draco era un niño muy malo. Su padre no se había cansado de repetirlo por los últimos dieciséis años cada vez que se metía en algún lío. Por otro lado, su madre lo había mencionado en alguna ocasión. Pero es que como no serlo; Draco Malfoy, al haber nacido en cuna de oro, era el clásico niño rico, un consentido común. Solía ser muy honesto e imprudente, siempre haciendo lo que quería, pero al final, era un niño imposible de odiar. Sin embargo, en la vida siempre hay que enfrentarse a ciertas situaciones, que nos superan por mucho y ese, fue el caso de Draco.
Pero veamos cómo inició todo...
Desde que era muy pequeño solía salir y pasarse por los grandes jardines de la mansión Malfoy arrastrándose por el verde y húmedo pasto, juntando ramitas, hojas secas y observando a los extraños bichos que rondaban por allí y de acuerdo a sus recuerdos más lúcidos, su madre siempre lo reprendía por entrar a la mansión con los pantalones, camisa y zapatos manchados de lodo, recordándole con severidad que esa no era la actitud que un Malfoy debería tomar y mucho menos el futuro líder de tan distinguida estirpe.
Otras veces, cuando sus amigos Vincent y Gregory lo visitaban, corrían por los pasillos de la mansión rompiendo finos jarrones y empujando a los sirvientes mientras gritaban, reían y se divertían. Después de armar un gran escándalo su padre salía de su despacho privado y reprendía a los tres por hacer tanto ruido, recordándoles que su comportamiento no era propio de jóvenes de su estatus. Y más tarde, cuando sus amigos se habían ido, su padre lo llamaba para reiterarle que se estaba comportando muy mal y que la mala influencia que generaba en sus amigos provocaría que muy pronto los señores Crabbe y Goyle prohibirían las visitas de sus hijos a la mansión. Ese detalle siempre ponía triste al pequeño Draco y prometía que la próxima vez se comportaría mejor, aunque nada de eso resultaba ser cierto porque en el fondo, el pequeño rubio sabía que su padre lo quería y que jamás le haría daño, por lo que, si los padres de sus amigos manifestaban tal osadía, el señor Malfoy se encargaría de persuadirlos.
no obstante, con forme fue creciendo los juegos en el jardín comenzaron a disminuir sustituyéndolos por las clases particulares destinadas a formarlo como el futuro líder de la familia Malfoy. Las corretizas por la mansión se convirtieron es estrictas clases para la formación adecuada de un alfa. Y entre regaños y correctivos, Draco fue adquiriendo una nueva habilidad; ahora, fingir que poco a poco fue perdiendo el carisma que todo niño alegre y libre emana no era un problema mayor para él. Sin embargo, esta formación rigurosa ―por la cual su padre aseguraba habían pasado todos los Malfoy líderes de la familia―, no doblegó su carácter rebelde. Afortunadamente como futuro alfa era bien aceptado que, en algunas ocasiones, al recibir alguna reprimenda, se manifestara en contra y tal vez un poco grosero. Por supuesto, Draco aprovechaba tal ventaja para pasarse de listo con sus profesores. Y le fue bien por un buen tiempo. Pero, a los dieciséis años, cuando llegó el momento de realizar su examen de asignación de segundo género su vida cambió radicalmente.
Todos en la familia Malfoy sabían que era un alfa, como lo habían sido todos los Malfoy desde las generaciones más antiguas, pero aun así debía realizar el examen como protocolo, ya que dicho papel era un documento que se solicitaba para el trámite de la identificación oficial y otros documentos importantes.
Castle Hill Hospital era el lugar donde la gente de mayor alcurnia enviaba a sus hijos para la realización de dicho examen. Draco aun recordaba el trato exclusivo y cuidadoso que había recibido al ser el futuro líder de la familia Malfoy. Además, en un hospital público tardaban en entregar los resultados varias semanas, sin embargo, en el caso del Castle Hill Hospital solo tenías que esperar un par de días.
Draco no pudo evitar sentirse bastante nervioso en los días posteriores y era bastante absurdo puesto que él sabía de antemano que sería asignada como alfa. Pero dicen que los presentimientos siempre indican que se avecina un evento inesperado y catastrófico, y en el caso de Draco no fue diferente. Al pasar dos días de haberse sometido al examen, un sobre que contenía los resultados médicos llegó a la mansión.
