Hibike no me pertenece, fin.

Promesa de matrimonio

Primera parte:

Un par de niñas de seis años jugaba en el campo, cerca del río. Una de cabello negro y lacio, la otra de cabello ondulado y castaño. Como cada tarde jugaban a cualquier cosa, solo había una diferencia en ese día.

Como cada año, se celebraría el tradicional intercambio de promesas. Un evento en que los jóvenes acudían con sus mejores ropas y ofrecían un listón rojo a las jovencitas. Ese listón rojo simbolizaba una promesa de matrimonio. Si la chica lo aceptaba automáticamente al cumplir su mayoría de edad ambos se casarían. Como era de esperarse era una festividad jovial que se celebraba en grande, pues, además de la tradición también se colocaban pequeños puestos y había danzas locales entre otros eventos.

Ambas niñas estaban tan emocionadas en ir al festival, ambas vestían bonitos kimonos que hacían juego. Reina Y Kumiko se conocían desde bebés, eran muy buenas amigas, casi como hermanas. Nunca veías a una sin la otra y una nunca se metía en problemas sin la otra. Y bueno, hablando de emociones y problemas, las niñas apenas llegaron al campo adornado para el festival y se pusieron a jugar, lo que llevó a que Kumiko tropezara y manchara su kimono con lodo. Apenas empezó a llorar y Reina la animó indicándole que limpiarían eso con el agua del río.

La pequeña pelinegra sacó un pañuelo de su pequeño bolso y lo humedeció, luego procedió a limpiar. Kumiko miraba entre gimoteos mientras Reina decía algunas palabras para calmarla. La pequeña pelinegra tenía una forma de hablar especial, tranquila y comprensiva, como una hermana mayor. Y así como son los niños, rápidamente Kumiko dejó de gimotear mientras reía con los pequeños chistes que decía la otra.

El kimono ya estaba limpio, según ellas, y las niñas fueron a ver el evento de intercambio de listón que ya estaba dando inicio. Reina, tan emocionada como estaba dijo que sería bonito hacer una promesa así; y Kumiko, siendo espontánea como siempre era, sugirió que hicieran una promesa, algo que Reina secundó. Cosas de niños al final de cuentas.

No pasó mucho para que esta vez Reina se pusiera a llorar, se había dado cuenta de que no tenía un listón rojo para hacer esa promesa. Kumiko rápido buscó alrededor, algo rojo, lo que fuera, ver a su mejor amiga llorar era algo que siempre le partía el corazón. A lo lejos halló en unos arbustos unas pequeñas flores rojas, las arrancó con sus pequeñas manos y corrió de regreso contenta. "Esta será nuestra promesa" esas palabras fueron seguidas por una gran sonrisa. Reina recibió la mitad de esas flores en sus pequeñas manos mientras gimoteaba intentando dejar de llorar. Kumiko rápido le limpió las lágrimas con una de sus mangas mientras decía lo primero que venía a su cabeza, nunca era buena con las palabras pero al menos siempre lograba tranquilizar a su amiga. Al finalizar el día la pequeña pelinegra regresaba a casa con un ramito de flores rojas, contenta por la promesa que había hecho con su mejor amiga.

Aquel día Reina presumió a sus padres las flores que había conseguido, les dijo que Kumiko se las había regalado. Sus padres elogiaron las bonitas flores pero no le dieron gran importancia. Para Reina aquellos cumplidos que le decían sus padres habían sido la gran cosa. Una vez más, cosas de niños. Además, era el símbolo de su promesa con Kumiko.

En casa de Kumiko fue un poco diferente, no tanto. La pequeña castaña les contó que ella y Reina tenían esas flores como una promesa, igual que el festival. Los padres elogiaron las flores, pero tomaron con gracia la acción de las niñas "Ya quiero ver qué dirás cuando seas grande y recuerdes esto" la hermana mayor, que portaba un listón rojo, se burló ante la inocencia de la pequeña. Eso a Kumiko no le importaba, admiró un rato más sus flores y después las guardó entre hojas para conservarlas, según su mamá así se conservarían más tiempo.

Unos meses después la familia de Kumiko tuvo que mudarse, aquello hizo que ambas niñas lloraran a mares. No querían separarse de su mejor amiga, pero qué se podía hacer. Así se despidieron y se juraron que no olvidarían su promesa.

En aquel entonces Kumiko y Reina todavía se hacían llamadas telefónicas y platicaban de cualquier cosa, algo que cesó con el pasar del tiempo, pues, unos años después, la familia de Reina también se tuvo que mudar cuando ella tenía doce años, perdiendo así comunicación alguna.

Ya habían pasado diez años desde que Reina también se hubiera mudado de ese lugar.

Un autobús llegó a la parada del lugar, de ahí bajó una joven Kumiko con mochila y gorra, la acompañaban sus amigas de universidad Midori y Hazuki.

Como buenas turistas que eran, empezaron a tomar fotos de la gente que estaba adornando el lugar, ya que al día siguiente se celebraría aquel festival tradicional. Kumiko veía algunos rostros conocidos, era verdad que se había mudado muy pequeña y de vez en cuando había visitado el lugar hasta que unos años después dejó de ir porque su hermana mayor también se había mudado de aquel pueblo. Cuánto había cambiado todo eso.

