Desde aquella masacre al Aquelarre Potter, el pueblo de Wiltshire había permanecido en una paz relativa. A pesar de que sólo los Longbottom y Lestrange habían mantenido a sus herederos únicos. El resto de las familias continuaban sufriendo las pérdidas y en el proceso intentaban reformar sus alianzas y solidificar sus riquezas. Pero era difícil, los prejuicios y avaricia no les permitían lograrlo por completo. Como los Black; Bella era la heredera designada de la familia, pero su muerte a manos del vampiro Potter provocó que los familiares con menos cercanos comenzaran a olfatear la gran suma de dinero que dejó libre. Por supuesto, aunque no fuera digna, Andrómeda Black, ahora Tonks, fue nombrada la nueva heredera, quien a su vez nombró a su única hija Nimphadora como la heredera universal de tan prestigiosa herencia. Para la familia Parkinson fue diferente, se mudaron a otra nación con la esperanza de algún día generar otro heredero, dejando sus propiedades abandonadas, sin la posibilidad de ser ocupadas por terceros. El caso de los Greengrass fue mejor, ahora Daphne era la única hija y como tal la heredera de toda su fortuna, por supuesto, debían buscarle un esposo adecuado; el único que a los ojos de todos parecía adecuado ya estaba comprometido, así que la casaron con el heredero de la familia Goldstein.
Neville Longbottom era el heredero original de su familia, afortunado de él, pues tuvo el placer de unirse con Theodore Nott, el prospecto que para todos parecía más adecuado y con quien todos deseaban crear alianza.
Pero para los Lestrange, las cosas eran bastante diferentes; Delphini era la hija de Bellatrix y Rodolphus Lestrange, apenas una bebé cuando su madre murió, pero conforme pasaban los años se convertía en una hermosa mujer, inteligente y tenaz. Sería la perfecta heredera, digna de envidiar por cualquier familia, si no fuera porque se rumoraba que la joven era hija del pecado, una bastarda producto de la infidelidad de su madre con un hombre común y corriente.
Lestrange no podía darse el lujo de aceptar la veracidad de los rumores, ya que su hermano Rabastan permanecía todo el tiempo respirándole en la nuca, esperando la oportunidad de hacerse de la fortuna para sí mismo. Rodolphus no permitiría que su hermano pusiera sus manos sobre la herencia así que permaneció callado, fingiendo que Delphini era su hija, aunque él mismo sabía que no era así.
Pero después de toda esta pequeña reseña se preguntarán qué ocurrió en el caso de los Malfoy. Bien, los Malfoy mantenían la esperanza. Esa noche, mientras la gran mansión Potter ardía en llamas, Lucius se aferró a la idea de que su hijo había sido secuestrado nuevamente y que algún día lo encontraría, a pesar de que todos insistían en que nadie dentro de esa mansión había sobrevivido, incluido su hijo, pero Lucius no había hallado el cuerpo de Draco y estaba muy seguro de que ―dejando a los sirvientes a un lado― dos habitantes habían escapado, pues las palabras de aquel horrible ser aún permanecían en su memoria: "Sólo hay cinco de ellos. El sexto es un dhampiro, debes tener mucho cuidado con ella, puede apaciguarse con una estaca en el corazón, pero jamás morirá con la luz del sol. Y hay un séptimo, pero no es cómo los demás, pierde sus poderes al amanecer."
Así, los siguientes años, Lucius Malfoy los invirtió en la búsqueda de su hijo; veinte años después, comenzaba a perder la esperanza, pero algo cambió. El día en que un mercader comentó a su esposa haber visto a un guapo rubio caminar por un pueblo de Escocia, tenía todo el porte de un Malfoy, sin embargo, sus ojos eran bastante diferentes.
Balloch, Escocia, noviembre de 1896
Las últimas hojas secas se desvanecían con lentitud en la humedad de la tierra fértil, faltaba poco para que el invierno comenzara, era momento de usar ropa abrigadora y buscar leña para el fuego de las chimeneas que calentarían el hogar. Las personas se preparaban para recibir el año nuevo y ser bendecidos por la magia de las festividades.
Mientras el pueblo se preparaba para los próximos días, en el patio de una casa alejada del centro, escondida entre los grandes y majestuosos arboles del bosque, se encontraba un joven de abundante y ondulado cabello rubio afilando la punta de una flecha, una ballesta descansaba a sus pies.
James Scorpius Potter era un joven apuesto de cabello rubio platinado e impresionantes ojos verdes, eran destellantes, tan intensos que se decía hipnotizaban a cualquiera. Era guapo, inteligente y perturbador. Todos en el pueblo de Balloch decían que el joven era extraño, su mirada penetrante siempre les inquietaba, decían que parecía como si todo el tiempo planeara algo malo.
Durante su infancia había sido un buen niño y durante su adolescencia bastante gentil con los aldeanos. Y aun así no dejaban de sentir miedo cuando se encontraba cerca. Tal vez se debía a su oficio, dedicarse a casar bestias nocturnas no era algo que un humano común deseara con ahínco. Muchos incluso sospechaban de él y algunos otros ―los más atrevidos― lo señalaban como un dhampiro, no obstante, nadie sabía con certeza si tenían razón o simplemente el joven era raro por el hecho de crecer aislado de todo contacto humano, limitado únicamente por la convivencia con sus padres.
— Es hora del desayuno. —La voz de Luna viajó suave y cálida junto con el viento frio. James continuó su labor por unos minutos más hasta que se sintió satisfecho, posteriormente abandonó todo en el patio y fue a lavarse.
Cuando entró a la casita, vio a su padre esperando ya en la mesa a que el resto de los integrantes de la familia se unieran.
— ¿Has dormido bien? —cuestionó Luna a Draco, el padre de James. El tono en el que habló la mujer reflejaba preocupación.
James ya era lo suficientemente mayor para entender a qué se refería. Y porqué se encontraba preocupada. Su padre, desde que tenía uso de razón, sufría pesadillas. Pesadillas de las que nunca le hablaba, pero por extraño que parezca, James sabía que tenían que ver con un incidente del pasado. Al fin y al cabo, ya era lo suficientemente mayor para incluso saber que Luna no era su madre biológica ―como le habían hecho creer al principio―, además ya había descubierto que su padre era un doncel y a pesar de que Luna y Draco eran rubios, James sabía que únicamente compartía las características físicas de su padre, además, sus ojos verdes eran bastante inusuales.
— Si —el rubio mayor se limitó a decir—. Todo está bien.
Luna hizo una mueca.
— No te preocupes más —agregó mirando de reojo a James.
Luna pareció entender la indirecta, puesto que se concentró en servir los platos y no mencionó nada más.
James caminó hacia la mesa y se sentó frente a su desayuno. Un poco de leche, un pedazo de pan horneado del día anterior y una sopa caliente.
— Tengo un trabajo —informó mientras los mayores masticaban su pan—, alguien me pagó por quitarle de encima a un lobo que no ha dejado de molestar a los habitantes. Parece que es viejo y actúa como si hubiera enloquecido, aun así, ha dado bastantes problemas.
Draco hizo una mueca al escuchar los planes que tenía su hijo para los días posteriores. No le agradaba para nada el oficio de James. Siempre temía que algo malo le ocurriera durante dichas aventuras, también recordaba su origen y por tanto pensaba en el otro padre. Aún más... Temía que manifestara algún indicio vampírico y los habitantes confirmaran sus sospechas. Los sueños de la noche en que Harry murió aun perturbaban sus noches y no deseaba que su hijo acabara igual. Un miedo infundado, ya que en todos esos años James jamás había manifestado tener una habilidad sobre humana, independientemente de su oficio y Luna le había informado que desde el nacimiento los dhampiros revelaban su origen.
─ ¿Un lobo viejo? ¿Eso es lo que han dicho? ─mencionó Luna.
─ Si, la persona que me contactó parecía muy apresurada por resolver el problema.
Luna no pareció satisfecha con la breve explicación, pero no agregó nada más al respecto.
— ¿Está vez a dónde irás? —cuestionó Draco tranquilamente, no obstante, James sabía que su padre estaba inquieto, aunque no lo dijera, era evidente que sus actividades lo hacían infeliz. Pero el menor continuaba esperando que su padre al fin revelara la razón de su desasosiego, porque mientras no lo hiciera, él continuaría con su labor.
