MATRIMONIO DE SABUESOS
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
Esta historia participa en el reto "La chistera de los Black" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Condiciones: T. Crime. Melania Macmillan
El cadáver de Eoghan Hogan aparece en el Atrio del Ministerio de Magia el 1 de noviembre de 1927. Está sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la Fuente de la Hermandad Mágica y los ojos cerrados. El bedel que lo encuentra a primera hora de la mañana piensa que está dormido. La noche anterior se celebró la fiesta del día de Halloween y no sería el primer brujo en aprovechar la tesitura para beber hasta desfallecer. El bedel se acerca a él mientras procura despertarlo.
—Señor, ¿puede oírme? Tiene que levantarse.
El señor Hogan todavía tiene puesta su túnica de gala. Puesto que no parece escucharle, le da un leve puntapié en la suela de sus botas.
—Señor, despiértese.
Finalmente, el bedel se atreve a tocarle el hombro. Grita cuando el cuerpo del señor Hogan cae hasta que la cabeza choca contra el suelo.
Melania Macmillan observa la escena de pura casualidad. Sale del ascensor recordándose mentalmente que ahora se llama Melania Black. Su boda tuvo lugar el pasado fin de semana y aún no se ha acostumbrado a su nuevo apellido. Precisamente por eso está en el Ministerio, para poner en orden toda la documentación relacionada con su enlace matrimonial. Se ha ataviado con la más elegante de sus túnicas y sostiene un grueso pergamino con la mano derecha. Se detiene cuando escucha el agudo chillido del bedel y lo ve correr de un lado a otro como si fuera un pollo sin cabeza. Después, se acerca al cadáver y no se siente impresionada en absoluto.
Eoghan Hogan no es el primer muerto que ve. Cuando tenía cinco años, Melania se quedó a cargo de su abuela durante un fin de semana entero. Apenas llevaba dos horas en su casa cuando la buena mujer se cayó por las escaleras y se partió el cuello. Melania no demostró demasiado interés por el cuerpo. Ciertamente acudió a ella para pedirle comida, pero se las apañó bastante bien por su cuenta cuando no obtuvo respuesta alguna. Sin duda, lo más molesto de esos dos días fue el olor. Más tarde, el día de su octavo cumpleaños, su padre se atragantó con un trozo de manzana y terminó asfixiado y con la cara dentro de la tarta. A los doce, un compañero de Hogwarts se cayó de la escoba mientras jugaba al quidditch. A los dieciséis, su mejor amiga se contagió de viruela de dragón. A los veintiuno, su madre se puso la varita en la sien y pronunció la maldición mortal. A los veinticuatro, a su hermano le dio un infarto fulminante mientras montaban juntos a caballo.
Melania ha sacado varias conclusiones después de experimentar semejante sucesión de tragedias. Por un lado, que un cadáver no es nada del otro mundo. No entiende por qué el bedel parece tan impresionado y asustado. El cuerpo del señor Hogan ni siquiera presenta un aspecto particularmente desagradable. Por otro lado, está claro que atrae a la muerte. O tal vez sea gafe. En cualquier caso, no es de extrañar que la desgracia vuelva a hacer acto de presencia. Sólo lleva unos días casada y ya se pregunta cuándo enviudará. ¿Le dará tiempo a ser madre antes de que ocurra lo inevitable? ¿Tendrá Arcturus una muerte violenta o le sobrevendrá después de una enfermedad?
Su pobre esposo no es el hombre más atractivo del mundo. Existen en el mundo dos clases de anatomía Black: la que es arrebatadoramente hermosa y la fea. Arcturus ha heredado la segunda. Es alto y tiene buena planta, pero no hay nada más bonito en su figura. Tiene el pelo liso y castaño y los ojos marrones y hundidos debajo de unas cejas gruesas y súper pobladas. Su nariz es gigantesca y tiene forma ganchuda. Su boca es pequeña y está repleta de dientes torcidos y manchados. Pero lo peor son las orejas, que bien podrían servirle para volar sin escoba. Cuando Melania lo vio por primera en Hogwarts, pensó que era el niño más feo que había tenido el horror de conocer. Alguna vez se dijo que el mundo mágico no perdería nada si la Maldición Melania lo alcanzaba de sopetón. Con los años no ha mejorado en absoluto, aunque la barba ayuda bastante a disimular sus pómulos sobresalientes y la mandíbula afilada. Sí. No cabe duda de que Arcturus Black es un individuo de belleza distraída, pero Melania ya no desea que le alcance ninguna maldición. Sólo ha necesitado conocerle un poco mejor para comprobar que todo lo que tiene de feo lo tiene de inteligente y carismático.