Por su puesto, su padre, al ser el líder actual de la familia, era quién debía abrir dicho sobre. Draco y su madre simplemente se limitaron a observar mientras su padre rasgaba el sobre, sacaba las hojas y comenzaba a leer.
Permanecieron expectantes unos minutos ante el silencio de su padre, pero el pánico comenzó a apoderarse de Draco, cuando vio que el rostro de Lucius se coloreaba de rojo y el aroma de sus feromonas cambiaba.
― Esto debe ser un error ―gimió su padre caminando hacia el teléfono. Descolgó la bocina y marcó rápidamente diez dígitos. Draco sintió que su estómago comenzaba a retorcerse, a pesar de que su madre estaba sosteniendo su mano y la apretaba suavemente intentando trasmitirle tranquilidad.
Lucius comenzó a hablar con alguien, al decir que quería hablar con "Smith", el rubio menor constató que a partir de ese momento nada iba a resultar bien en su vida. Smith, era el apellido del director del hospital, a quien por cierto Lucius comenzó a reclamarle por su ineptitud, argumentando que los resultados de su hijo que habían hecho llegar eran erróneos.
― Vamos Draco, volveremos al hospital ―anunció el rubio mayor caminando a la salida, Draco lo siguió por inercia, aunque realmente no deseaba eso, sus instintos le decían que se avecinaba un problema.
Corrió tras su padre siguiéndolo hasta la limusina, posteriormente viajaron en silencio, Draco deseaba preguntarle a su padre cual era la razón por la que estaban volviendo al hospital, pero no se atrevió y terminó por guardarse la angustia para sí mismo.
Ya en el hospital fue sometido nuevamente al examen médico y al salir, no pasaron ni cinco minutos antes de que apareciera el director Smith con un sobre en la mano izquierda.
― Cedí a tu petición por respeto y agradecimiento hacia la familia Malfoy, pero te seguro Lucius, que en este hospital jamás se cometen errores.
Lucius prácticamente le arrancó el sobre de la mano y se apresuró a sacar los resultados. Esta vez el rubio mayor dirigió la mirada a su hijo. Quien quiso desaparecer en ese momento, al ver los ojos grises tan parecidos a los suyos llenos de decepción y rabia. El olor de sus feromonas no mejoró. Lo cual indicaba que se avecinaba una tormenta.
― Volvamos a la mansión ―anunció, y sin despedirse del director caminó hacia la limusina. Draco le lanzó un rápido asentimiento al hombre mayor por simple respeto y siguió a su padre lo más apresuradamente que pudo.
Cuando llegaron a la mansión, Lucius no tardó ni dos segundos en propinarle una brutal cachetada que lo hizo caer sobre el frio mármol.
― ¡Lucius qué has hecho! ―Narcissa corrió hacia Draco, se arrodilló junto a él y comenzó a susurrarle palabras de consuelo mientras liberaba feromonas tranquilizantes y trataba de descubrir que tan brutal había sido el golpe.
― No me recrimines mujer ―respondió el hombre con severidad―. A quien debes recriminarle es a ese inmundo ser que tienes entre tus brazos ―la rubia giró a verlo con rencor.
― ¿De qué estás hablando? ¿Por qué te expresas así de tu hijo? ―cuestionó mientras frotaba su mano sobre la espalda del rubio menor.
Draco mantenía la cabeza gacha, estaba bastante asustado y las feromonas de su madre no ayudaban. Pero como iban a ayudar si esta era la primera vez que su padre lo golpeaba, que incluso se molestaba en serio con él y por ende, no tenía idea de cómo reaccionar.
― Esa escoria no es mi hijo, un Malfoy jamás ha engendrado perras omegas.
La expresión de Narcissa cambió, ya no estaba enojada con su esposo, ahora estaba aterrorizada. No es que para ella pareciera incorrecto o un abominable error que su hijo fuera un omega, lo que le aterrorizaba es lo que Lucius sería capaz de hacer con tal de borrar esa mancha en su linaje.
― ¿No vas a decir nada querida Narcissa? ―cuestionó con ironía. La rubia no se atrevió a responder―. Eso pensé ―y se dio la vuelta dejando a Draco y Narcissa aun arrodillados.
― Madre, ¿Qué es lo que voy a hacer?
