Theo tiene un secreto

(y Zabini va a descubrirlo)


Blaise Zabini entrecerró los ojos y siguió con la mirada a Theodore Nott hasta que se perdió por la puerta de la sala común.

Miró las llamas de la chimenea mientras tomaba un sorbo de jugo de calabaza y sonrió para sí mismo: Theo tenía un secreto.

Tan claro como que el agua no tenía color o el césped era verde, Theodore Nott tenía un secreto.

Seguramente pequeñito, minúsculo o insípido, pero un secreto, al fin y al cabo.

La clase de secreto que lo hacía completamente feliz, le plantaba una sonrisa bobalicona y una mirada de suficiencia en su rostro demasiado cuadrado y erizaba su cabello demasiado achocolatado. La clase de secreto que le ruborizaba las mejillas y lo enviaba menos que perfecto de regreso a su dormitorio.

Y estaría bien, el que Theo tuviese un secreto, si eso no lo hiciera parecer inmune a las peroratas sin sentido de Malfoy. Habría sido algo que Blaise Zabini no habría considerado interesante si no pareciera ayudar a su compañero a sobrellevar las clases de mayo en un ambiente pegajoso y sumamente hormonal donde Malfoy se aflojaba la corbata, tragaba saliva y refunfuñaba sobre la castaña boba y alzada que había osado quitarse la túnica y recogerse el cabello.

A Blaise no le habría importado que su compañero tuviera un secreto, no. Porque él no era un completo chismoso como los demás Slytherin; prefería mantenerse para sí mismo, reservado, interesante, ecuánime, inclinándose hacia el viento para navegar con mayor rapidez. Y los secretos ajenos eran una carga enorme para llevar en su velero hacia un futuro prominente alejado de los maestros de susurros y cabilderos del Ministerio… O eso habría dicho el Blaise de quince años.

Entre menos supiese sobre los hábitos de ducha conjunta de Crabbe y Goyle o el problema de acné de Parkinson, más rápido podría llenar su perfecta y simétrica cabeza morena de cosas con sentido tales como Aritmancia, Runas Antiguas y materias serias como Derecho Mágico. Con su apariencia favorecida, su ingenio y la inteligencia que se esforzaba en cultivar, el mundo sería suyo. Porque todos sus compañeros eran unos niños estúpidos demasiados llenos de sí mismos y un apellido que al final de la guerra, terminó significando nada.

Blaise había deseado un mundo alejado de todos ellos a los quince.

Un mundo, de preferencia, alejado de los dramas infantiles de Malfoy sobre cómo «Granger me está mirando y no tiene derecho a hacerlo» o «¿Ya viste a Granger? ¿A caso no le alcanza a sus padres muggles comprarle una falda al año? Es demasiado larga, deben querer que le dure los siete años».

Una vida donde sus ojos no corran riesgo a quedarse trabados en el interior de su cráneo de tanto rodarlos o su lengua no sufra de tantas mordeduras por todas las veces que la mordió para no decir algo terriblemente indiscreto, pero terriblemente acertado e incorrecto, sobre la fijación de Malfoy con Granger.

Y todo estaba bien porque al menos, no era el único que lo sufría. El día que no soportaba una plática más sobre cómo los lentes de Potter eran demasiado redondos, Granger hacía demasiado ruido respirando o el pobre de Weasley era muy pelirrojo, bien podía tronarse el cuello, inclinar la cabeza, enarcar una ceja y contar con la mirada también hastiada de Theo o la expresión demasiado extraviada de Crabbe y Goyle sentados demasiados juntos, pero gruñendo para ser suficientemente varoniles.

Quizá no eran amigos, pero sentían simpatía el uno por el otro. Lo suficiente para haber sobrevivido seis años junto a la fijación-no-fijación de Malfoy con Granger; lo suficiente para darle un sentido de normalidad a su vida cuando un nuevo padrastro llegaba y tenían que enterrar al anterior; demasiada simpatía para acompañar al otro a la enfermería y esperar sentado en una incómoda silla del pasillo después de una mala tortura con los Carrow.

