Afuera llovía a cántaros. El cielo nocturno de París se iluminaba con los relámpagos, y retumbaban truenos. En la enorme y lujosa mansión Agreste, Adrien se encontraba profundamente dormido en su cama. El sonido de la tormenta era tal que casi apagó, más que atenuar, el ruido de una persona colándose en su habitación. La figura, cuya silueta curvilínea apenas podía distinguirse en la penumbra, avanzó velozmente hacia el ahora indefenso héroe, ya que éste se encontraba en su forma civil, en pijamas, y por si eso fuera poco, estaba dormido.
La figura se retiró hacia atrás la capucha que llevaba en la cabeza, revelando un rostro hermoso y una sonrisa pícara. En cuanto la idea llegó a su ingeniosa mente, ni siquiera la lluvia pudo detenerla. Marinette se mordió el labio inferior, entre ansiosa, emocionada y preocupada por lo que quería hacer. Pero ¿Y si su hermoso y perfecto novio se enojaba con ella? ¿Y si no le gustaba su idea? ¿Y si le decía que no? Bueno, si le decía que no, ella no pensaba obligarlo a nada.
Nerviosa, abrió su mochila y contempló la manga de cocina que había llevado consigo. Se le subieron los colores a la cara. ¿En qué demonios estaba pensando? Adrien solo era un niño. Bueno, no físicamente, desde luego que no y ella tampoco, a sus dieciséis años, pero ¿Y su mente? Era inocente y puro de corazón, cualidades que ella atesoraba… ¿Y estaba a punto de arrebatárselas?
Marinette se dio una palmada en la frente, pero cuando estaba a punto de volver a transformarse y salir por donde había entrado, lista para una ducha de agua fría, escuchó la voz de su novio.
-Mmm… Marinette- Murmuró Adrien, en sueños. La involuntariamente aludida se quedó congelada en el lugar.
(Tranquila, Marinette, respira. Tiene que ser una coincidencia, nada más. Que no te ganen las hormonas. Deja en paz al pequeño gatito. Seguro sus sueños son tan inocentes como él) Se dijo a sí misma.
-Pun…-
-Mi lady, ahh, sigue…-
Marinette abrió unos ojos como platos. ¿Estaba imaginando cosas? Aún dormido, Adrien estaba tan rojo como un tomate. Una fina capa de sudor cubría su frente y parte de sus cabellos dorados.
Entonces sí estaba soñando….algo subido de tono. Pero ¿La desearía tanto como ella a él?
(De acuerdo, Adrien también siente este tipo de cosas, él me necesita y mi razón para vivir es hacer sus sueños realidad. Hacerlo feliz en todos los aspectos) Marinette tragó duro. Al menos toda esa locura que había intentado evitar tenía una razón de ser. ¿No? Intentando dejar de darle vueltas al asunto, pero era difícil porque bueno, era Marinette, ella abrió un poco las cortinas de la habitación. El clima se había apaciguado. La luz de la luna iluminó el rostro de Adrien, Marinette se inclinó sobre él y buscó su mano, dándole una suave caricia mientras deslizaba el anillo plateado hacia arriba, fuera de su dedo índice. Ése que ella misma le había robado a su mayor enemigo. Ése que tenía el poder de controlarlo, de hacer que obedeciera a cualquier orden sin rechistar.
-Tch, tch, tch- Divertida, la azabache chasqueó la lengua.
-Igual que quitarle un dulce a un bebé. Debería haber trabajado para Shadow Moth- Bromeó la heroína.
-Y hablando de bebés…- Marinette, con el corazón acelerado y las hormonas aún más alborotadas al ver su fantasía haciéndose realidad, se puso el anillo en su propio dedo índice.
-Arriba, precioso- Mordiendo su labio inferior insistentemente mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro, Marinette giró su anillo dos veces. Primero a la izquierda, después a la derecha, pero no pasó nada. Su novio se removió un poco, todavía murmurando su nombre y el de su alter ego, pero seguía dormido.
