Disclaimer: Tengo que aclarar que los personajes no son míos, como todos saben, pertenecen a la mente prodigiosa de la Sra. Meyer. Yo solo juego con ellos, intentando que ese juego los entretenga a ustedes.
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Algunas palabras o frases en este Fic están colocadas en cursiva, cuando esto pasa es que se está utilizando otro idioma. Al desarrollarse esta historia es los ., es de suponer que todos hablen Ingles y es por esto que las cursivas se refieren a las personas que hablan en Español.
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Para Recordar: Si estoy publicando esta historia y tú leyéndola, es porque hemos sobrevivido a "TODO", en el 2020, el Año de la Rata. A la Pandemia más grande conocida hasta ahora, y lo digo así, porque el resto de las Pandemias que han atacado a la Humanidad solo pudimos conocerlas por las referencias históricas y el COVID-19 ha llegado a nosotros mientras transitábamos esta aventura llamada "Vida". Si has perdido a alguien, realmente lo lamento. Si fuiste de los que nos contagiamos y sobrevivimos, o de los que han sobrevivido ilesos, entonces "Celebra la Vida".
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Dedicatoria: Durante mi viaje y mi periodo de cuarentena que duro varios meses, estuve en Colombia. Barranquilla y Bogotá.
Esta historia se la dedico a dos personas, Andrea (te quiero mi muchachita) y Nestor (para ti, aunque nunca la leas), quienes me vieron aquellos días frente al computador y de una forma u otra me incentivaron para seguir, mientras me "refugiaron" en su casa. Gracias.
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ESTIMADOS LECTORES NO SE QUE ESTA PASANDO CON LA PAGINA DE FANFICTION PERO NO ESTABAN LLEGANDO LOS MENSAJES QUE INDICAN QUE HE SUBIDO UN NUEVO CAPITULO.
HE DECIDIDO SUBIR LOS CAPITULOS LOS DIAS VERNES ASI QUE DEBERAN ESTAR PENDINTES DE REVISAR Y VER CUANDO ACTUALICE LA PAGINA.
ESPERO QUE HA PESAR DE LOS INCONVENIENTES SIGAN ANIMADOS PARA LEER.
JESSI este capítulo es para ti.
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Capítulo 15
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¡Sí, Capitán!, ¡Estamos Listos!
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Vuelo libre, sobrevuelo las granadas
Por el suelo no me arrastro nunca más
Ya no estoy de oferta estoy de pie y bien alerta
Eso del cero a la izquierda no me va
Ouh Ouh Oh
Creo creo creo en mí
Ouh Ouh Oh
Creo creo creo
Todos somos tan desiguales
Únicos originales
Si no te gusta a mí me da igual
De lo peor he pasado
Y lo mejor está por llegar
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Natalia Jiménez – Creo en Mi
(Amooooooo esta Canción)
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Ángela, Bella y Emmett condujeron a Abilene, una Ciudad que estaba ubicada a menos de media hora del Rancho Cullen.
Emmett y Bella no habían mentido con respecto a que el moreno ocuparía una vivienda fuera del Rancho. Y Emmett ya había buscado en los clasificados un lugar adecuado donde poder alojarse.
En medio del recorrido de viviendas, una menos adecuadas que otras en opinión de las chicas, Bella fue contando a Emmett todo lo que habían descubierto y hecho desde que se había enterado de la muerte de su hermana.
Emmett nunca había conocido a Anabella, pero sabía de ella por lo que le habían contado tanto Ángela como Bella. Ángela se había comportado más como hermana de Bella de lo que Anabella lo había hecho, a los ojos no solo de Emmett sino de toda su familia y eso fue evidente para todos cuando los veranos que Bella paso en Colorado los hizo acompañada de su muy querida amiga.
Emmett no solamente se mostró asombrado de todo cuanto le habían contado, sino que también mostró rabia y preocupación ante los planes que se estaban llevando a cabo.
Sabía que en este momento no solo los Cullen podían estar en peligro, sino que Bella y Ángela estaban también en la misma situación. Si el asesino de Anabella descubría todos los planes gestándose a su alrededor, no sabían cómo iba a reaccionar.
Pero tanto Bella como Ángela insistieron en que el camino que habían tomado era el único medio, medianamente seguro, para descubrir a quien planeaba hacerle daño a los Cullen y que si de verdad estaba tan preocupado por ellas solo debía apoyarlas y si estaba en el Rancho Cullen con ellas estaría también allí para protegerlas.
