Disclaimer: Death Note pertenece a Tsugumi Ōba y Takeshi Obata.
Misa
Probablemente era yo, probablemente eras vos, probablemente éramos ambos, ambos infinitamente nosotros, ambos imperfectamente perfectos, ambos simplemente unos insignificantes idiotas.
Te amo, y una vez te odié con fervor, rencorosamente, luego sintiéndome culpable, y lo sabes. Lo sabés con tus mágicos y grandes ojos que al parecer habían sido especialmente fabricados para observar con profundidad a los demás, penetrar en sus almas, agarrar con pinzas sus más ocultos secretos que para vos eran las más insulsas y graciosas obviedades.
«¿Por qué nadie las veía?», pensarías.
Nos conocimos tan bien...
Así conmigo fuiste. Me desarmaste con tu penetrante mirada, hiciste que me derritiera mientras corría hacia vos con desespero, queriendo envolver mis brazos alrededor de tu frío cuerpo para mantenerme armada.
Eras tan experto en eso.
También sabías cuando abrazarme, cuando ser tonto, cuando mirarme espeluznantemente para hacerme reír y no estremecer, y no temerte.
¿Por qué habría de temerte?
A veces me preguntaba qué pensaban todos de nosotros dos, qué pensaban de nuestra supuesta amistad. Muy cariñosa, por cierto.
¿Quién querría subir unos cuantos pisos para apenas saludar a Light antes de pasar el resto del día sentada a tu lado?
Light no se quejaba, más bien sus líneas de expresión se combinaban de una manera tan rara en él, pero a la vez identificable, definible. Se encontraba "chocho de la vida", con sus expresiones relajadas y con una sonrisa asomándose con confianza. Y satisfecho, felizmente ignorándome lo más posible, considerando que apenas podía alejarse de vos unos pocos metros.
Entonces, Light no apretaba sus dos hileras de dientes tan fuertemente, no cerraba sus ojos y contaba hasta tres, no resoplaba, no rodaba sus ojos, no nos dedicaba una mirada enojada cada dos segundos. Nadie se quejaba, mas bien todos insistían en ignorar.
Y yo no estorbaba, no me ponía a cantar a los cuatro vientos, no me comportaba exageradamente irritante y armaba un berrinche, como si fuera una nena malcriada, para distraer y fastidiar a todo el mundo.
O capaz que yo no estorbaba, capaz no me comportaba de la manera más perfecta, o tranquila, o callada. Aunque yo no soy una persona así: me resulta difícil forzarme a estar así.
A veces obligaba a tus piernas a tocar el asiento y me sentaba en tu regazo solo para abrazarte.
No te quejabas, no me mostrabas ni un solo signo de incomodidad. No me decías que me alejara para así volver a acomodarte en tu típica posición y razonar cuarenta por ciento mejor, o algo similar.
¿Era tan invisible? ¿Era tan insignificante que todos, al pasarme por alto, también pasaban por alto la manera en la cual cambiabas tus hábitos y tus actitudes cuando estabas conmigo?
Recuerdo no solo abrazarte, sino jugar con tu pelo como si fuera lo más importante del mundo. Recuerdo pasar mis dedos por las hebras de tu enmarañado cabello, recuerdo intentar peinarlo un poco al principio, hasta dentro de un tiempo rendirme y solo enredarlo en mis dedos y perderme en mis pensamientos, en los cuales en ocasiones aparecías sin que lo alcanzara a advertir.
Aparecían tus grandes y misteriosos ojos, aparecía cualquier comida dulce que llevabas a tus labios azucarados como si fuera lo más intocable del mundo. Pero a la vez te resignabas... No serían intocables para siempre, en algún momento esa comida dulce que tanto amabas se pondría rancia. Sí: los cubos de azúcar, los pasteles más deliciosos que cualquier otro alimento... las tortas de frutilla no se comerían solas. Por lo tanto, te empecinarías en saborearlas como si fuera una ley.
Y luego aparecía el recuerdo, nunca uno real porque nunca llegaba a serlo, de tu aroma a caramelos, a frutillas, a restos de una empalagosa porción de torta. Y yo me preguntaba cómo te las ingeniabas para seguir oliendo así, porque tu apariencia descuidada, dejada, daba a entender que no te acicalabas muy seguido.
Supe por vos que mis ojos brillaban diferente cuando no reía, cuando no curvaba los labios de manera tan pronunciada para construir una sonrisa tan amplia que lograra ocupar el ancho de mi cara.
—¿En qué estás pensando?
Me preguntabas. Y yo no temía contártelo, por más vergonzosos que fueran mis pensamientos.
—Por supuesto que me baño —contestabas, entonces. Pero no ofendido, no indignado. Siempre con esa forma de hablar tan tuya, pero con ese algo diferente que solo conmigo sacabas a flote.
oOo
Hubo un día, un día común en el que ignorábamos las ventanas que daban al cielo despejado, y nuestro mundo era solo el edificio, nuestros cuerpos rozándose, contactándose, la ropa obstaculizándolos... Aun así sentíamos la calidez del abrazo, del enredo del cual si por nosotros fuera, no saldríamos.
