Disclaimer:Twilight y sus personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo sólo juego con ellos.

Erasing the Bounds.

Capítulo 15

Ryan terminó diciéndole a Edward que iba a trabajar con Aaron y Jack.

Edward aceptó y se dirigió al estudio después de tomar café.

Aaron y Jack eran agradables, eran divertidos y muy creativos. No tuvieron problema en entender lo que Edward quería.

Se divirtieron mientras grababan la canción. Y terminaron.

Edward les dijo que tenían que volver a trabajar juntos, ellos dijeron que definitivamente.

Nueve horas después se estaba dirigiendo a casa. Revisó sus notificaciones por primera vez desde la madrugada.

Tenía dos mensajes de Bella y algunos de Benjamín y Tia.

¿Dónde estás? y Supongo que estás ocupado. Que todo salga bien. Te amo.

Benjamin y Tia estaban acordando unos negocios. Los ignoró.

Llegó a casa. Bella y Rosalie estaban cocinando o terminando. Las saludó.

—Hola, ¿dónde estabas?—preguntó Bella.

—En el estudio—respondió—. Fue un buen día.

Bella sonrió.

—Genial.

Cenaron arroz y pollo teriyaki. Edward estaba hambriento y adormilado.

Cuando Bella se fue a su habitación a terminar la tarea, Edward se quedó en la sala. Rosalie estaba recogiendo algunos libros que estaban desperdigados por el suelo y la mesa.

—Le escribí una canción a Chelsea—le dijo.

Rosalie detuvo sus movimientos y lo miró, sorprendida.

— ¿Por qué?

Edward se encogió de hombros.

—Ver eso me recordó algunas cosas.

Rose se sentó a su lado.

—Oh oh, espero no ser la causante de tu ruptura con Bella—bromeó.

Edward se rio entre dientes.

—Es más como… una disculpa—. Rose arqueó la ceja. Él se encogió de hombros—. Ya la escucharás.

— ¿Cómo la nombraste?

—Coney Island.

—Estaré al pendiente—dijo ella y luego le revolvió el cabello.

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Rosalie fue a ver el perfil de Chelsea. Sólo por curiosidad. Vio sus historias en Instagram. Había estado contestando unas preguntas, le preguntaban sobre la escuela y sobre lo que iba a cenar y luego alguien le preguntó qué le había parecido el vídeo de Edward.

"Totalmente lo amé", respondió.

Rose sonrió.

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Charlie no estuvo muy contento con el hecho de que Edward le hubiera comprado una laptop a Bella.

—Charlie, fue sólo un regalo—le dijo ella. Estaba sentada, congelándose en el balcón del apartamento. El viento a esa altura realmente estaba frío.

—Pero… eso es costoso y… no está bien, Bella.

— ¿Por qué no?—preguntó ella—. Seamos honestos, Charlie, te ahorró el dinero. Saliste ganando.

—Sí pero… se ve como si estuvieras abusando de él.

Bella se rio entre dientes.

—Yo no se lo pedí. Fue algo que quiso hacer, seguramente pensando que iba a pasar bastante tiempo para que yo consiguiera una laptop.

Charlie refunfuñó. Bella se imaginó que su bigote se movía.

—De acuerdo—él dejó de pelear—. Bella, tu madre llamó.

Bella apretó los dientes.

—No me interesa, Charlie.

—Bella…—él inició.

—No, papá, lo siento. No me interesa.

—Dijo que habían discutido y que no quieres hablar con ella—. Charlie la ignoró.

—No quiero… no ahora… no en mucho tiempo—dijo—. ¿Te contó la razón?

—Dijo que habías sido egoísta y que te habías negado a ayudarle.

— ¿Te contó a qué se refería con "ayudar"?

—No. No pregunté.

Bella soltó una risa seca.

—Quería que le sacara dinero a Edward para dárselo a ella.

Charlie no dijo nada.

—Dijo que estaba bien, que no tenía nada de malo. La mandé a la mierda. ¿Quién rayos se cree que es? Está jodida.

—Bella, vocabulario—reprendió Charlie.

—Está loca.

—Oh, tu madre puede ser…

—Una arpía—Bella lo interrumpió.

—Sólo cálmate, ¿sí?

— ¿Estás de su lado?—Bella preguntó, asombrada.

—No. Eso estuvo mal. Pero sólo cálmate.

—Lo haré.

— ¿La llamarás?

—No.

—De acuerdo—Charlie no insistió—. Sea lo que sea que hagas, te apoyaré.

Bella sonrió.