Aun así, Emmett no estaba nada tranquilo con la situación y se planteó así mismo si debía de informar a sus hermanos sobre todo esto, no se lo contaría a sus Padres, por no preocuparlos y menos a Bella o Ángela. Pero estaba seguro, y apostaba su cabeza a ello, que Felix y Jane tendrían muchas cosas que decir y mucho que aportar a este plan, si ellos se involucraban.
Al final de la tarde el trío regreso a la única casa que medianamente satisfacía los requerimientos de los tres, las chicas no estaban totalmente de acuerdo, pero Emmett se mostraba satisfecho con el trato de arrendamiento que había tomado.
—¿Se supone que esto era lo que andabas buscando?
—No en realidad, quería algo más pequeño.
—¡Emmett!
—Para que tanto espacio, si lo único que hago es bañarme y dormir acá.
—Tu Madre estaría jalándote de las orejas si te escuchara. Y no estoy tan segura de que tu Padre aprobara este lugar —dijo Ángela.
—Ellos no están aquí.
—¿Hasta cuándo quieres estar tan separado de ellos? —le pregunto Bella.
Emmett se mantuvo en silencio por un largo minuto, mirando las baldosas que estaban a sus pies.
—Tengo mucho que demostrar —dijo finalmente.
—No tienes nada que demostrar, jamás te han pedido que demuestres nada. Te aman y están orgullosos de ti. Sin límites, sin condiciones.
—Tengo que demostrarme a mí mismo que puedo lograr las cosas.
—Eres un terco, ¿lo sabias? —insistió Ángela—. Tendría muchos términos psicológicos que decir de tu comportamiento, pero sé que igual será inútil que te lo diga.
Él solo encogió los hombros y esbozo una media sonrisa.
—A veces pienso que pierdes un tiempo valioso —dijo Bella.
—¿Un tiempo valioso?
—Pierdes el tiempo alejándote para demostrar algo de lo que no hay necesidad, mientras todos en casa te extrañan. No sabes cuánto daría por tener la oportunidad de tener tiempo con mi familia.
La expresión de Emmett cambio, conocía a su amiga bastante bien y sabia cuanto le había dolido perder a sus Padres.
—Te gusta poner el remordimiento dentro de mi cabeza para que llame a mi Madre con más frecuencia, ¿no es cierto?
Bella esbozo una media sonrisa mientras lo miraba.
—Grace estaría feliz por eso.
—Sí, sí, por ahora solo iré a casa por mi caballo y volveré, pero llamare a mi Madre con más frecuencia, Isabella.
—Lo prometes —dijo mientras saltaba hacia él y lo abrazaba.
—Si lo haré.
—Disculpen la interrupción —la voz glacial de Rosalie se escuchó desde la puerta de entrada mientras recorría a ambos con la mirada—. Me pediste que pasara por ti Bella —dijo tajante.
Bella miro al reloj de la pared notando que había llegado mucho más temprano de lo esperado.
—Creí que tardarías un poco más.
—He terminado todo antes, ¿nos vamos? —y salió de la casa sin esperar respuesta.
—Ha hablado Blondi, la Reina del Hielo Dos —dijo Ángela con una sonrisa.
—¿Dos? —preguntaron Emmett y Bella.
—Sí, Wednesday causa más escalofrió.
—Ciertamente Alice es menos agradable. Supongo que Annie no dejo demasiada simpatía tras de sí —dijo Bella.
Emmett arqueo una de sus cejas.
—Lo que dejo a su paso fue un montón de mierda y lo sabes.
—No comiences, con Angie ya tengo suficiente.
—Ni siquiera he encendido los motores para hablar de Annie —dijo Ángela, mientras Bella bajo la cabeza apoyando su frente en el pecho de Emmett.
—Esto que estás haciendo puede traerte muchos más dolores de cabeza de los que crees —dijo el moreno.
—Lo sé, por favor no me sermonees ahora —dijo sin querer separarse de su amigo.
—No lo haré, pero estaré aquí y estaré vigilando a todos estos Cullen.
El sonido de un claxon se escuchó impaciente afuera y Bella supo que debía irse.
—¿Te veré pronto?
—Debo arreglar el traslado de mi semental, pero estaré aquí en unos días, no me extrañaras.
—Lo haré, sabes que lo haré.
—Lo haremos ambas —dijo Ángela—. Saluda a Grace y al guapo de Tony, dile que aún puede cambiar de opinión y fugarse conmigo.
—Es el karma de los McCarty, somos irresistibles.
Bella golpeo su brazo fuertemente, pero sabiendo que no le haría daño.
