Los últimos rayos naranjas del sol destellaban en el horizonte, la luna ya era visible en el fondo azul marino con montones de estrellas que se veían a simple vista. Iba a ser una noche cálida, lo sabía por la brisa que desordenaba su cabello, sin embargo había algo más tibio que lo rodeaba.

La sangre.

El olor a sangre impregnaba su nariz, a pesar de encontrarse en el bosque con el abundante olor a tierra y pino.

Sus ropas estaban empapadas, sin embargo, la sangre no era suya, ni una gota le pertenecía. El dueño de aquel charco de sangre en el que se encontraba yacía acostado en sus muslos, al borde de la muerte con una tonta sonrisa en el rostro. Éste hombre no tenía salvación, a penas podía respirar a causa de sus costillas fracturadas que perforaban uno de sus pulmones y aún así fue capaz de soltar una penosa risa.

—N-No pensé que fueras tan fuerte, Illu...—casi se atragantó con la sangre que se acumulaba en su boca.

El asesino le miraba pétreo, tratando de comprender cómo es que al estar a punto de morir sigue haciendo sus estúpidos comentarios.

Los pulmones obstruidos del mago resonaron a la vez que intentó respirar, trató de usar su bungee gum, pero de nada sirvió, no había arreglo. Illumi sujetó su cabeza, para que no se ahogara.

—...e arrepientes?

Su voz había bajado unos tonos, ya le costaba formular palabras, su mente se estaba nublando y ya no sentía parte de su cuerpo, a excepción de las frías manos de Illumi, una en su nuca y otra en su pecho, donde se encontraba una de sus heridas más profundas.

El Zoldyck no contestó su pregunta, siguió observándole a los ojos, buscando algo más en ellos, alguna respuesta del porqué llegaron hasta este punto, no era necesario matarlo... pero era inevitable. El contrato que hicieron hace un tiempo donde Illumi asesinaría a Hisoka (a pedido de éste último) a cambio de una gran suma de dinero. Se veía tan irreal para Illumi, creyó que nunca lograría a matar a Hisoka, ya que pensaba que Chrollo lo haría antes o surgiría otro trato entre ellos. Pero no fue así.

Lo que más le impacta es que en el fondo, no quería matarlo, era ridículo.

Hisoka le había pagado para asesinarlo, ¡estaba loco!

Ahora en vez de acabar de una vez por todas con la vida del mago e ir a buscar su remuneración, estaba ahí junto a él en sus últimos momentos de vida.

¿Realmente se arrepentía? Contestaba en su cabeza que no, no se arrepentía, porque era una buena paga y no fue difícil completar el trato. Sin embargo, algo le molestaba de toda esta situación. Después de todo, Hisoka era su único socio. Él fue la única persona ajena a su familia con la que compartió, si bien no era una amistad, era bastante el contacto que mantenía con éste.

¡Habían llegado a hablar hasta de sus intereses en la comida!

Cenaron muchas veces juntos, para hablar de negocios y muchas veces terminaron hablando de cosas triviales, ya que al mago le gustaba saber más del misterioso y callado Illumi. También solían ayudarse mutuamente en sus trabajos (por parte de Illumi) o simplemente ambiciones.

Todo eso llegó a su fin, ya no habría más de esta "relación".

Esto acababa aquí y el asesino volvería a estar por su cuenta en el bajo mundo. Apretó la mandíbula de sólo pensar que no volvería a ser sorprendido con una de las visitas del mago en medio de sus trabajos.

Los ojos dorados ensangrentados se apagaban poco a poco, pero sin dejar de mirarlo, ninguno quería quitarse la mirada de encima.

Inconscientemente, los dedos de Illumi mimaron el cabello de Hisoka. Éste respondió a las caricias con un sonido grave, casi como un ronroneo.

Sin embargo, Hisoka quería hablar, quería decirle un montón de cosas, quería molestarlo, decirle bromas pesadas, incomodarlo con sus palabras de doble sentido, pero por sobre todo elogiarlo por darle una de sus mejores batallas, que finalmente le está arrebatando la vida. Illumi superaba todos sus estándares, nunca lo decepcionaba, siempre le sorprendía, pero tristemente llegó a un punto muerto que el mismo marcó. Quizás debió alargar esto un poco y disfrutar más cosas con él... Huh, pues sí que quería hacer más cosas, maldijo en su mente nunca haber intentado probar los labios del asesino, pero ya no había vuelta atrás.

No tenía más fuerzas, pronto llegaría su último aliento y se iría al más allá.

Al infierno, supone. Pero no se aterroriza, pues piensa que se lo merece después de todo.

Observa el largo cabello de Illumi, es tan sedoso, combina perfectamente con su piel nívea y pulcra, sobre todo con sus ojos negros, que a veces suelen verse púrpuras. Hoy puede ver un brillo en ellos, o quizás está teniendo alucinaciones antes de morir, puede que sea eso.

De pronto siente que sus ojos pesan demasiado y ya no puede mantenerlos abiertos por mas tiempo, trata de mover su mano, quiere tocarle, quiere tocar el rostro de Illumi. En su pecho siente la espesa sangre, que lo ahoga, no puede respirar más.

Su mano ensangrentada con mucho esfuerzo sube y toca torpemente la mejilla del asesino, manchando de sangre su pómulo derecho. El pelinegro ni se inmutó, incluso podría decirse que le agradó el tacto.

—Quiero decirte algo.

Sólo Illumi sería capaz de escuchar aquellas palabras que con mucho esfuerzo salían de su garganta.

Lo miró con atención, empezó a sentirse impaciente, realmente le importaba lo que sea que iba a decir.

Hisoka miró a la luna que se asomaba por arriba de sus cabezas.

Su último aliento.

—...na, está bonita.

Soltó una risa que fue más una tos.

Illumi sintió un calor en su pecho, por un segundo pensó que se le había subido la presión debido al gran uso de energía en la pelea. Pero era imposible, ni en sus peleas más brutales había sentido algo como eso.

Los ojos de Hisoka volvieron al rostro de Illumi, uno de sus últimos pensamientos fue en lo pálida y deslumbrante que era la luna, justo como el rostro del asesino. Su mano se despegó de la mejilla de Illumi y tomó con suavidad entre sus dedos un mechón del pelo azabache.

—Que.. largo está tu... cabello.

Su mano cayó al pasto en un golpe seco.

Junto con sus párpados.