— Un pueblo de Inglaterra —no pasó desapercibida la palidez que se tornó en los mayores—. En Bradford específicamente.
Draco echó una mirada rápida a Luna.
— No puedes ir allí. —Sentenció su padre poniéndose de pie—. Es muy peligroso.
James entrecerró los ojos conjeturando en su mente la razón por la que su padre estaría en desacuerdo.
— No vayas a ese lugar —repitió recuperando ligeramente la compostura.
— Sólo una muy poderosa razón me impediría ir a Inglaterra. ¿Hay alguna poderosa razón que desees compartir conmigo, padre? —preguntó finalizando con una perversa sonrisa.
Draco permaneció en silencio, su mirada fija en la de su hijo.
― Eso pensé ―agregó al no recibir respuesta.
Dejó la comida a medio terminar y salió de la casa para buscar sus cosas. Mientras tanto, Draco apoyó las manos sobre la mesa, su mirada fija sobre la madera.
— No puede ir allí. No puede ser sólo coincidencia.
— Sabes que no podrás detenerlo —al fin habló la rubia—. Entre más le prohíbas ir, más deseará hacerlo.
— ¿Y qué me sugieres? —cuestionó con voz estrangulada─ ¿Qué le revele todo?
Pasaron unos agónicos segundos antes de que Luna respondiera lo que Draco ya sabía, pero aun así no estaba dispuesto a afrontar por sí mismo.
— Debemos ir con él.
Al fin Draco levantó la vista. Sus ojos grises parecían enrojecidos.
─ No permitirá que vayamos.
Luna sonrió.
─ No tenemos que acompañarlo precisamente, lo seguiremos. Y si llega a ocurrir algo, estaremos allí para él.
— Es irónico. Hace unos días soñé con mi madre. Mi cabeza apoyada en su regazo mientras ella acariciaba mi cabello. Con un susurro me dijo tranquilamente que no es posible huir del pasado, al final siempre nos alcanza. —La rubia asintió de acuerdo.
Draco y Luna se prepararon para viajar junto a James, sin embargo, el joven era perspicaz, sospechaba que algo tramaba su padre al no haber insistido con que no viajara a Inglaterra. Entonces se le ocurrió que los espiaría hasta descubrir lo que estaban tramando.
― ¿Qué creen que están haciendo? ―cuestionó lanzando el equipaje que los mayores habían preparado en secreto.
― Ya que irás a Inglaterra, nosotros aprovecharemos para hacer un viaje ―respondió la rubia sonriendo amablemente.
― ¿Por qué quieren venir conmigo? ―sabía que ellos iban a mentir, pero aun así les otorgó el beneficio de la duda.
― No queremos ir contigo, solo creemos que es una buena oportunidad para hacer un viaje y comprar algunas cosas, ya que tú no estarás ―contestó Luna.
― Tomaremos un viaje largo en Francia; tú podrías acabar con ese viejo lobo y alcanzarnos, pasaremos varios días visitando la ciudad de París ―agregó Draco tratando de sonreír tan abiertamente como lo hacía Luna―. ¿Qué te parece eso?
Era una vil mentira, pero iba a aceptar porque James tenía la corazonada de que si hacía este viaje con su padre y madre seguramente obtendría respuestas a todas las dudas que surgieron poco a poco a lo largo de los años.
― Es una gran idea, padre ―respondió devolviendo la sonrisa.
Llegado a dicho acuerdo, Draco, Luna y James viajaron a Inglaterra. Por supuesto, para James los mayores estarían en Francia, pero Draco y Luna no tenían por qué saber que el joven sabía la verdad.
Lo primero que James pensó al llegar a Inglaterra es que no se diferenciaba demasiado de su pueblo natal, lo segundo es que sus padres definitivamente eran ingleses. El simple hecho de observar el comportamiento común del poblado le dio una clara idea.
El misterio número uno estaba resuelto. Lo cual lo llevó a una segunda conjetura. Si sus padres eran originarios de Inglaterra, algo sumamente terrible debió haberles ocurrido para que decidieran huir, razón por la cual no querían que James viajara, pero como sabían que él lo haría ya que no deseaban revelar esa razón, decidieron que sería bueno viajar con él. Con tal deducción James se prometió que vigilaría de cerca a sus padres.
Al llegar al poblado de Bradford se instaló en una pequeña posada donde acordó vería al hombre que lo contrató. Era una especie de taberna en la planta baja, en los pisos superiores se encontraban las habitaciones.
James se sentó en una mesa del fondo y permanecieron allí, esperando a que el misterioso hombre se presentara. Pero no tuvo que hacerlo demasiado, en poco tiempo un hombre de aspecto elegante cubierto cuidadosamente con una capa oscura, la cual no permitía la visión de su rostro, se sentó frente a él.
― ¿Usted es quién envió por mí? ―cuestionó mientras inspeccionaba con cuidado los movimientos del hombre.
― Lo soy ―confirmó―. Iré al grano, si le parece bien ─James asintió─. Seguramente mi sirviente ya te ha contado que se trata de un lobo que está atacando a mis sirvientes.
― ¿Está seguro de que se trata de un lobo? Podría ser cualquier otro tipo de bestia ―cuestionó esperando obtener más información al respecto.
James vio como el hombre negaba con la cabeza, después soltó un resoplido.
― Debo confesar que el tema del lobo ha sido una mentira para hacerlo venir hasta aquí. ¡Oh, por favor, no debe temer! ―Agregó en cuanto vio que James se tensaba―. No pretendo hacerle ningún daño.
― ¿Entonces qué es lo que pretende? ―preguntó con brusquedad.
El hombre se quitó la capucha de la capa, revelando de este modo su largo y lacia cabellera rubia peinada en una coleta baja.
James jadeó sorprendido. Ese hombre era muy parecido a su padre, casi podía pensar que el hombre que se mantenía firmemente sentado frente a él, mostrándole su aspecto, era su abuelo.
― Por tu reacción debo asumir que has comprendido quién soy ―dijo el hombre mientras volvía a colocarse la capucha―. Lucius Malfoy, padre de Draco Malfoy, quien a su vez es tu padre.
El menor no dijo nada, decidió que era mejor así, estaba demasiado abrumado como para entablar una conversación clara con quién se supone era su abuelo.
― Mírate, eres tan parecido a él, al instante que te vi lo supe, supe que eres su hijo. Hace tantos años que lo vi por última vez, pero ahora estás aquí y se de buena fuente que eres un humano normal, gracias a los dioses.
Para James, el hombre continuaba balbuceando incoherencias. Aunque si analizaba mejor, era lógico que no entendiera nada de lo que decía. Aún más, comenzó a cuestionarse las razones por la que su padre jamás le habló de su abuelo. Nuevamente la cantidad de preguntas sobre su origen crecía y no había otra manera de responderlas más que continuar hablando con el hombre frente a él, quien al parecer conocía un poco al respecto. Tal vez este hombre conocía las razones por las que su padre se fue, sabía la razón por la que nunca le dijo nada, tal vez podría averiguar porqué no deseaba volver o que él mismo pisara tierras inglesas o tal vez, sólo tal vez, podría averiguar quién era su otro padre, quien ahora sabía, era el que se apellidaba Potter.
― Entonces… ¿tú eres mi abuelo?
El joven alcanzó a ver la sonrisa de satisfacción de hombre y un leve movimiento el cual interpretó como un asentimiento.
― Lo soy, yo soy tu abuelo… ―dudó por un segundo― Me hablaron de ti, pero no me dijeron tu nombre.
James se lo pensó dos veces antes de responder.
― Padre me bautizó con el nombre de Scorpius.
― Scorpius Malfoy ―dijo complacido.
James frunció el ceño pensando en la omisión de su otro apellido, en que tal vez su abuelo no tenía idea de quién era su otro padre. Seguramente si lo mencionaba su abuelo reaccionaría, pero si algo había ocurrido entre sus padres y su abuelo por lo cual Draco tuvo que escapar era mejor mantener la boca cerrada. Así que decidió simplemente sonreír y parecer encantado por haber conocido a otro miembro de su familia.
