Disclaimer: Black Clover y sus personajes pertenecen a Yūki Tabata.


-Sunset-


Finral se quedó quieto en el pasillo de forma repentina. En todos los años que había vivido en la caótica base de los Toros Negros, jamás había visto a su capitán mirándose en el espejo.

Puede parecer un gesto rutinario y que todos hacemos al menos una vez al día, pero es que Yami era de todo menos atento con su imagen. Y era cierto, ni siquiera había cambiado su atuendo o se había peinado distinto, pero aquel simple gesto hizo sospechar a Finral y mucho.

Por eso, cuando bajó las escaleras y vio a un grupo de sus compañeros —formado por Asta, Noelle, Luck, Gauche y Grey— en la sala principal de la base, no pudo reprimir los pensamientos en su interior.

—¿Alguien sabe dónde va Yami?

Ante la inesperada pregunta, los chicos se voltearon a ver a Finral, que seguía de pie al lado de ellos, y abandonaron su anterior conversación rápidamente.

—¿Es que va a algún sitio? —preguntó Asta con su característica jovialidad.

—Bueno… Es que lo he visto comportándose de forma rara.

—¿De forma rara? —cuestionó esta vez Noelle con curiosidad.

—Se estaba mirando en un espejo.

Noelle alzó una ceja y después compuso un gesto de cansancio.

—Todos nos miramos en el espejo, aunque sea de vez en cuando. Tu lógica es patética, en serio —razonó la chica mientras se echaba una de las coletas hacia atrás como gesto de superioridad.

—No, no, no. En todos los años que llevo aquí, jamás lo había visto mirándose en el espejo. Definitivamente es muy raro.

Tras ese comentario, se creó un silencio absoluto en la sala. Después de algún que otro minuto, Grey carraspeó ligeramente y todos se quedaron mirándola, haciendo además que se sonrojara profundamente.

—T-tal vez… el c-capitán tiene u-u-una cita… —murmuró con vergüenza.

—¿En serio? —preguntó Finral con algo de burla—. ¿Quién iba a querer tener una cita con Yami? Es surrealista.

Grey agachó un poco la cabeza avergonzada y Gauche se quedó entonces mirando al mago espacial de forma intensa, haciendo que su sonrisa socarrona se borrara de repente.

—Ey —espetó con un tono amenazante—, no le hables así a Grey.

La chica lo miró al escuchar esas palabras. No quería que Gauche amenazara a nadie o le hablara mal, pero no podía negar que la hacía feliz que la defendiera porque eso era algo que el joven no acostumbraba a hacer con nadie que no fuera su hermana pequeña. Hacía que se sintiera especial.

—Gauche-kun, n-no es necesario…

Grey volvió a quedarse en silencio cuando Yami apareció en la sala. Su apariencia no era la de alguien que iba a ir a una cita, pero no había duda: sus ojos brillaban y su rostro parecía calmado y feliz.

—Capitán, ¿dónde vas? —le dijo Asta mientras el hombre se dirigía hacia ellos.

—A una reunión.

—¿A una reunión?

—Sí. ¿Algún problema?

—No, no.

—Bien. Nos vemos luego entonces.

Finral, intrigado porque no le había pedido que lo llevara —como hacía en el noventa y nueve por ciento de las ocasiones cuando tenía que salir de la base—, le habló antes de que se marchara.

—¿No quieres que te lleve?

—No. Es una reunión privada.

—Oh, vale.

Yami salió por fin de la base y los chicos se quedaron mirándose los unos a los otros desconcertados. ¿Qué acababa de suceder? ¿Era posible que Yami de verdad tuviera una cita? Y la incógnita más grande y que no podían resolver: ¿con quién?

—¿Y si lo seguimos? —propuso Luck sonriendo.

—¿Quieres que nos mate?

Luck se rio de forma muy escandalosa mientras sus ojos gritaban que era el mejor plan que se le había ocurrido jamás.

—Bueno… La verdad es que yo estoy algo intrigada… Creo que no estaría mal si lo siguiéramos aunque fuera durante un rato corto… —comentó Noelle.

—¡Bien, vamos entonces! —gritó Asta mientras se ponía de pie.

Todos se levantaron, excepto Gauche que se quedó sentado por un momento. No le apetecía en absoluto ir a perseguir a su capitán; en primer lugar, porque apreciaba su vida y creía que aún era joven para morir, y, en segundo, porque no le importaba en absoluto su vida sentimental, si es que tenía.

Sin embargo, al ver a Grey poniéndose de pie para ir con sus compañeros, la imitó casi por inercia, colocándose justo a su lado cuando la alcanzó.

