Tangram

"Piezas que recojo de mi corazón fragmentado"

Ella ya no me amaba.

El simple hecho de pensar en ello, hizo que mi cuerpo se estremeciera y un espasmo recorriera todo mi sistema nervioso.

El tiempo pasa, y no es ajeno a las personas. Ellas nacen, crecen, se reproducen… y mueren.

La vida es demasiado corta y confusa para cuestionarse el porqué de cada cosa, por lo que hay que vivir cada día como si fuera el último, o al menos eso dicen. Las mentes son demasiado complejas para determinar el curso de acción de cada individuo, pero si algo tienen en común, es que todas tienen un límite.

Todos se cansan de la rutina, de sufrir, de esperar…

Y eso es lo que me llevó hasta este punto.

- Héroe, ya no puedo servirle más, usted ha bebido demasiado. – escucho que una voz me habla de frente; Tiene preocupación y nerviosismo en su tono, pertenece al dueño del bar, quien me ha estado atendiendo durante las últimas horas.

- Más… - es todo lo que puedo contestar en un susurro. Se escucha patético, pero sinceramente no podría importarme menos.

Mientras veo la entrada al local, mi rostro está recargado en la barra amaderada donde se sirven las bebidas, y hago un intento por ocultarme entre mis brazos, los cuales están arriba de la superficie.

- Héroe, usted ya ha bebido lo suficiente. Debería ir a casa. – es lo que me sugiere, pero en estos momentos, salir por esa puerta es lo último que tengo en mente, por lo que salgo de mi posición anterior y me recompongo, dándole una mirada al tendero.

- Dije que quiero más. – Parezco un niño, un mísero intento de mi parte por que me den más bebida. Solo bastó con una mirada hacia el señor con el gran bigote y falto de cabello, para que moviera la cabeza en negación, antes de servirme.

¿Cuántas me he tomado hasta ahora? ¿seis? ¿diez? ¿fueron acaso doce? Ya he perdido la cuenta de cuantas veces me he llevado este vaso a la boca, pero me basta con recordar la razón del porqué llegué aquí, para que de nuevo tome el recipiente de cristal y lo lleve hasta mis labios, bebiéndolo con fervor. A Kurama, mi amigo y biju que tengo sellado en mi interior desde que nací, le pedí que dejara de diluir el alcohol en mi sangre y no interferir conmigo en estos días, al menos hasta que me sienta mejor.

A ella se le había cansado el corazón, había dejado de sufrir por mí.

Se había cansado de esperarme, y decidió seguir con su vida, volviendo a abrirse a más personas, y volver a enamorarse…

Enamorarse. ¿Alguna vez de verdad lo hice? Si no fuera así, ¿por qué otra razón me encontraría dentro de estas cuatro paredes?

Había sido un idiota, un idiota de primera clase.

¿De verdad fui tan iluso como para pensar que ella estaría siempre ahí? ¿Qué siempre sería yo el que tuviera que elegir cuándo, y ella no podría hacer más que aceptarme?

Se había hartado de llorar por alguien que no la valoraba.

La puerta del bar se abre. Desde mi posición, veo una silueta femenina, la cual se abre paso caminando por los tablones de madera. Tengo que esforzarme más para identificarla, por lo que entrecierro mis ojos, pero tan pronto como lo hago, vuelven a abrirse en realización.

Es Sakura, mi amiga y compañera de equipo.

Giro mi cuello sobre la barra, apuntando hacia el otro lado de la cantina, esperando que, debido al barullo de los presentes, pase desapercibido, al menos por esta noche.

- ¿Naruto? – escucho que me habla, pero prefiero fingir que no lo hice, y continúo en mi posición, sin moverme, esperando crea haberse confundido de persona. No podría estar más equivocado, después de todo, ¿quién más tiene el cabello rubio y usa una chamarra naranja y negra?

- Sé que eres tú, Naruto. Háblame. – El taburete que está a mi lado izquierdo se abre, haciendo un ruido chillón en su arrastre. Decidiendo que es mejor hacerle caso, me vuelvo a erguir, dándole otro trago al líquido oscuro.

- Sakura… - ¿Fue un saludo o un lamento? Estoy retractado de haberlo dicho, por lo que decido cortar mis palabras, dejándolo a su libre interpretación.

Ella se quita el abrigo oscuro que lleva puesto, colocándolo entre sus piernas mientras dirige su atención hacia mí. Por la periferia de mi visión, veo cómo acomoda uno de sus mechones rosados, recatándolo de su frente.