Lucius lo llevó a la mansión Nott. Lugar donde se hospedarían hasta que llegara el momento de partir a Amesbury, otro poblado de Wiltshire, lugar donde su abuelo regía. James se preguntaba si su padre llegaría a enterarse de eso y si lo seguiría o se detendría al saber que Lucius lo había encontrado.
En cuando a Nott, este era un socio de Lucius, quien a su vez era un antiguo amigo de Draco.
Lucius le explicó que había decidido que se vieran en las tierras de Nott con la intención de no inquietar a su abuela, Narcissa Malfoy, quien tampoco había perdido la esperanza de recuperar a su hijo.
― Simplemente quería estar seguro de que eras realmente un Malfoy antes de hacérselo saber. ―Había argumentado el hombre.
Nott era un hombre de aproximadamente unos cuarenta años, muy cerca de la edad de su propio padre, tenía el cabello castaño y ojos color verde, pero no iguales a los suyos, los de Nott eran opacos y más claros, también tenía una ligera barba cuidadosamente cortada. También conoció a la pareja de Nott, Neville, antes Longbottom. El hombre era gentil y cálido, muy diferente a Lucius y Nott, a James le agradó.
Los señores Nott también tenían una hija, Olivia, una hermosa joven de largo cabello castaño y grandes ojos azules. Ella pareció encantada desde que James le fue presentado.
Y, por último, estaba la señora Longbottom, abuela de Neville. Muy anciana a consideración de James, tanto que no comprendía cómo era posible que continuara viva.
Ahora, todos estaban sentados alrededor del comedor, degustando la cena y manteniendo una conversación amena hasta que a Nott se le ocurrió hablar de las supuestas desapariciones de su personal.
James, atento a lo que decía le sugirió reportara el suceso con alguna autoridad local. Incluso, cuando Nott aseguró que no serviría de nada informarlo a las autoridades, le expresó sus teorías sobre la clase de bestia nocturna que podría estar acechando la zona, pero Nott se rio y aseguró nuevamente que no era tan sencillo como parecía.
― Señor, no quiero que esto termine pareciendo una broma, esa no es mi intensión, pero hay algo mucho más serio y más tenebroso que un simple lobo o un oso.
― ¿De qué se trata? ―cuestionó de inmediato, ansioso por saber lo que el hombre tenía que decir.
― Señor, ¿usted cree en los vampiros?
James vaciló.
― Según sé, esos seres son parte únicamente de la amplia imaginación de las poblaciones. Puedo asegurarle, señor...
― Llámeme Theodore ―respondió sereno.
― Muy bien, Theodore, como decía, puedo asegurarle que, si sus sirvientes han desaparecido, seguramente se debe a las pésimas condiciones con las que laboran.
Nott hizo una mueca, disgustado por la insinuación del joven.
― Puedo asegurarle que mis sirvientes son tratados con dignidad. Y no comprendo la razón por la que habla sobre la falsa existencia de los vampiros cuando de hecho se rumora que usted mismo es uno.
James comenzó a reír y Lucius miró con severidad a Nott. Abrumado por lo que acababa de escuchar.
― He escuchado todos los rumores sobre mí, no hace falta que los mencione, sin embargo, una duda ha surgido en mí. ¿Por qué, Thedorore, aceptaría a un vampiro a pasar la noche en su casa sabiendo que está poniendo en riesgo a su familia?
El señor Nott se relamió los labios antes de contestar.
― De hecho, tenía ciertas dudas sobre la veracidad de ese rumor. No obstante, lo que si he constatado es que usted, de hecho, más que un cazador de bestias del bosque, parece más un cazador de vampiros.
James se echó a reír sin poder evitarlo. Estaba de acuerdo con el señor Nott, todo sonaba como una tonta broma, pero el hombre permanecía serio, por lo que decidió otorgarle el beneficio de la duda.
― Correcto, asumiré que un «vampiro» acecha su propiedad y mantiene amenazada a su gente, dígame, ¿por qué no han hecho nada al respecto?
― Matar a un vampiro no es tan sencillo como parece.
James continuaba riendo.
― Me sorprende saber que aún existen poblaciones que creen en esa absurda leyenda.
El señor Nott no pareció ofendido, incluso, James alcanzó a vislumbrar una leve sonrisa.
― Hace varios años, Wiltshire y sus alrededores, incluyendo Bradford, fueron invadidos por un aquelarre de vampiros…
― Muy bien, Theodore, terminemos con este tema de los vampiros ―interrumpió Lucius, estaba sumamente serio y parecía haber perdido color.
― Vayamos a descansar. Ha sido un día muy largo. ―Agregó Neville con una sonrisa.
Todos se levantaron de la mesa. Una sirvienta se apresuró a auxiliar a la abuela Longbottom.
Olivia se retrasó a propósito, para caminar junto a James, quien únicamente le ofreció un asentimiento de cabeza.
― Una peculiaridad que se descubrió en las victimas es que todas tenían las marcas de dos pequeños puntos a la altura del cuello, justo entre las carótidas ―susurró la joven señalando con los dedos la zona descrita y después lanzó un rugido silencioso, mostrando los dientes.
El joven no pudo evitar reír y negar con la cabeza.
― Olivia, no te retrases. ―Escuchó a Neville decir, Olivia se alejó haciendo un movimiento con la mano a modo de despedida.
En medio de la noche, mientras James intentaba dormir escuchó que alguien merodeaba en el exterior.
Nunca había revelado el motivo de su éxito como cazador de bestias, era un secreto que únicamente guardaba para sí mismo. Su oído era especial, ya que este le permitía escuchar sonidos que se emitían a frecuencias más elevadas de las que alcanzaba a captar un humano común. Esa la razón por la que en este momento sabía que alguien merodeaba a paso cansado en las afueras del lugar.
― Ya veremos, Señor Nott, como acabo con el «vampiro» que acecha sus tierras.
James se levantó, tomó su hacha y ballesta y salió sigilosamente de la mansión.
Oculto entre la oscuridad se desplazó por la zona hasta que por fin lo encontró, se trataba de un hombre, la silueta lo delataba, pero no sólo eso, su desplazamiento era lento para un hombre común, sin embargo, lo suficientemente rápido para hacerse de una presa; como una rata, se movía entre los arbustos y James se sintió decepcionado. Seguramente se trataba únicamente de un ladrón o un pervertido... Lo pensó en cuanto vio que el hombre iba a escabullirse en el dormitorio de las sirvientas.
― ¿Buscabas a alguien? ─preguntó escondido entre las sombras.
El otro se paralizó y giró lentamente la cabeza para mirar a quien le hablaba.
James hizo una mueca al ver el rostro repugnante del sujeto; de hecho, no era viejo, pero su aspecto era repugnante, no había elegancia ni presencia en su persona.
Mientras pensaba en lo desagradable que era, el hombre decidió huir, era rápido, pero no tanto como las bestias a las que James había enfrentado. Por lo que únicamente tuvo que correr unos cuantos metros para alcanzarlo.
Con precisión tomó sus ropas roídas de la parte trasera y de un solo impulso lo aplastó contra un árbol. El hombre gimió de dolor y se retorció con fuerza, así que el muchacho tuvo que presionarlo un poco más.
No pasó mucho tiempo hasta que el hombre dejó de moverse, James aprovechó para inspeccionar de cerca su rostro haciendo uso de la luz de la luna.
Jadeó sorprendido ante el gruñido recibido, pues este le mostró los largos colmillos que poseía, puntiagudos y claramente peligrosos. Una mordida de esas y seguro que cualquiera moriría desangrando. En aspecto, el hombre no parecía mayor a los cuarenta años humanos, por lo que el rubio llegó a la conclusión de que era lento, no por ser viejo, sino más bien por un tipo de agotamiento permanente. Sus ropajes eran más viejos de lo que había estimado y por la imagen demacrada del rostro podía asegurar que no la había pasado bien en los últimos años.
Recibió otro gruñido molesto y nuevamente el tipo se removió, por el forcejeo la capucha de James cayó, revelando su cabello rubio. Eso provocó que el hombre dejara de moverse y en cambio, parecía asustado.
