ESPERANZA Y UN CUERNO

Por Cris Snape


Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.

Este fic participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras.


Tabla 4: Emoción. Prompt: Gozo.

Tabla 7: Personajes. Prompt: Humano.

Tabla 8: Técnica. Prompt: Friendship.


Su gozo en un pozo. Otra vez. Van tantas que ya ha perdido la cuenta.

Mira su reflejo en el espejo y esa odiosa palabra sigue ahí.

CHIVATA.

¡Merlín! ¡Cómo odia a Hermione Granger! Si pudiera, le arrancaría la cabeza con sus propias manos.

Cho llama a la puerta con suavidad.

—Marietta, ¿ha funcionado?

—¡No!

Ni las pociones, ni los hechizos, ni la madre que los parió. Nada funciona. Los asquerosos granos siguen ahí, en su frente. Para toda la vida.

No debería gritarle a Cho. No tiene la culpa. O sí, porque si no la hubiera obligado a unirse al Ejército de Dumbledore, nunca habría firmado ese estúpido pergamino y ahora no tendría esta puta palabra grabada en la frente.

—No debiste delatarnos.

Se lo dijo Cho un día, muchos años atrás, en Hogwarts. Estuvo a punto de matarla. ¿Acaso eran más importantes los aires de grandeza de Potter que el bienestar de sus padres? Se enfadó mucho con Cho. Cho se enfadó con ella. No se hablaron durante meses, hasta que Marietta se derrumbó en el lavabo y Cho le ofreció consuelo.

Hicieron las paces sin necesidad de mantener una charla trascendental, pero existe una pequeña barrera entre ellas: CHIVATA. Cho ha investigado mil y una formas de revertir esa maldición y, al final, Marietta ha encontrado un único remedio factible y se ha dejado flequillo. No le queda mal, pero camina con el temor constante de que alguien pueda ver sus granos.

Más golpes en la puerta.

—¿Sales ya, por favor?

Se limpia las lágrimas. Son de pura furia. Se refresca la cara y sale al exterior. Aunque le apetezca ocultarse del mundo, tiene que vivir. Cho le sonríe y le da un beso en la mejilla. Marietta se deja hacer. Caminan juntas hasta el sofá y se sientan al mismo tiempo. Apoya la cabeza en el regazo de su amiga y cierra los ojos mientras le acaricia el pelo.

—Encontraremos una solución, ya lo verás. La esperanza es lo último que se pierde.

Se incorpora de inmediato, indignada.

—¿Qué esperanza? Llevo cinco años soportando esta mierda y no se quita. —Alza las manos para impedir que Cho pueda replicar—. Vale. Me chivé a Umbridge y estuvo mal. Pero tenía quince años y estaba asustada, ¿por qué tengo que cargar con esto toda mi vida? Hasta los antiguos mortífagos pueden esconder su Marca Tenebrosa con una manga larga. Yo padeceré esto para siempre. ¿Tan mala persona soy? ¿Me lo merezco?

Cho la mira con pena. No. Odia que le tengan lástima. Está enfadada y quiere gritar, patalear, golpear, hacer daño.

—No, Marietta. No te lo mereces.

Bien. Vuelve a recostarse sobre sus piernas. Se relaja al mismo tiempo que Cho enreda los dedos entre su pelo. Necesita distraerse de alguna manera. Como si le hubiera leído el pensamiento, su mejor amiga cambia el tema de conversación.

—He conocido a un chico.

—¿Un muggle?

Cho trabaja entre gente sin magia. Marietta no entiende muy bien por qué. Por lo visto, es la única manera que ha encontrado para olvidar los horrores de la guerra.

—Se llama Aidan.

—¿Es guapo?

Seguro que Cho ha puesto los ojos en blanco. Siempre le dice que es muy superficial.

—Creo que sí.

Marietta se ríe, burlona.

—¿Lo crees?

—Tiene unos ojos preciosos, pero lleva la cabeza completamente afeitada. No le sienta muy bien.

—¿Afeitada? ¿Por qué? ¿Está calvo?

—No está calvo. Y no le he preguntado nada al respecto.

—Pues qué raro, ¿no?

Cho no responde. Sigue jugando con su cabello.

—Cuéntame más cosas de él.

—Trabaja a todas horas. Siempre está pendiente de su teléfono móvil.

—¿Qué es eso?

—Un aparato que permite que los muggles hablen entre ellos en la distancia.

—¿Cómo la red flú?

Cho se ríe.

—No podría parecerse menos a la red flú.

A Marietta no le interesan demasiado esas cosas tan muggles.

—¿Qué más?

—Su voz te volvería loca. Parece un actor de teatro. Cuando se pone su chupa de cuero negra, está muy sexi.

—¿Habéis follado ya?

Cho sólo carraspea. No necesita que diga nada más.

—Nota.

—Marietta.

Es inútil resistirse. Insiste.

—Nota.

—Aún nos estamos conociendo, así que yo diría que un siete y medio.

Alza la cabeza, maravillada por ese hecho.

—¿Un siete y medio y todavía no le has dicho cómo te gusta? ¡Guau!

Cho se ríe. A Marietta le apetece hacerlo. Se ha olvidado del problema de su frente, pero sólo un poco. Vuelve a recostarse.

—Yo también quiero a un tío que me folle así.

—Pues lo siento mucho, pero no voy a compartirlo contigo.

—Egoísta.

—Aprovechada.

Se quedan en silencio un rato. Las ganas de llorar le vienen de repente. Aunque logra contenerse, Cho lo nota. Le da otro beso en la mejilla y le habla con suavidad, cerca de la oreja.

—¿Qué puedo hacer para que te encuentres mejor?

Marietta lo tiene claro.

—Tráeme la cabeza de Granger clavada en una pica.

—No puedo hacer eso. Iría a Azkaban.

—No dejaré que te atrapen. Prometido.

Cho le pasa los nudillos por la mejilla. En ocasiones, las ganas de vengarse son abrumadoras. No dicen nada durante varios minutos. Marietta está a punto de quedarse dormida cuando Cho le habla.

—Puedo hablar con ella, explicarle tu situación. Seguro que me dice cuál es el contrahechizo.

Es una solución bastante sencilla en realidad, aunque no puede aceptarla.

—No.

—Marietta, por favor. Deja a un lado el orgullo.

—Esa hija de puta me ha destrozado la vida. No voy a ir a suplicarle ayuda.

Han mantenido esa conversación en numerosas ocasiones. Marietta es consciente de que, más tarde o más temprano, tendrá que ceder. Está bastante convencida de que Granger se apiadará de ella, pero dejará que sea su última opción. Seguirá investigando, intentará librarse de esos granos por sus propios medios. Será duro, pero tendrá a Cho Chang a su lado. Desde ese día y para siempre.