En público, Arcturus se muestra frío y reservado. En privado, es un hombre parlanchín, bromista, ingenioso y encantador. A Melania no le importa haberse casado con él. Ya no. Podría haber sido peor. Podría haberse quedado con su hermano Regulus, quien sí ha heredado el atractivo físico, pero que resulta tan soberbio y fanfarrón que Melania lo encuentra intratable. Puede que con Arcturus esté condenada a tener hijos adefesios, aunque por otro lado ella tiene belleza suficiente para contrarrestar ese pequeño inconveniente.
En cualquier caso, Melania aleja a su esposo de sus pensamientos para examinar más de cerca el cuerpo de Eoghan Hogan. No parece haber sido víctima de ninguna clase de violencia. De hecho, su hermano tuvo una expresión similar cuando se le rompió el corazón. "No te olvides del Avada Kedavra, Melania". Se inclina un poco sobre él y le toca el cuello en busca del pulso. La piel está helada y Melania confirma su muerte. Intenta recordar todo lo que puede sobre ese individuo.
El señor Hogan fue un brujo de origen muggle de aproximadamente cincuenta años. Trabajaba en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional y había pasado muchos años viviendo en Francia. Melania se había cruzado con él en un par de ocasiones y siempre le pareció un individuo de lo más desagradable, con su barriga prominente y su aspecto de sapo verrugoso. Estaba casado con una mujer insignificante y tenía media docena de hijos regordetes y rubicundos, todos ellos magos. Por lo que se comentaba en los círculos ministeriales, aspiraba a convertirse en el jefe de su Departamento. Pues bien, claramente ya nunca lo será.
Mientras observa su rostro blanquecino, Melania comienza a hacer conjeturas. Si ha sufrido una muerte natural, todo el asunto será de lo más tedioso e insustancial. Si ha recibido una maldición mortal, pinta más interesante. ¿Quién podría desear la muerte del señor Hogan? Tal vez su esposa, harta de vivir a su sombra y de soportar su físico repugnante. O quizá un rival político ansioso por ocupar su cargo en Cooperación Mágica. O a lo mejor se trata de algún brujo sangrepura que, cansado de quejarse de gente como Hogan, haya decidido pasar a la acción.
—Señora. No puede estar aquí.
La voz del auror provoca que dé un respingo. Melania le echa un vistazo al característico uniforme y obedece antes de que se atreva a tocarla. Otra agente le pregunta qué hace allí y se ve impelida a responder un montón de preguntas absurdas que no servirán de nada. Media hora después, cuando recupera su libertad de movimientos, se prepara para arreglar todos los asuntos que la han llevado hasta el Ministerio y se promete a sí misma que averiguará todo lo que tenga relación con la muerte de Eoghan Hogan.
Según la señora Macmillan, una dama de alta alcurnia jamás debe dejarse llevar por los vicios de baja estofa. Nada de ingerir bebidas alcohólicas, fumar o tomar pociones espirituosas. Una señora siempre debe tener la cabeza despejada para afrontar los retos que supone la organización de una casa. Melania sonríe mientras Arcturus le enciende el cigarro. Aspira profundamente y deja que el humo llegue hasta el último poro de su ser. "Jódete, madre". Ahora que está casada no siente la necesidad de seguir ninguna de sus anticuadas directrices. Ella no lo desea y es evidente que Arcturus tampoco.
—Hogan era un cabronazo. —Después de darle fuego, Arcturus procede a servir dos copas de whisky—. Varias de sus compañeras de trabajo se quejaron porque intentaba meterles mano, pero nunca se presentó una denuncia oficial.
—Se me ocurren un par de maleficios que hubieran detenido esa actitud de inmediato.
—Melania, querida. Está prohibido amputar las manos de los funcionarios públicos.
Arcturus habla con tanta tranquilidad y lo hace tan en serio que tiene que reírse. Acepta la copa que él le tiende y siente un gran placer cuando el líquido ardiente le baja hasta el estómago.
—Te aseguro que soy una mujer mucho más sutil e imaginativa.
Arcturus finge un estremecimiento.
—Prefiero no imaginarme qué pasa por esa adorable cabecita.
