Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, en el universo de Harry Potter de J.K Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.
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Este es un fanfic one shot y contiene lemon bastante explicito. Sugiero discreción.
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El ángel azul.
Cada viernes en la noche, Draco Malfoy, iba a ese bar muggle para ahogar sus penas lejos de cualquier ser que pudiese reconocerlo. Cada viernes desde hacía un par de años, él se embriagaba e iba a la cama con cualquier dama que quisiera irse con él de aquel sitio de mala muerte.
Hasta ahora, a sus treinta y cuatro años, solo se había salido un par de veces del camino que sus padres habían marcado para él. Había sido criado para adorar las fuerzas oscuras y había elegido odiarlas y combatirlas con ahínco. Un tiempo después de convertirse en inefable, como su padre ansiaba, él había decidido dejarlo para ser un simple auror. Había roto su compromiso con una noble chica sangrepura y se había casado con Astoria Greengrass una reconocida traidora de la sangre.
Él creía que su amor por Astoria seria eterno. Casi había sido desheredado por ella. Había roto cuanta regla de sus padres había encontrado y sin embargo su amor por ella también terminó. A lo mejor jamás la amó y solo vio en ella un motivo para desafiar la autoridad de sus padres. Sus viernes de borrachera aun no habían logrado resolver aquel misterio.
Ese era un viernes como cualquier otro. Scorpius, su hijo, iría a casa de alguno de sus abuelos y tanto él como Astoria buscarían saciar los apetitos que no podían saciar con el otro. Había sido un viernes en la noche, muy parecido a ese, cuando la halló teniendo una aventura. Había regresado temprano de una misión y los sonidos inequívocos del sexo lo guiaron hasta la habitación que antes compartía con ella. Cualquiera diría que él en ese momento tendría que haber montado en cólera y asesinado a ambos, pero no fue el caso. Ver que Astoria al menos conseguía algo del placer que él no tenía interés en darle le dio alivio. Su esposa no lo atraía físicamente desde mucho antes de ese momento y él tampoco parecía hacerlo. Bien por ella, él no la interrumpiría.
Blaise Zabini aun era uno de sus mejores amigos. Ni él ni Astoria sospechaban que Draco sabía a cerca de sus encuentros, tampoco le importaba que lo hiciesen. Disimuladamente él había comenzado a desaparecer cada viernes en la noche y su esposa jamás indagó el por qué. Tácitamente ambos habían decidido rehacer sus vidas aunque su matrimonio se viese fuerte desde afuera.
El mozo le dejó otro whisky. Ed sabía que su vaso no debía permanecer vació hasta que decidiera marcharse. Sus propinas eran lo suficientemente altas como para que Ed no preguntara por qué debía hacerlo. Draco Malfoy era uno de los mejores clientes del "Angel Azul" un bar muggle de Londres.
- Buenas noches. Un vodka en las rocas por favor.
Draco vio de reojo a la mujer de cabello castaño que se sentó en la butaca contigua a la suya. Sus largas piernas estaban enfundadas en unas medias de red negras y podía verse un porta ligas allí donde su falda azul se abría ligeramente, un poco más allá de los muslos. Aun estando sentada podía ver sus caderas redondeadas. Siguió subiendo con su mirada. Sus pechos no eran demasiado grandes ni pequeños. Sin temor a equivocarse podría arriesgarse a decir que cabían perfectamente entre sus manos. Su cuello era esbelto y tenía un pequeño lunar del color del chocolate que estaba estratégicamente ubicado para ser atormentado con una lengua experta.
Su cabello rizado estaba semirecogido y caía en perfectos resortes que sin dudas se verían muy bien adornando una almohada de hotel. Su mandíbula era suave y sus orejas tenían pequeños pendientes de oro y diamantes. Su labio inferior era ligeramente más ancho que el superior, pero este último era más lleno que su contraparte. Sin dudas esos labios serian excelentes a la hora de recorrer el cuerpo de un amante dispuesto. Draco había elegido su presa de aquella noche de viernes.
- buenas noches Granger...