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Edward estaba cansado y harto. Habían visto la audición de quince personas. Quería cerrar los ojos y dormir.

El incesante sonido del teclado de la computadora de Tia lo estaba sacando de quicio.

Benjamín tecleaba en su celular mientras esperaban por el siguiente. Kate lo miró y le dio una sonrisa triste. Debía sentir lástima por él.

— ¿Quieres que te traiga un jugo o algo?—le preguntó.

—Un Gatorade—él dijo, ella sonrió—. Gracias.

Kate salió de ahí con una sonrisa, su largo cabello rubio volando con el viento. Edward se seguía sintiendo extraño con Kate alrededor, no quería tratarla como una sirvienta pero Kate se lo ponía muy fácil. Siempre siguiéndolo con una botella de agua por si Edward estaba sediento o siempre sonriéndole en plan "anda, pídeme lo que quieras."

Edward suspiró.

— ¿Cuántos faltan?—preguntó.

—Eehh…—Tia se detuvo para mirar las hojas junto a ella—alrededor de doce.

Edward gimió.

Llevaban cuatro horas ahí, sentados detrás de una mesa, viendo audiciones de músicos que querían conformar su banda.

Estuvo a punto de decirle a Benjamin que no necesitaba una banda, que sobreviviría de presentaciones acústicas por el resto de sus días.

El siguiente aspirante entró. Era un chico alto, fuerte, parecía un oso. Como Emmett. Su nombre era Rodrigo. Llevaba una guitarra con él.

Edward reprimió otro suspiro. Kate llegó con su Gatorade de moras cuando Rodrigo iba a mitad de su presentación.

¿Qué era lo que estaban buscando de todas formas? Todos tocaban bien, Edward no lo entendía.

Le dieron las gracias a Rodrigo y esperaron al siguiente.

Edward se talló los ojos.

—Deja de parecer asqueado—le dijo Benjamín—. Estos chicos lo notan. Deja de hacerlos sentir mal.

—Estoy cansado, quiero dormir—. Edward puso su frente contra la mesa.

—Tienes un mensaje—. Kate le pasó su celular y Edward lo tomó.

Lo abrió.

Era una foto de Bella, le estaba mostrando los pechos. Edward sonrió.

Esa pervertida seguramente se desabrochó la blusa dentro de un cubículo del baño de su escuela.

Edward cerró la foto rápidamente para que nadie más la viera.

Animo, sal de ahí pronto. Estaré en casa.

Deliciosos, le respondió.

Y ahora estaba bien despierto, pero necesitado.

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—Sólo le pediremos explicaciones, Swan—dijo Rosalie, saliendo del elevador de los dormitorios de UCLA.

Buscaban a Charlotte.

—De acuerdo pero no te pongas agresiva. La vas a asustar.

—No asusto—. Rose rodó los ojos. Claro.

Caminaron por el pasillo y Rosalie tocó la puerta del dormitorio F2. Charlotte abrió después de unos segundos.

—Oh, hola chicas—les sonrió—. Pasen.

Se hizo a un lado y ellas entraron. En verdad los dormitorios eran pequeños. Las camas no estaban hechas y había un desastre en el piso, ropa y zapatos y empaques de comida. Había tarjetas de memorización rápidas sobre una cama.

—Estaba estudiando—dijo Charlotte—. ¿Qué hacen aquí?

—Fuimos a una fiesta—inició Rose—. Y nos dijeron que tú habías invitado a unas chicas a la fiesta que hicimos en nuestro apartamento.

—La fiesta de la tragedia—Bella completó.

Charlotte miró el piso, ya no sonreía.

—Lo siento, fue un error—dijo.

—Si lo hiciste entonces—Rose le entrecerró los ojos—. ¿Por qué?

—No lo hice a propósito—Charlotte se precipitó a aclarar—. Estaba borracha y en realidad sólo iba a invitar a mi rommie.

— ¿Entonces?—Bella preguntó, queriendo saber más.

—Me equivoqué de persona. Seleccioné el contacto incorrecto. Sólo le dije que viniera a la fiesta y le pasé la dirección. Me di cuenta al día siguiente cuando le pregunté por qué no había ido, dijo que no le había dicho nada y revisé el teléfono y era… fue un error. Lo lamento mucho.

— ¿Por qué no nos lo dijiste?—preguntó Bella.

—Estaba avergonzada. Ni siquiera se lo dije a Jasper cuando me contó que estaba triste por haber hecho que Edward se mudara.

— ¿Nunca lo ibas a decir entonces?—preguntó Rosalie, con los brazos cruzados. Si daba algo de miedo.