—Debilucha.
—Te he dicho que dejes los esteroides.
—Esto es puro musculo nena —dijo separándose de ella para posar como los Fisiculturistas.
Bella sonrió mientras el claxon volvió a sonar.
—Debemos irnos, o nos dejaran tiradas aquí.
—Te lo creo —dijo Emmett, mientras las acompañaba por el camino de entrada—. Llamare cuando todo esté listo para decirte mi día de llegada —le dijo mientras les abría las puertas del auto y sostenía sus manos para que entraran.
—Disculpa que tardara —le dijo Bella a Rosalie.
—Estaba a punto de irme.
—Tiene que seguir hibernando en su glacial —murmuro Ángela, haciendo que solo Emmett y Bella escuchara y Emmett rio alegremente de las ocurrencias de su amiga.
—¿Qué dijiste? —preguntó Rosalie mirándolo con una de sus cejas arqueadas.
—Nada, sexy —dijo Emmett—. Solo me pidió que me cuidara mientras regreso, cuando lo haga podremos empezar a trabajar y "entrar en calor".
Bella coloco una mano sobre sus labios para disimular una sonrisa, comprendiendo el doble sentido de las palabras de Emmett.
—Soy la Señorita Rosalie, no lo olvides.
—Jamás olvidaría tu nombre, sexy.
—Imbécil.
Fue lo único que murmuro Rosalie poniendo en marcha el auto mientras Bella y Ángela sacaban sus manos por las ventanillas y se despedían de Emmett.
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Después de despedirse de Emmett, Ángela convenció a Rosalie de que cambiara su humor y fueran a comer.
A Ángela le agradaba Rosalie, realmente había una mujer muy inteligente y suspicaz tras la fachada de Reina del Hielo. Ángela lo sabía, al igual que Bella, y la cena trascurrió entre risas y chances tal como si se tratara de una reunión de amigas que se conocían hace años.
Rosalie se sentía extrañamente a gusto con su Cuñada, cosa que no había sentido nunca antes y eso la llevaba a sacar conclusiones que a cualquiera le parecerían una locura, pero en ella no.
Sabía que esta nueva relación con Bella no hubiera surgido sin el cambio de la morena y también sabía muy dentro de ella, que la Bella que había estado aquí antes del accidente no podía haber cambiado tanto en tan poco tiempo.
Cuando estaciono su Jeep frente a la Casa Cullen para dejar al par de chicas, Ángela se despidió alegre y cuando Bella estaba a punto de bajarse del Jeep, Rosalie la retuvo tomándola del brazo.
—No sé quién eres, solo sé que no eres la misma mujer que se casó con mi hermano. Pero a pesar de eso, me alegro de que estés aquí.
—Rosalie —dijo Bella asombrada y también preocupada de revelar su identidad—. Si solo pudiera decirte.
—Lo sé. Solo puedes contar ciertas cosas, trato de entender eso. Tienes mi confianza Bella Cullen, Swan o como sea que te llames, no me defraudes. Tal vez no lleve una buena relación con mi hermano, pero en el fondo es un buen hombre, confundido a veces, pero un buen hombre, no le hagas daño.
Bella se le quedo mirando, quería decirle tantas cosas a esta chica que le estaba dando la oportunidad que otros en ese Rancho no le habían dado, incluido Edward.
Pero sabía que por ahora no podía decir más de lo que ya le había dicho.
—Prometo que haré todo lo que este en mi mano para no hacerle daño, estoy aquí por eso Rosalie, estoy aquí para que nadie le haga daño.
La rubia miro a Bella profundamente, no entendía totalmente sus palabras, pero creería en su promesa y haría que la sostuviera.
Así que, con un asentimiento de su cabeza, soltó a Bella mientras le sonreía y le deseaba buenas noches.
Cuando Ángela y Bella se reunieron en el porche, la Psicóloga la interrogo con su mirada por su tardanza.
—Estaba haciendo una nueva amiga.
Ángela sonrió, entendiendo las palabras de Bella.
—Me agrada Blondi, ojalá y pudiéramos decirle toda la verdad.
—Yo también desearía decirle, pero no creo que sea posible por ahora.
Ángela que conocía el buen corazón de su amiga la consoló mediante un abrazo, mientras avanzaban a través de las puertas principales de la Casa Cullen.
Cuando ambas amigas se dirigían a las escaleras se fijaron en alguien de pie en medio del Salón.
Edward Cullen sostenía una copa de una bebida ambarina mientras miraba a las dos amigas con el ceño fruncido.