Se había equivocado. Soltando una risita debido a su propia torpeza, Marinette volvió a girar el anillo, esta vez en el sentido contrario.
-Adrien, despierta-
Los ojos de color esmeralda se abrieron de pronto. El rubio soltó un jadeo asustado. Ya conocía esa sensación de repentinamente hacer algo, algo que no había pensando hacer. Algo involuntario, como si su cuerpo no le perteneciera. (¡No, imposible!) Él tenía el anillo y su padre llevaba meses en la cárcel, donde pagaría por todos sus crímenes. Pero entonces ¿Quién…?
-Hola, Gatito- Marinette se encontraba de pie frente a su cama. El anillo mágico resplandecía en su mano.
-Oh, mi lady. Así que fuiste tú- Adrien se relajó visiblemente y le sonrió, una sonrisa de confianza ciega. Eso la derritió.
-Cuídalo bien, Bugaboo, esa cosa sería muy peligrosa en las manos equivocadas- Sin decir nada más, Adrien volvió a acurrucarse para seguir durmiendo.
-Tú no, ¿No te molesta?-
-¿Por qué lo haría? Ya sabes que mis nueve vidas están en tus manos, Marinette-
-Me dejas sin habla, amor-
-¿Quieres quedarte, princesa? Ven a dormir conmigo- Él palmeó el colchón a su lado, invitándola.
Marinette se sonrojó, recordando porqué estaba ahí parada hablando con su novio a medianoche.
-No, Adrien, yo, eh, yo no vine a dormir- Por fin pudo pronunciar aquellas palabras.
-Ah y entonces ¿A qué viniste? ¿Por qué estás sonrojada?
-Yo, eh, espera. Tengo una idea. ¡Puntos fuera!- Transformarse en Ladybug la llenaba de confianza, le brindaba una seguridad que su identidad civil no poseía. Se metería en ese papel. En su papel más valiente, atrevido y sexy.
-No necesitas transformarte para gustarme. ¿Lo sabes, verdad?- Adrien se sentó en la cama.
Ella asintió con la cabeza.
-Lo sé, pero me siento más cómoda siendo Ladybug ahora porque…-
-¿Sí?-
-Yo vine a jugar con mi Gatito-
-A-a jugar?- Adrien se puso como un tomate.
-Sí, precioso. Verás, tuve una idea loca, esta misma noche, mientras me lavaba los dientes-
-U-una idea loca, Mi lady?-
-Oh sí, una idea muy atrevida, pero nosotros nunca hicimos cosas así y entonces dudé, pero luego te escuché diciendo mi nombre dormido…-
-¿¡Q-Qué?! Ay no, eso es muy vergonzoso- Adrien evitó sus ojos, pero Marinette se rió.
-No, no lo es. Es lindo y… Tentador-
-¿Tentador?- Adrien tragó saliva.
-Mhmh… Todo en ti me tienta, mon amour- Confesó ella mientras le acariciaba el brazo
-Y sólo me falta pedirte, ¿Cómo era? ¡Ah sí! Tu consentimiento-
-¿M-mi consentimiento? ¿Para qué? Tú también me tientas, Marinette, Ladybug, eres maravillosa y tienes, ya sabes un, un cuerpo impresionante, ¡No puedo creer que estamos hablando de esto!-
-Yo tampoco- Admitió tímidamente Marinette.
-Pero bueno, aquí estamos. Qué consentimiento, dices… El consentimiento para controlarte-
Adrien abrió los ojos como platos.
-Con el-el anillo, mi lady?-
-mhmh. No te preocupes, bebé, no haré nada que no quieras-
-Yo, eh, bueno, sabes que confío en ti, una vez salté al, al vacío porque tú me lo pediste, así que eh, acepto-
Marinette sonrió de oreja a oreja y un Adrien muy sonrojado se dejó caer sobre su cama, cubriéndose el rostro con ambas manos.
Marinette soltó una risita.