Narcissa al fin pudo ver el fuerte moretón que se formó en la mejilla de su hijo. La tocó suavemente, intentando no provocarle más dolor, algunas lágrimas amenazaban con escapar, pero ella parpadeó repetidas veces para no permitirlo.
― Ven conmigo ―dijo la rubia.
Ambos se pusieron de pie y subieron a las habitaciones del muchacho. Una vez allí, ella explicó:
― No te preocupes, estaremos bien. Seguramente tu padre reducirá la herencia que te designó cuando naciste, pero no te preocupes. Yo también recibí una pequeña fortuna cuando mi madre murió. Tú eres mi heredero universal, así que no estarás desamparado.
Draco quería decir que estaba bien, que con eso era más que suficiente para que el terror y las preocupaciones se disiparan, pero la realidad es que no, no se sentía ni un poco tranquilo. La gran decepción que vio en su padre menguó en su rebeldía haciendo que su poca valentía mermara. De todos modos, trató de sonreír y abrazó a su madre con fuerza. Ella correspondió y al separarse le proporcionó un par de besos en las mejillas.
― Vas a estar bien, lo prometo.
Draco asintió.
Pero tal como lo esperaba, en vez de mejorar, todo empeoró.
Los días pasaron y en la cabeza de Draco solo había una pregunta que iba y venía una y otra vez, ¿Por qué soy omega?, era tan difícil para él comprenderlo puesto que sus padres eran alfas y sus abuelos también y los abuelos de los abuelos. No existían registros de un omega en el linaje Malfoy, tampoco en el linaje Black.
A su vez, su padre había dejado de hablarle. Cada que se encontraban en los pasillos o en la mesa del comedor el alfa actuaba como si solo existiera Narcissa y los sirvientes.
Y la situación empeoró mucho más.
Un par de días después su padre lo llamó al despacho con urgencia y al ser un llamado urgente no tardó en ir a la planta baja. Nivel donde se encontraba el despacho de su padre.
Abrió la puerta, no sin antes llamar y recibir la autorización para entrar.
― Draco, has sido comprometido con el líder de la casa Lestrange ―el omega se sintió mareado, un fuerte malestar comenzaba a instalarse en su estómago―, ya he hecho todos los preparativos. El fin de semana vendrá a conocerte, por ello necesito que para ese momento sepas comportarte como un ser de tu condición lo requiere.
El rubio menor apretó las manos en puños, enterrando las uñas en las palmas de sus manos, pero a pesar del dolor que eso le provocaba, toda su atención estaba centrada en la ira que sentía hacia su padre. Porque sabía perfectamente lo que significaban los "preparativos", a él se lo había explicado numerosas veces.
Si hubiera sido alfa, como todos suponían hasta hace un par de días, su padre habría visitado a las familias con un miembro omega. Hablaría con los padres de estos y con quien considerara que valía la pena unir a Draco arreglaría un compromiso.
Puesto que nadie sabía que su segundo genero era omega, Draco conjeturó que su padre había ido directamente con los Lestrange para ofrecer un buen negocio, desde hace varios meses había manifestado querer asociarse con ellos. Por eso la rabia se apoderó de los sentidos del omega y ahora no deseaba otra cosa más que gritarle a su padre que no lo haría, que jamás se casaría con un viejo decrepito y desagradable, pero se contuvo, se contuvo porque tenía miedo y porque sabía que como omega su deber era acatar lo que su padre le ordenara. Ya no había consideraciones, ya no habría más privilegios.
― Como he desperdiciado mi dinero educándote como alfa ―continuó diciendo su padre―, no tienes la instrucción que se requiere, pero ya he contratado a alguien que se encargará de al menos enseñarte lo esencial. Así, cuando venga Lestrange no me pondrás en mayor vergüenza. ¿Has comprendido?
Draco asintió.
― Bien, retírate, no quiero verte.
Con el permiso otorgado, Draco salió huyendo de allí, subió rápidamente las escaleras y corrió por el largo pasillo hasta las habitaciones de su madre.
― MADRE ―gimió cuando ella le permitió entrar―, padre me ha prometido al líder de los Lestrange ―de inmediato vio la desaprobación en el rostro de su madre―. Madre, no quiero unirme a ese horrible hombre ―sollozó atemorizado, de inmediato la rubia lo envolvió en un abrazo cálido.
― No te preocupes, nada de eso va a pasar, tu madre se encargará de salvarte.
