Disclaimer: Twilight y sus personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo sólo juego con ellos.

Erasing the Bounds.

Capítulo 24

El tiempo también puede darlo todo.

Bella se rio mientras miraba a Rosalie.

— ¿Qué tiene eso de delicioso, Rosalie?—preguntó.

Rose la miró.

—Es delicioso. Pruébalo—le tendió el bote de helado.

—No, gracias—le dijo Bella.

Rose rodó los ojos.

—Y apresúrate, no quiero llegar tarde—le dijo Bella.

—No puedo comer más rápido, la comida tiene que estar bien molida para que Jelly la pueda tragar—dijo.

Bella se rio.

—Así no es como funciona—dijo, entre risas.

— ¿Eh?—Rose masticaba, las migas le caían de la boca.

Bella arrugó la nariz. Dudaba que galletas saladas con helado y crema de cacahuate fuera algo rico.

—Que no tiene que tragar nada. Sólo recibe nutrientes… creo—dijo Bella—. ¿No es eso algo que ya debes de saber?—la miró a través del espejo.

Rosalie se encogió de hombros.

—No lo sé pero si como más rápido me siento mal.

Bella suspiró y se alisó el vestido.

Estaban a punto de ir a su nueva casa, su casa, sonaba extraño.

Estaba terminada y Edward dijo que iba a hacer una borrachera para celebrarlo. Carlisle y Esme habían volado a California para conocerla y eso no contuvo a Edward.

—Si sabían que bebía a los 17 con más razón puedo beber a los 23—dijo.

Edward entró a la habitación, sin llamar a la puerta, como siempre.

—Deberías tocar—le dijo Rosalie—. Nunca sabes si puedo estar desnuda.

— ¿Y eso por qué me detendría?—le respondió Edward.

—Soy una mujer casada. No quieres ver a una mujer casada.

—Ah, habla por ti misma—dijo él, buscando algo en el armario— ¿Dónde está mi billetera? Y ya vámonos, es tarde.

—Ricitos de Oro sigue comiendo su sopa—dijo Bella, yendo a recoger un pantalón de Edward, sacando la billetera de ahí. Se la pasó.

—Rose, deja de comer y vámonos—Edward la apresuró.

Rosalie rodó los ojos y se levantó, tirando migas en el piso.

Rose hizo que Emmett regresara al apartamento una vez que estuvieron en el auto.

— ¿A dónde fue?—Bella le preguntó cuándo subió.

—A buscar mi jugo.

—El de arándanos está allá atrás—dijo Edward, señalando con el pulgar.

—No, ahora es el de coco.

—Creí que tu favorito era el de arándanos—Bella se giró en su asiento.

—Sí pero la ginecóloga dijo que era buena idea tomar otro jugo. Ya sabes, quiere que identifique si hay sangre en mi pipí o sólo es jugo de arándanos filtrado.

—Asqueroso—farfulló Edward.

—Genial, más arándanos para mi vodka—dijo Bella.

Jasper tocó la ventanilla de Edward.

— ¿Qué estamos esperando? Necesito un trago—se quejó.

— ¿Podrían dejar de hablar de alcohol como por cinco meses más?—pidió Rosalie.

—No—dijeron.

Finalmente partieron y llegaron a la casa.

Bella suspiró. Era preciosa. No podía creer que sus ideas se materializaran de esa forma.

—Wow…—Rose dijo por lo bajo—. Bella, es preciosa.

Edward entró por el camino de grava y se detuvo justo en la puerta.

Mientras terminaban de bajar la comida del auto y la acomodaban en la cocina, los padres de Edward llegaron.

Él les abrió el gran portón y luego Esme salió del auto como un bólido.

Esperaron a que Lillian y Garret llegaran. La madre de Rosalie quería conocer el lugar en donde su hija viviría y, además, era bueno tener a más adultos ahí que entretuvieran a Carlisle y Esme mientras ellos vaciaban el bar.

Esme estaba saltando en su asiento, mirando alrededor, todo lo que le fuera posible.

Finalmente, la familia de Rosalie llegó y Edward y Bella les mostraron la casa.