—¿Tú también vas? —le preguntó a la chica mientras sujetaba su muñeca para que se diera la vuelta y lo mirara.

Grey le sonrió suavemente y después asintió. Finral, unos pasos más adelante, se quedó mirándolos. Ellos eran los que realmente deberían ir a una cita juntos.


Mientras Yami caminaba hacia el lugar en el que había quedado con Charlotte, iba tan concentrado pensando y fumando que no se dio cuenta de que lo seguían. Era cierto que sabía percibir el ki de los demás y normalmente estaba alerta, pero estaba emocionado como pocas veces en su vida.

Todo había cambiado mucho en las últimas cuarenta y ocho horas. Había pasado poco tiempo desde que había regresado vivo —por suerte— de la batalla contra la Tríada Oscura. Y si ya salir vivo de ahí resultaba raro lo que había sucedido después era completamente inverosímil, pero era real.

Charlotte fue a verlo al hospital en cuanto despertó. Le dijo que había sufrido mucho con su secuestro, que había estado sumamente preocupada. Él, creyendo que su preocupación y malestar se debía a su relación de compañeros, jugó un poco con ella, preguntándole: «¿de verdad soy tan importante para ti?» y ella lo miró a los ojos fijamente, con un brillo distinto y que irradiaba miles de sentimientos intensos que él ni siquiera podría llegar a imaginar en un millón de años, y le dijo que sí, que le importaba más que nadie. Yami, al principio, no se lo creyó, pero después, ambos cuerpos se movieron por inercia y sus labios se juntaron en repetidas ocasiones, mientras él abrazaba a Charlotte por la cintura con anhelo.

Tras separarse, Yami le preguntó si le gustaría tener una cita con él en dos días, ya que tenía que organizar un poco su vuelta a la base y establecerse de nuevo, y ella no dudó un instante en contestarle que sí.

Sería algo sencillo: solo un paseo. No quería agobiarla ni apresurar demasiado las cosas, así que sería mejor ir despacio para que ambos tuvieran el tiempo que necesitaban, sin saber que la mujer ya había tenido bastante tiempo al esperar que la correspondiera durante más de diez años.

Se citaron en un parque donde no solía pasar mucha gente. Cuando Yami llegó, Charlotte ya estaba allí, sentada al lado de una fuente. Llevaba el pelo suelto y un vestido sencillo de color celeste. Era preciosa. Siempre lo había sido y el Capitán de los Toros Negros bien lo sabía, pero desde que se confesaron sus sentimientos el uno al otro con aquel beso que aún le quemaba en los labios, parecía brillar aún más.

—Hola —saludó Yami mientras se sentaba a su lado. La mujer pareció desviar un poco la mirada avergonzada. Él simplemente sonrió. Le parecía gracioso y adorable que reaccionara de esa forma.

—Hola… —dijo ella algo insegura, hasta que se volteó a verlo y pudo observar la genuina sonrisa que adornaba sus labios.

Mientras tanto, el grupo de los Toros Negros que había seguido a Yami, escondidos detrás de un arbusto, los miraba perplejos. No solo por quién había resultado ser la cita de su capitán, sino también porque parecía tan relajado que ni siquiera se había percatado de que ellos estaban allí.

—¿Yami está con la Capitana Charlotte? ¿Pero cómo es posible que esté con esa belleza? No entiendo nada, de verdad que no —repetía Finral una y otra vez mientras negaba con la cabeza.

—Sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo contigo. Yo tampoco entiendo nada —secundó Noelle.

—Pues… y-yo creo que e-es muy romántico… —murmuró Grey en un tono de voz muy bajo, aunque Gauche pudo escucharlo. ¿A Grey le gustaban esos planes? ¿Debía él seguir los pasos de su capitán e invitar a la chica de pelo azul a una cita? Tal vez así serían capaces de acercase un poco más, ¿no?

—¡Se van, se van! —dijo Asta con impaciencia.

Era cierto. Después de haber estado hablando un rato y cuando el atardecer comenzaba ya a aparecer en el cielo, ambos capitanes se levantaron para dirigirse hacia otro lugar. Por supuesto, ellos los siguieron. No perderían, por nada del mundo, la oportunidad de ver cómo se terminaba aquel acontecimiento.


Yami caminaba despacio. Sentía unas ganas imperiosas de fumarse un cigarro, pero presentía que a Charlotte le molestaría y que lo arruinaría todo, así que se contuvo. La mujer iba un par de pasos por detrás de él y parecía perdida entre sus pensamientos.