Tal vez Theo y Blaise no habían sido mejores amigos, pero habían desarrollado una asociación tácita mientras veían a Malfoy enloquecer en sexto año o regresar a la escuela después de vacaciones en séptimo para verlo llorar y contarles absolutamente todo lo que pasó en la Mansión. Probablemente si le preguntaran a Blaise sobre su grupo de amigos, él habría dicho que no tenía ninguno, pero ciertamente, sí era socio de Theo y sin querer, de Malfoy mientras Hogwarts se volvía oscuro y triste.

Un día antes de mayo del año pasado, Blaise habría dado la mitad de su simetría por regresar a las peroratas nocturnas sobre Granger-tiene-la-falda-muy-larga y no a las noches de gritos sobre Granger siendo torturada.

Y un año más había pasado y nada parecía real, nadie parecía el mismo y Blaise habría seguido dando la mitad de su blanca dentadura por sentirse normal cuando abrió la puerta del dormitorio el primero de septiembre.

Pero Crabbe se había ido, Goyle no regresó a la escuela y Malfoy de pronto había perdido su voz respecto a la falda-muy-larga de Granger que ahora le quedaba demasiado corta.

Así que se habían sentado en completo silencio, los tres juntos en la cama de Malfoy mirando el cuarto que lucía demasiado grande; demasiado enterrado en las profundidades del lago negro; demasiado opresivo; demasiado vacío; demasiado todo.

Entonces Theo tronó su cuello y dijo algo tonto e irónico que hizo reír a Malfoy y Blaise lo habría besado en ese mismo momento de pura felicidad. Theo parecía ser el mismo Theo de siempre, un ancla en la tempestad, el puerto seguro entre la guerra y la vida anterior a ella.

Y los meses se fueron y Malfoy recuperó su voz respecto a Granger una tarde de invierno cuando la encontró atrapando copos de nieve.

—Absolutamente ridícula —había dicho Malfoy mientras se frotaba las mejillas enrojecidas—. Ni una bufanda, la muy tonta. ¿Quién se cree que es? ¿Merlín? Tonta, tonta, tonta.

Blaise tronó su cuello, enarcó una ceja y miró a Theo. Y él tenía la misma mirada aburrida de siempre y Blaise casi lloró por la familiaridad recuperada.

Se sentó con gusto en su lugar en la chimenea y escuchó sobre Granger-que-apenas-es-Granger y sonrió. Algo burbujeó en su pecho, parecido a la ¿felicidad? Mientras miraba a Theo cabecear y a Malfoy dar vueltas explicando qué tan largo era el cabello de Granger o qué tan exageradamente blancos eran sus dientes (¡y tan alineados!).

Y era normalidad, tan normal que Blaise casi lloró.

Pero ahora, Theo tenía un secreto.

Un secreto que no lo incluía. Un secreto que lo sacaba en medio de la perorata Malfoy y lo hacía regresar al dormitorio por la noche con la camisa desfajada, la corbata floja y el cabello de puntas.

Y Blaise se sintió herido.

Ya no quería besarlo, sino conocer su secreto y patearlo hasta hacerlo polvo y que desapareciera en medio de una ventisca mágica.

Porque esto ya no era normalidad, no de nuevo.

Entonces tomó una decisión: iba a conseguir ese secreto y obligarlo a revelarlo.

Al diablo con el Zabini de quince que pensaba que los secretos eran equipaje innecesario, ahora se había convertido en algo vital.


Estudió a Nott por semanas.

Era un secreto que lo hacía feliz, podía verlo en su sonrisa estúpida y la mirada de superioridad como si todos los demás vivieran en la ignorancia pura. Estaba seguro que era su secreto lo que lo hacía no poner los ojos en blanco mientras se dejaba caer junto a su compañero pálido y puntiagudo y lo escuchaba hablar sobre Granger.

Era ese secreto el cual lo ayudó a sobrellevar semanas al aire libre en medio del pegajoso mayo cuando a Malfoy se le cayó la maceta que tenía en las manos después de que Granger se inclinó demasiado hacia adelante levantando su falda un poco más de lo normal (para Malfoy, al menos) y la planta carnívora le comió medio zapato. Nott sólo había empujado a la planta lejos de sus zapatos italianos y dejó que el tonto rubio se las arreglara a solas con sus hormonas y una planta que arrasaba con los zapatos.