- ¿Vas a decirme qué es lo que pasa? – me dice después de haber pedido un trago para ella. Estamos uno al lado del otro, pero no hemos cruzado una mirada. Tan cercanos y distantes al mismo tiempo.

Sakura es mi mejor amiga. Si ha sido una buena o una mala, está fuera de mi albedrío en estos momentos. Pero si hay algo que sé sobre ella, es que es una de las personas más tercas que conozco, por lo que más temprano que tarde, descubrirá lo que me pasa.

Una sonrisa amarga se desliza por mis labios ante esos pensamientos, después de todo, no había algo que pudiera ocultarle a esta mujer.

- La he perdido... Hinata está enamorada de otra persona. – ¿Lo he dicho de una manera muy cruda? ¿O debería haber sido más poético al decirlo? Sakura abre los ojos muy en grande ante mis palabras, incluso se atora en medio de su trago, lo cual le gana varias toses antes de hablarme de nuevo:

- ¡¿Hinata…?! – me dice con sorpresa en su voz, como si el hecho de que eso hubiera pasado fuera inasequible, una cosa que jamás esperarías que sucediera.

¿Cuándo fue el momento exacto en el que me enamoré de ella? ¿meses? ¿semanas? ¿días?

Si tuviera que determinar un lapso de tiempo, diría que fue después de la cuarta gran guerra ninja. Tras haber luchado durante tanto tiempo por la paz mundial, por fin la habíamos logrado.

Sin embargo, era demasiado tarde. Para cuando caí en cuenta de lo que sentía por ella, ya no tenía ningún interés por mí.

Ella siempre había estado ahí…

Si volteo hacia atrás en todo el transcurso de mi vida, Hinata ha sido una de las pocas personas que siempre me ha apoyado incondicionalmente, alguien que siempre estuvo para mí; pero que, debido a su timidez, nunca pude notar.

Es por ello que me va a pesar. Me va a pesar cuando la vea con alguien más, cuando otro hombre la bese y la tome entre sus brazos. Será como una apuñalada en mi corazón, pues fungirá como todo aquello que nunca logré ser, alguien que la sepa apreciar.

Ella no será mi novia…

Mucho menos mi futura esposa…

No será la madre de mis hijos…

- Naruto.

Hinata no será la mujer que me acompañe cuando me vuelva Hokage, la que esté conmigo en los ratos buenos y malos, mi confidente y amante incondicional, aquella con la que pasaría mi vida entera…

Porque haga lo que haga…

- ¡Naruto!

Ella, por mí ya no siente nada.

Siento que me sujeta de mi hombro, por lo cual yo reacciono y dirijo mi atención hacia ella. Tan pronto como lo hago, ella retira su mano, conmoción escrita en su rostro.

- Estás llorando… - me dice mientras me mira con desasosiego. Se tapa la boca con una de sus manos, conteniendo un jadeo.

Cuando llevo la punta de mis dedos por mis mejillas, puedo sentir el líquido cristalino que desborda de ellas, por lo que rápidamente lo limpio con la tela de mi chamarra, volviendo a un estado de calma antes de responder:

- Lo siento, yo… estaba pensando en algunas cosas. – le digo, pero ella no me replica, en cambio, asiente y sigue bebiendo, justo como lo he estado haciendo estas últimas horas.

De reojo miro a Sakura, el día de hoy no lleva puesta la vestimenta que normalmente ella usaría. Viste una camisa manga larga holgada de color blanco, la cual está fajada por una falda a la rodilla de un rojo brillante. Usa unas medias negras y completamente lisas. Calza unas zapatillas cerradas de un color escarlata. Curiosamente, lleva puesto un moño rojizo amarrado al cuello de su camisa. Eso, y la diadema ninja que usa normalmente como un listón, junto con sus alegres ojos jade, hace que se vea muy hermosa en general.

El encargado de nuevo vuelve a rellenar el vaso de cristal, y le doy un par de vueltas en mi muñeca antes de llevarlo a mi boca de nuevo.

Por otro lado, Sakura, quien había sido mi primer amor, era completamente opuesta a Hinata. Extravertida, gruñona y descarada, son algunas pocas cualidades que describen a mi amiga pelirrosa.