—Si… eventualmente. Cuando las viera en algún otro lugar… cuando no me diera vergüenza.

Charlotte se rascó la oreja.

—Lo lamento—murmuró—. Entiendo completamente si están molestas, en especial tú Bella—miró a Rose.

—Está bien, sólo… hubiera estado bien que lo dijeras—. Bella la tranquilizó.

— ¿Jasper lo sabe?—preguntó.

—No—contestó Rose—. No se lo dijimos.

—Se lo diré—anunció Charlotte—. Lo prometo.

—De acuerdo—dijo Bella—. Eso estaría bien.

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Bella deslizó su dedo por la pantalla del celular. Suspiró y se presionó la palma de la mano en un ojo.

— ¿Qué pasa?—Rose preguntó, alzando su vista del libro que leía.

—No encuentro nada.

— ¿Nada de qué?

—No sé qué darle a Edward—dijo Bella—. Maldición, él es rico, puede comprarse cualquier cosa. No necesita nada.

Rose se rio.

—Eso es cierto—señaló—. Pero seguramente hay algo que necesita, piénsalo.

—Bueno, necesita dormir.

—Entonces regálale una almohada—se burló Rosalie. Bella estiró la pierna y le acercó el pie a la cara. Rose lo empujó—. Asco.

— ¿Qué le darás a Emmett?

—Sexo—Rose murmuró.

— ¿Enserio?

—Si… sexo y ropa. Necesita ropa—dijo—. No ha comprado ropa en más de un año, es triste.

Bella rodó los ojos.

—Ayúdame a buscar algo—gimió.

—No puedo. Estoy estudiando.

—Por favor. Sé una buena amiga—Bella hizo un puchero.

Rose la miró de nuevo.

— ¡Bien!

Bella sonrió

San Valentín era en dos días y Bella no tenía idea de qué hacer, no tenía algo planeado, era mala en planear cosas. Todo le parecía demasiado tonto o demasiado cursi o demasiado elaborado.

Pasaron la siguiente hora viendo el armario de Edward, aprovechando que los chicos se habían ido a su casa a pasar una "tarde de hombres." Rosalie la llamó "tarde de porno."

Aunque fue bueno que se fueran. Bella y Rosalie limpiaron a fondo el apartamento por primera vez desde que llegaron a California. Y pudieron dejar de usar brasier y cambiarse a unos shorts diminutos cuando les dio calor.

—Te lo digo, Bella, que podemos comenzar a hacerlo cuando ellos están.

—No, gracias, son unos pervertidos. No quiero que Jasper se masturbe recordándome mientras quito las cortinas y me inclinó a fregar la regadera.

—Ese no es nuestro problema. Es de ellos. No es nuestra culpa que no puedan respetar a alguien.

—Lo entiendo pero en realidad no quiero que Edward vea tus bubis a través de la blusa.

—Ya los vio—. Rose se encogió de hombros. Bella se giró a mirarla, con el ceño fruncido—. Esos besos del verano en que llegaste a Forks no fueron sólo besos.

— ¿Qué? ¿Te acostaste con él?

Rosalie rodó los ojos y se rio ante la mirada letal de Bella.

—No. Bromeaba.

—Ah… no vayas a dejar de usar brasier—dijo ella.

Ahora, Rosalie rebuscaba entre las ropas de Edward.

—Esto es estúpido—. Bella se tiró a la cama, tomando una playera y olfateándola. Olía como a Edward y a detergente y a sudor. Edward la había dejado tirada, como siempre, junto al cesto de ropa sucia.

—No lo es—suspiró Rose—. No, ¿sabes qué? Si es estúpido—se rindió y cerró las puertas del armario.

— ¡No sé qué hacer!—Bella lloriqueó.

— ¿Por qué no sólo te desnudas y te envuelvo en papel de regalo?—ofreció Rose.

— ¿Con un moño en la cabeza?—Bella se descubrió la cara.

—Aja.

—Eso apesta.

—Lo sé—Rose murmuró. Miró alrededor—. Regálale unas revistas porno.

— ¡No, estás loca!

— ¿Por qué no? Tiene algunas en el closet—Rose señaló con el pulgar.

— ¿Qué? Claro que no—Bella fue a buscar.

—Sí, están debajo de las cajas de recuerdo de Forks.

Bella removió las cajas de cartón.

— ¡Oh por Dios!—tomó una revista—. ¿Por qué tiene esto?

—Porque es un chico y los chicos son asquerosos. Muévete—Rose la empujó y tomó otra.