Sobre tu regazo, como siempre; rodeándote con mis brazos casi temiendo que te desvanecieras, que intentaras apartarme... Te abrazaba como si fueras un peluche tan esponjoso y hermoso. Formaba viento a partir de mis cortas exhalaciones y mecía tus desordenados cabellos para pasar el tiempo.
Vos apoyabas una mano en mi cintura mientras, a pesar de la posición en la que nos encontrábamos, te las arreglabas para usar sin problemas la otra. Presionabas teclas y luego la llevabas a tus labios para dejarla allí un buen rato. Suponía que mirabas pensativo la pantalla mientras pasabas los dientes por las uñas de tus dedos, pero sin morderlas. Solo los ponías ahí, revelando un tic tan lindo y humano para alguien que solo podía ser definido con las palabras "hermosamente imperfecto" o "asquerosamente raro".
Mientras tanto, yo estaba dejando que mis pensamientos se discurriesen, que viajasen zigzagueando sin un plan hasta llegar sin que me lo propusiera a aquel recuerdo sobre aquella ocasión en la cual me había acercado a vos, con un sentimiento fogoso en mi interior queriendo salir descontroladamente y molestar o contagiar a alguien que parecía contento (a un niño comiendo todo tipo de dulces, a un adulto fingiendo taladrarse la cabeza con teorías que, él sabía, eran verdades).
—¿Qué estás haciendo? —Te había preguntado, casi tentada a vociferar. Había apoyado las palmas de mis manos en el respaldo de la silla en la que estabas sentado. Me había inclinado, por lo que mi rostro estaba junto al tuyo... mejilla contra mejilla. Mis marrones ojos miraban hacia la pantalla y los tuyos quizá también, o quizá de reojo me veían.
Tu presencia me distraía, el que estuvieras a menos de un centímetro de tocarme. Las infinitas posibilidades que se me ocurrían con reflexionar sobre este hecho.
Estar apoyada en una superficie incómoda impedía que hiciera algo precipitado.
Yo seguía ahí, sin embargo, con terquedad, como si el solo acto de hacerlo significara probarte algo.
En un momento volteé mi cabeza, y vos también. Nos habíamos volteado solo lo humanamente posible para mirarnos a los ojos y buscar una respuesta en ellos. Una respuesta para nada relacionada con el mismísimo momento, tan largo, que, por lo tanto, estábamos viviendo y reviviendo infinitas veces mientras transcurría. Respondíamos sin palabras una pregunta poco profunda pero muy importante. Tu respuesta podría ser ridícula por ser verídica o inteligente por ser mentira.
¿Por qué estoy acá? ¿Por qué Light y yo estamos acá? ¿Por qué te empeñás en continuar esta ridiculez que vos mismo creaste?
oOo
No me molestaba el poco glaseado de tu más reciente pastel que adornaba tu pequeña nariz como si de un cuadro se tratara. No me molestaba la permanente intensidad de tu mirada que antes me hacía estremecer como una gelatina.
Ya no me molestaba que nuestras pieles se rozaran, no me molestaba sentir tu aliento con olor a café dulce tan cerca de mí, no me molestaba ver tan cerca esos ojos intimidantes y desvergonzados mirarme y leerme como si fuera un libro llevadero, entretenido y fácil de leer.
oOo
Yo... fui impulsiva, lo admito.
Fue raro, eso es innegable.
Quizás había sentido tan eterno el rato en el que estuvimos observándonos y buscando algo visible y revelador en el otro que quise hacer algo tonto para olvidarlo rápidamente, para dejar de pensar.
Es increíble que aquel simple acto desencadenase una historia tan emocionante.
Pero no me arrepiento. No me arrepiento de abrir mi boca y pasar mi lengua por el glaseado que había en tu nariz.
—Rico —dije, con las mejillas sonrosadas y el corazón haciendo unos sonoros bum bum. De seguro los debías escuchar como si estuvieran dentro suyo por lo espamentosos que sonaban dentro de mi pecho. Empujaban hacia arriba, parecía, instándome a derramar palabras que de algún modo entenderías, como siempre lo hacías.
Y... sonreíste. Sonreíste y eso fue lo más hermoso que pude haber visto mientras los bordes de mi visión se desvanecían y mis pensamientos se nublaban y dejaban de tener significado, mientras mis piernas se tambaleaban, se olvidaban de mantenerse erguidas, y mis manos se resbalaban, perdían su firmeza.
Mi cuerpo se precipitaba hacia adelante y no podía hacer nada al respecto. Mi frente aterrizó sobre tus rodillas, sin la gracia que, a nuestros ojos embelesados, tenían nuestras recientes acciones.
—Ay —Me había quejado, sobándome mi adolorida nariz luego de hacer singulares maniobras para, al final, sentarme en tu regazo... Habías acomodado tus piernas como lo haría una persona normal para hacerlo posible, supuse. Aun así me pareció sorprendente que renunciaras por unos momentos a estar acomodado en tu característica posición.
Te miré a los ojos y mis pensamientos fluidos se mezclaron, temblaron y huyeron.
Los demás debieron ver a una chica torpe e idiota ser infantil y hacer el ridículo, pero esas acciones, para mí, eventualmente significaron otra cosa.
Me di cuenta de algo. Pero aún no sabía de qué.