Seguramente fue eso lo que lo hizo no ahogarse en un mar de hormonas adolescentes para cuando finalmente Granger decidió hacerse amiga de los Slytherin, particularmente de uno alto, estúpido y pálido.

Y era ese secreto el cual lo mantuvo cuerdo mientras Malfoy irrumpió una noche en la sala común con el resto del equipo de Quidditch burlándose de la pelirroja sensual de Gryffindor novia de Potter y el cómo ésta le estaba enseñando a volar a Hermione. Todos los demás habían colapsado, pero Theo se mantuvo estable, apenas una mirada de reconocimiento mientras Malfoy llamaba a Hermione, pues... Hermione. Una y otra y otra vez acompañado de un brillo anhelante en sus tontos ojos grises.

Puaj.

Sí, Blaise estaba celoso de no tener un secreto que lo ayudara a sobrellevar nada de esta maldita telenovela Dramione.

Estaba celoso de que su no-amigo le ocultara algo después de lo que habían pasado durante la guerra. Estaba celoso de verlo llegar a mitad de la noche con las mejillas sonrojadas, el cabello achocolatado revuelto y una mirada ensoñadora en sus tontos ojos claros. Casi parecía una versión masculina de Lovegood por cómo se comportaba, poco le faltaba para flotar al caminar.

Porque sólo eran Theo y su secreto.

Y Zabini estaba celoso.


Lo que Blaise de diecinueve años no recordaba del Blaise de dieciséis años, era que los secretos realmente se pueden volver una carga si no tienes suficiente práctica. Así que esa noche, harto de las diatribas de Malfoy sobre «Vi a Granger reunirse con la comadreja en Hogsmeade, ¿es tan tonta para regresar con ese pecoso?», no pensó demasiado cuando su mandíbula se aflojó y dijo:

—Quizás, Malfoy, sólo estás enamorado de ella. ¿Sabes qué? Iré a decirle lo que sientes por ella, quizá tienes suerte y te corresponde.

Malfoy se había quedado en silencio. Sus orejas, normalmente pálidas se habían puesto rojas y su labio tembló, antecesor de una enorme rabieta. Blaise abrió los ojos y esperó, pero el silencio y su rubor se prolongaron lo suficiente para darle tiempo de planear una retirada silenciosa. Casi había alcanzado la puerta, sus dedos rozaron el picaporte cuando Malfoy gritó.

—¡Hermione no se puede enterar de eso!

Pero Blaise ya estaba corriendo por su vida mientras los pasos de Malfoy retumbaban demasiado cerca.

Giró en un recodo y se abalanzó sobre la primer puerta sin seguro. Con el corazón martilleándole y la respiración entrecortada, esperó. Los pasos de Malfoy lo pasaron y siguieron, perdiéndose más adelante.

Sólo entonces cerró los ojos, respiró con alivio y, dejando de lado los protocolos y la dignidad autoimpuesta de los Slytherin, se resbaló por la puerta hasta sentarse en el polvoriento piso.

—¿Qué haces aquí? —dijo una voz bastante conocida.

Blaise abrió los ojos y luego los entrecerró, como si fuera una causalidad y no una casualidad su posición.

—¿Tú qué estás haciendo aquí? —preguntó a su vez, mirando a su alrededor.

—Yo pregunté primero.

El chico sonrió de lado y curvó su labio con petulancia.

—Te he estado siguiendo, Nott. Sé que tienes un secreto.

Theo salió de entre las sombras, sonrojado y con la camisa mal puesta y entrecerró sus ojos en un desafío no verbal.

—Vete a la mierda.

Blaise enarcó su ceja y sonrió, intentando mirar hacia las sombras detrás de Theo.

—¿Me vas a decir quién es o te digo su nombre? —atacó Blaise con una sonrisa. Era una apuesta arriesgada sugerir que sabía, pero quien no apostaba no ganaba, o algo así había dicho Granger.

Theo se recargó en la pared y sonrió, con esa maldita sonrisa que regulaba sus facciones cuadradas y le enrojecían el cuello y con esos malditos ojos brillantes con halo de superioridad.

—Lo que sea que pienses, Blaise, estás equivocado.