Se sentaron en la cama, hojeando las revistas.

—Mira, puedes vestirte así—. Rose señaló a una bibliotecaria caliente—. Tengo unos anteojos por ahí.

—Buena idea—dijo Bella.

—Demasiados pechos aquí—Rose murmuró—. Oh, mira, que lindo tatuaje—señaló otra foto—Uuhh, vístete de rockera sexy. Mira. Apuesto a que le va a gustar que te frotes contra su guitarra.

—Asqueroso—Bella rio entre dientes.

— ¡Lo tengo!—Rose se levantó— ¡Dale una guitarra!

Bella la miró, sonrió.

—Esa es una buena idea—dijo, luego borró la sonrisa—. Pero olvídalo, las guitarras son costosas.

—Bueno algo, pero conozco a un chico—Rose alcanzó su celular—. Sabe de guitarras.

—No puedo pagar una guitarra, Rose.

Rosalie rodó los ojos.

—Para eso están las amigas. Te prestaré dinero.

—No—Bella se negó, cerró las revistas—. No puedes prestarme dinero para pagar la guitarra de mi novio.

—Lo haces sonar como si te estuviera diciendo que me lo prestaras por una noche—Rose arrugó la nariz—. Supéralo.

Se vistieron después de que Rose hablara con su amigo y salieron rumbo al centro comercial.

— ¿Estás segura que puedes prestarme? Me siento como un parásito.

—Claro—dijo Rose.

El amigo de Rose les recomendó una guitarra y una tienda de música.

Entraron y caminaron por el lugar.

A Bella le gustó una negra con pequeñas estrellas blancas. A Rose le gustó una verde oscuro con diseños irregulares dorados en el mástil.

—Cualquiera de las dos es perfecta, Bella—dijo Rose—. Pero la verde es más perfecta.

—Pero la negra se ve tan elegante.

Dejaron que un chico que estaba por ahí decidiera. Ganó la negra.

Rosalie rodó los ojos.

—Pequeño imbécil—musitó cuando el chico se alejó.

Rosalie pagó la mitad y luego salieron de ahí.

—Vamos por un helado—tomó la mano de Bella.

—Tenemos que regresar a casa antes de que ellos lleguen—dijo Bella, lamiendo el helado una vez que se sentaron en una banca.

—Lo haremos.

No lo hicieron. Rosalie entró a comprar lencería. Le compró un conjunto a Bella.

—Bella, puede que la guitarra sea el regalo pero tu vagina también lo tentará.

Bella se rio y aceptó la bolsa de Victoria's Secret que Rose le tendió.

—Te dije que teníamos que llegar antes—dijo Bella cuando vieron el Volvo aparcado en el estacionamiento.

—Pff, tranquila—Rose le restó importancia con un gesto de mano—. Los idiotas sólo volvieron porque tienen hambre, estoy segura.

Rose convenció a Bella de entrar al apartamento y robar las llaves de la casa de Edward.

Se escuchaba ruido en su habitación, se estaban riendo de algo. Bella tomó las llaves de donde Edward siempre las colgaba y se escabulló.

Cuando llegaron a casa de Edward, Rosalie quiso dar un tour por el lugar. No la conocía.

—Es lindo. Me gustan las ventanas—criticó—. Pero hace falta comida—dijo, abriendo el refrigerador.

—Andando—aprontó Bella.

Habían dejado la guitarra debajo de la cama, esperaba que Edward no la descubriera.

—Espera, veamos qué es lo que estaban haciendo—dijo Rose, encendiendo la tele.

—Videojuegos—dijo Bella.

—Nop, no son videojuegos—se rio Rose. Estaba el canal de Brazzers.

—Qué asco, ¿cómo pueden ver porno juntos? ¿No es incómodo que tus amigos vean tu erección?

Rose se encogió de hombros.

—Son unos desviados. Creo que es más caliente que dos chicas vean porno juntas.

Rosalie cambió el canal y lo dejó en la transmisión de My Little Pony antes de apagar el televisor.

—Acabo de recordar que no guardamos las revistas—dijo Bella antes de que Rose abriera la puerta de su apartamento.

—Bien, podemos decirles que nos frotamos mientras ellos no estaban.

Bella se rio.

Ellos estaban en la sala, jugando videojuegos.

— ¿Qué están haciendo aquí?—preguntó Rosalie.

—Aquí vivimos—dijo Jasper—. Por cierto, vimos lo que estaban haciendo, pervertidas.

