Disclaimer: Twilight y sus personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo sólo juego con ellos.
Erasing the Bounds.
Capítulo 23
El tiempo también puede ser divertido.
— ¿Sigue siendo buena idea?—Bella preguntó.
—Claro que sigue siendo buena idea—respondió Emmett—. Sólo sigamos buscando.
—Creo que elegiste mal a tus compañeros de compras—dijo Edward.
—Sí, bueno, no hay nadie más. Bella es una chica, se supone que sabe de estas cosas.
Bella rodó los ojos y siguió caminando. Los pies la estaban matando. Había pasado el día entero en el lugar que cada vez más parecía una casa. Trabajó desde temprano y ya pasaban de las seis.
Le encantaba trabajar con Martha y Denisse, las arquitectas que Edward había contratado. En su mayoría, eran ideas de Bella, que le consultaba a Edward y él sólo asentía y decía "me gustará todo lo que hagas." Martha y Denisse le ofrecieron un puesto en su organización, necesitaban a una asistente de todas formas y ella aceptó sin rechistar.
—Estás llena de ideas, Bella—le dijo Martha, una mujer rubia, de ojos azules, holandesa.
Estaban trabajando a un buen ritmo y Bella estaba tan emocionada y feliz pero tan cansada y más en este momento.
Cuando Edward pasó a recogerla y a echar un vistazo a los avances, iba con Emmett, eso le pareció extraño a Bella y luego Emmett le contó sus planes.
Algunas personas habían reconocido a Edward pero lo genial de Los Ángeles es que estaban tan acostumbrados a encontrarse con personas famosas que no les interesaba tanto encontrarse con una más. Lograron seguir con sus compras sin problemas.
—Emmett…—Bella empezó a quejarse cuando él se detuvo frente a una tienda de videojuegos.
—Sí, sí, no estamos aquí para eso—dijo y siguió caminando.
Finalmente entraron a la joyería. Emmett tardó en decidirse, naturalmente, Edward y Bella se dedicaron a pasear por el lugar y a ver cosas brillantes.
Luego él los llamó.
— ¿Les gusta este?
Emmett iba a pedirle matrimonio a Rosalie. Edward creyó que era apresurado. Bella lo calló diciéndole que eso era romántico. Luego Edward dijo que en realidad no tenía muchas opciones, es decir, la chica estaba embarazada.
Era un anillo precioso, con dos aros de oro, uno delgado que sostenía un diamante cuadrado y un aro grueso que sostenía la punta de otro en forma de lágrima, las piedras se encontraban en el centro. Grandes, nada sutiles, pomposas.
—Es perfecto, Em—le dijo Bella.
—Si—dijo Edward—. Es igual de pretencioso que Rosalie—murmuró, harto.
Bella lo vio feo y él sólo se encogió de hombros.
—Sí, Em, es ese. Paga y vámonos—le dijo Bella.
Emmett los miró con los ojos entrecerrados.
—Sólo están diciendo que si porque ya quieren irse.
—Si—Edward respondió, dándole una palmada en la espalda, luego se alejó.
—No, Emmett—dijo Bella—. En realidad es precioso—lo tomó entre sus dedos y sonrió—. Le va a gustar.
— ¿Si?
—Claro.
Cuando salieron de la tienda, Emmett le pidió a Bella que lo ayudara a planear algo.
—Corta el suspenso. Ya está embarazada—dijo Edward, moviendo la mano con gesto impaciente.
Emmett se rio.
—Sí, bueno, empezamos al revés.
—Te ayudaré—le dijo Bella.
—Sí pero sólo que tiene que ser rápido.
— ¿Por qué?
—Conociendo a Rosalie va a querer casarse antes de que se le empiece a notar.
Bella se rio.
—Eso es cierto.
Cuando llegaron al apartamento, Rose estaba cocinando.
—Ah, hola, no sabía dónde estaban y empecé la cena—dijo.
—Fuimos a ver la casa—dijo Edward, colgando las llaves de su auto.
Emmett fue a la cocina, se detuvo un momento en la encimera y luego la rodeó.