-¿Te me entregas directamente, eh?-
-Quítate el pijama- Ladybug giró el anillo y Adrien obedeció inmediatamente, completamente sonrojado mientras se deshacía de la prenda y los ojos color zafiro de su lady se mantenían fijos en cada movimiento que hacía.
-Tengo el corazón a-a mil por hora- Confesó. Ella le dio una sonrisa enternecida antes de darle otra orden.
-Ahora, quítate la camiseta. Por cierto, tienes muy buen gusto- Lo halagó, ya que toda su ropa, hasta el momento, era roja con motas negras, en honor a su amada heroína.
-Cielos, Adrien- Marinette se mordió el labio inferior.
-Me has, eh, me has visto en revistas- Dijo él con timidez.
-Sí, pero no te hacen justicia, amor. Ahora, Mmm, modela para mí- Ladybug movió el anillo mágico y un muy avergonzado Adrien se puso de pie y comenzó a caminar con gracia, con elegancia frente a ella vistiendo solo unos pantalones cortos también inspirados en Ladybug.
-Eso es, Gatito, dame tu mejor pose-
Cuando su novio posó como Chat Noir, Marinette le lanzó un beso que él atrapó. Eso no se lo había ordenado.
-Marinette, ya no sé si, si puedo hacer esto. Tal vez no eh, no te guste y, y no sé si estoy listo-
-Tonterías, ven aquí- Ella no tocó el anillo mágico. Su novio avanzó hacia ella voluntariamente y Ladybug lo envolvió en un abrazo.
-Si todo esto es demasiado para ti, te devolveré el anillo, Adrien. Pero no te atrevas a dudar de ti mismo, quiero decir ¿Gustarme? Tú eres el amor de mi vida, eres mi razón para sonreír todos los días y, y ni bien abro los ojos cada mañana eres mi primer pensamiento-
-Marinette…-
-Eres la persona más dulce, transparente y bondadosa que he conocido y por si todas tus maravillosas virtudes fueran poco, eres tan hermoso que todavía me estoy acostumbrando a lo afortunada que soy…-
-¿Afortunada?-
-Sí, gatito, por tenerte a ti como amigo, como compañero e incluso como novio-
-Marinette, mi lady, si sigues diciendo cosas tan bonitas voy a llorar-
Ladybug lo tomó de ambas mejillas con suavidad y acercó poco a poco su rostro al suyo.
-Dicen que el cielo tiene favoritos…- Susurró Adrien sobre sus labios.
-Mm?-
-Yo soy uno de ellos, mi lady, porque tú estás a mi lado-
Los dos se fundieron en un beso tan dulce como sus palabras, pero Ladybug no había olvidado su idea original. El fuego seguía allí, dentro de ella y Adrien pareció leerle la mente.
-Tienes el anillo, haz lo que quieras conmigo, mi lady-
-¿Lo que yo quiera?- Marinette estaba emocionada como una niña en una dulcería.
-Estás, ¿Estás seguro?-
-Soy tuyo-
Ella sonrió contra sus labios y lo besó una y otra vez mientras él correspondía, pero todavía eran apenas roces suaves y Ladybug tenía otros planes.
-Adrien, Gatito, vuelve a la cama- Ronroneó Marinette, se deshizo de su transformación y se puso encima de su novio.
-Abre la boca para que pueda besarte de verdad- Su rostro se tiñó de un tono de rojo nunca antes visto cuando ella tocó el anillo. La azabache miró sus labios entreabiertos, color melocotón, irresistibles y se acomodó sobre él, pegando su pecho al suyo, acercando su rostro al suyo. Adrien la tomó de ambas mejillas y estaba a punto de besarla cuando Marinette lo detuvo.
-No, no. Yo mando, gatito. Quédate quieto- Ella tocó el anillo y él sintió como su cuerpo se paralizaba en el lugar. La sensación le dio escalofríos. Estaba completamente a merced de su lady, se sintió como si estuviera bajando por una montaña rusa, pero la sensación le gustó.
-Tu corazón sí que está acelerado- Notó Marinette, tan cerca de él que podía sentir cada latido.