—Maldición, fuimos a comprar un poco de lubricante—Rose dijo y luego nalgueó a Bella cuando se perdieron por el pasillo.

Ellos habían sacado más revistas y las habían dejado desperdigadas por toda la cama.

Rose convenció a Bella de probarse ropa.

—Rose, no, que aburrido. Tengo hambre.

—Deja de pensar en comida, Bella—. La regañó Rose—. Anda, quítate la ropa.

Rose fue a su habitación y trajo ropa con ella.

Bella gimió pero la obedeció. Estaban eligiendo un atuendo para San Valentín.

— ¿Qué vas a hacer ese día?—le preguntó Bella.

—Emmett va a llevarme a cenar. Ya era hora—. Respondió—. Es un tacaño.

—Creo que prefiere pagar la renta que llevarte a comer.

—Como sea—Rose se quitó el vestido que usaba.

Bella trataba de abrir el cierre de uno de los vestidos que Alice le había enviado.

Entonces la puerta se abrió, con una patada.

— ¡Ahh!—Bella gritó. Rosalie se giró, sin inmutarse.

— ¡Sí!—Jasper gritó— ¡Lo están haciendo!—gritó por el pasillo.

—Jasper, lárgate—dijo Rose, sin taparse.

Bella uso el vestido de escudo.

Cuando los otros dos fueron a ver, Rose comenzó a lanzarles revistas. Les cerró la puerta en la cara.

—Suficiente por hoy—dijo Bella, agarrando su ropa.

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El martes se encerraron en la habitación de Bella para prepararse.

Estrenaron la lencería que habían comprado el sábado y Bella onduló el cabello de Rosalie. Bella sólo peinó su pelo, dejando que sus ondas se marcaran por si solas. Rosalie hizo una mueca.

—Al menos déjame rizarlo un poco.

Bella perdió la batalla. Rosalie rizó sus puntas.

Edward le había dicho que cenarían en su apartamento, porque así no los molestarían.

—Además sólo hay que subir las escaleras para llegar a la cama. Es una situación de ganar-ganar—había dicho.

Bella no quería usar demasiado maquillaje. También perdió en eso. Rosalie le puso sombras rosas en los párpados.

—Te ves linda, Bella. Combina con tu vestido.

Rosalie iba a usar el vestido lila que Alice le envió.

—Recuérdame por qué estoy usando vestido—dijo Bella mientras se ponía algo de rubor.

—Porque cuando lo haces en el auto, las faldas son tu mejor amiga. La alzas, te meten mano, la bajas, la ajustas y ¡pum! Estás lista. Cariño, es rubor no aerosol—le arrebató la brocha a Bella.

Bella rodó los ojos.

—Ni siquiera lo voy a hacer en el auto.

—Bella…—Rose suspiró—. A veces creo que pretendes ser tonta o tal vez en realidad eres estúpida—. Se giró para ajustar su vestido.

—Eres una perra.

Cuando salieron de la habitación, los chicos estaban en la sala.

—De acuerdo. Me voy—dijo Jasper, que estaba tomando sus llaves.

— ¿Y tú a dónde vas?—se burló Rose.

—Tengo una cita.

— ¿Con una chica?—preguntó Bella.

Jasper le entrecerró los ojos.

—Sí, con una chica, Bella. Que espero no esté como tú, luciendo como si Barbie le hubiera vomitado encima—se burló.

Bella le golpeó la frente.

—Oh, Jasper, no olvides la penicilina—le respondió.

— ¿Envidia, chica vainilla?—. Él se rio y se fue.

Edward y Bella se fueron antes que Rose y Emmett.

Rose tenía razón. Las faldas eran tu mejor amiga.

Edward le metió mano en el auto.

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Edward se detuvo unas cuadras antes de llegar. Tecleó en su teléfono.

— ¿Qué ocurre?

—Nada—él negó con la cabeza.

—Bueno, andando—Bella apremió.

— ¿Alguien tiene hambre?—Edward se burló.

—De hecho si—Bella dijo, recargó su cabeza en la ventanilla y suspiró.

Edward golpeó el volante con sus dedos, siguiendo el ritmo de la música.

—Necesito un pañuelo—dijo Bella.

—Hay toallitas ahí—Edward señaló la guantera y Bella la abrió.

Bella comenzó a limpiarse sin importarle si alguien la veía. Edward recibió otro mensaje, respondió y luego encendió el auto.

—Ya era hora—se quejó Bella. Arrojándole la toallita sucia en la cara. Cayó en su regazo.

Edward la tomó y la olfateó.

— ¡Asco!—Bella chilló y se la quitó. Edward se rio.