Bella observó con ojos enormes cómo se hincaba. Quiso gritarle que esperara.
Edward se quedó quieto, de pie junto a ella.
Rosalie estaba girada, agitando algo en la estufa.
—Rosie—Emmett la llamó con voz temblorosa.
— ¿Mmm?—Rose murmuró, sin mirarlo.
—Rosie—él la volvió a llamar.
Bella estaba incómoda, quería girarse y fingir que nada estaba pasando pero estaba anclada a su asiento.
— ¿Qué…—Rose se quedó callada al verlo ahí.
Bella ni siquiera sabía si en realidad ellos habían hablado sobre casarse. Conociendo a Emmett, esta fue una idea loca que tuvo en un sueño. O algo que se le ocurrió mientras comía helado y jugaba videojuegos.
Rose se acercó, sosteniendo la cuchara.
— ¿Va a decir que si o lo va a golpear con una cuchara caliente?—Edward le susurró a Bella en el oído.
Ella se rio en silencio.
—Ambas suenan bien.
—Rose…—Emmett murmuró y luego sacó el anillo de su bolsillo—. Sé que empezamos algo al revés, conmigo poniendo algo parecido a un cacahuate en ti pero… podemos hacer algo bien, no estoy diciendo que el bebé sea mala idea pero… bueno…—Bella se estaba riendo en silencio, sus hombros temblando, desearía grabar esto—. ¿Quieres casarte conmigo?
Apostaba a que eso no era lo que Rosalie se esperaba. Rosalie estaba temblando.
—Si—murmuró porque no sabía qué otra cosa decir. Eso no era nada como en las películas.
Emmett sonrió y luego abrió la caja.
—Compré esto para ti—dijo.
Y luego Rosalie dejó la cuchara sobre la encimera, Bella se inclinó para ver, como si no hubiera visto el anillo ya.
—Oh, Emmett, es muy lindo—ella dijo—. Gracias, es precioso.
Luego se lo puso.
Se suponía que Emmett tenía que deslizarlo en su dedo pero Rose sabía que Emmett era un poco lento para actuar así que se apresuró a hacerlo.
Luego estiró los dedos y sonrió.
—Es genial. Me encanta—dijo, con una sonrisa en los labios.
Emmett se levantó y suspiró.
— ¡Genial!—sonrió, sus hoyuelos marcándose.
—Genial—dijo Edward, palmeándole la espalda.
—Sí, me voy a casar—dijo Rose, poniendo sus manos sobre la encimera, viendo el anillo, una pequeña sonrisa bailando en sus labios pero algo no encajaba.
Se notaba… abrumada. Un silencio incómodo. Cantaron los grillos.
Edward y Bella lo notaron. Ella le hizo un gesto para que se fuera, Emmett frunció el ceño, borrando su sonrisa. Edward se lo llevó con él.
—Ah, Emmett, quería mostrarte algo—Edward lo jaló—. Llámenos cuando la cena esté lista.
—Claro—dijo Bella y luego se perdieron por el pasillo.
— ¿La cagué cierto?—Emmett preguntó, en un susurro.
—Sólo dale tiempo—Edward dijo y siguió empujándolo hasta encerrarse en la habitación.
— ¿Rose?—Bella la llamó—. ¿Estás bien?
—Si—Rose sonrió—. Sí, estoy bien—desvió la mirada.
— ¿Es eso lo que querías?
Rose se quedó callada. Luego se encogió de hombros.
—No lo sé… sólo que… es demasiado. Estoy embarazada y ahora… me voy a casar… sólo porque estoy embarazada. No quería que las cosas fueran así.
Bella le tomó las manos.
—Rose, no sólo es por eso.
— ¿No?
—No. Emmett lo hizo porque cree que es lo correcto, porque te ama. Pudieron seguir siendo novio y novia… pero con un bebé incluido. Es sólo que Emmett… te quiere y quiere estar contigo. Ahora.
—Pero sólo lo hizo porque estoy embarazada.
—Bueno—Bella aceptó—. Puede que el embarazo haya acelerado las cosas, pero de todas formas, iban a casarse. Lo sabes.