Le da un beso en la sien. Melania sonríe. Al principio de su compromiso, le desagradaba enormemente que Arcturus estableciera contacto físico con ella. Después de una noche de bodas de lo más interesante, ha cambiado de opinión respecto a eso.
—Hogan era muy amigo de Elijah Weber, el director de su Departamento. Está claro quién ha encubierto todo ese asunto. Weber tiene poder suficiente para hacer y deshacer a su antojo.
—Eso explica que haya tan pocas mujeres trabajando en Cooperación Mágica. Huyen espantadas.
—Veamos la muerte de ese tipo por el lado positivo. —Arcturus toma asiento—. Ahora que está muerto, las brujas podrán volver allí.
Melania alza una ceja. Considera que el comentario es muy simple. Su esposo sonríe con expresión culpable y se queda callado. Ambos beben whisky al mismo tiempo. Melania evoca el artículo de prensa que ha leído recientemente en relación al asesinato de Eoghan Hogan. Tal y como ella misma especuló, recibió el impacto de un Avada Kedavra directamente en el corazón. Como no puede ser de otra manera, los aurores se han hecho cargo de la investigación. Melania se dice a sí misma que debería olvidarse del asunto de la misma manera que se olvida de las decenas de crímenes que aparecen en la prensa cada año, pero no puede. Ha visto el cadáver de Hogan con sus propios ojos y su cerebro desea conocer la verdad. No quiere esperar a que los demás resuelvan el misterio, quiere hacerlo ella misma.
Observa a Arcturus con suma atención. Tiene la vista fija en el fuego de la chimenea y parece ausente. No es nada extraño verlo en esa tesitura, puesto que su esposo piensa mucho y lo hace concentrándose bastante. Se pregunta si no habrán tenido la misma idea. Arcturus es un hombre curioso y sagaz. Durante un tiempo incluso deseó ser auror, aunque aquel no fuera un trabajo digno de un Black. Melania se fuma su cigarro, se bebe su whisky y considera que el silencio se ha prolongado durante demasiado tiempo.
—Voy a visitar a la señora Hogan.
A su esposo no le sorprenden sus palabras. Entorna los ojos y le dedica una mirada inquisitiva.
—¿Para qué?
—Deseo expresarle mis condolencias. —Traga saliva y sonríe ampliamente antes de añadir lo siguiente—. Y averiguar si tiene alguna sospecha sobre quién ha asesinado a su esposo.
Por un momento teme que Arcturus vaya a oponerse y no le permita hacer tal cosa. Estaría en su derecho. Es su esposo y como tal debe velar por Melania y tutelar sus acciones. O eso es lo que diría la señora Macmillan. Sin embargo, él asiente muy lentamente y demuestra que se entienden a la perfección.
—Yo iré a visitar al señor Weber. El pobre debe estar desolado.
Se miran con complicidad. Melania no puede afirmar que esté enamorada de su esposo, pero se siente afortunada por haber encontrado a alguien como él. Si las cosas siguen así, será muy divertido ser la señora Black.
Shannon Hogan tiene el comportamiento esquivo de un animal asustado. A Melania le sorprende que sea tan joven. No debe haber cumplido los treinta años y no recuerda haberla visto en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Esa cuestión queda resuelta cuando habla y su acento norteamericano se hace más que patente. La guía hasta una coqueta sala de estar, la invita a sentarse junto a la chimenea encendida y le sirve un té bastante insulso. Desde allí pueden escuchar los gritos de sus hijos. Melania llega a la conclusión de que son mitad bestias, habida cuenta de su lamentable comportamiento.
—El funeral del Eoghan será dentro de dos días. Mis cuñadas se están ocupando de los preparativos.
A tenor de la forma que tiene de pronunciar esa última frase, está claro que la relación con su familia política no es precisamente fluida. Melania tiene la certeza de que su matrimonio tampoco lo fue. No se imagina al señor Hogan siendo amable con una chiquilla tan joven y desvalida. Le da un sorbo al té y echa un vistazo disimulado a su alrededor. Bajo la ventana hay una mesita auxiliar repleta de retratos. Melania puede ver a los niños Hogan y ahí está el viejo sapo, agarrando por la cintura a su esposa y sonriendo de forma repugnante.
—¿Conocía usted a mi esposo? No recuerdo que hayamos sido presentadas antes.