Edward entró a su garaje y luego ayudó a Bella a bajar del auto.

Caminaron por el pasillo. Incluso el garaje era lindo. Edward le sonrió antes de abrir la puerta.

— ¡Vamos!—Bella lo empujó por el brazo.

Edward sonrió ampliamente y abrió la puerta.

Bella suspiró, observando.

— ¿Enserio?—se burló.

Edward gorjeó.

—Enserio.

El lugar estaba iluminado por velas, algunas eran aromáticas, y por las luces que colgaban en el jardín. La encimera, que hacía pasarse por mesa, estaba puesta y había un camino de flores hasta las escaleras. Bella se imaginó que llegaban hasta la habitación.

—Si te sirve de consuelo, usé lavanda y lilas en lugar de rosas.

—Mis favoritas—Bella murmuró, acercándose.

—Si—él respondió.

—Huele delicioso—dijo ella—. Todo.

Edward seguía junto a la puerta, luciendo nervioso.

—Entonces… ¿te gustó?—preguntó.

— ¿Bromeas? Es genial—dijo Bella, dejando su mochila sobre el sillón—. Gracias.

Edward sonrió y luego se acercó a ella.

La besó, tomándola de la cintura. Bella jaló su camisa con sus puños.

¿Por qué estaba tan nerviosa? Probablemente se debía a que todo era demasiado romántico, todo gritaba "relájate, sé vulnerable, baja las estrellas."

Suspiró contra los labios de Edward. Edward sonrió. Él también lucía nervioso. Sonaron los grillos.

Bella decidió dar el primer paso.

—Olvidaste la música.

—Claro que no—él murmuró y luego caminó a la cocina—. ¿Qué quieres escuchar?

— ¿Tú qué crees?—Bella se acercó.

— ¿Rap?

Bella rio.

—Muévete—lo empujó con la cadera y luego presiono play cuando encontró el álbum de Edward.

—Bueno, se va a enfriar la comida—Edward la empujó por la espalda hacia el comedor.

Bella le ordenó que se lavara las manos.

La cena era pasta Alfredo y filete con romero, también había pan de elote.

—Sé que te gustó el pan de elote del restaurante mexicano en el cumpleaños de Jasper.

—Si—ella asintió—. ¡Genial!—dijo, tomando un trozo. Estaba suave y caliente—. ¿De dónde sacaste todo esto?—preguntó.

—Yo cociné—Edward dijo.

—No seas gracioso—Bella mordió el pan.

Él se rio.

—Kate me ayudó—dijo—. Es una buena asistente.

—Le daré las gracias—aceptó Bella.

Comieron mientras hablaban de las clases de Bella, ella siempre le preguntaba sobre su música y ahora él quería saber de ella.

Bella se aburrió después de un rato y le preguntó sobre la canción que había grabado.

— ¿Puedo escucharla?—le pidió. Edward fingió no inmutarse.

—Luego—dijo.

— ¡No! Ahora—imploró Bella, haciendo un puchero.

Iba a tener que darle explicaciones, no quería arruinar la noche perfecta que estaban teniendo.

—Luego—él aceptó—. Está en mi computadora. Y la dejé en casa—se zafó.

—De acuerdo—Bella aceptó.

—Descubrí a una cantante francesa. Me gusta. Quisiera colaborar—dijo él—. Pero obviamente no va a suceder.

— ¿Por qué no?—Bella frunció el ceño.

—Porque no soy nadie—él dijo. Bella rodó los ojos.

—Cállate. Deberías intentarlo.

—Lo haré.

El postre fue pastel de moras.

Bella se sirvió dos veces.

—Uhh…—se quejó, recargándose en la silla. Se sobó la barriga—. Estoy llena.

Eructó.

—Lo siento—dijo. Edward se rio.

Edward llevó los trastes al lavavajillas y Bella fue al sillón. Se tiró, demasiado llena.

Cerró los ojos un momento y luego Edward le acarició la nariz. Lo miró pero en su lugar había un ramo de flores. Dalias.

Sonrió.

Luego Edward lo movió hacia un lado, apareciendo detrás de él.

—Eres una caja de sorpresas, Edward Cullen—Bella sonrió y tomó el ramo. Lo olió, cerrando los ojos—. Gracias.

Edward sonrió, con ternura. Estaba en cuclillas frente a ella.

—Bueno, creo que es hora de que me ponga en una rodilla—lo hizo, metiendo la mano debajo del sillón.

Bella abrió los ojos, asustada.

Edward se carcajeó.