Hermione se giró sobresaltada. De todos los lugares del mundo, aquel era el sitio donde menos pensaría que podía encontrarlo a él. Había huido hacia el mundo muggle aquella noche con la intención de alejarse de su monótona vida por una única vez. Seguía amando a su esposo. Después de casi seis años de noviazgo y más de diez de matrimonio, ella sabía que no se separaría de él hasta envejecer a su lado. Tenían dos hijos y jamás los haría vivir con sus padres divorciados.
Ella había cumplido casi todos sus sueños de juventud. Estaba a un paso de ser nombrada ministra de magia y debería sentirse satisfecha con su monótona y predecible vida. Sin embargo no lo estaba. Había escozores que Ron no sabía calmar. Él sexo con su amado esposo había dejado de ser excitante para convertirse en un deber que ambos cumplían en ocasiones especiales, aunque el mismo acto ya no lo fuese.
- ¿Malfoy?
- El mismo…
Él apuró el vaso que tenía en la mano y el mozo se lo rellenó un instante después de dejar su propio trago en la barra. Hermione estaba estupefacta. Jamás creyó encontrarse con Draco fuera del ministerio. En todos esos años ella había observado como él había pasado de ser un niño arrogante y mimado a un excelente elemento del departamento de Aurores. Incluso Harry solía decir que él le había salvado varias veces la vida en misiones difíciles.
Draco se inclinó cerca del oído de su antigua némesis escolar y le habló suavemente para que pudiese oírlo a pesar del ruido del bar.
- no parezcas tan sorprendida. Yo podría hacer el mismo gesto y estoy seguro de que no te agradaría.
Hermione se alejó un poco de él. El tibio aliento sobre su oreja le había dado escalofríos y tuvo que beber de un trago toda su bebida para calmarse.
- ¿qué haces aquí?
- bien, vamos al interrogatorio directo... ¿quieres la respuesta sarcástica o la real?
- la real, por supuesto.
- Hago lo mismo que tu.
- ¿cómo sabes lo que estoy haciendo aquí?
Draco volvió a inclinarse y colocó un rizo tras su oreja para luego hablarle tranquilamente al oído, como había hecho un momento antes.
- no necesito ser adivino. Estas vestida de forma sensual. Has pedido lo más fuerte de la carta y no llevas sortija en tu dedo. - Hermione escondió su mano avergonzada. - buscas una aventura de una noche, pero necesitas la suficiente cantidad de alcohol en tu sistema como para que las implicancias morales del asunto dejen de molestarte.
- Estas equivocado…
- Sabes que no lo estoy… el sonrojo de tu rostro me dice que he dado justo en el clavo.
- Suponiendo que es así. Si estoy haciendo lo mismo que tu, eso implica que tu también estas aquí en busca de una aventura.
- Es verdad… pero al contrario que tu, yo no disfrazo mis intenciones. Se lo que quiero cuando lo veo y voy por ello sin dudas.
La penetrante mirada color plata de Malfoy envió una corriente eléctrica a su bajo vientre y no tenía idea de por qué. Parecía como esas serpientes que se mueven al son de las notas ejecutadas por un encantador. En este caso, ella estaba hipnotizada por la masculina voz de su antiguo compañero de escuela, Draco Malfoy. El chico que había procurado hacer de su adolescencia un calvario ahora intentaba seducirla. Muy a su pesar, realmente lo estaba logrando.
Había llegado su hora de irse. Si bebía mas perdería cualquier tipo de control y no era su costumbre emborracharse y perder la conciencia. Usualmente se llevaría a alguien del bar con él. Esa noche haría que ese alguien lo siguiese. Una presa especial requería un ligero cambio de estrategia en la cacería. Haría que Hermione Granger diese el primer paso.
Hermione tragó grueso cuando Draco se puso de pie. Él no estaba vistiendo su usual uniforme de auror. Había cambiado su ropa de trabajo por una sencilla camisa negra y un pantalón vaquero azul desgastado. Él se veía realmente bien vestido como muggle. Todo desde su cabello corto y estratégicamente despeinado para darle un aspecto rebelde, hasta el discreto brazalete que escondía la marca tenebrosa lo hacía ver apetecible. Hermione no sabía que le estaba pasando, jamás pensó que Malfoy le resultaría remotamente atractivo, aunque para ser sinceros, él había envejecido con más estilo que su esposo.