Claro que en aquel momento lo había manifestado de otra manera, empezando a dejar de enojarme con vos, a hablarte de cualquier pavada y a observar pensativamente lo que hacías. Luego empecé a abrazarte, en un inicio con la cara roja como el fuego, y pronto a acariciar tu cara sin pensarlo dos veces.
Siempre estábamos en nuestro pequeño mundo hermoso.
Haberme dado cuenta de que en aquel día en el cual mi nariz casi se rompía, y mis sentimientos por vos se habían empezado a formar, a extenderse e invadirme para en algún momento fortalecerse e instalarse... Aquello había sucedido en aquel día en un principio normal, en el cual un recuerdo cualquiera me había invadido. Sin embargo, yo no me había puesto nostálgica, ni siquiera me había avergonzado o arrepentido por mis pasadas acciones. El recuerdo simplemente me causó felicidad... felicidad y determinación. Y empecé a desarrollar y alimentar esa determinación por crear más de esos recuerdos graciosos e inolvidables.
oOo
Salí de mis pensamientos y dejé de soplar tus desordenados cabellos: en protesta, moviste ligeramente tu cabeza, sintiendo la ausencia de esa brisa suave. Te moví para poder posar mis ojos en tu cara confundida, o específicamente, en tus labios. Acerqué mis dedos hacia ellos y los junté más de lo que estaban.
Lo había hecho a propósito. Y lo sabías.
Una vez que una de tus manos grandes y suaves acarició mi mentón, sonreí con suficiencia y alcé mi cabeza inclinada sobre la tuya, te miré bien, a los ojos, y me acerqué un poco más.
En serio... ¿Todos estaban tan ocupados trabajando que no se habían dado cuenta del corto pero inolvidable beso que L y Misa, la novia de Light, estaban compartiendo sin sentir la necesidad de esconderse?
Al separarnos apenas unos centímetros, nos reímos como si recién nos percatásemos de que nos encontrábamos en el medio de un circo, de algo tan ridículo e hilarante (quizás no era tan descabellado el pensamiento). Nos reímos en la cara del otro, mientras compartíamos aliento y aire; nos pusimos de acuerdo en continuar riendo un poco más...
—¿De qué se ríen? —preguntó con curiosidad Matsuda. No lo vi, pero de seguro había apartado la cabeza de la computadora para echarnos un vistazo rápido.
—De lo estúpidamente ciegos que son todos —dije entre carcajadas, mirando tu expresión feliz y contagiosa, sin moverme.
Era gracioso pensar que te habías convertido en mi verdadero novio.
L
Era lo común volver a la cama con restos de caramelo y torta deshaciéndose en mi boca, y un bocadillo de medianoche en mi mano. Verte despierta, sentada... esperándome, no.
Tus piernas no tocaban la cama. Me podía dar cuenta, por la forma de tu cuerpo bajo las sábanas, de que estaban algo dobladas. Pero no de la misma manera en que las suelo doblar. Pocas de mis actitudes habías adoptado.
Tus brazos estaban sobre las sábanas, uno sobre tu regazo y el otro apoyado con poca energía y firmeza en una de tus rodillas. Tenías la mirada fija en tus piernas. Deduje que en alguno de los siguientes momentos, te quedarías dormida en cualquier posición: ya tus ojos se hallaban entrecerrados. Tus párpados caían y subían contínuamente, sin ceder y cerrarse de una vez. Cabeceabas, incluso.
La luz de la lámpara de la mesita de luz alcanzaba a iluminar ciertas partes de tu cansado rostro, dándote un aspecto casi serio, muy opuesto al tierno y relajado de siempre.
Entonces alzaste la cabeza una vez más y miraste hacia la puerta, hacia donde yo estaba, hasta que te percataste de que había llegado.
Fue casi instantáneo tu cambio.
Como si de una perezosa brisa se tratara, todo el sueño pareció irse volando de tu rostro, incluso de tu despeinado pelo.
Ahora tu pelo dorado se veía aún más desgreñado. Me mirabas a los ojos, lucías traviesa y determinada.
Solo porque te enojaste por que me hubiera soltado de tus confortables brazos por unos minutos.
oOo
Desperté. Y solté un corto pero ruidoso ronquido. Sentí la acostumbrada incomodidad de estar sentado de manera "normal" y tus brazos despegándose lentamente de mi cuello.
Poco a poco empezaba a volver a estar consciente de mi entorno. Algo suave rozaba mi cachete, quizá eran mechones de tu cabello.
Abrí mis ojos para ver los marrones tuyos, tu pequeña nariz y tus rosados labios curvados. Vi que me mirabas con una expresión divertida, con un deje de extrañeza y curiosidad... Quizás porque era la primera vez que me quedaba dormido enfrente de vos.
Recordé la existencia de mis brazos, que te rodeaban la espalda y te mantenían quizá incómodamente pegada a mí. Te solté y al fin tuve más que unos pocos centímetros de espacio personal.
Pude bostezar con libertad.
Mientras me frotaba los ojos con lagañas y pequeñas lágrimas, empecé a observarte mejor. Transmitías paciencia y calma, rasgos raros en una persona por lo general inquieta y emocionada. Ni siquiera te habías molestado en despertarme en quién sabe cuánto tiempo, y ahora ansío que me molestes con tus balbuceos y caricias.