Cuando era niña, Melania aprendió que ser honesta es mucho mejor que mentir. Las mentiras tienen las patas muy cortas y siempre terminan enredándose hasta que se convierten en una maraña de tamaño descomunal que te aplasta irremediablemente.
—Sólo de vista. He venido porque estaba allí cuando encontraron su cuerpo y quedé muy impresionada.
—Entiendo.
Shannon agacha la mirada. Es obvio que es una persona muy solitaria. Su familia debe vivir en Estados Unidos y parece una criatura ávida de afecto. Melania decide tirar la casa por la ventana y le aprieta amistosamente el brazo.
—Lamento muchísimo su pérdida. Puede contar con mi apoyo para cualquier cosa que necesite.
—Muchas gracias, señora Black.
Melania le sonríe. Está convencida de que empieza a ganarse su confianza. Puede verlo en sus ojos. No obstante, la señora Hogan no es una mujer particularmente habladora, así que prosigue ella misma con la conversación.
—Es usted muy joven. Debió casarse muy pronto.
Shannon suspira y compone una sonrisa cargada de tristeza.
—Tenía apenas diecinueve años cuando me comprometí con Eoghan.
Se queda callada. Melania ansía preguntarle cómo fue posible que pusiera sus ojos en un señor tan mayor y escalofriante, pero entonces ella solloza, niega con la cabeza varias veces y rompe a llorar. Pobre muchacha. Su angustia atraviesa el pecho de Melania y le estruja el corazón.
—Yo no quería casarme, señora Black. Eoghan era tan… —solloza y traga saliva—. Viejo. Y nunca fue bueno conmigo. Yo… Sé que no está bien, pero me siento aliviada. Tan aliviada.
Sigue llorando con amargura. Melania le palmea la mano y logra mantener la compostura. Nunca le ha gustado que la gente llore. Es muy incómodo. Por más compasión que le despierte esa chica, preferiría que no lo hiciera.
—Entiendo, señora Hogan. Entiendo.
—Yo quiero volver a casa, pero los Hogan son tan… Como él.
Más llanto. Melania le frota la espalda y procura reconfortarla. Mientras tanto, continúa observando la habitación. Está decorada con buen gusto y sobre la chimenea hay pintado un del matrimonio. Shannon sonríe. Eoghan tiene una mano en su barriga y la otra sobre el hombro de su esposa. Casi puede sentirse lo contrariada que ella se encuentra. Está claro que ese individuo fue un desalmado. Vaya que sí.
—Tiene que calmarse, señora Hogan.
—Llámeme Shannon, por favor.
—De acuerdo, Shannon. Serénese. Las lágrimas no le servirán de nada.
—¿Y qué quiere que haga? Me siento atrapada en este maldito país.
Melania la comprende, aunque sigue pensando que esa actitud tan derrotista no la ayudará en los días venideros.
—¿Se ha puesto en contacto con sus familiares? —La joven asiente patéticamente—. ¿Vendrán al funeral? —Un nuevo asentimiento—. Si acepta mi consejo, hable con ellos sobre su situación. Si la aprecian, la ayudarán a regresar a Estados Unidos junto a sus hijos.
Shannon no dice nada, pero logra calmarse. Se limpia los mocos, se seca las lágrimas de las mejillas y acierta a tomar su taza de té con una delicadeza inaudita. Está claro que también la han educado para ser una dama.
—Muchas gracias por escucharme, Melania. ¿Puedo llamarla así?
"Si no queda más remedio"
—Por supuesto, Shannon.
—Muchas gracias, Melania. Me hacía mucha falta hablar con alguien.
Asiente de una forma un tanto errática. Ahora que los ánimos están más calmados y que da la impresión de que el momento para lamentarse y confesar los pesares ya ha pasado, Melania decide retomar el asunto que la ha llevado hasta allí: la búsqueda de información.
—Después de lo que me ha contado sobre su esposo, no me extraña que haya terminado así.
—¿A qué se refiere?
—¿Los aurores no le han explicado cómo murió?
Shannon da un respingo, se pone muy roja un instante y oculta la cara detrás de la taza de té. Después habla de forma casi atropellada.
—Sí, claro. Dijeron que alguien le hechizó.
—Con una maldición mortal, sí.
—Sí, eso es. Un Avada Kedavra.
—Su agresor debía sentir un gran odio hacia él si fue capaz de invocar ese maleficio.
Melania aguarda la respuesta con avidez. Shannon deja la taza sobre su platillo y menea distraídamente la cabeza.