Rose se encogió de hombros.
—Lo sabes, Rose—Bella presionó.
Rosalie asintió.
— ¿Lo ves? Sólo presionaron el botón de adelantar y rebobinaron la cinta. Está bien. Van a estar juntos y van a tener un Jelly Bean—Bella le sonrió.
Rose se rio entre dientes.
—De acuerdo…—luego agregó—: ¡Me voy a casar!
Bella sonrió y saltó del taburete, fue hasta ella.
— ¡Te vas a casar!
—¡Con un vestido y un pastel!—chilló Rose.
— ¡Y flores!
Rose se le fue encima y la abrazó. Se rieron.
— ¡Ayúdame con el vestido!
—Llamaremos a Alice.
— ¡Ah, Alice!—Rose sonrió, con todo y dientes, se llevó las manos al pecho—. Quiero que Alice se encargue de mi vestido.
— ¡Será genial, Rose!
—Y serás mi dama de honor—dijo Rose, luego se puso seria, mirándola a los ojos—. Pero elegirás tu vestido.
— ¿Qué? ¡No! Es tu boda, tú elegirás el color.
— ¡No! Suficiente con eso de que las damas de honor tienen que verse feas. Ustedes elegirán el color y el vestido y nos veremos hermosas.
Bella aceptó.
— ¡Te vas a casar!—volvió a chillar.
— ¡Ah, por Dios!—Rose la abrazó.
.
.
.
Alice gritó a través del teléfono, naturalmente.
Y prometió ir a Los Ángeles a tomarle medidas a Rosalie.
La madre de Rosalie estaba feliz. Y se ofreció a pagar por la boda. Rose aceptó pero Emmett dijo que él también podía pagar algo. Su trabajo de paramédico iba bien.
Alice llegó ese fin de semana. Emocionada y abrazando a todo el mundo.
—Alice, ¿y la boutique?—le preguntó Bella.
Alice le restó importancia con un gesto de mano.
—Las chicas pueden encargarse por un mes—dijo.
Alice y sus amigas de la escuela estaban abriendo una boutique en Nueva York.
Alice llegó para quedarse, se instaló en la habitación de Bella. Edward y Bella decidieron irse a vivir al apartamento de él para dejarle el espacio a Alice.
—Son unos ángeles—Alice abrazó a Bella cuando ella le explicó.
Alice comenzó a trabajar ese mismo día, tomando medidas a Rose y haciendo bocetos. Mientras Alice dibujaba; Bella, Rose y su madre se instalaron en la sala para planear todo.
—Quiero que mi pastel tenga flores—dijo Rose.
Luego, Rosalie llamó a Jane y a Victoria y a Lynn Davis. Les pidió que fueran sus damas de honor. Ellas gritaron y dijeron que sí.
Lynn Davis se había convertido en una buena amiga. Era la mejor chica del mundo.
Al día siguiente ellas se dedicaron a elegir el color. Rojo vino. Rosalie estuvo de acuerdo.
Las flores del pastel serían rojas.
Edward y Bella le tenían una proposición a Rosalie. Esperaban que aceptara.
Bella la llevó a la sala, Alice seguía ahí, haciendo otros bocetos. Rosalie finalmente se había decidido por su vestido.
— ¿Qué pasa?
Bella la sentó, tomándola de los hombros.
Entonces, Edward se lo dijo.
—Rose, sé que has estado estresada por querer buscar un lugar donde vivir al mismo tiempo que planeas tu boda y vomitas en las mañanas—dijo él—. Así que…—Edward miró a Bella, ella se sentó sobre su regazo—. Bella y yo pensamos que… tal vez… ya sabes, puedes negarte…
—Al punto, Cullen—Alice murmuró desde su lugar.
—Pensamos que tal vez les gustaría, a ti y a Emmett… y a Jelly Bean… vivir con nosotros.
Rose frunció el ceño, sin entender.
—En nuestra casa, Rose—Bella añadió—. En la casa de verdad—dijo.
Rose abrió la boca, asombrada, boqueó.