Desde que tengo memoria, ella y yo siempre hemos sido opuestos, lo cual hacía que llegáramos a chocar con nuestras opiniones. Mientras que Sakura decía que sí, yo era un rotundo no, si Sakura opinaba el blanco, yo replicaba el negro. Eso nos llevó a constantes discusiones, como si fuéramos el gato y el perro.

Pero esa es la clase de persona que es mi mejor amiga, y yo la amo. No es una clase de amor romántico, más bien es uno fraternal, porque ella ha sido parte de mí por tanto tiempo, que me dejaría completamente destrozado que ella desapareciera de mi vida. Cualquier día de la semana daría mi vida por ella, y ella lo haría por mí también, o al menos eso es lo que me gusta pensar de nuestra amistad.

- De todas formas, ¿Qué es lo que haces aquí? – le pregunto distraídamente mientras continúo viendo la repisa de licores y bebidas. Arrastro la punta de mis dedos por la madera, creando un ligero desliz que se pierde entre los ruidos de los tarros chocando y las risas.

- Iba a reunirme con una compañera del hospital. – me contesta simplemente mientras sigue ingiriendo la sustancia enervante. Esto me extraña, debido a que Sakura nunca ha sido de las que bebe demasiado, por lo que asiento.

- Te haré compañía hasta que llegue, después me iré. – Le digo, y vuelvo a llevar la copa a mi boca. Ya he tenido suficiente por el día de hoy, y solo causaría incomodidad al quedarme en la barra.

- Naruto, no quise decir… - me dice, pero opto por ignorarla y seguir en mis asuntos. Parece que esto funciona, porque baja su mano y dirige la atención hacia su bebida, mirándola fijamente.

Doy un amplio respiro mientras recargo mi codo sobre la madera. Faltaría un par de horas hasta que la cantina cierre, por lo que todavía las mesas tenían actividad; meseros seguían llevando bebidas hacia los diferentes comensales.

Sin embargo, ya no puedo llorar más. No porque no quiera, sino porque ya he llorado tanto, que ni siquiera puedo hacer que más lagrimas salgan de mis probablemente hinchados ojos azules. Pero por lo pronto, debo seguir bebiendo, para poder sacarla de mi mente y que su tormento deje de afectarme.

Porque el día de hoy…

Mi corazón se encuentra roto en mil pedazos.

X

X

X

- Para ser una doctora... bebes como si fueras un alcohólico crónico. – le digo a Sakura, a quien llevo cargada entre mis brazos mientras pasamos por las calles de la aldea. La única iluminación es la de la luna y un tenue alumbrado en las esquinas de los puestos y algunas tiendas.

Después de haberle dicho que esperaría hasta que su compañera apareciera, seguimos bebiendo durante el resto de la noche. Al final, aquella susodicha no se presentó en el bar, cosa que fue lo mejor, pues Sakura ya estaba fuera de sus sentidos al cabo de una hora.

Fuimos los últimos clientes en irnos, y la doctora quedó inconsciente en la barra. Finalmente, decidí llevarla a mi casa, pues es la que queda más cerca, además de que no quisiera escuchar la cantaleta de sus padres por llegar en este estado de ebriedad.

- Eres una grandísima perra, Sakura. – le digo, aunque igual me encuentro a una copa más de caer en el adormecimiento. Actualmente, solo mi fuerza de voluntad es lo que me permite seguir caminando. Me tambaleo hacia los lados, pero está bien, cada vez estamos más cerca de mi departamento.

- Siempre es Sasuke esto, Sasuke lo otro, Sasuke te perdono por intentar matarme, Sasuke por favor déjame ser tu esposa. – una pequeña carcajada se me sale de los labios al darme cuenta de lo que le acabo de decir. Seguramente, si estuviera despierta, me habría dado un golpe que me hubiera mandado hasta la estratósfera

No tengo idea del cómo, pero me las arreglé para subir las escaleras sin hacerme daño a mí o a Sakura, y después de unos patéticos intentos por encajar la llave en la cerradura, logro abrir la puerta de mi departamento.

Cuando entro a mi habitación, choco contra la encimera y tiro algunas latas y artículos de limpieza que había dejado ahí, aunque no me molesto en recogerlas.

Me propongo a poner a Sakura en la cama, y la coloco de tal manera que su cabeza se recuesta en la almohada, y sus piernas descansan en el colchón. Le quito sus tacones y abrigo, y los aviento a un lado, esto debe ser seguramente una tortura para las mujeres, pienso, y después me alejo hacia un sillón cercano.