—Eoghan no caía bien a mucha gente. Se comportaba de forma inadecuada con todo el mundo.
—No me diga.
—Sin ir más lejos, hace una semana se batió en duelo con un brujo francés. Por lo visto tuvo algunos problemas con él cuando trabajó en París. Debió ser un asunto muy turbio, porque el otro tipo aún le guardaba mucho rencor.
—¡Qué interesante!
—Lamento no poder decirle mucho más al respecto. Eoghan nunca entraba en detalles cuando se trataba de sus asuntos.
—Ya me lo imagino, ya.
Un fuerte estruendo en el exterior interrumpe la conversación. Shannon parece muy contrariada al principio, aunque enseguida se resigna y se pone en pie.
—Discúlpeme, Melania. Son los niños. Me temo que han heredado el carácter de su padre.
—No se preocupe. —Sonríe y se levanta a su vez, comprendiendo que la reunión ha terminado—. Creo que es mejor que me vaya para que pueda atender a sus hijos.
—Gracias por venir.
—No hay de qué, Shannon. Mucha suerte en el futuro.
El cuerpo huesudo de Arcturus está cubierto de vello. Esa es, quizá, la única cualidad física que Melania aprecia de su marido. Le pasa la mano por el pecho y tira juguetonamente de los pelillos del abdomen. Él resopla y se ríe por lo bajini.
—No hagas eso.
—¿Por qué? ¿No te gusta?
Arcturus agarra su mano y le besa la palma muy lentamente. Cuando la mira, sus ojos parecen muchísimo más bonitos de lo que son.
—Ése es el problema, Melania. Me estás distrayendo y quiero contarte lo que me ha dicho Elijah Weber.
Suspira. Melania considera que dedicarse a esas actividades más carnales es muy entretenido, aunque también siente mucho interés por escuchar lo que su esposo quiere decirle. Convencida de que no pasará nada por postergar las caricias durante unos minutos, se incorpora y apoya la cabeza en la mano derecha para contemplar el antiestético rostro de su marido. Arcturus está tumbado boca arriba y se ha metido en la boca una grajea de Bertie Bott. Le encantan las chucherías.
—Venga. Cuéntame.
—Me ha confirmado que Hogan tuvo problemas con varias compañeras de trabajo. Asegura que le llamó la atención varias veces, pero que era un tipo iracundo y nada razonable.
—¿Por qué no lo despidió?
—Eso mismo le pregunté yo, pero no entró en detalles. Dijo que era un asunto confidencial.
Melania pone los ojos en blanco.
—Vamos, que Hogan tenía algo en su contra y amenazaba con contarlo.
—Posiblemente.
—Pues eso le convierte en sospechoso.
Arcturus chasquea la lengua.
—Da la impresión de que todo el mundo quería matar a Hogan. Sin ir más lejos, Weber me ha comentado que hace unos días tuvo una pelea con un tipo francés, un viejo compañero de sus años en París.
Melania se sienta en la cama, claramente interesada.
—La señora Hogan me dijo exactamente lo mismo, aunque no me pudo aclarar los motivos de la disputa.
—Weber tampoco.
—Eso aclara mucho las cosas. —Melania siente el impulso de levantarse de la cama, pero Arcturus la ha cogido por la cintura—. Tenemos que averiguar quién es ése francés. ¿Sabes si ha venido alguna delegación diplomática de Francia?
—En Ministerio suele invitar a un buen número de extranjeros a la fiesta de Halloween. Es bastante posible.
—Conozco a alguien que trabajó en la organización del evento. Tal vez pueda conseguirme un listado completo de todos los asistentes. Con suerte, el sospechoso estuvo allí.
—Yo podría hablar con un par de amigos que controlan las fronteras mágicas. Por si no lo estuvo.
Melania asiente. Está entusiasmada. Siente que está a punto de resolver ese misterio y desea ponerse a trabajar lo antes posible. Sin embargo, el tono meloso de Arcturus la frena en seco.
—¿Por qué no vuelves a hacer eso que hacías antes? Me gustaba muchísimo.
Eso es verdad. ¿Por qué no? Melania sonríe con malicia y se coloca sobre el cuerpo de su esposo. Feo y todo, le resulta de lo más apetecible. Mientras se inclina para besarle piensa en los días venideros y en todos los nuevos descubrimientos que podrán hacer.
