¡Holis crayolis! Hemos llegado al tercer aporte, un poco más corto pero bonito porque semana fluff en el KageHina Month.

Nota importante: Aquí mencionaremos algunos eventos que pasan canon en el manga (Capitulo 365, me dueles) y otros que no pasan pero me hubiera gustado que sí jaja.

Y pues eso, si no quieres spoilers no leas :)

Vulnerable

(Tema 3: Enfermo)

En medio del campamento de entrenamiento en Tokio las cosas no están bien.

Y no es porque se encuentren en una racha perdedora como el año pasado cuando Daichi, Sugawara y Asahi estaban junto a ellos, ni se trata de alguna actitud negativa o pelea. Es algo que a Hinata le parece mil veces peor, todo pasa rápido como de costumbre, el forcejeo entre los equipos buscando el dominio del balón, las levantadas continuas que recaen en sus manos, hasta que eso sucede. Un balón que vuela demasiado bajo, las expresiones de los presentes en blanco y un sonido hueco de caída.

Cuando Shouyou aterriza de su salto no tiene tiempo de quedarse parado y corre sin pensarlo dos veces al ver a Kageyama casi tendido sobre el suelo, empapado en sudor con los brazos tensos y las rodillas que no responden. A Hinata no le importa el espacio personal en ese momento al tocarlo, está demasiado ocupado confirmando lo que ya sabe que pasa, nota su temperatura en llamas.

—¡Tiene fiebre! —Grita haciendo despertar a las personas que lo rodean que ahora se ponen en movimiento a la atención inmediata. Está por alejarse para retomar el partido y la mano del armador lo detiene tomando la manga de su camiseta de práctica.

—Quédate. —Susurra Tobio, es tan bajo el tono que por poco no lo entiende.

Traga saliva sin saber que responderle, quiere permanecer a su lado pero no puede para no hacer más drama del necesario. Entonces otra mano lo empuja, es Ennoshita quien le indica con la mirada las acciones que debe hacer, asiente y entre él y su capitán ayudan a Kageyama a de pie, el número uno se aleja para indicar a su entrenador quien será el reemplazo de Hinata el resto del partido, mientras el pelirrojo junto al profesor Takeda movilizan a su compañero hacia la enfermería del plantel.

El silencio es notorio cuando Kageyama despierta entre la suavidad de un colchón que desconoce, solo escucha viento de verano, gorriones migrantes y los propios rechinidos de la cama cuando se mueve. En sus ojos la luz le ciega temporalmente, pero al cesar cae en cuenta de que está en la enfermería de la preparatoria Nekoma, que está escurriendo su piel en líquido salino junto a un dolor que le inmoviliza las extremidades, con un éxito vergonzoso logra incorporarse dándole la espalda a la puerta y se queda mirando la ventana.

Aún hay sol entre el atardecer, lo que significa que han terminado el rally de partidos práctica, resopló molesto consigo por perderse todo un día de entrenamiento, se supone que para eso venían. Su enojo va en aumento cuando intenta recordar cuando pasó todo y en qué momento llegó a este lugar.

Su respuesta llega cuando nota que alguien ha entrado, mira la mata de cabello naranja reconocible a kilómetros. Hinata se acerca veloz para tomarlo de los hombros.

—¡¿Qué crees que haces?! —Kageyama se siente enfurecido ante la pregunta absurda de Shouyou y aun así lo deja proseguir— ¡Tienes que descansar, Tontoyama!

—Creo que he descansado lo suficiente.

Con la cabeza apunta a la ventana donde el astro comienza a ocultarse dando paso al anochecer.

—Aun así, debes estar quieto un rato.

El mayor de los de segundo acarrea de una mesa los platos con los que ha llegado, el aroma a comida le invade los sentidos haciéndole recordar la feroz hambre que carga, los sonidos del estómago lo delatan y Hinata ríe en sus adentros. Este se acerca con familiaridad a quitarle de su frente un parche frío que no sabía que tenía.

—Supuse que ibas a despertar pronto, así que te traje la cena. —El bloqueador central tras indicarle que se siente le colocó el plato sobre sus piernas, tenía tan buena pinta que salivaba de pura vista— Tienes buena suerte, las chicas hicieron curry para celebrar el primer día de entrenamiento.

—Gracias por la comida. —Menciona Tobio haciendo una leve reverencia para después engullir el gran tazón de arroz que acompaña el guiso de res.

Mientras Kageyama devora los alimentos como un animal, Hinata no puede dejar de mirarlo y recordar el incidente del año pasado. No tiene toda su memoria al cien por ciento hasta la fecha, sin embargo todo es vívido en su piel.

Recuerda querer seguir y tener apetito de ganar ese partido contra Kamomedai, el sentimiento de ira que recorría su sistema cuando sus extremidades no le respondian dejándolo tirado en la duela, el calor febril invadiendo su piel que sentía que estallaría en cualquier instante y que la consciencia se nubló cuando Kageyama lo miró con miedo, una vista que nunca podría olvidar. Jamás se había sentido tan vulnerable como en ese momento ni de pequeño recordaba algo similar, le describían siempre como fuerte y caótico, ese día se dió cuenta que no podía ser más al contrario.