-Te llevaré a conocer el cielo, Adrien- Le susurró al oído. Sin más preámbulos Marinette lo besó, y no fue un simple roce. Ella mordió sus labios, haciendo que un suspiro escapara de ellos, después introdujo la lengua en su boca, recorriéndola mientras sus manos se entretenían con los rubios cabellos, y sus oídos con cada sonido que su novio emitía. Él correspondía como podía, pero Marinette lo besaba sin darle tregua, y sus pequeñas manos pasaron de su cabello a sus hombros, de allí a su pecho, a sus pectorales…
-Mi lady a-ah yo nece-sito…-
-¿Sí, Gatito?-
-Necesito tocarte, por favor-
-No, aún no. Todavía me quedan cosas por hacer contigo, macaroncito-
Adrien se sonrojó hasta los orejas por el apodo.
-Marinette tú, ¿Tú me llamaste macaron?-
-Mhm. ¿Sabes porqué?- Preguntó, juguetona.
-N-no-
-Porque voy a comerte- Ella soltó una risita pícara, y él sintió escalofríos cuando su nariz rozó su cuello.
-Mmm, hueles maravilloso- Adrien olía a champú de limón, a jabón de tocador y a sudor, por culpa de cierta azabache.
-M-mi lady-
-Espera, haré esto aún más divertido. Y te encantará mi sentido del humor- Adrien tragó duro.
-Si te gusta lo que hago, lo gritarás. Rogarás por más, ah y tienes prohibido ocultarme tus reacciones…Y lo que pienses en ese momento- Marinette tocó el anillo y Adrien sintió que el corazón se le saldría del pecho.
-A-acabas de ordenarme…?-
Cerrando los ojos, Marinette no perdió más el tiempo y comenzó a besar su cuello.
-A-ahh! Marinette!-
Ella incluso lo mordió un poco, dejando una pequeña marca sobre su piel.
-M-me encanta, nghh, si-sigue por favor-
-Eres adorable, gatito, me halagas- Ella se rió.
-Te odio- Dijo un Adrien sonrojado hasta las orejas
-No es verdad, me amas, me adoras…- Marinette siguió bajando con besos.
-S-sí ¡Mi lady, por favor no te detengas nunca! Podría hacer esto todos los días-
Adrien se tapó la boca y Marinette se rió con picardía.
-Todos los días, ¿eh? ¿Quién lo hubiera imaginado?-
-Calla-cállate-
-Gatito goloso- Ronroneó Marinette y siguió haciéndolo ver las estrellas con sus atenciones.
-Quiero, oh! Quiero despertar así- Adrien estaba tan complacido como avergonzado, y Marinette no dejaba de molestarlo. Era como si hubieran intercambiado sus personalidades.
-Estúpido anillo- Se quejó el rubio y ella se rió.
-Mi lady, ¿Ya puedo jugar yo contigo?- Su novio la miró con ojos de cachorrito, bueno, de gatito y Marinette casi cede, casi.
-No, bebé- Ella le dio un toquecito en la nariz.
-Pero Marinette…- Adrien se veía adorable haciendo puchero.
-Escúchame, yo eh, me siento un poco… intimidada. Yo soy la que no está lista para, ya sabes, quiero que esta noche todo se trate de ti-
-Oh, bueno, esperaré entonces, tómate tu tiempo- Su novia le dio un beso en la frente y otro, dulce, en los labios.
-Gracias, Adrien, eres un verdadero ángel- Marinette se levantó de la cama.
-Quédate aquí, tú no puedes levantarte- Le ordenó, siguiendo con el juego.
-¿A dónde vas?- Adrien la miró con curiosidad
-Oh, ya regreso, gatito curioso-
Marinette recogió su mochila, que había dejado en el suelo junto al piano, la abrió, tomó la manga de cocina y suspiró, todavía sin terminar de creer su propia suerte, que el chico que amaba le pertenecía.
-Harás eh, ¿Harás un pastel para celebrar esta noche?- Dijo él al verla regresar con el elemento de repostería en una mano. Ella se rio.