Clément Girard. Tiene que ser él. Melania lo supo en cuanto leyó su nombre en el listado de invitados. Está ansiosa por conocer más detalles sobre su identidad, aunque no será una tarea sencilla. Si al menos contara con algún contacto en Francia que le facilitara la labor. Piensa en sus antiguos conocidos de Hogwarts y se acuerda de una Hufflepuff que terminó casándose con un francés. Es verdad que nunca fueron grandes amigas, pero está convencida de que podrá sonsacarle información si es lo suficientemente amable. Primero tendrá que averiguar su dirección para escribirle una carta, aunque eso tendrá que esperar. Ha decidido que Arcturus y ella asistirán al funeral de Hogan. Después de visitar a la pobre Shannon le parece lo más correcto. Además, no es descabellado pensar que Girard acuda a la ceremonia. No sería el primer asesino en actuar de forma semejante.
Melania se ha puesto una bonita túnica oscura. Se ha maquillado de forma discreta y ha recogido su cabello en un moño muy apretado. Un funeral no es lugar para lucirse. Además, si no llama la atención podrá escudriñar a la gente con más libertad. Aunque no ha visto a Girard, algo le dice que lo reconocerá en cuanto lo tenga delante.
A su espalda, Arcturus le da los últimos retoques a su cabello. A Melania le parece muy curioso que sea un hombre tan coqueto. Sonríe porque tiene la sensación de que quiere estar guapo y elegante no sólo por amor propio, sino para satisfacerla a ella, para estar a su altura. Cuando termina de acicalarse, se da media vuelta y le tiende cortésmente un brazo.
—¿Nos vamos ya, querida? Que no se diga que los Black llegamos tarde.
Melania se agarra a él y deja que los desaparezca a ambos. A Hogan lo van a enterrar en un cementerio muggle, pero el Ministerio ha activado un dispositivo para que la gente sin magia no se sorprenda ante la llegada de tantos magos. En cuanto ponen un pie en el lugar, Melania localiza a Shannon Hogan. Está parada bajo un árbol, completamente sola. Los familiares de su difunto esposo ejercen de anfitriones y la ignoran por completo. La pobre parece más desvalida y solitaria que nunca y nadie se digna a prestarle atención mientras dura el entierro. Sí que es verdad que son varias las personas que se acercan a darle el pésame, pero nadie conversa con ella más tiempo del necesario. Cuando les toca el turno, Melania le presenta a su marido y pregunta por los niños.
—No me ha parecido bien traerlos. Se han quedado a cargo de la niñera.
Después de meter el ataúd en su correspondiente agujero, acuden a la recepción que los Hogan ofrecen en casa. Melania nunca ha entendido porqué los funerales tienen que ser así. Ella misma ha asistido a unos cuántos y odia tener que estar de pie durante horas, escuchando bobadas y observando comer a un montón de gente que, en el mejor de los casos, sólo está allí para cumplir con las imposiciones sociales. Se promete a sí misma que no permanecerán mucho tiempo allí. Acepta una copa de vino y toma asiento cuando una serie de hombres comienzan a desfilar a la espera de su turno para charlar con Arcturus. Su esposo es un tipo bastante popular entre los brujos. Melania le observa sin mucho interés durante un rato, arruga la nariz cuando los niños Hogan hacen acto de presencia y echa de menos a Shannon al cabo de un rato. ¿Dónde se habrá metido? La última vez que la vio estaba comprobando que las bandejitas de canapés estaban bien surtidas. Se la imagina llorando sola en algún rincón y sale a buscarla.
No resulta nada fácil dar con ella. Busca en la cocina, en el estudio y en el pequeño jardín, todos ubicados en la planta baja. Y aunque le sabe mal subir a la planta superior, lo hace con su mejor intención. No quiere que la pobre Shannon sufra. Al final sus familiares no han llegado a tiempo al funeral y es obvio que las hermanas de Hogan son realmente antipáticas. Sus tacones resuenan en el mármol de la escalera, pero sus pasos quedan amortiguados por la moqueta del pasillo. Está a punto de girar una esquina cuando escucha una voz masculina.
—Sólo un poco más, Shannon. Un poco más.
Después, le llega el sonido de unos besos. No sabe qué está pasando, pero no quiere interrumpir. Se da media vuelta para regresar discretamente al salón, pero entonces la ven. Han debido cansarse de los arrumacos y los dos la están mirando con el ceño fruncido. Shannon Hogan y Elijah Weber. Es evidente que a ambos les sorprende encontrarla allí.