James lo hizo caer sobre la hierba mojada, pensando en alejarse de las tierras de Nott, preguntándose si en verdad estaba arrastrando a un vampiro colina abajo o sólo estaba soñando. El gruñido que soltó el otro lo hizo detenerse y mirarlo fijamente. Si, esto era real, ¿cómo es que de pronto la perspectiva del mundo había cambiado tanto?
― Al principio estaba sorprendido, pero es extraño... ―susurró volviendo a arrastrar el cuerpo del otro por el fango―. En este momento siento como si hubiera sabido de la existencia de los vampiros toda la vida. Dime una cosa, ¿a qué se debe tu debilidad?
El otro comenzó a reír como si disfrutara del maltrato. El pánico inicial había desaparecido, algo que intrigó a James por breves momentos, sin embargo, rápidamente dejó de lado el titubeo, pensando en que tal vez ni siquiera era un vampiro, y tan sólo se trataba de un demente.
― Tú no sabes nada, niño estúpido ―habló una vez James se detuvo dejándolo acostado sobre el césped con un pie sobre el pecho, presionando con fuerza para inmovilizarlo―. No sabes nada.
― Si no quieres decirme la causa de tu debilidad no te presionaré, no eres más que un monstruo deforme. Pero hoy voy a terminar con tu sufrimiento ―respondió sacando su hacha, sólo estaba fanfarroneando, esperaba poder intimidarlo con esa amenaza, pero no fue así.
El hombre volvió a reír descaradamente.
― Está bien, no me importa, mátame, sólo quiero saber si el señor Nott te dijo la verdad. ―James frunció el ceño y se acercó a su víctima, curioso por lo que acababa de escuchar―. Eso creí. Pero déjame decirte que el señor Nott está de acuerdo, respecto a alimentarme con la sangre de sus sirvientes.
― ¿Por qué estaría de acuerdo con algo así? ―cuestionó intrigado y horrorizado.
― Hicimos un contrato. Le sirvo para amenazar a sus enemigos y mantenerlos al margen. A cambio me deja vivir de sus sirvientes. Supongo que ahora que ya has aparecido, piensa reemplazarme.
― Lo dudo. ─Soltó un bufido─. No soy un vampiro.
El otro se echó a reír.
― Suenas bastante sincero, de no ser por tu cara te habría creído.
― No entiendo de qué hablas ―dijo con los dientes apretados, una furia abrumadora comenzó a apoderarse de su raciocinio.
― Deja de fingir que eres una criatura inocente. ─Tosió al sentir la fuerte presión sobre su pecho―. Pero a mí no puedes engañarme, sé quién eres.
Dejó de hablar y sólo permaneció con una sonrisa maliciosa.
─ Termina con lo que tengas que decir de una buena vez, me estás exasperando.
El vampiro se echó a reír antes de continuar.
─ Al ver al fin tu rostro entendí quién eres. ―James frunció el ceño―. Solo mírate, eres exactamente igual a él. Aquel que me arrebató todo. Las mismas expresiones, la misma nariz respingada, los mismos pómulos y esos ojos redondos... a excepción del color, ese color sin duda pertenece a tu otro padre.
Ante la mención de su otro padre el rubio preguntó:
― ¿Conoces a mi otro padre? ―Y ante la pregunta muchas dudas surgieron en su mente, así como respuestas. Conjeturas sobre su origen y las razones por las que su padre no quería que hiciera dicho viaje.
― Lo conocí. Un ser débil que no merecía guiarnos, él fue quien me expulsó de mi aquelarre y me sentenció a esta vida.
Correcto, tal como James lo sospechó, su otro padre era un vampiro, pero entonces un torbellino de emociones comenzó a apoderarse de su persona. Ira, confusión, esperanza, miedo y desdicha.
― Así que no lo sabías. ―El vampiro soltó una perversa carcajada―. Por eso Malfoy y Nott te han hecho venir aquí, para asesinarte igual que como lo hicieron con tu padre, para quemarte bajo el sol igual que el inepto de Harry Potter quien se convirtió en ceniza y se esfumó con el viento del atardecer. ―Y su risa más los sentimientos encontrados de James provocaron que no pudiera más y con un acertado hachazo cortó la cabeza de aquel perverso ser.
James no pudo dormir en lo que restó de la noche, demasiado abrumado por lo que acababa de hacer.
Asesinó a un hombre o vampiro, no podía definirlo con certeza. También repasaba una y otra vez las palabras de aquel hombre en su cabeza y la mención de Harry Potter, Potter como él, como Draco Potter.
― Harry Potter es mi otro padre ―susurró para sí mismo.
Y después de darle tantas vueltas al asunto decidió que debía buscarlo, saber qué pasó con él.
El repugnante ser al que había asesinado dijo que Nott y su abuelo lo habían asesinado, pero ¿y si había mentido sólo para molestarlo? Tenía que averiguar la verdad.
Sin embargo, no tenía mucho tiempo, tenía mucho que averiguar y las únicas personas que podían decirle algo al respecto parecían no querer revelar nada. Lo constató al siguiente día cuando intentó retomar el tema de los vampiros. En algunos momentos de desesperación pensaba en ir con su padre y exigirle que le contara todo, hasta el último detalle, pero sabía que sería inútil. Su padre tuvo tantas oportunidades para decirle la verdad y jamás lo había hecho. Era tan frustrante saber que el mundo se empeñaba en ocultarle todo. Sin embargo, una luz de esperanza surgió cuando Olivia, la hija de los Nott continuaba interesada en su persona.
Ella estaba rondando a su alrededor, con cautela, pero lo suficientemente atrevida para que él lo notara.
Olivia era joven, pero bien podía saber algo, cualquier cosa, aunque sea algo simple.
Así es como comenzó a entablar una conversación con ella, aprovechando el momento en que ambos quedaron alejados del resto de la familia.
─ ¿Es cierto que eres muy parecido a tu padre al igual que tu abuelo?
Aunque la pregunta lo desconcertó fue lo suficientemente astuto como para evitar demostrarlo.
En cambio, sonrió.
─ Lo soy, aunque el abuelo dijo que también me parezco un poco a la abuela. Sin embargo, no la conozco, así que no tengo la certeza de que sea verdad.
─ ¡Oh, no te aflijas! Pronto la conocerás. Ella es muy hermosa, ya lo verás.
─ ¿De verdad? ─cuestionó, pensando en lo que podría descubrir en Wiltshire.
─ Si, lo es. ─Asintió emocionada─. Va a ser un hermoso reencuentro. Y cuando tu padre los vea juntos… por cierto, ¿dónde se encuentra tu padre?
─ Murió.
─ ¡Oh! ¡Qué pena! Disculpa mi osadía. ―James negó con la cabeza mientras sonreía, como para quitarle importancia, la joven le devolvió la sonrisa―. Sabes, siempre me he preguntado si es real la historia.
─ ¿Qué historia?
─ Ya sabes, aquella, sobre tu padre. Todos decían que había muerto durante el ataque, sin embargo, tu abuelo continuó buscándolo, nunca se rindió y te encontró aquí.
¿Ataque? Este era el momento ideal para obtener algunas respuestas.
─ Hay algunas cosas que no tengo muy claras ─dijo con inocencia─, ¿podrías hablarme sobre eso?
─ Por supuesto que si ─aceptó entusiasmada.
Y se enfrascó en una narración sin interrupciones sobre las muertes repentinas de las herederas y herederos de las familias más importantes de Inglaterra. Nombró los nombres de las victimas que recordó y habló sobre la desaparición de Draco Malfoy, el padre de James.
― Dicen que los médicos confirmaron que murieron desangrados y que dichas marcas eran producto de una mordida. Como te lo dije hace dos noches. ―Y señaló su cuello―. Mientras tanto, tu abuelo seguía buscando a tu padre. Hasta que lo supo. Estaba en la guarida de los vampiros, secuestrado por Harry Potter, el más temible de todos ellos.
― ¿Harry Potter? ―cuestionó intentando no sonar ansioso.
― Su familia en algún momento formó parte del circulo más importante de familias ricas de Inglaterra. Se dice que su familia fue la más poderosa y prospera, hasta que los padres de Potter murieron, entonces el hombre enloqueció y vendió su alma al diablo, quien lo convirtió en un monstruo, el cual sólo se podía alimentar de la sangre humana.