—Estoy bromeando.

De igual manera, Edward sacó una caja plateada. Bella sonrió.

—Bella…—murmuró, mirándola a los ojos, luego abrió la caja.

Era un par de aretes. Preciosos, brillaban a la luz de las velas, emitían arcoíris.

—Edward, son preciosos—Bella dejó el ramo de flores en su regazo y tomó la caja, con una gran sonrisa—. Muchas gracias, vaya, son hermosos.

Edward sonrió.

Luego Bella lo miró y no pudo contenerse, dejó las cosas en el sillón y lo abrazó.

—Eres genial—le besó el cuello—. Te amo.

Edward inhaló en su cabello, acariciándole la espalda.

—Yo también te amo.

Bella alejó su rostro y lo miró a los ojos.

—Te amo—volvió a murmurar y le dio un casto beso en los labios, luego otro y otro.

Edward sonrió.

—Me alegra que te hayan gustado.

—Son perfectos. Todo… todo es perfecto. Gracias por esta noche.

Edward seguía sonriendo sin mostrar los dientes. Se sentía feliz, muy feliz, su pecho se estaba expandiendo, el corazón estaba por estallarle.

Ver a Bella ahí, a la luz de las velas, con sus ojos coloreados de rosa y sus labios partidos en una sonrisa… sentía que podía explotar y elevarse al cielo.

—Mi regalo está arriba—ella confesó. Edward pareció sorprendido.

— ¿Arriba? ¿Te refieres a… la habitación?—se acercó a besarla, hablando en voz baja.

Bella se rió.

—Si.

—Genial, andando—Edward se levantó y le tendió la mano.

—Necesitan agua—dijo Bella, tomando el ramo de flores.

Edward tomó dos copas y una botella de champán. Bella dejó las flores dentro de un florero, que "casualmente" Edward encontró en una alacena.

Tomó a Bella de la mano y la guio por las escaleras. Las piernas de Bella temblaban, ¿qué le ocurría? Había estado con él miles de veces, entonces por qué en ese momento sentía que le faltaba la respiración y que su estómago se agitaba.

Intoxicación por filete con romero, pensó.

La habitación estaba llena de velas también y cómo Bella pensó, el camino de flores terminaba a los pies de la cama. Por suerte, no había pétalos sobre ella.

Edward abrió la botella mientras Bella se sentaba. Sirvió las dos copas y le pasó una. Bella le agradeció con una leve sonrisa y bebió. Edward hizo lo mismo.

—Bueno, ¿y mi regalo?—tamborileó los dedos contra la copa.

Bella se rio.

—Cierra los ojos.

— ¡Genial!—Edward sonrió y la obedeció.

—No mires. Mejor gírate.

Edward hizo lo que ella le pedía.

Bella rodeó la cama y se agachó, la luz de las velas apenas era suficiente para ver la guitarra en su estuche. Miró a Edward, seguía de espaldas y se balanceaba sobre sus pies.

Bella se estiró para atrapar alguna correa del estuche. Lo alcanzó y lo arrastró hasta afuera.

— ¿Necesitas ayuda?—Edward preguntó, jocoso.

—No, no mires.

—No estoy mirando.

Bella abrió el estuche y puso la guitarra en medio de la cama. Luego fue hasta colocarse frente a él.

—Ya puedes mirar—Edward abrió los ojos y la vio.

— ¡No, sigues vestida!—hizo un puchero.

Bella se rio.

—Mira la cama—le ordenó.

Edward le entrecerró los ojos y se giró.

— ¡Mierda!—dijo.

Bella rápidamente tomó el cierre de su vestido y lo bajó. La prenda cayó a sus pies, se sacó los zapatos.

Edward había tomado la guitarra en sus manos y la giraba.

— ¡Bella, es perfecta!—festejó, haciendo tocar las cuerdas.

Bella respiró profundo y caminó hacia su lado.

—Me alegra que te guste—dijo.

— ¿Bromeas?—Edward dijo y le dio un vistazo. Regresó su mirada rápidamente a ella—Uhh—murmuró.

Bella se sonrojó.

—Claro que me gusta—dijo él, sin dejar de verla.

Bella se miró los pies, incómoda.

—Ven, tírate en la cama—le tomó la mano. Bella se sentó en el borde.

— ¿Por qué?

—Sólo tírate—Edward la empujó por el hombro. Bella lo hizo, colocó sus brazos doblados a lado de su cabeza.

Edward dejó la guitarra a su lado y sacó su teléfono.

—-¿Qué rayos haces?