Iniciaron por la sala, que era donde se encontraban. Luego caminaron hasta el comedor, de madera, subiendo los dos escalones que lo separaban de la estancia y luego entraron por la puerta de la izquierda a la cocina.

Una hermosa cocina larga con paneles oscuros y piso en blanco y negro, junto a un desayunador con hermosas vistas hacia el jardín.

Luego les mostraron las habitaciones. Una habitación en tonos neutros y bloques de madera en las paredes, con su propio baño y dos lavabos.

Otra habitación, con papel tapiz de hojas tropicales y una enorme cama y pisos de madera y grandes ventanas.

Después, el estudio de Edward. Pisos de madera, asientos blancos y paredes color coral con detalles de madera negra. Junto a la oficina de Bella, del mismo estilo.

—Es tan precioso todo—Esme le dijo a Bella, rodeándole los hombros con el brazo.

Bella le sonrió.

Entonces llegó el turno del jardín. Era enorme con jardineras de madera y un camino circular de ladrillo y altos árboles. También había algo muy especial ahí. La camioneta roja de Bella estaba estacionada bajo un árbol y ella había creado un pequeño jardín dentro, con flores silvestres y cactus.

—Y Rose, Emmett… esto es suyo—Edward les dijo, antes de abrir la puerta de la cabaña de invitados.

Rosalie seguía comiendo, pero ahora sólo el helado. Bella le robó un poco.

Una habitación iluminada, con una gran cama y una cuna de mimbre al lado. Rose chilló.

— ¡Ahh, es preciosa!—sonrió. Emmett la abrazó.

Emmett y Rose tendrían su propia cocina, de paneles amarillos y acabados de mármol. Y su pequeña sala, con asientos blancos.

Rosalie abrazó a Bella cuando el resto fue saliendo del lugar y se dirigían otra vez a la casa principal.

—Eres genial, Bella—le dijo al oído—. Todo esto… lo hiciste tú y… es perfecto. Estoy muy feliz por ti.

—Bueno, yo no lo hice todo. Martha y Denisse ayudaron porque si no yo no hubiera…

Rosalie la detuvo.

—Bella, esto es tuyo—le dijo—. Todo esto…—señaló alrededor—. Eres tú. Estás en cada espacio. Está lleno de ti. Es precioso, como tú—le picó la panza.

Bella se rio.

—De acuerdo—aceptó.

Carlisle y Esme felicitaron a Edward y a Bella, Carlisle incluso dijo que estaba orgulloso.

Lillian les agradeció.

— ¿Lo ves? Todos amaron tu parte—dijo Edward—. Todos están sobre ti, nadie se pregunta de dónde salió el dinero.

Bella se rio.

—Cállate—y luego le besó los labios.

—Gracias, Bella—le dijo—. Por todo.

—No hubiera sido posible sin ti.

—Pero tú lo hiciste. Hiciste todo esto de la nada, con tus manos…—le tomó las manos y se las apretó—y con esa hermosa cabeza tuya—luego le besó la frente.

—Desearía que Charlie estuviera aquí—ella murmuró.

— ¿Por qué no lo traes?—él le dijo—. Invítalo algunos días.

— ¿Si?

—Sí, Bella. Es tu casa también—le sonrió.

—De acuerdo—ella aceptó.

Mientras comían, Esme le dijo que Charlie había estado muy ocupado. Algo sobre un secuestro en Port Angeles y una conexión en Forks.

—Vaya, hasta que los delincuentes de Forks se pusieron creativos—dijo Jasper.

Carlisle lo miró feo. Él sólo se encogió de hombros.

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En mayo, finalmente se mudaron, no queriendo dejar el apartamento. Edward pagó la renta de los dos meses siguientes, hasta que Jasper partiera a Nueva York. Le habían ofrecido un trabajo en una compañía que fabricaba motores para aviones.

—Yo quería algo espacial—se quejaba Jasper, continuamente.

—Bueno, al menos no son motores de carros—. Le decía Emmett—. Un avión está más cerca del espacio que un auto.

Luego Jasper le mostraba el dedo medio y Rose le decía: —Supéralo, Jasper, y agradece que tienes un empleo. Yo sólo soy una bola emocional con pies hinchados.

Y luego Jasper añadiría: —Y acné.