—¡Melania! —Pese a su evidente desconcierto, Shannon mantiene la calma—. ¿Necesita algo? ¿Puedo ayudarla?
Está tan avergonzada y ansiosa por salir de esa situación que no escucha la alarma que suena en su cabeza. Si prestara un poco de atención comprendería que está a punto de descubrir el gran misterio que tanto la ha intrigado en los últimos días. Su voz también suena tranquila cuando habla.
—Estoy buscando el tocador.
—Claro. La segunda puerta a la izquierda.
Va a librarse del escarnio público. Da las gracias a su interlocutora y se dispone a entrar en el lavabo, pero la voz de Weber resuena en sus oídos.
—Nos ha pillado, Shannon.
Melania habla demasiado precipitadamente.
—¡Qué va!
Pero Weber no da crédito a sus palabras. Tiene los brazos cruzados y un mechón de pelo rubio le cae sobre la frente. Shannon está muy seria y ya no parece un animalillo asustado. Y entonces Melania lo comprende todo y se siente en peligro. Comienza a hablar como si nada tuviera para ella el más mínimo interés.
—Me trae sin cuidado lo que estuvieran haciendo. Son dos personas adultas. Si les preocupa que diga algo, pueden estar tranquilos. No soy una chismosa.
Ha dejado clara su posición. Ahora sólo debe volver junto a Arcturus para largarse de esa casa. Sin embargo, Weber se interpone en su camino.
—¿No lo es? En tal caso, estoy convencido de que no tendrá ningún problema a la hora de explicarme por qué usted y su esposo han estado haciendo preguntas.
—No sé de qué me habla.
—No sólo intentaron sonsacarnos a Shannon y a mí, si no que han buscado información por otros medios. —Weber está pegado a ella. Es un tipo alto y Melania tiene que inclinar la cabeza para mirarle—. Dígame, señora Black. ¿Han encontrado ya al señor Girard?
"Cállate, Melania. Cállate y lárgate de aquí"
—Creo que sí.
Maldita sea.
Weber aprieta la mandíbula y gira la cabeza para mirar a Shannon. La mujer tiene la cara roja y los ojos brillantes. Melania calcula cuántos segundos necesita para alcanzar la escalera. Tal vez sea conveniente gritar. Abajo hay mucha gente y alguien acudirá en su ayuda. Desgraciadamente, le están cortando el paso. Necesita ganar tiempo, despistarles, así que organiza sus pensamientos y comienza a hablar.
—Girard sólo era una estrategia para despistarnos, ¿verdad? Una forma de conseguir que nadie sospechara de ustedes. —Mira directamente a la mujer—. En estos casos, los aurores suelen investigar a la familia más cercana y a las personas que salen más beneficiadas con la muerte de la víctima. Y ésa es usted, Shannon. —La aludida no mueve un músculo—. El otro día hizo una gran actuación. Reconozco que me lo creí todo. ¿De verdad su esposo era un monstruo? —Ella no responde. Melania ha conseguido dar dos pasos hacia la derecha—. Supongo que eso da igual. Ahora es libre. Recibirá la herencia de su marido y podrá marcharse con su amante. ¿No es así, Weber? ¿Desde cuándo llevan juntos? ¿Cuánto tiempo hace que planearon el asesinato? Fue muy conveniente esperar hasta la noche de la fiesta de Halloween, cuando el Ministerio estaba repleto de gente. ¿Girard existe o es una invención de ambos?
Ha conseguido avanzar bastante. Sólo tiene que dar cinco pasos hacia la escalera y estará a salvo. Weber tiene los pies clavados en el sitio, pero Shannon está cerca de ella. Los dos tienen las varitas en la mano y ella no ha podido sacar la suya. Un grito y todo habrá acabado.
—Está diciendo tonterías. No puede probar nada de eso.
Shannon suena terriblemente culpable. Melania sonríe y da otro paso más.
—Es verdad. No puedo demostrar nada, pero si yo he sido capaz de descubrir su plan, ¿creen que los aurores no lo harán también?
Se miran. Esa pareja de asesinos se lo dicen todo con los ojos. A Melania se le ocurren mil maneras de morir. A lo mejor la hacen caer por la escalera o le golpean con algo en la cabeza. O la envenenan o vuelven a usar la maldición mortal.