- Naruto… - escucho que ella me llama, por lo que nuevamente me vuelvo a encontrar con otra de mis cómodas antes de llegar a ella.

- ¿Qué? – le pregunto, y de mi boca sale un molestoso hipo que me hace tambalear un poco.

- Acércate. – ella me dice, mientras con su mano hace una señal para que me aproxime. Su lengua se enreda entre sus dientes, impidiéndole pronunciar bien su oración, pero a duras penas llego hacia ella. Me tropiezo, mis manos quedan a los lados de su cabeza mientras estoy recargado a la suave superficie de mi cama.

Sakura me toma del cuello y sube repentinamente, intentando conectar sus labios con los míos, a lo cual instintivamente coloco mi mano en su boca, volviéndola a empujar contra la almohada. Ella deja escapar un pequeño gruñido por mi gesto.

- ¿Qué haces? – le pregunto igualmente embriagado, pero ella entiende mis palabras y me responde.

- Te estoy consolando. – una respuesta simple y demasiado adorable, lo que me hace reírme un poco de ella. Me frunce el ceño mientras hace el intento de no volverse a dormir.

- Debes descansar. – le digo, e intento alejarme, pero ella vuelve a repetir su acción, por lo que la vuelvo a empujar. Ella suelta su agarre de mi cuello, y vuelve a hablar:

- Soy una estúpida. – Ella tergiversa sus palabras un poco, pero continúa: – tú siempre has sido muy bueno conmigo, pero yo solo me comporto como una perra. – me dice, y de nuevo siento que una sonrisa se forma en mis labios por sus palabras. Acaricio su cabello antes de hablarle de nuevo:

- Está bien, mañana hablaremos sobre ello. – le susurro, y de nuevo intento alejarme, pero vuelvo hacia mi posición cuando ella me toma de la manga de mi chaqueta.

- Te amo. – ella me dice muy claramente y me mira a los ojos. Me sorprendo un poco ante sus palabras, y a pesar de encontrarse embriagada y no estar usando el uso de su razón, siento que mi corazón se acelera al escuchar eso.

- No dirás eso en la mañana. – le contesto, y de nuevo comienzo a pasar mis dedos por sus mechones rosados, haciendo mi mejor intento por arrullarla para que descanse de una buena vez.

- Eres el mejor hombre que conozco. Te demostraré que soy mejor… que… cualquier otra… chica… - finalmente cierra sus ojos, y su agarre cesa, por lo que su mano cae a un costado de la cama. No puedo evitar que una ligera risa se me escape de los dientes. Escuchar eso fue algo que jamás hubiera esperado de Sakura, y, aunque no recordará nada de esto mañana, me hace un poco feliz el que haya dicho eso.

Después de que pasan unos minutos, giro su cuerpo, haciendo que quede boca abajo. De esa forma, si vomita en la noche, no se ahogará. Si lo que bebió es un indicio, Sakura probablemente no tendrá las fuerzas para levantarse e ir al baño, por lo que se orinará en mi cama; no es que realmente mi importe, después de todo, no tengo las fuerzas suficientes para enojarme en estos momentos.

Conforme voy avanzando al sillón junto a la ventana, me quito mi chaqueta naranja y negra y la tiro a un lado. Cuando finalmente me echo en la superficie acolchonada, suelto un suspiro de relajación y tranquilidad. Al fin podré descansar después de todo.

Pese a lo que pudiera aparentar, en realidad no estoy enfadado con Sakura, y de hecho me siento un poco feliz de que haya estado acompañándome en el bar. La miro, tan pacífica y hermosa recostada entre mis sábanas. Vuelvo a negar cuando siento que una vieja flama quiere encenderse de nuevo en mi pecho, pero simplemente me reprendo por ello. Ella sencillamente no es para mí, y nunca lo será.

Conforme estiro los brazos en mi lugar, observo el cielo nocturno que colorea la aldea en las horas tardías. Y al igual que mi estado emocional en estos momentos, el cielo el día de hoy tiene más nubes que estrellas.

Dirijo una última mirada hacia la mujer que está a unos metros, recostada y durmiendo. No tengo idea de si lo que me dijo hace unos instantes era verdad, pero desearía que no lo fuera; Es lo mejor para nosotros dos.

Con lo tierna y lo salvaje que puede llegar a ser, verdaderamente es extraña su manera de amar. – pienso con una sonrisa, y cierro mis ojos, para segundos después, perderme en la inconsciencia.

FIN DE LA HISTORIA