― ¿Y qué pasó con él?
― El abuelo y otros señores de los alrededores, junto con sus sirvientes fueron hasta su guarida, afortunadamente aún era de día y pudieron quemarlo junto a todos sus vampiros, gracias a la luz del sol.
― ¿A todos? ―cuestionó sintiendo una fuerte opresión en el pecho.
― No estoy muy segura de como termina la historia. Sólo la he escuchado una vez, pero sí, eso dicen, murió mucha gente inocente, pero lograron librar al mundo de esos horribles seres. ¿Estás bien?
Olivia se acercó y tocó su hombro con cuidado, James se veía pálido.
― Si, es sólo que de pronto no me siento muy bien, creo que el frio me está afectando.
― Vayamos adentro y tomemos un poco de té.
― No, no, será mejor que me recueste por un momento.
La joven aceptó, pero aun así lo acompañó al interior y le hizo prometer que si se sentía mal le avisaría para que hicieran llamar al médico del pueblo.
─ ¿Cuántos días más piensa permanecer en Inglaterra? ─cuestionó Draco frustrado.
Luna dejó de tejer su bordado de mariposas purpuras.
― Desde que se fue a la mansión de los Nott no hemos visto. ¿Será que le ha ocurrido algo?
― Lo más sensato es que vayamos a investigar. ―Sugirió Luna.
― Estoy seguro de que Theodore ha reconocido a James, pero no puedo deducir qué es lo que ha pensado al verlo.
― Que resucitaste es poco lógico. Tal vez que reencarnaste.
― Luna, esto es serio.
― Estoy hablando muy en serio.
Y era verdad, pero desde que Draco averiguó que su hijo había ido a la mansión de los Nott supo que todo se había salido de control, e incluso se arrepintió de no haberle contado la verdad. ¿Aunque de qué serviría? No creyó posible que algún día volverían a estas tierras y tampoco creía que sería buena idea decirle a su hijo que su otro padre era un vampiro, aunque fuera real sonaba ridículo hasta para sí mismo.
― Debemos averiguar qué está haciendo ―informó―, al menos saber si Theodore le ha hablado de mis padres.
― Yo lo haré ―dijo la rubia animada―, iré e investigaré al respecto. Tranquilo, Draco, nada malo ocurrirá.
― No quiero que piensen que mi hijo es un monstruo.
― No lo pensarán porque no lo es.
Draco sonrió, esperando que Luna tuviera razón.
Luna regresó un par de horas después. Estaba preocupada, situación que alarmó a Draco.
― Se fue a Wiltshire ―informó son expresión sombría.
― ¿Por qué haría algo como eso?
Draco comenzó a caminar de un lado a otro, muy pero muy angustiado.
― Parece ser que fue tu padre quien lo contactó desde un inicio. Lo del lobo fue un simple señuelo.
― Y una distracción ―agregó―. Padre sabía que si lo citaba directamente en Wiltshire yo sospecharía. ¡Oh, no puede ser!
― ¿Qué harás ahora, Draco?
― Iré allá, a la mansión Malfoy, y hablaré con James.
Luna se vio notablemente angustiada.
― No importa lo que suceda conmigo, Luna, pero James es inocente y mi padre no acabará con lo último que me queda de Harry. Volveré a esa mansión y protegeré a mi hijo, haré que escape nuevamente.
La rubia iba a decir algo, pero Draco continuó hablando.
― Prométeme que si me ocurre algo lo cuidarás.
― Sabes que sí. Por ti y por mi lealtad a Harry, cuidaré a James. Siempre.
James fue recibido con gran agrado por su abuela.
Tal como dijo Olivia, ella era hermosa. Y para el joven, claramente compartía rasgos mucho más pronunciados con su padre.
― ¿Tu padre está en Escocia? ―preguntó ella una vez se instalaron. Los tres se encontraban bebiendo el té de la tarde.
― Sé que le dijiste a Olivia que él murió ―agregó Lucius.
Narcissa pareció horrorizada.
― Sólo no quería hablar demasiado de él ―aclaró con indiferencia―, pero es mentira, padre está viviendo tranquilamente en Escocia.
― Ahora que estás aquí sería bueno que le escribieras ―comentó Lucius.
― Y le sugieras que vuelva a la mansión ―completó Narcissa―. Este ha sido siempre su hogar y merece estar en él, al igual que tú.
― ¿Ustedes saben por qué padre se fue a vivir a Escocia?
Ambos abuelos se miraron de reojo, esto no pasó desapercibido por James.
― Seguramente tuvo sus razones ―respondió Lucius―, aunque jamás la compartió con nosotros.
― ¿Es verdad que fue secuestrado por un vampiro?
Los mayores palidecieron.
― ¿Quién te dijo eso? ―cuestionó el abuelo.
James se encogió de hombros.
― Escuché a un sirviente murmurando algo al respecto.
― Scorpius, tú no crees en la existencia de los vampiros.
― Por supuesto que no, pero me preguntaba si mi padre en verdad fue secuestrado, no precisamente por un vampiro, por un humano cualquiera, tal vez algún noble perteneciente a una de las siete familias…
― Seis, son seis familias ―corrigió Narcissa.
James sonrió.
― Si, disculpa, una de las seis familias.
― Esas son todas tonterías, mejor hablemos de tu futuro, algún día serás en dueño de estas tierras…
Y Lucius se centró en explicar lo que significaba ser el dueño de las tierras de Wiltshire, pero James no podía dejar de pensar en las reacciones y evasivas de sus abuelos. Si tan sólo su padre estuviera ahí y le pudiera decir lo que realmente había ocurrido.
Y en poco tiempo, sucedió lo inesperado. Draco Malfoy apareció en la entrada de la mansión, luciendo un poco mayor a lo que sus padres recordaban, como si sólo hubieran pasado un par de años en lugar de veinte. Narcissa incluso expresó que se veía igual de hermoso que la última vez que lo vio.
― Necesito, quiero saber, cómo es que te atreviste a venir hasta aquí ―susurró su padre una vez estuvieron a solas.
James se encogió de hombros.
― Necesitaba respuestas, las cuales tú nunca me darías.
Draco se frotó la frente, claramente exhausto y angustiado.
― Debemos irnos de aquí, estás en peligro.
― ¿Peligro? ¿En casa de mis abuelos? ―Draco asintió.
― Evidentemente soy idiota, esto se pudo haber evitado, pero fui tan egoísta a mis propios intereses que no noté lo mucho que necesitabas saber, lo importante que era que supieras la verdad.
― No te preocupes, padre, ya la sé. O al menos sé lo fundamental.
Draco abrió grande los ojos, asustado por las palabras de su hijo.
― ¿Qué es lo que sabes?
― Mmm, no sé si todo sea verdad, pero ya que estás aquí me encantaría que pudieras aclararlo.
» Dime, padre, ¿quién es Harry Potter? ―Draco no respondió de inmediato, James sonrió―, alguien me dijo el color de mis ojos es igual a los suyos.
― ¿Quién te dijo eso? ―preguntó alarmando y poco esperanzado, tal vez alguien del aquelarre había sobrevivido, sin embargo, la esperanza se desvaneció en el momento en que James dio la respuesta.
― Un vampiro, era feo, una desgracia de ser. Dijo que por tu culpa fue expulsado de su aquelarre.
― Peter ―susurró Draco.
― Así que ese era su nombre.
Draco levantó la mirada para mirar directamente a su hijo.
― ¿Qué ocurrió con él?
― Alguien lo asesinó ―respondió con indiferencia―. Dime, padre, por favor, cuéntame la verdad. ¿Es cierto que Potter te secuestró? ¿Es verdad que era un monstruo abominable el cual fue quemado con la luz del sol?
Lagrimas comenzaron a deslizarse por las mejillas de Draco, ante el recuerdo de un pasado tortuoso, pero también maravilloso y la perdida de aquel al que amó a pesar de que cualquiera diría que estaba loco o hipnotizado por el poder de un vampiro.