—No podemos dejar que se vaya, Melania. —Shannon le habla con dulzura—. Hemos llegado muy lejos y no vamos a arriesgarnos.
Ya está. La escalera está ahí al lado. Ha llegado el momento de dejarse de tonterías. Melania toma aire y grita con todas sus fuerzas.
—¡Socorro!
Un montón de cabezas se giran para mirarla y ya está a salvo.
—Te digo que los encontré por casualidad, Arcturus.
Está irritada. Su marido sigue enfadado. Están juntos en el estudio de la casa de los Hogan, a la espera de que algún auror quiera dignarse a hablar con ellos. Melania ha intentado explicarle cómo han ocurrido los hechos, pero él no la escucha. Parece tan asustado como cuando la escuchó gritar. De hecho, las manos aún le tiemblan ligeramente. No parece un Black frío y astuto. Y le gusta. Le encanta sentir su preocupación y siente la necesidad de calmarlo, así que se acerca a él y lo abraza desde atrás.
—No soy ninguna inconsciente. No me pondría en peligro de una manera tan estúpida. No soy una Gryffindor, por Merlín.
Se ríe. Bien, casi lo tiene. Melania apoya la mejilla en su hombro.
—Estaba buscando a Shannon y los encontré besándose. Cuando vi cómo reaccionaban, no me cupo la menor duda de lo que estaba pasando. Ya sabes lo que dicen, querido.
Él suspira profundamente.
—El asesino siempre es el marido.
Melania puntualiza con una sonrisa.
—O la esposa, en este caso.
Otro suspiro. A Melania le alegra que él se dé media vuelta y le devuelva el abrazo. Está un poco menos colorado y respira más pausadamente. Ya está. Lo ha conseguido. Se ha calmado.
—Weber disimuló muy bien cuando hablé con él. Ni se me pasó por la cabeza la posibilidad de que fuese el amante de Hogan.
—Si te sirve de consuelo, Shannon también logró engañarme. Pensé que era una pobre chica maltratada.
Arcturus bufa.
—Las hermanas de Hogan se han pasado todo el funeral criticando el comportamiento indecoroso de su cuñada. Yo pensé que exageraban y que son unas remilgadas, pero algo de verdad estaban diciendo. Hogan casi me da pena.
Melania alza un dedo y se lo planta delante de la nariz.
—¡Ey! Te recuerdo que era un baboso con sus compañeras de trabajo.
—Nadie merece morir por eso.
—Bueno, tal vez me hubiera conformado con castrarle.
Arcturus se ríe y estrecha el abrazo. Melania se deja hacer. Puede sentir los latidos acelerados de su corazón y en ese momento lo sabe. Su marido la quiere muchísimo más de lo que ella lo quiere a él. La ternura le sube hasta la garganta y se promete a sí misma que esa relación saldrá bien. Arcturus es feo, pero no es un mal tipo. Los matrimonios concertados no son nada extraños entre la gente de su posición social; lo realmente complicado es encontrar alguno que funcione. Y el suyo lo hará porque ambos tienen voluntad suficiente para conseguirlo. Cabe la posibilidad de que la Maldición Melania alcance al pobre Arcturus, pero hasta entonces se asegurará de que su vida sea plácida, aunque no demasiado. Melania deja que Arcturus alargue ese abrazo todo lo que desea y, entonces, hace su proposición.
—Me ha gustado investigar este caso, Arcturus. Creo que ya sé a qué quiero dedicar nuestro tiempo libre.
Está claro que él ha puesto los ojos en blanco.
—No me digas.
—Vamos a ser detectives. Un auténtico matrimonio de sabuesos.
Se ríe de nuevo. Melania opta por dejarle en paz. De momento. La realidad es que cuando se le mete algo en la cabeza no se detiene hasta conseguirlo y quiere más cadáveres como el de Eoghan Hogan en su vida. Bueno, tampoco tienen que ser siempre cadáveres, pero su visión está clara. Cuando las aguas vuelvan a su cauce, buscará su próxima aventura y Arcturus la acompañará. No le quedará más remedio.
Hola, holita.
No he encontrado demasiada información sobre Melania Macmillan, así que me he apañado con lo poco que tenía para construir una historia. Espero que os haya gustado.
Matrimonio de sabuesos es una novela de Ágatha Christie. La protagonizan Tommy y Tuppence Beresford. La pareja protagoniza catorce historias cortas, recopiladas en la citada novela.
Besetes y hasta pronto.