—Oh… ¿quieres decir en la casa en la que están trabajando?
—Si—Edward respondió—. Estará lista para cuando tu bebé nazca.
Alice gimió, emocionada.
— ¿Es enserio?—Rose preguntó.
—Si—Bella dijo—. Será una casa enorme y… si quieren, pueden vivir en la casa de invitados. Es más pequeña pero tendrán su espacio.
—Eso es… eso es asombroso, en verdad—Rose sonrió—. ¡Eso es genial! Lo haré, lo haremos.
Bella sonrió.
— ¡Genial!
Cuatro días después, cuando Bella volvió del trabajo, Rosalie la jaló.
—Finalmente. Te estábamos esperando.
— ¿Para qué?
—Los vestidos están aquí—dijo Alice—. Tienes que probártelo.
—Ya lo hice—gimoteó Bella, demasiado cansada.
—Otra vez—Alice le ordenó.
Luego fueron a su habitación.
—Las chicas estuvieron aquí al medio día—dijo Alice—. Todas se ven preciosas.
Rose le mostró las fotos que les tomaron.
—Tu turno—le arrojó el vestido al pecho.
Cuando Bella estaba modelando el vestido, Edward entró.
— ¡Uff, genial!
— ¡Edward, largo de aquí!—Alice le picoteó el pecho.
— ¿Por qué? No hay ninguna regla sobre ver el vestido de las damas. Además, dicen que el padrino más sexy se queda con la dama más buena. Y todos sabemos que ese soy yo… y Bella.
.
.
.
Faltaban dos semanas para la boda cuando Rosalie entró a la sala, con el cabello revuelto y hecha un desastre.
Edward y Bella estaban cenando frente al televisor.
—Edward—ella lo llamó.
Él la ignoró y siguió comiendo.
— ¡Edward!
— ¿¡Quée!?
—Quiero pedirte algo.
— ¿Qué?
Ella se paró frente a él, bloqueándole la vista. Edward finalmente la miró. Bella se rio entre dientes.
—Bueno…—Rose respiró profundamente y cruzó los brazos. Se quedó así por unos segundos.
—Oye, estás bloqueando la vista—Edward le pateó la pierna pero ella no se movió.
—De acuerdo… Edward, quiero que camines conmigo hacia el altar.
Edward sostuvo su burrito cerca de su boca, congelado, la miró. Bella chilló.
—No, ¿por qué?
Rose rodó los ojos.
—Bueno, porque Jasper se negó.
Edward se rio, sus hombros temblando. Rosalie le pegó en la frente.
—No, enserio, ¿por qué yo?
Bella también se rio.
—Bueno porque en primer lugar, no tengo un padre—enumeró Rose—. Y no quiero caminar sola, los invitados sentirán pena por mí. En segundo, eres mi amigo… desde cómo los 10 o 12 no recuerdo—. Rose tragó y se quedó callada un momento—. Y tercero, porque bueno… has sido muy bueno conmigo en todo esto y me ofreciste tu casa y conseguiste un lugar en donde puedo casarme y…—su barbilla tembló, los ojos se le llenaron de lágrimas—. Y siempre me preguntas cómo estoy y eres…—Rosalie ya lloraba. Bella quiso llorar también—. Y eres… eres como un ángel en esto y eres mi amigo y quiero que me acompañes.
—Lo haré.
.
.
.
La espalda de Rose se veía. El vestido era precioso. Blanco y suave, de seda. Con escote en V y flores de encaje formaban los tirantes, no tenía espalda y en el borde, suaves plumas blancas acariciaban la piel de Rosalie. Una hilera de botones partía de ahí hasta el inicio de su trasero. Caía con un ligero vuelo.
Lillian le colocó un prendedor azul en su cabello, lo llevaba suelto, con suaves ondas.
Bella le besó la mejilla y la miró a través del espejo.
—Te ves preciosa, Rose.
—Lo sé—ella murmuró, tratando de contener las lágrimas.
Alice le acercó el ramo, con rosas blancas y rojas. Era pequeño.