Decidido a sacar de ahí a su hijo comenzó a narras su historia, desde el momento en que comenzó a soñar con Harry, hasta la despedida, cuando se fue con Luna.
― Lucius lo hizo, ¿verdad?
Draco miró a su hijo nuevamente, durante la narrativa sus ojos habían quedado fijos sobre las llamas de la chimenea.
― Lucius Malfoy y otros tantos, qué importa ahora eso, Harry ya no está, él y su aquelarre fueron aniquilados, por eso es que debemos irnos de aquí, si saben que Harry Potter es tu padre te creerán un monstruo y te harán exactamente lo mismo que le hicieron a él.
James no dijo nada al respecto, en cambio, hizo una pregunta inesperada.
― ¿Cómo era mi padre?
Draco sonrió, encontrando un poco de consuelo en su corazón.
― Dulce, cariñoso y gentil. Era muy guapo. Sus ojos verdes brillaban igual que los tuyos, tan llenos de vida, a pesar de que básicamente había regresado de la muerte. Lo recuerdo sonriendo y hablándote mientras aun crecías en mi vientre.
― ¿Lo amabas?
― Lo amo, lo sigo amando, el siempre será el único para mí.
James quería llorar, pero no lo hizo. En cambio, se acercó a su padre y se arrodilló a su lado, depositando su cabeza en el regazo del doncel quien pasó suavemente los dedos por lo mechones ondulados.
― Debemos irnos.
El joven asintió, demasiado concentrado en sus pensamientos y abrumado por las emociones que emergían en su ser como para darse cuenta de que alguien los estaba escuchando al otro lado de la puerta.
Al día siguiente se levantaron muy temprano. Tal como había sugerido Draco, tenían la intensión de irse sin que nadie se diera cuenta. Pero no avanzaron demasiado cuando James escuchó el sonido de caballos acercándose.
― Nos siguen ―anunció, su padre lo miró desconcertado, pero no cuestionó nada simplemente le pidió que continuaran avanzando. Y así lo hicieron, pero llegó un momento en que les estaban prácticamente pisando los talones, así que Draco se detuvo y miró fijamente a su hijo.
― Necesito que continúes.
― ¿Qué?
― No te preocupes por mí, a ti es quién quiere mi padre. Así que debes llegar con Luna lo más pronto posible, ella sabe a donde ir, cuando estés con ella no deben dudar e irse, yo los alcanzaré en cuanto pueda.
― No voy a dejarte aquí.
― Tienes que hacerlo, hazlo por tu padre, él dio la vida para protegerte, no la cedas a mi padre tan fácilmente.
Al escuchar aquellas palabras, James asintió y con un fuerte abrazo se despidió.
Continuó su camino, dejando a Draco atrás, esperando que en verdad su padre estuviera bien. No creía a Lucius capaz de hacerle algún daño a su propio hijo, después de todo lo había buscado por mucho tiempo, pero temía que no se volvieran a ver.
― Iremos a Nottingham ―informó Luna cuando se encontraron.
― ¿Nottingham? ¿No se supone que deberíamos intentar salir del país?
Luna miró fijamente al horizonte antes de explicar.
― En los días que he estado por aquí escuché algunos rumores. Pequeños datos, pero considero que deberíamos ir.
― ¿Datos sobre qué?
― Tu padre.
No necesitó dar más explicaciones para que él aceptara seguirla.
Entraron a un lugar lúgubre. El olor a humedad la cual estaba impregnada hasta el fondo de cada ladrillo era demasiado fuerte y aún así ambos pasaron por los pasillos sin siquiera cubrirse las narices.
― Estamos cerca, lo percibo ―susurró Luna quien continuó su camino hasta que encontraron unas escaleras por las cuales subieron con cuidado ante el rechinar de la madera podrida.
James la siguió de cerca, alerta a los peligros que pudieran enfrentar, pero a excepción de las ratas y algunos bichos, todo parecía estar bastante tranquilo.
Llagaron a un pasillo extenso. El moho acumulado era mayor en esta zona y el olor de la humedad aún más extenso.
― Es aquí ―escuchó a Luna decir antes de que empujara una puerta podrida y esta rechinara tan fuerte que James tuvo que cubrirse los oídos.
Al entrar, notaron que había muebles, incluso libros y otros artefactos aparte de un gran sofá que desde su perspectiva sólo mostraba la tela sucia del respaldo, sin duda había tenido mejores tiempos en alguna época.
― ¿Quiénes son? ―Escucharon una voz rasposa.
Luna no respondió y James prefirió dejarle a ella la decisión de hacer contacto con quien sea que habían ido a ver a ese lugar.
― Una de sus esencias me es familiar, pero no creo que seas Colin, ¿cierto?
― ¿Colin es quién te ha mantenido vivo?
Al fin la rubia se dignó a hablar.
― Esa voz…
― Si, soy yo, Luna.
Y la rubia se apresuró a dar vuelta al sofá y se arrodilló de frente a la persona que se encontraba sentada allí.
― Luna, hermosa Luna, ¿cómo es que estás aquí?
Luna sollozó, James jamás la había visto llorar, para él, su madre siempre había sido una mujer fuerte y segura, incapaz de mostrar otro sentimiento que no fuera alegría o enojo.
― No lo creí, cuando lo escuché en Bristol, pensé que era una locura, sin embargo, estás aquí, en verdad eres tú, ¡estoy tan feliz!
― Yo también estoy feliz de verte.
James sintió tanta curiosidad que no pudo evitar acercarse, teniendo al fin la visión de unos largos y pálidos dedos, los cuales acariciaban lentamente la cabellera de su madre. Su movimiento despertó a la mujer de su ensimismamiento, ella se puso de pie y le sonrió.
― Ven aquí, James. Conoce a tu padre, Harry Potter.
Aunque quiso moverse, la conmoción fue demasiado intensa. ¿En serio era su padre? ¿Harry Potter en persona?
Sólo sintió que Luna lo atraía hacia ella y después, estaba frente a un hombre o lo que quedaba de él. La mitad de su rostro deformado por severas quemaduras, parte de su cuello y una de sus manos estaban igualmente cicatrizadas. Y aun así James supo que se trataba de él, pues mantenía esos ojos verdes, idénticos a los suyos, vivos, brillantes, tal como había descrito su padre Draco.
― ¿James? ―cuestionó Harry evidentemente sorprendido.
Luna asintió con alegría.
― James Potter, igual que tu padre, Draco pensó en honrarte.
Ante la mención del otro rubio Harry se inquietó.
― ¿Draco? ¿Draco también está aquí? Draco…
― Tranquilízate, Harry, por favor. ―Luna se acercó y colocó sus manos en los hombros del vampiro―. Draco no está aquí.
― Él ha…
― No, él no ha muerto, sigue vivo, no te preocupes.
Las palabras de la rubia lo tranquilizaron y entonces giró el rostro para mirar a James. Una sonrisa o lo que pareció serlo se formó en su rostro.
― Eres tan parecido a él.
― Pero mis ojos son iguales a los tuyos.
Y esta vez no pudo soportarlo, las lagrimas comenzaron a brotar y se deslizaron por sus mejillas.
Su padre estaba allí, desfigurado y solo, sobreviviendo con la ayuda de algún desconocido. Pensó en las palabras de su padre Draco, quién le había asegurado que Harry había sido un vampiro imponente, atractivo y vivaz, pero también dulce y amable.
― Estoy tan feliz de haberte conocido ―dijo el vampiro con una sonrisa.
James se dejó caer de rodillas y enterró el rostro en el regazo de su padre, este le acarició de la misma manera que lo había hecho con Luna.
― ¿Qué pasó? ¿Cómo es que sobreviviste? ―No era muy adecuado que las primeras palabras dichas a un padre fueran esas, pero James no tenía más que decir, sentía que cualquier muestra de sentimentalismo haría más doloroso el encuentro.