Y Draco le creyó, lo hizo porque necesitaba aferrarse a una esperanza, sin importar que solo fuera una manera de tranquilizarlo. E hizo bien, porque dos días después su madre llegó al salón donde estaba tomando sus clases para omega.
― Señora Pince ―llamó Narcissa―, las clases han terminado por hoy.
― Pero el señor Malfoy dijo...
― Sé lo que dijo el Señor Malfoy y también dijo que el guardarropa de Draco debe renovarse por completo, así que ahora mismo lo llevaré a la boutique. ¿Ha comprendido?
La mujer estaba en desacuerdo, pero aun así asintió.
― Vamos Draco ―Narcissa salió del salón, el rubio corrió tras ella.
Subieron a su habitación. Donde su madre cerró la puerta para asegurarse que nadie los escuchara.
― Prepara tus cosas, solo lo esencial ―señaló su madre sacando la maleta que usaban cuando se iban de vacaciones.
― ¿Qué es lo que pasa? ―cuestionó desconcertado.
― Te contaré en el camino, por ahora apresúrate, tu padre volverá en cualquier momento.
Draco tomó un par de mudas de ropa y algunos artículos de limpieza personal. Antes de que su madre cerrara la maleta volvió por algunos de sus libros favoritos y también los arrojó.
― Estoy listo ―exclamó, su madre lo guió hacia la parte trasera de la mansión donde un auto negro los esperaba.
― Tengo un primo que te ayudará. Te llevará a un lugar seguro.
Su madre no solía hablar de sus familiares más que lo necesario y solamente de los que se les consideraba los más importantes, así que comenzó a buscar en su memoria algún indicio, un pequeño recuerdo de algún primo de su madre que aun permaneciera vivo, pero antes de ahondar más en su mente su madre prácticamente lo arrojó al interior del auto.
― ¡Estarás seguro Draco, lo prometo! ―y antes de que el rubio pudiera despedirse el auto arrancó.
Un nudo en la garganta se le formó, no solo por el hecho de no haberse despedido, sino por la preocupación que sentía por su madre, ella se quedaría a enfrentar a Lucius y él no deseaba que le hiciera daño.
Algunas lágrimas escaparon de sus ojos mientras el automóvil avanzaba, poco a poco recobró la compostura, pensando en que, si su madre estaba dispuesta a arriesgarse, él haría todo lo posible por construirse un futuro adecuado. Un futuro feliz.
― ¿A dónde vamos? ―cuestionó al chofer.
― A casa de su primo, señor ―respondió el hombre sin apartar la mirada del camino.
Draco trató de recordar nuevamente, pero no había nada en su mente, únicamente venía a su memoria Regulus Black, alguien que solía visitar la mansión cuando él era muy pequeño. Pero, ese primo había muerto hace cinco años.
― ¿Y quién es mi primo? ―el hombre soltó una carcajada como si el rubio hubiera dicho una broma.
― Lo siento, señor ―dijo al ver la expresión seria en el rubio por el espejo retrovisor―. Pensé que lo sabía.
Draco resopló.
― Hemos llegado ―informó el hombre estacionándose frente a una casa de fachada antigua―. ¿Por qué no lo averigua por usted mismo?
Bajó lentamente del auto y comenzó a subir los escalones paso a paso, de pronto, la puerta fue abierta, mostrando al fin el rostro de un hombre maduro, también poseía ojos frises, idénticos a los suyos, Draco comprendió que ese peculiar tono era característico de los Black. Su pelo era largo hasta los hombros y oscuro, una barba mal recortada se extendía desde sus patillas hasta el mentón.
― Draco Malfoy ―exclamó el hombre abriendo los brazos―, soy tu primo segundo, mi nombre es Sirius Black.
Draco no respondió, simplemente esperó a que el hombre continuara hablando.
― Muy bien, entra a la casa ―dijo el hombre frunciendo el ceño, tal vez un poco decepcionado de no haber sido correspondido con el mismo ahínco. Llevó a Draco hasta un sofá viejo y apestoso y lo incitó a sentarse―. Tu madre me habló sobre tu situación. He decidido ayudarla solo por los recuerdos de nuestra niñez, pero no quiero problemas con Lucius Malfoy, es un ser cruel dispuesto a todo con tal de obtener lo que quiere ―Draco tragó en seco al oír dicha afirmación―. Por eso es que te llevaré con Las Hermanas de la Caridad.