Pero, mientras estabas... quieta, serena... (Sigue siendo extraño describirte con esas palabras.) Yo te observaba pensativo y veía destellos de lo que había sido mi último sueño. Ya empezaba a olvidar algunas partes, pero tenía una idea general de su contenido.
No recordaba la decoración de la habitación ni el color de la cama. Recordaba tu rostro ensombrecido y serio. Quizá lo fingías, quizá era solo un acto para que yo intentara conseguir tu perdón por haberme ido. O quizá era sincero, quizá querías hablar de algo verdaderamente importante.
También recordaba tu estado despeinado, tu apariencia salvaje y determinada. No sabía si sonreías o no. Quizá estabas planeando un ataque sorpresa, quizá me harías cosquillas o me lanzarías una almohada, quizá solo me abrazarías posesivamente para que no saliera de la cama nunca más.
De una cosa estaba seguro. Una cosa sí había entendido.
Entendí que el sueño representaba mi anhelo por tener una vida normal juntos, solos y en nuestro pequeño mundo, siempre casi eterno.
oOo
¿Existe una palabra para definirnos?
Viéndote, intenté encontrarla. Viendo tus largos mechones dorados, viendo la pantalla sin realmente verla. Sintiendo tus brazos firmemente alrededor de mi cuello, sintiendo tus manos jugando con mi pelo, enredándolo y trenzándolo. Escuchando una improvisada melodía salir de tus labios como si aquellos no fueran nada, ningún impedimento para hacer el ridículo o crear una maravilla. No estaban duros, no estaban apretados quisquillosamente... Tarareabas con soltura, de manera distraída, sin miedo o nerviosismo, trayendo algo de tu pasado no completamente olvidado. No creo que te hubieras dado cuenta de lo que hacías.
Viendo a todos los demás bastante acostumbrados a nosotros, pero no a nosotros separados, sino a nosotros juntos, abrazados y apretujados, enredados y acurrucados, pasando el rato, susurrándonos "te quiero" sin que ellos lo sepan, hablándonos trivialidades y riéndonos de vez en cuando... Casi siento que vos y yo somos los únicos con vida. Pero sé que de algún modo nos ven, aunque no lo parezca; sé que no solo están "ahí", tan enfrascados en el caso que no pueden abrir sus ojos a nada más, como gracias a vos yo sí puedo.
Ven sin saberlo, o incluso sin verlo, gestos y expresiones tuyas tan reales, y por lo tanto tan especiales... No saben lo afortunados que son. A veces pienso eso, que no te conocen lo suficiente e ignoran haber visto algunos de tus lados menos falsos.
Te veo. Te veo y a tu relajada y confiada sonrisa, a esa que no es tan grande, que no es tan grande como siempre, que no es tan grande hasta el punto de hacerle creer a personas más observadoras que en cualquier momento se va a romper y caer como pedazos de vidrio con restos de cinta vieja.
Mis ojos siempre te ven, a veces con un destello de timidez. Lo encuentro lindo, encuentro aquel acto tan pequeño como hermoso.
Quiero que no sea solo un acto: quiero que sea solo uno de un conjunto, que sea un eslabón de una cadena interminable. Quiero mirarte, contemplarte por siempre, y realmente no me importa que hayas sido la segunda Kira.
Ahora no lo recuerdas.
¿Cambiará algo cuando sí lo hagas?
Por mi parte, no. Mis sentimientos no pueden ser borrados pero mi forma de actuar fluctuará antes de cambiar o permanecer igual.
Quiero no tener que ordenar tu ejecución. Por eso espero que nunca recuerdes quien alguna vez fuiste.
oOo
A veces me hallo tan ridículo. No. No me hallo: nos hallo. Porque sí: actuamos como novios, quizá lo seamos; porque sí, nos queremos, nos amamos y queremos poder estar juntos.
Pero a veces se siente ridículo en vez de romántico, despreciable en vez de hermoso, asqueroso en vez de tierno.
Te amo y a veces no sé si alejarte, si echarte de mi vida y hacer que pases el resto de tu vigilancia bajo la lupa de alguien más, o devolverte el abrazo y no soltarte nunca más.
Solo un acto, solo algo: solo un par de palabras y cambia todo para bien o para mal.
¿Puedo decirte que te amo? ¿Puedo decirte que de algún modo me conquistaste? ¿Puedo decirte que me conquistaste al ser sinceramente vos solo conmigo? ¿Puedo decirte que siento que en algún aspecto también fui yo mismo con vos?
¿Puedo decirte que haces que mi mente cavile? ¿Puedo decirte que sos la persona más hermosa que pude haberme encontrado?
Nuestro primer encuentro había sido de algún modo mágico, extraño y significativo. Porque podríamos no habernos cruzado nunca.
O podría no haberte arrestado. Podría no haberte visto en los siguientes meses.
Si hubiera sido así, no me cabía la menor duda de que hubiera atesorado aún más aquella conversación, aquellos gestos, aquellas palabras que me dedicaste.
Dulce. Único... Y unas pocas más.
¿Puedo decirte que además de los casos que resolví, sos ese algo interesante que me mantiene activo, esperando que no termine nunca?
No quiero que esto, que esto nuestro, termine y se convierta en un recuerdo lindo e inolvidable.