Con el objetivo de que caminara a su lado, estiró la mano un poco hacia atrás, como ofreciéndosela a Charlotte. Ella comprendió enseguida, así que, de forma algo tímida, se puso a su lado y estrechó la mano masculina contra la suya, que era bastante más grande en comparación, y algo áspera.

Siguieron andando durante unos minutos más hasta llegar a una pequeña colina. Entonces, Yami se detuvo y Charlotte lo imitó.

—¿Nos sentamos aquí?

La mujer respondió asintiendo y ambos se sentaron, uno al lado del otro, mientras observaban el atardecer en medio de un silencio cómodo.

—Me gustan mucho los atardeceres. El cielo, cuando tiene estos colores, se siente más especial —susurró Charlotte suavemente.

—Es bonito. No sabía que te fijabas tanto en estas cosas.

Charlotte sonrió. Era de esperar. A pesar de que ambos tenían sentimientos fuertes el uno por el otro, no se conocían apenas. Pero el tiempo y su paulatino acercamiento haría el resto.

—Hay muchas cosas de mí que no sabes.

—Eso es verdad. ¿Pero sabes lo que sí sé?

—¿El qué? —preguntó ella mientras se giraba para mirarlo y Yami hacía lo mismo.

—Que hoy estás preciosa.

—Oh, ¿solo hoy? —respondió Charlotte sin pensarlo demasiado, haciendo que ambos reaccionaran con sorpresa. Yami sonrió.

—No, en realidad lo estás siempre.

El hombre comenzó a recortar la distancia entre ambos cuerpos para besar a Charlotte, pero cuando sus labios estaban apenas a escasos centímetros, escuchó un ruido cercano. Se concentró en el ki de sus inesperados acompañantes y se separó de la Capitana de las Rosas Azules de forma algo brusca, dejándola descolocada por su repentino movimiento.

—¿Qué pasa? —preguntó con preocupación.

—Parece ser que tenemos compañía.

Yami se levantó y fue directo hacia una arbolada que había debajo de la colina.

—Mierda, mierda, Yami viene hacia aquí. Nos ha visto, nos va a matar. Oh, dios, no quiero morir de esta forma.

—¡Cállate ya! —reprochó Gauche cansado de los lamentos de su compañero—. Me estás poniendo de los nervios.

—¿Os parece gracioso espiar a la gente?

Los chicos se quedaron en completo silencio. Su capitán había llegado en un abrir y cerrar de ojos y se le veía realmente enfadado.

—Capitán, nosotros…

—Vamos, Yami, no te pongas así —dijo Charlotte, que lo había seguido para comprobar qué sucedía.

Yami suspiró. Si no fuera porque Charlotte estaba ahí, su reacción habría sido completamente distinta. No tenía más remedio que dejarlo pasar por esta vez.

—Ya podéis salir de ahí. Será mejor que nos vayamos a la base.

—Pero no habéis acabado lo que estabais haciendo… —dijo Finral mientras alzaba las cejas con picardía.

—¿Quieres que te mate, Finral?

Contra todo pronóstico, Charlotte, en lugar de actuar incómoda o avergonzada, se rio con suavidad. Yami no pudo hacer otra cosa que sorprenderse. La había visto reír pocas veces y le alegraba mucho que compartiera aquel gesto tan sincero en un momento como ese. Eso vislumbraba que confiaba en él y que no tenía miedo de la reacción de los demás al verlos juntos.

—Será mejor que me vaya y que volváis a vuestra base. ¿Nos vemos otro día, Yami?

Él solo asintió mientras los demás miembros de los Toros Negros no salían de su asombro. O sea que tenían una relación o algo así, ¿no? Era como estar en un sueño, no parecía real que alguien tan distinguida como la mismísima Charlotte Roselei saliera con su capitán.

—Claro, nos vemos otro día.

La mujer sonrió y después se dio la vuelta para marcharse tras despedirse de todos.

—Capitán, ¿te vas a casar con la Capitana Charlotte? —preguntó Asta de forma inocente, pensando que ella ya no lo oiría, pero se equivocó.

Charlotte se sonrojó levemente, pero no se dio la vuelta, sino que aceleró el paso para irse más rápido. Yami se percató de la gran fluctuación que su ki tuvo y sonrió de forma involuntaria.

—Quién sabe…

Los Toros Negros comenzaron a hacer teorías sobre todo lo que pasaría en la relación entre ambos capitanes, de cómo sería su boda e incluso sus hijos, mientras Yami pensaba que tal vez era muy pronto para pensar que sucedería algo de ese calibre, pero también que no quería descartar ninguna posibilidad.

Tal vez en un tiempo, podría hablar con más propiedad sobre esos asuntos tan formales.


FIN