― Antes de que mi cuerpo se consumiera por completo y sol se ocultó, permanecí sufriendo de agonía hasta que Remus apareció y me ayudó a ocultarme. Las personas que nos atacaron solamente se conformaron con ver que mi cuerpo ardía bajo el sol, pero nunca se cercioraron de que realmente estuviera muerto. Remus también estaba gravemente herido, la herida con la bala de plata fue demasiado para su sistema, tenía que ser atendido cuanto antes, pero yo estaba débil y los demás muertos, en unos días Remus también murió y me quedé solo. Tuve que morder a unos cuantos para sobrevivir y luego conocí a Colin. Él se transformó por voluntad propia y me ha ayudado desde entonces. No he llegado demasiado lejos por mi obvia condición, pero tampoco quería hacerlo, no sabía a donde fueron, así que no tenía sentido seguir.
― Debimos volver por ti ―dijo Luna claramente molesta consigo misma.
Harry negó.
― No lo sabían, no era probable que saliera ileso de ahí. Las personas atemorizadas pueden ser bastante peligrosas, tú lo sabes. Fue mejor así, se alejaron del peligro.
― Pero aún estamos en peligro ―habló James―. Madre, lleva a mi padre contigo, por favor, no dejes que se quede en este horrible lugar por más tiempo.
― ¿Qué vas a hacer? ―preguntó la rubia.
― Iré por mi otro padre.
James volvió a Wiltshire, llegó directamente a la mansión de sus abuelos mostrando un rostro afligido y fue bien recibido.
― Scorpius, estás de vuelta ―dijo su abuelo con seriedad.
― Siento haber huido, mi padre estaba tan asustado que simplemente seguí sus ordenes y me fui con él.
Lucius resopló.
― Tu padre perdió la cordura, pero ya me he encargado de eso.
― ¿Qué?
Lucius asintió.
― Lo envié a un lugar especial. Ahí lo atenderán y cuidarán, pero principalmente, lo curarán.
― ¿Qué? ¿Un lugar especial? ―preguntó ansioso.
― No te preocupes, Scorpius. Tú padre está enfermo, pero también está en buenas manos, pronto lo tendremos de vuelta.
Pero James no le creyó. Y mientras su abuelo iba a inspeccionar las plantaciones. Él se escabulló en su oficina y buscó en todos los cajones, leyó en cada documento hasta encontrar el lugar al que habían llevado a su padre.
Pudo encontrar el nombre, Bedlam, fundando por un convento en honor a Santa María de Belén.
Con el nombre en su memoria, James pidió a su abuelo que le permitiera visitar a los Nott. El hombre al inicio dudó, pero con la habilidad de persuasión del más joven logró que aceptara.
Así, James viajó en búsqueda de su padre.
No tardó mucho tiempo en encontrarlo. El lugar era muy conocido por el gran número de enfermos mentales que albergaba. Así que muchas personas le dieron referencias de cómo llegar.
Y en cuanto estuvo frente a las enormes puertas no dudó en llamar.
― Vengo a visitar a un paciente ―dijo cuando un hombre de aspecto macabro abrió la puerta.
― Es tarde, ningún enfermo recibe visitas.
― Bueno, esta será la primera vez que uno las recibirá fuera del horario regular ―dijo con una sonrisa y ante la negativa del hombre colocó un cuchillo en su cuello―. ¿Te cortó la garganta o me dejas entrar?
El hombre se hizo a un lado.
― Así está mejor.
Tranquilamente entró al edificio e incluso preguntó dónde tenían confinado a Draco Malfoy. Fue muy fácil encontrarlo y cuando lo hizo reafirmó su decisión.
Miró horrorizado, como su padre era azotado por un hombre.
De inmediato, hizo a un lado al engendro que lo estaba lastimando y corrió hacia su padre para consolarlo.
Draco estaba bañado en sangre, cada parte de su cuerpo roja por las heridas.
― Padre, soy yo, James.
Draco parpadeó repetidas veces hasta que pudo enfocar la mirada en su hijo.
─ James, James ─gimoteó Draco tocando a su hijo, la sangre en sus palmas se pegó a la cara del muchacho─. Vuelve a la casita de Balloch ─pidió Draco sonriendo con ternura, pero el menor negó, besó las palmas de su padre con cariño, la sangre tocó sus labios, con suavidad abrió la boca y lamió las palmas lentamente, probando el sabor metálico de la sangre, limpiando con cautela las manos de su padre, y no pudo, no logró evitar llorar─. ¡Oh, James, no llores! ─dijo Draco tratando de sonreír.
─ Te sacaré de aquí, no permitiré que pases ni un momento más en este infierno. ─Sentenció poniéndose de pie, fácilmente levantó a Draco y lo envolvió en sus brazos.
─ No puedo llevárselo, el señor Lucius Malfoy ha especificado que este paciente padece demencia, cree que su hijo fue concebido por un vampiro y ya lo ve, ha intentado suicidarse, no es la primera…
James golpeó al estúpido sacerdote.
─ Jamás volverán a dañar a mi padre ─sus ojos se transformaron a un color dorado por breves segundos─. Ahora, me llevaré a mi padre y usted dará la autorización, porque de lo contrario le arrancaré el cuello─ el hombre se estremeció y se hizo a un lado, permitiendo el paso─. Tomó la decisión correcta, nos vemos en el infierno ─agregó con una sonrisa.
─ Scorpius ─susurró Lucius con una sonrisa, extendió la mano hacia su nieto, el rubio correspondió a la sonrisa y tomó la mano de su abuelo─. Me alegra mucho que estés de vuelta. Sólo falta tu padre y todos estaremos completos.
─ Por supuesto, abuelo ─el hombre mayor sonrió encantado por el comportamiento impecable de su nieto. Temió que un joven tan perfecto pudiera poseer sangre vampírica, pero había pasado bastante tiempo y el chico no era más que un humano común. Más excepcional que los demás, pero únicamente debido a su ascendencia Malfoy, únicamente eso.
─ No te preocupes Scorpius, tu padre algún día recuperará la cordura y volverá a esta mansión, se quedará con nosotros y vivirá feliz, tal y como debió ser desde el principio.
El rubio más joven sonrió. Se alejó de su abuelo y comenzó a dar vueltas por el salón. Iba y veía lentamente.
─ Me gusta la idea ─sus ojos verdes brillaron con alegría, su abuelo también sonrió y lo observó pasearse por el salón interesado por lo que iba a decir a continuación─, me gusta pensar en lo que debió ser y no fue. No obstante, eso no será posible, abuelo ─Lucius frunció el ceño─. Mi padre Draco cometió el error de enamorarse de su captor, pero eso no lo hace un loco. Por otro lado, mi padre Harry pudo haberlo asesinado, pero en lugar de eso lo protegió y cuidó, le dio amor y comprensión.
Lucius entrecerró los ojos, claramente confundido. Al segundo siguiente estalló en ira.
─ ¡Lo que hizo ese monstruo con tu padre no puede nombrarse amor! Un humano y un vampiro… simplemente es repugnante.
─ ¿Entonces qué soy yo, abuelo? ¿Una abominación? ─Caminó hacia el mayor y lo acorraló en la silla. Lucius lo miró asustado. De pronto, la expresión de su nieto había cambiado, sus ojos verdes ya no reflejaban inocencia y cariño, ahora carecían de expresión, tanto, que perturbaron al mayor─. Si abuelo, mi padre es Harry Potter, un vampiro, el ser abominable que tú asesinaste, pero eso ya todos lo sabemos ¿no es así?
─ Pero tú no eres como él.
─ Sólo porque no poseo afilados colmillos o me alimento de sangre humana no significa que no soy como él. Sabes abuelo, conocí a Harry ─los ojos del mayor se abrieron asombrados─. Por supuesto, ustedes creyeron que se convirtió en ceniza, junto con todo su aquelarre, pero logró sobrevivir, y tuve la oportunidad de conocerlo.
─ ¡Mientes! ─exclamó con furia, quiso ponerse de pie y hacer a un lado al menor, pero este lo retuvo fácilmente en su lugar.