Sería triste.
Pasaría el resto de mi vida escuchando tus anécdotas y conociéndote hasta no necesitarlo. E incluso si lo último lo lograra, no me daría media vuelta y te diría un simple y seco "chau", como si no quisiera pasar el tiempo con vos.
No soy así.
oOo
Recuerdo cuando... recuerdo cuando tu presencia ya no inundaba las cámaras de vigilancia, los pasillos; cuando ya no abarcabas casi permanentemente la mitad de mi visión. No me envolvías en tus brazos como si de un peluche gigante me tratara. Ni me removías el pelo o me dejabas incontables besos en mis mejillas o en mis labios azucarados antes de balbucearme cualquier cosa. Siempre cualquier cosa.
Un día: tu infancia, tus padres, cómo veías el mundo tan grande y misterioso, asombroso y digno de explorar que cada dos por tres te perdías en cada uno de los recovecos de esa parte que conocías y de todas las maneras posibles a excepción de las horripilantes que a tu edad, con tus padres vivos y sin acosadores enfermos, ni siquiera eras capaz de imaginar.
Otro día, cuando tomaste la decisión de sumergirte en el mundo del maquillaje, la ropa, el modelaje, a causa de una inspiradora charla dada en donde estudiabas.
Extrañaba todas aquellas pequeñas pero no pequeñas cosas, porque eran tuyas. Luego te contaba, tímidamente y en voz baja, mis cosas.
Entonces todo aquello se convertía en momentos, conversaciones, datos almacenados que significaban que nos conocíamos un poco más.
Ahora que ya no tenías que estar más en el edificio, extrañaba que cada día conociera algo tuyo que no se pudiera encontrar en papel o en computadoras.
Tampoco teníamos excusa para vernos.
Light había vuelto a ser Kira, pero vos aún no. Encontré esperanza en eso.
Noté que en algún momento, su relación definida como "ignorame y te ignoro" cambió a algo... diferente.
Los veía por las cámaras, veía como él te rodeaba con tus brazos de una manera para nada igual a la mía.
Nada de aquel simple acto aparentaba genuinidad. Ni siquiera por parte tuya, por esa parte que alguna vez había estado enamorada de Light.
Los brazos de él estaban rígidos. Te abrazaba con firmeza, muy bien, no demasiado fuerte… Pero la falta de calidez que se veía en él y en vos, la rigidez casi imperceptible… y tu…, y tu temblor.
En primer lugar, ¿desde cuando ustedes se demostraban cariño?, ¿desde cuando eran... novios?
Porque en aquel momento, ustedes no parecían ser eso que supuestamente habían sido desde hacía meses. Sus acciones no eran naturales porque pasaron meses sin siquiera mantener una conversación larga y cómoda.
Supuse que todo aquel raro acto tenía que ver con un plan de Kira. De seguro querría mantenerte enamorada, a su merced.
Qué lindo pensar que ya no lo estás.
Vi cómo te apartabas de él, vi cómo juntabas tus manos y las entrelazabas. Luego mirabas al suelo, y murmurabas algo. Tampoco podía leer tus labios para saber qué era.
oOo
Cuando Light volvió a subir, se lo veía visiblemente contento, con una extraña sonrisa trepando por su rostro y oscureciendo sus ojos.
—¿Por qué? —preguntó Matsuda, al respecto.
—Misa quiere que seamos solo amigos.
Y se sentó, con sus extremidades mucho menos duras que minutos atrás, mucho más relajadas y descuidadas…
Supongo que salir de una tóxica relación hace eso, se quiera o no actuar más de una manera y menos de una manera. Como siempre hace Light.
Misa
Murmuró unas palabras en mi oído, unas palabras que no pude comprender hasta que algo rozó mi mano.
De seguro fue un trozo del Death Note.
Mi respiración falló por unos segundos, mi visión se nubló y mi equilibrio se desestabilizó. Tuve que sostenerme de Light mientras mis pensamientos recibían la visita de cosas ajenas, brutales y despreocupadas con sus andares.
Jadeé... ¿De dónde había salido aquel pensamiento? ¿Y aquel otro, y aquel otro, y aquel otro?
Mis recuerdos parecían licuarse, mezclarse con otros extraños y misteriosos que se añadían interminablemente. Giraban, se revolvían y empezaban a tener sentido. Yo asimilaba, y mi antigua obsesión por Light se combinaba con ese amor más sano que tiempo atrás, justo después de perder la memoria, había empezado a sentir.
Me encontraba en un estado de duda, de conflicto. Traicionaba a la Misa del pasado, muy agradecida por que Kira hubiera vengado la muerte de sus padres.
¿Traicionaba a Kira?
Me alejé de Light, todavía desorientada. Y posé mi mirada en mis manos solo para hacer algo. Las observaba con una nueva luz, como si las viera por primera vez, como si viera la sangre que antes, en mi estado amnésico, de ceguera e ilusión, no veía.
No podía creer lo que mis ojos veían incrédulos. No podía creer que en realidad siempre había estado a favor de Kira y en contra de L, no podía creer que me había empapado de muerte y culpa, que me había humillado para poder estar con Kira, para poder estar con el hombre "perfecto", asesino del asesino de mis padres, inestable y manipulador.