Blaise asintió y se puso de pie, igualando la altura de Nott sin esfuerzo.

—Te estás tirando a Hermione Granger.

El rostro de Nott enrojeció de inmediato y sus ojos casi se salen de sus órbitas ante tal acusación.

El estómago de Blaise dio un vuelco, expectante.

—¿¡QUÉ!? ¡NO! —gritó Theo mirado horrorizado la puerta, Blaise también la miró de reojo. Quizá ambos esperaban a Malfoy irrumpiendo medio enloquecido. Nada ocurrió—. ¿Cómo se te ocurre eso? ¡Draco es mi amigo! —exclamó Theo cuando quedó claro que nadie entraría para matarlo—. ¡Nunca haría eso!

Blaise entrecerró los ojos de nuevo y frunció los labios.

—¿Así que Malfoy es tú amigo?

Theo lo miró medio confundido y asintió.

—¡Claro y tú también! —exclamó con el ceño fruncido.

—Eres un mentiroso —siseó Blaise sin apartar la mirada de las sombras.

Theo parecía lo suficiente distraído para despegarse de la pared y ser alumbrado por un pequeño haz de luz filtrado.

—No lo soy, ¿por qué dices eso?

Blaise hizo una mueca y lo apuntó con su dedo.

—Si fuéramos amigos, ¡me dirías tu secreto! —explicó el moreno con los ojos como rendijas—. Y claramente tienes uno.

Theo balbuceó algo sin sentido y luego se miró los pies, enrojeciendo en el acto.

—No es un secreto —murmuró el chico arrastrando un pie por el suelo polvoso—. Pero si les decía, se iban a burlar de mí.

—Pruébame —lo retó Blaise con el pulso acelerado. Finalmente conocería qué mantenía a Theo de buen humor durante tanto tiempo, resistiendo egoístamente, contra la «perorata Malfoy».

Theo suspiró y luego se hizo a un lado, como derrotado.

—Te vas a burlar de mí.

Blaise se acercó y abrió los ojos.

En una caja demasiado mohosa y blanda, entre sábanas verdes, cinco gatitos demasiado grandes, jugaban con una bola de estambre. Eran demasiado peludos, demasiado naranjas y aplastados de su cabeza para considerarse bonitos. Blaise se arrodilló junto a la caja y un gatito con guantes blancos le maulló, bravucón.

Theo se había puesto del otro lado de la caja y metió la mano para acariciar a un gatito con antifaz blanco.

—Los encontré aquí hace unas semanas. Creo que perdieron a su madre.

Blaise le rascó la panza a un gatito peludo y sonrió.

—Idiota.

Theo lo miró con recelo.

—Eres un idiota, Nott. ¿Por qué me burlaría porque estés cuidando a cinco gatitos?

El chico se encogió de hombros y evitó su mirada.

—Nunca he conocido en los anales de la historia de Slytherin a ningún chico con un gatito. Tenemos serpientes, basiliscos, sapos, lechuzas, arañas, kneazles… pero nunca gatitos tan pequeños y coloridos… Sería la burla de la casa.

Blaise se encogió de hombros y luego se echó a reír.

—Y yo pensando que te estabas tirando a Granger o Lovegood.

Theo se sonrojó y empujó la bola de estambre lejos de un gatito completamente naranja.

—Sólo son mis amigas, me han estado ayudando a conseguirles casas y alimentarlos.

—Eso explica porqué te veía con la cabeza pegada a Lovegood o… con Hermione —dijo el último nombre como lo entonaba Malfoy, medio entrecortado, medio suspirando.

Theo echó a reír y negó con la cabeza.

—No… no es eso —murmuró, encogiéndose de hombros—. No me gustan así.

El estómago de Blaise dio un vuelco ante la declaración, pero siguió acariciando a un gatito, de pronto muy consiente de estar encerrado en un armario oscuro junto a Theo-tengo-la-cara-cuadrada-y-una-bonita-sonrisa.

—¿Por qué no salimos de aquí y llevamos a los gatitos a un lugar menos horrible? —preguntó Blaise con una sonrisa—. Salgamos del armario.

Theo sonrió y asintió.

—Sería buena idea, de todos modos, hoy iba a ver a Hermione para que me ayudara a colocarlos, quizá podríamos llevarlos con ella.