Draco giró a verlo de inmediato, preguntándose si había escuchado bien.
― ¿Quiénes son esas hermanas de la caridad? ―cuestionó comenzando a sentir nuevamente miedo.
― No te preocupes. Es un ex convento, y se le quedó el nombre, pero en realidad es un centro de ayuda para los jóvenes en situación vulnerable; jóvenes en situación de calle, que han sufrido violencia familiar o de algún otro tipo.
Draco quería irse de allí. Se puso de pie de inmediato y caminó rumbo a la salida.
― Draco, tranquilízate ―Sirius se apresuró a interceptarlo―. Nada malo te ocurrirá allí, en cambio, si te a vagar por la calles Lucius te encontrará eventualmente.
― No quiero estar encerrado ―exclamó.
― No estarás encerrado, lo juro. En el centro se organizan salidas con mucha frecuencia y puedes entrar y salir de tu habitación sin que nadie te vigile. ¿Me crees?
Draco no quería hacerlo, pero el hecho de saber que su padre podría encontrarlo si se aventuraba a andar por las calles sin dinero le aterrorizaba lo suficiente como para ceder.
Asintió suavemente.
― No te preocupes, Draco, mi ahijado es el director del centro, te prometo que él se asegurará de que nada malo te suceda.
Y como Draco estaba aparentemente convencido, subieron nuevamente al automóvil y el chofer manejó por largo tiempo, el suficiente como para que incluso Draco se quedara dormido.
Cuando despertó fue solamente porque Sirius movió su hombro.
― Hemos llegado ―informó el hombre.
Draco se frotó los ojos y se removió bostezando. Miró hacia el exterior, se dio cuenta que ya había anochecido. Y mientras él inspeccionaba Sirius ya había bajado del auto y hablaba con un hombre anciano.
― ¡Vamos Draco, mi ahijado nos espera! ―animó el otro desde el exterior, Draco hizo una mueca y resopló frustrado antes de decidirse a bajar.
El chofer entregó el equipaje del rubio a un hombre del centro, Draco observó como este entraba al edificio sin dirigirle una sola mirada. Luego se volvió hacia Sirius quien continuaba conversando con el anciano.
― Síguenos, Draco ―pidió mientras se adelantaba. Draco obedeció, los siguió de cerca atento a todo lo que veía a su alrededor.
El lugar parecía agradable, aunque todavía no se convencía de que estar encerrado en ese lugar era la mejor decisión, esperaría a ver como lo trataban y antes de que comenzaran a abusar de él solo por ser omega, buscaría la manera de enviarle una carta a su madre para informarle de dicha situación.
― Yo aquí me despido ―escuchó la voz del anciano―. Bienvenido a Las Hermanas de la Caridad, Draco ―dijo sonriéndole, Draco no correspondió.
― Todavía está un poco dormido ―dijo Sirius para justificar su insolencia.
El hombre asintió mostrándose comprensivo y se alejó por un largo pasillo.
― Draco, no seas grosero con la gente. Él solo quería hacerte sentir bienvenido.
A Draco no le interesó. Por eso no dijo nada al respecto.
Sirius tocó por fin la puerta que correspondía a la oficina del director del centro y abrió la puerta.
― Harry, hemos llegado ―exclamó alegre.
― ¡Padrino! ―escuchó una voz fuerte y varonil provenir del interior. Y extrañamente su curiosidad despertó―. Pasen.
Sirius giró a ver a Draco con una sonrisa y después entró a la oficina, Draco lo siguió.
Jadeó sorprendido al ver a un alto y fornido hombre que se acomodaba sus gafas redondas mientras sonreía ampliamente. Su cabello oscuro ondulado le daba un aire rebelde y sensual junto con la barba uniformemente recortada que adornaba su rostro; sus ojos eran de un verde como no existían otros. Su piel tostada sin duda aumentaba el atractivo. Draco en ese momento se dio cuenta de que nunca antes había sentido tantas cosquillitas en el estómago al mirar a alguien y se cuestionó a qué se debía.
― Tú debes ser Draco ―dijo invitándolos a sentarse en las sillas vacías frente a su escritorio.
Y Draco por primera vez en horas habló.
― Si, soy Draco Malfoy ―y sonrió.