No pude evitar derramar las palabras, no pude evitar decir que ya no lo amaba de la misma manera que antes.
No le dije que le temía; que me había dado cuenta de cómo era realmente cuando lo vi desde afuera y que entonces me arrepentí enormemente. No le dije que vi mis acciones y las suyas como una observadora (por lo que me di cuenta de varias cosas) antes de involucrarme y vivirlas como una humana… como la Misa del pasado y la Misa del presente.
No lo miré, pero ya imaginaba la sonrisa que pondría en su cara, más y más grande, más y más siniestra… Afilada, gigante y de oreja a oreja, que antes no era capaz de ver de la misma manera que ahora sí.
Mi balbuceo fue extraño, creo que había salido de un lugar profundo mío, creo que había salido sin control.
Un sentimiento me recorrió el cuerpo, me estremeció, me apretó el más reciente nudo en mi garganta, me revolvió el estómago apenas alimentado con las comidas especiales de modelo.
Pero al mismo tiempo me advirtió que no lo diera a conocer a Light.
Tragué eso que me daba mal sabor de boca; intenté deshacer el nudo que me pedía que sollozara.
Afortunadamente, Light no vio que mordía mis labios hasta hacerlos sangrar o que abría mis ojos a más no poder.
oOo
Tu sonrisa vino después, nuestros recuerdos juntos, nuestras conversaciones estúpidas e inteligentes, simples y profundas…
El que ya pudiera gritar a los cuatro vientos que te amaba, fue el primer pensamiento coherente que tuve después. ¿Habría sido por eso mismo que mi corazón había expulsado tales palabras sin medir las consecuencias?
Un alivio, cuya rareza percibía, se empezó a asentar en los bordes de aquella reciente e importante escena que estaba recordando.
El miedo seguía ahí, aun así.
No podía entender por qué le temía a Light si antes nunca lo había hecho. Aunque sí entendía el porqué mis acciones me espantaban ahora y no antes, cuando era el segundo Kira.
Había creído, mi "yo" sin recuerdos había creído, que si alguna vez decidía desenamorarme de L y dejar de ignorar a Light para comenzar a hablarle, sería casi imponente; que estaría a su altura y no me cohibiría; que no me aturdiría como antes; que no lo idealizaría ni minimizaría sus malas acciones.
Entonces, que Light fuera Kira, un asesino que no lo pensaría dos veces antes de matar a quien no le sirviera, hizo alguna diferencia.
Y aparentemente, el aluvión de recuerdos había provocado que le causara a Light una impresión desfavorable, difícil de superar.
Odiaba haber empezado a temerle a alguien tan despreciable e idiota como él.
De seguro me veía más patética, más manipulable.
No quiero serlo, pero en este momento es algo natural para mí.
Porque me encontraba con él. Porque así era con él.
Y ahora no sabía qué hacer.
L
Cuando estaba con vos, no podía ver nada más. Todo lo que estaba a tu alrededor se marchaba como el polvo, impulsado por la brisa del amor y la atención que te profesaba.
La primera vez en cinco días que volví a verte en persona, no podía esconderle mi sorpresa a nadie.
Apenas había podido procesar que pedías hablar, que tenías algo importante que decirme... No: que tenías algo importante que decirnos a mí y a todas las personas que estaban en el edificio.
¿Qué querías decirnos?
Todos estaban alertas, muy, muy alertas. Pero Light era el único que lo estaba de una manera diferente.
Todos dejaban ver en sus rasgos una genuina preocupación. Pero en Light no vi ni eso ni un rastro de simpatía… No vi nada que confirmara que te consideraba una querida amiga suya.
Y luego estaba Rem, aquel Shinigami que nos había acompañado cuando Higuchi Kyosuke, el tercer Kira, había sido asesinado. Él, o quizá ella, ni siquiera intentaba ocultar su curiosidad y nerviosismo, sentimientos que nunca había dejado salir... Mas bien creo que nunca había visto una sola expresión en su monstruosa cara.
Pero aquello no había sido lo único memorable de aquel inolvidable día.
De repente sacaste algo de tu abrigo, algo fino, negro. En su portada había palabras escritas en otro idioma. Las entendí al instante.
—¿Qué es eso? —Fingí no saberlo, fingí no haberlo visto con claridad.
No quería verlo, no quería creer... que... que esto realmente estaba pasando, que por alguna razón ibas a revelar que eras el segundo Kira.
—L —dijiste, sin siquiera mirarme a los ojos—, en unos días vas a morir.
Solo reaccioné a tiempo para detener a Light.
Misa
Light-kun, una persona que alguna vez quise obsesivamente, una persona que alguna vez consideré perfecta, divina… divina como los seres y no como alguien bonito. Él... Era difícil procesar lo que había estado a punto de hacer.
Había lucido una expresión furiosa y ni siquiera había intentado ocultarlo.
Cuando yo había dicho las palabras que sentenciarían a alguien, él ni siquiera había pensado, parecía querer solo detenerme en aquel momento, detenerme antes de que llegara a decir que él había sido Kira desde el principio.
oOo
¿Y yo cómo sabía que Rem iba a matarte?
La primera vez que había ido a "visitar" a Light, o mas bien a abrazarnos a sabiendas de las cámaras que nos observaban, venía con la intención de decir que no vendría a verlo tan seguido.