—¿Les rindió el día? —dijo con tono irónico.
—Mmm el minino saca sus garras —murmuro Ángela.
—¡Angie!
—Yo solo digo —se defendió su amiga.
—Si —dijo Bella, dirigiéndose a Edward—. Emmett ha podido encontrar un alojamiento y mañana estará camino a casa para buscar a su semental.
—Interesante —dijo el cobrizo, sin dejar de mirar fijamente a Bella.
—Bien, creo que ustedes tienen cosas de que hablar, así que yo los dejare solos —dijo Ángela.
—No, no te vayas —dijo Bella, preocupada.
—Deben querer hablar cosas de Marido y Mujer, así que yo me retiro —Bella amplio sus ojos viendo como Ángela se despedía de Bella y se alejaba por el pasillo rumbo a las escaleras.
Cuando se quedó sola en el Salón con Edward Bella no sabía que decir, no es como si todas las veces que se había quedado sola con él se hubiera sentido cómoda.
—Interesante ese amiguito tuyo, muy interesante —dijo Edward con tono irónico.
—Emmett siempre ha sido un buen amigo.
—Siempre, siempre, más interesante aún, jamás había oído hablar de tus amigos y ahora resulta que aparecen dos. ¿Dónde quedo la mujer selectiva que decía que no tenía amigos íntimos? ¿Tal vez solo Amantes?
—Edward —dijo Bella apretando sus manos en puño—. Al contrario de lo que piense tu hermana, no sería capaz de traer a ninguno hombre a esta casa que tuviera una relación conmigo, te prohíbo que pienses que tengo alguna relación con ningún hombre de esa forma que ella insinúa.
—No, ni siquiera con tu Esposo, ni siquiera conmigo —dijo Edward atropellando sus palabras.
—Edward, estas tomado —dijo Bella notando como se movía con poco equilibrio por el Salón.
—Es mi casa —dijo el cobrizo—. Puedo tomar lo que quiera cuando quiera, no soy un borracho como mi Padre o como el tuyo…
—Hasta allí, te lo dije antes, no voy a permitir que insultes a ninguno de los dos en mi presencia.
—Me prohíbes hablar de ellos, me prohíbes pensar mal de ti, ¿que más me vas a prohibir? ¿Qué te toque? Esa fue una de las prohibiciones que siempre mantuviste.
Bella se le quedo mirando, pensando en cuantas veces su hermana y su Esposo habrían tenido una discusión similar.
—Este matrimonio era un pacto, lo decidimos así desde el principio —pensando en todo lo que Jasper le había contado.
—Un pacto que tu quisiste romper.
—Lo sé. Lo siento por eso. Como te he dicho las cosas han cambiado, tendrías que olvidar todo lo que dije antes de irme porque no cumpliré con nada de eso.
—Y el imbécil de Edward te creerá —dijo irónicamente.
—No eres un imbécil —Edward volvió a fijar sus ojos en ella—. Eres un buen hombre Edward, nunca dudes de eso.
—Un buen hombre —dijo el cobrizo.
Algo dentro de él se preguntaba porque ella no podía ver más allá de eso. Se preguntó porque desde su regreso quería que ella lo viera de manera diferente. Es por eso que había bebido aquella noche. El imbécil dentro de él teniendo ese tipo de deseos hacia su Mujer, "su Mujer", irónico pensar en ella de esa forma cuando jamás se había comportado como su Esposa.
—¿Alguna vez pensaste en nosotros? —preguntó.
—¿Nosotros?
—Nunca le dimos una oportunidad a este matrimonio, lo acabas de decir, un trato, solo un trato.
—No estaba… tal vez yo no estaba lista para… para eso.
—¿Y la nueva tu esta lista para… eso?
—¿Qu... que? —no podía entender lo que había escuchado.
—Olvídalo —se apresuró el cobrizo—. Solo estoy… estoy demasiado borracho, más de lo que pensaba.
—Edward yo…
—No, no digas nada más, es mejor que no digamos nada más.
Edward y Bella se quedaron mirando uno al otro, sin saber qué hacer y sin que ambos lo supieran, sin saber que sentir.
Bella no supo si se había quedado allí un segundo o mil, solo supo que sus pies fueron los que se movieron por ella, como si se movieran solos y dio un paso al frente en dirección de Edward.
Pero en ese instante, en ese brevísimo instante, la mirada de Edward cambio. Era la mirada de un hombre hambriento, un hambre que Bella sabia reconocer. Deseo.