Sirius ladeó la cabeza y arrugó el entrecejo, parecía que iba a decir algo, pero al final se contuvo.
― Mucho gusto Draco, mi nombre es Harry Potter, soy el actual director de este centro, cualquier cosa que necesites puedes venir conmigo. Me aseguraré de que estés muy cómodo aquí.
Draco se mordió el labio inferior antes de agradecer tan excelente hospitalidad.
― Yo debo ir a recoger a Remus ―mencionó Sirius poniéndose de pie―. Me despido Draco, vendré a verte seguido, lo prometo ―también se despidió de Harry y salió de la oficina.
― Genial, entonces yo te mostraré tu habitación, ¿eso te parece bien? ―Draco sintió―. ¿Vamos?
Draco prácticamente saltó de la silla y caminó tras el moreno.
Caminaron por el largo pasillo que vio al entrar y luego subieron por un ascensor hasta el piso tres.
― El ala este está destinada a omegas y betas y el ala oeste es para los alfas. En el centro fomentamos el respeto hacia el otro, pero aun así queremos ser precavidos.
Draco sonrió hacia Harry quien también le sonrió.
― Aquí esta, habitación 305. Tus cosas ya han sido traídas, la cena también debe estar esperando. Mañana enviaré a alguien para que te informe sobre los horarios y actividades que se realizan en el centro. ¿De acuerdo?
― De acuerdo ―respondió el rubio.
― Muy bien, entonces te dejo descansar.
Draco asintió y entró a la habitación. Jadeó al ver que era muy bonita, nada cercana a su habitación de la mansión, pero se veía bastante cómoda. Rápidamente corrió hacia la cama y se dejó caer sonriendo feliz. Aunque en el fondo no se sentía feliz, hace unas cuantas horas había abandonado todo lo que conocía, a su madre, su padre y toda una vida como Malfoy. Pero la presencia de ese hombre, Harry Potter, hacía que su tristeza se fundiera en lo profundo y una llama ardiente se instalara en su vientre. Una llama que poco a poco fue creciendo y a mitad de la noche ya quemaba todo su cuerpo.
Se había quedado dormido en algún punto de la noche y solo despertó porque su cuerpo estaba empapado en sudor, sus pantalones pegajosos y sentía que su cuerpo se iba a quemar.
― ¡Oh, maldición! ―gimió mientras se quitaba la ropa.
Una vez estuvo completamente desnudo las cosas no mejoraron. El ano le palpitaba y la urgente necesidad de insertar algo allí para evitar sentir ese cosquilleo molesto que lo atormentaba acrecentaba a cada segundo. Agregado al tormento, su polla estaba rígida y dolorida.
De pronto, la puerta de su habitación se abrió abruptamente y entró una rubia, quien sirvió agua en un vaso y la acercó a sus labios.
― Tranquilo, estás en celo ―informó la joven mientras él bebía el agua.
¿En celo?, se preguntó el rubio y después todas las piezas encajaron. En efecto, el calor y la necesidad de ser llenado eran algunos de los síntomas del celo de un omega. Y esos olores que percibía como si las personas estuvieran a su lado... Realmente no creyó que se presentaría tan pronto. Usualmente, un omega tardaba uno o dos años, después de recibir sus resultados, en presentarse.
― Voy a traerte sabanas limpias y algunas cosas que necesitarás en los próximos días ―dijo ella mientras acariciaba su frente―. No tardaré.
Cuando la joven salió de la habitación, Draco se permitió dejar salir los gemidos que contuvo durante el tiempo que la rubia lo atendió. Después se dio la vuelta y frotó su pene contra las sábanas intentando menguar el dolor.
― Lo siento, tardé porque pasé a informarle al director.
Y Draco se corrió sobre las sábanas lanzando hilos e hilos de semen. La sola mención del alfa logró que su cuerpo llegara al orgasmo.
― Aquí hay comida, agua y sábanas limpias ―escuchó una vez sus oídos se aclararon.
Draco la ignoró por completo. El orgasmo anterior lo habían tranquilizado un poco, pero pronto los síntomas nuevamente volvieron. Frotar su polla contra las sábanas no era suficiente, así que de nuevo se recostó boca arriba y llevó sus propias manos hasta su erección y las envolvió comenzando a subir y bajar en seguida.
No escuchó en qué momento la rubia se retiró y tampoco le importaba, lo único que deseaba era sentir alivio.