Claramente aquel plan había sido olvidado cuando recuperé mis recuerdos, cuando enterré, olvidé mis viejos sentimientos por él y recuperé algo de la moral que se había ido por el caño apenas mis padres habían recibido la venganza adecuada de parte de alguien que en un principio aparentaba ser la verdadera justicia y que al final solo me había demostrado que trataba a todos como peones, sin miedo a deshacerse de ellos... Los trataba como si fueran otros criminales más y no simples inocentes, y no aliados de L, de vos, que lo contradecían pero que no mataban, no robaban, no... Según Light solo habían elegido el lado equivocado.
Eso... Eso fue algo que me asustó profusamente, que me hizo temblar y amar mi vida como nunca antes lo había hecho. Porque no solo había estado cegada por la admiración y el amor enfermizo que le tenía a Light, sino que me había acostumbrado al poco amor que me tenía. Y ya tenía más que suficiente con la poca compañía que Rem me daba.
Pero luego estuviste vos, solo con tus raras sonrisas y tus gestos excéntricos, con tus palabras inteligentes, cautivadoras y graciosas que poco a poco me fueron alejando de Light, una persona callada, que no me escuchaba ni compartía sus divagaciones internas como vos al menos tratabas de hacerlo sin comprometer tu identidad.
Y entonces continué por un par de días "visitando" a Light. Para que él no pensara que había algo diferente en mí.
Porque, como ya ambos habíamos vuelto a tocar el Death Note y a recordar todo, nuestra relación de cortesía o amistad, que nuestros yoes sin recuerdos tenían, no podía seguir siendo la misma. Ahora era de conspiración y discusión sobre Kira, Death Notes, mundos perfectos…
Y así tomé una medida impulsiva pero eficiente.
Porque evitaría que murieras, aun arriesgándome a que Light me matara con su trozo de Death Note de emergencia, si es que tenía; aun arriesgándome a que me arrestaran y a que me ejecutaran o a pasar el resto de mi vida en una celda.
Pero estaría feliz porque no habrías muerto.
Si fuera por mí, no morirías.
L
Creo que nadie nunca había visto este lado en Light, muy alejado del lado estoico y sereno de siempre, del lado prudente, sensato y paciente que mostraba todo el tiempo, sin falta.
Quizás hasta hacía solo unos días habíamos visto un lado más entusiasta, alegre, humano. Pero fue hoy cuando mostró otros colores nuevos, fascinantes y fogosos.
Se había levantado de su asiento con furia rebalsando de cada parte de su cuerpo como si se tratara de los agujeros de un colador.
Esa única y visible emoción, tan natural pero tan rara en él, empapó el suelo, invadió las paredes y pareció ahogarnos a todos, avisarnos con burla que no nos podríamos deshacer de ella solo chasqueando los dedos y parpadeando dos veces.
Light ni siquiera se molestó en disimular ni en pensar. Él solo parecía verte, con una mezcla de confusión, rechazo, traición y absoluta incredulidad.
—No entiendo. ¿Por qué...?
Ahora estaba tan cerca tuyo, pero aún así sin tocarte un pelo. Mostraba en sus manos y en su rostro los movimientos e indicios necesarios para hacer real su deseo de zarandearte hasta llegar a obtener respuestas tan ansiadas a sus preguntas en ese momento incoherentes.
Los demás podrían pensar que, de algún modo, el estrés del caso y la negación de que al fin parecía resolverse, era la razón por la que Light actuaba así.
Pero yo lo sabía mejor. Y aunque vos ya estabas tratando de empujarlo, aunque ya levantabas un puño para intentar golpearlo y alejarlo de vos... Le pegué una patada.
Le pegué una patada a Light.
—¿Qué ibas a decir, Misa? —Te pregunté, despreocupado, una vez que Light estaba a un par de metros más alejado de vos, con una expresión sospechosamente contemplativa y con una mano sobre la otra... Pero no dejaba de mirarte, expectante y casi curioso. ¿Qué dirías?
—Que Light lo planeó.
Y me entregaste el Death Note, ese que toqué sin poder ignorar que menos de una semana atrás había tocado otro, que menos de una semana atrás de algún modo me había enterado de que existían cosas sin la lógica de los humanos, pero con sus propias e incomprendidas reglas.
Dado que ya había leído las reglas, en este caso solo busqué en este Death Note alguna diferencia. No tardé en darme cuenta de que faltaban dos reglas que tenía el otro…
Entonces aquellas habían sido falsas, añadidas como había especulado en su momento.
Alcé la cabeza y vi a Light haciendo algo con su…
¡No!
oOo
Y entonces ordenaría que rodearan a Light mientras iba haciendo lo mismo. Te miraría de reojo y vería tu expresión desorientada, quizá te sentirías inútil.
Pero no tendrías ningún arma más que tus puños y piernas para nada comparables a las de todos los presentes, que eran mucho más grandes, musculosos y robustos… Por lo que tu nivel de fuerza, triste y comprensiblemente, sería el más débil... Solo te quedaría usar el Death Note.
¿Pero lo harías? ¿Te arriesgarías a hacerlo con tal de salvar a alguien cuyo nombre verdadero supiera Light?