Y aun así después del sufrimiento venía la calma, y con ello en aquel tiempo, la preocupación de Kageyama, que detonó estos sentimientos que tiene arraigados tan adentro, querer protegerlo a toda costa.

—Oye. —La voz de Kageyama lo trae a la realidad, está cerca, con su sonrisa pequeña imperceptible que conoce perfecto— Estoy bien.

—Lo sé.

—Y no volverá a pasar.

—Eso no lo puedes saber. —Hinata responde con tono molesto, le saca de quicio que Tobio quiera jugar al temerario cuando saben ambos que ese es su rol— Aun si llegara a pasar, yo cuidaré de ti.

El sonrojo en las mejillas de Kageyama es tan notorio que hasta en la Skytree podrían verlo. Hinata acerca su frente con la suya cerrando sus ojos para concentrarse y Tobio no está pudiendo contener los latidos que le van a escapar por la garganta. Con un golpe recio frente contra frente ambos se separan adoloridos.

—¡¿Qué te pasa!? ¡Eso dolió!

—¡Recuerda el espacio personal, Hinata idiota!

—¡Estaba revisando tu temperatura!

—¡Usa un maldito termómetro!

Hinata acepta la terquedad del armador, toma el termómetro digital indicando a su compañero de equipo que se lo coloque bajo la axila. Tras unos minutos, el sonido chirriante se hace presente, Shouyou aparta el aparato y revisa con alivio la pantalla que revela una cantidad menor a los esperados treinta y ocho grados.

—Tu piel aún se ve muy roja y no hay temperatura alta. —Kageyama descarta las ideas de que se está haciendo el tonto y es genuina su preocupación— ¿Aún te sientes mal, Kageyama?

—Ya dije que estoy bien. ¿Por qué no me dejas aquí y vas con los demás?

—Porque la enfermera salió a cenar.

—Puedo cuidarme solo.

—¡No seas necio! —La furia naranja cruza sus brazos, si era tiempo de ponerse terco para lograr su objetivo lo haría— Tú me ayudaste aquella vez y yo haré lo mismo.

Su mente evoca lo que pasó después de la frustración de perder aquel juego en el pasado. El viaje de regreso con un Hinata cabizbajo y depresivo, la cena triste en la posada con un Karasuno roto en su aspiración aunque feliz por darlo todo. Kageyama rememora lo difícil que le fue escabullirse para visitar al pelirrojo después de que los descubrieran a todos los colados tras la cena.

Eran altas horas de la madrugada en la habitación solitaria, Shouyou seguía nublado de su mente pero reía cada vez que conversaban, la compañía lo nutría y le reconfortaba, a ambos lo hacía. Recuerda cambiarle sus parches para enfriar el cuerpo y regañarlo por no quedarse quieto en ese momento, justo como ahora hace el pelirrojo. Kageyama rechina sus dientes aceptando la derrota, porque es experto en dar la razón sin exhibir que ha perdido.

—Haz lo que quieras. —Responde el de cabello negro volteándose abrupto contra la "mandarina caminante", apodo que le otorgó Tsukishima a Hinata.

—¡Entonces me quedaré!

—Si, ya te dije que hagas lo quieras.

—¡Bien! —Dice Hinata con fuerzas aferrándose a la silla contigua.

—¡Bien! —Repitió Kageyama cerrando la plática.

El silencio corrió largo por un buen rato, la brisa volvió a sus oídos y Kageyama se volteó después de tanto tiempo. Dentro de la orilla de su cama, Hinata apoyado en sus propios brazos está dormitando, tomando con su mano un fragmento de la sábana que parece ser le ha colocado encima de él.

Vuelve la memoría haciendo de las suyas y lo lleva al final de aquel día, donde un Hinata dormido de primer año está a su lado, una mano sostiene la cobija que había en ese momento cerca. El Tobio de ese instante era inexperto y estaba confundido tras besar la mano de su rival a escondidas y por inercia. En cambio, hoy él lo hace con consciencia y seguro de lo que siente. Y con la esperanza ciega de que ese encaprichado chico de cabello rebelde pueda sentir lo mismo algún día.

—Te quiero, Hinata. —Dice en voz baja para no despertarle y seguir mirándolo.

—Yo también te quiero, Kageyama-kun. —Responde Shouyou ahora viéndolo y sonriendo amplio oculto en sus antebrazos flexionados sobre la cama.

—¡¿Todo este tiempo estuviste despierto!?

Las risas de Hinata lo delatan y un beso en la mejilla de Tobio lo calla. Porque verse vulnerable es terrible para muchos, pero necesario para conocerse. Y esos dos se han conocido en las peores instancias para ir contra lo que venga.

Gracias por leer, amixes. Viva el KageHina y así.

¡Hay los vidrios!