Blaise asintió y conjuró una canasta de colores azul y verde para los gatitos anaranjados.

Caminaron en silencio con los gatitos en la canasta y sonrieron.

Bueno, ahora, Blaise no estaba celoso. Ni un poco.

—¿Te quedarás con uno? —preguntó el moreno después de un tiempo.

Theo asintió.

—Creo que a la sala común le hace falta algo de color.

Blaise asintió y acarició al gatito del antifaz mientras su hombro rozaba el de Theo.

—Creo que entonces podría quedarme con este —dijo—, hace juego conmigo.

Theo sonrió y llegaron al patio central, donde Hermione acostumbraba a estudiar por las tardes.

Se detuvieron abruptamente al ver a Malfoy con ella.

—Oh, no —susurró Blaise—. Se me olvidó Malfoy…

Theo iba a decir algo cuando la conversación de la pareja llegó a sus oídos.

Se escondieron detrás de un árbol y espiaron.

—¡Te juro que lo que dijo Blaise no es así!

Hermione miró a Malfoy con interés.

—¿Qué se supone que me dijo Blaise?

Malfoy gimió y dio vueltas.

—¡No te hagas la tonta! ¡No pretendas que nunca sucedió! ¡Absolutamente no es así!

Hermione sonrió con simpatía y se quedó en silencio.

—Bueno, podrías entonces explicarme si lo que dijo Blaise es cierto.

—¡Es totalmente falso! ¡Yo no pienso de ti de esa manera!

Hermione enarcó una ceja y esperó.

—¡Bueno, sí lo hago! ¡Sí estoy enamorado de ti! ¡Pero absolutamente no creo que seas fastidiosa o tonta! ¡por favor dime qué te dijo Blaise!

La chica se quedó en silencio un momento y luego suspiró con las mejillas sonrojadas.

—Blaise no me dijo nada, Draco. No lo he visto desde ayer.

Draco jadeó e intentó alejarse, pero Hermione lo agarró de la mano.

—¡Espera!

Theo le dio un codazo a Blaise con los ojos abiertos y se alejaron en silencio.

Cuando doblaron una esquina, finalmente pudieron respirar.

—¿Qué fue eso?

—Le dije a Draco que estaba enamorado de Hermione e iría a contarle todo, pero no lo hice, obviamente.

Theo todavía tenía los ojos redondos como platos.

—Bueno, creo que deberíamos quedarnos un rato con estos —sugirió Blaise con una sonrisa—. Al parecer los necesitaremos para sobrellevar lo que sea que esté pasando con esos dos.

Theo asintió con una sonrisa enorme.

—Podríamos ya sabes, adoptar a los cinco.

—¿Juntos? —preguntó Blaise con una sonrisa mientras se dirigían a las mazmorras. Nott se encogió de hombros.

—Ya sabes, podríamos compartir un secreto.

Blaise Zabini asintió mientras llevaban a los gatitos a su dormitorio.

Ciertamente ya no estaba celoso, porque estaba compartiendo un secreto con Theo; uno de muchos, probablemente. El que comenzó todo, pero ciertamente no el último.

Aunque, esperaba, mientras tomaban la vieja cama de Goyle y la hacían una guardería para los gatitos, que no todo entre ellos fuese un secreto.

Había secretos para sobrellevar la «perorata Malfoy», pero también había cosas que eran mejor si salían de un armario de escobas.

Pero por el momento, entre pequeños maullidos y cinco bolitas naranjas, el dormitorio se sintió normal y sentarse en la cama de Malfoy admirando a los gatitos junto a Nott mientras sus manos se rozaban, también se sintió bastante normal.

Ahora, Blaise y Theo tenían un secreto.

…pero ya no todo entre ellos era secreto.


¡Hola! ¡Muchas gracias por leer! Ojalá les haya gustado. Fue un oneshot de una pareja sobre la que nunca había escrito, pero involucrando al Dramione como pareja secundaria.

¿Saben de quiénes eran los gatitos naranjas? :D

Esta historia participó en el Reto «Desde los ojos de otros» en el mes de abril originalmente para la plataforma AO3.

Un beso,
Paola