-Es todo un acontecimiento, sí, pero en este caso el pastel eres tú-
-¿Q-qué?-
-Quieto, Hot stuff, las manos detrás de la cabeza- Ella movió el anillo y él obedeció, temblando y no debido al frío. La anticipación lo estaba matando.
-Puntos fuera!- Ya transformada en Ladybug, ella le dio una sonrisa coqueta.
-Necesitaba esto, encanto- Le mostró su yoyo mágico y después lo ató con éste a la cabecera de la cama. Adrien tragó saliva y sintió que se desmayaría.
-Mi lady ¿Qué vas a hacerme?- Ella se mordió el labio inferior, ansiosa, y con la manga de cocina comenzó a esparcir algo sobre él.
-Relleno de macarons- Explicó, evitando su mirada y centrándose en lo que estaba haciendo. Adrien abrió mucho los ojos. Sip, esa chica estaba loca, pero era locamente asombrosa. Una vez más se lo demostraba.
-Ah- Él sólo pudo decir eso.
-Cerrarás los ojos, y gritarás mi nombre cada vez que quieras, sin ocultar nada- Ronroneó Marinette. Él jadeó sorprendido y ni bien ella tocó el anillo, sus párpados se cerraron solos.
-¿En qué lío me metí, Mi lady?-
-No es ningún lío, gatito, te llevaré al paraíso- Marinette le susurró al oído antes de empezar a besar, y esta vez también lamer su cuello, que estaba cubierto del dulce que había traído.
Adrien sintió la electricidad recorrerlo entero, soltando suspiros entrecortados, ya que su respiración se había vuelto errática.
Ella siguió besando y lamiendo su piel, haciéndolo estremecer hasta las puntas de los pies, además de gritar repetidamente su nombre y el de su alter ego. Sintiéndose más confiada, le permitió abrir los ojos. Quería verlo sonrojado, quería verlo estremecerse por ella.
-A-ah, Marinette que ¿Qué van a pensar los vecinos?-
-¿Qué estás con Ladybug y conmigo al mismo tiempo?- Ella se rió levemente.
-Relájate, amor, además ¿Cuáles vecinos?- Preguntó ella, con los labios muy cerca de su piel, que volvió a besar, disfrutando del sabor a macaron de fruta de la pasión, y de los suspiros y jadeos de él. Eran como las 3 am y nunca había vivido nadie a los alrededores de la mansión Agreste.
-Lo siento, el -el placer me nubló el cerebro. Ya no sé ni lo que digo ¡Me vuelves loco! ¡Agh! ¿Por qué dije eso? ¡Qué vergüenza!- Se quejó el rubio, haciendo reír a Marinette, qué señaló muy divertida el anillo en su dedo. Le había ordenado, hace un buen rato, que no le ocultara lo que sentía o pensaba estando a su merced y todavía hacía efecto.
Eventualmente, el juego siguió su curso, eventualmente los besos que Marinette le daba a Adrien, también, hasta que no quedó ni un rincón de su piel del que ella no se adueñara.
Una vez su respiración se normalizó, él abrazó a su lady.
-Marinette, gracias, muchas gracias- Ella le devolvió el abrazo.
-¿Por qué me agradeces, gatito?-
-Por esta noche, por las cosas que, ya sabes, me hiciste- Los dos se sonrojaron.
-Y por hacerme tan feliz, Marinette-
La azabache sonrió y después se quitó el anillo.
-Ten, para que sigas cuidando de tu libertad-
-No, no lo necesito. Consérvalo. Sé que tú puedes cuidarlo, como me cuidas a mí- Adrien le sonrió con dulzura.
Después de darse una ducha, Adrien y Marinette se acurrucaron para dormir. Él la abrazaba contra su pecho, y ella se sentía en el lugar más seguro del mundo.
-Oye, Marinette-
-¿Sí?-
-Sé que te lo digo todos los días, pero nunca me cansaré de repetirlo, te amo-
-Oh, Adrien, yo también te amo-
Fin