Donde Malfoy tenía un duro abdomen debido a su trabajo de Auror, Ron tenía una barriga de hombre de familia que atiende una tienda de bromas. Draco podía darse el lujo de despeinar su cabello y darle el estilo que quisiese mientras que Ron se estaba quedando calvo. Ron vestía túnicas de mago, Draco vestía unos vaqueros extremadamente sexys.
Hermione casi comenzó a hiperventilar cuando él se inclinó y posó sus sensuales labios en su oreja. Draco no habló inmediatamente, primero envió una bocanada de aire caliente que hizo que la piel de su presa se erizase con expectativa.
- debo irme ahora. Pero… - él deslizó suavemente un papel en la hendidura de sus pechos. - estaré aquí si quieres seguir nuestra conversación.
Ella casi gimió audiblemente cuando él rozó inocentemente la curva de su pecho luego de colocar la pequeña nota en su escote. Si alguien pudiese sufrir combustión espontanea estaba segura de que sería ella. Un frio glacial la atrapó cuando él finalmente la abandonó. Tuvo que vaciar su segundo trago de vodka antes de poder abrir el papel.
En él había una dirección de hotel, el número de habitación y un código alfanumérico de que seguramente abriría la puerta de esa habitación. El camarero le sirvió dos copas más antes de que ella pudiese dejar de temblar por el fortuito encuentro que habían tenido y pudiese tomar una decisión. Ella no había notado como Draco le había hecho una seña a Ed para que no dejase que su copa se vaciase hasta que ella decidiese irse.
Draco sabía que aquella era una maniobra arriesgada. Él tenía un cincuenta por ciento de chances de que su plan saliera bien y con suerte no dormiría solo en aquella habitación de hotel, ese viernes por la noche. Si Granger se emborrachaba, ella volvería a casa y él tendría que pagar su cuenta de bar. Si Granger comenzaba a sentirse menos cohibida, él tendría sexo con una mujer ardiente a la que había odiado siendo joven.
Estaba listo para irse a dormir cuando la puerta de la habitación se abrió. Draco solo llevaba una toalla cubriendo sus caderas. Al ver que Granger no aparecería había decidido darse una ducha e irse a descansar. Quizá Granger fuese tan mojigata como aparentaba normalmente y lo que él había visto en ella esa noche, solo fuera una ilusión óptica debido al alcohol y las luces del bar.
Cuando ella lo vio parado junto a la cama una súbita timidez la embargó. Estaba a punto de irse cuando él cubrió las distancias que los separaban y cerró la puerta tras ella para luego atraparla contra la fría madera, poniendo ambos brazos en torno a su cabeza. Él olía a limpio y a hombre. Sus brazos eran fuertes y se sentía pequeña rodeada por él.
- ¿por qué demoraste tanto?
El estomago de Hermione dio un vuelco cuando Draco hundió su boca en la curva de su cuello y comenzó a mordisquear el lóbulo de su oreja mientras jugueteaba con su pendiente. Nunca un acto tan sencillo la había encendido tanto. Él apenas había comenzado y ella ya se sentía húmeda y dolorida de la necesidad.
Con una mano Draco tomó las manos laxas de Hermione y la invitó a tocarlo. No estaba en sus planes tener sexo con una estatua. Quera ver qué era lo que ella podía hacer. Hermione era arcilla en sus manos. Sin necesidad de palabras él le había dado a entender que quería que lo tocase y ella estaba ansiosa por complacerlo. Cada musculo bajo la piel de Draco se sentía como acero y el sabor de su piel fue más embriagante que el vodka cuando finalmente se animó a probarlo.
Cuando él comenzó a levantar su falda, Hermione gimió. Las manos de Malfoy estaban a en todos lados y aun así todavía no era suficiente. Ella ahogó un grito cuando él tomó sus piernas y las envolvió en torno a su cadera. En el movimiento la toalla que él llevaba puesta se desprendió y pudo sentir como la erección de Draco quedó justo sobre su centro. Jamás había necesito algo como ahora necesitaba que él se hundiese en ella o al menos la tocase.
Como si supiera lo que necesitaba, Draco comenzó a mover su pulgar por encima de la ropa interior que llevaba bajo la falda. Él estaba completamente desnudo y ella ni siquiera se había quitado los zapatos. Aquel acto era el más loco que alguna vez Hermione hubiese realizado.