El cuerpo de Bella volvió a paralizarse, sabía que, si daba un paso más hacia él, olvidaría porque estaba en esa casa, olvidaría a su hermana, su sobrina, el peligro, todo, todo a su alrededor no tendría más sentido que estar junto a aquel hombre.
Pero eso solo fue un segundo, una fracción de tiempo y tomando el control de su cuerpo dio media vuelta y salió casi huyendo del Salón.
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Carlisle Cullen era un hombre paciente, eficaz, tenaz y leal a toda regla.
Había aprendido que la vida no era fácil, se lo enseño la vida, el destino y su Padre.
A pesar de lo que muchas personas pensaban, nada, nada había sido dado o regalado a Carlisle, se lo había ganado, había trabajado y sudado para ello, cosa que su Padre jamás supo reconocer. Logros como las mejores notas en el Instituto y primero en su Promoción Universitaria no llenaron a Rowan Cullen, para él, Carlisle podía aprender de manejar un Rancho contando las vacas en un arreo o colocar simples números para contar los bienes, los libros no le enseñarían a administrar nada, la Universidad era inútil y más para su único hijo.
No importaba cuantas veces Carlisle hubiera sido capaz de manejar una crisis económica familiar, no importó que Carlisle hubiera salvado a Rowan de problemas con Hacienda, Rowan jamás dio su brazo a torcer y mientras vivió, Rowan jamás dijo que su hijo fuera útil para algo, y Carlisle nunca supo por qué.
Era tan increíble para él que su Padre colocara sus propios intereses por encima del amor a los suyos, del amor a su hijo. ¿Alguna vez lo habría querido? ¿Alguna vez quiso a su Madre? ¿Alguna vez quiso a alguien más que a sí mismo?
Carlisle pensaba en todos los acontecimientos de su pasado con su Padre cuando escucho la llegada del Jeep de su benjamina a casa. Esme que había estado tomando su té favorito sonrió a su Esposo sabiendo que ambos estaban felices de que su chica estuviera en casa.
Ambos habían resentido y sufrido las ausencias y desplantes de sus hijos mayores y el hecho de que hubieran puesto distancia entre ellos rompía sus corazones. Cuando Rosalie comenzó la Universidad sus Padres temían que también tomara la decisión de irse de casa, era lo más natural para los chicos de su edad, preferir la independencia a seguir viviendo con sus Padres, pero Rosalie, para satisfacción de sus Padres, había decidido volver a casa y permanecer allí.
Para sus Padres fue una alegría, para la rubia era inconcebible dejarlos después de las historias familiares que había conocido a través de su vida.
Si algún día Rosalie encontraba a alguien que quisiera compartir su vida estaba decidida a plantearle que formaran su familia en su casa familiar, si el candidato no estaba de acuerdo sería una señal de que debía mandarlo al Demonio, punto.
—Gente, estoy en casa —grito la rubia cuando traspaso las puertas de su hogar.
—En el Salón, cariño —respondió Esme.
—Papi, Mami, su pequeña Empresaria está en casa.
Rosalie contó a sus Padres todo cuanto había acontecido en el día, todos los detalles del Entrenador de Caballos que había contratado, incluyendo los detalles de su irritante coqueteo.
Esme Cullen, que conocía bastante a su pequeña, enarco una de sus cejas cuando la interrogo.
—¿Es guapo?
—Pues si… lo es.
—Pero, ¿solo guapo o muy guapo?
—¡Mami!
—Yo solo estoy preguntando, tú siempre has podido ser sincera en eso.
Rosalie miro a su Madre y rodó los ojos, pero Esme, con su expresión, insistió en su pregunta.
—Es guapo… —Esme enarco nuevamente su ceja—. Está bien, es muy guapo, mucho.
Esme sonrió a su hija, la conocía bien y sabía que este Entrenador había dejado una impresión bastante fuerte en ella.
Carlisle, que sonreía a sus chicas, miro con cariño a su hija menor y pregunto con curiosidad.
—¿Porque te decidiste a contratarlo? No digo que no sea un buen Entrenador, Carmina Zamorano te lo recomendó, pero es amigo o dice ser amigo de Isabella. Eso no te habría gustado hacerlo un tiempo atrás.
Rosalie había contado a sus Padres todo cuanto Bella había hecho con sus yeguas y el cambio aparente que había mostrado.
—Lo sé. No es solo la recomendación de Carmina, es que… ella ha cambiado, realmente lo ha hecho, no creo que todo lo que ha mostrado desde su regreso sea una farsa, ella es como…
—Otra persona —dijo Esme.