—Gracias, Alice. Es perfecto.
—Oh, lo sé—Alice le restó importancia con un gesto de mano.
El vestido de Bella tenía tirantes y pliegues debajo de sus pechos. El de Alice era strapless. Victoria usaba uno con tirantes cruzados, Jane llevaba un strapless también y Lynn Davis tenía un hombro descubierto.
— ¿Estás lista?—Lynn le preguntó, sosteniendo una copa de vino.
—Aleja el vino de mí, Lynn. Demasiada tentación—le dijo Rose.
Lynn se terminó la copa de un trago y luego hizo "mmm", se alejó.
Rosalie rodó los ojos.
—Estoy conteniendo las lágrimas—les dijo.
—Bueno, llora si quieres—le dijo Jane, que ya iba por su segunda copa—. Siempre podemos arreglar el maquillaje.
—No, no podemos—dijo Alice—. Así que no llores.
— ¡Maldición!—Rose chilló.
— ¿Qué?—Alice preguntó, asustada.
—Olvidé mis votos.
— ¡¿Qué?! ¿¡Cómo pudiste olvidarlos, Rosalie Hale!?—su madre le gritó.
— ¿No te los aprendiste?—preguntó Victoria.
—No, el embarazo me jodió la memoria—. Rosalie hizo intento de buscar la hoja pero Alice la detuvo.
—No queremos que nada se arruine.
—Perfecto, entonces seremos damas de honor sudorosas—remilgó Jane.
—Para eso estamos—dijo Victoria—. Las damas de honor reciben las lágrimas y el sudor que las novias no pueden cargar.
No encontraron la hoja. Bella recordó que Rose se los había enviado en un mensaje y después de encontrar una pluma comenzó a escribirlos en la tarjeta del vino.
Edward vino por Rosalie y Bella aun no terminaba.
Cuando la ceremonia todavía no iniciaba se sentó junto a Charlie (si, lo había traído desde Forks) y terminó de escribirlos.
Charlie vio el tatuaje en su dedo. Bella fingió demencia y se levantó para ir a su sitio y no dar explicaciones.
Emmett estaba nervioso, estaba sudando.
— ¿Quieres un pañuelo?—Alice le preguntó—. Te ves todo sudoroso y das asco.
Jasper se rio.
—Sí, dale uno—dijo y bebió de su botella de "agua."
—Jasper, deja de beber, no queremos que te caigas aquí—dijo Jane.
—No seas aburrida, ¿quieres un poco?
Jane también le dio un trago.
—Rayos, se corrió la tinta—dijo Bella, al ver la tarjeta de los votos.
—Se supone que se los tuvo que haber aprendido—dijo Lynn—. O que se invente algo.
Bella se encogió de hombros y agitó la tarjeta, esperando que la tinta se secara.
Félix, Jacob y Paul eran los que estaban rellenando la botella. Hasta que Alice se las arrebató.
—Suficiente—dijo.
—Estamos nerviosos, Alice—dijo Jasper.
—No son ustedes los que se casan—dijo Victoria.
El juez tomó su lugar y luego la música empezó a sonar y todos tomaron sus lugares.
Alice y Bella se sonrieron, sosteniendo sus ramos. Jasper eructó un poco y el juez lo miró feo.
Rosalie suspiró.
— ¿Lista?—Edward le preguntó.
Ella asintió con la cabeza. Cerró los ojos y trató de respirar tranquilamente. Envolvió su brazo con el de Edward.
—Te ves muy linda—Edward le dijo, en un intento por tranquilizarla.
Rose abrió los ojos y sonrió.
—Lo sé, ¿verdad?
Edward suspiró, debió ver venir eso.
—De acuerdo, vamos—le dijo.
—Sólo no me dejes caer—. Rosalie estaba temblando, agitó el ramo en su mano libre.
—Nunca.
Luego caminaron por el pasillo.
Bella ahogó un gemido. Edward se veía de ensueño, mejor que el príncipe de Cenicienta o de La Sirenita. Suspiró.
—Oh, se ve hermoso—gimoteó. Alice ahogó una risa.