Cuando ella comenzó a moverse buscando más fricción, Draco la dejó en el suelo sin previo aviso. Ella quería llorar. Si él la dejaba en se punto, ella lo hechizaría hasta el olvido.
- desnúdate para mi Granger.
Draco estaba evitando su apellido de casada para que se distrajera. Aunque si no se equivocaba, él podría llamarla sangre sucia y Granger no se molestaría, siempre y cuando la satisficiera. Ella estaba en llamas y él no era de piedra. Necesitaba alejarse un instante para enfriarse lo suficiente como para hacer que la noche durase.
Hermione se sentía como si Malfoy le hubiese lanzado un hechizo imperio. Aunque para el caso bien podría haberlo hecho. No se sentía capaz de negarse a algo que él pidiera. Tratando de verse sensual, ella comenzó a quitar las hebillas de sus zapatos de aguja color borgoña y los arrojó a un lado. La falda cayó a sus pies luego de un leve bamboleo de caderas y la blusa cayó después. El sujetador hacia juego con el liguero y la braga. Como si hubiese sabido con quien se encontraría esa noche, ella había optado por un conjunto verde esmeralda con rosas negras. Por la hambrienta mirada que él le daba en ese momento, le gustaba lo que veía.
Cuando ella se quitó el sostén, Draco tuvo que comprobar su teoría. Estaba en lo cierto. Los pechos de Granger cabían perfectamente entre sus manos. Con un suave movimiento la tendió en la cama. No le permitió quitarse las medias y el liguero. Le gustaba eso en una mujer. Tampoco le quitó las bragas. Eran lo suficientemente suaves como para poder moverlas y que no molestasen a ninguno de sus oscuros y lascivos propósitos.
Él estaba en todos lados. Con dos de sus dedos atormentaba su centro y con sus labios le arrancaba suspiros mientras recorría sus pechos. Jamás había sentido algo así. Era como si él supiese donde y cuando necesitaba que él la tocase para extraer de ella la máxima cantidad de placer posible. Hermione tuvo un momento de lucidez cuando él comenzó a bajar dejando un ardiente rastro de besos.
Draco notó como Hermione volvía a la realidad mientras él se abría paso hacia su centro. Cuando él usó su codo para abrir sus piernas ella de pronto ejerció algo de resistencia. Como si no deseara lo que él pretendía hacerle.
- abre tus piernas, Hermione.
- no. yo…
- hazlo.
El tono de Draco le hizo ver que no habría discusiones aquella noche. Él era quien mandaba y ella simplemente debía obedecer. Hermione decidió hacerle caso. No sabía que esperar. Su esposo había sido el único hombre en su vida y el sexo oral jamás había sido algo que ellos practicasen. No porque Ron no lo quisiese, era ella quien siempre había tenido una resistencia ilógica hacia el asunto. Pero con Malfoy su determinación flaqueó y cuando la lengua de él la tocó por primera vez, creyó que moriría allí mismo.
De pronto Granger era completamente receptiva. Parecía como si ella estuviese descubriendo un nuevo conocimiento que no tenia y estuviese ávida de adquirir tanto de él como pudiese. Draco era un maestro aplicado y no tuvo inconvenientes en hacer lo que ella necesitaba. Hermione descubrió en ese momento que era capaz no solo de tener un orgasmo real, sino que podía tener más de uno y aun no había tenido a Draco en su interior. ¿Qué maravillas podrían esperarle cuando él finalmente se abriese paso en su carne?
La sola idea hizo que volviese a gritar de placer y en ese momento Draco aprovechó para hundirse profundamente en ella. Disfrutaba de hacer que su compañera delirase de placer pero el tiempo que le llevaba hacerlo hacia que su necesidad se volviese dolorosa y el apretado interior de Granger era el calmante perfecto.
Las rítmicas embestidas hacían que sus gemidos saliesen entrecortados y que su respiración y latidos se volviesen erráticos. Draco la estaba asesinando, sin dudas. Podía sentirlo hasta el fondo de su ser. Tenía que ser sincera, había veces que ni siquiera sentía cosquillas cuando estaba con Ron en la cama. Ella solo solía dejarse hacer y aprovechaba el tiempo para hacer listado de las compras que realizaría el fin de semana. Ahora su cerebro era papilla.