Y luego Rosalie le arrojaría algo, lo que estuviera más cerca.

Rosalie no tenía acné. Estaba más hermosa que nunca, como si eso fuera posible, pensó Bella.

Rosalie no ayudó mucho en la mudanza, estaba de siete meses, sólo acomodaba algunas cosas y se ponía nerviosa porque pensaba que no tenía suficiente ropa de bebé.

Finalmente, Charlie llegó a California. Bella tardó mucho en convencerlo. Charlie era tan aburrido. Todo era frío, lluvia, televisión y pesca para él.

El sábado, Rosalie la ayudó a preparar el desayuno. Emmett estaba dormido, había vuelto de su turno de noche.

Charlie estaba sentado en el desayunador, esperando.

—Charlie, no tenemos periódico aquí pero puedes leer la caja del cereal—Bella le dijo, pasándole la caja.

Charlie masculló algo pero la tomó.

Un momento después, Edward entró, aun en pijama.

— ¡Buenos días!—gritó y luego fue a sentarse junto a Charlie—. Buenos días, Jefe, ¿cómo durmió?—le palmeó la espalda. Charlie lo miró feo.

—No muy bien—respondió.

—Bueno, tal vez si hubiera sido más amable con mi yo adolescente lo habría puesto en una habitación mejor, pero aquí estamos—le dijo, seguía palmeándole la espalda.

—Edward—Bella masculló, llamándole la atención. Les dejó dos tazas con café en frente.

—Apuesto a que no vio venir esto—siguió Edward. Charlie suspiró y bebió el café—. Su hija y yo viviendo juntos, usted de vacaciones en mi casa, comiendo la comida que yo pago, bebiendo café en mi taza.

Charlie alejó la bebida.

—Edward—volvió a decir Bella.

Rose se acercó a la mesa, a colocar el plato lleno de panqueques, riendo.

—Esa no es su taza, Charlie—lo relajó.

Charlie le dio una pequeña sonrisa. Rose acarició su vientre.

Comieron el desayuno entre pláticas. Charlie no se veía muy feliz pero eso no le importó a Bella, siguió haciéndole preguntas y Edward y Rosalie se estaban divirtiendo con sus respuestas masculladas y murmuradas.

El ánimo de Charlie mejoró cuando Edward le dijo que podían ver el partido de béisbol en la plasma.

Rose y Bella saldrían de compras. Rosalie necesitaba más ropa de bebé.

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Charlie pasó una semana entera en California. Lo logró. Sobrevivió.

—No fue tan malo, Charlie—Bella le dijo, cuando lo despedía en el aeropuerto.

—No fue malo—Charlie aceptó—. Fue divertido. Me alegro por ti. Te ves feliz.

—Sí, estoy muy feliz—coincidió Bella.

—Y lo que hiciste con ese lugar… bueno, es grandioso—Charlie le dio una sonrisa. Sus manos dentro de sus bolsillos—. Estoy orgulloso de ti.

—Gracias, papá—. Bella le sonrió.

—Pero sabes que mi casa es tu casa, ¿no?—Charlie preguntó, esperando una respuesta. Bella asintió en silencio—. Siempre tendrás una casa en Forks, Bella. Siempre.

Luego Bella lo abrazó.

—Te quiero, papá. Cuídate mucho.

—Siempre lo hago—él respondió, colocando su barbilla en el tope de su cabeza—. Y también te quiero, siempre.

Edward se despidió de él, estrechándole la mano.

—Estará bien, Charlie—lo tranquilizó—. La estoy tratando bien.

—Eso espero.

Y luego Charlie se fue.

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El gran día llegó. Rosalie estaba teniendo a su pequeña niña. A mitad de julio.

Despertó a Emmett a mitad de la noche y luego Emmett corrió a despertar a Edward y a Bella, gritando, otra vez, por el pasillo que iba a ser papá.

Abrió la puerta de su habitación rápidamente y gritó. Bella saltó en la cama.

La madre de Rosalie llegó al hospital y entró a la habitación mientras Rosalie apretaba la mano de Bella, demasiado fuerte.

—Hola, mamá—le dio una sonrisa que fue más como una mueca. Y luego se retorció—. ¿Cómo estás?—preguntó, entre respiraciones.