Kumiko llevó a sus dos amigas a la vieja casa de la familia, todavía les pertenecía. En la noche salieron a buscar algo para cenar, los establecimientos del festival ya vendían cosas así que aprovecharon para comer algo de ahí, y mientras estaban en ello, la castaña enfocó su cámara para tomar fotos en el río donde solía jugar. Ahí vio una figura femenina. Era una joven con kimono y su cabello negro sujetado con unos broches dejando su nuca al descubierto. "Wow" Kumiko no dudó en tomar una foto a aquella silueta a lo lejos.

A la mañana siguiente todas se levantaron temprano y salieron a tomar fotos de los últimos preparativos para el festival que se celebraría en la tarde.

Las amigas de Kumiko estaban emocionadas como todo buen turista. Kumiko por otra parte sacó del bolsillo de su pantalón un pequeño amuleto y se sonrió pesadumbrada.

Ya era tarde y el evento principal estaba por comenzar. Todas las personas se reunieron alrededor del espacio preparado para aquella ceremonia. Hazuki y Midori estaban tan entretenidas con el evento que no se dieron cuenta cuando Kumiko se separó de ellas. La castaña fue cerca del río y miró el agua un rato. "El evento principal acaba de iniciar" una voz femenina la tomó por sorpresa haciendo que esta diera un saltito en su lugar. "Ajaja… sí, gracias por avisarme" Kumiko apenas volteó a ver a esa persona que le había hablado y se encontró con una hermosa joven portando un bonito kimono y su cabello negro como la noche arreglado con adornos que combinaban con su atuendo. Kumiko quedó embelesada, si su amiga de la infancia estuviera ahí, seguro se vería tan hermosa como esa persona frente a ella. Ah, ahora que lo pensaba, esa joven era la misma del día anterior.

Kumiko no dudó en pedirle permiso para tomarle una foto, y la joven accedió. Mientras le tomaba unas fotos, platicaron de cosas del festival. Entre los tantos temas Kumiko le preguntó si era de ahí y la joven le respondió afirmativa. La joven también le contó que ella vivió ahí en su infancia hasta que tuvo que mudarse por el trabajo de sus padres, pero le gustaba asistir cada año a ese evento, pues era algo especial. "¿Cómo? ¿Nunca has participado? Con tu atuendo creí que… bueno, pero estamos platicando y el evento principal ya terminó". Kumiko se veía pensativa, eso provocó una risita en su interlocutora. Por un momento Kumiko se sintió recompensada ante tal gesto.

Y se sonrojó.

Si Reina estuviera ahí, definitivamente sería tan linda como esa joven. Desde que comprendió el significado de aquella promesa que hizo con Reina en su infancia, Kumiko a sus once años sintió por primera vez cómo su corazón se aceleraba. Ella sabía que el listón era una promesa de matrimonio, y de alguna manera nunca le pareció raro, al contrario, se sentía orgullosa de saber que esa promesa la compartía con su mejor amiga, pero conforme fue creciendo y aprendiendo más, empezó a sentirse avergonzada por haber convertido algo tan sagrado en una inocente confusión. Kumiko lo recordaba siempre, a veces su hermana se burlaba de ella y lo normal habría sido que Kumiko defendiera su promesa con Reina hasta que un día, la jovencita de secundaria se sonrojó hasta las orejas y reclamó a su hermana que dejara de burlarse de ella. Así era, un día eres una niña haciendo promesas inocentes sin tener la madurez suficiente ni el conocimiento suficiente pero creyendo honestamente que es algo maravilloso…, y otro día eres una adolescente recordando una de esas tantas cosas vergonzosas de tu infancia.

Reina, por otra parte, se veía radiante y en su semblante había un pequeño toque de resignación, una tristeza, al ver a esa joven frente a ella portarse tan indiferente, como si nada nunca hubiera pasado. Pues claro, ¿Por qué debería ser recordada luego de diez años de no saber nada la una de la otra? Y es que la joven frente a ella no lo sabía, pero Reina la reconoció desde el día anterior que la vio en uno de los establecimientos. Kumiko se veía tan parecida como cuando niña, la misma risita boba, las mismas expresiones remarcadas y esa forma tan simple y entretenida al hablar. En serio, Reina sonreía cuando aquella joven le sonreía, y sin embargo por dentro sentía esa aflicción. "¿Entonces vienes cada año?" la joven le preguntó. "Así es, estoy esperando a alguien" se limitó a responder. "Wow, eso es algo romántico, pero… ¿No te cansas de esperar? Es decir, ¿qué tal si nunca llega?".

"Kumiko" Reina dijo ese nombre en un tono dulce, y la mencionada, que acomodaba su cámara para otra foto, se quedó boquiabierta.

A Kumiko le tomó un momento poder levantar la cara y mirar a los ojos a la joven frente a ella, pero en cuanto lo hizo encontró una tierna sonrisa que por un momento la transportó a aquel momento en que hicieron esa promesa. La pequeña Reina le sonreía tan feliz, igual que la joven frente a ella. "¿Reina…?"

x-x-x

N/A:

Originalmente era un OS, pero… parece que ya no.

Este es un especial que prometí hace años a quien escribió el fanfic "The two of us". Imaginemos, creo que ni siquiera existía la segunda temporada en anime o recién la estaban pasando.

Aquí está la primera mitad de mi deuda/promesa de fic.

¬w¬/ Saludos.

Autor del mal.