Advertencias: Universo Alterno, omegaverse, Mpreg implícito, OCC.
CAPÍTULO I: LA FIESTA O CÓMO ES QUE DRACO DECIDE HUIR
El cumpleaños de su padre era uno de los eventos más importantes en el mundo mágico, por esa razón es que asistía una gran cantidad de personas, unas muy desconocidas y otras no tanto. Y es que al tratarse del gran Lucius Malfoy, los aristócratas aprovechaban el acontecimiento para codearse con las personas más influyentes del ministerio y de otras partes del mundo. Sin embargo, en este año la asistencia de los invitados fue más numerosa... ¿La razón? Draco Malfoy se presentaba por primera ocasión en público, lo cual significaba que las familias con hijos alfas solteros tendrían la oportunidad de presentarse ante el patriarca Malfoy y quién sabe... tal vez llegar a ser del agrado del hombre y por consiguiente comprometerse... ¡Ah! Y en un futuro convertirse en el dueño de todo el legado de la familia sangre pura más poderosa de Inglaterra.
Una gran cantidad de alfas desfilaban a su alrededor, sonriendo, mostrándose altaneros y arrogantes, admirándolo con perversidad y él no podía sentirse más asqueado. Besaban el dorso de su mano y le dirigían miradas cargadas de deseo. Hablaban con su padre y alagaban la refinería de su familia.
"Hipócritas" pensaba Draco mirando con disgusto a cuanto hombre se le acercaba.
Draco lo sabía y estaba consciente de que incluso medio mundo mágico lo sabía; cualquiera que tuviera la más mínima intención de pretenderlo solo lo haría por el poder que significaba contraer matrimonio con el primogénito de la familia. Y sus padres lo único que querían era casarlo con un alfa rico que incrementara la fortuna Malfoy, situación que le provocaba aún más dolor, pues se sentía como una mera moneda de cambio, un ser que no valía más que por su condición de omega.
Estaba harto de eso y en la fiesta no hizo más que comportarse de la forma más grosera que encontró, insultando sutilmente, ignorando y burlándose de la poca clase que mostraban los futuros "pretendientes" y sus estúpidas familias.
Está por demás decir que al finalizar el evento sus padres estaban inmensamente enfadados, tanto que ni siquiera le permitieron decir unas palabras a su favor.
― ¡Cómo puede ser posible! ―vociferó Lucius mientras caminaba de un lado a otro, estaba tan molesto y su rostro tan rojo que parecía que en poco tiempo comenzaría a echar humo por las orejas.
El rubio menor estaba completamente alerta, más aún cuando su madre se mantenía sentado y parecía tan sereno que lo único que provocaba es que Draco presagiara su inminente deceso.
― ¿Qué crees que pensarán esas familias? ¡Así no tendrás ni un solo pretendiente digno de ti!
"Ninguno de esos trogloditas es digno de mí", dijo para sus adentros y se permitió sonreír mentalmente por unos segundos, al fin que le quedaban pocos minutos de vida.
― Draco ―la voz de Tom resonó en toda la estancia, el aludido dio un respingo y miró a su madre con temor―, sospecho que te hemos consentido demasiado y que sea por esa razón que te has comportado de una manera tan desaprobatoria. De una manera poco digna de un omega de clase alta.
― Madre... yo...
― ¡No hables! ―Draco se sacudió sin poder evitarlo y bajó la mirada―. Tu padre al ver tu mal comportamiento ha llegado a una solución que me parece la más aceptable.
Con un asentimiento de cabeza Tom invitó a Lucius a continuar.
― Como unos padres compresivos que siempre hemos demostrado ser, quisimos que tú mismo eligieras a tus posibles pretendientes, hombres que te agradaran por su inteligencia, atractivo o riqueza, pero tú has demostrado que no te interesa tener voto en esta decisión tan importante por lo cual te informo que tu madre y yo elegiremos al que será tu futuro marido.
― ¡Qué! ¡No...! ―exclamó asustado, lo que acababan de decir sus padres parecía realmente terrible.
Él no quería pertenecer a nadie. Ya se estaba imaginando con desagrado a un asqueroso alfa diciendo: "Eres mío" y tocando su cuerpo sin ningún recato.