— ¡Ohh, Rose, serás madre!—. Lillian le besó la frente.

Llevaron a Rosalie al quirófano y Emmett entró con ella. Estaba sudando.

— ¿Quieres un pañuelo?—Bella le preguntó—. Te ves todo sudoroso y das asco—dijo, repitiendo las palabras de Alice en el día de su boda.

—Si—Emmett aceptó.

Luego, Edward, Bella y Jasper se pusieron a jugar a las cartas en la sala de espera.

— ¿No es algo cruel que estemos jugando mientras Rosalie está pariendo?—dijo Bella, mirando sus posibles opciones.

—No—dijo Jasper—. No hay nada que podamos hacer.

—Tal vez se está desangrando y nosotros estamos apostando—dijo.

—No se está desangrando—dijo Edward—. Y si lo estuviera, igual no hay nada que podamos hacer.

La hija de Emmett y Rosalie era preciosa. Sus ojos cerrados y su boca en un puchero y su puño cerrado.

Rosalie se veía… bien. De todas formas, era hermosa. Bella le trenzó el cabello y le prestó bálsamo de labios.

Entonces, Edward y Jasper entraron a la habitación.

—Es muy linda, Rosalie—le dijo Edward—. ¿Ya decidieron el nombre?

—Sarah—Emmett respondió.

—Genial—Jasper sonrió y le picó la mejilla. Sarah frunció el ceño—. Rayos, me odia.

Jasper siguió molestándola, hasta que Sarah lloró. Entonces, él se fue a sentar mientras Rose la tranquilizaba. Miró feo a Jasper.

Jasper sólo se encogió de hombros.

—Es mejor que se vaya acostumbrando.

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Alice voló a Los Ángeles para conocer a Sarah.

Le había diseñado unos mamelucos también. Había uno demasiado vanidoso.

— ¿"Amo a Tía Alice"? ¿Enserio?—Bella leyó el estampado.

—Yo, gustarle—sonrió Alice.

Y luego, mientras cenaban, Alice se enteró de que Jasper iba a Nueva York. Se quedó callada un buen rato y mientras metía los platos al lavavajillas, Bella la enfrentó.

— ¿No sigues con esa cosa tonta sobre amar a Jasper, cierto?

—No—Alice miró a otro lado—. Es sólo que… es tan guapo, Bella.

Bella rodó los ojos.

—Alice, han pasado cinco años. Supéralo.

—Lo he superado, sólo estoy diciendo que es guapo.

Luego de cenar, fueron a la sala. Rosalie estaba tratando de dormir a Sarah. Emmett y Edward hablaban en murmullos.

Alice siguió a Jasper a la cocina cuando él se ofreció a lavar el biberón de la bebé.

—Jasper—lo llamó. Él le sonrió.

—Alice.

—Así que… vas a Nueva York—murmuró, mirando por la ventana.

—Sip—él respondió—. ¿No es genial?

—Lo es—ella respondió, sin sonreír. Jasper la miró.

—Lamento que las cosas no hayan funcionado entre nosotros—murmuró ella.

Jasper frunció los labios. No quería hablar de eso.

—Habrían sido diferentes a como son ahora—él respondió.

—Si.

Se quedaron en silencio un rato.

—Esta es mi dirección—. Alice le tendió un papel que sacó de los bolsillos de su pantalón—. Por si quieres pasar el rato, ya sabes. Puedo mostrarte la ciudad.

—Genial—. Jasper miró las letras en el papel.

—Puedes ir tan pronto como llegues o después, no hay presión—ella siguió y luego después de un largo minuto en el cual Jasper se miraba las manos, añadió—: Si vas tan pronto como llegues… sabré que… que estás dispuesto a… darme una oportunidad.

Jasper alzó la cabeza.

— ¿Así de implícito y directo?

Alice sonrió, sin mostrar los dientes.

—Así de implícito y directo.

—De acuerdo—dijo él.

—De acuerdo—dijo ella.


Gracias por sus comentarios. Casi no actualizo hoy con tal de que no se termine, lol.

En el grupo de fb les dejé fotos de la casa d por si quieren ampliar su imaginación.

Nos leemos el miércoles con el final.