Rose le sonrió a Emmett. Y Emmett respiró, tratando de controlarse. Le sonrió de vuelta, podía sentir las lágrimas venir. No, no iba a llorar. Era suficiente como para volverse loco.
Edward colocó la mano de Rosalie sobre la de él y luego con una sonrisa, miró a Bella y tomó su lugar entre Jasper y Félix.
Rosalie dejó de leer los votos en la parte en la que la tinta estaba corrida, no se los aprendió, inventó otra cosa y luego se calló.
Lynn se rio bajito.
Emmett la besó antes de tiempo y luego el juez dijo "puedes besar a la novia." Y lo volvió a hacer. La gente se rio.
Y luego Rose y Emmett se abrazaron y Bella y Alice estaban llorando.
—Les dije que nosotros recibimos todas las lágrimas—dijo Victoria, tendiéndoles un pañuelo.
Mientras bailaban el primer baile como esposos, Emmett le dijo a Rosalie al oído que la amaba. Ella sólo sonrió como tonta.
Bella bailó con Charlie. Tenía que disfrutarlo, verlo con zapatos y traje lo hacía adorable.
Luego Charlie tuvo que arruinarlo preguntando por el tatuaje.
— ¿Ese es un tatuaje?—preguntó.
—No—. Bella negó rápidamente. Su mente estaba buscando una respuesta.
— ¿Entonces qué es?—Charlie la miraba con ojos entrecerrados.
De acuerdo, las opciones eran: A) Ya lo tenía, B) Me lo hice con pluma, y C) Es temporal.
—Es pluma—mintió.
Charlie le entrecerró los ojos y luego alcanzó su mano y lo raspó.
— ¡Eso no es pluma, Bella!
—Entonces debe ser Henna—. Bella se rio entre dientes. Todo se había ido a la mierda.
— ¿Te tatuaste?
Bella rodó los ojos.
—Es temporal, Charlie.
— ¿Hasta cuándo?
Bella se quedó pensando.
—Probablemente hasta que muera—murmuró.
Luego de eso, Charlie la dejó parada en la pista. Bella rodó los ojos y fue por un chupito de vodka. Charlie necesitaba vivir un poco.
Fue peor cuando Charlie vio el tatuaje de Edward. Edward le tendió la mano a Bella para que fueran a bailar y Charlie bufó.
— ¡Vamos, jefe! Es mejor que un anillo—. Edward bromeó y luego jaló a Bella hacia él.
¿Quién lo hubiera pensado? Edward Cullen terminó chantajeando a su preciosa niña para rayarse el cuerpo. Se terminó su trago de un golpe.
Jasper estaba borracho y bailó con Alice. También bailó con Lynn e intentó besarla. Ella le dio un golpe en la cabeza.
Luego, Rose y Emmett partieron el pastel. Era de vainilla con crema de chocolate en medio. Sus dos sabores favoritos.
Bella comió mucho pastel y mucha fruta. Tuvo que ir al baño a desabrocharse el vestido por un rato. Lynn luchó para cerrarlo y luego sacudió sus manos entumecidas.
Entonces, Rosalie convenció a Edward y a Lynn para que cantaran. No tardó demasiado y un momento después, Edward y Lynn estaban en el escenario, cantando una de las canciones que escribieron juntos y luego le cantaron su canción a Rose.
Bella descubrió a Charlie moviendo el pie al ritmo de la música.
—Papá, ¿escuchas la música de Edward?—le preguntó, emocionada.
Charlie dejó de moverse y se encogió de hombros. Bella se rio y le besó la mejilla. Charlie agitó su bigote.
Alice tomó muchas fotos y vídeos.
—Gracias, Rosie—Emmett le dijo, mientras bailaban de nueva cuenta—. Hace tres años me quedé sin nada y ahora… me has dado una familia.
—Me tenías a mí—. Ella murmuró, poniendo su cabeza en su pecho.
—Sí pero ahora me has dado algo real. Me lo has dado todo.
Muchas gracias por leer y por sus comentarios (:
¡Ya sólo nos quedan dos capítulos!