—Tomando foto a mis dos cosas favoritas. Ahora sonríe.

Bella lo hizo.

Edward se terminó su copa de champán en un trago y le pasó la suya a Bella, hizo lo mismo.

—Me siento elegante—Bella arrastró las palabras y volvió a recostarse sensualmente. Alzó una pierna.

Edward se estaba desvistiendo sin dejar de verla.

Bella se estaba abochornando. La mirada penetrante de él sobre ella era suficiente. Sentía su centro cosquillear y las mariposas en su estómago estaban vueltas locas.

Cuando Edward estuvo completamente desnudo se cernió sobre ella. Besando su abdomen y luego bajó y besó su monte sobre el encaje rosa, regresó hasta arriba besando sus pechos sobre la tela y luego el escote y luego el cuello.

Bella abrió la boca, resopló.

Edward finalmente la besó en la boca. Bella rodeó su cuello con sus brazos.

Le bajó los tirantes del brasier, demasiado desesperado como para desabrocharlo, además de que no sabía muy bien cómo hacerlo.

Cuando tomó los pechos de Bella en su boca, ella arqueó el cuello y desabrochó el sostén, que ya estaba en su abdomen. Trató de restregar las piernas pero Edward estando en medio se lo impedía.

Enterró una mano debajo de su ropa interior y comenzó a tocarse, demasiado necesitada.

Edward la tomó de la cintura y la subió en la cama, dejando su cabeza en las almohadas.

Edward continuó atendiendo sus pechos y Bella continuó tocándose. Gimió y tomó el cabello de Edward con una mano. Él comenzó a masturbarse también, gimiendo contra sus pechos, la piel de Bella retumbaba y ardía, lo necesitaba, no era suficiente tenerlo sobre ella, piel con piel.

Bella bajó el ritmo, tratando de sólo disfrutar y no terminar. Edward hizo lo contrario buscando su liberación alternando cada pecho en su boca y aumentando la velocidad de su mano tocando su miembro.

Bella abrió los ojos para verlo. Su cabello revuelto, sus pestañas revoloteando, su ceño fruncido, la vena de su frente, sus rosados labios alrededor de sus pechos, sus hombros, su brazo moviéndose, haciendo que su bíceps se marcara, su fuerte mano haciéndose sentir bien.

Edward gimió fuertemente y luego Bella sintió su semilla en su abdomen. Edward rápidamente bajó el ritmo de su mano y dejó suaves besos sobre sus pechos.

Bella estiró la mano y tomó un pañuelo.

Edward le besó el cuello, dejándola limpiarse.

—Dios, te amo—gruñó en su oído cuando Bella se frotó contra él.

Se sacó las bragas y luego se subió a horcajadas sobre él.

Edward gimió y Bella se sentó sobre él, tomando su miembro en su cavidad.

Bella dio saltos sobre su miembro, gimiendo. Edward la tomó de la cintura y le apretó el trasero y luego tomó sus pechos en sus manos y jugó con los pezones endurecidos entre sus dedos.

Bella gimió fuerte y apretó las piernas cuando terminó. Sus muslos llenos de viscosidad.

No hizo el intento de limpiarse, trataba de recuperarse cuando Edward se salió de ella y luego le acarició la espalda, instándola a bajar su cabeza y a dejar su trasero en el aire.

Edward la tomó y ella apretó las sábanas en sus manos y gimió contra la cama, Edward gimió en voz alta.

Volvió a tomarla estando sobre ella y luego detrás de ella, como una cuchara, y luego la sentó sobre su rostro y Bella se movía sobre él, acariciándose los pechos y luego Bella se inclinó y lo tomó en su boca y Edward gimió contra su carne húmeda y palpitante.

Cuando Bella estaba tirada sobre su estómago, atolondrada, con su trasero precariamente cubierto con la sábana y sus pechos presionados contra el colchón, Edward le sirvió más champán y fue a apagar las velas que estaban por toda la casa.

Bella se bebió la copa y volvió a su sitio, abriendo y cerrando los ojos perezosamente, adormilada.

Edward entró a la habitación, estando desnudo y en posición de firmes otra vez.

Bella sonrió.

Edward se acostó sobre su espalda y Bella se acercó a besarlo.

Lo besó con toda el alma, sintiendo cómo su pecho estaba a punto de estallar. Edward gimió contra sus labios y le acarició la espalda.

Dios, no podía tener suficiente de él.

Edward intensificó el beso, metiendo la lengua en su boca, entonces Bella se colocó sobre él.


Gracias! Nos leemos el domingo.