Era la segunda vez que comenzaba a apretarse en torno a él. La fuerza de sus músculos lo estaba llevando al límite y necesitaba recuperar el control. Tomó una gran bocanada de aire y se preparó para resistir un nuevo orgasmo de Hermione. Ella lo estaba matando. Era una fiera y sabia que los arañazos en su espalda arderían en la mañana pero los estaba disfrutando con placer morboso.
Mientras Hermione intentaba recuperar el aliento luego de lo que debía ser el éxtasis más grande que alguna vez experimentó o volvería a experimentar, sintió como Draco la volteaba en la cama poniéndola boca abajo y en cuatro patas. Él ejerció una suave presión en su espalda alta e instintivamente Hermione apoyó su mejilla en la almohada. Estaba expuesta y hambrienta. Aun llevaba las bragas, las medias y el liguero. Draco solo había hecho a un lado la tela y se había hundido en ella. Ahora volvía a hacerlo pero en una posición totalmente distinta. Una posición que Hermione había pensado que sería degradante para ella pero resultó ser tan o más excitante que la anterior.
Draco tomó sus pechos con una mano y los usó de ancla mientras embestía contra ella. Hermione creyó que sus piernas la dejarían de sostener cuando él usó su mano libre para tocarla mientras se hundía profundamente una y otra vez en ella. Por un instante creyó que se quedaría ciega de placer cuando un nuevo orgasmo comenzó a crecer en su interior y las embestidas de Malfoy se volvieron erráticas y más poderosas que antes.
El mundo estalló en colores cuando ambos se corrieron por última vez. Muy pronto él tuvo que retirarse para irse al baño. Hermione apenas podía moverse. No tenía idea de en qué momento él se había colocado un preservativo y menos como era capaz de caminar hasta el baño sin reptar como debería hacer ella si intentase moverse de esa cama en ese instante.
Un momento después, Hermione sintió la ducha. Si esa fuese una relación distinta lo seguiría, pero no era algo romántico lo que los unía. Solo había sido duro y muy placentero sexo. Cinco minutos después, ella aun sentía como su centro seguía palpitando. Cuando Draco salió de la ducha estaba desnudo y mojado. Era toda una visión que con gusto ella guardaría en su memoria para momentos en los que necesitase complacerse a si misma.
- hay toallas limpias en el armario del baño.
Hermione asintió y caminó despacio hacia la ducha. Ese había sido uno de las sesiones de sexo más placentero que había tenido en mucho tiempo. Quizá fuese la idea de tener a la esposa de la comadreja estremeciéndose en sus brazos o el fuego mismo de la santurrona de Granger, pero esa sería una noche que jamás olvidaría.
Diez minutos después, ella salió del baño completamente vestida y sin ningún rastro de la amazona salvaje con la que había tenido sexo unos momentos antes. Sin decir palabras juntó sus zapatos, se los puso y luego tomó la cartera del sitio donde la había dejado caer. Era la hora de huir. Draco sabía que no habría un "te llamaré en la mañana". Ambos estaban casados y Granger jamás accedería a repetir esa noche y menos con él.
Cuando ella se estaba yendo. El estúpido impulso de decirle algo lo dominó. Su reciente culminación lo hacía vulnerable como a todos los hombres y era en ese instante donde ellos deberían quedarse mudos como un mecanismo de autopreservación.
- cada viernes en la noche puedes encontrarme en el Ángel Azul. Por si te interesa.
Hermione no volteó a verlo. Simplemente salió de aquel cuarto de hotel lista para volver a su monótona vida. Jamás volvería a ver a Malfoy a solas. Jamás volvería a disfrutar como lo había hecho y probablemente el sexo con Ron se volvería aun más insulso luego de haber probado un bocado de paraíso. Las cosas eran así. Lo que había hecho esa noche no volvería a repetirse. ¿O si?
Fin?
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n.a: primer one shot que escribo. Técnicamente debería estar estudiando para un examen pero la música aleatoria me trajo un par de canciones que simplemente hicieron que el texto saliese sin esfuerzo. Espero que les haya gustado. Lo consideraré un regalo para todas aquellas dramionerxs que me leen cada vez que emprendo una nuevo fic.