¿Te volverías a convertir en asesina? ¿Volverías a eso que olvidaste y luego recordaste para decidir no volver a hacerlo?
—No hay nada que puedan hacer.
Un reloj, una aguja y un papel con sangre estarían tirados en el suelo, a los pies de un Light que sonreía con petulancia.
Pero no sería verdad, porque sí habría algo que podría hacer. Me había aprendido de memoria algunas reglas importantes del Death Note que podrían servir.
Solo usaría el Death Note teniéndolas en cuenta en caso de que fuera absolutamente necesario. Como ahora.
Por lo tanto, de inmediato, con rapidez, empezaría a revolver el desorden que había en cada escritorio mientras los otros ya sostenían a Light y pensaban en qué podrían usar para amarrarlo preventivamente.
Y entonces volvería, con una lapicera en mi mano y con un andar pretendiendo ser firme.
Porque sabría que aquella sería la última oportunidad.
Y escribiría.
Te arrebataría el Death Note de tus manos sin preocuparme por mi brusquedad y escribiría tu nombre. Suave, sin preocuparme por la prolijidad, pero escribiría.
Escribiría a una velocidad casi inhumana, casi comparable a la de la luz, casi porque soy humano. Escribiría esperando que fuera suficientemente simultáneo a los segundos en los cuales Light había escrito tu nombre. Sabiendo que ya había pasado unos segundos, escribiría para que no murieras… Todavía lo intentaría. Aunque fuera inútil, aún persistiría.
Vería tus extremidades temblar, tu postura tambalear y tus ojos rodar. Caerías desplomada a pesar de que yo habría escrito tu nombre. Porque de seguro lo habría escrito demasiado tarde.
Pero no. No habría pasado eso y no iba a pasar. Solo había ordenado que rodearan a Light cuando lo vi caer a él en vez de a Misa, en vez de a vos.
Apenas notaba las cenizas cayendo al suelo, expandiéndose por el aire y provocando que todos tosieran y estornudaran.
L y Misa
Se podría decir que, desde aquel día, aquella burbuja en la cual vivíamos nosotros, Misa y yo, L y yo, finalmente se agrietó.
Porque quisimos ver la realidad y abandonar los sueños. Quisimos abandonar lo tonto, lo fantasioso y lo insuficientemente profundo. Quisimos abandonar el "lugar" en el cual nos habíamos metido apenas una lengua y una nariz se habían tocado como si les pertenecieran a tontos infantes. Quisimos pensar en algo más que en otro mundo, en donde las cosas son más fáciles, en donde no tenemos Death Notes o Shinigamis, en donde no tenemos las complicaciones de ser asesinos.
Nos amamos, por supuesto.
Pero, ahora, nos despedimos.
Sépase que la condena de quince años que uno de nosotros cumple, fue reducida porque, aparentemente, probar que Yagami Light es Kira fue un gran punto a favor.
Mientras tanto, el otro no duda en continuar trabajando y en estar listo para cuando nos podamos reencontrar correctamente.
Esperaremos lo que haya que esperar, nos veremos lo más que podamos hasta que seamos libres de vernos día a día y no solo en visitas programadas.
L o Misa
No puedo esperar a pasar interminables ratos con vos, acurrucados, preparados para soltar las palabras que tengamos en la punta de la lengua, preparados para besarnos y acariciarnos, reírnos y sonreírnos.
Ambos estaríamos así. Se sentiría como una eternidad, una eternidad que definitivamente habría merecido la pena, una que se rompería cuando nos separásemos para ir a trabajar.
No obstante, esa eternidad se aprovecharía, inútilmente se trataría de alargar, pero luego se dejaría, se abandonaría por un tiempo, de manera pacífica, por tener que comer, quizá.
Pero en aquel minúsculo rato en el cual no nos abrazásemos, confiaríamos en que volveríamos a entrar en ella y seríamos eternamente nosotros, y solo nosotros.
Misa
¿Qué tan fácil es acomodarme en tus brazos?
Creo que lo recordé. Creo que luego de quince años de compartir solo unos superficiales y efímeros abrazos, lo recordé.
Te reconocí, corrí hacia vos y te salté encima, ya sin tener que preocuparme por que piensen que te voy a lastimar porque, adivine todo el mundo, ¡soy libre!
Te rodeé tu torso menos delgado, menos juvenil, y sentí cómo tus manos acariciaban mi pelo y me rodeaban mis huesudos hombros de casi treinta y cinco años.
¿Cuál es la respuesta, entonces?
¿Qué tan fácil es acomodarme en tus brazos?
(Tardo menos de un segundo y prometo insultar y pegar a quien se atreva a sacarme de un lugar tan cómodo.)
...Me resulta tan fácil como respirar.
Notas:
Hay una regla que dice que si escribís en un mismo Death Note un nombre al mismo tiempo que alguien más (en otro Death Note), y si pensaron en la misma persona, esa persona no muere. El L de la imaginación de L estaba pensando en esa regla cuando escribió el nombre de Misa.
L y Light están empatados en el puesto de "personaje favorito" y superan a Misa por un poco no tan poco. Aclaro por si consideraron que escribí a un Light malo muy malo. Además de que fue Misa quien describió a Light así porque le había empezado a temer.