─ No tengo porque hacerlo, como tampoco tengo porque negar que te odio por eso. Es lamentable que mi otro padre haya tenido que vivir con la idea de que estaba muerto. Por culpa tuya sufrió por veinte años las horribles pesadillas donde rememoraba la noche en que lo vio por última vez. Eso sí que fue un tormento. En fin, por último, quiero informarte que ya he ido por mi padre, no permanecerá ni un minuto más en ese horrible lugar. ¿Sabías que los religiosos pueden ser más tenebrosos que los vampiros? Torturan y abusan de los recluidos con el pretexto de que los librarán de sus pecados y sólo así podrán ser recibidos en el reino de Dios, pero en realidad son unos abominables humanos que se creen con el derecho de tomar la palabra de Dios como pretexto para llevar a cabo sus atrocidades. ─Se inclinó hasta que su rostro estuvo muy cerca del de Lucius─. Así es abuelo, ustedes los humanos no son mejores, pero su egocentrismo los ha hecho creer lo contrario ─y susurrando agregó─: Gracias por nombrarme tu único heredero, te prometo que haré muy buen uso de la fortuna. ─Y dicho eso atrapó entre sus manos el cuello de Lucius, el hombre intentó liberarse, sosteniendo con todas sus fuerzas las manos de James, pero el joven era mucho más fuerte, así que todos sus esfuerzos fueron en vano, sin embargo, hasta el último aliento peleó por su vida.
─ ¡Ahhh! ─una de las sirvientas iba entrando al salón con una charola, la cual dejó caer, provocando que la jarra y tazas se esparcieran en trocitos por el fino piso de mármol.
James suspiró.
─ Lamento que hayas tenido que ver esto, eres joven y hermosa, pero no vivirás para contar este triste episodio de tu vida. ─Y dando un par de zancadas llegó hasta ella, la mujer gritó y trató de huir, pero James la alcanzó haciéndola caer; y así cómo la hizo caer, ella tomó un trozo de la jarra para intentar defenderse. Sin duda habría sido un buen plan si su atacante no fuera más fuerte. Él le quitó el trozo de porcelana, la palma de la mujer goteaba sangre. James permaneció observando el flujo de sangre por varios segundos, apreciando la armonía con la que fluía de la blanca piel, hasta que no pudo resistirlo más, acercó la mano de la joven a su boca y lamió una gran cantidad de sangre, degustando el sabor metálico y a la vez tan… dulce. Cerró los ojos y se concentró en el exquisito sabor y la sensación de dicha que le produjo. Para ese momento, la joven únicamente sollozaba en silencio permitiendo que sus lágrimas brotaran sin decoro─. Este soy yo, este es mi destino ─susurró James antes de lanzarse hacia el cuello de la mujer y morder su piel, por supuesto no poseía los colmillos adecuados para hacer dos pequeñas incisiones en el cuello, por lo que provocó un desastre, su ropa se tiñó de rojo mientras bebía con premura todo lo que su inexperiencia le permitía.
Al sentir el fluido enfriarse echó a un lado el cuerpo de la mujer y se puso de pie. Caminó hacia la salida del salón. En el gran pasillo principal se encontró a varios sirvientes y a su abuela, quien lo observaba horrorizada.
─ ¡Abran todas las cortinas! ─ordenó el mayordomo principal. Otros mayordomos se apresuraron a obedecer.
James observó sus movimientos con paciencia, eran cerca de las cinco de la tarde, los últimos rayos del sol alumbraban tenuemente la estancia, aun cuando las cortinas ya no estropeaban su entrada. Sonrió mientras observaba sus manos cubiertas de sangre.
─ Lamento informarles que es inútil. Algo en mí es diferente.
─ Si eres un damphiro significa que eres más débil que un vampiro ─intervino el mayordomo posicionándose frente a Narcissa.
James sonrió.
─ Sin embargo… me siento como un auténtico vampiro.
Mientras tanto, en los territorios de Bredford, Neville observaba con atención la puesta de sol. Su abuela, se mecía en su silla mientras tarareaba una bella canción. De pronto se detuvo y Neville giró a verla.
─ ¿Sucede algo, abuela? ─cuestionó.
─ Al fin ha despertado ─contestó ella.
─ ¿Quién, abuela? ─preguntó esta vez bastante intrigado.
─ Aquel que nació de las entrañas del hombre, bebió de la sangre de sus padres y ahora gobernará sobre la Tierra.
─ ¿Te sientes bien, abuela? ─cuestionó Neville arrodillándose a su lado, tomó las manos de la mujer, las cuales estaban heladas.
─ No temas, pequeño Neville, tu hija está libre de pecado, pero tu esposo ha ayudado a despertar a la bestia, por eso también ha sido condenado.
─ Me estás asustando.
La mujer sonrió y apretó las manos de su nieto con suavidad.
─ Ese joven, Scorpius, el nieto de los Malfoy, ¿Verdad? ─Neville asintió─. Murió y ha nacido el inmortal, ese vampiro que no puede morir bajo la luz del sol ni con una estaca en su corazón.
El rubio sintió que todo su cuerpo se estremecía, los vellos se le pusieron de punta y corrió nuevamente a la ventana. Observó los vastos campos de la propiedad bajo la oscuridad con nuevos ojos. Su abuela parecía haber enloquecido, pero hace veinte años, Draco Malfoy se había enfrentado a otra anciana desvariada y desde entonces las vidas de todos habían cambiado drásticamente, así que esta vez no tuvo duda, se acercaban tiempos oscuros.
Epílogo
Hasta en el último aliento Harry y Draco se amarían. Así lo habían demostrado. Cuando se volvieron a encontrar y Draco vio a Harry con esas horribles marcas en su piel, estuvo a punto de maldecir a Dios y todo lo supuestamente bueno del mundo, pero no lo hizo, en su lugar se dedicó a estar cerca de Harry, aunque sea por poco tiempo, hacerle saber que en todo ese tiempo había continuado amándolo. Del mismo modo que Harry se lo hizo saber en cuanto lo vio acercarse.
─ ¡Oh, Harry, mi amado Harry! ─sollozó el rubio abrazando con fuerza el cuerpo quemado del que una vez fue un vampiro atractivo y fuerte.
― Draco, estoy tan feliz, creí que jamás volvería a verte.
― Gracias, Luna ―emitió el rubio girando a ver a la dama.
― Siempre es un placer ―respondió con sinceridad, después salió de la habitación dejándolos solos.
― Vamos a recostarnos ―indicó Harry con una sonrisa y a paso lento llegaron hasta la cama.
Gracias al apoyo de Luna, Harry logró recuperar un poco de su movilidad perdida. Desafortunadamente, jamás volvería a ser el vampiro guapo, joven y viril que fue hace años, pero seguiría vivo ―por muy poco tiempo, al fin y al cabo, su cuerpo continuaba severamente dañado― y James y Draco tendrían la oportunidad de recuperar un poco del tiempo perdido.
― Se me acaba el tiempo ―susurró Harry. Draco y él estaban recostados en una de las habitaciones de la casa donde empezarían a vivir.
― Por favor no me digas eso ―Draco suplicó―, acabo de recuperarte sólo para enterarme que te perderé muy pronto.
Harry negó con la cabeza.
― Viviré lo suficiente para estar contigo por lo que te resta de vida.
― Eso es más de lo que podría pedir. Es suficiente para mí. Y seguro que lo será para James.
― Todavía siento que esto es un sueño ―dijo Harry mientras sentía las manos de Draco repasar su rostro.
― No lo es, esto es real, estamos nuevamente juntos.
Y se acercó para besarle el rostro, primero la frente, luego su parpado sano y al final sus labios.
― Soy horrible, Draco, no puedo esperar que me ames así, desfigurado.
― Yo estoy envejeciendo ―dijo con una sonrisa.
― Sigues siendo hermoso, como la primera vez que te vi, durmiendo pacíficamente en tu alcoba.
Draco recordó ese momento, estaba tan asustado, pero después, cuando conoció a Harry no pudo evitar amarlo.
― Te amo, Harry.
― Y yo a ti, Draco.
¡Hola! Terminamos un ciclo más y bueno, aquí está mi pequeña contribución para celebrar. En serio espero que la secuela haya sido de su agrado, lo sé, ya no se centró en el Drarry, pero esta secuencia es la que tenía planeada desde el año pasado, cuando escribí la primera parte.
Por favor, comenten sus opiniones, siempre me importa lo que tienen que decir al respecto sobre algo que escribo, siempre que se haga con respeto estoy feliz de leerles.
Gracias por leer esta historia y pedir la secuela. Nos leemos en próximos proyectos y actualizaciones.
Dragonlytherin.