¡Qué horror! La bilis se le subía a la cabeza de solo pensarlo.
― Perdiste tu oportunidad, asume la responsabilidad con madurez ―intentó defenderse, decir algo, pedir otra oportunidad tal vez, pero ni Lucius ni Tom le dieron tregua―. Puedes retirarte a tu habitación.
Salió azotando la puerta del despacho y prácticamente se echó a correr por los pasillos de la mansión.
― ¿Qué ha pasado? ―preguntó su hermana menor Astoria quien lo miró confundida.
La chica había escuchado el griterío y había salido de su habitación para consolar a su hermano.
― Nada, quiero estar solo.
Echó a su hermana a un lado y entró a su habitación lanzando un hechizo de seguridad para que nadie pudiera entrar.
"Tengo que escapar", pensó tirándose a la cama y cubriéndose con las sábanas sin siquiera tener la sutileza de cambiarse la ropa.
Desde que se enteró de su condición de omega, supo que su vida no sería nada fácil. Los omegas estaban destinados a hacer la santa voluntad de los alfas. Los omegas de alta clase como él tenían ligada su vida a las decisiones de sus padres y posteriormente a la de su conyugue. En el caso de los omegas provenientes de barrios populares su destino estaba ligado a cualquiera que decidiera tomarlos como pareja y no había opción para vivir por su cuenta ya que un omega sin protección era un omega destinado a ser ultrajado para quien sea que lo quisiera.
Era sabido que muchos omegas que perdían a sus padres o a su esposo y quedaban totalmente desamparados tenían como destino trabajar en los burdeles o vivir en las calles a la merced de cualquier alfa o beta que quisiera aprovecharse.
Obviamente Draco no quería eso para él, pero tampoco quería vivir atado a una persona que no amaba, no deseaba seguir el destino que sus padres le habían marcado.
Se retorció en la cama sollozando, en esos momentos envidiaba mucho a su hermanita. Ella era una de las pocas personas que había tenido la fortuna de encontrar a su pareja destinada. Ella era alfa, para su buena suerte y hace un par de años había encontrado a su omega, una chica proveniente de una familia poderosa e influyente en el mundo mágico.
Según Astoria, el encontrar a tu pareja te inducía a un estado de eterno satisfacción y felicidad, no podías contra esa fuerza que te arrastraba al que era prácticamente el amor de tu vida. Su hermana menor había decidido quedarse con su omega destinada porque supo desde el primer momento en que la vio que la amaba con locura.
Draco quería eso, pero la vida no le favorecía en nada. Para un omega no bastaba con haber nacido en un noble cuna, sus vidas eran mucho más complicadas que las del resto de las personas. Mucha suerte si llegaban a encontrar a su alfa destinado y este lo reclamaba, de otra manera estaban sentenciados a vivir con un alfa que no los trataría más que como un simple objeto de su propiedad que puede ser follado cuando se le diera la gana.
También sintió un poco de envidia por la omega de su hermana, ella había tenido la fortuna de encontrar a alguien que la respetaría y amaría, alguien que no la lastimaría y con quien tendría una relación plena.
"Si tan solo hubiera nacido beta", pensó con desolación, los betas no se complicaban la vida, ellos eran libres de elegir, libres de hacer lo que se les antojara sin tener que rendir cuentas a nadie. Cerró los ojos intentando conciliar el sueño y olvidar por el momento el terrible futuro que le esperaba.
Se mantuvo así por varios minutos, intentando olvidar, pero sin poder evitar pensar y pensar hasta que una idea le vino a la cabeza. Se levantó de la cama y salió apresurado de su habitación. Las luces ya estaban apagadas, pero no importaba, un simple lumus solucionó el problema.
Se dirigió apresurado a la biblioteca y en cuanto entró comenzó a buscar como loco entre la inmensidad de libros que guardaban los Malfoy desde hace bastantes generaciones.
Estuvo toda la noche registrando los libros de pociones, libros de artes oscuras, los libros más antiguos. Por la mañana ya tenía un desastre. Los ejemplares por aquí y por allá y él con enormes ojeras y el cabello desalineado.
― ¡Lo encontré! ―gritó feliz.
La noche en vela había valido la pena.