Afianzando lo que Rosalie pensaba de Bella. También ellos habían tenido sus mismas dudas, también ellos pensaban en que esta no era la Bella que habían conocido, literalmente hablando.
—Sí, otra persona —confirmo la rubia.
—Cierto —afirmo Carlisle, mientras Esme también le daba la razón—. Pero que quiere esta otra persona que ha regresado por Bella Cullen y cuánto daño podría hacer a mi hijo, es lo que me preocupa.
Finalizo así el Patriarca Cullen.
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Al contrario de lo que Bella pensaba, Ángela no se había ido a su habitación.
Su amiga estaba al pie de las escaleras y la miraba fijamente cuando la vio salir del Salón.
Bella amplio sus ojos al verla, sorprendida por su presencia y con el entendimiento de que había escuchado todo cuanto había pasado en el Salón.
Ambas amigas no tuvieron que decir ninguna palabra, se conocían demasiado bien como para buscar explicaciones la una en la otra.
Ángela sabía que Bella estaba confundida, que dentro de ella se gestaba una gran batalla. La mujer contra la hermana. Y por más que Ángela dijera o dejara de decir, solo Bella podía decidir quién de las dos ganaría.
Bella por su parte, sabía que no hubiera importado la decisión que hubiera tomado en aquel Salón, que tampoco importaría cualquier decisión que tomara en el futuro, Ángela estaría allí, como siempre.
Ángela estiro su mano a su amiga y asintió en comprensión, si Bella necesitaba hablar de ello lo harían y si solo necesitaba que callara, también lo haría.
Ambas amigas tomaron rumbo al cuarto de Ángela tomadas de la mano cuando una discusión las sorprendió.
—Debes parar con esto Alice —dijo una voz de mujer.
—Yo sé lo que hago, no soy una loca o he perdido habilidades —se defendió Alice—. O si lo hubiera hecho, ¿serias tú la que vendría para rescatarme? La Santa Inmaculada de los Prados.
—¡No te ha dicho tu familia que cada día eres más perra! —dijo la mujer.
—¡Ponte en la cola! —la voz de Alice se coló a través de la puerta de su habitación.
Mientras Ángela jalo la mano de Bella y las oculto a ambas tras un pilar del pasillo desde donde aún podían oír los gritos de la discusión.
—¡Nada vas a ganar con tu actitud, de verdad no te cansas de tomar decisiones equivocadas! —dijo otra vez la mujer.
—¡Oh claro, Doña Perfecta está aquí dando clases de vida! ¡¿Con tu querida Charlotte haces lo mismo?! ¡O ella si es la perfecta chica buena! —grito Alice.
—¡No metas a Charlotte en esto, no tiene nada que ver con ella, basta de esto Alice, no es su culpa, jamás ha sido su culpa! ¡Esto va más allá de lo que ha pasado entre nosotras! ¡Mientras tu no quieras entender que tú y solo tú te estas llevando al desfiladero, nada va a estar, nada te hará feliz!
—¡Yo vivo la vida que siempre he querido vivir y hago lo que he querido hacer siempre, desde mi punto de vista las decisiones que he tomado son las más acertadas!
—¡¿Haciéndote daño a ti misma?! ¡¿Haciendo daño a otros?! ¡¿Cómo lo hiciste con Jasper?! ¡¿Excusándote en lo que no eres capaz de ser para seguir hundiéndote con tu actitud?! ¡¿Ocultarle cosas a tu familia es ser feliz?! ¡Tú concepto de lo correcto y la felicidad es un poco bizarro mi querida!
—¡ES MI PUTO PROBLEMA! —grito la pelinegra un poco más alto.
El silencio lo lleno todo, mientras Bella y Ángela se quedaban mirando una a la otra, un segundo después la puerta de Alice se abrió y ambas amigas se ocultaron un poco más tras el pilar.
—¡Revuélcate en tu felicidad Alice! —dijo la mujer que había estado en aquella discusión y cerrando la puerta a sus espaldas paso por el lado de Ángela y Bella sin notar su presencia.
Cuando la mujer comenzó a bajar las escaleras Ángela volvió a jalar la mano de Bella y ambas entraron a la habitación de Ángela, mientras la Psicóloga preguntaba.
—¿Quién era esa?
—Esa era una de las chicas Denali, Irina Denali —contesto Bella.
—Ok, más importante aún. ¿De qué coño estaban hablando allí?
—No lo sé, no tengo la menor idea.
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